Reseña.- JESUS THE SNAKE.-“Black acid, pink rain”

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El cuarteto portugués JESUS THE SNAKE publican su primer álbum “BLACK ACID, PINK RAIN”. Un nombre que es toda una declaración de intenciones sobre su contenido. Un año y medio después de su puesta de largo con su EP homónimo, e incluyendo diferentes versiones de tres temas en él incluidos,   nos regalan cerca de un hora de estimulantes sonidos psicodélicos. con una indudable influencia de bandas como Pink Floyd que actualizan con algún eco Causa Sui. Grabado en vivo en una sesión en HertzControl Studio (Seixas, Portugal) la banda compone cinco largos temas instrumentales de sedosas texturas para la relajación de los sentidos. Elegantes en sus cuidados desarrollos instrumentales, incorporan elementos progresivos en su incuestionable apuesta heavy-psych, adornándola con ornamentos propios del  jazz. Seductores y sensuales, los acordes fluyen en una gama cromática que siempre nos incita a la distensión sensorial con sus lisérgicos fluidos caleidoscópicos. Una grabación con un impoluto sonido que nos permite apreciar con nitidez cada instrumento y todos sus matices. Burbujas de colores que van transformando su forma y su color, bajo acordes hipnóticos y tonificantes consiguen seducirnos hasta hacer que caigamos rendidos a sus pies. Un brillante álbum en el que plasman en un óleo toda la gama cromática que tiene en su paleta de colores. Esas pinceladas que consiguen que las formas se vayan transformando en algo misterioso que escapa a nuestra razón, dentro de un ejercicio de abducción a base de los fluidos lisérgicos que nos atrapan en su interior.

“Karma”  viaja a través de cálidos acordes de la guitarra hipnótica de Jorge. Tratando de adormecernos, con la solidez de una batería que ejerce de maestra de ceremonias para una travesía que, a la velocidad de la luz, nos envía a lejanas galaxias bajo el vehículo del persistente órgano que imprime la nota progresiva. Un estado de ingravidez proporcionado por una guitarra que lenta y suavemente, nos sirve de flotador en esa liviandad hasta desembarcarnos en tierra firme de un planeta desconocido. Con una velocidad sideral del espacio-tiempo pasando sobre nuestros cerebros, como si imágenes de  divinidades desfilaran por nuestros ojos a gran velocidad. Hipnóticos y místicos, JESUS THE SNAKE estimulan nuestros sentidos para crear un catarsis entre su música y nuestra mente. A pesar de estar ante una banda psicodélica, se vislumbran algunos ecos del sonido del desierto, en su versión más apacible.

Una odisea sónica dividida en dos partes de una misma pieza aparece en “Floyds I” y “Floyds II”. Con una introducción jazz rock, sobrevuelan el territorio de los ingleses Pink Floyd, muy influyentes en su sonido. En la primera etapa del camino, la guitarra de Jorge homenajea a David Gilmour emulando su personal sonido. Los acordes de guitarra me recuerdan los vividos en varias ocasiones en shows de Pink Floyd. Una guitarra cristalina, sensible, pero su vez, firme toma el protagonismo arropada por un órgano que recupera vibraciones progresivas llegadas de los años setenta. Pocas bandas contemporáneas pueden rescatar ese rico legado floydiano como los portugueses. Relajación y sensualidad en cada acorde, en cada nota. A mitad del camino nos aparece el primer giro en la composición. La referencia musical parece dar un pequeño giro a base de un órgano y un bajo que nos recuerda a los primeros Jethro Tull, en los que el tinte jazzero tenía su importancia. Arrastrándose sobre terrenos progresivos, la serpiente zigzaguea salvando todas las dificultades de la orografía de esos lares. Con un trepidante final lleno de fuerza hacen una pausa para abastecerse e introducirse en universos plagados de psicodelia, dónde los fluidos vuelven a tomar protagonismo. Formas difusas que van adquiriendo nitidez dentro de un espectro luminoso,  flotando en un ambiente de sosiego. Bucolismo sonoro que ya nos transmitieron con la puesta de sol sobre el mar tras ellos, en aquella memorable actuación en la playa de Moledo donde este año repetirán presencia.

Un insistente bajo da cobertura a acordes de guitarra que acompañados de un bombo, sirviendo de llave para abrir el espectro que la banda ofrece como un narcótico sobre el oyente.  Gotas en el firmamento como si estrellas que suavemente transitan por el universo.  El crescendo de la batería le da el toque de firmeza al avance. Las formas se van volviendo más extrañas, ya no se transforman suavemente, sino que la hilarante aceleración de la composición hace que se tornen súbitamente.

Describiendo insondables espacios, y con la atenta mirada de los acordes del órgano, “Duna” sigue incidiendo en esos genes floydianos. Hipnóticos van evolucionando hacia escenario en los que los pesados sonidos stoner hacen acto de presencia. Una conjunción entre lo liviano y lo pesado  que retoma esas brisas jazzeras entre los sonidos de la banda del fluido rosa.

La experimentación prosigue con “Black acid,  Pink Rain”. El profundo sonido del órgano de Gonçalo Palmas y una vigorosa base rítmica a cargo de la implacable batería de João Costa y el hipnótico bajo de Rui Silva nos conducen a unos remanso de paz, en los que nos adormecen con sutiles acordes recreando un jardín del edén con floreados momentos de rock progresivo con esa inclinación jazz que tanta gloria dieron a algunas bandas en los años setenta. el resultado es un tema con nervio en el que la belleza es descrita para deleite del oyente. 

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Reseña.- THE HEAVY MINDS.- “Second mind”

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Tras su brillante y aclamado debut de hace cuatro años, la noticia de nuevo material de los austriacos THE HEAVY MINDS era como para zambullirse en sus surcos sin ningún tipo de miramiento. Lo primero que me llama la atención tras las primeras notas, es la inclinación hacia espacios más netamente garage-psych con riffs crujientes toman prestados momentos de los sesenta. Si en TREASURE COAST” los potentes sonidos heavy-blues de los setenta estaban omnipresentes, y los ecos stoner se vislumbraban en sus temas, en esta ocasión, el trío austriaco no pierde un ápice de su energía para retroceder en el tiempo y recuperar más momentos del garage sesentero. Con un sonido más crudo y primitivo insuflan la suficiente dosis nebulosas con para que los temas no parezcan tan primitivos. Una involución en su sonido que parece estar perfectamente diseñada. Recuperando algunos ecos del garage proto-punk del Detroit de finales de los sesenta en una linea que ocasionalmente se acercan a Nebula, no reniegan del blues que les ha acompañado desde sus inicios. Quizás en este álbum suenen menos pesados, pero no menos precisos. Como ya hicieran los alemanes Wedge, colorean de tonos vintage alguno de los temas dotándoles de un aspecto retro e incluso primitivo. No se han olvidado del fuzz aunque la persistencia psicodelia es reflejada de una forma distinta. Ciertamente el resultado de sus composiciones obedece a un trabajo bien elaborado y la sensación es que THE HEAVY MINDS han obtenido el álbum que querían. Nada aquí parece dejado a la improvisación, y cada acorde, cada nota, cada melodía ,aparentan estar perfectamente concebidas y diseñadas. Querían sonar así, y suenan así. Los momentos de psicodelia aparecen en el momento justo dentro del variopinto collage de emociones que cada tema logra transmitir. Por otro lado estamos ante uno de esos álbumes de los que no te puedes dejar llevar solo por la primera impresión. Es tanta su riqueza y variedad de matices, que con cada nueva escucha adquiere una nueva dimensión, apreciándose toda la calidad que atesoran unos surcos que guardan unos temas bien construidos y perfectamente ejecutados.

“Second mind” el tema que abre el álbum, se construye sobre una ambientación sesentera sobre unos cimientos de garage-psych primitivo en el que el bajo de Tobias, junto a la guitarras nebulosas de Lukas generan un corte lleno de frescura. Riffs que crujen y voces con un groovy macarrilla hacen de la sencillez virtud, para crear un tema colorido y sencillo. “Trip tide” sigue una línea similar. Riffs que crujen sobre vibraciones de garage-blues y aroma de pop de los sesenta. Desprendiendo genes Stooges, no reniegan a la vocación lisérgica con la que nacieron como demuestra el serpenteante laberinto psicotrópico de su parte final.

Añadiendo altas dosis de ácido a las guitarras, “Footpath to fortress”, sin alejarse del camino, transita por el lado más lisérgico. Un caleidoscopio con momentos retro y una voz desgarrada surfean entre las mareas ondulantes del blues con solos hirientes y cambios de ritmos en los que un tufillo funky aparece de manera efectiva. Como si fuera cansado, los ritmos llevan una cadencia aparentemente lenta. En realidad se trata de una visión que no responde a la realidad, ya el groovy y tempo del tema es todo una acierto premeditado de los austriacos. Pegadizo y ácido a la vez, el tema se nutre de todos los estilos usados por la banda antes de precipitarse por un torrente de efectos en su parte final.

Con una gran cadencia blues, los ocho minutos de “Heavy  load of fools” sirven de marco a unos desarrollos más profundos de las vibraciones vintage. Pausado y cadente y siempre inclinado a los postulados garageros, sus chirriantes riffs, acaban sucumbiendo a la seducción de los distados de la psicodelia pesada.  

En una versión más colorista, “Spheres” y esa linea de bajo hipnótico que coquetea con sonidos funky mientras los platillos chasquean bajo la mirada de un órgano retro, nos sorprenden con una sensual voz con un trasfondo caleidoscopico. Un trance más electrónico y modernista. Un tema que cambian los vaqueros y las chupas de cuero por el látex.

Aunque el sonido de los austriacos tiene una vocación clara, no dudan en ofrecer distintos registros. Así “Distopia” entre riffs desérticos en línea Nebula se presenta más grueso y fornido. los efectos aparecen con sutileza entre espacios a caballo entre el hard y el proto-metal, antes del descenso a los abismo lísérgicos que sirven de lucimiento al bajo Tobias y a la guitarra de Lukas, que nos ofrece su versión más ácida. Tras el paseo psicodelico, retoman el garage arenoso.

“SECOND MIND” cierra con la languidez sesentera de “Flight future days”. Más melodiosos y recordando el garage y la psicodelia de aquellos años. EL fuzz del bajo hace que estemos en algún punto en el que los sesenta y el siglo XXI se encuentran bajo una brisa arenosa y cruda.  

“SECOND MIND” está disponible vía el sello austriaco StoneFree Records.

THE HEAVY MINDS son: Chris (batería), Lukas (guitarra y voces) y Tobias (bajo y guitarra)

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Reseña.- ELDER.- “The Gold & Silver Sessions”

 

a2012554351_16“THE GOLD & SILVER SESSION” es el nuevo trabajo de los bostonianos ELDER, antes de la publicación su próximo álbum, en el que ya están trabajando. Cualquier fan de ELDER que busque aquí el sonido que les aupó a la fama con su magnífico y aclamado “LORE” puede verse seriamente defraudado. Aquí, el ahora cuarteto, no suena a stoner, no suena a doom, no suena a ELDER tal y como les hemos conocido Pero si, si suena a algo bastante diferente pero maravilloso; aunque teniendo en cuenta el rumbo que tomó su último álbum “REFLECTIONS OF A FLOATING WORLD”, con esa inclinación hacia atmósferas más progresivas, quizás no debiéramos de sorprendernos tanto. A buen seguro que cualquiera que escuché los tres temas contenidos en su interior sin saber lo que está escuchando, es muy probable que jamás diría que son ELDER. “THE GOLD & SILVER SESSION” son unas grabaciones efectuadas en Berlín durante su última gira europea el otoño pasado. Un trabajo completamente instrumental donde la banda experimenta con sonidos y sedosas texturas psico-progresivas fuertemente influenciados por los dictados de la música kraut. Tres largos temas en los que la banda parece mostrarse sin ningún tipo de ataduras mostrándose libres para componer y ejecutar algo distinto. Un viaje a atmósferas desconocidas hasta ahora por la banda. La pregunta que cabe hacerse es: ¿Estamos ante un nuevo rumbo en su producción musical? o simplemente es un paréntesis en su discografía. Cabe señalar que “THE GOLD & SILVER SESSION”  se enmarca en el proyecto PostWax del sello Blues Funeral Recordings. Una serie ambiciosa de lanzamientos con arte interconectado y una ética que anima a sus artistas a probar cosas que no harían dentro de sus ciclos normales de álbumes.  He de decir que aquel que se quite los complejos y salga de su zona de confort, disfrutará de algo mas de media hora de música hipnótica y gratificante. Monumentales y exuberantes desarrollos llenos de sutilezas instrumentales en una clara apuesta psico-progresiva, que bien podría haber sido producida por El Paraiso Records, ya que su sonido se asemeja bastante a muchas de las bandas que habitan en el sello danés.

Sobre atmósferas drone de corte espacial y suaves guitarras “Ilusory motion” evoluciona con ensoñadores acordes de guitarras y envolventes sintetizadores por espacios ingravitatorios. Una magia adormecedora que va tornándose de la psicodelia a lo progresivo con unos teclados que soportan esos oscuros momentos en los que la banda transita por reconfortantes galaxias. Una calma que va describiendo un relato de ciencia ficción alejado de los sonidos a los que nos tenían acostumbrados. Con floristas en formas de acordes de guitarra más propios de Causa Sui profundizan en su experimentación. Repitiendo la estructura el tema va avanzando con pausa hasta una intensificación final en la que el sonido se torna más pesado obteniendo brillantes momentos heavy-psych.

Mucho más sutiles si cabe los acordes de esos teclados de vocación progresiva, “In morgengraven” se desarrolla entre un suave sinfonísmo y la lisergia espacial. Un tema que fuleye en un caleidoscópico entorno en el que las supernovas muestran toda su belleza. Atractivas guitarras completan un cuadro sonoro inconmensurable. No busques zumbidos doom, ni pesados riffs aquí, esto es otra cosa. Cualquier momento pesado sucumbe ante el sinfonismo que ELDER imprime al tema. Un sinfonismo siempre acompañado de un halo psicotrópico que adormece nuestros sentidos. En una calculada involución la melancolía se adueña de esos pasajes instrumentales con gran acierto.

Los momentos más experimentales llegan con “Weibensee”. Dieciocho minutos en los que los ritmos hipnóticos de procedencia kraut mas cercanos a bandas como Minami Deutsch que a cualquier propuesta stoner. Sintetizadores marcados conviven con una batería golpeada con una precisión matemática y robótica que contagia al bajo. Según el tema va avanzando las guitarras se abren paso entre las nebulosas coloristas. sin que nos demos cuenta el tono va cambiando, introduciéndonos en una oscuridad  que nos envuelve y adormece. ¿Quién diría aquí que lo que suena es ELDER?. Me atrevo a apostar que nadie sería capaz de idintificarlos en esta nueva faceta de liberación creativa. Una jam en toda regla  bajo parámetros espaciales en la que los efectos revoloteas cual polvo estelar por la nave de los de Boston. Olvidándose de cualquier regla construyen una gratificante jam que acaba deflagrando en su parte final de una forma monumental. Una exuberancia instrumental de proporciones descomunales que define lo que estos chicos han hecho. ¡Majestuosos!

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Reseña.- MANTRA MACHINE.- “Heliosphere”

a2373748400_10Los álbumes instrumentales no son del agrado de todo el mundo, pero los viajeros espaciales holandeses MANTRA MACHINE, pueden hacerte cambiar de opinión. Hace casi cuatro años despertaron la admiración de muchos con “NITROGEN” ahora regresan para devolvernos a los confines del universo con “HELIOSPHERE”. Tomando como base  prietos riffs stoner y altas dosis psicodelia espacial el trío de Amsterdam nos embarca en una nueva odisea mas allá de los confines explorados por el hombre. La heliosfera, esa región situada a años luz de la tierra y en donde los vientos solares provocan una burbuja magnética en la cual se encuentran los planetas del sistema solar, incluida la tierra. Un complejo sistema de capas que se ve reflejado a la perfección con los cuatro largos temas de este álbum.  Un magnetismo no exento de ecos desérticos soportados en una pulsante línea de bajo en una apuesta instrumental en la que la mística interplanetaria se describe son acierto en cada nota. La duración de los temas hace que puedan desarrollar y plasmar todas sus inquietudes musicales sin ningún tipo de ataduras. El resultado es un brillante trabajo para dejarse llevar por la lisérgia intrínsica en sus surcos.  “HELIOSPHERE” es un álbum sin aristas, un disco que va más allá de los estándares de la psicodelia pesada para ofrecernos un auténtico mantra completamente lleno de fascinantes pasajes instrumentales para deleite de los amantes del género. Uno de los mejores álbumes del género de lo que llevamos de año. La maquinaria holandesa demuestra estar engrasada a la perfección para su singladura intergaláctica.

Una introducción reveladora nos señala el camino de por donde va el camino del álbum en  “Hydrogen”.  Partiendo desde el sosiego y describiendo una calma tensa nos embarcan en un viaje mesiánico a través de desarrollos de una psicodelia pesada bien construida sobre los pilares de una potente base rítmica que soporta las ondulaciones de las guitarras. Elementos stoner que son envueltos por los desarrollos psicotrópicos y sus efectos para evolucionar poco a poco en su intensidad. Según vamos avanzando en la travesía las dosis lisérgicas van surtiendo efectos hasta lograr dimensiones épicas.

Mas inmersos si cabe en el territorio del rock espacial, “Atmos” se desarrolla en insondables espacios por los que la maquinaria mántrica holandesa queda mas definida. Entornos de ingravidez con polvo estelar poco a poco nos mas metiendo en ese agujero negro que nos traslada a una dimensión desconocida. Mostrándose más sosegados y apacibles, los efectos custodian la cadente y profunda línea de bajo, lo cual es una constante a los largo de todos los temas. Una mística interplanetaria de proporciones descomunales que supone una exploración de la psicodelia espacial realizada con auténtica maestría.

Teniendo en cuenta el tipo de propuesta musical que nos ofrece MANTRA MACHINE, no es de extrañar que necesiten de temas de larga duración para poder desarrollar toda su creatividad. De esta manera la descripción de las odiseas espaciales les permite dotar a los temas de numerosos matices, intensificando o calmando las armonías. de sus temas.

Algo más melodiosos, “Delta-v”, utiliza con mayor profusión los sintetizadores en un nuevo transito psico-espacial. Poco a poco, como ya hemos percibido en los temas precedentes, van dotando de intensidad sus estructuras. Seguramente estamos ante el tema menos ácido, y en el que los ritmos stoner conviven con momentos más progresivos. Así se desarrolla la mayor parte del tema hasta que que en su parte final las guitarras nos devuelven a esos estados de inconsciencia psicotrópica. la sensación de estar en entornos alejados de la razón es conseguida con gran destreza y efectividad en un nuevo mantra sónico.  

Mucho más fornido, y con evidente vocación stoner, “Heliosphere”, con sus catorce minutos, se manifiesta sucumbiendo a hipnóticos ritmos que nos envuelven atrapándonos en un caleidoscopico y hechizante laberinto sonoro. Como si pasara por distintas fases, un nuevo empujón hace que el corte serpentee pasando por distintos estados. Una tortuosa travesía salpicada de riffs desérticos y polvo galáctico que culmina en nuevo mantra sensorial donde la calma se adueña del entorno. Conviviendo con misteriosos pasajes más propios de una banda sonora de una película de ciencia ficción MANTRA MACHINE no acaban de salirse del los parámetros de la psicodelia pesada, para recuperar los tonos espaciales a través de envolventes efectos. Las profunda guitarras acarician unos surcos que acaban perdiéndose en la inmensidad del cosmos.

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Reseña.- STONEKIND.- “Stonekind – EP”

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Originarios de Carolina del Norte, y sin haber encontrado información al respecto de la banda me topo de bruces con STONEKIND y lo que parece ser su primer “EP”. Una maravilla de esas que te sorprende de cuando en cuando y de la que no puedes despegarte en un tiempo. Cuatro adictivos temas heavy-psych y heavy-blues stonerizados en una linea que inevitablemente me recuerda a mis amados Devil & the Almighty Blues. Es muy fácil hacer una reseña del último disco de Sleep o de Kadavar, pero siempre he pensado que, sin olvidarnos de las grandes bandas, el objetivo de DenpaFuzz es precisamente dar a conocer este tipo de propuestas desconocidas para la gran mayoría de la gente. Estamos ante un Ep que rebosa calidad a raudales en cuatro temas con un magnetismo y pesadez que te enganchan desde la primera escucha. Unas cálidas y hechizantes voces que navegan entre las aguas psicodelicas de las guitarras con tonos hard-retro que surgen por sorpresa y se mezclan con momentos stoner. Todo ello sobre ádormecedores efluvios lisergicos que emanan de manantiales blues. Temas construidos con una cadencia ondulante, sin estridencias y que acaban convirtiéndose en un gratificante hechizo para los sentidos. Un derroche de fuzz sobre un sólida base rítmica con una apabullante batería que sirven de  cimientos a la magia de las voces y las guitarras. Todo un brillante debut en el que el trío  serpentea en cada tema con maestría logrando trasmitir distintas sensaciones y estados de ánimo, siempre con el objetivo de hipnotizarnos en cada acorde, en cada riff y en cada tema. Absolutamente recomendable para fanáticos de The Devil & The Alghmity Blues, pero no solo para ellos…. ¿Te vas a perder el viaje?

Lo primero que escuchamos son unos acordes acústicos en modo de arpegios para inciar la exploración con “Ember”. Algo menos de dos minutos hipnóticos en los que las guitarras crean una introducción en la que los efectos espaciales planean aportando un hipnotismo que sigue la estela de los noruegos The Devil & The Alghmity Blues. Un brillante comienzo que simplemente sirve de preludio para lo que nos viene encima.

Una vez extasiados por la introducción, los poderosos riffs humeantes de “Talk to Fire” desde la pesadez, nos señalan el camino de espacios heavy-psych de altos vuelos. Con cambios de ritmos en los que se enredan en territorios propiamente stoner, derrochan energía.  una intensidad y un dinamismo que va ondulando entre momentos retro y otros más lisergicos. Ya aquí podemos comprobar que lo de las guitarras de Davis Templeton es algo serio. Mientras, las baquetas de Jeff Ayers Jr. dirigen el ritual por espacios stonerizanos cercanos a Greenleaf intercambiándose los roles con pasajes mucho más ácidos en los que la guitarra se desangra en sus solos. En la trastienda el blues más corrosivo subyace en cada nota.

Es difícil abstraerse  escuchando al trio de Wisconsin y no quitarte de la cabeza a Devil & the Alghmity Blues.”Black Molasses”, de nuevo con unos magnetizantes acordes y esa voz chamánica de su batería Jeff, siguen en espacios lisérgicos que van describiendo atmósferas nebulosas bajo medios tiempos. Con aroma a cannabinoides el ritual chamanico que nos ofrecen, no está exento de poderosos riffs. Un tema que guarda el equilibrio entre lo plomizo, lo psicodélico y la esencia blues. Espacios enigmáticos pero gratificantes que se desarrollan entre los vapores adormecedores que fluyen de cada nota y que se ornamentan con riffs stoner-blues consiguen que la magia aparezca. Bosques oscuros en los que cualquier extraño pero amistoso ser puede aparecer ante nosotros en esas nubes de psicotrópicos. Estamos ante un tema de psicodelia pesada de libro, un corte para ser laureado por su perfecta construcción y ritmo. mas de siete minutos de intenso viaje por espacios insondables que acaban conquistándome completamente.

A ritmo lento, la pausa de los acordes psych de “It’s alive”, se ve envuelta en una eficaz combinación de envolventes efectos antes de golpearnos con fuerza con pesados riffs hard que parecen llegados de otras décadas. pegadizos y contagiosos, el hard blues se presenta vestido de gala. Está calro que STONEKIND no es una banda aburrida, y que gusta de hacer serpentear sus temas con distintos momentos que transmiten variados estados de ánimo que van a concluir en cannabinoides entornos. y por si algo faltara, la cálida voz que nos susurra hace el resto ante de descender a cavernas plenamente lisergicas en las que desarrollan un hechizo hipnótico que logra nublar nuestros sentidos, para que solo abierto a su música.

 

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Reseña.- SACRI MONTI.- “Waiting room for the magic hour”

772462-500x500Cuatro años después de su álbum debut, SACRI MONTI están de vuelta con su segundo álbum “WAITING ROOM FOR THE MAGIC HOUR”. Sin perder su espíritu caleidoscopico y lisérgico, el quinteto de San Diego continúa ofreciéndonos esas jams en las que las guitarras se superponen en diferentes estratos. Profundizando mucho más en los elementos progresivos y con melodías más cuidadas, siendo un caso particular dentro de la prolífica escena de su San Diego natal. Si abrimos el envoltorio heavy-psych, encontramos temas con una clara vocación progresiva. Hace ahora un año, ya pude intuir esta evolución en su actuación en el dunajam, en el que nos regalaron el que posiblemente fue el mejor show de todo el evento. Aquellas sospechas se ven claramente confirmadas en un álbum de una riqueza compositiva atrevida y que no se queda en el escenario psicodélico con el que se presentaron en su primer álbum.  Todo un salto entre lo espontáneo y lo musicalmente calculado.  Tomando prestados tanto ecos proto-metal más propios de Blue Cheer, como complejas estructuras cercanas a los dictados de King Crimson, sus ocho temas son todo un estímulo para los sentidos. Muchos momentos de melancolía que se ven reflejados en todos ocres a través de los teclados de Evan Wenskay, siempre custodiados por la pulsante línea de bajo de Anthony Meier y los ritmos de la batería de Thomas Dibenedetto . Un bajo que no se ve ensombrecido por los riffs psicotrópicos de las guitarras de  Brenden Dellar y Dylan Donovan. Manteniéndose en los sonidos de los setenta que les sirvieron de inspiración pero ejecutados desde una mirada más sosegada y madura. Otro punto a tener en cuenta son unos registros registros vocales que se contonean entre la ternura y la rabia, aunque predominando la calidez sobre lo desgarrado. En ““WAITING ROOM FOR THE MAGIC HOUR” encontramos guiños a los sonidos de la west-coast de finales de los sesenta y especialmente alguna influencia Quicksilver Mesenger Service. Uno de los factores en los que se sustenta es la capacidad para no perder la frescura de sus exuberantes jams dentro de unas estructuras compositivas mucho más complejas y medidas. Prueba de ello es que SACRI MONTI parecen sentirse más cómodos construyendo largos y embriagadores temas, lo que no supone un obstáculo para mostrarse efectivos en cortes más sencillos. Si a esta evolución unimos que no han perdido toda la fuerza de su primer álbum, estamos ante uno de los trabajos que se acercará al podio de los mejores discos del año. Si, ya sé que esto puede ser un tópico, pero déjate llevar por sus surcos y comprobarás que no es una afirmación tan osada.

“Waiting room for the magic hour” el tema que da nombre al álbum y que abre el mismo, parte de de una espiral de poderosos riffs característicos del sonido San Diego para ir poco a poco mutando a escenarios progresivos en los que vislumbro elementos que me recuerdan a los californianos Quicksilver messenger Service. Voces que oscilan y se balancean entre cálidos susurros melancólicos y desgarros llenos de fuerza. Ritmos y riffs de una intensidad a prueba de bombas, impenetrables, que se ven arropados por unos magníficos teclados de tinte vintage. con constantes giros en la trama,  el tema está lleno de profundas guitarras, dispuestas en distintos estratos, lo cual es una constante en todo el álbum.  

En un álbum que nos sorprende constantemente, los suaves y sinfónicos acordes de “Fear and fire” son como el terciopelo sobre el que recostarse.  Poco a poco el tema se va elevando para llevarnos a un Jardín del Edén con nostálgicos momentos creados por los teclados retro y los lamentos vocales. toda una oda psico-progresiva que según avanza se van volviendo más complicada gracias a la espiral de solos que aúllan en una espiral de efectos revoloteando y haciendo que el tema ondule por distintos escenarios sonoros. Mucha riqueza compositiva se esconde en unos surcos que suponen una nueva dimensión sensorial que se debate entre la psicodelia y lo progresivo sin terminar de decantarse por ninguno de los dos estilos. Como si su creatividad fuera tan grande que no quisieran renunciar a nada. Habrá quien piense que esto le supera con tantos cambios en la trama, pero personalmente me parece todo un acierto.

Nuevamente nos rompen los esquemas con el siguiente tema. “Armistice” a diferencia de los temas que le preceden, y como si una continuación de “Fear of Fire” se tratara,  una base rítmica poderosa sirve para la repetición de riffs de las guitarras así como los acordes de ese órgano retro tan omnipresente. A pesar de esa estructura repetitiva los solos se desangran hasta la extenuación.

Retomando esas atmósferas psico-progresivas, “Starlight” cuida las melodías para fortalecer el sentimiento que se transmite desde las voces. Creando un caleidoscopio sonoro de dimensiones descomunales el tema recupera brillantes momentos progresivos de origen setentero. Un tema ampuloso y monumental que escapa de los estereotipos con un impactante bajo en la sombra. Mostrando a Antony Meier en todo su esplendor la fuerza de dos guitarras y un órgano no consigue ensombrecerle ni un solo momento. Hard-progresivo de altos vuelos con guitarras ácidas que van y vienen en un aquelarre mesiánico de gran belleza en el que no faltan los momentos de esquizofrenia y locura lisérgica. En palabras de Brendan Deller: “La inspiración vino de una época en la que mezclé hongos con LSD y observé el cielo nocturno en el desierto y sentí que estaba volando las estrellas como cometas con mis ojos, años más tarde, recordé esa experiencia e incorporé una especie de elemento de canción de amor sobre una mujer en el cielo que intenta comunicarse con alguien en la Tierra a través de rayos de luz intentando dar instrucciones sobre cómo pueden estar juntas”.

“Afirmation” supone la confirmación de la deriva que toman los californianos. Un camino que está mas cerca de King Crimson o Pink Floyd que de Earthless. Sutiles y elegantes sus armonías y sus susurrantes voces van creando un tema que se inclina hacia laderas sinfónicas. unas guitarras que parecen estar mas cerca del Mediterráneo que del Pacífico. Pasajes llenos de nostalgia y melancolía que a su vez transitan por escenarios sureños en sus momentos acústicos. Un pequeño giro pero que no se aleja del camino marcado. A diferencia de otros temas, aquí parece que se mantiene el rumbo desde el principio sin saltos mortales, todo más sosegado y lineal para construir un tema bien ensamblado y sin fisuras.

“Gone from grace” nos devuelve el protagonismo de las guitarras, con momentos más psych. Serpenteos de guitarras sobre una densa instrumentación, lo cual es una constante repetida, pero no por ello aburrida, sino llena de riqueza compositiva. Un torrente que se precipita sobre pesados ritmos. El propio Brendan dice del tema:  “Es una especie de cómo es el deber de todos compartir sus mentes y talentos con el mundo porque la bondad está dentro de ellos. Muchas personas confían en Dios u otras cosas para su bondad, pero así es como el mundo siempre termina en la mierda y las mentes hermosas se destruyen”. Toda una declaración de intenciones para un tema lleno de fuerza.

Nuevamente nos encontramos con tema corto, como si de un interludio se tratara. “Wading in malcesine” es crea atmósferas ensoñadoras de tintes espaciales a través de efectos y sintetizadores bajo el sintonismo de unos teclados que recrean un ambiente celestial a modo de bálsamo para los sentidos.

El álbum cierra con “You beautiful demon”. Aquí la guitarra acústica toma el protagonismo acercándose a sonidos west-.coast de corte pseudo-folk con un aura psico-progresiva revoloteando sobre su notas. Basado en acordes acústicos el sentimiento aflora con vocación “americana” sin perder el sintonismo que subyace en todos los temas, esta vez prescindiendo de la batería.

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Reseña.- THE WILD CENTURY.- “Raw”

robingnista_thewildcentury_rawUn primer trabajo en tonos de psicodelia indie y aires raga-rock fue su carta de presentación a primeros de 2.018, ahora los holandeses THE WILD CENTURY se doctoran en las artes de la psicodelia de corte sesentero con su nueva entrega “RAW”. Un álbum mucho más solido que su debut y que me ha llegado como la lluvia en el desierto. Un soplo de frescura lisérgica con influencias de ambos lados del Atlántico. Cinco magníficos temas que suponen un derroche de buen hacer compositivo e interpretativo. Aquí el cuarteto se muestra mucho más solido en su sonido con potentes riffs difusos combinados con sutiles elementos de psicodelia post-beat manteniendo cierto tono indie. Un tono que se va disipando en armonías robustas que son acariciadas por sutiles y suaves melodías vocales y la acidez de unas guitarras que revolotean entre firmes ritmos. Con fuertes influencias hendrixianas que se entrelazan con floridos momentos west-coast que se reclinan a espacios más sureños en los que el blues asoman levemente. Por otro lado tenemos esa faceta que nace más de la psicodelia sesentera más vibrante. El conjunto es uno de esos disco que pones una y otra vez y que con cada escucha lo disfrutas más.  Seguramente cada oyente puede percibir distintas influencias en cada uno de los temas, pero una de las grandezas que tiene “RAW” es que si bien, sus temas se construyen partiendo de una armonía o un riff que se repite constantemente, sabes desarrollar los mismos dotándolos de una variedad que nos va trasladando de banda en banda y de un continente a otro. Estamos ante uno de esos álbumes hechos por una banda bastante desconocida, pero que si lo hubiera firmado alguna de las prestigiosas bandas que forman el podio de la psicodelia, estaríamos hablando de una obra maestra. Esto me hace recomendar una vez más dejar los complejos a un lado y zambullirse en unos surcos llenos de vida y de color que a buen seguro te regalarán placenteros momentos que te harán llegar al éxtasis. Un disco hecho sin superproducciones que trata de centrar su atención en la música en estado puro, y doy fe de que lo consigue.

Bajo un riff cadente rebosante de fuzz, que nos hace intuir que estamos ante algo grande, THE WILD CENTURY  nos introduce en “Done Lost Your Good Thing Now”. Ecos Hendrix con una chamánica voz que se va modelando en fantásticas melodías nos confirman las sospechas.  Un par de minutos y el tema ya me ha enganchado. Siempre me ha perecido muy atrayente la combinación de ritmos potentes con la sensualidad vocal o los momentos de calma y aquí podemos encontrar eso y más. Cabe señalar que si bien las guitarras lucen con luz propia, el tema se sustenta en la impecable linea de bajo de Joris Verbogt. El cuarteto tras la introducción y una vez marcado el camino se sumerge en un lago lleno de psicotrópicos para desarrollar pasajes de un altísimo nivel en el campo de la psicodelia. Al margen de las nebulosas rítmicas y de la acidez de los solos de guitarra se palpa  mucho aroma a fin de los sesenta. Coma antes decía, la composición es sencilla, pero precisamente de esa sencillez nace su valor. Nueve minutos intensos y llenos de belleza que por sí solos harían que el álbum mereciera la pena.

Nitidamente influenciados por Hendrix y por los sonidos west-coast, “Helpless Thing” nos sussurra con esa cálida y sensual voz bajo armonías acústicas para introducirnos en campo de amapolas lleno de color. Una plantación de psicotrópicos de la que emanan vapores que nos adormecen embarcándonos en un viaje ácido sobre calmados pasajes de psicodelia sobre los que las guitarras se ejercitan en esa pócima alucinógena. En estos momentos momentos los holandeses están instaurados en la California del LSD reflejando ese ambiente en el tema. Diez minutos en los que el olor a colinas y prados se puede sentirse entre sus surcos.

De alguna manera retomando el sonido que les vio nacer, “One​-​Time Event” parte del hipnótico bajo para que las guitarras de Stan Aarts y Gerton Govers nos insufla vientos orientales antes de introducirnos en oscuros pasajes en los que los riffs se repiten, lo que es una nota común en todo el álbum. Aquí encontramos un elemento nuevo que evoluciona desde los acordes acústicos,. Una voz ecualizada en una línea que rescata la psicodelia inglesa más florida de los sesenta sabe navegar entre momentos más experimentales en los que que las guitarras entrelazan los sonidos orientales con la acidez más pura. Aquí nadie podrá decirnos que nos nos han engañado. El producto es de máxima calidad, y las melodías no desaparecen, como tampoco lo hacen esos hipnóticos e incisivos pasajes. todo un cuadro sonoro lleno de matices y en el que encontramos  desde elementos progresivos a psicodélicos, con toques orientales, magnetismo y pesadez en una brillante combinación.

“Can’t find the words” nos devuelve con sus bucólicos acordes al sonido west-coast que practicaban bandas como Love o Moby Grape. Una melosa y melodiosa voz entre floridos pasajes con unas bellas melodías sobre las cuales incorporan momentos más arenosos que se transmutan en espacios heavy-psych.

Mucho más poderosos se muestran en “Going down”. Potentes riffs soportan pasajes de garage-psych sobre toneladas de fuzz humeante. La sombra de Hendrix vuelve a ser alargada en alguno de sus pasajes, lo cual no impide que volvamos a encontrar aires exóticos e incluso algún ramalazo doorsiano en un fornido tema que jamás pierde el ritmo por mucho ondulen sus acordes. Auténticas nebulosos psicodelicas hechas con maestrías que ponen el broche de oro a uno de los discos más refrescantes publicados en los que va de año.

THE WILD CENTURY son: Stan Aarts (voz y guitarras), Gerton Govers (voz, guitarras y percusión) Joris Verbogt (bajo) y Ernst Dunnewind (batería).

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