Reseña: MAUD THE MOTH.- “Orphnē”

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Siempre he sido de la opinión de que tanto en la vida como en la música, debemos de salir de nuestra zona de confort. El nuevo álbum de MAUD THE MOTH, (tercero de su discografia) es un claro ejemplo de las maravillas que puedes encontrarte si sales de escuchar la misma música siempre y te aventuras en nuevas propuestas distintas a las que estas acostumbrado. En “ORPHNE” no vas a encontrar ritmos pesados, ni solos afilados, ni ecos desérticos, pero si te vas encontrar con un álbum intimista e introspectivo lleno de sensibilidad que puede depararte algo mas de media hora muy placentera. Un álbum creado sin incidir sobre un género concreto, pero tratando de generar el ambiente idóneo para transmitir emociones y acercarnos a un mundo mágico e irreal en temas atmosféricos con cuidados elementos decorativos. Cualquier ornamento es válido para que las canciones escapen de la tradición estructural del pop y progresen como evocadores cuentos que beben estéticamente del jazz, la música clásica contemporánea, el avant garde, el soul y, más en espíritu que en forma, del metal. Siempre bajo una apacible atmósfera de oscuridad, los temas fluyen delicados, sensuales y llenos de emotividad gracias a una prodigiosa voz que se hace acompañar de los elementos justos para que nada parezca sobrecargado ni impostado.  “ORPHNE” es un álbum intimista, bello pero a su vez perturbador y sobre todo es el perfecto escaparate para descubrir la prodigiosa voz de Amaya, el verdadero pilar de este trabajo

Nacido en 2010 como el proyecto en solitario de la autora madrileña Amaya López-CarromeroMAUD THE MOTH ha evolucionado a través de varias formaciones pero siempre con el piano como elemento estructural en torno al cual se enroscan y crecen las capas y texturas vocales. 

“ORPHNE” (Ὀρφνή) u “oscuridad”, era una ninfa mítica que habitaba en el submundo de la antigua mitología griega. Este término comparte raíz lingüística con la palabra “huérfano” (ὀρφανός), que originalmente significa sin padre, afligido o desolado. Al vincular ambos términos, “ORPHNE” reflexiona sobre el desarraigo y la identidad brumosa de una mujer desterrada y fragmentada. Los papeles tradicionales de la familia y el apoyo familiar se consideran una luz que está ausente o se ha agotado, lo que fomenta un sentimiento de desolación y alienación de la sociedad.

Las elecciones estéticas en la composición, la letra y los arreglos están fuertemente inspirados en el romanticismo tardío, el art-deco y el surrealismo, como la Isla de los Muertos de Böcklin, las Metamorfosis de Segundo de Chomón, o las obras para piano de inspiración popular de Ravel. Orphnē escapa de lo mundano y se sumerge en un mundo fantástico y desconocido lo que pone los cimientos necesarios para una exploración del yo, el trauma, la pérdida y la parálisis emocional a través de la figura de la fábula.

El yo se define como algo eliminado del plano material que habita el mundo y el universo tal como lo concibieron los antiguos griegos, donde la tierra está encerrada en un firmamento y sostenida por los pilares de la tierra. El yo existe en un estado de ceguera e impotencia, pudiendo pasar a través de la porosa frontera del inframundo, que está a sólo unos metros bajo nuestros pies y no es exclusivo del reino de los muertos.

“Ecdypsis”  nos abre la puerta a una sal llena de clasicismo entre acordes de piano y violines entre bellas melodías de las que aflora la prodigiosa voz de Amaya. Bajo una atmósfera oscura predominante en todo el álbum y algún aroma mediterráneo se combinan elementos románticos llenos de fuerza con un cierto aire atormentado entre esa neblina sinfónica. 

Misterioso y casi minimalista, “The mirror door” se nutre de voces y coros susurrantes. Un canto melancólico tenue e intimista con una vocación atmosférica. 

A modo de interludio, “The stairwell” crea un misterioso ambiente narrativo entre registros líricos algo devocionales.  

“The abattoir” el sinfonismo se manifiesta sobre acordes llenos de un romanticismo clásico y una voz lírica que parte de la penumbra para abrirse paso a la luz. Intrigantes pasajes narrados contrastan con angelicales momentos de esa bella y bien trabajada voz. 

Entre una nebulosa inquietante a modo de apertura y atormentados pasajes de violín “Finisterrae” deja volar cual espectro las voces corales en un espacio algo tétrico del que aflora esa prodigiosa garganta bien arropada por sutiles coros con aires exóticos llegados de oriente con una instrumentación algo más intrincada. 

“As above, so below” es un canto lleno de la oscuridad omnipresente en todo el álbum. Nuevamente los juegos corales sobrevuelan la tenebrosa e inquietante instrumentación. 

Con una vocación jazz “Mormo as a well” conjuga ritmos más vivaces entre sus armonías clásicas. Un tempo diferente al resto de los temas, hace que me sienta confundido en un tema que por otro lado contiene una gran riqueza compositiva y que no termina de definir claramente su camino. 

El álbum cierra con “Epoxy bonds”, un tema que viven entre sombras y claros con una vocación de abrirse a la luz entre el profundo sonido de violines que ceden a armonías mas perturbadoras. 

“ORPHNE” es obra de Amaya López-Carromero (voces, piano, celeste, sintetizadores y percusión), Paúl González (batería), Guillaume Martin (guitarra), Alicia García (violín) e Iván Caramés (cello). La música y letra fue compuesta por  Amaya López-Carromero, los arreglos de cuerda fueron de Alicia García, correspondiendo los arreglos de batería a Paúl González y los de guitarra Guillaume Martin. Las baterias fueron grabadas por Jaime Gómez Arellano en Orgone studios, UK. Las voces y arreglos de cuerda se grabaron en Sonorous Studio (UK) por Amaya López-Carromero y Guillaume Martin y los pianos se grabaron en Reid Hall (UK)
El álbum fue mezclado y masterizado por Jaime Gómez Arellano en Orgone Studios 2019.
El arte de portada es obra de Charles Boisart correspondiendo el folleto interior a Anna Frigat.

“ORPHNE” está disponible vía La Rubia Producciones, Nooirax Producciones y Música Máxica.

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Reseña: RIDER NEGRO.- “The Echo of the desert”

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Para un gran amante como yo del sonido que nos legaron THE DOORS y en especial su cantante Jim Morrison, fue toda una alegría el descubrimiento de la banda mexicana RIDER NEGRO semanas atrás. Ahora, un tiempo después podemos disfrutar de su primer álbum “THE ECHO OF THE DESERT”. Un trabajo conceptual en el que la mística del desierto se refleja en calmados y desgarradores temas en los que el legado del “Rey Lagarto” queda patente en los registros vocales de Tiaca Serrano, su cantante y guitarra. Diez canciones que serpentean por estados sensoriales más propios de un viaje de peyote lleno de misticismo, en el que la transición entre el día y la noche relatan el devenir de la vida como un ciclo perpetuo.  Temas que fluyen con calma entre los cactus y la soledad del desierto bajo acordes de blues, de jazz, rock clásico, ritmos latinos, pero fundamentalmente de esa psicodelia chamánica que Morrison nos ofreció décadas atrás. Las canciones serpentean entre ritmos que unas veces se recuestan en ese espíritu latino cercano incluso a Santana con delicadas melodías de guitarra,  y otras prefieren dejar paso a atmósferas más propias de Pink Floyd, como sucede en “The wizard”, un tema dividido en cuatro partes y que bien pudiera ser una transición de Morrison más misterioso con el legado psicodélico de la banda del  fluido rosa en un viaje al desierto de Sonora. Otro elemento distintivo del sonido de la banda es el tono vintage que aporta a su órgano Israel Baez, tomando como referente los característicos ecos de los temas de  Ray Manzarek. Sobre esos dos pilares fundamentales en la personalidad de la banda, y teniendo en cuenta que fueron los primeros fundadores de la misma, el trabajo de Miguel Vázquez con su hipnótico bajo, y la versatilidad de Zaid Gutierrez a la batería, hacen que el álbum tenga una consistencia notable en todas sus composiciones. Al margen de esto, sobre todo el espíritu chamánico que transmite cada una de las canciones, hacen que el oyente pueda sentirse partícipe de ese ritual alegórico en el que el Sol tiene un gran protagonismo. Estamos ante un álbum lleno de misticismo y señales que nos invitan a esa comunión con las fuerzas de la naturaleza, y especialmente de su amor al desierto con su lado más misterioso. “THE ECHO OF THE DESERT” es un álbum que ningún amante de THE DOORS debería perderse. 

THE ECHO OF THE DESERT” fue grabado en StudiOz MixandMaster Estudio y ha sido auto-editado por la banda a la espera de que algún sello se anime a su producción. 

Los sonidos de la noche desértica abren “Fires at the cosmic dawn”. Emergiendo chamánicamente entre los cactus el tema comienza evocando los ecos del desierto. La voz de Tiaca Serrano emulando al Rey Lagarto entre acordes de western es arropada por un cielo estrellando que va dejando paso a la luz del alba bajo un cadente ritmo y un teclado que ritmo que trasviste su sonido como si fuera un llanero solitario tocando su armónica. Tonos vintage que se van abriendo a la luz de ese soleado amanecer. Ya desde el primer tema encontramos la admiración que estos chicos tienen por The Doors. Un sonido evocador que se adorna con brillantes solos de guitarra en su parte final.

“Dry & Soft”, nuevamente bajo susurrantes pasajes, va arrullándonos entre los acordes del hipnótico bajo de Miguel, y ese penetrante sonido de órgano salido de las entrañas de un tema que fluye con calma. Sin prisa para ligar el tema, el ceremonial parte con la cálida y sugerente voz de Tica Hechizándonos e incrementando la intensidad con al aura de Ray Manzarek en los teclados. Todo un trance lisérgico más propio de una ingesta de peyote invade la canción entre desgarradas proclamas vocales entre acordes de blues psicodélico. Como si estuviéramos en el desierto de Sonora en pleno “viaje” psicotrópico el corte juguetea con distintos cambios de ritmo sin perder su aura psicodélica. Toda una huida desesperada llena de fuerza marcada por la reencarnación de Morrison en una especie de nuevo “verano indio”-

En delicados tonos jazz, “El buitre” a través de medios tiempos y el penetrante sonido del órgano el cuarteto juega de nuevo con una calma que toma elementos del blues y ritmos latinos. Con gran frescura, la percursión colorea los elegantes pasajes retozando con la psicodelia en un segundo estrato sonoro. Caramente el espíritu de músicos latinos como Santana quedan patentes en la apuesta de RIDER NEGRO. En tema está cantando en espaol lo que le aporta otro elemento más de esa reavivación del sonido de su tierra.

Ahora sobre acordes blues “In an ancient zigurat” se ejecuta sobre una tenue luz. Ecos jazz sobre delicadas melodías hacen que la banda se aleje de los riffs pesado y estridentes para contonearse seductor entre aterciopelados momentos en los sentimientos salen a flor de piel. Un largo tema que transcurre entre vaporosas atmósferas que paulatinamente se van tornándose más lisérgicas hasta convertirse casi en una jam blues psych. Con una guitarra que se retuerce y serpentea con mil matices y tonos que van desde el blues a los ritmos latinos. Aquí la percusión tiene un gran protagonismo entre esa neblina que va creando el ´órgano antes de recuperar el espíritu doorsiano innato en la banda.

Tras los tres temas anteriores en los que nos ofrecido distintas caras de su apuesta musical, RIDER NEGRO crea un tema dividido en cuatro partes a modo de suite. “The wizard”.

En la primera de las partes, “Prelude to the dream”, las locuciones en español  entre efectos envolventes van creando el ambiente de misterio para el desarrollo del tema.

“The world within” con poco más de un minuto se deleita en pasajes floydianos de teclados en tonos casi celestiales.

Continuando con el latido de la banda del fluido rosa, y evolucionando en un génesis, “Beta orionis”, la tercera de las partes nos ofrece un hipnótico trabajo de bajo y afilados pero delicados solos de guitarra como preludio de una erupción en la que The Doors se visten de Pink Floyd para meditar en el desierto de Sonora.

Esto es solo la preparación de la cuarta parte del tema, “Path to the core”, en la que a través de ocho minutos ya desarrollan todo su potencial emanando esa fragancia doorsina con la soledad del desierto como testigo de alucinógenos pasajes con un cadente y repetitivo ritmo. Intensificando y volviéndose cada vez más pesado, los momentos de psicodelia luminosa se mezclan con el blues en un mestizaje que parece ser innato en la banda mexicana. Siempre guiado por el sonido del órgano el tema desciende a acolchados prados de psicodelia reconfortante en las que afloran bellas melodías. La guitarra aquí se viste de tonos vintage en un serpenteante y rítmico peregrinar a un nuevo espacio de luz. Pasando por distintas fases logran completar un atractivo y logrado tema con el que la banda deja patente todo su potencial.

Si algo tiene RIDER NEGRO es su espíritu místico, y “Tehran conjuring” nos da muestras de ello. En un oscuro canto misteriosos y chamánico ejecutan todo un ritual en el que el hechicero parece invocar a las fuerzas de la naturaleza con sus plegarias. El aroma de la noche del desierto se palpa en sus delicados y misteriosos acordes.

El tema que cierra el álbum y que da nombre al mismo “The echoe of the desert”, fluye entre efectos con pulsantes acordes de bajo y platillos chispeantes. Estamos ante otro ritual como homenaje al vasto y solitario desierto, algo que se percibe en su triste melodía.  

Adoptando momentos western, y bajo ese ritual de los tambores, los coros elevan sus plegarias, en ese devenir de la vida y la muerte en un ciclo perpetuo. La sombra de The Doors se refleja ahora con una mayor nitidez en los desarrollos de órgano herederos de Ray Manzarek. Como si de un sombrío tema de los californianos, el aura mística ceremonial preside el corte con lánguidos pasajes evocadores de los cactus en su soledad custodiando la historia del jinete que vivía cuya morada era el astro Sol.

Reseña: WIGHT.- “Spank the world”

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Cuatro años después de publicación de su anterior álbum de estudio “LOVE IS NOT ONLY WHAT YOU KNOW”, WIGHT regresan con “SPANK THE WORLD”, un álbum en el que se sumergen profundamente en la fusión. Con el sonido funk como bandera,   los alemanes no van dejan a nadie indiferente.  Son muchos los comentarios que he recibido sobre cual sería el contenido del álbum una vez escuchado “Hot”, el single que lanzaron hace semanas. Sentimientos encontrados entre aquellos que vibraron con sus primeros álbumes y no daban crédito a lo que estaban escuchando, y otros, gratificados por este sonido tan fresco y contagioso. Todos somos libres de opinar, pero siempre debemos de respetar el trabajo de los músicos, y como su cantante y guitarra René me comentaba en la entrevista que les hice hace unos días, “Creo que a algunos les va a encantar,  otros lo van a odiar, y muchos se van a sentir confusos, como debería ser. La música puede ser cualquier cosa, pero no aburrida”. Esa frase (que yo mismo suscribo) bien podría resumir su contenido.  La música es una espacio imaginativo, y en esta ocasión su creatividad se ha decantado por la fusión de ritmos, para un trabajo que bien podríamos haber intuido viendo sus shows en directo, en los que incorporaban muchos ritmos funk que ponían al personal a bailar. Ahora, esos ritmos, son su leitmotiv, y las vibraciones más bailables del final de la década de los sesenta se fusionan con pinceladas de psicodelia, voces que tienden a inclinarse hacia el soul, y desarrollos en los que el jazz, la electrónica y algún momento progresivo tienen también cabida.  Convertidos en cuarteto, el álbum ha sido producido concienzudamente para conseguir un trabajo que es toda una locura en la que nunca sabes por donde puedes salir entre tanto ritmo endiablado.  ¡¡WIGHT son funk!!  

El álbum abre con una “Intro” en la que una locución en una extraña ambientación que nos enlaza con los sonidos funk de “Hot”. El tema que la banda nos adelantó como single en el que las voces con ese particular registro con “falsete”, y el cadente bajo de Philip se desenvuelven como peces en el agua entre los pegadizos ritmos. El tema se eleva en dos estratos, uno más intenso y el otro con ese órgano vintage en un segundo plano entre sutiles coros. El tema cambia su vocación a mitad de camino, tras un parón el ´órgano envolvente y la guitarra con efectos wah wah se recuentas en cómodos sofás psicodélicos. Ante la baja intensidad del ritmo la guitarra de René se estira en cada acorde, mientras el bajo nos golpea entre atmosféricos estribillos para explotar en parte final con gran rabia.

Nuevamente los divertidos ritmos aparecen entre wah wah en “Spiritual gánster”. En un ambiente psico-progresivo, un cadente bajo entre floridos solos de guitarra sucumben a los elementos de fusión.

Enlazado con sintetizadores con el tema anterior, “Nervous” nos envuelve con efectos y sintetizadores de música electrónica con tintes espaciales. A su vez los platillos chasquean junto a un magnético bajo que nos trasladan a la época en la que Queen tocaba su tema “Another one by the dust”. Llegado ese momento se dejan llevar por una orgía de música funky a la que solo le falta la esfera de espejos dando vueltas sobre ellos. Increíble trabajo rítmico y una voz que se torna negroide. La bacanal de ritmos nos arrolla con elementos de fusión que aceleran el corte. Ahora la voz se ahoga entre sonidos de viento y rasgueos de guitarra. Llegados ahí la atmósfera pasa a ser más psicodélica con una versátil instrumentación en varios niveles sonoros que dejan espacio para la experimentación, una de las grandes vocaciones de los alemanes. 

En contraste con la mayoría de los temas del álbum, “Motorgroove” parece tornarse más retro, con momentos hard, progresivos y psicodélicos. Vivaces ritmos, custodian una guitarra que se retuerce hasta quedar extasiada y descansar en espacios más acolchados, amortiguando su sonido el penetrante órgano. En este momento, la guitarra desprende acidez a base de wah wah arrastrando al ritmo en su cadencia. Elementos psico-progresivo arropan el tema creando un manto envolvente que hace que los colores del caleidoscopio sonoro van cambiando sus formas en una oscilación sugerente. Embarcados en una atmósfera lisérgica encontramos brillantes momentos vintage en los que la guitarra brilla con luz propia. Posiblemente el tema más psicodélico de todo el álbum.

Un nuevo interludio con sintetizadores (“Interlude”) y una vocación electrónica con cajas de ritmos y algún viento narcótico nos lleva hasta “Island in the sun”.  La vuelta a los sonidos de fusión nacidos en los años setenta con ese cadente ritmo y ese teclado jazzero. Sin perder el ritmo, el tema explora sonidos jazz-rock, con un sonido de saxo elegante y profundo y acordes repetitivos de órgano. Resulta de lo más atractiva la combinación de esos elementos con el sonido de la guitarra y los tambores, que se resisten a alearse de los sonidos funk.  Bellos pasajes sinfónicos de gran riqueza compositiva se inclinan hacia la frontera de la psicodelia. El tema pasa por distintas fases para concluir con unos majestuosos y lentos acordes del teclado entre voces que vuelven a tornarse con registros negroides. Un autentico tema de fusión, sin paliativos. ”Island” juega con aterciopelada melodías con el blues y el jazz e incluso, por momentos el soul. Con su ritmo pausado y cadente, va evolucionando a espacios más intensos girando con lentitud a espacios soul, funk e incluso rock. Un nuevo tema que me hace mirar atrás para situarme en la escena afroamericana de finales de los setenta.  

Retomando los apacibles espacios, “Bon apocalypso” con un cadente y pulsante bajo y unos teclados atmosféricos van construyendo un corte que, sin renegar de los ritmos, y continuando con momentos de fusión, avanza lentamente a escenarios más psicodélicos. Desde allí, unos brillantes y profundos solos de guitarra revolotean durante largos pasajes

El álbum cierra con “Outro”. Ritmos netamente electrónicos, sin complejos, en los que los sintetizadores y voces ecualizadas nos trasladan a algún after en la noche. Un tema intrascendente.  

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Reseña.- COOGAN’S BLUFF.- “Metronopolis”

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El veterano quinteto de la escena underground alemana continúa reinventándose en cada nueva entrega desde la publicación de su primer álbum en 2.007, lo cual es algo a agradecer. Cuando en un álbum encontramos vibraciones tan distintas como el kraut, el swamp-rock, el rock clásico, la psicodelia, el rock progresivo, el funky, el stoner,  el jazz o los ecos west-coast,  podemos pensar que COOGAN’S BLUFF han querido abarcar mucho, pero si te sumerges en “METRONOPOLIS” comprobarás que aquí todo fluye con la naturalidad que solo unos genios podrían crear este variado arco iris.  Todo un cuadro multicolor de estilos creados con esmero para que nada resulte aburrido. Una trama sonora que nos traslada sin que nos demos cuenta a diferentes estados de ánimo con momentos en los que la voz de Captain Beefheart aparece desde pantanosos espacios u otros en los que vemos reflejados a los Genesis más creativos, y hasta los ecos del sonido Canterbury tienen un espacio en este maravillosos álbum. Sí, evidentemente son estilos dispares, pero cuando se es capaz de conjugarlos de una manera tan efectiva, el resultado es simplemente grandioso. Misteriosos, floridos, relajantes, psicotrópicos, o divertidos, cada  tema nos ofrece una oportunidad para el gozo.  Una innovadora y cautivadora apuesta llena de frescura para el deleite de los paladares gourmet en el que probablemente sea su mejor y más ambicioso álbum.  

“Gadfly” nos ofrece la primera andanada con hipnóticos riffs envueltos en un manto de sonidos de teclados. Una imponente batería y la repetición de la armonía crea un magnético tema en el que las voces aportan un halo de misterio. Sobre riffs pesados la incorporación del saxo colorea un tema intenso y versátil que ondula constantemente hasta descender a espacios psico-progresivos más propios de décadas pasadas.

“Sincerely yours” es simplemente una joya de tema, que parte de campestres sonidos sureños y una acaramelada y cálida voz que nos masajea. Acordes acústicos y un maravilloso tempo se va construyendo un corte que bajo una acolchada instrumentación transcurre por sencillos acordes en un luminosos y esperanzador entorno. Transmitiendo una magia sureña, se añaden elementos sinfónicos que fluyen con naturalidad. La sencillez hecha canción. Si esto no te transmite sentimientos es que estás muerto.

Con vientos de jazz de vocación progresiva, “Zephyr” con ese brillante saxo y un ritmo repetitivo nos recuerda a momentos del sonido Canterbury. Con una gran complejidad compositiva, los alemanes dejan patente toda su calidad y versatilidad.  Con apacibles pasajes cercanos a Genesis entran en una introspección netamente progresiva, para cabalgar vivaces por ese camino. Tras algunos calmados pasajes en los que el sinfonismo toma el protagonismo, el tema nos ofrece un nuevo giro. Volviéndose mucho más ácido los solos de guitarra dan una vuelta de tuerca acompañados de un impactante bajo. El resultado es un corte rebosante de matices y riqueza compositiva.

Instalados en momentos soft-rock, “Hit and run” se adorna de una brisa sureña, y acordes acústicos para construir otro tema que huele a setentas, en una línea que me recuerda a Dave Mason. Rock clásico con sombrero y camperas en el que no faltan esos momentos brass rock de la mano de ese saxo que nos sorprende sin que lo esperemos.

Embutidos en ropajes funky, “Creatures of light”, supone otra vuelta de tuerca en su sonido. Ritmos alegres y voces negroides construyen otro corte de cara vocación setentera en el que las voces negroides y elementos de viento contoneándose entre solos de guitarra en una ceremonia de la seducción funky-brass-rock.

Incisivos teclados envolventes y ritmos neo-kraut van construyendo “Soft ecus”. Un corte en el que se refleja el buen hacer ya que sin darnos cuenta entre los hipnóticos ritmos nos vemos envueltos en un escenario psico-progresivo en el que las cambiantes armonías se tornan más ácidas gracias a el sonido de la guitarra.  Todo hecho con una naturalidad que llama la atención, y en el que dejan patente la calidad de su guitarrista introduciéndonos en una espiral de solos psicotrópicos bajo el manto hipnótico de un imperturbable ritmo. El tema más largo del álbum con sus mas de siete minutos deja claro que por mucho que cambien sus propuesta, la hiriente guitarra es todo un soporte para la banda.

Dividido en dos partes claramente diferenciadas “The turn”, en su parte “I”, describe oscuros y misteriosos entornos por la senda del rock progresivo. Gruesos ritmos, lentos y profundos. Como si estuviéramos ante una banda sonora de un film de suspense los repetidos acordes y el difuso sonido del saxo, van generando un clima de tensión que no concluye descubriéndonos nada. Una especie de interludio que supongo pretende ser la antesala del corte siguiente, “The turn II”, en el que blues en una línea Captain Beefheart, aparece cálido y pantanoso. Puro swamp-rock que se eleva fresco y luminoso bajo una cadente instrumentación que deja el protagonismo a una voz llena de garra y fuerza.

El álbum está disponible vía Noisolution

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Reseña.- BRIGHT CURSE “Time of the healer”

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Nuevo trabajo de BRIGHT CURSE con muchos cambios respecto a su anterior álbum “BEFORE THE SHORE”. Han pasado tres años y el sonido de la banda ha sufrido modificaciones con su nueva alineación. Convertidos en cuarteto con Romain Daut (miembro fundador) guitarra y voz, Tommy Foster (guitarra), Sammy Deveille  (bajo) y Mark Buckwell (batería), dan una vuelta de tuerca a la escena pesada y psicodélica con un trabajo en el que a través de cinco largos temas consiguen tocar estilos tan variados como el jazz, blues, psicodelia, progresivo, stoner…. Todo soportado por un rock de origen setentero, desarrollando cada tema con esmero, para conseguir crear una historia común. Incorporando hábilmente sonidos de saxo o de flauta que pueden descolocarte en un principio, pero que finalmente saben a gloria bendita. Delicados en sus melodías, la dupla de guitarras siguen aullando al unísono sobre una base rítmica que siempre se presenta contenida. Si unimos la fuerza vocal de Ramain, y los pasajes en los que se sumergen en aguas heavy-psych, nos encontramos toda una joya que rompe estereotipos. Si, muchos lo definirán como retro-rock, otros como heavy-psych, pero muchos, es posible que no logren encontrar las palabras adecuadas para describir un álbum superlativo. ¿Y eso que más da?. En “TIME OF THE HEALER” lo verdaderamente importante, no es el estilo que usan, sino como lo usan. Temas que te dejan con la boca abierta, en los que lo sutil se combina con lo firme. Maravillosas melodías que se colorean de una amplia paleta de tonos para lograr un cuadro sonoro digno del museo más reputado. Tengo que reconocer que desde la primera escucha me atrapó, y en cada nueva audición sigo sacando más y más matices. Una belleza superlativa e intensa de la que no quiero escapar. Podríamos encontrar momentos en los que escuchamos a All Them Witches, pero también tenemos muchos otros en los que los ecos de cualquier afamada banda retro aparecen sin darnos cuenta.  Magnéticos y hechizantes en sus pasajes, consiguen que la magia aparezca. Por otro lado, las locuciones que incorporan al final de cada tema, son difíciles de encajar, pero a buen seguro, la banda tendrá su razón para ellas. Para mí, es única incógnita que no he sabido descifrar, pero ésto no desmerece un trabajo en el que cada nota fluye con naturalidad a pesar de los numerosos cambios de ritmo y de registros. ¡¡Grandioso!!! Como recomendación, si en una primera escucha no te ha enganchado, repite, los nuevos viajes son cada vez más placenteros. Otro gran fichaje de Ripple Music, y ya van unos cuantos….

Unos suaves y apacibles pasajes nos introducen en “Smoke in the past”. Susurrante, los ecos setenteros en tonos progresivos van poco a poco construyendo un tema que va evolucionando a lomos del dulce sonido de una flauta que complementa a la cálida voz. BRIGHT CURSE nos va atrapando en tema en el que los elementos psicodelicos se entremezclan con pasajes que beben de momentos blues. Calma y sosiego bajo la atenta mirada de unos ritmos retro que van elevándose majestuosos ante nuestros sentidos. Ya desde el principio el poderío compositivo se deja notar. Ritmo, voz, melodía y sentimiento que se complementa con la dualidad de guitarras.  Cercanos a algunos postulados ya transitados por All Them Witches, los solos ácidos aparecen entre la bruma por la que nos dirigen. La culminación se produce en la parte final donde los momentos heavy-psych de apoderan del protagonismo custodiados por ritmos retro stoner que son tratados con delicadeza.

Sin muchos artificios, y usando el blues y la psicodelia, “Laura” nos muestra unas magníficas guitarras soportando la cálida y aterciopelada voz. Enmoquetados pasajes que se ven asaltados por un saxo que a nadie dejará frío. Lleno de belleza el tema crea un clima para la relajación y el sosiego. Las melodías son cuidadas con esmero utilizando elementos shoegaze para dotarlos de ecos jazzeros . Ese saxo me mata!!!!, pero de placer…. Esta es la prueba de que se puede ser creativo sin abandonar determinados esquemas. Nuevamente una extraña locución aparece en la parte final. espero en algún momento descubrir su sentido, que seguro lo tiene.

Si los dos temas anteriores nos han dejado estupefactos por su creatividad y calidad, “Une virée”, va más allá. Con una base de jazz, y cantando en francés cual artista de la canción francesa más clásica, construyen un corte alejado de cualquier estándar de la escena pesada psicodélica. Puede que no todo el mundo pueda apreciar ese giro compositivo, pero, sin duda, es genial.

“Shadows” sigue la el camino de la calma a través de senderos de psicodelia de tintes retro. Creando misteriosos entornos llenan de misticismo unos surcos sólidos . Cálidos susurros con acordes pegadizos a pesar de su sosiego. Incluso me atrevería a decir que se intuye alguna influencia chamánica que recuerda a Jim Morrison. Magnetismo y hechizante combina momentos de blues con voces shoegaze. Blues psicodelico de muchos quilates que explota con poderosos riffs en los que las guitarras vuelven coordinarse para ofrecernos retazos doom sobre esos mimbres. Casi recitando como lo hacía Morrison, una vez narcotizados vuelven a despertarnos a golpe de riff. Diez minutos apoteósicos llenos de fuerza y garra. Toda una epopeya sonora de dimensiones descomunales.

Tomando como punto de partida el rock clásico que residía en los setenta, la voz vuelve a marcar la entrada en “Time of the healer”. Un nuevo ejercicio creativo en el que los ecos de los noventa se fusionan con poderosos riffs stoner. Con momentos más cercanos a lo que nos tenían acostumbrados en sus anteriores trabajos, la garra sigue marcando otro tema lleno de meandros. Seguramente estemos ante un corte extraño, pero precisamente esa es su virtud. La habilidad para manejarse entre momentos que llegan a ser desérticos con calmadas lagunas en las que el jazz el Dios Neptuno. ¡¡¡Otra vez ese maldito saxo me revienta la cabeza!!!. “TIME OF THE HEALER” tiene la destreza siempre para mantenernos alerta.  Cuando más enchufados estados, nos vuelve a descolocar con extraños efectos dejándonos aletargados. Una vez allí resurge como el Ave Fenix de sus cenizas para devolvernos al hard rock más contundente.

El disco está disponible vía Ripple Music.

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