Reseña: RYTE.- “Ryte”

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Pudiera parecer que se cumple aquel dicho de… “A rey muerto, rey puesto”, ya que hace unas semanas los austriacos PASTOR publicaban su álbum de despedida, y ahora nos llega esta secuela con la nueva banda de sus guitarristas Arik y Shardik.  Nada mas lejos de la realidad, ya que éste álbum viene gestándose desde finales de 2.016. Con el objetivo de hace psicodelia pesada sofisticada, la banda no se pone ningún límite a su capacidad creativa utilizando distintos elementos progresivos, espaciales, doom, proto-metal, etc…, para dotar de frescura a los cuatro largos temas que contiene el álbum sin perder un ápice de la pesadez que les había caracterizado en su anterior banda. Toda una aventura con un resultado monumental y grandioso. Seguramente sea el mejor álbum heavy-psych que haya escuchado en los últimos tiempos, y teniendo en cuenta la cantidad de discos que pasan por el radar de DenpaFuzz, es mucho decir. Una dupla de guitarras difícilmente superable son el soporte de esta aventura de sonido expansivo, pesado y lisérgico. Con una aparente vocación de jam, los deliciosos pasajes ácidos se enriquecen con multitud de matices y giros que hacen que nada aquí resulte aburrido. Coloreando con místicos elementos orientales en ocasiones, con oscuros momentos herederos de Black Sabbath en otros, o con espirales diabólicas en pura línea Earthless, cada tema es un filón del que en cada escucha puedes sacar nuevos motivos para seguir cavando en él. Estamos ante un debut con un potencial y una calidad  increíble en el que la perfección estilística de cada composición les sitúa en un espacio superior a la mayoría de las producciones de la escena heavy-psych. En su mayor parte instrumental, la aparición ocasional de las voces, es un aliciente más para que el resultado alcance la perfección. Seguramente hablar de obra maestra, o de disco del año, teniendo en cuenta la cantidad de álbumes que se publican cada día,  pueda parecer algo presuntuoso, pero seguramente serán muchos los que coincidan conmigo cuando se sumerjan en esta maravilla en la que todo fluye de una forma natural y sincera. Una tela de araña llena de hilos psicotrópicos que te atrapan en su interior y de los que dificilmente vas a poder escapar. ¡Sublime!

A mediados de 2016, Arik (guitarra y voz) y Shardik (guitarra y efectos) decidieron comenzar un nuevo proyecto juntos y estaban buscando a alguien con quien tocar. Por casualidad se encontraron con el batería Hannes Ganeider (batería) en un show en Viena. Poco después se fundó RYTE. Lo único que aún faltaba era un bajista. La banda finalmente encontró la última parte que faltaba a fines de 2016 y luego completaron el cuarteto Lukas Götzenberger en el bajo. Pasaron al menos un año intenso de ensayos continuos y sesiones de composición para obtener un set en vivo y, por supuesto, un álbum juntos. A fines de 2017, organizaron su primer show (privado) en su lugar de ensayo en Viena, con un espectáculo de luz líquida alucinante realizado por “Ufonauten”. Luego, en 2018 y 2019 tuvieron la suerte de tocar en festivales como Lake on Fire, Stick & Stone y compartir escenarios con increíbles bandas de ideas afines como Sacri Monti, Golden Void o Mothers of the Land, por nombrar algunas.

“Raging mammoth” desentierra a través de efectos y distorsiones ese mamut rabioso que emerge con brillantes momentos heavy-psych para mostrarse majestuosos. Un clímax de expectación que la banda sabe generan con naturalidad y eficacia. Las dos guitarras, sonando en distintos planos dan paso a momentos proto-metal. Fluyendo de una forma natural y pesada, va evolucionando a espacios stoner-psych en los que los afilados solos van creando una auténtica bacanal de sonidos en pura línea Earthless. Creando una tupida tela de araña en la que las vibraciones psicotrópicas campan a sus anchas. Con una cierta carencia Sabbath en sus riffs los austriacos se decantan por la psicodelia pesada en estado puro. Con momentos pseudo-espaciales la odisea ácida se aleja del sonido que sus guitarristas Arik y Shardik habían hecho con anterioridad en la banda PASTOR.  El tema tiene constantes giros sin perder nunca su conexión ni su vocación psicotrópica. Los momentos proto-metal esquizofrénico son un auténtico jardín esquizofrénico que acaba convirtiéndose en una jam diabólica. La banda parece dejarse llevar por sus instintos más precarios.

De nuevo, una introducción con efectos evolutivos desata las hostilidades de un fuzz hilarante en “Shaking pyramid”. El riff principal avanza lentamente, pero sin dar un paso atrás, a pesar de esos constantes giros en la trama que vuelven a repetirse aquí, sin que eso nos haga perder el rumbo, sino que hacen que estamos atentos y enganchados. Insondables espacios de psicodelia pesada se abren ante nosotros con esos desarrollos de guitarras solventes. Ondulantes y con el gancho suficiente, RYTE incorpora ritmos rituales a través de los tambores en línea Santana para recorrer la senda con habilidad, recorriendo esos espacios con acierto y gran habilidad para mantener al oyente atento haciendo que los complejos solos resulten atractivos y de fácil digestión.  Los oscuros momentos aparecen ante nosotros entre nebulosas psych. Entre la exuberante maraña lisérgica y los ecos Sabbath nos sorprenden con unas voces breves que surgen de las tinieblas a las que han llevado el tema. Una construcción que parece haberse dejado al azar de la improvisación con un brillante resultado. Nunca sabes que te puedes encontrar a la vuelta de la esquina, pero a pesar de ello, todo está ensamblado con esmero. La parte final recupera los insistentes y pesados riffs proto-metal.

En “Monolith” ecos y riffs más propios del heavy-rock con sus armonías repitiéndose nos ponen en ruta antes de que, en un nuevo giro, un cadente bajo nos traslade a espacios de exótica psicodelia aromatizada con las guitarras creando una nueva odisea sonora que toma prestados con sutileza algún momento jazz. Tonos orientales que se incorporan con destreza y naturalidad haciendo que la solidez de la composición no se resienta, sino que, por el contrario, se enriquezca. Guitarras que se clavan como cuchillos en la mantequilla, y manteniendo los dos planos diferentes logran complementarse dentro de la locura psicotrópica que reside entre vivaces ritmos.     La libre creación los lleva a la construcción de monumentales pasajes de psicodelia pesada en línea Earthless con momentos llenos de épica.  Tras la tempestad llega la calma para ofrecernos un respiro en esa orgía de solos, efectos y distorsiones. Magnetizantes y reconfortantes pasajes cierran un tema lleno de épica y exuberancia creativa.

Los ocho minutos finales de “Invaders” se alejan de esa psicodelia pesada que contenían sus temas precedentes para ofrecernos los momentos mas pesados del álbum.  Fornidos riffs de vocación doom ondulan esplendorosos antes de una embestida heavy-rock en toda regla. Como una goma que se estira y afloja la banda tensa su sonido antes de una inmersión en oscuras aguas proto-metal de donde las voces emergen con ciertos tonos ocultista, para transmitir inquietud entre sus tenebrosos pasajes. Avanzando a paso lento retoman las atmósferas psicodélicas con aromatizados pasajes. Bajo una estructura sencilla y aparentemente inconexa construyen un nuevo edificio sonoro con ventanas que miran a distintos estilos sin salirse nunca del guion prefijado. Un tortuoso transito que regresa a sus orígenes en su parte final con ese fuzz profundo e hiriente entre densos y humeantes ritmos.

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Reseña: ISLES OF MARS.- “Isles of mars”

a4213650809_16¿Eres amante de bandas como May BlitzLeadhoundCaptain BeyondSir Lord Baltimore o Graveyard? Si  la respuesta es SI, no deberías pasar por alto el debut de los alemanes ISLES OF MARCH.

Con la brújula puesta en los sonidos del proto-metal y el hard-rock setentero el trío de Manheim, compuesto por David S. (voces y guitarra) Dave Brechbilder (batería), Gregor K. (bajo) , sin impostar su sonido nos ofrecen su propia visión de aquellos gloriosos ecos. Siempre debemos de diferenciar cuando una banda trata de “copiar” vibraciones del pasado y cuando éstas nacen con naturalidad; aquí estamos en el segundo caso. No se trata de copiar y reproducir el sonido de los días pasados, sino de seguir su propio camino y disfrutar con la música hecha con honestidad y con sudor tras unos buenos ratos en el local de ensayo con unas cervezas haciendo lo que verdaderamente les gusta. Esa es la sensación que tengo tras escuchar este magnífico trabajo. Siempre es una alegría encontrarte con bandas así, con esta frescura desbordante y este sonido nítido en el que los instrumentos se respetan unos a otros, siempre en busca de una causa común. Todo con mesura, con ritmos llenos de dinamismo que van serpenteando incorporando distintos elementos que no hacen sino enriquecer cada tema. Con las suficientes dosis de proto-metal, de blues y de psicodelia consiguen su objetivo para deleite de todos nosotros con un solo pero…. Sus veinticinco minutos no son suficientes, ¡¡¡¡Quiero más de esto!!! Esperemos que esto solo sea el principio de más entregas,

“Psychopompos” abre sin miramientos con riffs retro bajo una dinámica base rítmica. Dejando claro por donde van los tiros, y con unos instrumentos sonando cristalinos van serpenteando por escenario de hard-rock clásico. Tonos retro sin estridencias y un aroma a blues adornado con vientos de psicodelia, construyen un tema a semejanza de los Graveyard que nos sorprendieron en sus comienzos. El sonido de wah-wah de la guitarra zigzaguea en un avance que jamás mira hacia atrás. Viejas vibraciones con un enfoque moderno. Instrumentos que toman su momento de protagonismo en beneficio de un objetivo común. Con la suficiente acidez como para estar hablando de hard rock estereotipado a pesar de que sus armonías puedan resultarnos conocidas. Un tema en el que todo suena fresco y cristalino a pesar de que los alemanes utilizan sonidos con mucha solera. La guitarra de David S. juguetea constantemente con tonos que abarcan la psicodelia y el blues mientras sus compañeros lo le pierden jamás de vista.   

Con cadentes ritmos más propios del proto-metal que todos conocemos, “Black tongue” me recuerda a esos crudos sonidos que ambientaban los primeros años de la década de los setenta en el Reino Unido. Contagioso y siempre ondulante, pero con la mirad apuesta en el horizonte conjugan coros y voces divertidas y pegadizas. Leves ecos Sabbath que dejan paso a solos ácidos en los que el wah-wah. Arrastra a la base rítmica. Un tema para subir el volumen y apretar el acelerador. Con dos partes bien diferenciadas pero amarradas con acierto, se dejan llevar por atmósferas más psicodélicas entre los poderosos ritmos proto-metal. Vibrante e infeccioso sus notas rezuman humo narcótico y estimulante a pesar de que sus riffs caminan como un paquidermo.

Una apertura purpleliana arranca en “Lady atrocity” para golpearnos con toda la energía hard. Oscilaciones en plena línea retro-rock ponen de actualidad aquellos viejos sonidos que nos enamoraron hace décadas. Estamos ante un tema primitivo que es suavizado por su vocalista David. Fluyendo de forma natural el tema recorre meandros y cascadas a lo largo del tema, fluyendo todo de forma natural. Una orografía ondulante que no se detiene ante nada, lo que no significa que encuentre remansos a su paso en los que ofrecernos su lado más lisérgico. Manteniendo el espíritu del rock cavernícola el corte es ejecutado con moderación. Uno de esos temas en los que uno no es capaz de encontrar fisuras.

En aguas algo más calmadas y con coloristas riffs netamente retro, “Fields of elysium” tardan poco en despeñarse sobre sus vitales ritmos en un catálogo de riffs pegadizos. Siempre dejando espacios para la calma y por una senda cercana a los primeros Atomic Rooster incorporan leves pinceladas psico-prog. Un leve toque de color entre el proto-metal casi ortodoxo que la banda practica con tanto acierto. Sin mirar atrás se despeñan por precipicios escarpados en los que las guitarras miran hacia los lados para buscar aromas psych que amortigüen el descenso con floridas fragancias llenan de frescura. Si ofreciendo poderosos riffs, los alemanes se encuentran en su ambiente, en estos escenarios más experimentales no le andan a la zaga. Brillantes momentos de psicodelia colorista adornan un tema con nervio, pero también con sentimiento y belleza.  

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Reseña.- RAINBOWS ARE FREE.- “Head pains”

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La banda compuesta por Brandon Kistler (voz), Richie Tarver (guitarra), Joey Powell (guitarra rítmica), Jason Smith (bajo) y Bobby Onspaugh (batería) regresa cinco años después con su tercer álbum, y no podía hacer de mejor manera. Los de Oklahoma, crean un álbum inclasificable pero sobresaliente. Altas dosis de versátil psicodelia que conviven con oscuros momentos góticos mas propios de Sister of Mercy o Bauhaus  con una notable influencia del legado Morrison. Sonidos alternativos con poderosos ritmos y mucho fuzz. Si a esto añadimos que se atreven a sumergirnos en sinfónicos momentos progresivos el cóctel puede parecer atrevido. Pero precisamente de ahí es de donde la banda saca todo lo mejor que tiene dentro. Sin ceñirse a ningún guión, lograr que el post-punk, el hard rock, los sonidos arenosos rebosantes de fuzz confraternicen de la mejor manera posible. Siempre sorprendiéndonos con cada tema, su versatilidad es su mayor aval. Toda una garantía de que escuchando “HEAD PAINS”, no hay lugar para el aburrimiento. La larga espera ha tenido su recompensa y serán muchos los que se congratulen con éste nuevo álbum. Para otros una oportunidad irrechazable de conocer a una gran banda.  El álbum es publicado vía Argonauta Records y Horton Records.

“The sound inside” abre el álbum con esa psicodelia intrigantes que se eleva misteriosa entre oscuras brumas. Cadente y con voces catártica herederas de momentos góticos de los ochenta. La new wave y el post-punk versus la herencia doorsiana entre efectos espaciales y ritmos salidos de catacumbas alternativas.  

Gordos, pesados y primitivos, los sonidos alternativos contemporáneos de RAINBOWS ARE FREE logran conjugar distintas vibraciones en “Electricity on wax” que van desde el blues, la psicodelia, y una oscuridad generada por un grueso manto de fuzz catártico.    Con las mejores galas de estética underground los oscuros ecos de los ochenta hacen acto de presencia entre andanadas de nebuloso fuzz. tormento y desasosiego entre magnícias guitarras.Uno de los mejores temas del album.  

Cadenciosa y misterioso “Shapeshifter” se abre paso entre atmósferas psych que crean la suficiente tensión como para mantenernos atentos. Una cálida voz con tonos bluseros, la insaciable batería y cadente bajo y unos solos incisivos y ácidos lograr crean el clima pretendido por los de Oklahoma. Fuzz nebuloso en un tema gris que se agranda adquiriendo cada vez mas intensidad. Catártico y atractivo puede crearnos una perplejidad que nos hace querer mas. El tema juega con distintos elementos psicodelicos para crean un magnético enjambre sonoro que nos atrapa entre su fauces. Un hechizo catártico  entre las tinieblas en las que tan bien se mueve la banda. dejándose llevar por esta apuesta psicodelia hasta terrenos que rozan la estratosfera. Contraponiendo ritmos gruesos con afilados e hirientes solos bajo los hipnóticos ritmos que evolucionan en una espiral caleidoscópica en la que los alucinógenos salen de cada nota. Se trata del tema mas largo del álbum, y se muestra como una oportunidad para desarrollar toda la psicodelia que llevan dentro. Esa voz a caballo entre las apuestas del rock gótico británico de los ochenta y el Morrison mas chamánico junto a combinación de elementos lisérgicos logra un gran y original resultado.

“Covered in dawn” da un cierto giro de tuerca con sus desérticos riffs humeantes. Fuzz garagero y arenoso y voces alternativas herederas de Bauhaus o Sister of Mercy. Intenso, desgarrador, atormentado, su sonido se engrosa gracias al trabajo del bajo. Otra combinación entre los ecos del desierto y las catacumbas de la escena alternativa de las islas que habitan entre tinieblas.

En un nuevo giro inesperado, “Lady of the Woods​/​Psychonaut” se construyen desde acordes acústico y efectos lisérgicos. Una sinfonísmo en los mismos tonos grises de los temas precedentes pero en esta ocasión con un carácter progresivo. Voces mas propias de hard-progresivo melódicos construyen melodías desgarradoras e intensas. Pareciera que estamos ante otra banda. La guitarras y sus bellos acordes y solos entre ritmos hard-rock. Elementos de distintos estilos que son tejidos con firmeza y gran habilidad para que nada resulte impostado.  Incluso su angelicales coros encuentran un hueco entre el poderoso ritmo y la cadencia del inquebrantable bajo. Completamente sorprendente. 

Para poner la guinda a un pastel que está creado con multitud de ingredientes, “The nile song” nos muestra a RAINBOWS ARE FREE en plena efervescencia hard & heavy ochentera. un tema al que no falta a su cita el siempre presente envoltorio fuzz. 

Mucha mas pesada “A Penny’s worth” incide en los ecos heavy-rock y stoner con una mirada retrospectiva a la escena alternativa del pasado siglo. Solos virtuosos completan un viaje de ida y vuelta a la escena proto-metal bajo autopistas psicodélicas. 

Otra vez la acústica folk se presenta ante nosotros en “Eunice”. Casi medieval, el tema se acompaña de angelicales coros que nos elevan a un luminosos espacio que no habíamos visto en ninguno de los temas anteriores. Un cuento de ensueño que contrasta con la fuerza de todo el álbum mostrando el lado mas sensual de la banda. 

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Reseña: TARABAN.- ““How The East Was Lost” 

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Cuatro años y medio han pasado desde los polacos TARABAN me sorprendieran con su EP homónimo con su fuerza heavy-blues y proto-metal. Ahora, reconvertido en trío la banda se inclina más hacia escenarios heavy-psych con su álbum “HOW THE EAST WAS LOST“. Su nombre (extraido de un tambor de guerra ucraniano) nos da pistas de que estamos ante una formación rocosa y guerrera, que en esta ocasión combina largos temas con cortes más directos bajo un denominador común, la psicodelia mas atractiva que los puristas pueden encontrar. Esto no significa que estos chicos no se hayan trabajando este album, sino todo lo contrario. Si bien los escenarios heavy-psych parecen ser su leif-motiv, las primeras vibraciones proto-metal y el blues más ácido están muy presentes. Cuidadas melodias combinadas con sólidos pasajes en los que el ritmo no decrece en esa exploración expansiva de su música. otra muestra más de la solidez de la escena polaca que no deja de darnos alegrias con bandas y albumes como este. Pesados, pero cuidando cada tema sin perder un ápice de autenticidad, lo cual, teniendo en cuenta la cantidad de propuestas faltas de originalidad, es todo un regalo. Un soplo de aire fresco a una escena que da ciertas muestras de estancamiento, pero TARABAN nos hacen seguir creyendo en la creatividad lo que supone un empujón y una motivación para seguir disfrutando de la música que nos gusta. Psicodelia de muchos kilates  con afilados riffs penetrantes, voces agudas llenas de garra que mutan a una calidez reconfortante para los sentidos en siete cautivadores temas. Estamos ante uno de esos álbumes para disfrutar desde la calma del sofá con una buena copa de vino de nuestras manos. Todo un plato gourmet para los paladares mas esquisitos de la psicodelia pesada.  

Los pausados acordes de la introducción de “Last laugh” así como el grito y las ritas iniciales nos introducen en un misterioso entorno con una cierta querencia Sabbath que se diluye elevándose por escenario nitidamente heavy-psych sin perder esa herencia sabbathica. oscuros espacios sonoros en los que la hechizante voz pseudo blues de Daniel Suder, nos seduce entre ondulantes riffs. Sólidos y lisérgicos, el uso de efectos nos va llevando a distintos escenarios y estados de ánimo. Bajando a cavernas psico-progresivas mas propias de las bandas británicas de los primeros setentas. Un aroma en el que los tonos acústicos embriagan los psicotrópicos momentos que consiguen crear los polacos.  Pasajes retro, con relajantes momentos con sutiles acordes de guitarra y un magnético bajo. Una sucesión de subidas y bajadas de intensidad que culmina en una espiral de efectos y solos con una melodía repetida que acaba por abducirnos en su parte final. Un tema de once minutos llenos de épica  con un resultado simplemente ¡¡¡brutal!!

El heavy blues y la psicodelia pesada se conjugan en “Backseat driver”. Voces llenas de garra y sentimiento que consiguen transmitir bajo cadentes pasajes en los que el blues parece tomar el protagonismo. todo un espejismo que se resuelve con un torrente de riffs proto-metal. Una combinación de dinamismo y fuerza que se precipita como una estampida de búfalos bien guiada. Una estampida que no concluye en un caos, sino que aparece perfectamente controlada por una guitarra ácida que impide que se despeñe por el precipicio con sus solos lisérgicos. Una vez puesto el freno, el rebaño sonoro del tema reposa en apacibles prados en los que los tonos Sabbath colorean con sutiles pinceladas un corte que definitivamente sucumbe ante el blues y la psicodelia. Versátiles y efectivos resuelven a la perfección un tema que parecía haber encabritado. 

“The plague” parte de plácidos acordes psych con un cierto misticismo como preludio de una fornida linea de bajo. Sobre esta sólida base, la cutivadora voz se abre paso entre espesas neblinas en las que las guitarras ácidas se blanden. En una nueva mutación los registros vocales evolucionan a momentos llenos de garra proto-metal. Un contundente bajo y una diabólica base rítmica soportan esa evolución ondulante que acaba diluyendose a mágicos pasajes en los que una magnética calma se diluye pausadamente.

Instalados en esas atmósferas psicodelicas, “21st century deluge” se desarrolla entre reconfortantes brumas bajo reparadores pasajes de de guitarra duales envueltas en la neblina.  Aquí encontramos los momentos más sosegados del álbum en un tema que parece ser una especie de interludio instrumental.

El album se va construyendo con temas con una combinación de temas de larga duración en los que los polacos desarrollan todo su potencial y cortes más cortos y directos.  Así “White lies” nos trae melodías psicodélicas más propias de los primeros setenta, con agudas voces que se elevan desde la melancólica calma. El sosiego no significa fragilidad, y la potente batería no ceja en su empeño y virulencia en ese ambiente triste. Una contención que genera un viaje místico en tonos vintage, un transito sin estridencias con pasajes fuzz con guitarras afiladas. Voces duales replicándose y cambios de ritmo, wah wah entre nebulosas psicotrópicas llenas de una épica oscura que pule un tema narcótico y aturdidor.

Retomando el heavy-blues de su EP debut, “Wizard’s man”, con la sombra de Sabbath en el horizonte, ondula explendoroso entre espacios proto-metal y ese blues psych en el que los efectos fuzz y wah wah conviven en dos planos distintos con un resultado brillante. Blues psicodelia y proto-metal unidos en una causa común bajo efectivos tonos retro en otra de las joyas de este gran ábum.

Cerrando el círculo, los nueve minutos de “Liberty frat” recuperan el misterio a través de pasajes de psicodelia susurrante en la que los elementos progresivos están presentes. La ruta de vuelta  a las bellas melodías bluseras llenas de calmada magia. Un sonido limpio y reconfortante nos masajea en cada acorde. Alejados de estereotipos el trio se desmarca de todos esos trabajos que parecen cortados por el mismo patrón. Coros ensoñadores aderezan la vocación mística y oscura que la banda parece mostrar en este trabajo que supone todo un regalo para los amantes del género.

 

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Reseña.- ZIOR.- “Before my eyes go blind “(The complete recordings)”

El sello Cherry Red Records publica una caja de cuatro cd’s con todas las grabaciones de los británicos ZIOR. Con el aliciente de que en su contenido se encuentra el álbum que la banda grabo bajo el nombre de MONUMENT así como un nuevo álbum grabado en 2.018 con el nombre de “SPIRIT OF THE GODS”. ZIOR nacieron a la sombra de la explosión del rock ocultista de los primeros setenta que practicaban bandas como BLACK SABBATH, BLACK WIDOW, o en línea Alice Cooper o Arthur Brown, pero también heredando los ecos de psyco-pop de bandas como Cream o The Troggs. Navegando entre aquellas aguas, tanto el blues-rock como el hard-rock y el proto-metal o los primeros pasos del rock progresivo se aprecian en sus composiciones. Muchas veces denostados por la versatilidad de unos temas que parecían no definirse en un estilo propio, lo cierto es que en su primer álbum, el homónimo ZIOR dejan patente su potencial.

Temas como “New land” en el que bellas melodías poppies soportadas en un omnipresente órgano se inclinaban hacia espacios más propios de Jethro Tull con la incorporación del sonido de la flauta en un guiño a las primeras bandas hard-progresivas británicas. Con registros vocales cercanos a Gary Wright (Spooky Toooth) no dudaban en ofrecer temas “Gimme love” en el que el órgano es eclipsado por incisivos solos de guitarra en tonos hard-blues tan al uso en aquellos años. Cortes netamente progresivos como “Quabala” (uno de los destacados) se codean con una psicodelia de pastelería como “Oh mariya” o la negroide “Your Life Will Burn” en la que se puede intuir algún eco a Santana. “Love’s desire”, Hard y blues junto a coros que se inclinan al soul y riffs potentes e incisivos con una cadencia rítmica pegadiza. “I really do” y sus tonos ásperos marca su incursión en el proto-metal en ebullición en la época. A pesar de que pueda considerarse con un álbum solo de canciones que no tiene nada que ver entre sí, es un reflejo de la confusión de estilos de aquel 1971 en que se publicó.

El disco 2 corresponde a “EVERY INCH A MAN”, álbum originariamente publicado en Alemania en 1973, cuando ya la banda se había separado y que ofrece la faceta mas pesada de la banda. Voces desgarradas y ritmos hard-rock bailables hacen de “Chicago spine” un tema a tener en cuenta, demostrando que cuando menos te lo esperas en un tema previsible aparecen esas guitarras asesinas que te dejan noqueado. Los ecos de Alice Cooper se reflejan en “Have you heard the wind speak” en un guiño al glam, antes de un giro de 180 grados a escenarios acústicos en “Time is the reason”. Blues -rock de libro en “Dudi Judy” o “Evolution”, rock and roll sucio en “Ride me baby” o “Cat’s Eyes”, éste más cercano al sonido de los Stones; pero siempre con un tono dicharachero y divertido. Ritmos contagiosos en los que el órgano tiene un menor protagonismo, excepto en el extraño e inquietante “Every kind of magic”. El ábum se cerraba con “Angel of the highway”, un tema poseído por el wah-wah ofreciendo la mejor versión de si mismos en un corte desgarrador.

Bajo el pseudónimo de MONUMENT, la banda realizó su mejor trabajo con el título de “THE FIRST MONUMENT”. Cuenta la leyenda que en realidad el disco se compone de unas grabaciones que hicieron borrachos, pero lo cierto es que es el álbum más progresivo. Voces teatrales cercanas a Mike Patto, y una densa instrumentación en la que la oscuridad del magnífico órgano lo envuelve todo. Por otro lado encontramos algunos guiños a The Stooges, especialmente en algunas voces. pero si hay algo que destaca especialmente en este álbum es el sonido de sus teclados. Heavy-progresivo de altos vuelos con guitarras brillantes que se intercalan como en “State flesh”. Rock and roll en “Don’t run me down”. Con bastantes episodios teatrales en pura línea Arthur Brown, como “Give me life”  en la que los giros inesperados se suceden. Episodios pisco-progresivos en los que el envolvente sonido de los teclados nos adormece dejándonos en un estado de inconsciencia en “The metamorphosis tango”, o la mas apacible y lisérgica “Boneyard bume”.  La combinación del órgano pastoral frente a la agudas voces alternativas de “First taste of love” es solo el preludio a hirientes solos de guitarra ácida. Aquí está el verdadero poderío de la banda, la conjunción de esos elementos es uno de los valores de este trabajo. El álbum venía acompañado de un texto en el que se reflejan las conexiones de la banda con la brujería y el vudú. El álbum cierra con “I’m coming back” a ritmo de blues rock.

Al margen de que la caja contenga todas las grabaciones de ZIOR, tiene además el aliciente de contener en el CD 4 el álbum que grabaron a su regreso en 2.018,  “SPIRIT OF THE GODS”. Toda una sorpresa en la que la banda ejecuta temas que suenan a sesenta. Canciones con mucho tono negroide, y que conjugan tanto rock, blues, progresivo y sobre todo funk-rock. Oscuros temas en los que los teclados siguen sonando como hace cuarenta años. Un groovy especial que sigue la senda de la ceremonia del vudú que iniciaron al comienzo de los setenta. oscuros y experimentales en “The wicca maker”, con unos tambores tribales que inician el ritual. Ecos de Santana y Sly Stone en ·Crowman rises”, con un órgano penetrante y voces negroides. Blues-rock pantanoso en “Earth hell & fire” en línea Dr. John. Fuzz y voces salidas de ultratumba a ritmo de funk-rock en “Release the dogs”. La oscuridad de sus dos primeros álbumes se convierte ahora en un ritual de magia negra en el que no faltan temas bailables como “Eastwood bugsy” o oscuros pasajes psico-progresivos como “Sabbath 8” en el que dejan su impronta ocultista. Hard y rock enérgico en “Scorpion”, un tema que lleva el ritmo en las venas. no faltan temas puramente setenteros como “Storm chaser” en el se travisten de Grand Funk Railroad, con esos teclados penetrantes. En definitiva un sorprendente álbum que no desmerece de sus primeras grabaciones manteniendo la obscuridad, aunque ahora tenga matices distintos.

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Reseña.- ECSTATIC VISION.- “For the masses”

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Como si quisieran ocupar en el siglo XXI el espacio psico-cósmico que HAWKWIND ocuparon en los años setenta, ECSTATIC VISION publican su nuevo álbum “FOR THE MASSES”. Tras su anterior álbum “UNDER THE INFLUENCE” en el que exploraban las vibraciones afrobeat desde su particular visión, ahora nos invitan a un viaje psicotrópico por los confines del universo. Una bacanal de sonidos espaciales en los que las distorsiones juegan un papel fundamental y en la que toman prestados ecos proto-metal, kraut, heavy-psych, free-jazz, incluso algún momento más propio del proto-punk del Detroit  de finales de los sesenta y sobre todo un auténtico frenesí sonoro no apto para los no iniciados. Alejados de convencionalismos, y de cualquier apuesta comercial, los de Filadelfia, presentan su propio mundo paralelo. Un universo que veníamos intuyendo en sus anteriores trabajos y que nos lleva a una nueva dimensión en la que sus jams experimentan un frenesí de distorsiones y ritmos frenéticos. Todo un viaje cósmico en que no existen las reglas. Una explosión aturdidora a través de siete arrolladores temas en los que su experimentación no tiene límites.  Nuevamente bajo los auspicios del sello italiano Heavy Psych Sounds, Doug Sabolik (voz y guitarra), Michael Field Connor (bajo), Kevin Nickles (saxo, flauta, guitarra y sintetizadores), y Ricky Culp (batería) vuelven a impactarnos con su nuevo álbum. Una acertada portada nos de primer vistazo el contenido del surcos. Todo difuso y crudo, sin sutilezas.

El álbum abre con “Sage Wisdom”, una introducción de efectos entre los que los tambores se intuyen en la lejanía con las extrañas locuciones a las que nos tienen acostumbrados.

El legado de HAWKWIND, no tarda ni dos minutos en hacer acto de presencia en “Shut up and drive”. Los ritmos trogloditas y los efectos empiezan a acecharnos con los cadentes ritmos del bajo. Voces más propias del proto-metal con su habitual ecualización son el punto de partida de la espiral de efectos. Un motorik kosmiche completamente hipnótico es asediado por multitud de efectos. Las guitarras aparecen entre ese bacanal rítmica tratando de socavar el hipnotismo sonoro con sus solos ácidos.Como si quisieran poner luz entre las difusas atmósferas. El tema tiene una indudable vocación espacial que se combina con los narcóticos compases de la batería de Ricky y el bajo de Michael, mientras la guitarra de Doug aúlla. Una tortuosa odisea a través de espacios siderales que acaba alucinando lentamente hasta disiparse. Las su escucha, las neuronas están en plena ebullición.

Otro largo tema como es “Yuppie sacrifice”, con sus ocho minutos es el escenario perfecto para seguir desarrollando sus espirales sónicas. Efectos que no cesan con extraños sonidos mas propios del free-jazz, mientras la batería trata de hacerse un hueco. Esto no son sonidos de fácil digestión, pero si logran tragar se convertirán en todo un manjar. Vestido completamente de HAWKWIND, una nueva odisea aparece ante nosotros. Voces ecualizadas entre poderosos tambores y sintetizadores y guitarras histriónicas. Exuberante y aturdidor, el tema se instaura en siderales espacios de ambientación futurista.

“Like a freak” mantiene la vocación del álbum. en esta ocasión introduciendo ritmos más propios del hard-rock y el rock and roll más frenético de los setenta, las voces proto-punk se desenvuelven ahogadas entre la locura y rabia de un tema que está compuesto al servicio del ritmo sin perder el aura experimental y psicotrópico. Intenso y cósmico pero a su vez más terrenal. Una contraposición diabólica con un resultado sorprendente.

Los tambores tribales son el punto de partida de “For the masses”. Toda una paranoia en forma de free-jazz espacial en la que el saxo pone el punto de cordura a unos incesantes efectos. Un tema que haría palidecer a bandas de avant-garde. Inconexo y libre por completo, es una escenario propio para la locura. Un corte extraño de dificil digestión que pudiera ser prescindible.

Con una ambientación celestial con coros celestiales, “The magic touch”, con sus efectos espaciales describiendo una dimensión más allá del desasosiego, es la antesala de crujientes rifss repetitivos que nos devuelven al estado en que ECSTATIC VISION mejor se desenvuelven. Un espacio sonoro en el que se crean insondable atmósferas para la experimentación mas psicotrópica con algún eco tribal.

“Grasping the void” incorpora el sutil sonido de la flauta entre la turbia psicodelia espacial. En esta ocasión el legado de HAWKWIND es aderezado con una nueva espiral entre las gruesas y ecualizadas voces. Un tema hipnótico, kraut pero a la vez pesado y con una buena cadencia. Una vuelta a los paseos siderales en los que mejor se desenvuelve la banda, con sus tortuosos momentos y con guitarras tomando un protagonismo entre los efectos en este camino de regreso.

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Reseña.- SATURNA.-“Atlantis”

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Tras un largo periodo de gestación y trabajo ya está aquí el cuarto álbum de los barceloneses SATURNA. Inspirados por las vibraciones del proto-metal y el hard setentero de las que son fieles seguidores “ATLANTIS” se debate en esa encrucijada en la que los riffs contundentes y pegadizos conviven con buenas melodías vocales herederas del blues-rock mas desgarrado y las vastas llanuras desérticas.  Un ejercicio del rock clásico en pleno siglo XXI demostrando que el stoner mas ortodoxo puede estar perdiendo fuerza y que la sombra de Black Sabbath sigue siendo muy alargada convirtiendose en una fuente inagotable de inspiración. Pegadizos ritmos retro que galopan a toda velocidad guiados por la fantástica voz de James y sus contagiosos estribillos que te atrapan en sus fauces. Un efectivo trabajo compositivo en el que nada para haberse dejado al azar.  Aderezando algunas de sus armonías con toques de blues humeante no dudan en incorporar elementos de psicodelia en este paseo contemporáneo por el pasado más glorioso del rock. Un pasado que sigue estando presente en su punto de mira y que es trasmitido a cada uno de sus temas con personalidad propia y mostrado una madurez que se traduce en temas más ricos en su estructura. Letras que reflejan la visión de la vida de James hacen que cada tema tenga vida propia. Seguramente puedas escuchar aquí muchas vibraciones que no te resulten desconocidas, y precisamente ahí reside su encanto. Solidez y buen hacer que esperemos disfrutar en directo próximamente. En la grabación del álbum participó Oscar antes de que dejara la banda hace unos meses. En la presentación que la banda hará en alicante, así como en sus próximos conciertos participará Alexandre (Ex-Prisma Circus). Una magnífica portada obra de Jondis es el envoltorio perfecto para un contenido grandioso.

Desde los primeros de riffs de “Black Purple” queda patente la esencia de “ATLANTIS”. Divertidos y potentes riffs retro en los que el hard y stoner se fusionan en una causa común. Repitiendo esos riffs, James va guiando el corte a su capricho con un groovy dicharachero que rescata la esencia del rock and roll. Solos hirientes con una incansable base rítmica que no se da un momento de tregua. 

Si en el tema anterior queda claro la capacidad vocal, “Standing still” no hace sino corroborarlo. Rock clásico de altos vuelos con un gran tempo rítmico que desciende por momentos a espacios más lisérgicos para is ondulando en su peregrinación entre tiempos medios.

“Get over” es un ejercicio de hard rock con estribillos pegadizos con una cadencia melódica que nace de postulados vocales más propios de Sabbath para contonearse y seducirnos por la senda del retro-rock. Ritmo infatigable entre brillantes guitarras en otro tema de fácil digestión.

“Way too long” es un tema que la banda viene incluyendo en sus shows desde hace tiempo. Con algún guiño Sabbath, aquí descienden a escenarios más lisérgicos. Manteniendo la esencia setentera caminan por el lado sosegado con bellos pasajes de guitarra.

Dejando claro que no solo de pesados sonidos vive SATURNA, una magnetica calma es el entorno en el que se desarrollan alguno de los  temas como “Dusk and down”. Ensoñadoras atmósferas lisérgicas que adoptan forma de balada ofrecen el lado mas tierno y dulce de la banda.

Si hay algo que aparece con frecuencia en muchos de los temas es la herencia Sabbathica de los barceloneses. prueba de ello, temas como “Ahead” o “Last forever”. En ese debate continuo entre el hard rock y el proto-metal, el primero de ellos ofrece una visión más des´sertica con sus solos humeantes en los que el fuzz aparece imponenete, mientrás el segundo se desarrolla en un entorno de oscuridad. Menos frenético, pero no ello menos intenso sus hirientes solos acaban sucumbiendo a las vibraciones setenteras más al uso.

Tanto “Atlantis in bloom” como “Distan shores” se recuestan en escenario de blues rock con tintes retro. Calma y sentimiento reflejados la belleza de sus acordes entre humeantes espacios psicodélicos que por momentos llegan a evocarme al mismísimo Robin Trower. Sonidos vintage que   siguen estando vigentes en el siglo XXI.

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