Reseña: THE SPACELORDS.- “Spaceflowers”

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Sólo he tenido el placer de ver en directo en una ocasión a THE SPACELORDS, y aquel concierto siempre quedará en mi retina por la cantidad de sensaciones que fueron capaces de transmitirme con su apuesta de psicodelia espacial. Por eso, cada nuevo álbum de la banda supone una oportunidad para el gozo, recibiendo la cantidad de sensaciones que son capaces de trasladar, y en esta ocasión, con “SPACE FLOWERS” los alemanes se han superado. Solo tres largos temas para invitarnos a un viaje a los confines del universo en busca de esa dimensión sensorial capaz de anular nuestros sentidos para dejarnos en un estado de éxtasis. Cerrando la trilogía iniciada con su álbum “LIQUID SUN”, y su secuela “WATER PLANET”, “SPACE FLOWER” supone la culminación de un viaje en el que los psicotrópicos invaden nuestras neuronas en una catarsis sensorial. Sus tres temas se construyen sin prisas, fluyendo con una grandiosa naturalidad que consigue atraparnos entre sus surcos. Teniendo en cuenta que ninguno de los temas baja de los once minutos, pudiera parecer que la monotonía haría acto de presencia en cualquier momento. Precisamente ahí está el gran poder de la banda, ser capaces de que después de sus largos desarrollos instrumentales no nos hayamos dado cuenta del tiempo. Eso binomio espacio-tiempo es  uno de los avales de la banda, y aquí queda perfectamente reflejado. Aromantizando sus pasajes con exóticas fragancias, o golpeándonos con sus hipnóticos ritmos, saben modular cada desarrollo instrumental para que aflore espontáneamente. Otra de las características, es su capacidad para hacer que cada acorde sea sobre-dimensionado gracias a la multitud de efectos que incorporan. Pocas bandas como ellos son capaces de hacer esto con tanta maestría. Con su psicodelia pesada consiguen trasladarnos mas allá del hábitat de las supernovas, en un entorno casi-post-apocalíptico, en el que la vida vuelve a brotar. Un torrente de sensaciones que nos invade sin renunciar a la pesadez logrando el equilibrio perfecto entre las pasajes mas  contundentes y los aterciopelados entornos que consiguen describir. Este álbum es unna gratificante travesía sobre entornos siderales que hace décadas exploraron bandas como Hawkwind con influencias de los grandes la kosmiche-musik alemana de los setenta, en una actualización en la que los pesados sonidos stoner tienen su parcela de protagonismo.  Nadie con sensibilidad debería renunciar de unos temas que carecen de voces, porque  aquí, el nirvana está garantizado. 

A caballo entre los misteriosos entornos espaciales y la psicodelia más aromática “Spaceflowers”, los Señores del Espacio se muestran sólidos y elegantes a la vez. Un corte ejecutado con calma, sin prisa para el despegue, y en el que los siempre prolíficos efectos que tan gustan a la banda hacen que el sonido de la guitarra se retuerza en pasajes psicotrópicos. Sin abandonar su propuesta espacial enriquecen ésta con los hipnóticos ritmos de la batería de Marcus Schnitzler, mientras el sobresaliente bajo de Akee Kazmaier derrocha su habilidad. Llenos de magnetismo, el trío consigue su sonido, situado en tres planos diferentes, se compacte en una causa común, con la guitarra de Hazi Wettstein multiplicando su sonido. Sin perder un ápice de magnetismo da la sensación de que los sintetizadores fueran los protagonistas sobre los elegantes pasajes. el tema se muestra pesado e incisivo en su desarrollo. La influencia de la kosmiche-musik de los setenta, aparece en las entrañas de un corte que transita por potentes pasajes heavy-psych en una combinación de distintos elementos. 

“Frau Kuhnkes Kosmos” se deja llevar más nitidamente por los ritmos kraut más pesados. incrementando a la vez su vocación espacial y su intensidad nos ofrecen una tormentosa odisea. La calidad del trío hace que sean capaces de dotar a su pesadez bellos y magnéticos desarrollos en la parte central del tema con algún eco floydiano. En términos generales el tema se construye sobre una atmósfera fría y poderosa como resultado del entorno mas sideral en el que nos introducen. Esto no resulta ser ningún obstáculo para que la psicodelia emane de cada acorde. 

La magia aparece a lo largo de los casi veinticinco minutos de “Cosmic Trip”. Desde una evolutiva introducción sobre ensoñadoras atmósferas van construyendo el tema desde la calma. Transmitiendo el sosiego sobre reconfortantes pasajes rebosantes de belleza en los que el sinfonismo hace acto de presencia. Paulatinamente el corte va adquiriendo tonos más misteriosos en una exploración en la que la guitarra derrocha pasajes realmente bellos. Si bien el bajo, aparentemente  parece dirigir el destino del tema, esa guitarra en un segundo plano modula el tema haciendo que se contonee en bellas formas. Como si estuvieran describiendo un momento post-apocalíptico en el que todo parece cobrar vida nuevamente. Pasando por distintos estados, (obviamente estamos veinticinco minutos de viaje) va incorporando una intensidad con pasajes mas gruesos entre los numerosos efectos espaciales. Todo coloreado con una especie de exóticos cantos orientales que despiden una embriagadoras fragancias. todo un contraste con la misteriosa atmósfera de su comienzo. Pasajes de psicodelia aromatizada  que se construyen con un cadente y persistente ritmo cuyo resultado es una mística que conjuga el infinito vacío sideral con enigmáticas fuerzas alejadas de lo terrenal.  Toda una dimensión sensorial que nos atrapa con su gran magnetismo y delicadeza en la que insondables y exóticas deidades sobrevuelan sobre nuestros sentidos creando un espacio de liberación emocional que nos traslada a un nuevo mundo alejado de lo terrenal. Navegando por místicos entornos en los que todo sucede con una calma gravitatoria en esos entornos siderales. Sin perder ni un momento el hipnótico ritmo la guitarra se torna más ácida y psicotrópica en la parte final. Uno de los grandes activos del tema es que , a pesar de su duración no resulta nada monótono, lo cual dice mucho de la calidad que contiene. ¡Sublime!

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Reseña: THE THIRD MIND.- “The Third mind”

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THE THIRD MIND es el proyecto de dos veteranos músicos de la escena californiana como Dave Alvin (THE BLASTER, X) y el multinstrumentista Victor Krummenacher (CAMPER VAN BEETHOVEN, CRACKER, MONKS OF DOOM) a los que se unieron David Immergluck (CAMPER VAN BEETHOVEN, COUNTING CROWS, MONKS OF DOOM) y Michael Jerome (RICHARD THOMPSON, BETTER THAN EZRA). para crear esta maravilla de debut que ve la luz vía Yep Roc Records. Un álbum hecho con la máxima de “Juntémonos y hagámoslo” y que refleja la frescura de unos grandes músicos dejándose llevar por su libertad creativa recuperando la banda sonora de su adolescencia y que se criaron a la estela de los sonidos west-coast, algo que queda completamente patente en los cinco temas del álbum. Jams psicodélicas hechas con ternura y espontaneidad sobre versiones de músicos tan dispares como la cantante de jazz Alice Coltrane, el músico folk Fred Neil, o la maravillosa folky canadiense Bonnie Dobson, BUTTERFIELD BLUES BAND, Roky Erickson y sus 13TH FLOOR ELEVATORS, y la esencia de las versiones que de alguno de ellos hicieron GRATEFUL DEAD o IT’S A BEAUTIFUL DAY manteniendo el espíritu del verano del amor. Con Hendrix como referente y la libertad de ejecutar las canciones sin ataduras, ofrecen su particular visión lisérgica de estos temas, tiñéndola con pinceladas jazz o folk. Una alocada idea con un resultado exquisito. Las palabras para describirlo sobran, ya que estamos ante un álbum sencillamente MARAVILLOSO que lo que pide es escucharlo con atención y empaparse de toda la sensibilidad y calidad que contiene.

“Journey in Satchidananda”, Con momentos drone de pausada psicodelia teñida con borboteantes efectos a modo de introducción se va construyendo un tema en el que el cadente bajo camina lentamente entre una psicotrópica neblina. Con el jazz como argumento, la banda transforma el tema en un espacio para la experimentación lisérgica. Esto es una constante en todo el álbum. Los acordes se van sucediendo con una parsimonia completamente narcotizante.

Con esa misma vocación psicodélica, se atreven desde e un reconfortante sosiego a versionar “The Dolphins”, tema de Fred Neil, versioneado previamente por  músicos de la calidad de Tim Buckley. Linda Ronstadt, o It’s a Beautiful day. Embarcándose en un viaje que recupera los bucólicos sonidos west-coast de los californianos con cálidos y reconfortantes registros vocales. Entre delicados coros angelicales, el manto psicodélico envuelve un tema de inequívoco carácter folk. Menos luminoso que la versión original, aquí los tonos grises predominan entre pinceladas coloristas. Lo cierto es que, aun manteniendo la esencia del original, consiguen transformarlo en un plácido paseo por la psicodelia más florida.

El siguiente tema, “Claudia Cardinale”, original de la banda, mantiene la línea de los cortes precedentes. Con ecos de guitarra clásica evocadores del Concierto de Aranjuez y una guitarra con un sonido que me evoca a Carlos Santana en modo sinfónico, consiguen mantener el halo lisérgico entre pasajes sinfónicos. El corte supone un magnifico escenario en el que su guitarrista puede desarrollar toda su técnica entre tenues atmósferas.

Ahora tomando como referente a Grateful Dead, “Morning dew”, el tema original de Bonnie Dobson. se viste de cálidas voces en vena folk para generan un susurro placentero con medidos acordes interpretados desde la pausa. Nuevamente el bucolismo más reconfortante nos acaricia con sus sedosas texturas. Una voz que no tiene nada que envidiar a grandes del folk como Joni Mitchel, o la misma Bonnie Dobson nos masajea con delicadeza entre brillantes solos de guitarra que vuelven a certificar el buen hacer de su guitarra. La belleza en estado puro sobre aterciopelados pasajes vocales. Ciertamente, al margen de la particularidad de la voz, el tema mantiene con acierto la esencia de los Grateful Dead en su dorada época del verano de amor con sus hecHizantes y mágicas voces y un crescendo que evoluciona con sosiego, sin prisa.

Con un aparente giro en su propuesta, Butterfield Blues Band son homenajeados con “East West”. Dieciséis minutos en los que el blues se une a la fórmula psicotrópica que con tanto acierto ejecutan. Tomando el formato de una jam ácida la improvisación hace acto de presencia sobre cadenciosos y efusivos ritmos. La larga duración del tema deja espacio al desarrollo de una bacanal de alucionóigenos en la que los lisérgicos pasajes se adornan con el sonido de la armónica. Evidentemente estamos ante un tema de blues, y ese elemento no podía faltar aquí al ser una de las señas de identidad que dio gloria a Paul Butterfield en aquella aventura junto a Mike Bloofield. Este pequeño giro no es un obstáculo para que mantengan el listón en una ejecución rítmica implacable a la que nada le frena. Manteniendo esa vocación west-coast, el corte fluye entre las aguas del blues que su funden con corrientes psicodélicas muy en la línea de Grateful Dead.

Dando un nuevo salto al vacío, “Reveberation”, el tema de 13th Floor Elevators“adquiere una dimensión más pesada. Con el blues en el horizonte se alejan del bucolismo mostrado en los temas anteriores para ofrecer un tema mucho más corrosivo. Sucios sonidos que nos intoxican en esa línea garaje-rock que mostraron los de Texas en sus tiempos de gloria.

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Reseña: JACKIE TREEHORN AVE.- “Nervous breakdown blues”

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Con el comienzo de 2.020 llegaba el primer álbum del trío italiano JACKIE TREEHORN AVE.  una de esas maravillas con las que uno se topa de vez en cuando y que hacen que el amor por la música siga vivo. Seguramente podremos pensar que el contenido de “NERVOUS BREAKDOWN BLUES” no aporte nada nuevo, pero lo cierto que a eso solo se puede de responder una vez que se ha buceado entre sus surcos. Después de haberlo hecho, el hechizo te habrá atrapado y posiblemente no querrás salir de allí nunca. Con dos elementos fundamentales como son el blues y la psicodelia, su música vive entre intoxicantes y narcóticas brumas pantanosas. Con una chamánica y cautivadora voz,  su envolvente y atmosférico sonido cabalga entre efluvios cercanos a The Devil & the Almigthy Blues o los mismísimos All Them Witches en modo blusero. Sus flotantes guitarras revolotean entre toneladas de psicotrópicos sobre pausados desarrollos con algún gen stoner en sus venas. Temas equilibrados que van directamente a las neuronas del oyente generando un placentero estado mental y terapéutico que supone un antídoto al frenético ritmo de vida contemporáneo.  Este debut es una magnífica carta de presentación que espero tenga nuevas secuelas, porque aquí, cualquier amante de la psicodelia disfrutará infinitamente, y esta primera entrega, acaba haciéndose corta. Este álbum es pura magia, ¡¡¡Quiero mas!!! 

La banda está compuesta por Tom Warren (guitarras y voz principal), Selena Wallace (bajo y voz) y Drugo Lebowski (batería).

“Psychonaut” a través de pausados acordes nos introducen en misteriosas atmósferas en las que reina la oscuridad. Acordes repetidos reciben a una batería acompañada de unos riffs de corte retro, mientras la cálida voz de Tom Warren nos arrulla entre ritmos que se repiten con mimo. El tema desciende a espacios netamente psicodélicos introduciéndonos en un brumoso bosque en el que desarrollarán el tema. El blues y la psicodelia unidos en la misma causa bajo un ambiente vintage.  A continuación, pasajes en los que la dupla de voces de Tom y Selena, combinan la sensualidad de las hadas del bosque con calidez todopoderosa en un hechizo asombroso. En ese entorno los bellos pasajes de la guitarra nos adormecen bajo un caleidoscopio psicotrópico en tenues atmósferas meditativas que nos trasmiten mágicas sensaciones. Un reconfortante tema con una estructura perfectamente trabajada.

Entre el blues y la psicodelia “Mind to stay” con un aura retro deja el protagonismo a la aterciopelada y reconfortante voz para desplegar todo su hechizo. Una armonía envolvente nos hechiza bajo pasajes casi recitados. Ondulantes y punzantes pasajes despliegan todo su poder de seducción en una ceremonia cautivadora que nos atrapa en esos brumosos espacios en los que tan bien se sabe mover la banda. Un corte aturdidor y persuasivo.

A golpe de wah wah, “Devil wisper”, libera el lado más ácido del trío. Con tonos setenteros el corte avanza altivo y cadente por pantanosos paisajes. En una incursión en espacios más propios del swamp rock los difusos riffs son coloreados con unos coros resultones.  Cambiando su vocación, el tema desciende a fangosos momentos tornándose más enigmático. Sin dejar de lado el blues, los momentos de tensa calma se rompen entre repetitivos acordes y solos punzantes en una evolución a sonidos más pesados para intensificar el narcotizante hechizo.

El blues-rock más narcótico, aparece en “Ozzy’s game”. Los pegadizos ritmos conviven en narcóticas atmósferas con esa cautivadora voz que en esta ocasión se acompaña de coros atrayentes e hipnóticos. Si bien el tema se muestra más fornido y pesado su aura psicotrópica no desaparece. Siempre dejando espacio para los dos estilos en los que se mueve la banda, aquí algunos elementos stoner aparecen entre los lisérgicos pasajes.

Cambiando algo el estilo, JACKIE TREEHORN AVE se atreven con una versión de un tema que popularizó Johnny Cash, original de Danny Dill y Marijohn Wilkins. “The Long Black Veil” . Dotándole de los suficientes elementos psicodélicos, la susurrante voz navega entre acordes acústicos entre los que aparecen algunos solos ácidos que nos recuerdan los entornos rurales en los que se movía el bueno de Cash, pero adaptándolo a su particular estilo. Siempre me resulta agradable cuando una banda se atreve a hacer suya una versión de otro artista dándole su toque personal.

El blues, ese jodido blues penetrante reaparece más cautivador que nunca en “Nervous breakdown blues”. Siguiendo la estela de bandas como Devil & Alghmity blues, aquí no se desprenden de su capa psicodélica, pero se dejan llevar por los primitivos instintos del blues más pantanoso. Con alguna influencia Stoner en sus surcos, especialmente por esa cadencia rítmica, el blues toma por completo el protagonismo. La voz en baja fidelidad de Tom sigue ejerciendo su ritual seductor.

El álbum cierra con “Lisergic Holliday”, un corte instrumental en el que dejan patente que estos chicos saben lo que es la psicodelia del siglo XX. Casi por espacios más propios de Causa Sui, desarrollan todo su potencial ácido. Narcotizantes pasajes nos envuelven en una reconfortante espiral psicotrópica. Los hongos alucinógenos nublan nuestros sentidos con cada nota, con cada riff. El colofón perfecto a un magnífico trabajo.   

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Reseña.- KANAAN.- “Odense Sessions”

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“ODENSE SESSIONS” es un absorbente ejercicio sensorial que nos atrapa en una dimensión desconocida con un gratificante resultado. Cuatro largos temas con vocación de jam de difícil descripción que se desenvuelven con soltura en espacios netamente heavy-psych con algún adorno espacial y que reflejan un viaje astral que sobrevuela la fría tundra. Su contenido es toda una oportunidad para dejarte llevar por los sentidos en esa estimulación sensorial que cada acorde, cada ritmo cada riff nos provocan.  siempre magnéticos y hechizantes, cada tema es una oportunidad para la relajación y la introspección. Absorbentes y atractivos, sus cuatro temas gozan de una calidad que muchos quisieran para si. Aquí no vas a encontrar momentos que agiten tu cuerpo, pero si, numerables espacios donde desarrollar toda la sensibilidad que la música puede aportar. En cada tema se describen coloridos paisajes en construcciones libres que no olvidan momentos jazz y ritmos kraut. De alguna forma, alejándose de lo mostrado en su álbum debut, los noruegos, con la inestimable colaboración de Jonas Munk (Causa Sui) se dejan llevar por sus instintos mas primarios en la libre creación de estas improvisaciones que acaban convirtiéndose en cuatro fantásticas canciones para el deleite de los oídos mas sensibles. Toda la épica contenida en los surcos de “ODENSE SESSIONS” es una muestra de que KANAAN evoluciona sin frene hacia nuevos escenarios creativos que a buen seguro, nos seguirán dando buenos momentos para el goce de los amantes de la psicodelia.  

kANAAN lo componen Ask Vatn Strøm (guitarra), Ingvald André Vassbø (batería) y Eskild Myrvoll (bajo), y el álbum se encuentra disponible vía El Paraiso Records.

En “Seemingly chingeless stars”, partiendo de susurrantes acordes psicodélicos el corte va evolucionando repitiendo sus acordes. Elevándose con calma las guitarras van soltando trazos que colorean un apacible espacio de reconfortable lisergia. Añadiendo intensidad paulatinamente sus tonos místicos se engrosan dentro su hipnotismo innato. Una dupla de guitarras colorean con bellas y misteriosas melodías el tema creando un estado de expectación que nos hace pensar que algo puede suceder.  Una lenta metamorfosis nos invade mientras todo va fluyendo con naturalidad y eficacia bajo una lograda instrumentación que me evoca a momentos Causa Sui. En el horizonte los espacios de narcótica psicodelia pesada instrumental se adornan con algún momento de sinfonismo creado por los teclados. Persistentes efectos en su parte final generan un estado catártico con un nítida vocación espacial.

Mas pesados en sus riffs, “Of raging bilows breaking on the gorund” huele a stoner-reto. Con una cadente batería y una pegadiza melodía el corte se muestra más asequible que su predecesor. Tras la intensidad inicial el tema desciende a brumosos pasajes heavy-psych susurrantes y cautivadores. Aquí la banda se deja llevar por una jam en la que todo sucede con calma. Sin perder el hechizo el corte pasa por momentos más turbios. Las guitarras se retuercen serpenteándose y con contoneos a través de elegantes solos atrayentes llenos de misterio. En un segundo plano un magnífico bajo aporta un magnético aura en cada uno de sus acordes mientras las guitarras juegan con efectos creando un caleidoscopio multicolor en el que las formas cambian su estructura.  En un segundo plano la armonía se repite insistente, recuperando la fuerza y pesadez inicial.  Es tema refleja que estamos ante grandes músicos creando una gran música haciendo que la estructura del tema se deja llevar por una jam en la que cada miembro se siente libre antes de regresar al origen para recuperar la estructura. 

Con retazos y acordes que surgen de la nada, “Vacant spaces”, el tema parece surgir de la nada como gotas de rocio en la mañana que nacen y desaparecen evaporándose.  Las guitarra juegan en dos planos diferentes lo que aporta consistencia al tema, mientras el bajo con sus tenues acordes nos introducen en insondables espacios psicotrópicos. Bellos y reconfortantes, tratan de aportar luz a esa tenue penumbra en la que vio la vida. Una psicodelia ensoñadora y misteriosa que se deja llevar por un camino alejado de lo terrenal en un magnético mantra que nos acaricia y reconforta incrustándose en nuestros sentidos.  toda una terapia regresiva que hace huir de la realidad para transportarnos a nuevas dimensiones sensoriales. El tema supone toda una catarsis para los sentidos que absorbe la razón dejándonos flotando en un estado terapéutico de completo bienestar.    

Instalado en esos espacios en los que el vacío es el protagonista, “Urgent excursions to the tundrasphere” va describiendo la calma con algo más de dinamismo. un vivaz ritmo de batería juega su papel custodiado por los repetitivos acordes de las guitarras y un sutil pero imperturbable sonido de bajo.  Nuevamente las guitarras moldean el tema repitiendo desde distintos niveles un corte que evoluciona lentamente con su hipnotismo hasta llevarnos a nuevo estado de inconsciencia. Instalados en esa dimensión desconocida la música parece llevar de otro mundo para que solo primen las sensaciones que nos aporta. Todo fluyendo con acierto y naturalidad, sin rendijas, los noruegos dejan patente su calidad para crean esos mantos narcóticos.  Recuperando ritmos mas terrenales, las guitarras siguen explorando esa jam  infinita con una mayor intensidad y pesadez en su parte central. Aquí, los efectos espaciales hacen que se torne algo más perturbador para retomar la calma en su parte final con sutiles y apacibles acordes, dándonos la sensación de  que hemos alcanzado el nirvana. 

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Reseña: GIOBIA.- “Plasmatic idol”

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Un álbum vibrante en el que la psicodelia espacial es transitada con la ayuda de la electrónica para recorrer la senda abierta por Pink Floyd o Hawkwind décadas atrás. GIÖBIA logra conjugar sonidos de lo más vanguardista con el legado de la psicodelia de finales de los sesenta y comienzos de los setenta con un eficaz uso de los sintetizadores y buenos momentos de guitaras ácidas. Siempre convincentes, los italianos logran un sonido particular con el que se han labrado su propio espacio en la escena logrando el reconocimiento de la audiencia a pesar de las distintas influencias que toman en sus composiciones, algo que pudiera hacer recelar al oyente.  Seguramente estamos ante una de las apuestas sonoras más particulares dentro del sello Heavy Psych Sounds, que con esta producción, amplía su espectro estilistico. Un álbum en el que los desarrollos progresivos tienen cabida entre vibraciones que parten del pop psicodélico de los sesenta y que no dudan en incorporar el legado electrónico de finales de los años ochenta.  “PLASMATIC IDOL” contiene temas que consiguen fascinarnos  y que a buen seguro supondrán que el cuarteto se asiente en un espacio propio dentro de la escena psicodélica underground europea ya que su sonido tiene una originalidad, que no se encuentra con facilidad dentro de una escena que con demasiada frecuencia toma los mismos elementos. Un recorrido musical que camina a lo largo de los sonidos de tres décadas tomando algo de cada una de ellas y que no duda en usar el legado de Alan Parsons o J. Michel Jarre en los momentos en los que se inclinan por los sonidos electrónicos. 

“Palhelion” transita entre atmósferas espaciales con una épica floydiana que nos lleva a insondables espacios psico-progresivos en los que los teclados y sintetizadores toman el protagonismo. Con un sonido que se modula recogiendo ecos de los ochenta en una propuesta en la que la electrónica tiene mucho peso.

Con un mayor protagonismo de la guitarra, “In the dawn light” se debate entre las vibraciones psicodélicas de los 60’s y sonidos de neo-psicodelia de tintes espaciales. Con dos partes diferenciadas, en la segunda de ellas el corte en espacios de luminosa psicodelia. Las voces ecualizadas le aportan ese toque futurista son que por ello el tema pierda su aura vintage.  El resultado es un collage que se debate entre el siglo XX y el Siglo XXI.

El tema que da nombra al álbum “Plasmatic idol”, es simplemente un interludio de sintetizadores ingravitatorios. Sonidos siderales que exploran lejanas supernovas desde una calmada mirada.

Vistiéndose de los Pink Floyd más acústicos, “Haridwar” es un tema lleno de romanticismo. Los teclados se vuelven más vintage si cabe, mientras sus calmados ritmos toman soleados elementos west-coast. Una Belleza reconfortable que nos ofrece reparadores momentos de quietud. La evidente influencia floydiana se conjuga nuevamente con vibraciones neo-psicodélicas más propias de finales de los noventa o comienzos del siglo XXI.  El tema va oscilando con suavidad con distintos momentos que coinciden con los pasajes en los que aparecen las voces o en los que la banda prescinde de ellas. Esa cálida voz tiene un peso vital en el carácter de un tema que consigue alcanzar cotas sencillamente esplendorosas. En su parte final resurgen esos ecos west-coast en el horizonte. El resultado es una impecable composición, bien producida y fantásticamente ejecutada. ¡Pura magia!

Transitando por esas atmósferas espaciales en “The escape”, la nave nodriza transita guiada por una estela de vientos exóticos en un entorno futurista en el que los sintetizadores comandan la nave. Los incesantes efectos recrean un relato de ciencia ficción en laqs voces ecualizadas me inspiran algún momento Pink Floyd de finales de los setenta, primeros ochenta. Una huida futurista, a modo de alunizaje da un giro al tema una segunda parte en la que los momentos electrónicos más propios de Alan Parson o incluso de J. Michel Jarre coman el control. Aquí se producen un transito por esos espacios futuristas en un viaje hacia el infinito a la velocidad de la luz.

“For behind” sirve de escenario para que los efectos y los ritmos kraut campen a sus anchas. Sus inquietantes pasajes acaban desencadenando una nueva odisea espacial construidos con elementos tanto psych, como progresivos. Toda una banda sonora de un realto de ciencia ficción que trasmuta usando el legado de Pink Floyd para incorporar bellos paisajes sinfónicos sin que pierdan su esencia.

Con extrañas locuciones, “The mirror house”, manteniendo los arcaicos pasajes floydianos, crean un tema psico espacial soportado en pesados riffs. El tema se muestra poderoso e inquietante combinando los sintetizadores para ofrecer un nuevo espacio de exploración sideral.    

GIÓBIA está compuesto por Stefano Basurto (guitarra), Saffo Fontana (teclados), Stefano Betta (batería) y Paolo ‘Detrji’ Basurto (bajo)

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Reseña: VESSEL.- “Vagabond blues”

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“VAGABOND BLUES” es el tercer trabajo de la banda australiana VESSEL. Una formación desconocida para mí hasta este momento, y que me ha sorprendido por la solidez de los temas que contiene su interior. Un claro ejemplo que los ecos desert-rock no tienen fronteras. Aquí encontramos una bocanada de fuzz como pocas veces podemos encontrar. Un sólido trabajo que según va avanzando en sus temas, sin perder su esencia, se modula a momentos más psicodélicos y bluseros.  Fuertes ritmos nos invaden con unas cautivadoras voces y unos virulentos tambores que hacen que el ritmo no cese en ningún momento. Siempre ágiles, sus cegadores riffs no hacen sino aportar  momentos grandiosos.  Pesados pero frescos, sus contagiosos temas encuentran siempre la forma de llegar al oyente. A pesar de esto, su aparente sencillez y efectividad es solo la punta del iceberg de la calidad que sus surcos contienen. Su bajo marcial no baja jamás la guardia en su propósito de golpearnos con sus crujientes riffs. Cegadores, y llenos de épica sus tema se interconectan en un propósito  único. Cadente y misteriosos,  con algún eco Sabbath, el legado de bandas Monster Magnet o Truckfighters está muy presente en sus composiciones. Ésto no supone nada nuevo, ya que son muchas las bandas que siguen esa estela, pero cuando se tiene la capacidad de asumir como propio ese legado para moldearlo a un estilo propio, el respeto lo tiene ganado. “VAGABOND BLUES” es de esos álbumes que tras la primera impresión te invita a nueva exploraciones en la que salen a relucir ricos matices no descubiertos en la primera escucha. De hecho, según uno va escuchando cada uno de los tema ve encontrando que nada es tan lineal como parece, ya que los ecos del desierto se van convirtiendo en temas de psicodelia pesada en los que el blues tiene un gran protagonismo. No dejen que los árboles te impidan ver el bosque, porque tras su apariencia desert-rock se esconde un tesoro de blues psicotrópico de muchos kilates en los que puedes encontrar chamánicos momentos doorsianos o vibraciones de los primeros setenta.

“VAGABOND BLUES” está disponible vía Majestic Mountain Records

Vagabond blues” -Tema con gran cuerpo y riffs stoner-retro, con registros vocales hard & heavy entre una cortina de fuzz. Cabalgando con frescura y potencia su bajo marcial y los ejercicios estilísticos de la caja de ritmos atraviesan entre sus vibraciones entre su difuso sonido.

Con una cadente batería y la guitarra difusa que ya hemos escuchado en el primer corte, “Twenty twenty” con una autopista de fuzz el camina camina con toda su pesadez bajo pegadizos ritmos. La voz arrastra las ondulaciones de la guitarra. una serpenteante sucesión de subidas y bajadas construyen un corte que no se sale de los límites marcados. Si bien, estos límites son explorados con constantes oscilaciones. Con la mirada al frente, el tema avanza veloz como si nunca fuera a llegar a su destino. 

Con oscuros y misteriosos acordes, “Atacama”, en una línea Sabbath, crea una humeante atmósfera a través de un sonido borroso. un tema instrumental que genera un clima de misterio en el que los pasajes lisérgicos son los protagonistas.  En su parte final todo se vuelve más nítidos con pausados y lentos pasajes psicodélicos con efectos revoloteando en una mutación desert-rock hacia los ecos puramente heavy-psych.

Manteníendo la sombría atmósfera del corte anterior, “Red Witch” el blues hace acto de presencia. Medidos pasajes  generan una calma tensa que acaba quebrándose a ritmo de blues-rock stonerizado. Una encrucijada que combina el blues de garito de carretera con los ásperos riffs del desierto siempre bajo nebulosas humeante en las que los efluvios de los pantanos afloran borboteantes.

“Dark the light” nos ofrece otra andanada de fuzz difuso con armonías vocales que se balancean entre el blues y el heavy-rock. Sin dar ningún rodeo el tema tiene claro su objetivo.

Si en los primeros temas nos encontrábamos a una banda netamente desértica, en “The void tempest”, con sus casi ocho minutos vemos que los pasajes lisérgicos son predominantes. Aromas pantanosos de los que surge una mesiánica voz a la que suceden magnéticos desarrollos heavy-psych. Intoxicantes y envolventes, nos encontramos una curiosa dualidad entre momentos que me recuerdan a The Doors fusionados con cualquier banda de stoner ortodoxo. Los manglares se exploran con una acertada y hechizante combinación de ese insistente fuzz con el blues. una cadencia que tiende a intensificarse hasta cegarnos por completo.

Cerrando el álbum, “The devil’s backyard” nos ofrece una nueva e interesante propuesta no contemplada hasta ahora.  Incorporando una voz femenina en registros semi-folk, y con unos acordes que me evocan el tema “Bouree” de Jethro Tull, (igual estoy hilando muy fino, pero…) conjugan estos novedosos registros con gruesos riffs presididos por una aura mística. Melancólicos coros y unos acordes en esta ocasión más pausados, consiguen un atractivo resultado. Dando una nueva vuelta de tuerca a su originalidad, generan momentos que rozan el psycho-doom más pausado. unos pasajes que ornamentan con tonos exóticos. El resultado es una bella liturgia con gruesos bordes en la que habitan por igual el folk, el doom y la psicodelia.

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Reseña: MOUNT HUSH.- “Mount Hush

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Mas de tres años después de que liberaran su jam “Interstellar Smoke”, MOUNT HUSH publican su álbum homónimo con la advertencia de que debemos ponernos cómodos, en silencio y escuchar.  Combinando el poder puro de las montañas con su belleza mística y conduciendo el pesado blues psicodélico a un nuevo hogar nos presentan un álbum en el que la mística habita entre atmósferas apacibles para degustar desde la calma,  y es que estos chicos siempre han tenido algo especial. Lleno de guitarras fuzz, profundos sonidos de bajo y un penetrante órgano hammond, cada tema se adereza con unas cálidas voces que lo impulsan emocionalmente. Jams lisérgicas con el blues en sus genes y un cierto aroma a setenta consiguen ofrecer grandes momentos de la mejor psicodelia pesada contemporánea. Entre tormentas que condesan los sonidos para el deleite y relajación del oyente en espacios que a veces se acercan al sonido de The Devil & The Almighty Blues o All Them Witches y otras veces se dejan llevar por el sendero abierto por bandas como Colour Haze o Causa Sui, pero siempre haciendo guiños a los sonidos retro de los años setenta.  Manteniendo el espíritu de grabación en vivo y combinando con la composición no lineal de sus comienzos, aparecen nuevas cimas de montañas más allá del horizonte. Temas sólidos que avanzan con parsimonia envolviéndonos en una mágica burbuja que acaba dejándonos con ganas de más. Sírvete una copa de buen vino, pon la luz baja y disfruta del viaje al interior de los Alpes.

“The ascent” nos ofrece una sombría psicodelia a través de relajados acordes con una reconfortable voz. Desde el sosiego y casi recitando el tema evoluciona sigiloso entre atractivos pasajes de guitarra con un aura similar al de The Devil & the almigthy blues.  Los teclados le aportan ese tono retro tan característico dentro de un elegante envoltorio.

Algo más perturbador, “Black moon” con sus riffs retro acompañados por ese órgano vintage. Un peregrinar por aguas psicotrópicas con oscilaciones de intensidad retro-stoner bajo tenues atmósferas de las que emerge una voz cautivadora e intensa. Sin perder su vocación lisérgica esos riffs de corte retro imprimen fuerza y carácter. El tema se sustenta en una guitarra que, sin ser deslumbrante, es el verdadero gen del que nace todo el corte. Una atmósfera heavy-psych envolvente y por momentos difusa colorea de tonos ocres un tema que adquiere consistencia con una gran intensidad melódica.

Avanzando por atmósferas psico-progresivas, “Shinewater” se va construyendo a través de delicados pasajes en los que la penetrante voz imprime un aura mística al corte. Sumidos en un ambiente introspectivo, la psicodelia más magnetizante va fluyendo de ese manantial inagotable de bellas melodías. Ese innato toque psicodélico persiste sin aspavientos a lo largo del tema.  Sin perder su aura apacible los registros vocales nos traen el legado de los setenta por una senda ya transitada por bandas como All Them Witches.

“Young blood, old mountain”, nace de poderosos y oscuros riffs stoner con un aroma añejo para ir dando cuerpo a uno de los cortes más pesados del álbum. Manteniendo los sombríos desarrollos, las melodías vocales se tornan más atractivas y pegadizas por la senda del rock de los setenta. Con una gran efectividad las voces se muestran de lo mas efectivas aportando un grado de fluidez entre los pesados riffs, dotándolo de una gran agilidad. Con un aura lisérgico la guitarra se muestra esplendorosa entre las nebulosas que aporta el sonido del órgano.  

Como tema más largo del álbum, “Summer song” muestra el carácter psicodélico de la banda. Los acordes de guitarra nos masajean con delicadeza mientras la cálida y reconfortante voz mantiene el clima de sosiego mientras la atmósfera en la que se desarrolla va explorando momentos psico-progresivos tomando prestados algún elemento stoner para dotar de cuerpo a los susurrantes pasajes instrumentales. He de destacar el grueso sonido del bajo entre el manto de los teclados en un sonido que se debate entre distintas capas mientras las guitarras se retuercen. Ritmos gruesos y juegos de voces con diferente vocación conviven en tema rico en matices que nunca pierde su carácter heavy-psych.

“Fuenf” nos ofrece otra mirada algo diferente gracias a la incorporación del sonido del saxo. Que aporta matices jazz-progresivo a un corte con cierto carácter kraut en sus ritmos. Modulándose entre atmósferas de neo-psicodelia y una estructura progresiva el tema se contonea moldeando sus formas. Sus lánguidas voces aportan un tono de bucolismo que se ve intensificado por el sonido de ese profundo órgano en segundo plano. La parte final se adentra en espacios siderales para acabar disipándose poco a poco.

Para cerrar el álbum, “Winter song” MOUNT HUSH toma la senda trazada por banda como Causa Sui con floridos y bellos solos de guitarra resplandeciente. Un magnético ritmo soporta los contoneos armónicos en un ritual de seducción que nos introduce en mágicos espacios llenos de belleza. Ecos Colour Haze que se nutren con ramalazos más propios del rock sureño llegado de los años setenta. Lo cierto es que el tema consigue atrapar al oyente por la suma belleza que contienen sus surcos. Un claro ejemplo del sonidos heavy-psych que podemos encontrar. Grandioso.   

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