Reseña: RIDER NEGRO.- “The Echo of the desert”

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Para un gran amante como yo del sonido que nos legaron THE DOORS y en especial su cantante Jim Morrison, fue toda una alegría el descubrimiento de la banda mexicana RIDER NEGRO semanas atrás. Ahora, un tiempo después podemos disfrutar de su primer álbum “THE ECHO OF THE DESERT”. Un trabajo conceptual en el que la mística del desierto se refleja en calmados y desgarradores temas en los que el legado del “Rey Lagarto” queda patente en los registros vocales de Tiaca Serrano, su cantante y guitarra. Diez canciones que serpentean por estados sensoriales más propios de un viaje de peyote lleno de misticismo, en el que la transición entre el día y la noche relatan el devenir de la vida como un ciclo perpetuo.  Temas que fluyen con calma entre los cactus y la soledad del desierto bajo acordes de blues, de jazz, rock clásico, ritmos latinos, pero fundamentalmente de esa psicodelia chamánica que Morrison nos ofreció décadas atrás. Las canciones serpentean entre ritmos que unas veces se recuestan en ese espíritu latino cercano incluso a Santana con delicadas melodías de guitarra,  y otras prefieren dejar paso a atmósferas más propias de Pink Floyd, como sucede en “The wizard”, un tema dividido en cuatro partes y que bien pudiera ser una transición de Morrison más misterioso con el legado psicodélico de la banda del  fluido rosa en un viaje al desierto de Sonora. Otro elemento distintivo del sonido de la banda es el tono vintage que aporta a su órgano Israel Baez, tomando como referente los característicos ecos de los temas de  Ray Manzarek. Sobre esos dos pilares fundamentales en la personalidad de la banda, y teniendo en cuenta que fueron los primeros fundadores de la misma, el trabajo de Miguel Vázquez con su hipnótico bajo, y la versatilidad de Zaid Gutierrez a la batería, hacen que el álbum tenga una consistencia notable en todas sus composiciones. Al margen de esto, sobre todo el espíritu chamánico que transmite cada una de las canciones, hacen que el oyente pueda sentirse partícipe de ese ritual alegórico en el que el Sol tiene un gran protagonismo. Estamos ante un álbum lleno de misticismo y señales que nos invitan a esa comunión con las fuerzas de la naturaleza, y especialmente de su amor al desierto con su lado más misterioso. “THE ECHO OF THE DESERT” es un álbum que ningún amante de THE DOORS debería perderse. 

THE ECHO OF THE DESERT” fue grabado en StudiOz MixandMaster Estudio y ha sido auto-editado por la banda a la espera de que algún sello se anime a su producción. 

Los sonidos de la noche desértica abren “Fires at the cosmic dawn”. Emergiendo chamánicamente entre los cactus el tema comienza evocando los ecos del desierto. La voz de Tiaca Serrano emulando al Rey Lagarto entre acordes de western es arropada por un cielo estrellando que va dejando paso a la luz del alba bajo un cadente ritmo y un teclado que ritmo que trasviste su sonido como si fuera un llanero solitario tocando su armónica. Tonos vintage que se van abriendo a la luz de ese soleado amanecer. Ya desde el primer tema encontramos la admiración que estos chicos tienen por The Doors. Un sonido evocador que se adorna con brillantes solos de guitarra en su parte final.

“Dry & Soft”, nuevamente bajo susurrantes pasajes, va arrullándonos entre los acordes del hipnótico bajo de Miguel, y ese penetrante sonido de órgano salido de las entrañas de un tema que fluye con calma. Sin prisa para ligar el tema, el ceremonial parte con la cálida y sugerente voz de Tica Hechizándonos e incrementando la intensidad con al aura de Ray Manzarek en los teclados. Todo un trance lisérgico más propio de una ingesta de peyote invade la canción entre desgarradas proclamas vocales entre acordes de blues psicodélico. Como si estuviéramos en el desierto de Sonora en pleno “viaje” psicotrópico el corte juguetea con distintos cambios de ritmo sin perder su aura psicodélica. Toda una huida desesperada llena de fuerza marcada por la reencarnación de Morrison en una especie de nuevo “verano indio”-

En delicados tonos jazz, “El buitre” a través de medios tiempos y el penetrante sonido del órgano el cuarteto juega de nuevo con una calma que toma elementos del blues y ritmos latinos. Con gran frescura, la percursión colorea los elegantes pasajes retozando con la psicodelia en un segundo estrato sonoro. Caramente el espíritu de músicos latinos como Santana quedan patentes en la apuesta de RIDER NEGRO. En tema está cantando en espaol lo que le aporta otro elemento más de esa reavivación del sonido de su tierra.

Ahora sobre acordes blues “In an ancient zigurat” se ejecuta sobre una tenue luz. Ecos jazz sobre delicadas melodías hacen que la banda se aleje de los riffs pesado y estridentes para contonearse seductor entre aterciopelados momentos en los sentimientos salen a flor de piel. Un largo tema que transcurre entre vaporosas atmósferas que paulatinamente se van tornándose más lisérgicas hasta convertirse casi en una jam blues psych. Con una guitarra que se retuerce y serpentea con mil matices y tonos que van desde el blues a los ritmos latinos. Aquí la percusión tiene un gran protagonismo entre esa neblina que va creando el ´órgano antes de recuperar el espíritu doorsiano innato en la banda.

Tras los tres temas anteriores en los que nos ofrecido distintas caras de su apuesta musical, RIDER NEGRO crea un tema dividido en cuatro partes a modo de suite. “The wizard”.

En la primera de las partes, “Prelude to the dream”, las locuciones en español  entre efectos envolventes van creando el ambiente de misterio para el desarrollo del tema.

“The world within” con poco más de un minuto se deleita en pasajes floydianos de teclados en tonos casi celestiales.

Continuando con el latido de la banda del fluido rosa, y evolucionando en un génesis, “Beta orionis”, la tercera de las partes nos ofrece un hipnótico trabajo de bajo y afilados pero delicados solos de guitarra como preludio de una erupción en la que The Doors se visten de Pink Floyd para meditar en el desierto de Sonora.

Esto es solo la preparación de la cuarta parte del tema, “Path to the core”, en la que a través de ocho minutos ya desarrollan todo su potencial emanando esa fragancia doorsina con la soledad del desierto como testigo de alucinógenos pasajes con un cadente y repetitivo ritmo. Intensificando y volviéndose cada vez más pesado, los momentos de psicodelia luminosa se mezclan con el blues en un mestizaje que parece ser innato en la banda mexicana. Siempre guiado por el sonido del órgano el tema desciende a acolchados prados de psicodelia reconfortante en las que afloran bellas melodías. La guitarra aquí se viste de tonos vintage en un serpenteante y rítmico peregrinar a un nuevo espacio de luz. Pasando por distintas fases logran completar un atractivo y logrado tema con el que la banda deja patente todo su potencial.

Si algo tiene RIDER NEGRO es su espíritu místico, y “Tehran conjuring” nos da muestras de ello. En un oscuro canto misteriosos y chamánico ejecutan todo un ritual en el que el hechicero parece invocar a las fuerzas de la naturaleza con sus plegarias. El aroma de la noche del desierto se palpa en sus delicados y misteriosos acordes.

El tema que cierra el álbum y que da nombre al mismo “The echoe of the desert”, fluye entre efectos con pulsantes acordes de bajo y platillos chispeantes. Estamos ante otro ritual como homenaje al vasto y solitario desierto, algo que se percibe en su triste melodía.  

Adoptando momentos western, y bajo ese ritual de los tambores, los coros elevan sus plegarias, en ese devenir de la vida y la muerte en un ciclo perpetuo. La sombra de The Doors se refleja ahora con una mayor nitidez en los desarrollos de órgano herederos de Ray Manzarek. Como si de un sombrío tema de los californianos, el aura mística ceremonial preside el corte con lánguidos pasajes evocadores de los cactus en su soledad custodiando la historia del jinete que vivía cuya morada era el astro Sol.

Reseña: BRANT BJORK.- “Brant Bjork”

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El padrino del desierto sigue reflejando su legado en su álbum homónimo “BRANT BJORK”. Con trece álbumes a sus espaldas, y mas de veinte años de carrera, a estas alturas ya no necesita reivindicarse ante nadie, y así queda reflejado en un trabajo en el que él mismo compone y toca todos los instrumentos. Cada vez más enraizado en sonidos funk, el propio BRANT manifiesta que este trabajo es su verdadera naturaleza creativa. Atrás quedaron aquellos momentos en los que los ritmos pesados tenían un mayor protagonismo. En estos momentos BRANT BJORK se encuentra en un periodo de madurez, y esto se refleja en temas posiblemente mas pausados, pero no por ello exentos de fuerza. Si hay algo que me llama la atención del álbum, es la capacidad rítmica que tienen todos los temas, algo que ya venía mostrando en sus últimos trabajos. Sus inicios como batería quedan patentes en la imperturbable base rítmica en la que se desenvuelven las canciones. Ritmos pegadizos con un fantástico groovy contagioso que acaban por atraparte en cada tema. Ese el principal aval de un álbum que contiene temas sencillos, y ahí precisamente radica su grandeza. No todo el mundo es capaz de transmitir tanto desde la sencillez, olvidándose de complejas estructuras compositivas. Aquí queda patente aquello de… “menos es mas”. “Mr. Cool” logra combinar los ecos del solitario desierto en el que compuso el álbum, con los aromas de los pantanos en temas que toman pequeñas dosis de blues y de psicodelia. Los temas fluyen orgánicamente sin ningún tipo de prisa, atascándose en armonías repetitivas sobre un gran trabajo de producción con el que consigue que todo suene a su gusto. Mayoritariamente las canciones se presentan cristalinas y cálidas, arrulándonos gracias a su peculiar registro vocal. (Evidentemente no estamos ante el mejor cantante del mundo, pero su voz tiene esa magia que consigue engancharte), pero también podemos encontrar momentos de crudeza en un sonido particular en el que puntualmente también afloran vibraciones de músicos tan dispares como Hendrix, Tony Joe White o incluso Marc Bolan. Sin perder su esencia stoner, las vibraciones y ritmos de los setenta parecen cada vez mas presentes en sus últimas producciones. Seguramente no estamos ante un trabajo que quede en los anales de la discografía de BRANT BJORK como uno de sus destacados, pero sí ante un álbum que nos dará cuarenta minutos de buenas vibraciones con el desierto y sus sensaciones siempre en su punto de mira. 

Producido por Yosef Sanborn y Brant Bjork Grabado y mezclado por Yosef Sanborn en The High Desert Funk House, Joshua Tree, CA. del 11 de noviembre al 3 de diciembre de 2019. Masterizado por John McBain, JPM Mastering, San Francisco,  “BRANT BJORK” está disponible vía Heavy Psych Sounds.

Con ese característico groovy funk al que nos tiene acostumbrado en los últimos tiempos “Jungle in the sound” nos impregna de un olor a pantano en cada acorde. Siempre sin perder el ritmo, cada verso tiene su espacio entre los suaves acordes y la arena del desierto en la distancia. Sin tomarse ninguna prisa, los acordes de la guitarra emergen con brillantez de los ritmos del desierto traídos por el espeso sonido del bajo. Con sutilezas y sin estridencias de ningún tipo crea un corte colorido que suena al Bjork más auténtico.

“Mary (You’re Such A Lady)” mantiene el ritmo del corte anterior, esta vez aumentando la gravedad de ese bajo hipnótico y atrayente. Mas pesado y repetitivo, Brant transmite sosiego con su cálida voz entre elevaciones corales. Siendo comedido con la guitarra, en la parte final aparecen esos solo coloristas y afilados. La capacidad del californiano para hacer que un corte aparente monótono resulte a efectivo es digna de todo elogio, ya que consigue atraparnos en la pegadiza melodía. Aquí se percibe nítidamente el cuidado con el que Bjork trata la base rítmica, uno de sus principales avales.

Evocando a la soleada California, “Jesus was a bluesman”, nos traslada al sonido soft-rock de los 70’s. Jugando todavía más con la melodía crea una canción susurrante que nos acaricia con cada estrofa. Casi por una senda pub-rock en fornido y hechizante bajo marca el tempo del tema. Sacándose de la chistera esa luminosa guitarra los ecos del desierto permanecer de una forma subliminal, o no tanto…

Con la vista puesta en Hendrix, “Cleaning out the ashtray”. Ofrece la versión más cruda de Bjork. Menos complaciente en la melodía y sin renunciar al pegadizo ritmo funk, la batería aparece de manera milimétrica, casi robótica. Sobre una estructura repetitiva, vuelve a crear otro pegadizo tema bajo un sonido desértico.

Con crujientes riffs y tambores que retumban una y otra vez, “Duke of dynamite” vuelve a desarrollarse entre cactus y secarrales con el sol en todo lo alto.  En una efectiva combinación de stoner y con momentos en los que inevitablemente T. Rex me vienen a la mente, consigue otro corte de lo más pegadizo y hechizante. En esta ocasión incorpora más elementos psicodélicos insertado entre la crudeza intrínseca d un tema que bien podría ser una perfecta banda sonora para conducir por las largas rectas del desierto.  

“Shikin’ now” es toda una invitación al baile. El espíritu funky se muestra entre ritmos pegadizos y cálidas voces y coros. Un cierto aroma chamánico dota al tema de las dosis lisérgicas apropiadas.

La ceremonia del vudú del desierto se desarrolla en “Stardust & diamonds eyes”. Riffs hipnóticos repetidos una y otra vez de los que acaban emergiendo guitarras ácidas. Sin estridencias consigue fusionar el legado de Tony Joe White con su propia identidad, entre acordes de blues psicodélico. Un caminar cansino que trata de coger brío entre notas de color.  

El álbum cierra en tonos acústicos con “Been so long”. Un susurrante tema en el que la sugerente voz de Brant nos arrulla entre melodías aterciopeladas sobre una estructura simple y sencilla.

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Reseña: MOOCH.- “Hounds”

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Originarios de Montreal, MOOCH, en su debut de larga duración “HOUNDS”, deposita su sonido, tanto en las vibraciones emanadas del desierto californiano como de los efluvios del blues de los pantanos. De esas aguas parece emerger una nueva reencarnación del Rey Lagarto en la voz de Ben Cornel para ofrecernos magnéticos temas de heavy blues stonerizados que combinan vibraciones llegadas del siglo pasado con registros mucho mas contemporáneos en los que no falta algún momento grunge.  Un álbum que te atrapa con cada tema y en el que encontramos dos puntos de referencia irrefutables, Jim Morrison y Brant Bjork. Puede parecer una puesta arriesgada, pero los canadienses acaban conjugando perfectamente ambas influencias para construir un trabajo impactante. Arenosos vientos del desierto en una ceremonia en la que el blues más pesado pone la banda sonora entre humos narcóticos. Un ambiente chamánico en el que los temas fluyen entre ritmos llenos de “groovy” y fuzz intoxicante con la mirada puesta en la California más soleada. Con momentos en los que coquetean con el doom, entre temas de blues intenso y desgarrador, sus pegadizos temas se ejecutan con esmero no olvidándose de la importancia de las voces y coros, algo que demasiadas veces pasa desapercibido en muchas bandas. A lo largo del álbum podrás encontrar múltiples momentos en los que el sonido de Seatle baile en una danza ritual con el blues del delta bajo vibraciones mas propias de The Doors (innegable la comparativa con el registro vocal de Morrison), Hendrix, Zeppelin, Kyuss, o incluso Sabbath y Colour Haze te venga a la cabeza, lo cual no significa que estos chicos tengan su personalidad propia, y de ahí precisamente viene toda su grandeza. La mística de “HOUNDS” hace que estamos ante uno de los debut más destacados de lo que llevamos de año. 

El álbum fue conceptualizado como un disco en bruto, mostrando la verdadera sensación de la composición de la banda y la personalidad de los gritos en el escenario. Fue grabado en vivo como un dúo de guitarra / batería en el desierto de California. Sin pistas de clic, sin edición, sin instrumentos digitales. El bajo se agregó de nuevo en Montreal y el registro se devolvió a Seattle para ser mezclado. Finalmente el álbum fue enviado de vuelta a casa para Montreal para dominar. Brant Bjork desempeñó el papel de productor de la vieja escuela y  organizó con su Jalamanta Studio y su equipo: el productor Bubba Dupree e ingeniero Yosef Sanborn de MassiveFX Pedals. Además de ser el jefe de ambiente de toda la operación, Brant fue mentor y todo alrededor del tipo más genial para pasar el rato mientras haces un disco.

MOOCH son: Ben Cornel (Guitarra, Voz), Julian Iacovantuono (Bajo, coros)Alex Segreti (Batería y  coros), y como invitado a la guitarra Joe Segreti.

El álbum abre con “Mantra”, un título que no podría describir mejor el contenido del tema. Un corte en el que el espíritu del Rey Lagarto regresa a la tierra para introducirse en su cantante.  El tema bien marcado por ese registro vocal que nos recuerda al Jim Morrison más chamánico sobre armonías de blues psicodélico. Un tema lleno de magnetismo que se eleva por el sendero de sus riffs stonerizados. Los canadienses nos presentan un corte que bien podría definir el sonido que The Doors tendrían en el siglo XXI. Completamente hechizante.

Mas fornidos, pero sin perder el aroma a 70’s “She’s black hole” gravita entre ritmos pesados y magnéticas melodías heavy-blues. Con pasajes de fuzz humeante y tambores grandiosos los sonidos difusos del desierto avanzan cadentes, entre efluvios de peyote para descender a hechizantes momentos de una calma impostada que acaba explotando en una gran deflagración en su parte final. Un blues stonerizado de gran solidez compositiva.

Retomando el legado de The Doors, “Blue man’s fase” evoca la velocidad de las autopistas californianas en un paseo con el desierto en el horizonte. Sin perder ese “tempo” rítmico, los canadienses construyen un corte que se desarrolla entre nebulosas de fuzz bajo dinámicos ritmos pegadizos. Una efectiva combinación que se torna más heavy-psych en su parte final con hipnóticos acordes y ritmos serpenteantes. La soleada California parece reflejarse con gran acierto en el espíritu del tema.

“Lucid” se muestra como un corto tema de psicodelia aromatizada en línea Colour Haze que hace reposar nuestras pulsaciones en acolchados pasajes instrumentales de gran belleza.

Por la senda del heavy-blues, “Torn up” se sumerge en los pantanos con ecos stoner en el ambiente. Un gran trabajo de bajo arropa un tema en el que encontramos el resurgir del Rey Lagarto. Emergiendo de las aguas entre efluvios narcóticos y psicotrópicos.  

“Super big things” juega con pasajes stoner y dulces melodías en una combinación de lo mas efectiva que hace que el tema pase la fuerza y pesadez a la calma lisérgica antes de retomar la senda pesada y difusa entre nubes de fuzz.

“Giant lady fingers” nos devuelve a ese heavy-blues stonerizado en el que tan bien se desenvuelven MOOCH. Coros muy logrados y efectivos se debaten en un sonido grave y pesado entre atmósferas humeantes y la sombra de Morrison siempre presente.

Instalados en ese espacios heavy-blues en los que tan bien se mueven, “Feel Good” deja un gran protagonismo a la voz sobre un esquema de blues clásico, en el que el poderoso bajo de Julian Lacovantuono nos golpea con contundencia. Lento y plomizo, el corte serpentea con sus registros vocales entre la densidad arenosa.

Ensoñadores pasajes llenos de magia relatan el ocaso en el desierto bajo chamánicas voces que parecen invocar a los espíritus impregnados de peyote en “Residen sleeper”. Con momentos casi doom, el tema nos arrolla entre cantos rituales en los que el blues sigue presente. Una ceremonia que acaba por arrollarnos a cámara lenta.  

Con una cadencia mas propia de Brant Bjork, no en vano tuvo que ver en la producción, “Hounds”, el tema que da nombre al álbum combina las vibraciones del desierto con tonos más propios del blues de los setenta.  Húmedo pasajes que dan un giro con riffs mas propios de Hendrix entre coros redentores. Una evolución hacia estado de fuerza entre los arenosos vientos del desierto.

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Reseña.- VESTJYSK ØRKEN.- “Full Dark No Stars”

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“FULL DARK NO STARS” es el segundo álbum del trío danes VESTJYSK ØRKEN. Si en su debut “COSMIC DESERT FUZZ”, publicado hace un par de años, ya nos mostraron sus credenciales, aquí encontramos a la banda más compacta, más pesada y mucho más  espacial y psicodélica si cabe. Tomando como referente las películas de ciencia ficción de los años 60’s y 70’s nos embarcan en un auténtico viaje cósmico en el que las guitarras del desierto  polvoriento navegan por espacios siderales en una nave que como combustible, utiliza fuzz de alto voltaje. Con un poderoso y grueso sonido de bajo, acompañado de unos tambores funky, rompen la tierra en una catarsis hipnótica explorando las fronteras de la psicodelia pesada. Toda una ópera espacial de rock desértico de proporciones realmente épicas con drones y sintetizadores.  Cuarenta y cinco minutos en cuatro largos temas que consiguen atraparte como si de un agujero negro se tratara. Un álbum que hará las delicias de los mas fieles seguidores de la psicodelia pesada más psicotrópica, pero que también gustará a los fans del desert-rock así como a los amantes del rock espacial. Siempre bajo una narrativa cinematográfica, consiguen crear la banda sonora para una ceremonia de sonidos pesados y pasajes narcóticos siempre con muchas dosis de fuzz intoxicante y nebuloso como bandera. Una conjunción cósmica entre los sonidos del desierto y las atmósferas siderales de la que fluyen las chamánicas voces rituales. La banda participará en la próxima edición del festival Esbjerg Fuzztival del cual su guitarra Bo, es el promotor. Inicialmente previsto para desarrollarse la próxima semana, ha sido pospuesto para el primer fin de semana de agosto, fecha en la que esperemos que la situación actual haya cambiado. 

El álbum estará disponible el próximo 8 de mayo a través de Interstellar Smoke Records en una edición limitada de vinilo negro de 250 copias.

VESTJYSK ØRKEN son: Bo Sejer (voz y guiatarra), Thomas Bonde Sørensen (batería)
y Søren Middelkoop Nielsen (bajo), con la colaboración de Lasse Loklindt Christensen en el tema “A boy and his dog”.
Con una enigmática introducción evolutiva en una atmósfera psico-espacial “Forbidden planet”, tras una breve locución se adentra en un espacio en el que el fuzz toma el mando de la nave danesa. El crujiente bajo avanza irreductible en una hipnótica catarsis creando un torrente turbio a su alrededor. Los crujientes sonidos se complementan con la sutileza de los acordes de la guitarra en un segundo plano. Un ambiente brumoso del que emanan extrañas locuciones siderales mientras el tema adquiere intensidad sobre esos letárgicos acordes del bajo. Inmersos en un espacio en el que los alucinógenos nos intoxican con una tormenta lisérgica que trata de atrapar nuestros sentidos. El tema se toma un respiro en su densidad sónica para descender a mágicos espacios de los que surge una chamánica voz ritual. Bajo tonos ceremoniales los conjuros acaban haciendo que el tema explote para recuperar toda su pesadez sin perder un ápice su magnetismo. Aquí la guitarra de Bo Sejer, colorea con su guitarra un tema que muta en sus formas, sobre el turbio ambiente doom generado por el implacable bajo. Heavy-psych en estado puro durante 15 intensos minutos de gruesos sonidos y efectos lisérgicos. Como si de un manantial de psicotrópicos se tratara, el tema borbotea desprendiendo intoxicantes vapores en una combinación de plomizos momentos doom y hechizantes voces reverenciales. El poder de oculto parece brotar en un oscuro ritual de un tema intenso y penetrante que nos atrapa como las arenas movedizas.

Tras el impactante viaje del tema anterior, “Kurt Russel” con ritmos mucho más dinámicos y repetitivos nos golpea entre extrañas locuciones. Como si el tema se hubiera atestado, tarda dos minutos en arrancar para guiarnos hacia atmósferas siderales entre el punzante y repetitivo ritmo. Los efectos nos sacan del hipnótico trance para invadir el entorno con una bruma narcótica. Un estado que el trío danés sabe manejar a la perfección. Una vez pasado el ecuador del corte, el frenético ritmo parece haberse agotado, disipándose entre efectos siderales. En realidad, se trata de un espejismo, ya que revive del letargo para tomar una senda más psicotrópica si cabe. Con efectos espaciales sobrevolando entre locuciones convierten el corte en una perfecta banda sonora para un film futurista de mediados de los setenta.

Con un comienzo algo inquietante, “A boy and his dog” toma ritmos kraut para dirigirse por una senda cósmica. Incesantes locuciones en lo parece la antesala de un nuevo despegue de la nave danesa. Aturdidores pasajes de los que emerge una guitarra que repite una y otra vez sus acordes. Una conjunción cósmica entre los sonidos del desierto y las atmósferas siderales de la que fluyen las chamánicas voces. Retomando el ritual, como si estuvieran invocando a alguna misteriosa divinidad el cortejo continúa. Traspasando la frontera de una nueva dimensión la ceremonia continúa en nuevo escenario en el que los pasajes heavy-psych se desarrollan entre humeantes ye intoxicantes atmósferas. Una bruma que se ve asediada por los vientos generados por los múltiples efectos. Si bien el tema pasa por distintas oscilaciones mantiene siempre su pesadez arrastrando una voluminosa estela de fuzz.

“Journey”, un nombre quizás demasiado obvio para lo que nos espera.  Un auténtico paseo cósmico por desolados desiertos siderales en un mantra sonoro que nos cautiva como un agujero negro. La nave espacial tiene sus deposito cargado de fuzz para desarrollar ese trance catártico por insondables espacios siderales. Sonidos gruesos llenos de un gran magnetismo con un ritmo hipnótico que nos golpea una y otra vez. Un cierto tono doorsiano en la chamánica voz crea una conjunción en la que el desert-rock coquetea con el rock espacial. El vacío intergaláctico se describe bajo misteriosos pasajes psicodélicos de una gran belleza. Envueltos en una narrativa lisérgica y cósmica el corte gravita baja la calma infinita del espacio sideral. Nuevas locuciones nos advierten de una nueva embestida casi doom, para dejarse llevar entre los incesantes platillos por una exploración psicotrópica   descomunal hasta desvanecerse en el infinito. Después de su escusa, solo puedo decir, ¡wow!    

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Reseña: THE SONIC DAWN.- “Enter the mirage”

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Cuarto álbum de la banda que probablemente haga la psicodelia mas elegante del momento. Reflejando los sonidos vintage de finales de los 60’s su apuesta sigue avanzando por la línea que marcaron en sus albumen anteriores. Dulces melodías en temas sosegados que aparecen envueltos en un manto ácido. En algún espacio entre el sonido más lisergico de THE BEATLES y sus compatriotas BABY WOODROSE, THE SONIC DAWN no bajan el listo con su nuevo álbum “ENTER THE MIRAGE”. Adornando sus temas con elementos west-coast, su suave forma de componer las canciones consiguen crear melancóLicos cuadros llenos de dulzura. Sus ácidos pasajes son el estímulo para aquellos a los que su sonido pueda parecerles demasiado “blando”. A estas alturas no debe ría sorprenderle a nadie la capacidad que el trío danes tiene para componer temas llenos de belleza y magia sobre ensoñadores espacios que siempre están envueltos en un manto de psicodelia reconfortante. Un sonido psicodelico que toma elementos del jazz en algunos momentos, o que se torna más sinfónico en otros, pero que siempre crean un gratificante espacio para la relajación.  En esta ocasión los exóticos aromas de oriente aparecen como ya vimos en alguno de sus anteriores trabajos, gracias a los sutiles acordes del sitar, dotando a los temas de ese aura de misticismo tan reconfortante. Aún con esos antecedentes, el álbum esta lleno de energía, una energía con la que tratan de llevar al estudio la fuerzas que tienen sus directos. La colaboración de Erik Errka Petersson con su órgano hammond, hace que encontremos mas temas en los que aparezca el sonido que recupera el legado de  Ray Mankarek , con esos tonos “vintage”, tan característicos, y que en esta ocasión quita protagonismo a las guitarras como elemento diferenciador respecto a sus anteriores albumes. Habrá quien pueda preguntarse, ¿Es mejor o peor que el resto de sus álbumes? Yo les diría: “Es un álbum de THE SONIC DAWN”, y a estas alturas, ya sabemos lo que eso significa, calidad, elegancia y belleza en cada canción.  

El tema general en el álbum es la libertad. Se trata de visiones que pueden parecer demasiado distantes para ser reales, pero solo aquellos que realicen el viaje lo descubrirán realmente. Su cantante y guitarra, Emil Bureau, nos explica como surgió el álbum: Primero perdí a mi padre, luego perdí mi trabajo y finalmente perdí mi voluntad de ser un servidor de cualquier cosa que no sea paz, amor y libertad. Debería ser simple, pero en este mundo no lo es. En lugar de volver al llamado camino de la carrera, que generalmente es un callejón sin salida, di un salto de fe, con el apoyo de la banda“.

Bureau pasó medio año en un frenesí de composición, generando no solo “ENTER THE MIRAGE” sino también un álbum en solitario en el género folk del que próximamente hablaremos. Para dar forma a estas ideas de canciones, el trío danés alquiló un espacio en la parte más sombría de Copenhague, estableció un estudio allí y se estremeció durante dos meses. Escuchas esa aspereza, presente como una actitud determinada de una banda muy unida. Con tres álbumes pasados ​​y unos 200 shows en su haber, la reputación de THE SONIC DAWN está a prueba de toda duda. 

Sin embargo, al final de su largo y laborioso proceso creativo, la banda estaba completamente en quiebra. Afortunadamente, su amigo y ex productor, Thomas Vang, les permitió mezclar el álbum en The Village Recording por la noche, después de sus propias sesiones.

THE SONIC DAWN son: Emile Bureau (voces, guitarra teclados, sintetizadores, flauta y sitar. synthesizer, flute, sitar, Jonas Waaben (batería y percusión y Niels Bird Fuglede (bajo). “ENTER THE MIRAGE” fue escrito, grabado y producido por THE SONIC DAWN, Erik Errka Petersson participó con su órgano hammond en “Soul Sacrifice” y “Join the dead”.

El álbum fue grabado en Voks Recording, habiendo sido mezclado por THE SONIC DAWN en Village Recording y masterizado por Hans Olsson Brookes en Svenska Grammofon Studion Mastering, (Goteburgo), correspondiendo el arte de la portada a el gran Robin Gnista. “ENTER THE MIRAGE” está disponible vía Heavy Psych Sounds.

“Young love oldf hate” nos presenta la psicodelia colorista con sabor a 60’s a la que ya nos tienen acostumbrados los daneses. La suave y cálida voz de Emile, convive entre coros recurrentes, sencillas armonías y reverberaciones con el sonido vintage del órgano en un discreto segundo plano.

En luminosos tonos hippies “Hit of acid” con sus armonías rurales y punzadas de guitarra y órgano ocasionales refleja el lado más sosegado del trío. En esta ocasión viajando hasta el verano del amor el sonido del órgano evocador de Ray Manzarek completa un tema en el que los acordes ácidos de la guitarra ponen el toque lisérgico.

Con vibraciones freak, “Loose ends”, más vivaz que los cortes anteriores y con el falseto de Emile en todo su esplendor, nos acaricia con delicadeza cuando su registro se vuelve más cálido. Un gratificante susurro que acaba por arrullarnos mientras el bajo de    nos golpea hipnótico en un tema ondulante que pasa de la luz a la penumbra psicodélica. Un aroma a incienso crea una atmósfera mística en su parte final en la que la guitarra parece apagarse entre lejanos acordes de sitar y un humeante órgano.

Esa presencia del sonido del órgano queda más patente en “Children of the night” El tema más experimental y en el que la voz se muestra menos complaciente. Un áspero y oxidado sonido de órgano en tonos retro envuelve los suaves y sencillos acordes de guitarra. Con momentos balbuceantes, el juego de guitarra y bajo se sucede entre un aura psicotrópica para descender lentamente hasta el ocaso.

“Shape shifter” en tonos más melancólicos hace que la psicodelia danesa se vuelva más intimista Un tema que transmite tristeza sobre tiernos pasajes algo mustios. Dando un giro, a la mitad del tema, THE SONIC DAWN se inclinan por pesados riffs que convierte la atmósfera mucho más densa.  Entre efectos la guitarra aula por momentos para emprender una senda psico-progresiva en su tramo final, en el que incorporan un cierto sinfonismo en ese ambiente psicodélico.

Con una introducción acústica llena de misticismo, “Enter the mirage” se eleva entre aromas orientales ofreciendo el registro mas grave de la voz de Emile, actuando casi como un loner folk.

“Soul sacrifice” con una oscura preparación inicial, se adentra en espacios psico-pop con muchas reminiscencias 60’s. El envolvente órgano vintage y una marcada línea de bajo custodían el particular sonido de la guitarra. Un tema bastante versátil en el que entre humo psicodélico se sucenden los solos y los efectos rebosantes de acidez. Fuzz, wah-wah, y ritmos anárquicos toman un camino que psicotrópico bajo los distados del legado de Manzarek.

Juegos vocales y ritmos rockeros con un toque funk es el escenario en el que se desarrolla “Join the dead”. Piano retro, ritmos contagiosos que invitan al baile en una ceremonia en la que los ecos west-coast habitan entre momentos rock, pop, siempre bajo tonos psicodélicos. Un curioso trabajo compositivo que hace que el tema parezca que mute constantemente entre un infatigable trabajo de batería.

“Sun drifter” se colorea de tonos vintage en una línea algo diferente a los cortes anteriores. Cálido y por momento con un sinfonismo country, serpentea entre un caleidoscopio multicolor que pasa por distintas fases cromáticas. Aunque pueda parecer que estos chicos son “blanditos”, tienen la capacidad para dotar a sus temas de un manto narcótico e intoxicante. Esto es la psicodelia.

El álbum cierra con “UFO”, tema en el que los ecos de la psicodelia pop de los 60’s crean un campo multicolor con susurrantes melodías entre un aturdidor sonido de órgano en un segundo plano.   

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Reseña: THE SAME RIVER.- “Live at the blackbox”

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La joven banda griega THE SAME RIVER fundada por Diamond Pr (CYANNA MERCURY) y Dimitris Georgopoulos (CYANNA MERCURY, DEAF RADIO) en Agosto de 2019, publica su EP debut “LIVE AT THE BLACKBOX”. Tras la incorporación a la banda de Fivos Katsifloros (ONE MAN DROP) y Theodore Ntilgeris  (THE GREAT BLACK SHARK) quisieron escribir  canciones que pueden ofrecer nuestra visión de este mundo; lujuria por la vida y pasión por hacer música. El trabajo fue grabado en vivo para tratar de transmitir la autenticidad y crudeza de su sonido. Una apuesta por la psicodelia más cálida, con ese groovy blusero que no rechaza los poderosos riffs stoner. Escuchando a estos chicos, es inevitable que bandas como All Them Witches te vengan a la mente. Si la escena griega esta consolidada como un manantial de bandas stoner, THE SAME RIVER se separan de alguna manera de esa onda cruda y pesada del stoner tradicional para  tomar el camino del medio oeste con temas ondulantes en los que la calma es la reina. Con la cálida y sugerente voz de Diamond Pr, sus conmovedoras canciones toman formas chamánicas al estilo Jim Morrison, ondulando y ofreciendo el equilibrio entre los melancólicos momentos y estados de rabia en toda una montaña rusa de emociones. Porque si hay algo que refleja este trabajo, son los sentimientos, transmitidos de una forma evocadora y cruda a través de sus oscuras y atrayentes atmósferas psicodélicas. El trabajo es una notable carta de presentación que nos hace augurar que el álbum en el que están trabajando nos ofrezca grandes emociones.  

El primer tema, “The same river”, al margen de dar nombre a la banda, resume el potencial musical de la banda. Un corte pausado y con una cálida voz que parece susurrarnos, nos traslada a escenarios más propios del medio oeste americano que de su Grecia natal. Oscuros espacios heavy-psych en línea All Them Witches. Un ritmo cadentes y contenidos tiempos medios, sacan el latigos para fustigarnos con pesados riffs que hacen que nos despertemos del letargo para caminar al galope a lomos de un corcel con stoner-rock en sus venas. Con solos exuberantes de fuzz narcótico adormecen el tema tras la embestida virulenta. Una montaña rusa de delicados valles en contraste con los abruptos momentos en los que desatan toda su fuerza. 

Instalados en esos paisajes americanos, “After life” con un ritmo mas intenso que el corte anterior, se cimbrea entre los tupidos y cálidos registro vocales. Una voz que resulta de lo mas gratificante y que ahora de decanta por el blues entre modulaciones y ecualizaciones. Si hay algo que THE SAME RIVER hacen es que sus temas ondulen constantemente entre la calma y la virulencia y pesadez. Siempre comedidos, retoman el sosiego con delicados acordes entre una sutil neblina de efectos evolutivos y sintetizadores. Con tambores rituales anuncian una nueva explosión de intensidad bajo una voz que ahora prácticamente recita. Chamánica y con un aura claramente Morrisiana,  para evolucionar con rabia a pasajes más contundentes y pesados.

Como si estuvieran sentado en una mecedora en el porche de una cabaña de Nashville, “Phoenix” es un blues rural en el que se juega con el slide bajo lentos pero contundentes tambores. Desde la pausa la voz de Diamond nos seduce acariciando nuestras sentidos con ese registro lleno de sentimiento. Ásperos rasgueos elevan brevemente el tono antes que los momentos de rabia exploten con pesados y crujientes riffs y chirriantes platillos. Una intensidad arrolladora que se combinada con delicados y profundos acordes blues. Otro tema absolutamente chamánico y profundo.

“Voyage/The great sea” incide en el sonido con el que la banda se siente más cómodo. Borboteante y algo hipnótico se adentra en espacios psicodélicos dotando a las armonías vocales de reverberaciones y ecos. La calma, y poderoso riffs desérticos con crudos riffs crean una tormenta arenosa de pesados sonidos con fuzz humeante.  Con las guitarras retorciéndose entre expansivos riffs, un torbellino difuso de pesadez se desarrolla en la persistente atmósfera oscura en la que la banda crean sus canciones.

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