Reseña.- ZIOR.- “Before my eyes go blind “(The complete recordings)”

El sello Cherry Red Records publica una caja de cuatro cd’s con todas las grabaciones de los británicos ZIOR. Con el aliciente de que en su contenido se encuentra el álbum que la banda grabo bajo el nombre de MONUMENT así como un nuevo álbum grabado en 2.018 con el nombre de “SPIRIT OF THE GODS”. ZIOR nacieron a la sombra de la explosión del rock ocultista de los primeros setenta que practicaban bandas como BLACK SABBATH, BLACK WIDOW, o en línea Alice Cooper o Arthur Brown, pero también heredando los ecos de psyco-pop de bandas como Cream o The Troggs. Navegando entre aquellas aguas, tanto el blues-rock como el hard-rock y el proto-metal o los primeros pasos del rock progresivo se aprecian en sus composiciones. Muchas veces denostados por la versatilidad de unos temas que parecían no definirse en un estilo propio, lo cierto es que en su primer álbum, el homónimo ZIOR dejan patente su potencial.

Temas como “New land” en el que bellas melodías poppies soportadas en un omnipresente órgano se inclinaban hacia espacios más propios de Jethro Tull con la incorporación del sonido de la flauta en un guiño a las primeras bandas hard-progresivas británicas. Con registros vocales cercanos a Gary Wright (Spooky Toooth) no dudaban en ofrecer temas “Gimme love” en el que el órgano es eclipsado por incisivos solos de guitarra en tonos hard-blues tan al uso en aquellos años. Cortes netamente progresivos como “Quabala” (uno de los destacados) se codean con una psicodelia de pastelería como “Oh mariya” o la negroide “Your Life Will Burn” en la que se puede intuir algún eco a Santana. “Love’s desire”, Hard y blues junto a coros que se inclinan al soul y riffs potentes e incisivos con una cadencia rítmica pegadiza. “I really do” y sus tonos ásperos marca su incursión en el proto-metal en ebullición en la época. A pesar de que pueda considerarse con un álbum solo de canciones que no tiene nada que ver entre sí, es un reflejo de la confusión de estilos de aquel 1971 en que se publicó.

El disco 2 corresponde a “EVERY INCH A MAN”, álbum originariamente publicado en Alemania en 1973, cuando ya la banda se había separado y que ofrece la faceta mas pesada de la banda. Voces desgarradas y ritmos hard-rock bailables hacen de “Chicago spine” un tema a tener en cuenta, demostrando que cuando menos te lo esperas en un tema previsible aparecen esas guitarras asesinas que te dejan noqueado. Los ecos de Alice Cooper se reflejan en “Have you heard the wind speak” en un guiño al glam, antes de un giro de 180 grados a escenarios acústicos en “Time is the reason”. Blues -rock de libro en “Dudi Judy” o “Evolution”, rock and roll sucio en “Ride me baby” o “Cat’s Eyes”, éste más cercano al sonido de los Stones; pero siempre con un tono dicharachero y divertido. Ritmos contagiosos en los que el órgano tiene un menor protagonismo, excepto en el extraño e inquietante “Every kind of magic”. El ábum se cerraba con “Angel of the highway”, un tema poseído por el wah-wah ofreciendo la mejor versión de si mismos en un corte desgarrador.

Bajo el pseudónimo de MONUMENT, la banda realizó su mejor trabajo con el título de “THE FIRST MONUMENT”. Cuenta la leyenda que en realidad el disco se compone de unas grabaciones que hicieron borrachos, pero lo cierto es que es el álbum más progresivo. Voces teatrales cercanas a Mike Patto, y una densa instrumentación en la que la oscuridad del magnífico órgano lo envuelve todo. Por otro lado encontramos algunos guiños a The Stooges, especialmente en algunas voces. pero si hay algo que destaca especialmente en este álbum es el sonido de sus teclados. Heavy-progresivo de altos vuelos con guitarras brillantes que se intercalan como en “State flesh”. Rock and roll en “Don’t run me down”. Con bastantes episodios teatrales en pura línea Arthur Brown, como “Give me life”  en la que los giros inesperados se suceden. Episodios pisco-progresivos en los que el envolvente sonido de los teclados nos adormece dejándonos en un estado de inconsciencia en “The metamorphosis tango”, o la mas apacible y lisérgica “Boneyard bume”.  La combinación del órgano pastoral frente a la agudas voces alternativas de “First taste of love” es solo el preludio a hirientes solos de guitarra ácida. Aquí está el verdadero poderío de la banda, la conjunción de esos elementos es uno de los valores de este trabajo. El álbum venía acompañado de un texto en el que se reflejan las conexiones de la banda con la brujería y el vudú. El álbum cierra con “I’m coming back” a ritmo de blues rock.

Al margen de que la caja contenga todas las grabaciones de ZIOR, tiene además el aliciente de contener en el CD 4 el álbum que grabaron a su regreso en 2.018,  “SPIRIT OF THE GODS”. Toda una sorpresa en la que la banda ejecuta temas que suenan a sesenta. Canciones con mucho tono negroide, y que conjugan tanto rock, blues, progresivo y sobre todo funk-rock. Oscuros temas en los que los teclados siguen sonando como hace cuarenta años. Un groovy especial que sigue la senda de la ceremonia del vudú que iniciaron al comienzo de los setenta. oscuros y experimentales en “The wicca maker”, con unos tambores tribales que inician el ritual. Ecos de Santana y Sly Stone en ·Crowman rises”, con un órgano penetrante y voces negroides. Blues-rock pantanoso en “Earth hell & fire” en línea Dr. John. Fuzz y voces salidas de ultratumba a ritmo de funk-rock en “Release the dogs”. La oscuridad de sus dos primeros álbumes se convierte ahora en un ritual de magia negra en el que no faltan temas bailables como “Eastwood bugsy” o oscuros pasajes psico-progresivos como “Sabbath 8” en el que dejan su impronta ocultista. Hard y rock enérgico en “Scorpion”, un tema que lleva el ritmo en las venas. no faltan temas puramente setenteros como “Storm chaser” en el se travisten de Grand Funk Railroad, con esos teclados penetrantes. En definitiva un sorprendente álbum que no desmerece de sus primeras grabaciones manteniendo la obscuridad, aunque ahora tenga matices distintos.

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Reseña.- ECSTATIC VISION.- “For the masses”

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Como si quisieran ocupar en el siglo XXI el espacio psico-cósmico que HAWKWIND ocuparon en los años setenta, ECSTATIC VISION publican su nuevo álbum “FOR THE MASSES”. Tras su anterior álbum “UNDER THE INFLUENCE” en el que exploraban las vibraciones afrobeat desde su particular visión, ahora nos invitan a un viaje psicotrópico por los confines del universo. Una bacanal de sonidos espaciales en los que las distorsiones juegan un papel fundamental y en la que toman prestados ecos proto-metal, kraut, heavy-psych, free-jazz, incluso algún momento más propio del proto-punk del Detroit  de finales de los sesenta y sobre todo un auténtico frenesí sonoro no apto para los no iniciados. Alejados de convencionalismos, y de cualquier apuesta comercial, los de Filadelfia, presentan su propio mundo paralelo. Un universo que veníamos intuyendo en sus anteriores trabajos y que nos lleva a una nueva dimensión en la que sus jams experimentan un frenesí de distorsiones y ritmos frenéticos. Todo un viaje cósmico en que no existen las reglas. Una explosión aturdidora a través de siete arrolladores temas en los que su experimentación no tiene límites.  Nuevamente bajo los auspicios del sello italiano Heavy Psych Sounds, Doug Sabolik (voz y guitarra), Michael Field Connor (bajo), Kevin Nickles (saxo, flauta, guitarra y sintetizadores), y Ricky Culp (batería) vuelven a impactarnos con su nuevo álbum. Una acertada portada nos de primer vistazo el contenido del surcos. Todo difuso y crudo, sin sutilezas.

El álbum abre con “Sage Wisdom”, una introducción de efectos entre los que los tambores se intuyen en la lejanía con las extrañas locuciones a las que nos tienen acostumbrados.

El legado de HAWKWIND, no tarda ni dos minutos en hacer acto de presencia en “Shut up and drive”. Los ritmos trogloditas y los efectos empiezan a acecharnos con los cadentes ritmos del bajo. Voces más propias del proto-metal con su habitual ecualización son el punto de partida de la espiral de efectos. Un motorik kosmiche completamente hipnótico es asediado por multitud de efectos. Las guitarras aparecen entre ese bacanal rítmica tratando de socavar el hipnotismo sonoro con sus solos ácidos.Como si quisieran poner luz entre las difusas atmósferas. El tema tiene una indudable vocación espacial que se combina con los narcóticos compases de la batería de Ricky y el bajo de Michael, mientras la guitarra de Doug aúlla. Una tortuosa odisea a través de espacios siderales que acaba alucinando lentamente hasta disiparse. Las su escucha, las neuronas están en plena ebullición.

Otro largo tema como es “Yuppie sacrifice”, con sus ocho minutos es el escenario perfecto para seguir desarrollando sus espirales sónicas. Efectos que no cesan con extraños sonidos mas propios del free-jazz, mientras la batería trata de hacerse un hueco. Esto no son sonidos de fácil digestión, pero si logran tragar se convertirán en todo un manjar. Vestido completamente de HAWKWIND, una nueva odisea aparece ante nosotros. Voces ecualizadas entre poderosos tambores y sintetizadores y guitarras histriónicas. Exuberante y aturdidor, el tema se instaura en siderales espacios de ambientación futurista.

“Like a freak” mantiene la vocación del álbum. en esta ocasión introduciendo ritmos más propios del hard-rock y el rock and roll más frenético de los setenta, las voces proto-punk se desenvuelven ahogadas entre la locura y rabia de un tema que está compuesto al servicio del ritmo sin perder el aura experimental y psicotrópico. Intenso y cósmico pero a su vez más terrenal. Una contraposición diabólica con un resultado sorprendente.

Los tambores tribales son el punto de partida de “For the masses”. Toda una paranoia en forma de free-jazz espacial en la que el saxo pone el punto de cordura a unos incesantes efectos. Un tema que haría palidecer a bandas de avant-garde. Inconexo y libre por completo, es una escenario propio para la locura. Un corte extraño de dificil digestión que pudiera ser prescindible.

Con una ambientación celestial con coros celestiales, “The magic touch”, con sus efectos espaciales describiendo una dimensión más allá del desasosiego, es la antesala de crujientes rifss repetitivos que nos devuelven al estado en que ECSTATIC VISION mejor se desenvuelven. Un espacio sonoro en el que se crean insondable atmósferas para la experimentación mas psicotrópica con algún eco tribal.

“Grasping the void” incorpora el sutil sonido de la flauta entre la turbia psicodelia espacial. En esta ocasión el legado de HAWKWIND es aderezado con una nueva espiral entre las gruesas y ecualizadas voces. Un tema hipnótico, kraut pero a la vez pesado y con una buena cadencia. Una vuelta a los paseos siderales en los que mejor se desenvuelve la banda, con sus tortuosos momentos y con guitarras tomando un protagonismo entre los efectos en este camino de regreso.

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Reseña.- SATURNA.-“Atlantis”

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Tras un largo periodo de gestación y trabajo ya está aquí el cuarto álbum de los barceloneses SATURNA. Inspirados por las vibraciones del proto-metal y el hard setentero de las que son fieles seguidores “ATLANTIS” se debate en esa encrucijada en la que los riffs contundentes y pegadizos conviven con buenas melodías vocales herederas del blues-rock mas desgarrado y las vastas llanuras desérticas.  Un ejercicio del rock clásico en pleno siglo XXI demostrando que el stoner mas ortodoxo puede estar perdiendo fuerza y que la sombra de Black Sabbath sigue siendo muy alargada convirtiendose en una fuente inagotable de inspiración. Pegadizos ritmos retro que galopan a toda velocidad guiados por la fantástica voz de James y sus contagiosos estribillos que te atrapan en sus fauces. Un efectivo trabajo compositivo en el que nada para haberse dejado al azar.  Aderezando algunas de sus armonías con toques de blues humeante no dudan en incorporar elementos de psicodelia en este paseo contemporáneo por el pasado más glorioso del rock. Un pasado que sigue estando presente en su punto de mira y que es trasmitido a cada uno de sus temas con personalidad propia y mostrado una madurez que se traduce en temas más ricos en su estructura. Letras que reflejan la visión de la vida de James hacen que cada tema tenga vida propia. Seguramente puedas escuchar aquí muchas vibraciones que no te resulten desconocidas, y precisamente ahí reside su encanto. Solidez y buen hacer que esperemos disfrutar en directo próximamente. En la grabación del álbum participó Oscar antes de que dejara la banda hace unos meses. En la presentación que la banda hará en alicante, así como en sus próximos conciertos participará Alexandre (Ex-Prisma Circus). Una magnífica portada obra de Jondis es el envoltorio perfecto para un contenido grandioso.

Desde los primeros de riffs de “Black Purple” queda patente la esencia de “ATLANTIS”. Divertidos y potentes riffs retro en los que el hard y stoner se fusionan en una causa común. Repitiendo esos riffs, James va guiando el corte a su capricho con un groovy dicharachero que rescata la esencia del rock and roll. Solos hirientes con una incansable base rítmica que no se da un momento de tregua. 

Si en el tema anterior queda claro la capacidad vocal, “Standing still” no hace sino corroborarlo. Rock clásico de altos vuelos con un gran tempo rítmico que desciende por momentos a espacios más lisérgicos para is ondulando en su peregrinación entre tiempos medios.

“Get over” es un ejercicio de hard rock con estribillos pegadizos con una cadencia melódica que nace de postulados vocales más propios de Sabbath para contonearse y seducirnos por la senda del retro-rock. Ritmo infatigable entre brillantes guitarras en otro tema de fácil digestión.

“Way too long” es un tema que la banda viene incluyendo en sus shows desde hace tiempo. Con algún guiño Sabbath, aquí descienden a escenarios más lisérgicos. Manteniendo la esencia setentera caminan por el lado sosegado con bellos pasajes de guitarra.

Dejando claro que no solo de pesados sonidos vive SATURNA, una magnetica calma es el entorno en el que se desarrollan alguno de los  temas como “Dusk and down”. Ensoñadoras atmósferas lisérgicas que adoptan forma de balada ofrecen el lado mas tierno y dulce de la banda.

Si hay algo que aparece con frecuencia en muchos de los temas es la herencia Sabbathica de los barceloneses. prueba de ello, temas como “Ahead” o “Last forever”. En ese debate continuo entre el hard rock y el proto-metal, el primero de ellos ofrece una visión más des´sertica con sus solos humeantes en los que el fuzz aparece imponenete, mientrás el segundo se desarrolla en un entorno de oscuridad. Menos frenético, pero no ello menos intenso sus hirientes solos acaban sucumbiendo a las vibraciones setenteras más al uso.

Tanto “Atlantis in bloom” como “Distan shores” se recuestan en escenario de blues rock con tintes retro. Calma y sentimiento reflejados la belleza de sus acordes entre humeantes espacios psicodélicos que por momentos llegan a evocarme al mismísimo Robin Trower. Sonidos vintage que   siguen estando vigentes en el siglo XXI.

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Reseña.- ACID ALICE “The road”

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Tratando de rescatar el rock clásico de los setenta los mexicanos ACID ALICE publican su debut. Con mimbres sacados de los setenta construyen un cesto moderno y divertido. Hard-rock, psicodelia, blues rock, proto-metal, stoner, todo tiene cabida para crean un sonido fresco, potente y divertido. Uno de esos disco que te puedes poner una y otra vez porque no hay un momento de aburrimiento. pesados, lisérgicos, rítmicos, desgarrados, Como si los espíritu de Jimi Hendrix, Johnny Winter, Jim Morrison o tantos otros, regresaran de los cielos para introducirse en los cuerpos de estos chicos. Temas de gran dinamismo y fantástico groovy. Pesados pero rítmicos e incitadores al baile. La banda sonora para una fiesta endiablada de rock and roll a la vieja usanza usando elementos modernos. Seducción constante, bien sea a través de contagiosos ritmos o de desgarradores momentos de psicodelia, siempre con el blues como referente. Toda una sorpresa que nos llegaba la pasada primavera y que persiste como uno de los debut más destacados del año. Dos guitarras asesinas y un vozarrón al servicio de una implacable base rítmica hace que cada tema, fluya de manera vertiginosa e intensa.   Desgarradores y desenfrenados, sus temas recorren todos los estilos de la década dorada del rock and roll. Absolutamente recomendado.

El disco se  abre con un la poderosa “Acid Horse “. todo un volcán en erupción que me recuerda por momentos a Cactus. Atronador tema de blues y hard rock de siempre con un aliño que lo stoneriza para acabar convirtiéndose en un corte de rock and roll por las bravas. Toda una chincheta en nuestros asientos que hará que botemos.

La batería y el poderoso bajo hacen la llamada al fuzz en “Destroy me”. Con una seductora cadencia vocal y un fantástico groovy rítmico, la garra y los tonos heavy-psych de esas guitarras hirientes, construyen un tema retro en el que el wah wah y el fuzz consiguen crean auténticas nebulosas lisérgicas. Todo un trance psicotrópico que nos envuelve en en un caleidoscopio hard. Imposible resistirse.

Con un inicio similar al “Rock and roll hoochie koo”, “Coming home” se desarrolla entre boogie-rock y fuzz. Alegre, contagiosos y absolutamente enérgico.

Tejiendo una tela de araña, el stoner y el hard rock se fusionan en “Free”. Un tema ondulante, que no esconde su vocación vintage. Un viaje en el tiempo de ida y vuelta en el que la voz de desangra bajo poderosos y contagiosos ritmos.

La banda no baja el pistón en  ” Wolf “. otro desgarrador registro en el que los ritmos de heavy-blues mas endiablados aparecen sobre ácidas guitarras.

Como si hubiera dos partes en el álbum, ” In My Memory “, se construyen sobre un blues lisérgico lleno de crudeza y desgarro. guitarras que se lamenta y voces que se quiebran sobre un torbellino rítmico de grandes proporciones. Un tema crudo y profundo que socaba tus sentidos..

“I’m losing the stars” es otro blues desgarrado e hiriente. Primitivo, áspero e incisivo, reposa en su parte central en momentos llenos de acidez. Otro tema, que bien pudiera haber sido compuesto de 1970.

Un magnético bajo encontramos en ” Broken Man “. un corte proto-metal que sirve de lucimiento a su cantante Darcy Core sobre esa estructura heavy-blues del siglo XX en la que los riffs nos golpean con parsimonia pero con contundencia antes de una nueva orgía de instrumentos desbocados.

Cambiando el registro, efectos de sitar y drones, abren “Fata Morgan”. Un tema que me recuerda al mítico “Riders on the storm” de The Doors. En los mismos tonos cadentes, y con esa cálida voz que emula a Jim Morrison, van oscilando entre el frenesí y esos espacios chamánicos en los que el blues más ácido impregna nuestros sentidos.  

Cambiando completamente, el registro, “Hate”, cierra el álbum en tonos acústicos. Las guitarras, y la seductora voz, esta vez acompañada de unos coros en segundo plano,  construyen un tema diferente, pero no menos impresionante.

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Reseña.- SKUNK.- “Strange vibration”

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“STRANGE VIBRATION” es toda una lección magistral de como hacer proto-metal y hard-rock 45 años después  de que nacieran esos sonidos y parecer como si hubiera sido hecho entonces. SKUNK dejan claro con sus propias palabras de donde vienen sus  influencias, y sin duda, eso queda reflejado en este álbum. Siendo Black Sabbath una referencia para muchos, aquí también encontramos vibraciones de otras grandes coetáneas de aquellos años como Sir Lord Baltimore, Budgie, Granicus….. y una larga lista que podríamos nombrar.  Pero también podemos encontrar reverberaciones más propias de bandas como Grand Funk, Led Zeppelin o Leafhound, por citar algunas. Blues y psicodelia en las entrañas de unos surcos que están llenos de vitalidad, de riffs infecciosos y de hechizantes momentos psicotrópicos. Acercándose por momentos a postulados hard & heavy, la banda se desenvuelve con facilidad en todos los terrenos. Bien sea en los momentos más salvajes, bien en los momentos en los que descansa el guerrero. El particular registro vocal de John McKelvy, situado en algún ligar entre Ozzy Osbourne, Geddy Lee (Rush) o Burke Shelley (Budgie) le da un tono particular a la banda. Por otro lado, los laberintos de las guitarras de Dmitri MavraErik Pearson siempre están cuando los necesitas, o incluso cuando menos te lo esperas. Ya nos habían avisado en su demo “HEAVY ROCK FROM ELDER TIMES” del potencial que tenían; algo que confirmaron con su anterior álbum “DOUBLEBLIND” y que ahora pueden colgar de la pared con la orla con “STRANGE VIBRATION”. Toda una patada en el trasero para remover convencionalismos. Uno de esos disco que te recuerdan que estás vivo y que nadie debería pasar por alto. Publicado por Fuzzy Mind Records. 

“Strange Vibration”, el corte que da nombre al álbum, parte de riffs típicamente hard-rock setentero, aderezado con buenas dosis de blues entre aullidos de fuzz. Entre lo ocultista y lo chamánico, SKUNK lanzan un hechizo intoxicante. Cual lobo en lo alto de la colina aullando ante la mirada de la luna llena, las guitarras hacen su papel, custodiados por fornidos bosques de doom y blues en una combinación que te deja k.o. 

Por la senda más ortodoxa del proto-metal se desarrolla “Stand in the sun”.  En algún lugar entre Budgie y Sir Lord Baltimore, los estribillos y los ritmos pegadizos, junto a las voces sabbathicas, el tema no reniega de en descender a cavernas con efluvios lisérgicos.

Nidos de serpientes entre una bacanal de riffs con un ritual de apareamiento. El tema evoluciona a momentos hard & heavy con ecos de Granicus.

La senda del hard-retro se recorre a buen ritmo en “Light and shade”. Con esa voz chillona que no llegas distinguir si canta con “falsetes” o es así de natural, el tema coquetea con oscuros momentos de corte ocultista. Si bien los ritmos, especialmente el de la batería de Jordan Ruyle, son de corte Zeppelin, la cadencia y la vocación del mismo sigue otros derroteros. Una de las grandezas de esta banda es que podemos encontrar distintas influencias entremezcladas con habilidad para componer un tema con personalidad. Si, nos puede sonar a muchas cosas, pero probablemente eso es lo que pretendan los de Oakland.

Construyen a base de ecos Hendrix acompañados de un groovy vocal y ritmico a caballo entre Grand Funk o Captain Beyond un tema como “Blood moon rising”. A base de fuzz y ritmos funkies, juguetean con el blues humeante en una ceremonia de vudú en la que los demonios salen fuera de nuestro cuerpo. Absolutamente contagioso eso jodido ritmo!!! ¡¡¡Si tus pies permanecen en reposo es que estás muerto!!.

Un título como “Goblin orgy” no puede dejar dudas de su contenido. Toda una orgía de heavy-blues con atropellados ritmos que se enzarzan entre sí como si se estorbaran a sí mismos. En una huida hacia a delante, de una forma diabólico el tema se acelera transformándose en algo más tenebroso sin perder su carácter vibrante.

Los californianos no tiene rubor en ejecutar temas heavy-psych en los que los acordes de guitarra respiran de alguna manera de vientos exóticos. Así “The black crown”, con una batería que nos presagia que algo va a suceder con ritmo ritual, ofrecen un tema más ácido en el que los elementos doom y blues tienen su protagonismo. Desde esas cavernas oscuras y abyectas, emergen riffs doom para llevarnos a pantanosos espacios de psicodelia pesada y humeante. Un paseo por umbrías boscosas en las que neblinas aturdidoras.  Un tema bien estructurado con un gran trabajo de las guitarras, sabiendo compaginar los riffs afilados con la pesadez rítmica. Casi diez minutos en los que SKUNK dejan muestra de todo su potencial  en el que posiblemente sea el corte más destable del álbum.

Instalados en el rock de los setenta, ritmos Zeppelinianos abren “Evil eye Gone Blind“. Ahora con un registro vocal que por momentos se acerca a Bon Scott, el rock and roll queda reflejado a base de animados ritmos y pegadizos estribillos. Tema bailable en el con aparece algún momento Cactus, con guitarras serpenteantes que vuelven a aullar en solo licantrópicos.

En esa onda divertida, y por escenarios hard-retro, “Star power”, reunen la mayor parte de los elementos del proto-metal. Una evolución de los sonidos más primitivos y cavernícolas que van puliéndose apuntando el camino del hard & heavy.  Altas dosis de energía en su interior.

“The cobra’s kiss” a base de ritmos retro con genes zeppelinianos, sigue la dinámica del resto del álbum. Fluidez y ritmo, ahora con voces y coros que te enganchan. instalados en los setenta, los pedales de las guitarras echan humo. Nuevamente una orgía de ritmos y riffs ejecutados a toda velocidad. Frenético y pegadizo contiene buenas dosis de blues en sus entrañas. Escarbando en el tema podemos encontrar múltiples estilos que conviven en armonía en un mestizaje de estilos que resulta efectivo y preciso. 

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Reseña: HIGH REEPER.- “Higher Reeper”

a0070988568_10Su alabado debut, a hecho que desde el anuncio de la publicación de ésta segunda entrega, haya despertado mucha ansiedad entre todos aquellos que vieron maravillados con su disco debut. El momento ya ha llegado, y aquí están HIGH REEPER, y su álbum “HIGHER REEPER”. Este nombre parece ser toda una declaración de intenciones, ya que, si en su debut, apostaban claramente por las resonancias proto-metal en las que Black Sabbath tenía una influencia importante, en su nuevo álbum, no dejan margen a la duda. Un trabajo con ocho temas en los que el sonido Sabbath se acentúa mucho más su cabe. Fuertes y oscuros riffs herederos de las primeras bandas proto-metal como Bang, Budgie, Pentagram, y, por supuesto el legado de Tony Iommi y sus ecos , no renunciando a vibraciones Motorhead o Judas Priest, que son todo un referente para los de Filadelfia. Temas doom con connotaciones heavy,  que claramente tienen las influencias citadas, pero como la propia banda dice, no estamos en los setenta, y HIGH REEPER no trata de hacer música de los setenta, sino que su objetivo es hacer música del siglo XXII,  aunque, cualquiera que escuche alguno de los temas contenidos aquí, y le preguntes: ¿A que suena ésto? La respuesta será, sin ningún genero de dudas: A Black Sabbath. Estamos ante un trabajo en el que los temas parten de un riff, un riff que es repetido y elevado tratando de ir más allá. Unas modulaciones que en el fondo, resultan atractivas y nos sacan de la monotonía. Aunque para mí, después de escuchar el disco varias veces, sea muy difícil identificar ninguno de los temas con solo oír unos acordes, lo cierto, es que el resultado es eficaz y atractivo. Las canciones que pueden parecer iguales, pero cada una de ellas tiene su toque particular y sus matices.

“Eternal Leviathan” desde el primer riff nos muestra la épica que nos espera . Bebiendo de la´pócima del proto-metal setentero y con una línea de bajo que recuerda a Geezer Butlers. Oscuros, espesos, y grandilocuentes, avanzan sobre unos acordes que poco a pco se van modelando , pero sin perder la línea que ellos mismos se han marcado. Ciertos momentos de acidez hacen que las resonancias no sean tan pesadas. Cadencia, sí, pero sin una pesadez extrema. El groovy vocal con los cambios de registro de Zach Thomas nos traslada a décadas pasadas.

Por un camino que me trae a la cabeza ecos de Budgie, “Buried alive”, se sumerge en la vibraciones de prot-metal. Estamos ante un tema en el que la banda parece contenida. Sus riffs presagía una explosión que no se llega a producir. Es como si se mostrara contenidos, tratando de arrancar en algo más fuerte, mantienen la intensidad sin sobrepasar la raya. Como si la maquinaria no terminara de arrancar, se mantienen al ralentí repitiendo el mismo riff, algo que sucede en todos los cortes del disco, lo que dá pie a un mayor desarrollo de las melodías.

No solo de doom y proto-metal vive HIGH REEPER, las vibraciones desérticas son más patentes en “Bring the dead”. Siempre con los ecos de los setenta en unos temas que son cosntruidos en 2.019 y que no parecen querer copiar a sus mayores y fuente de inspiración de su música. Los tintes retros existen, ¡claro que si!, pero este sonido no es un calco de los pioneros de los setenta. Una mayor insistencia y persistencia en una estructura modulada hace que suene distinto a aquellas reverberaciones.

Para descuadrar al oyente cuadriculado crean “Apocalypse hymn” el tema que más me ha emocionado de todo el trabajo. a través de sonidos acústicos crean un tema que  tiene unas ciertas connotaciones de west-coast. Por la senda de Dino Valenti, las voces nos susurran en un relajante corte lleno de sentimiento y melancolía que toma prestados algún elemento folk psicodélico para construir una joya de tema. Un tema de tonos grises que hará que los sentimiento salgan a flor de piel bajo su gris aspecto. Seguramente si el carácter de estos chicos fuera otro, este tema podría durar el doble de tiempo desarrollando mucho estas apacible atmósferas, pero ellos lo tiene claro, sus temas guardan una misma línea y prácticamente todos están los cinco minutos. 

En “Foggy Drag” me encuentro con una gran paradoja. Si la estructura y la oscuridad es plenamente heredada de Black Sabbath, entre sus riffs aparece una cadencia que, salvando las distancias, podríamos encontrarla en los británicos Free. Puede parecer una contradicción, pero si escarbas en sus acordes, verás esos ecos entremezclados con sus oscuros riffs. Siniestros e inquietantes, los tintes ocultistas están presentes en otro oscuro corte.

Los riffs humeantes y pegajosos se montan todo una orgía en  “Obsidean peaks”. Un nuevo sortilegio en el que la maquinaría rítmica no se da un respiro. Frenético por momentos, la lentitud de tonos doom presente en el resto de cortes, aquí desaparece de alguna manera, sin que eso signifique que la banda pierde su vocación.

Ya sumidos en el caos, “Plague hag”, recuerda más al carácter de su primer álbum. Inasistentes riffs de corte más stoner se van metiendo en un pogo de ritmos y vibraciones alocadas en el que las influencias se revuelven en una batidora esquizoide en la que los cambios de ritmos y registro son constante. Un caos controlado, o no…. pero con un resultado atractivo y estimulante. Solos afilados e hirientes con bajo doom, entre densos y pesado ritmos cansinos en una orgía de fuzz humeante y narcótico a su vez.

Para cerrar, nuevamente la locura compositiva se apodera del quinteto. “Barbarian” es otro conglomerado de doom, stoner, riffs 70’s con un claro tono vintage. Pasicodelia ácida entre el poderío de sus perezosos y plomizos ritmos, con la vocación Sabbath dejándose ver como lo ha hecho en todo el disco. “HIGHER REEPER”, es precisamente eso, HIGH REEPER, pero en una etapa más madura, más centrados, y yendo más allá en su propuesta y en su vocación. Y si, estoy seguro que este trabajo volará las cabezas del personal con su hipnotismo y su vocación. Estamos ante un relato que parece que ya hemos vivido, pero en realidad, es todo un mundo por descubrir lo que tenemos en sus surcos. Una aventura que dará grandes momentos si la vives a un volumen alto en tu reproductor. 

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Reseña: GREEN LUNG.- “Woodland Rites”


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Después del buen sabor de boca que nos dejó su EP “FREE THE WITCH” publicado el pasado año, había ganas de una nueva entrega de los londinenses. Y la espera ha merecido la pena tras escuchar éste “WOODLAND RITES”. Ya el título del álbum y especialmente la portada nos dan pistas de lo que podremos encontrar entre sus surcos. Un ritual ocultista en bosques sombríos en los que el proto-metal se une con el heavy-rock bajo la mirada de una neblina de psicodelia y stoner que no prescinden de las melodías; influenciado por Black Widow, Black Sabbath, (especialmente esa cadencia vocal que nos recuerda al mejor Ozzy) o la imaginería Comus.  Una liturgia de riffs a los que une un órgano inquietante y unas voces y coros hechizantes. Como el propio título del álbum nos indica la liturgia oscura de apariencia satánica se presenta a través de ocho impactantes temas que no te dejaran indiferente. Teniendo en cuenta que no soy muy amante de las vibraciones heavy-metal, me postro a sus pies cuando son combinadas y ejecutadas de esta manera tan impresionante. La banda utiliza la estructura de las dos caras de un vinilo para hacernos propuestas distintas, algo que encontrábamos en los setenta con muchas bandas que usaban una cara del disco para un tipo de temas y len la otra cambian su registro. En este caso sucede algo parecido.

Una guitarra en tonos acústicos crea la atmósfera propicia en “Initiation” para adentrarnos en las profundidades de los dominios del quinteto en los que la brujería tiene todo el poder.  Tras seducirnos con esos acordes, el heavy-metal hace acto de presencia de una forma majestuosa. Una épica aplastante, en la que las voces están ausentes hasta el enlace con el tema siguiente, “Woodland rites” donde una locución amenazante da paso a poderoso riffs y una voz que recoge el legado de Ozzy. Densos, con afiladas, guitarras y un bajo inquebrantable, van modulándose con seductoras melodías, para atraparnos entre sus garras y arrojarnos un vendaval de  heavy-rock.

Recuperando el legado proto-metal, nuevamente nos introducen en “Let de devil in”.  El heavy-metal de los ochenta en una encarnizada lucha con las vibraciones pioneras del metal los setenta. Lo que puede parecer una contradicción, es algo completamente pretendido. Una unión de dos mundos que se unen en beneficio del mal. Voces y coros, así como una cadencia media, hace que poco a poco caigamos en ese hechizante sonido, con el conjuro que llega desde un órgano que parece pasar desapercibido pero que crean el clima necesario dentro de la exuberancia rítmica.  

Coros eclesiásticos y un sonido del órgano inicial una nueva liturgia que sin disimular, se sumerge en lo ocultista. “The ritual tree”, un inquietante nombre para una canción que le hace honor. Una celebración invocando al diablo con vestimentas heavy-metal y cantos magnetizantes. El contraste entre el bien y el mal, en una lucha desigual. La segunda parte de la canción desciende a las profundidades más psicotrópicas, con calmados momentos en el que el órgano mantiene la tensión mientras las guitarras se afilan para cortar la respiración con una nueva embestida de riffs y solos que poco a poco se van elevando y agigantándose en espesuras en las que fugazmente aparece la luz.

“Templar dawn”, nos ofrece los mas oscuros momentos. Aquí el ocult-rock se muestra ya sin tapujos. El relato de película de terror está servido. Los cánticos rituales se envuelven en llamas de guitarras que se contonean cual sirvientes. Adeptos a la causa, que ya no se ocultan en ropaje alguno. El órgano y el bajo amenazante muestran todo su poder. Vestigios Sabbath se inclinan al doom, con riffs despuntando ocasionalmente haciendo que su base rítmica se postre a sus pies.  Sin darnos cuenta, el quinteto a creado el clima perfecto para que los discípulos de belcebú salgan de su guaridas para rendirle tributo.

Cada tema se inicia con una pequeña locución y “Call of the coven” no iba a ser menos. Sin distracciones, los londinenses vuelven al heavy-metal, con toda su parafernalia, mientras la voz de Tom Templar mantiene sus registros. El tema sirve de lucimiento para Scott Masson y sus solo propiamente heavies.

“May queen”, con sus cerca de siete minutos, es el espacio propicio para que la banda cambie un poco su discurso, y se muestre más compleja en su composición. Con hechizantes momentos con voces seductoras y la ambientación del órgano, así como una bajada de revoluciones, construyen un corte que permite comprobar el crecimiento como banda de GREEN LUNG. Un tema elaborado que te seduce poco a poco, sin violencia. Son los momentos más heavy-psych del álbum. Una psicodelia que se viste de tonos vintage. Por los mismos derroteros, “Into the wild”, ahora de con una introducción más contundente, pasa a calmadas atmósferas, entre lo psico-progresivo y lo ocultista, sin terminar de deshacerse de sus ropajes setenteros. Aquí es donde aparecen momentos Black Widow, con una cadencia de órgano y bajo a medio gas. Las arremetidas de gruesos riffs metálicos no faltan a su cita, acudiendo a la llamada del clérigo cuando este lo requiere. Ondulante y nebuloso, se va aderezando con mesura con esas guitarras que nos habían mostrado en el resto de los temas. Una montaña rusa de vibraciones que se contonea en su danza, para adormecernos y despertarnos a su antojo.

GREEN LUNG son: Tim Templar (voz) John Wright (órgano), Scott Masson (guitarra), Andrew Cave (bajo) y Matt Wiseman (batería). “WOODLAND RITUAL” sale publicado por  Kozmik Artifactz.

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