COSMIC PUNGLE.- “Dealing with the harvester”

a4271227086_10En los últimos tiempos estamos comprobando la buena salud de la que goza la escena stoner griega, ahora, COSMIC PLUNGE van un poco más allá, con su nuevo disco “DEALING WITH THE HARVESTER“. dando una vuelta de tuerca el cuarteto de Creta demuestra que la oscuridad también llega al Mediterraneo. Un trabajo con predominancia de pesadas vibraciones doom-metal.  Tétricos a veces, sus seis moribundos cortes caminan a paso lento pero plomizo por las profundidades más lúgubres entre voces ahogadas ritmos contundentes, y un cierto toque psych.

Atrayentes notas musicales entre cósmicos descensos que toman prestados algunos riffs heavy e incluso algún momentos en el que los vómitos guturales crean una teatralidad siniestra. 

Caminando por la final línea entre el stoner-metal y el doom más al uso, no renuncian a algún elemento retro setentero del que en realidad nacen sus sonidos.

Un plato pesado que se aliña con fuzz humeante en alguno de sus pasajes, y que cae en nuestros estómagos haciendo que nos sintamos llenos. “Everything is writing in the cliffs” se despeña por esos acantilados a los que alude, produciendo una avalancha de rocas entre voces proto-punk, con una lenta cadencia y pesados ritmos. 

Una constante repetida en los seis cortes, todo sucede a cámara lenta. sí, es doom, pero con un sonido que no renuncia a la melodía. Una efectiva mezcla que agradecerán los amantes de los sonidos más oscuros. 

“Carrion seek revenge” transcurre por misteriosos espacios en los que la psicodelia pesada tiene un mayor protagonismo sin renunciar a su verdadera vocación en uno de los temas más destacados de un álbum que no trata de engañar a nadie. COSMIC PLUNGUE, son lo que son.  Una cierta ingeniería metálica en una escena alternativa qye no renuncia a sus principios.

https://www.facebook.com/CosmicPlunge/

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HERE WERE NOW.- “The Chikipunk Years”

a0298097826_16WE HERE NOW son una banda multinacional compuesta por los prolíficos músicos Pedro ‘Sozinho’ Salvador (Necro) de Brasil, Indrayudh Shome (Queen Elephantine) de India/USA y Panchito, el Sofista (Montibus Communitas) de Perú. Con una libertad creativa que dota de versatilidad al álbum, el trío crea unos espacios difusos ejecutados a gran velocidad. Una luminosidad que se confunde entre la bruma instrumental gracias al derroche de efectos fuzz en sus composiciones. Profundizando en distintas raices culturales, la recuperación de sonidos afro-rock se intercala con vibraciones stoner de corte lisérgico que son aderezadas con elementos tropicales y orientales. Dificilmente clasificables, su sonido en un nuevo soplo de aire fresco dentro de la escena alternativa. Un trabajo para escuchar sin complejos para sacarle todo su jugo, que es mucho. Una libertedad creativa e interpretiva que nos da como resultado un disco con temas directos en el que podemos encontrar elementos que te dejan K.O.

Con un minuto y medio se bastan para introducirnos en su particular mundo en el que el afro-rock y los sonidos tropicales contruyen un mestizaje con ritmos de hard-stonerizado sobre fuzz difuso. “Sonjours” es una patada en culo para ir advirtiéndonos de lo que nos espera.

Dinámicas guitarras con un sonido particular y especial se aderezan con vientos orientales generados por el sonido del sitar. Así “Detachments” rezuma frescura sobre la cuidada y exhuberante instrumentación entre la que destacada el hipnótico ritmo de una batería que se conjuga con ritmos aturdidores en un torbellino sónico de grandes dimensiones. Es posible que el peculiar sonido del sitar destaque por encima del resto de instrumentos pero lo cierto es que el mestizaje es sublime.

Teniendo en cuenta que estamos ante una banda multicultural, las resonancias llegadas de cualquier punto del planeta tienen cabida  en este debut. La fusión de ritmos africanos está presente en temas como “Gathering amd separation” o “Dunka”. Ese afro-rock tan rico en matices que floreció en los setenta y que tan desconocido es para el gran público, está presente en unas voces luminosos y alegres que se combinan entre incisivos solos de guitarras envolventes y los densos ritmos.  “Dunka”, además incorpora elementos psicodélicos que realzan su brillo. elevándose de una manera hipnótica con gran versatilidad de ritmos y efectos con solos que se desdoblan generando un tornado sónico.

Sobre tonos retro WE HERE NOW, a través de unos riffs insistentes, con efectos que revolotean y van cambiando su fisonomía se construyeFrontiers and Determinations” Un tema que puede resultar paranoico debido a su constante experimentación. Fusionando sonidos kraut hipnóticos con esa psicodelia latente en todo el disco, obteniendo un resultado completamente aturdidor. La exploración rítmica de “Planes on inmanence” supone todo una exploración rítmica con efectos revoloteando y giros inesperado. Momentos tropicales sobre cálidas voces se mezclan con magnetizantes estructuras kraut. Tropicalia versus hipnotismo.

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GYPSY MOTH.- “Gypsy Moth”

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Vamos con uno de esos tesoros perdidos del siglo XX. Un artefacto sonoro publicado en 1.993 con unas maquetas grabadas entre 1985 y 1992 por el trío compuesto por Eric Starvic (voz y guitarras), Marz Hell (batería) y Leo Aroya (bajo). Editado con una tirada de 200 copias al nivel privado y con el aliciente de la colaboración de Scott “Wino” Weinrich (Saint Vitus, The Obsessed, etc..) y su guitarra en dos de los temas. Poco más información hay al respecto de la banda al margen de las desavenencias entre parte de sus miembros sobre el derecho de las grabaciones. El contenido son sucios temas de proto-metal con inclinación doom. Ácidos y oscuros cortes a la altura de las primeras grabaciones de  bandas como Pentagram o Stone Bunny. Improvisaciones y distorsiones completamente aturdidoras. que seguramente se hicieron bajo los efectos de sustancias psicotrópicas. La calidad del sonido es acorde son su underground contenido, pero eso no es obstáculo para estemos ante un álbum pionero y que bien pudiera haber servido de inspiración a muchas de las bandas de la escena stoner y doom de la actualidad. Seguro que alguno cuando escuche esto, dirá… Hostias!!! que pepinazo!!!!.  idas de olla en los solos de guitarra con un alocado batería hacen que la sensación es que estos tipos se divertían y que les daba igual lo que estaban haciendo. Ecos de blues, surcos con psicodelia pesada, heavy y doom hacen que estamos ante uno de esos tesoros perdidos del siglo XX y que desde aquí tenemos el propósito de recuperar ya que a buen seguro sorprenderá a muchos fans de los sonidos pesados y alucinógenos.

 

PETRICHOR.- “II”

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Si hay alguna diferencia entre ésta, su segunda entrega y su debut de mediados de 2.016, es que la banda de Virginia ha fabricado un álbum en el que las melodías tienen mucho más protagonismo. Siguiendo la estela del rock de tintes ocultistas, las voces de Tess Fisher se vuelven mucho más líricas y desgarradas de lo que nos había mostrado el primer álbum de la banda. Otro de los cambios es la desaparición de los registros guturales que ocasionalmente habíamos escuchado en alguno de sus primeros temas.

Usando distintos elementos, la progresización de su sonido se produce sin menoscabar su contundencia, conteniendo momentos de metal progresivo, riffs arenosos que desprenden fuzz cegador, así como ampulosas construcciones que flirtean con momentos post-rock e incluso folk. Momentos en los que la banda nos seduce con altas dosis de lirismo con reconfortantes melodías.

Así temas como “Saint Francis Satyr”, “Charons obol” o “Hybrid moments” sacan el lado más suave, con melodías que van desde el clasicismo hasta el metal sinfónico. El primero de ellos con esos coqueteos con atmósferas post-rock, siempre con el protagonismo de su pitonisa particular. “Chorons obil”, nos enseña el lado faraónico, con densos riffs que se van balanceando entre las voces presuntuosos y grandiosos. Conjugando voces desgarradas con los momentos más calmados. Con una grandiosidad y ritmo metálico el poderío vocal brilla exuberante.

En tonos acústicos, en línea Joni Mitchel “Blue state line” sirve de cobertura a bellas melodías llenas de bucolísmo completando un cuadro floral de gran belleza.

En contraposición, “Demon Goddes”, o “Earons”, son los temas más cegadores. Con algún coro de su batería  Harrison Christ en éste último, la espiral de fuzz sobre ritmos stoner los convierten en la parte más contundente y pesada de “II”. “Demons goddes”, aparte de mostrarse pesado, conjuga la vocación ocultista de la banda. Oscuridad y lamentos presiden su cauce, al igual que sucede  más profundamente en “My swollen voice”. Plegarías desgarradas nos conducen a magnetizantes atmósferas donde los sonidos  psico-progresivos aromatizan el ambiente. “Like you know”, profesa la misma fé a través de la medium ejerciente en que se convierte Tess, haciendo que traspasemos el umbral a cavernas misteriosas e inquietantes.    

Si bien es cierto que cada vez nos encontramos más bandas de psych-doom de tintes ocultistas comandadas por una fémina, y demasiadas veces su sonido es similar, el caso de  PETRICHOR se convierte en un rara-avis del género, al introducir tanta variedad de elementos saliéndose de alguna manera de los estereotipos.

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KOMODOR.- “Komodor”

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Inspirados por James Gang o Grand Funk Railroad entre otros, los franceses KOMODOR nos invitan a un viaje retrospectivo a los setenta. Para ello utilizan su utilitario decorado de hard- rock fabricado en la prolífica factoría Detroit que tanta gloria dio en aquella década a los amantes del rock.

Un disco que cualquiera que lo escuche, le sería difícil ubicarlo en la segunda década del siglo XXI. Una brillante carta de presentación que hará rememorar momentos del pasado a más de uno con cuatro temas de rock and roll puro, sin aditivos. Fuerza y dinamismo en un ambiente festivo.

Estribillos efectivos en “Still the same” sobre ritmos de rock and roll a golpe de un bajo marcando el animado compás, los franceses construyen un tema lleno de brillo. Un intercambio de roles entre guitarra y bajo desemboca en un efectivo y dinámico boogie-rock.

Sencillas estructuras construyen “Join the band”. lo simple a veces es la mejor herramienta para llegar al oyente, y en este tema, la banda lo deja claro. Guitarras aulladoras y jugueteos con el estéreo construyen ritmos cercanos a los postulados de Gran Funk. Puro hard rock setentero, alegre y divertido.

No faltan los momentos de psicodelia en la que una hiriente guitarra juega con estéreo bajo la mirada atenta de una batería cadente une a la fiesta con discreción, acompañada por una invitada de lujo en los coros, Ellin LarsonLa cantante de Blues Pills, así como su bajista Zach Anderson y su guitarrista Dorian Sorriaux, colaboran en varios de los temas, unos invitados de lujo.

Una maquinaria transitando dinámicamente por autopistas americanas de los setenta, a un ritmo vertiginoso, para activar las articulaciones, como lo hace en “Nasty habbits”. Con la ayuda del órgano y con un sonido que recuerda a Bad Company y por momentos a James Gang.  Desde la sencillez, y sin tratar de impostar a nadie,. Riffs pegadizos unidos a estribillos contagiosos, hacen que sea imposible mantener las articulaciones en reposo a ritmo de boogie.  Dejándose espacio entre si, los instrumentos tienen su propio protagonismo. Su momento de gloria, en una especie de jam en forma de puzzle, en el que encajan perfectamente todas las piezas para convertirse en un todo un cuadro. Guitarras sureñas entran en una pelea que acaba en una orgía sonora en la que todos los instrumentos de desbocan.

En ese espacio entre Grand Funk Railroad, Ram Jam o James Gang, partiendo de acordes acústicos van desarrollando un tema nítidamente setentero. Voces moduladas, y ritmo que se combina con efectividad, en una especie de himno. eso es  precisamente “1984”. Inclinándose a sonidos más propios de James Gang, avanzan con solvencia para construir un gran corte, en el que no falta su punto de psicodelia. _Un tema que nos devuelve a los setenta de una forma divertida y jovial.

 

KOMODOR son: Goudzou (bajo) Elrik Monroe (batería) Ronnie Calva (guitarra solista) Slyde Barnett (voz y guitarra). y como invitados, Ellin Larson (coros en “Join the Band”: “Nasty Habits”: “Still the same”, Dorian Sorriaux (guitarra), André Kvarnström / Rickard Nygren (piano) y Zack Anderson (bajo)

“KOMODOR” se publica hoy via Soulseller Records.

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SAMAVAYO.- “Vatan”

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Una mezcla de stoner-rock, heavy-psych y sobre todo muchos ecos de rock progresivo setentero con aderezos orientales. Un oscuro viaje en el que los fuertes riffs, acompañados por una cautivadora voz que nos lleva más allá de los arenosos territorios stoner al uso.  Si bien es cierto que su sonido puede recordarnos a Truckfighters, los berlineses van más  lejos de ser otra apuesta stoner al uso. Con “VATAN” dan un paso en firme hacia la versatilidad y creatividad del género, convirtiéndose en una formación más progresiva.

Desde escenarios propios del rock progresivo, “Prevarication nation”, va poco a poco stonerizándose. Un transito fluido, en el que no pierde su esencia progresiva. Con un carácter hipnótico, las rugosas texturas son planchadas por melodiosas voces bajo la atenta mirada de episodios de fuzz. Un magnetismo fuera de toda duda, y que sientes en tus neuronas.

Mucho más ortodoxos, en el tema que da nombre al disco, “Vatan”, el stoner más tradicional se hace sentir a través de sus crujientes riffs que se ven sorprendidos por brisas orientales que hacen dar un giro al tema. Con esencias llegadas de remotos parajes impregnan con un hechizo narcotizante, y unas voces cautivadoras como cantos de sirenas que nos atraen y atraen, hasta que nos acaban engullendo. En su parte final, el tema recupera bellos momentos progresivos que se van diluyendo agónicamente.

En estos momentos, nos queda clara, (sino no teníamos ya claro de antemano), que hay mucho más detrás de la apariencia stoner de SAMAVAYO. “Sirens” relata misteriosas nebulosas en forma de efectos que van presentando una nueva odisea que se conjuga a lo largo de sus arenosos y crujientes riffs. Una oquedad con un espíritu progresivo y un aroma lisérgico en alguno de sus pasajes. mientras un inquietante ritmo que me recuerda a Truckfighters nuevamente, se ve asediado por melodías vocales de tinte oriental en las ranuras de su derroche de energía.

La maquinaria pesada alemana se pone en funcionamiento a muchas revoluciones en “The hate of thousands”. Tras el constante acelerón su marcha se rebaja hasta un ralentí, en el que nuevamente las melodías engrasan los rodamientos con tonos progresivos que poco a poco se hunden en una marmita ácida. Después de la inmersión , un lento fluir en esas aguas se va generando los momentos más psicodélicos de “VATAN”. Inmersos en un tema de corte psico-progresivo que había comenzado con mucha vitalidad. Una transición hecha con precisión, construyendo un “todo” lleno de matices entre los que destacan efectivos estribillos y coros.

Completamente inmersos en atmósferas progresivas, “Marionette”, sigue incidiendo en esa bajada de revoluciones. Susurrándonos con melodiosas voces, entre riffs poderosos y chirriantes y acordes atractivos y narcóticos acordes en un constante subir y bajar.

Una mayor complejidad en sus composiciones, que les diferencia de los gustos de los puristas de la escena stoner, pero que pueden verse fácilmente atraidos por sus vibraciones psico-progresivas. Así “Time to die”, con un envoltorio de hard-rock, generado por bajo y batería, deja al descubierto momentos de psicodelia pesada muy hechizantes. Siempre intensos, tanto en los momentos más sosegados, como en los más ampulosos y grandilocuentes, no escatiman en los matices. Aquí, recordándonos tibiamente a Colour Haze en alguno de sus momentos, los ecos orientales se entremezclan entre una multitud de riffs entre los que no pasan desapercibidos. Ya estamos cada día acostumbrándonos a estas variaciones progresivas en algunas bandas, lo cual acaba dándole más riqueza al género stoner, que le sirve para no dinosaurizarse.

El punto final al trayecto de “VATRAN” lo pone Behrang Alavi con su cálida voz y sus crujientes riffs. “Children of kobane” se va resquebrajándose por grietas progresivas de naturaleza setentera. Unas fisuras que no consiguen derribar un corte, sustentado en unos pilares rítmicos de gran solidez que nos regalan hipnóticos momentos, antes de rearmarse en esquemas hard-rock que poco a poco transforman su fisonomía con capas progresivas.

“VATAN” está disponible via Noisolution.

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