Reseña: RIDER NEGRO.- “The Echo of the desert”

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Para un gran amante como yo del sonido que nos legaron THE DOORS y en especial su cantante Jim Morrison, fue toda una alegría el descubrimiento de la banda mexicana RIDER NEGRO semanas atrás. Ahora, un tiempo después podemos disfrutar de su primer álbum “THE ECHO OF THE DESERT”. Un trabajo conceptual en el que la mística del desierto se refleja en calmados y desgarradores temas en los que el legado del “Rey Lagarto” queda patente en los registros vocales de Tiaca Serrano, su cantante y guitarra. Diez canciones que serpentean por estados sensoriales más propios de un viaje de peyote lleno de misticismo, en el que la transición entre el día y la noche relatan el devenir de la vida como un ciclo perpetuo.  Temas que fluyen con calma entre los cactus y la soledad del desierto bajo acordes de blues, de jazz, rock clásico, ritmos latinos, pero fundamentalmente de esa psicodelia chamánica que Morrison nos ofreció décadas atrás. Las canciones serpentean entre ritmos que unas veces se recuestan en ese espíritu latino cercano incluso a Santana con delicadas melodías de guitarra,  y otras prefieren dejar paso a atmósferas más propias de Pink Floyd, como sucede en “The wizard”, un tema dividido en cuatro partes y que bien pudiera ser una transición de Morrison más misterioso con el legado psicodélico de la banda del  fluido rosa en un viaje al desierto de Sonora. Otro elemento distintivo del sonido de la banda es el tono vintage que aporta a su órgano Israel Baez, tomando como referente los característicos ecos de los temas de  Ray Manzarek. Sobre esos dos pilares fundamentales en la personalidad de la banda, y teniendo en cuenta que fueron los primeros fundadores de la misma, el trabajo de Miguel Vázquez con su hipnótico bajo, y la versatilidad de Zaid Gutierrez a la batería, hacen que el álbum tenga una consistencia notable en todas sus composiciones. Al margen de esto, sobre todo el espíritu chamánico que transmite cada una de las canciones, hacen que el oyente pueda sentirse partícipe de ese ritual alegórico en el que el Sol tiene un gran protagonismo. Estamos ante un álbum lleno de misticismo y señales que nos invitan a esa comunión con las fuerzas de la naturaleza, y especialmente de su amor al desierto con su lado más misterioso. “THE ECHO OF THE DESERT” es un álbum que ningún amante de THE DOORS debería perderse. 

THE ECHO OF THE DESERT” fue grabado en StudiOz MixandMaster Estudio y ha sido auto-editado por la banda a la espera de que algún sello se anime a su producción. 

Los sonidos de la noche desértica abren “Fires at the cosmic dawn”. Emergiendo chamánicamente entre los cactus el tema comienza evocando los ecos del desierto. La voz de Tiaca Serrano emulando al Rey Lagarto entre acordes de western es arropada por un cielo estrellando que va dejando paso a la luz del alba bajo un cadente ritmo y un teclado que ritmo que trasviste su sonido como si fuera un llanero solitario tocando su armónica. Tonos vintage que se van abriendo a la luz de ese soleado amanecer. Ya desde el primer tema encontramos la admiración que estos chicos tienen por The Doors. Un sonido evocador que se adorna con brillantes solos de guitarra en su parte final.

“Dry & Soft”, nuevamente bajo susurrantes pasajes, va arrullándonos entre los acordes del hipnótico bajo de Miguel, y ese penetrante sonido de órgano salido de las entrañas de un tema que fluye con calma. Sin prisa para ligar el tema, el ceremonial parte con la cálida y sugerente voz de Tica Hechizándonos e incrementando la intensidad con al aura de Ray Manzarek en los teclados. Todo un trance lisérgico más propio de una ingesta de peyote invade la canción entre desgarradas proclamas vocales entre acordes de blues psicodélico. Como si estuviéramos en el desierto de Sonora en pleno “viaje” psicotrópico el corte juguetea con distintos cambios de ritmo sin perder su aura psicodélica. Toda una huida desesperada llena de fuerza marcada por la reencarnación de Morrison en una especie de nuevo “verano indio”-

En delicados tonos jazz, “El buitre” a través de medios tiempos y el penetrante sonido del órgano el cuarteto juega de nuevo con una calma que toma elementos del blues y ritmos latinos. Con gran frescura, la percursión colorea los elegantes pasajes retozando con la psicodelia en un segundo estrato sonoro. Caramente el espíritu de músicos latinos como Santana quedan patentes en la apuesta de RIDER NEGRO. En tema está cantando en espaol lo que le aporta otro elemento más de esa reavivación del sonido de su tierra.

Ahora sobre acordes blues “In an ancient zigurat” se ejecuta sobre una tenue luz. Ecos jazz sobre delicadas melodías hacen que la banda se aleje de los riffs pesado y estridentes para contonearse seductor entre aterciopelados momentos en los sentimientos salen a flor de piel. Un largo tema que transcurre entre vaporosas atmósferas que paulatinamente se van tornándose más lisérgicas hasta convertirse casi en una jam blues psych. Con una guitarra que se retuerce y serpentea con mil matices y tonos que van desde el blues a los ritmos latinos. Aquí la percusión tiene un gran protagonismo entre esa neblina que va creando el ´órgano antes de recuperar el espíritu doorsiano innato en la banda.

Tras los tres temas anteriores en los que nos ofrecido distintas caras de su apuesta musical, RIDER NEGRO crea un tema dividido en cuatro partes a modo de suite. “The wizard”.

En la primera de las partes, “Prelude to the dream”, las locuciones en español  entre efectos envolventes van creando el ambiente de misterio para el desarrollo del tema.

“The world within” con poco más de un minuto se deleita en pasajes floydianos de teclados en tonos casi celestiales.

Continuando con el latido de la banda del fluido rosa, y evolucionando en un génesis, “Beta orionis”, la tercera de las partes nos ofrece un hipnótico trabajo de bajo y afilados pero delicados solos de guitarra como preludio de una erupción en la que The Doors se visten de Pink Floyd para meditar en el desierto de Sonora.

Esto es solo la preparación de la cuarta parte del tema, “Path to the core”, en la que a través de ocho minutos ya desarrollan todo su potencial emanando esa fragancia doorsina con la soledad del desierto como testigo de alucinógenos pasajes con un cadente y repetitivo ritmo. Intensificando y volviéndose cada vez más pesado, los momentos de psicodelia luminosa se mezclan con el blues en un mestizaje que parece ser innato en la banda mexicana. Siempre guiado por el sonido del órgano el tema desciende a acolchados prados de psicodelia reconfortante en las que afloran bellas melodías. La guitarra aquí se viste de tonos vintage en un serpenteante y rítmico peregrinar a un nuevo espacio de luz. Pasando por distintas fases logran completar un atractivo y logrado tema con el que la banda deja patente todo su potencial.

Si algo tiene RIDER NEGRO es su espíritu místico, y “Tehran conjuring” nos da muestras de ello. En un oscuro canto misteriosos y chamánico ejecutan todo un ritual en el que el hechicero parece invocar a las fuerzas de la naturaleza con sus plegarias. El aroma de la noche del desierto se palpa en sus delicados y misteriosos acordes.

El tema que cierra el álbum y que da nombre al mismo “The echoe of the desert”, fluye entre efectos con pulsantes acordes de bajo y platillos chispeantes. Estamos ante otro ritual como homenaje al vasto y solitario desierto, algo que se percibe en su triste melodía.  

Adoptando momentos western, y bajo ese ritual de los tambores, los coros elevan sus plegarias, en ese devenir de la vida y la muerte en un ciclo perpetuo. La sombra de The Doors se refleja ahora con una mayor nitidez en los desarrollos de órgano herederos de Ray Manzarek. Como si de un sombrío tema de los californianos, el aura mística ceremonial preside el corte con lánguidos pasajes evocadores de los cactus en su soledad custodiando la historia del jinete que vivía cuya morada era el astro Sol.

Reseña: THE SONIC DAWN.- “Enter the mirage”

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Cuarto álbum de la banda que probablemente haga la psicodelia mas elegante del momento. Reflejando los sonidos vintage de finales de los 60’s su apuesta sigue avanzando por la línea que marcaron en sus albumen anteriores. Dulces melodías en temas sosegados que aparecen envueltos en un manto ácido. En algún espacio entre el sonido más lisergico de THE BEATLES y sus compatriotas BABY WOODROSE, THE SONIC DAWN no bajan el listo con su nuevo álbum “ENTER THE MIRAGE”. Adornando sus temas con elementos west-coast, su suave forma de componer las canciones consiguen crear melancóLicos cuadros llenos de dulzura. Sus ácidos pasajes son el estímulo para aquellos a los que su sonido pueda parecerles demasiado “blando”. A estas alturas no debe ría sorprenderle a nadie la capacidad que el trío danes tiene para componer temas llenos de belleza y magia sobre ensoñadores espacios que siempre están envueltos en un manto de psicodelia reconfortante. Un sonido psicodelico que toma elementos del jazz en algunos momentos, o que se torna más sinfónico en otros, pero que siempre crean un gratificante espacio para la relajación.  En esta ocasión los exóticos aromas de oriente aparecen como ya vimos en alguno de sus anteriores trabajos, gracias a los sutiles acordes del sitar, dotando a los temas de ese aura de misticismo tan reconfortante. Aún con esos antecedentes, el álbum esta lleno de energía, una energía con la que tratan de llevar al estudio la fuerzas que tienen sus directos. La colaboración de Erik Errka Petersson con su órgano hammond, hace que encontremos mas temas en los que aparezca el sonido que recupera el legado de  Ray Mankarek , con esos tonos “vintage”, tan característicos, y que en esta ocasión quita protagonismo a las guitarras como elemento diferenciador respecto a sus anteriores albumes. Habrá quien pueda preguntarse, ¿Es mejor o peor que el resto de sus álbumes? Yo les diría: “Es un álbum de THE SONIC DAWN”, y a estas alturas, ya sabemos lo que eso significa, calidad, elegancia y belleza en cada canción.  

El tema general en el álbum es la libertad. Se trata de visiones que pueden parecer demasiado distantes para ser reales, pero solo aquellos que realicen el viaje lo descubrirán realmente. Su cantante y guitarra, Emil Bureau, nos explica como surgió el álbum: Primero perdí a mi padre, luego perdí mi trabajo y finalmente perdí mi voluntad de ser un servidor de cualquier cosa que no sea paz, amor y libertad. Debería ser simple, pero en este mundo no lo es. En lugar de volver al llamado camino de la carrera, que generalmente es un callejón sin salida, di un salto de fe, con el apoyo de la banda“.

Bureau pasó medio año en un frenesí de composición, generando no solo “ENTER THE MIRAGE” sino también un álbum en solitario en el género folk del que próximamente hablaremos. Para dar forma a estas ideas de canciones, el trío danés alquiló un espacio en la parte más sombría de Copenhague, estableció un estudio allí y se estremeció durante dos meses. Escuchas esa aspereza, presente como una actitud determinada de una banda muy unida. Con tres álbumes pasados ​​y unos 200 shows en su haber, la reputación de THE SONIC DAWN está a prueba de toda duda. 

Sin embargo, al final de su largo y laborioso proceso creativo, la banda estaba completamente en quiebra. Afortunadamente, su amigo y ex productor, Thomas Vang, les permitió mezclar el álbum en The Village Recording por la noche, después de sus propias sesiones.

THE SONIC DAWN son: Emile Bureau (voces, guitarra teclados, sintetizadores, flauta y sitar. synthesizer, flute, sitar, Jonas Waaben (batería y percusión y Niels Bird Fuglede (bajo). “ENTER THE MIRAGE” fue escrito, grabado y producido por THE SONIC DAWN, Erik Errka Petersson participó con su órgano hammond en “Soul Sacrifice” y “Join the dead”.

El álbum fue grabado en Voks Recording, habiendo sido mezclado por THE SONIC DAWN en Village Recording y masterizado por Hans Olsson Brookes en Svenska Grammofon Studion Mastering, (Goteburgo), correspondiendo el arte de la portada a el gran Robin Gnista. “ENTER THE MIRAGE” está disponible vía Heavy Psych Sounds.

“Young love oldf hate” nos presenta la psicodelia colorista con sabor a 60’s a la que ya nos tienen acostumbrados los daneses. La suave y cálida voz de Emile, convive entre coros recurrentes, sencillas armonías y reverberaciones con el sonido vintage del órgano en un discreto segundo plano.

En luminosos tonos hippies “Hit of acid” con sus armonías rurales y punzadas de guitarra y órgano ocasionales refleja el lado más sosegado del trío. En esta ocasión viajando hasta el verano del amor el sonido del órgano evocador de Ray Manzarek completa un tema en el que los acordes ácidos de la guitarra ponen el toque lisérgico.

Con vibraciones freak, “Loose ends”, más vivaz que los cortes anteriores y con el falseto de Emile en todo su esplendor, nos acaricia con delicadeza cuando su registro se vuelve más cálido. Un gratificante susurro que acaba por arrullarnos mientras el bajo de    nos golpea hipnótico en un tema ondulante que pasa de la luz a la penumbra psicodélica. Un aroma a incienso crea una atmósfera mística en su parte final en la que la guitarra parece apagarse entre lejanos acordes de sitar y un humeante órgano.

Esa presencia del sonido del órgano queda más patente en “Children of the night” El tema más experimental y en el que la voz se muestra menos complaciente. Un áspero y oxidado sonido de órgano en tonos retro envuelve los suaves y sencillos acordes de guitarra. Con momentos balbuceantes, el juego de guitarra y bajo se sucede entre un aura psicotrópica para descender lentamente hasta el ocaso.

“Shape shifter” en tonos más melancólicos hace que la psicodelia danesa se vuelva más intimista Un tema que transmite tristeza sobre tiernos pasajes algo mustios. Dando un giro, a la mitad del tema, THE SONIC DAWN se inclinan por pesados riffs que convierte la atmósfera mucho más densa.  Entre efectos la guitarra aula por momentos para emprender una senda psico-progresiva en su tramo final, en el que incorporan un cierto sinfonismo en ese ambiente psicodélico.

Con una introducción acústica llena de misticismo, “Enter the mirage” se eleva entre aromas orientales ofreciendo el registro mas grave de la voz de Emile, actuando casi como un loner folk.

“Soul sacrifice” con una oscura preparación inicial, se adentra en espacios psico-pop con muchas reminiscencias 60’s. El envolvente órgano vintage y una marcada línea de bajo custodían el particular sonido de la guitarra. Un tema bastante versátil en el que entre humo psicodélico se sucenden los solos y los efectos rebosantes de acidez. Fuzz, wah-wah, y ritmos anárquicos toman un camino que psicotrópico bajo los distados del legado de Manzarek.

Juegos vocales y ritmos rockeros con un toque funk es el escenario en el que se desarrolla “Join the dead”. Piano retro, ritmos contagiosos que invitan al baile en una ceremonia en la que los ecos west-coast habitan entre momentos rock, pop, siempre bajo tonos psicodélicos. Un curioso trabajo compositivo que hace que el tema parezca que mute constantemente entre un infatigable trabajo de batería.

“Sun drifter” se colorea de tonos vintage en una línea algo diferente a los cortes anteriores. Cálido y por momento con un sinfonismo country, serpentea entre un caleidoscopio multicolor que pasa por distintas fases cromáticas. Aunque pueda parecer que estos chicos son “blanditos”, tienen la capacidad para dotar a sus temas de un manto narcótico e intoxicante. Esto es la psicodelia.

El álbum cierra con “UFO”, tema en el que los ecos de la psicodelia pop de los 60’s crean un campo multicolor con susurrantes melodías entre un aturdidor sonido de órgano en un segundo plano.   

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Reseña: THE KUNDALINI GENIE.- “11​:​11”

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Desde que lanzaran su primer álbum “REVERBERATION” en 2.017, los galeses THE KUNDALINI GENIE me han estado reconfortando con sus maravillosos trabajos de psicodelia relajada. Ahora, con su cuarto álbum “11:11” crean un nuevo mantra sonoro en el que las influencias de oriente se aúnan con ese típico sonido de la psicodelia pop de la segunda mitad de los años sesenta tan floreciente en las Islas Británicas. Temas hipnóticos que no se privan de tomar prestados elementos kraut para invitarnos a un viaje en el que estimular nuestros sentidos. Con unos maravillosos ganchos pop que hacen que las flores estallen en una explosión de color. Tonos místicos que los acarician con delicadeza y que en su interior esconden un gran trabajo compositivo. Desde la aparente sencillez, las canciones fluyen con gracia entre narcóticos pasajes que esconden un torbellino de sonidos. Siempre sin perder el control, nos evocan prados aterciopelados en los que reposar y dejar estimular nuestros sentidos. Un ensoñador éxodo hacia lugares sensoriales de auténtico confort espiritual. Es difícil abstraerse del hechizo de unos temas que son tan reconfortantes como una canción de cuna para un bebé. Trascendentes, brillantes y profundos, la elegancia con se ejecuta cada acorde de guitarra contrasta con el mantra que crean a su espalda a través de zumbidos hipnóticos que nos hacen ir más allá de nuestro cuerpo.

Los siete minutos de “Mantra”, el tema que abre el álbum, ya nos dejan en un estado de relajación del que no saldremos en el resto del álbum. Con evolutivos efectos de teclados y los exóticos acordes del sitar construyen un corte raga-rock con olor a incienso reconfortante. Melodías neo-psicodélicas que evolucionan lentamente en un eterno génesis que supone, como su propio nombre indica, el tema es todo un mantra para los sentidos. Sus ritmos kraut en línea Kikagaku Moyo se desenvuelven entre una neblina narcótica que se eleva a las alturas celestiales con gran intensidad hasta alcanzar el nirvana.

En una atmósfera más espacial y tonos psicodélicos, “The two draw killer” nos atrapa con su hipnotismo de corte kraut y esa delicada guitarra bajo melodiosas y cálidas voces neo-psicodélicas de fuerte ascendencia sesentera. Siempre con los zumbidos perturbadores en un segundo plano, la dulce y profunda guitarra nos acaricia con ternura. Un tema relajado que transmite confort y sosiego bajo altas dosis lisérgicas.

Instalados en la psicodelia pop de los años sesenta “Can’t get you out my mind” camina por el sendero de aquellos ecos, en una revisión contemporánea de aquellas vibraciones. Tambores más ruidosos y una armonía ensoñadora y más pesada pone el contrapunto a la calma. Un corte que se presenta con altas dosis de melancolía.

“You left it all behind” se ve arropada por un turbio sonido de órgano y un bajo más férreo y sólido. Una brisa narcótica y estimulante con un cadente ritmo sirve de alfombra a afiladas guitarras que recorren acolchados prados sonoros. Un paisaje florido y místico que crea un aterciopelada cuadro sonoro.

“The sky is falling (But the stars look good on you)” se desarrolla entre un bucolismo arropado por bellas melodías. Los acordes de los teclados nos arrullan entre mágicas, cálidas y susurrantes voces. Una combinación en la que la dualidad entre lo grave y lo seductor y delicado de la voz de Julia McTiernan/Kate, resulta de lo más efectiva. Los coros celestiales crean de nuevo una estampa llena de misticismo entre los aromas florales que tan bien saben utilizar los galeses. La destreza de su guitarrista aparece nuevamente de una forma sobresaliente con grandes pasajes.

“Sunrise” se viste de The Beatles más trascendentales creando un aura mántrica creando una envolvente atmósfera de psicodelia pop rebosante de misticismo. El tema fluye lentamente, sin prisa, entre profundos sonidos de unos teclados que crean una neblina narcótica. Toda una constante en la mayoría de los temas.

Para el cierre del álbum, reservan el corte de mayor duración. “You had it all”. Las canciones de larga duración suelen ser siempre un escenario en el que las bandas se dejan llevar y desarrollar todo su potencial. Si con el resto de los temas no hubiéramos tenido bastante, aquí la vocación psicodelia de inspiración en los años sesenta se manifiesta majestuosa y sin complejos. Entre la melancolía y la esperanza el tema se eleva en su intensidad entre armonías que ondulan con aspecto frágil, pero conteniendo un sólido interior. Su largo minutaje, permite como licencia la incorporación de una extraña lución final entre hipnóticos acordes que no llego a saber a qué corresponde.

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Reseña: THE THIRD MIND.- “The Third mind”

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THE THIRD MIND es el proyecto de dos veteranos músicos de la escena californiana como Dave Alvin (THE BLASTER, X) y el multinstrumentista Victor Krummenacher (CAMPER VAN BEETHOVEN, CRACKER, MONKS OF DOOM) a los que se unieron David Immergluck (CAMPER VAN BEETHOVEN, COUNTING CROWS, MONKS OF DOOM) y Michael Jerome (RICHARD THOMPSON, BETTER THAN EZRA). para crear esta maravilla de debut que ve la luz vía Yep Roc Records. Un álbum hecho con la máxima de “Juntémonos y hagámoslo” y que refleja la frescura de unos grandes músicos dejándose llevar por su libertad creativa recuperando la banda sonora de su adolescencia y que se criaron a la estela de los sonidos west-coast, algo que queda completamente patente en los cinco temas del álbum. Jams psicodélicas hechas con ternura y espontaneidad sobre versiones de músicos tan dispares como la cantante de jazz Alice Coltrane, el músico folk Fred Neil, o la maravillosa folky canadiense Bonnie Dobson, BUTTERFIELD BLUES BAND, Roky Erickson y sus 13TH FLOOR ELEVATORS, y la esencia de las versiones que de alguno de ellos hicieron GRATEFUL DEAD o IT’S A BEAUTIFUL DAY manteniendo el espíritu del verano del amor. Con Hendrix como referente y la libertad de ejecutar las canciones sin ataduras, ofrecen su particular visión lisérgica de estos temas, tiñéndola con pinceladas jazz o folk. Una alocada idea con un resultado exquisito. Las palabras para describirlo sobran, ya que estamos ante un álbum sencillamente MARAVILLOSO que lo que pide es escucharlo con atención y empaparse de toda la sensibilidad y calidad que contiene.

“Journey in Satchidananda”, Con momentos drone de pausada psicodelia teñida con borboteantes efectos a modo de introducción se va construyendo un tema en el que el cadente bajo camina lentamente entre una psicotrópica neblina. Con el jazz como argumento, la banda transforma el tema en un espacio para la experimentación lisérgica. Esto es una constante en todo el álbum. Los acordes se van sucediendo con una parsimonia completamente narcotizante.

Con esa misma vocación psicodélica, se atreven desde e un reconfortante sosiego a versionar “The Dolphins”, tema de Fred Neil, versioneado previamente por  músicos de la calidad de Tim Buckley. Linda Ronstadt, o It’s a Beautiful day. Embarcándose en un viaje que recupera los bucólicos sonidos west-coast de los californianos con cálidos y reconfortantes registros vocales. Entre delicados coros angelicales, el manto psicodélico envuelve un tema de inequívoco carácter folk. Menos luminoso que la versión original, aquí los tonos grises predominan entre pinceladas coloristas. Lo cierto es que, aun manteniendo la esencia del original, consiguen transformarlo en un plácido paseo por la psicodelia más florida.

El siguiente tema, “Claudia Cardinale”, original de la banda, mantiene la línea de los cortes precedentes. Con ecos de guitarra clásica evocadores del Concierto de Aranjuez y una guitarra con un sonido que me evoca a Carlos Santana en modo sinfónico, consiguen mantener el halo lisérgico entre pasajes sinfónicos. El corte supone un magnifico escenario en el que su guitarrista puede desarrollar toda su técnica entre tenues atmósferas.

Ahora tomando como referente a Grateful Dead, “Morning dew”, el tema original de Bonnie Dobson. se viste de cálidas voces en vena folk para generan un susurro placentero con medidos acordes interpretados desde la pausa. Nuevamente el bucolismo más reconfortante nos acaricia con sus sedosas texturas. Una voz que no tiene nada que envidiar a grandes del folk como Joni Mitchel, o la misma Bonnie Dobson nos masajea con delicadeza entre brillantes solos de guitarra que vuelven a certificar el buen hacer de su guitarra. La belleza en estado puro sobre aterciopelados pasajes vocales. Ciertamente, al margen de la particularidad de la voz, el tema mantiene con acierto la esencia de los Grateful Dead en su dorada época del verano de amor con sus hecHizantes y mágicas voces y un crescendo que evoluciona con sosiego, sin prisa.

Con un aparente giro en su propuesta, Butterfield Blues Band son homenajeados con “East West”. Dieciséis minutos en los que el blues se une a la fórmula psicotrópica que con tanto acierto ejecutan. Tomando el formato de una jam ácida la improvisación hace acto de presencia sobre cadenciosos y efusivos ritmos. La larga duración del tema deja espacio al desarrollo de una bacanal de alucionóigenos en la que los lisérgicos pasajes se adornan con el sonido de la armónica. Evidentemente estamos ante un tema de blues, y ese elemento no podía faltar aquí al ser una de las señas de identidad que dio gloria a Paul Butterfield en aquella aventura junto a Mike Bloofield. Este pequeño giro no es un obstáculo para que mantengan el listón en una ejecución rítmica implacable a la que nada le frena. Manteniendo esa vocación west-coast, el corte fluye entre las aguas del blues que su funden con corrientes psicodélicas muy en la línea de Grateful Dead.

Dando un nuevo salto al vacío, “Reveberation”, el tema de 13th Floor Elevators“adquiere una dimensión más pesada. Con el blues en el horizonte se alejan del bucolismo mostrado en los temas anteriores para ofrecer un tema mucho más corrosivo. Sucios sonidos que nos intoxican en esa línea garaje-rock que mostraron los de Texas en sus tiempos de gloria.

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Reseña.- BIG SCENIC NOWHERE.- “Vision Beyond Horizon”


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El supergrupo BIG SCENIC NOWHERE se gesta entre dos pesos pesados de la escena desert-rock como son Gary Arce (guitarra de YAWNING MAN) y Bob Balch (guitarra de FU MANCHÚ). Un proyecto que crece lo suficientemente pronto como para abarcar a miembros como Tony Reed (teclados, voz y batería (MOS GENERATOR), Mario Lalli (bajo) (FATSON JETSON, YAWNING MAN), Per Wiberg (teclados) (SPIRITUAL BEGGARS, ex-OPETH, KAMCHATKA), Bill Stinson (batería) (YAWNING MAN), Nick Oliveri (bajo) (MONDO GENERATOR, ex-KYUSS, etc.), Lisa Alley (voces) e Ian Graham (voces) (THE WELL), Alain Johannes (voces y guitarra) (QOTSA, THEM CROOKED VULTURES, Chris Cornell, ELEVEN). Con un elenco así, las expectativas con grandes y el resultado puede ser algo apoteosico. En sus comienzos Balch y Arce lanzan riffs de guitarra y pistas de un lado a otro, juntando las partes de la canción un movimiento a la vez. Compartir su música y desarrollando una química para construir algo nuevo basado en sus experiencias individuales van añadiendo elementos. De esta manera, la banda se fortalece para la cohesión entre quienes lo hacen posible. Gary visitó a Bob, el cual grabó las pistas y reunió lo que se convirtió en progresiones más fluidas, y las canciones resultaron, destacando las diferencias de estilo entre los dos. Después de que Balch arregló las canciones, se dirigieron al estudio para obtener pistas básicas. En el transcurso de unos meses, los músicos comenzaron a enviar sus contribuciones al disco. Primero fueron las voces de Tony Reed, luego Lisa Alley e Ian Graham de The Well y, por último, Alain Johannes. Tony Reed también proporcionó algunos sonidos de sintetizador vintage, junto con Per Wiberg, y Alain agregó algunas partes adicionales de guitarra. El resultado final es un álbum que está tan lleno de talento que da miedo. Es el resultado de artistas experimentados que han crecido hasta este punto. Si bien todos sus estilos son diferentes, la colaboración creó un álbum hermoso y único. “VISION BEYOND HORIZON” Quedará en los anales del stoner como un documento de nuestro tiempo, una biblia para todo lo relacionado con el desierto y el desert-rock. Es un álbum muy embriagador y merece toda la atención. Así que siéntate, relájate y viaja detrás de la cortina sónica de estos moradores del desierto.

“The glim” abre con pesados y cadentes riffs. Una cálida y magnética voz transita entre  sus riffs hirientes. El sonido del desierto se percibe en cada acorde, pero no solo eso, ya que las bien trabajadas melodías vocales apaciguan la virulencia de su sonido. Un manto de psicodelia acaba envolviendo el tema entre difusos riffs que se repiten y elementos sinfónicos. Variado y rico en matices, el corte es todo un bálsamo para curar nuestra alma.   

Mucho mas diabólica, “Paranoid”, transita guiada por frenéticos ritmos punk, herederos de los origines del rock del desierto. Una batería diabólica empuja al resto de los instrumentos entre los que destaca en gran trabajo de bajo.  Un tema rápido y directo que no hace prisioneros en sus menos de dos minutos. 

“Then i was one”, puede ser el paradigma del desierto mas psicotrópico. Fuzz entre los cactus y cálidas voces, entre un aroma de pesadez en cada nota. Contrarrestando la fuerza instrumental las voces ponen el contrapunto a esa fuerza sobre estrofas melodiosas. El resultado es un magnético tema que pule sus rugosas aristas dando forma a un  corte que ofrece dos visiones de si mismo.  

Impregnados de psicodelia atrayente y misteriosa, “Mirror image” se desarrolla en oscuras atmósferas con una cadencia rítmica soportada en una impactante línea de bajo que marca el devenir del tema. Voces y coros entrelazados entre difusos riffs que pisan con paso firme en esa atmósfera desértica. Resulta chocante que a pesar de su solidez, sean las voces las que acaben marcando el devenir del corte. El tema lleva en su interior buenas dosis de fuzz desértico, especialmente en su parte final. Un tema enigmático que va contoneándose entre distintas vibraciones en esa espiral de sonidos que juegas con con la oscuridad y la luz. 

“Hidden wall” nos devuelve los sonidos atmosféricos con la sensualidad de unas hechizantes voces. Reflexivos, sin perder la esencia, aquí se descubren los momentos más bellos de un álbum que no duda en coquetear con distintas influencias para finalmente conseguir un sonido propio. La tristeza y la melancolía descrita en cada acorde con esos tonos grises pausados. Nuevamente encontramos el lado más psicodelico en contraposición con la pesadez de otros temas del álbum. Un relato que nos mece sosegando nuestros sentidos. Las fornidos y difusos riffs acaban explotando de una forma contenida cuando en su segunda mitad, las voces se vuelven más virulentas en su desasosiego. Aquí el juego vocal y los efectos de pura psicodelia pesada acaban construyendo un caleidoscopio psicotrópico de grandes dimensiones. Contenidos pero ácidos, no pierden el aroma de la arena y del viento de los yermos escenarios de los surgieron sus componentes. No en vano se trata del tema de mayor duración, y eso constituye una oportunidad para desarrollarlo en mas de un sentido. 

El hard rock setentero y los contemporáneos sonidos stoner confluyen en “Shadow form the altar”, sucumbiendo los primeros en beneficio de las resonancias del desierto. Difusos en sus riffs, y ondulante en su estructura, el tema siempre mira para delante en un avance sin retorno sobre una estructura de ritmos que se repiten y que poco a poco se modulan entre las cálidas voces. Pesados pero contenidos,  la banda sabe crear esas densas atmósferas en las que el aire se hace irrespirable. Ciertos vientos exóticos se cuelan entre la bruma aportando un tono de frescura al plomizo y cegador tema. 

“En las sombras” sigue jugando con la misma vocación psicodélica. Aquí el bajo nos seduce entre acarameladas voces y elegantes acordes llenos de sutileza entre los envolventes efectos. Un nuevo canto lleno de sentimientos sobre bellas melodías que se elevan entre atmosféricos espacios con algún guiño floydiano. Sus acordes nos acarician con delicadeza mientras la voz nos seduce con el derroche de sensualidad de cada estrofa. Seis minutos y medio llenos de intensidad emocional que la banda consigue transmitir con gran habilidad. 

“Tragic motion lines” se instala en el escenario descrito en el corte anterior. La elegancia de los acordes de la guitarra y ocasionales descargas de fuerza, van construyendo un corte que bebe de la psicodelia setentera para adornarse con ecos más oscuros propio de escenarios proto-metal o incluso heavy-rock. Las melodías vocales son cuidadas con esmero incluso en los momentos en los que el tema en engruesa en su sonido. Una erupción ocasional entre el plácido prado sonoro que van componiendo. Con aura noventera a su alrededor, el corte camina en la placidez con un intrincado ornamento compositivo que agranda la estructura hasta espacios de gran monumentalidad. 

El jardín del edén que nos describe “The war years” nos presenta a BIG SCENIC NOWHERE más plácidos y místicos que en resto de las composiciones. Persistiendo esa herencia floydiana que nos había mostrado alguna de las canciones anteriores, aquí se desnudan dejándose seducir por esas vibraciones en momentos de psicodelia progresiva ejecutado con mimo y esmero. Delicados y bellos, cada pasajes va mimando nuestro alma en una redención interior. Un tema terapéutico que muestra el lado más tierno de unos músicos que cuando quieres pueden hacer explotar la montaña más alta, pero que su indudable calidad les permite ofrecernos otros registros completamente maravillosos. 

 

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Reseña.-MARS RED SKY.- “The task eternal”

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Tenía muchas ganas de escuchar nuevo material de los franceses MARS RED SKY, una banda que siempre me parecido sensacional, pero cuando hace un mes escuché por primera vez “THE TASK ETERNAL” me quede un poco decepcionado. Mis expectativas de casi tres años no se habían visto cumplidas. Tras las siguientes escuchas salí rápidamente de mi error. ¡Es absolutamente genial!. Muchas veces sucede que en una primera escucha de un álbum, éste, no acaba de convencerte, pero si insistes, consigues meterme en él y no quieres dejar de escucharlo una y otra vez. Este ha sido mi experiencia con este nuevo trabajo del trío francés.  Estamos ante un disco que puede satisfacer tanto a los amantes del doom como a los fieles seguidores de los sonidos stoner-psicodélicos. Una perfecta combinación de ambos estilos que se adereza con esas voces con sabor a miel herederas de la psicodelia pop de los años sesenta.  Un trabajo que suena a MARS RED SKY, pero que posee una riqueza compositiva  infinita donde los matices hacen que sea su álbum mas completo y mas exquisito. Con una aparente apariencia de disco aburrido y lineal, hace falta una buena predisposición para tocar el cielo con su escucha, pero…. mi consejo es que, ¡no lo dudes!, y si la primera escucha no ha sido de tu agrado,  insiste, porque tendrás tu recompensa. Grandes muros de sonido con un bajo difuso y espeso, así como el peculiar timbre vocal de Julien Pras y las bellas melodías,  hacen de THE TASK ETERNAL un álbum especial. Especial y espacial, porque las vibraciones lisérgicas nos invitan a un viaje a mundos desconocidos, densas atmósferas siderales en las que la psicodelia barroca convive con los sonidos stoner-doom en una perfecta armonía. Mundos que pueden parecer distintos, pero que en manos de los franceses conviven en perfecta comunión. Un álbum que nace de la oscuridad, y en ella se desarrolla, aunque su grandeza reside en la capacidad para poner rayos de luz en esas tinieblas sonoras. Miel pegajosa y fango viscoso combinados con gran acierto en ocho logrados temas que no podrás quitarte de la cabeza. Un disco que gana con cada escucha y que merece estar en lugares de honor en la producción discográfica de éste 2.019.

“The proving grounds”, el tema mas largo del álbum con sus casi ocho minutos, arranca con misteriosos efectos que calientan los motores de la maquinaría doom de los franceses. Lentos, plomizos, oscuros y difusos, la guitarra de Julien pone luz con exóticos pasajes ante de una voz salida de la psicodelia pop sesentera nos seduzca con su melodía con sabor a caramelo. Momentos que recuerdan a los Pink Floyd más lisérgicos de la época de Syd Barret, se entremezclan con agradables melodías entre la oscuridad latente de los pesados riffs y una plomiza y cadente batería. un ritual en el que las melodías vocales copan el protagonismo antes de que el corte se instale en atmósferas con olor a incienso en las que los vientos orientales traten de abrirse paso entre la espesura. Por la senda psico-progresiva van meciéndonos con delicadeza sin perder ese aura misterioso que contiene el tema. Una especie de mantra vintage en el que aparecen extraños episodios. las dulces y agudas voces se abren hueco entre los insondables pasajes mostrando una languidez espiritual reparadora. ¡Soberbio!

Es difícil escribir sobre un álbum que combina la pesadez doom con algodonosos momentos de psicodelia barroca. Así “Collector” liga la pesadez de un bajo atronador y aturdidor con melodías con sabor a sirope. Unos sólidos muros rítmicos junto a cuidadas melodías que se inclinan a precipicios progresivos consiguen una calma aterciopelada. Envueltos en esas nebulosas los pegadizos estribillos nos reconfortan en esa espiral psicotrópica. si en los últimos tiempos estamos encontrándonos con múltiples trabajos de psycho-doom, “THE TASK ETERNAL” nos descubre otros entornos sonoros. Muy pocas veces vemos una combinación de doom con pop psicodélico como aquí, inevitablemente la miel nos endulza la digestión de la pesadez.

Siempre atmosféricos, y con algunos tonos espaciales, la psicodelia de MARS RED SKY vive de una oscuridad sideral. “Recast” construye un relato de misterio que se soporta en la solidez de su base rítmica, para dejar que la melodía fluya. voces celestiales nos asaltan con delicadeza entre la majestuosidad de los tenebrosos riffs. Una extraña pero efectiva combinación entre las tinieblas y los cielos que no acaba de decantarse por ninguno de los dos espacios. Lejos de ello, es utilizada para crear temas únicos y peculiares en los que la psicodelia observa con atención los momentos doom. La guitarra crea una atmósfera lisergica hasta una nueva tormenta de oscuros y pesados riffs entre efectos envolventes. La parte final del tema desciende a susurrantes pasajes psico-progresivos con tonos espaciales como si describieran un apacible amanecer post-apocalíptico.

Por escenarios más propios del post-metal “Reacts” nace de cadentes riffs y una versátil trabajo a la batería de Mathieu Gazeau para introducirnos en un viaje sinfónico pseudoprogresivo. Una especie de post-heavy-psych (joder con el término). El tema se va moldeando hasta mostrarse mas maleable por la senda de la psicodelia. Distorsiones y efectos fuzz nos embarcan en una odisea espacial en la que las voces en la lejanía nos anticipan un calmado final. Así el corte se diluye en efectos de ambientación sideral que sirven de escenario para que la guitarra se muestre en toda su belleza custodiada por el poderoso bajo de Jimmy Kinast.

“Crazy earth” con sus cadentes riffs stoner, y la seductora y lánguida voz es posiblemente el tema más melódico. Un bello tema que transcurre por pasajes psico-progresivos algo alejados del doom que encontramos en la mayor parte de los temas. Melodías y coros más cuidados y etéreos en un pausado paseo por atmósferas menos violentas. Uno de los temas en los que encontramos a los MARS RED SKY mas reconocibles.

THE TASK ETERNAL es un álbum lleno de contrastes y así lo demuestra el siguiente tema, “Hollow king”. Otro tema que deja más espacio a la melodía en detrimento de los pesados riffs. Esto no significa que la banda se reblandezca, su sonido sigue siendo pesado, pero la ampulosidad de algún pasaje combinado con los juegos de voces y coros hacen que estemos ante un corte de vocación mucho más progresiva en detrimento del doom de los temas anteriores. 

“Soldier doom” recupera los sonidos más oscuros y pesados. Un pequeño guiño a Sabbath entre la grandilocuencia de una batería destacable y una guitarra más difusa que se rinde nuevamente a la psicodelia más misteriosos. El tema fue adelantado en su EP hace meses.

El epílogo lo pone “A far cry”, evolucionando de la nada entre efectos el trío de Burdeos nos ofrece una faceta desconocida hasta ahora. Los acordes de la guitarra acústica tratan de seducirnos por un camino diferente. Repitiendo los pasajes como si agonizaran, mantienen la constante melancolía.

Tras escuchar una y otra vez “THE TASK ETERNAL”, solo ardo en ganas de que llegue en mes de noviembre, en el que los franceses visitarán Madrid junto a Kadavar y Hällas. Un concierto imprescindible y marcado en rojo en la agenda.

El álbum está disponible vía Listenable Records, con los que han grabado sus últimos tres álbumes, en lo que parece un matrimonio bien avenido.

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