Reseña: MOTHERS OF THE LAND.- “Hunting grounds”

a0278634590_10Nacidos en 2.012, y con su alabado debut “TEMPLE WITHOUT WALLS” publicado en 2.016, el cuarteto instrumental austriaco MOTHERS OF THE LAND publica su segundo álbum “HUNTING GROUNDS”. Disipando cualquier sombra de duda sobre si su debut fue solo una casualidad., el cuarteto de Viena corrobora toda la calidad que atesoran crean un trabajo cautivador y emocionante, arrastrándote en sus ondas de sonido y llevándote en el viaje junto a ellos a través de su mundo surrealista. Una travesía en la que sus guitarras flotantes prescinden de la palabra para contar sus historias, pero logrando practicar una oratoria ágil y atractiva, llena de virtuosismo y sensibilidad.  Un álbum rebosante de adrenalina pero también de dopamina, en el que su épicos pasajes instrumentales se adornan de múltiples ornamentos para crean un marco de gran belleza en unas canciones tejidas sobre una sólida base rítmica y con sus dos guitarristas derrochando técnica y sensibilidad. Rock vintage con mucha psicodelia, y logradas atmósferas progresivas pero con un alma heavy-rock con mucho peso en cada tema. “HUNTING GROUNDS” es el álbum perfecto para que aquellos que reniegan de los trabajos instrumentales tengan su oportunidad y en el que cualquier resquicio de monotonía desaparece, sin que se eche de menos la ausencia de voces. ¿Sería lo mismo si esta banda tuviera un cantante? La respuesta es incierta, pero con su exuberancia y elegancia son capaces de hacer olvidar que no tienen vocalista, simplemente no lo necesitan. Ya desde sus inicios mostraron la influencia que una banda como Wishbone Ash tiene en su sonido, ahora esa sensación es corroborada en esta versión contemporánea de la banda  liderada por Martin Turner. Al margen de esos bellos espacios de psicodelia progresiva, en cada canción aparecen esos tonos vintage que por momentos se alían con el sonido de Siena Root o incluso yendo más allá, de los mismísimos Purple. Un sonido aderezado con crujientes y afiladas guitarras herederas del heavy-rock de los años 80’s que hacen que el camino se bifurque para rencontrarse en una encrucijada sónica. Sus pasajes llenos de melancolía contrastan con la euforizante fuerza de sus riffs hirientes y de su poderosa base rítmica, que en un segundo plano, aporta una gran solidez a los temas. Pero si hay por lo que verdaderamente destacar este álbum, es por esas maravillosas espirales que sus dos guitarristas Georg Pluschkowitz y Jack Jindra nos ofrecen en cada canción, simplemente SUBLIMES!!!. Tras la escucha de “HUNTING GROUNDS” ardo en deseos de poder ver en directo a esta fantástica banda nacida en el corazón de Austria y que tras cuatro años de laborioso trabajo ha creado un magnífico álbum. 

Grabado y mezclado por Nino Del Carlo, masterizado por Lukas Wiltschko (LW Sonics) y con obras de arte del Dr. Knoche, Hunting Grounds es el segundo álbum de la banda, y está disponible vía StoneFree Records.

MOTHERS OF THE LAND se fundó en Viena en 2012 por Georg Pluschkowitz (bajísta de PASTOR) en la guitarra, Johannes “Jon” Zeininger en el bajo y Jakob Haug en la batería. Después de probar diferentes alineaciones, encontraron su constelación ideal en 2015 con Jack Jindra (Locracy) en la guitarra adicional. No mucho después, en junio de 2016, se lanzó su álbum debut debut “TEMPLE WITHOUT WALLS”  obteniendo un gran reconocimiento internacional, lo que resultó en fructíferas colaboraciones en todo el mundo. 

“Harvest” emerge con pausa desde un manantial de delicados acordes que fluyen entre ecos casi folk-progresivo. Tras la breve introducción el tema se embarca en una dinámica travesía a caballos de una composición propia del stoner instrumental, pero en la que ya vislumbramos las elegantes melodías herederas de Wishbone Ash. Cadente y evolutivo el corte va adquiriendo intensidad para situarnos en el centro del ruedo en el que la banda austriaca ejecuta sus mejores faenas.

Partiendo de un escenario más psicodélico “Hunting grounds”, el tema que da nombre al álbum se desangra en los lamentos de unas guitarras que juegan con los trastes antes de eclosionar en una bofetada de heavy-rock. Ritmos pegadizos y solos llenos de virtuosismo son una constante que vamos a encontrar en todo el álbum y que aquí brilla con luz propia. Sus momentos de fuerza majestuosos ceden ante el encanto de las bellas melodías estratificadas. Un intercambio de roles y protagonismo entre sus dos guitarristas que, desdoblándose, culminan en una orgía de fuzz y estruendosos ritmos. Todo un ardiente y seductor serpenteo en el que los desarrollos se superponen enredándose entre sí,  pero con un sonido cristalino. Infatigables los austriacos derrochan energía sin renunciar a la belleza de sus barrocos, pero atrayentes desarrollos demostrando la gran técnica que atesoran a las seis cuerdas. El tema tras su andadura heavy-rock culmina en espacios más progresivos.

Evocándome irremediablemente a “Rocking in a free world” de Neil Young, la introducción de “The beast”, con ese sonido fuerte que nos golpea es solo el preludio por un paseo por entornos psico-progresivos herederos de Wishbone Ash ornamentados con ecos más contemporáneos. Pasajes heavy-prog bajo tenebrosos bosques con sombras sabbhaticas.  Una plácido pero a la vez misterioso caminar entre luces y sombras conjugando distintas con gran acierto en incendiarios ritmos coloreados por un sinfín de riffs asesinos y crujientes. Amortiguando la fuerza de su poderoso bajo con delicadas armonías entre platillos chirriantes y poderosos tambores los elásticos riffs se estiran y encogen con gran habilidad. El resultado es uno de los temas más pesados del álbum.

Tras la eclosión del tema anterior, “Queen of the den” se deleita en pasajes llenos de mística. Los mejores pasajes heavy-psych afloran en una explosión de luz y frescura con atrayentes riffs. Siempre ofreciendo un buen argumento la banda va tomando distintas sendas en este paseo por la psicodelia más aromática. Un tema cristalino que no evita que encontremos un manto de sonidos difusos arropando las delicadas melodías. Toda una serpiente multicolor que ondula pero que no quita la vista de su presa. La banda aquí consigue crea un aura mágica de belleza sin igual para acaba disolviéndose en pausados y bucólicos acordes acústicos.

Construido sobre una armonía más sobria “Sanctuary” adopta tintes progresivos para transmitir una paz sensorial de lo mas gratificante. Delicados acordes ejecutados con una gran sensibilidad son asaltados por una explosión de riffs más propios del heavy-rock en una lucha de tú a tú. Estamos ante una banda de dualidades, si la primera es clara entre sus dos guitarristas, existen otras dualidades a destacar. Junto a la citada dupla de guitarras, encontramos un debate entre decantarse por un escenario pesado con sus solos asesinos o por la psicodelia apacible. Lo cierto es que los austriacos no parecen renunciar a nada, haciendo que consigan un resultado sobresaliente. Con momentos sinfónicos a mondo de respiro, dejan al descubierto bellos pasajes llenos de épica con la mirada puesta en el pasado. Balanceándose grácilmente sobre nubes algodonadas surcan la atmósfera surfeando con energía y vitalidad. El tema da un giro para salir de su espiral armónica y deleitarse en delicadas melodías sin perder su aroma vintage.   

El cierre llega con “Showdown”, un arrollador tema con pegadizos riffs hard-rock. Por la vía directa, sin atajos van construyendo un clima de gran expectación que nos hace preguntarnos por donde irán ahora los tiros. La respuesta son esos ondulantes riffs en línea Siena Root con una subida de revoluciones. Ácidos pasajes ensoñadores se conjugan con una orgía psicotrópica bajo su contagioso ritmo. Los solos se suceden sin desfallecer creando siempre dos estratos sónicos que por momentos se fusionan en uno solo con gran habilidad. Bien ensamblado, el tema deja la suficiente libertad para que las guitarras vuelen buscando su propio destino. Todo un cóctel explosivo en el que cada detonación está perfectamente estudiada. Su sonido parece salir de un híbrido entre los Purple más brillantes y sus venerados Wishbone Ash. Una gran combinación que fusiona esas sangrías de riffs coloristas con buen heavy-rock de cuna ochentera con todo el virtuosísimo de esas guitarras asesinas.

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Reseña: GREAT ELECTRIC QUEST.- “Live at Freak Valley Festival”

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Aquel viernes 21 de junio mi curiosidad me llevaba al escenario principal del Festival Freak Valley a comprobar “in situ” como se las gastaban los californianos sobre un escenario. Reconozco que a priori no era una de mis bandas favoritas del cartel, pero una vez, que al filo de las tres de la tarde de aquel caluroso día, y recién comido, tras la presentación de Volker, los primeros riffs del tema “In The Flesh” de Pink Floyd hacían que se despertara interés lo que hizo que me acercara al escenario para comprobar como se las gastaba el cuarteto de San Diego. 

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Seguramente no inventen nada, pero el rock and roll siempre ha sido actitud y fiesta, y GREAT ELECTRIC QUEST están sobrados de ambas cosas. Los heavy-rockers de San Diego, tal y como refleja fielmente esta grabación, ofrecieron un variado show con una variada puesta en escena por todo lo alto. Recuperando esa esencia del hard-rock y el heavy metal, defendieron su fe con solvencia.Una hora de show llena de épica y una irreprochable actitud exaltaba a los algo mas de dos mil almas que allí estábamos presentes.

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Basando su actuación principalmente en temas de su último álbum “CHAPTER II – OF EARTH” como “Seeker of the Flame”, las tres partes de “Of the earth” en las que Daniel “MuchoDrums” Velasco, ataviado con una gorra de plato y unas gafas de sol  con su toros al aire, marcaba los tiempos y se permitía un solo de batería a la vieja usanza, en la segunda de ellas. Riffs hirientes de Buddy Donner con su guitarra al viento, en un aquelarre que heavy-rock con tonos oscuros que daba paso a uno de los momentos más emocionantes de la tarde.   

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Si al principio su cantante aparecía en el escenario cubierto por una túnica plateada que ocultaba su rostro, a continuación desaparecía del escenario para ofrecer toda su pose heavy-rock en un show en el que posiblemente el  punto álgido fue la interpretación del clásico de Judas Priest, “Victim of Change” coreado al unísono por todo el personal que en esos momentos ya estaba en “modo fiesta”. Una versión en la que se explayaron, haciendo que el público coreara cada uno de sus estribillos.

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Su cantante, Tyler “T-Sweat” DIngvell agitaba una bandera sobre el escenario, interactuando con sus compañeros y con el público, el cuarteto de San Diego imprimía vigor a cada riff. Subiéndose sobre los amplificadores, zarandando sus instrumentos y con esa puesta en escena colorista, resultaron ser toda una agradable sorpresa para mí. Siempre he sido de la opinión de que en un festival tiene que haber una banda que ponga la electricidad sobre el público, y en la pasada edición del Freak Valley Festival, parte de ese papel lo interpretaron GREAT ELECTRIC QUEST, como queda patente en este álbum que edita el prestigioso sello Ripple Music.

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Si sus anteriores trabajos te engancharon, esta emocionante actuación de una hora de duración llena himnos épicos de trituración y bombeo de puños.

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 Puedes escuchar a la multitud jubilosa, en una hora completa en la que la banda entrega con maestría esas voces épicas, solos de alto vuelos, surcos de proto-metal y cambios cargados de jams por los que son conocidos en cortes como “The madness” o “Heart of the son” en la fase más tranquila de su actuación. La electricidad llenando instantáneamente el aire mientras la multitud se regocija entre sus cautivadores pasajes. 

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Tras esos momentos más pausados, la fuerza regresa con los hilarantes de riffs de “Wicked hands”, el tema de su anterior álbum “CHAPTER II – OF EARTH”. Altas dosis de energía en estado puro que tiene su apoteosis final con los siete minutos del tema de Deep Purple, “Highway star”, con el que ponen fin a su actuación ante el delirio de todos los presentes con infinitos solos. Una grata sorpresa que todos agradecimos como demuestra la gran ovación a la conclusión del show. Como suele decir la cantante de The Bellrays, Lisa Kekuala, en sus actuaciones para motivar al personal…. “This is a rock show!!!!!!” 

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Bandas como GREAT ELECTRIC QUEST, y discos como éste, hacen que muchos vuelvan a tener fe en el rock hecho a la vieja usanza, crudo y directo, con honestidad. Un disco lleno de diversión de ritmos frenéticos y punzantes. Sin sutilezas, el registro refleja fielmente lo que fue una calurosa tarde de rock and roll en la que todos nos divertimos infinitamente. Un registro histórico. 

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Reseña: HÄXAN.- “Aradia”

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Álbum debut de los canadienses HÄXAN, previsto para su lanzamiento el próximo 14 de abril vía DHU Records y Fuzzed and Buzzed Records ve la luz para ofrecernos buenas dosis de rock ocultista, proto-metal y mucho fuzz, bajo los dominios de la hechizante voz de Kaykey Bomben. Un álbum en el que se combinan oscuras melodías con ritmos ondulantes y atmósferas de psicodelia pesada. Pasajes líricos y desgarrados entre momentos más propios del heavy-rock de los ochenta y el stoner contemporáneo.  Un álbum en el que los temas fluyen con agilidad y que golpea fuerte al oyente. “ARADIA” es el nombre de la Diosa que nació del incesto entre Lucifer (The Light Bringer) y la Diosa Diana (The Moon) y fue traída a la Tierra para enseñar brujería a los oprimidos. Aradia es reconocida como la maestra principal que transmitió las artes mágicas a las Brujas en la Tierra. En los círculos de las brujas todavía se la venera como “la Diosa”, y estos canadienses, continúan con ese ritual en el que el doom aparece entre esas oscuras atmósferas ocultistas rebosantes de fuzz tóxico. “ARCADIA” es la culminación de la evolución de la banda desde que en 2016 publicaran su primera “DEMO”, ahora, se presentan al mundo en todo su esplendor con este tenebroso ritual. 

HÄXAN lo componen: Kayley Bomben (voz), Paul Colosimo (guitarra) Connor Poirier (guitarra rítmica) Eric Brauer (bajo) y Paul Ciuk (batería)

“Intro” abre este “ARCADIA” a golpe de riffs heavy-psych y una potente batería. Estirándose y contoneándose, el corte anuncia el preludio de algo importante. 

Altas dosis de fuzz ondulante nos ofrece “Nicomedus”. Un potente ritmo y voces heavy-rock construye un tema potente con un regusto a 80’s. Una interesante combinación con una repetición en su estructura que destapa la calidad vocal de Kayley Bomben.

Por la senda proto-metal “Baba yaga” se muestra enérgico con sus incesantes ritmos. Con ciertos tonos ocultistas, el torbellino rítmico se combina con una aguda voz en línea heavy-rock. Gritos y melodías en pos de una causa común y ondulaciones constantes sobre el infatigable ritmo. Destacan los pasajes en los que la guitarra se suaviza en solo menos agresivos que el resto del tema.   Un aire retro subyace en la repetición de sus riffs. 

“Aradia” nos ofrece otra faceta de los canadienses. En misteriosas y oscuras atmósferas dejan de lado la pesadez para introducirnos en una ceremonia ocultista bajo apacibles e inquietantes momentos instrumentales. Plegarias en las que la voz de su sacerdotisa despliega todo su poder entre sostenidos pasajes que crean el clima litúrgico. Un despliegue lírico entre humeantes antorchas custodiando el ceremonial. 

Recuperando la fuerza momentáneamente, “Low ride” se torna algo más doom, sin perder la vocación ocultista del tema anterior. Tras una primera parte con un potente sonido el tema desciende a plácidas estancias lisérgicas que sirven de escenario para que la voz desarrolle todo su potencial  y sensualidad elevando la intensidad del tema. 

“Dissociation” parte con una extraña locución para introducirnos en atmósferas dominadas por pasajes de psicodelia pesada de vocación doom. Aquí, junto a los cadentes riffs, introducen algún elemento exótico persistiendo el carácter pseudo-ocultista. Efectos y fuzz intoxicante encabritan el tema con esos solos incisivos y afilados en su parte final. 

El legado Sabbath se fusiona con vigorosos momentos heavy rock en “Aradia”. Pasando del frenesí a plomizos ritmos perezosos, avanzan cansinos para retomar inmediatamente la velocidad y la fuerza entre toneladas de fuzz así como la lírica y desgarrada voz de su cantante. Si en los cortes anteriores hemos comprobado la calidad vocal, aquí encontramos un derroche lírico con distintos registros que sin duda, me enamoran. 

“Dead silence” nos mantiene en esas misteriosas atmósferas contaminadas por los psicotrópicos.  Un perturbador corte en el que su difuso sonido no impide que encontramos una vigorosa batería y esa hechizante voz en todo su esplendor. Mas fuzz y un sonido stoner que no pierde la vocación ocultista.

Con tonos más propios del proto-metal “Counterfeit” no reniega del legado oscuro de los setenta. Poderos y llevando el fuzz al extremo, el torbellino sombrío se cierne sobre nosotros con cambios de ritmo que desemboca en plácidos momentos de psicodelia susurrante. Cadentes y aterciopelados pasajes no transitados con anterioridad aportan una versatilidad a un álbum que, sin salirse de su apuesta se reinventa en cada tema.  

Si el resto de los tema oscilaban entre los tres y cuatro minutos, “The alchemist”, con sus ocho minutos, deja espacio para que la banda desarrolle mucho más su propuesta. Stoner, proto-metal, heavy rock, y una guitarras que se adornan con exóticas florituras entre pesados y dinámicos ritmos que no dejan de contonearse entre esa bacanal de fuzz humeante. Toda una orgía rítmica que en esta ocasión deja menos espacio para el lucimiento de su vocalista.  

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Reseña: STONUS.- “Aphasia”

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Originarios de Chipre y residentes en el Reino Unido desde hace un par de años, STONUS tras dos EP’S publica “APHASIA”. Tomando prestados elementos de Nebula, Black Sabbath y siempre bajo ritmos stoner rebosantes de fuzz, consiguen que cada tema del álbum merezca la pena por sí mismo. Psicodelia, heavy-rock y arenosos sonidos para tratar de reflejar el trastorno mental de una forma espiritual. Esa lucha interior de cada ser  queda reflejada en un álbum que puede ser de todo, menos monótono. Combinando vertiginosos momentos al más puro estilo desert-rock, no dudan en descender a espacios más plácidos en los que la psicodelia intoxicante les hace sentirse más cómodos. En una primera escucha, podrás identificar el stoner tradicional, pero si escarbas en sus surcos, encontrarás un verdadero tesoro heavy-psych. Fuzz, mucho fuzz, para conseguir un estado de trance en el que la chamánica voz nos atrapa sin remisión. Una magia que nos confirma lo importante que es tener un buen cantante en una banda, y aquí tenemos la prueba de ello. Con algunos momentos floydianos, los temas cobran una nueva dimensión cuando se dejan llevar por los efluvios lisérgicos de sus pasajes instrumentales. Siempre cálidos y hechizantes, también se manejan bien cuando recuperan el proto-metal de los setenta. Un notable trabajo que bien merece una profunda escucha.  

“APAHASIA” fue grabado en vivo en Wreck it Sounds Studios en Corinto, (Grecia) bajo la supervisión de George Leodis y John Modes, y está disponible en vinilo vía Electric Valley Records y en CD a través de Daredevil Records. 

STONUS lo componen: Kyriacos Frangoulis (voz) Pavlos Demetriou (guitarra solista), Nicky Ray (guitarra rítmica), Andreas Aristides (bajo) y Kotsios Demetriades (batería).

Al respecto del título del álbum, la afasia afecta la capacidad de una persona para usar o comprender palabras. Las personas que lo padecen pueden tener dificultades para hablar y encontrar las palabras para completar sus pensamientos, comprender conversaciones, leer, comprender palabras y usar números. Afasia siempre permanecerá dentro de ti encogiendo tus pensamientos que permanecen en tu conciencia, tratando de correr detrás de ti

“Intro(first breath)” es una breve introducción con efectos envolventes y en sonido de un cardiograma que se apaga par dar paso a un impactante ritmo de batería de “Awake”. entrando paulatinamente y elevando la intensidad unos poderosos riff reparten altas dosis de fuzz. Con una estela de fuzz heredera de Nebula, los tonos garageros aparecen con una ahogada voz sobre espacios humeantes y turbios. Un potente ritmo sobre momentos psych persiste incluso cuando el sonido que identifico como de sintetizadores se va modulando. 

Tras una locución inicial,  “Aphasia” nace del legado hard-rock con riffs que se repiten y se tornan más stoner, dejándose llevar por el legado Sabbath. Si escuchas unos momentos a los griegos posiblemente identificarías su sonido con el stoner desértico, pero lo cierto que si profundizas más en sus temas, te das cuenta que donde verdaderamente se sienten más cómodos es cuando incorporan elementos de heavy-psych sin renunciar a esa vocación arenosa. Vertiginosos por momentos y completamente intoxicantes en otros, pero siempre usando el fuzz con precisión. 

Con momentos más retro, “Mania”, con sus pegadizos riffs inciales y momentos de calidez después, nos seduce con un hechizo, como preludio de pasajes heavy-psych oscuros y sabbathicos. Entre las aguas del stoner humeante y placidos remansos más psicodélicos, los riffs van ondulando bajo un aura chamánica. Logrados pasajes vocales llenos de una magia especial. Algo que a veces se nos olvida en una banda, y es la importancia de tener un vocalista que incremente la grandeza de su música, y aquí, lo hay. El complemento perfecto para que las guitarras ácidas aparezcan con luz propia brillando entre brumosos pasajes psicotrópicos. 

“Nadir”, el tema de mayor duración con sus ocho minutos y medio,  deja espacio para que los chipriotas desarrollen todo su potencial alejándose de estereotipos. Con una introducción casi floydiana, nos van sumergiendo en un  espacio narcótico. Sosegados acordes crean un reconfortante clima de relajación que supone una liberación sensorial. Utilizando una dupla de guitarras situadas en dos estratos diferenciados, combinan los difuso y turbio con cristalinos punteos. A su espalda, la batería va intensificando el corte hasta llevarnos a esos borrosos espacios arenosos. Sin ninguna prisa ni atadura, la guitarra se deja llevar por una jam incrementando la fuerza del tema. Una voz ecualizada surge de las profundidades, mesiánica imponente, chamánica. Casi coros celestiales, y con un desarrollo lleno de matices, el tema adquiera tonos épicos. 

Tras el gozo y éxtasis del tema anterior, “Dead end” nos devuelve a la tierra a golpe de fuzz y desert-rock ortodoxo. si la primera impresión es esa, la de un tema directo, nos vuelven a sorprender con momentos Sabbath, entre coros rituales para acabar tras la embestida, por la senda del heavy-rock a través de solos virtuosos.  

Unos efectos de viento, así como oscuros acordes llenos de misterio, abren “Ghost town”, el tema que cierra el álbum. Una calma tensa entre brumosos espacios en los que el misterio se mastica.  La tenebrosa voz en pura linea Sabbath, se balancea cálida y hechizante. Por una senda oscura y tenebrosa, súbitamente el tema cambia su estado a momento en los que el proto-metal y el hard rock de los setenta aparecen en forma de estampida. Todo un torbellino sonoro nos acecha con una aura vintage. Tras ese arranque de fuerza, el tema nos deja con ganas de más, pareciendo que estuviera inconcluso.  

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Reseña: RED SCALP.- “The Great Chase In The Sky “

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Un nuevo brote de la cantera polaca que sigue dándonos cada día más y mejores álbumes. Aquí el quinteto polaco trata de aportar más riqueza a su sonido con una experimentación sobre atmósferas progresivas que recubren su verdadera vocación de psicodelia pesada. Un trabajo bien producido que en cada tema contiene multitud de matices y giros. Sin perder su admiración por los nativos americanos, los cantos rituales y los ritmos ancestrales rinden nuevamente pleitesía a sus antepasados, esta vez sobre marcadas estructuras progresivas. Un equilibrio entre la pesadez y las melodías que refleja el giro que algunas bandas están tomando en un sonido que en muchas ocasiones se queda anquilosado y repetitivo. Es toda una alegría que bandas de la calidad de RED SCALP se inclinen hacia esa experimentación progresiva que solo hace enriquecerles como ya vimos en bandas como ELDER. Toda una puerta abierta que nos llena de esperanza y que demuestra que la reinvención es posible en beneficio de versatilidad. Temas hechos con esmero que logran transmitir sensibilidad y estados de ánimo en los que el peso de los teclados y vientos aporta enorme dosis de frescura a su psicodelia pesada sin que esto signifique renunciar a nada, sino abrir nuevos horizontes; algo muy de agradecer.    

“Mothertime” y sus siete minutos parte con la cortina sónica tejida por los teclados y sintetizadores a modo de introducción, una de las características de este nuevo álbum. A partir de ahí la banda da paso a una efectiva combinación de momentos heavy-rock con espacios hard-progresivos. El predominio de las teclas entre la espesa base rítmica hace que su sonido sea ciertamente monumental. melodías heavy-rock acarameladas y empalagosas sobre exuberantes ritmos entre corros y solos virtuosos que recuperan sonidos mas propios de los ochenta. La dualidad de las guitarras entre los densos pasajes crean un espesura de sonido apabullante. En el tema, y gracias a los cuidados sintetizadores se aprecian vibraciones progresivas en una banda que no pierde su vocación de recuerdo a los nativos americanos.

El sinfonismo de “Chase” y su aura lisérgica nos  prepara para la gran épica que está por llegar. Un cadente e hipnótico bajo y la guitarra aflorando con sutileza entre las oscuras atmósferas,  nos sirven de preludio de un tema que evoluciona engrandeciéndose en su caminar. Riffs mas propios del doom aparecen majestuosos. Los cantos rituales indios describen el entorno místico en el que se desenvuelven los polacos.  Cantos entre la bruma invocando a los ancestros. tras un silencio los ritmos hard-prog con fuertes guitarras y bien cuidadas melodías vocales, se elevan entre esos ritmos stoner-doom. Una composición tupida con riffs que se repiten. Sin embargo encontramos un contraste con el sinfonísmo progresivo y una voces más propias de cuatro décadas atrás. Lo nuevo y lo antiguo unido para marcar el nuevo rumbo tomado por RED SCALP en este trabajo. Siguiendo de alguna manera el camino abierto por ELDER en sus últimas entregas, los sonidos de instrumentos de vientos aparecen sutilmente entre los pesados y oscilantes riffs. Toda una bacanal de efectos y una diabólica batería en un auténtico ritual de guerra en el que se aprecia una gran riqueza compositiva. Una atrevida combinación con un sabro añejo en la que los momentos heavy-progresivos sirven de soporte a los fornidos y difusos ritmos entre solos virtuosos.

“Sacred space” sirve de escenario a unas atmósferas que sin perder su vocación progresiva se recuestan mas en escenarios de psicodelia pesada. Los ritmos tribales de los nativos americanos son descritos desde el sosiego. Resonancias ancestrales con profundas voces con efectivas melodías adornan un tema profundo, atrayente y calmado. El saxo aparece esplendoroso demostrando que los polacos quieren aportan frescura a su música.  Un giro inesperado de los muchos que tenemos en el álbum nos embarca en una espiral del pesados ritmos de tonos  sobre los que se incrustan afilados solos. Constantes oscilaciones y serpenteos van elevando la intensidad del corte. Una gran cantidad de matices que llevan a los polacos a decidirse sobre los espacios heavy-progresivos tan presentes en todo el álbum. Unos pasajes en los que los teclados se muestran esplendorosos. Pesado, oscuro y sinfónico, el tema va moldeando cada acorde sin que el sonido plomizo de la banda se resienta. Todos estos nuevos elementos no hacen sino enriquecer su sonido. 

“Gunsinger” uno de los temas destacados de “THE GREAT CHASE IN THE SKY” se deja llevar por la veneración de los ancestros con sus cantos tribales en atmósferas de psicodelia pesada. Candente, lisérgico, y lleno de efectos deja al descubierto su lado más psicotrópico. Llamas que se elevan al cielo en busca de la redención y danzas en la noche llenas de magnetismo.

El álbum se cierra con “Slide”. Un tema de diez minutos marcado inicialmente por esos omnipresentes teclados. Tenebroso y lleno de misterio, el relato aquí demuestra que el quinteto trata de perfeccionar su sonido hacia nuevos horizontes.  Densos, pero cuidando las melodías Un cadente bajo en una ambiente ciertamente chamánico que explota con pesados riffs mientras las melodías vocales siguen fieles a su sensibilidad sentimental. Pasajes de stoner ortodoxo se mezclan entre la ampulosa instrumentación. toda una danza envolvente que cesa al dictado de una guitara acústica que hace dar un nuevo giro al tema antes de la espiral que nos espera en su parte final. Un tema lleno de épica. 

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