Reseña.- SKUNK.- “Strange vibration”

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“STRANGE VIBRATION” es toda una lección magistral de como hacer proto-metal y hard-rock 45 años después  de que nacieran esos sonidos y parecer como si hubiera sido hecho entonces. SKUNK dejan claro con sus propias palabras de donde vienen sus  influencias, y sin duda, eso queda reflejado en este álbum. Siendo Black Sabbath una referencia para muchos, aquí también encontramos vibraciones de otras grandes coetáneas de aquellos años como Sir Lord Baltimore, Budgie, Granicus….. y una larga lista que podríamos nombrar.  Pero también podemos encontrar reverberaciones más propias de bandas como Grand Funk, Led Zeppelin o Leafhound, por citar algunas. Blues y psicodelia en las entrañas de unos surcos que están llenos de vitalidad, de riffs infecciosos y de hechizantes momentos psicotrópicos. Acercándose por momentos a postulados hard & heavy, la banda se desenvuelve con facilidad en todos los terrenos. Bien sea en los momentos más salvajes, bien en los momentos en los que descansa el guerrero. El particular registro vocal de John McKelvy, situado en algún ligar entre Ozzy Osbourne, Geddy Lee (Rush) o Burke Shelley (Budgie) le da un tono particular a la banda. Por otro lado, los laberintos de las guitarras de Dmitri MavraErik Pearson siempre están cuando los necesitas, o incluso cuando menos te lo esperas. Ya nos habían avisado en su demo “HEAVY ROCK FROM ELDER TIMES” del potencial que tenían; algo que confirmaron con su anterior álbum “DOUBLEBLIND” y que ahora pueden colgar de la pared con la orla con “STRANGE VIBRATION”. Toda una patada en el trasero para remover convencionalismos. Uno de esos disco que te recuerdan que estás vivo y que nadie debería pasar por alto. Publicado por Fuzzy Mind Records. 

“Strange Vibration”, el corte que da nombre al álbum, parte de riffs típicamente hard-rock setentero, aderezado con buenas dosis de blues entre aullidos de fuzz. Entre lo ocultista y lo chamánico, SKUNK lanzan un hechizo intoxicante. Cual lobo en lo alto de la colina aullando ante la mirada de la luna llena, las guitarras hacen su papel, custodiados por fornidos bosques de doom y blues en una combinación que te deja k.o. 

Por la senda más ortodoxa del proto-metal se desarrolla “Stand in the sun”.  En algún lugar entre Budgie y Sir Lord Baltimore, los estribillos y los ritmos pegadizos, junto a las voces sabbathicas, el tema no reniega de en descender a cavernas con efluvios lisérgicos.

Nidos de serpientes entre una bacanal de riffs con un ritual de apareamiento. El tema evoluciona a momentos hard & heavy con ecos de Granicus.

La senda del hard-retro se recorre a buen ritmo en “Light and shade”. Con esa voz chillona que no llegas distinguir si canta con “falsetes” o es así de natural, el tema coquetea con oscuros momentos de corte ocultista. Si bien los ritmos, especialmente el de la batería de Jordan Ruyle, son de corte Zeppelin, la cadencia y la vocación del mismo sigue otros derroteros. Una de las grandezas de esta banda es que podemos encontrar distintas influencias entremezcladas con habilidad para componer un tema con personalidad. Si, nos puede sonar a muchas cosas, pero probablemente eso es lo que pretendan los de Oakland.

Construyen a base de ecos Hendrix acompañados de un groovy vocal y ritmico a caballo entre Grand Funk o Captain Beyond un tema como “Blood moon rising”. A base de fuzz y ritmos funkies, juguetean con el blues humeante en una ceremonia de vudú en la que los demonios salen fuera de nuestro cuerpo. Absolutamente contagioso eso jodido ritmo!!! ¡¡¡Si tus pies permanecen en reposo es que estás muerto!!.

Un título como “Goblin orgy” no puede dejar dudas de su contenido. Toda una orgía de heavy-blues con atropellados ritmos que se enzarzan entre sí como si se estorbaran a sí mismos. En una huida hacia a delante, de una forma diabólico el tema se acelera transformándose en algo más tenebroso sin perder su carácter vibrante.

Los californianos no tiene rubor en ejecutar temas heavy-psych en los que los acordes de guitarra respiran de alguna manera de vientos exóticos. Así “The black crown”, con una batería que nos presagia que algo va a suceder con ritmo ritual, ofrecen un tema más ácido en el que los elementos doom y blues tienen su protagonismo. Desde esas cavernas oscuras y abyectas, emergen riffs doom para llevarnos a pantanosos espacios de psicodelia pesada y humeante. Un paseo por umbrías boscosas en las que neblinas aturdidoras.  Un tema bien estructurado con un gran trabajo de las guitarras, sabiendo compaginar los riffs afilados con la pesadez rítmica. Casi diez minutos en los que SKUNK dejan muestra de todo su potencial  en el que posiblemente sea el corte más destable del álbum.

Instalados en el rock de los setenta, ritmos Zeppelinianos abren “Evil eye Gone Blind“. Ahora con un registro vocal que por momentos se acerca a Bon Scott, el rock and roll queda reflejado a base de animados ritmos y pegadizos estribillos. Tema bailable en el con aparece algún momento Cactus, con guitarras serpenteantes que vuelven a aullar en solo licantrópicos.

En esa onda divertida, y por escenarios hard-retro, “Star power”, reunen la mayor parte de los elementos del proto-metal. Una evolución de los sonidos más primitivos y cavernícolas que van puliéndose apuntando el camino del hard & heavy.  Altas dosis de energía en su interior.

“The cobra’s kiss” a base de ritmos retro con genes zeppelinianos, sigue la dinámica del resto del álbum. Fluidez y ritmo, ahora con voces y coros que te enganchan. instalados en los setenta, los pedales de las guitarras echan humo. Nuevamente una orgía de ritmos y riffs ejecutados a toda velocidad. Frenético y pegadizo contiene buenas dosis de blues en sus entrañas. Escarbando en el tema podemos encontrar múltiples estilos que conviven en armonía en un mestizaje de estilos que resulta efectivo y preciso. 

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Reseña.- SHOTGUN SAWYER.- “Bury the hatchet”

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Segundo álbum del trío compuesto por Dylan Jarma (voz y guitarra),  David Lee (batería), Brett “The Butcher” Sanders (bajo). Procedentes de Auburn (California), nos ofrecen nueve temas en los que las influencias del blues del Delta de Muddy Waters o Howlin’ Wolf se fusionan con sonidos más cercanos a Led Zeppelin o Black Flag. Un viaje en el que el pasado y el presente se unen bajo sus pesados ritmos. Unos ritmos que son ventilados por unos inequívocos vientos sureños. “BURY THE HATCHET” es un disco que huele a bourbon y sudor de club humeante. Una descarga de energía stonerizada, pero que no pierde su esencia blues. En un momento en el que musicalmente casi todo está inventado, el trío ejecuta la música que sale de su entrañas sin ningún tipo de complejos. Un sonido sucio que nos recuerda la esencia pura del rock and roll de sus inicios. Si el blues-rock es la base en el álbum no faltan una buenas dosis de psicodelia humeante. Sin sutilezas, van al grano en unos temas directos. Un disco crudo registrado en vivo para mantener toda la esencia del sonido de la banda. Seguramente si no fuera así, el álbum no tendría la fuerza atronadora de sus ritmos y sus guitarras punzantes.

Poderosos riffs elevan Ain’t Tryin To Go Down Slow” hacía un sonido que se acerca al hard-rock más clásico, pero a su vez enérgico. Blues desértico sobre voces herederas del proto-metal de comienzos de los setenta. Toda una descarga diabólica con guitarras aulladoras sobre ritmos atronadores. Un corte sin sutilezas, de esos que no hacen prisioneros y van directos a la yugular, sin contemplaciones. Poseídos en una nube de fuzz humeante el tema deja un rastro de destrucción a su paso. Una buena forma de meter al oyente en ambiente. Pura ¡¡high-energy!!.

Más instalados en sonidos herederos de Led Zeppelin“(Let me) Take your home”, nos conduce al blues-rock más clásico bajo tonos retro. Un sonido más sucio que se ve envuelto en humo de marihuana contaminándonos con sus hirientes y hechizantes guitarras.  Con el sonido típico del power-trío, cada instrumento ejecuta su papel a la perfección, aportando siempre algo. Un tema que supone un cóctel del blues y un sonido Zeppelin stonerizado al que se la añadido un fuerte estimulante psicotrópico.

Ésto es una constante en muchos de los temas que encontramos en “BURY THE HATCHET”. El blues que se transforma en psicodelia, lo cual, para un servidor es muy de agradecer.

Mucho más ortodoxos con el blues, “Backwood bear” bajo el aroma del blues del delta, nos describe una paisaje en el que las cabañas de madera son habitada por tipos rudos. Efluvios sureños que toman elementos de swamp-rock y slide sobre un ambiente rural. Mucho más tradicionales el tema contiene un olor a los años sesenta en las melodías vocales. El tema es una giro total en el registro que nos habían mostrado en los dos cortes anteriores.

Con unos riffs que me recuerdan fugazmente el tema “Chinatown” de Thin Lizzy el trío californiano  se sumerge en “You got to run” en espacios en los que el boogie-rock evoca a cualquier garito de carretera en el que el alcohol corre sin freno. Un ritmo palpitante y voces feroces conviven con momentos ácidos y lisérgicos en un tema lleno de fuerza.

Mucho más inquietante y misteriosos, cambian el registro hacía territorios más psicotrópicos en  “Son of the morning”, uno de mis temas favoritos del álbum. Bajo los auspicios de un blues lisérgico, y con una cadencia vocal heredada de los Zeppelin más bluseros construyen atmósferas en las que las sustancias alucinógenas salen de cada nota. Todo un trance lleno de acidez con una  intensidad y magnetismo impresionante. Si en el resto de los temas estos chicos enganchan, aquí me postro a sus pies.

“Hombre”, retoma los sonidos de blues y boogie-rock más ortodoxos. Unas vibraciones que se colorean de sucios riffs en “Love you right”. Otro tema en el que el blues pesado y las vibraciones retro-psicodelicas se combinan sobre un bajo que nos golpea con fuerza en cada nota. Una base armónica que se repite en su estructura y por la que transitan las voces de Dylan bajo los humeantes riffs de su guitarra fuzz. Otra vez lo han hecho. partiendo del blues se dan una buena zambullida en sonidos psicotrópicos rebosantes de crudeza.

Si la producción de este disco fuera más refinada, seguramente no tendría el gancho que tiene su temas. Unas canciones que se muestran rugosas y sin pulir, al natural.

Otra vez el blues psicodélico me destroza las neuronas en “When the sun breaks”. Un sonido primitivo lleno de garra y fuerza sobre el que los solos de guitarra transitan con total impunidad, mientras la sólida base rítmica de David y Brett  no deja de golpearnos insistentemente con toda su fuerza. Aquí encontramos el mayor ejercicio vocal de Dylan.

“Shallow grave” vuelve a los orígenes con ecos de blues-rock sobre los que desarrollar sus solos humeantes. Un corte de blues pantanoso en que la presencia Zeppelin se palpa en sus riff y su cadencia.

Brett y Dylan, amigos desde la infancia, han tocado música juntos durante casi todo el tiempo. Al aceptar una invitación a una sesión improvisada en enero de 2015, el experimentado batería David Lee demostró ser el elemento que faltaba en las melodías de estilo vintage que Sanders y Jarman siempre habían imaginado. En una sola noche, con los tres compartiendo nuevas ideas, posibilidades y ambiciones, algo hizo clic; Pocos días después, SHOTGUN SAWYER se subieron al escenario El resultado fue una mezcla atronadora, apasionada y única de bajos maravillosos, riffs crujientes, voces potentes y solos de guitarra punzantes, todo ello respaldado por una batería virtuosa.

“BURY THE HATCHET” se publica el 19 de abril de 2019 vía Ripple Music

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Reseña: GONE COSMIC.- “Sideways in time”

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Liderados por una magnífica cantante como es Abbie Thurgood (The Torchettes), cuyos tonos audazmente evocadores recuerdan a Skunk Anansie y el acompañamiento de un ágil y agresivo atuendo de rock psicodélico, compuesto por el guitarrista Devin “Darty” Purdy (Chron Goblin), el bajista Brett Whittingham (Chron Goblin), el batería Marcello Castronuovo (Witchstone), GONE COSMIC han  creado un dominio expansivo que se extiende desde los sofocantes hoyos de lodos sureños hasta paseos espaciales. Una banda que se une a la corriente retro-rock y que entre brumas completan un debut sólido y de gran calidad. Temas intensos y profundos, con cadencia lisérgica , tonos blues y mucha sensibilidad. Si a ésto añadimos unos solos de guitarras asesinas y momentos en los que se envuelven en un manto oscuro, el cóctel está listo para ser tomado.  Es inevitable que pueda venirte a la cabeza el sonido de Blues Pills, y su cantante femenina; pero los canadienses van mucho más allá. Su experimentación nos depara momentos vibrantes llenos de intensidad y a la vez otros en los que la magia anestesiante se apodera de nuestros sentidos. Sólidos y bien ensamblados tienen la suficiente creatividad para que no sean comparados con nadie. Un trabajo ante el que uno de no debe de estar condicionado por lo que intuye contiene su interior. A buen seguro te sorprenderán y pensaras que el viaje a merecido la pena.

Tonos retro sobre ritmos pegadizos y una voz evocadora de las grandes del blues aparecen en “Dazed”. Guitarras que saquean ritmos del pasado para teñirlos de acidez psicotrópica. Incisivos y profundos su base de hard-rock con elementos de psicodelia unido a la sugerente y potente voz de Abbie Thurgood son una impresionante carta de presentación. Allá donde se quedaron Blues Pills, es el punto de partida de los canadienses GONE COSMIC.

“Deadlock”, partiendo de ondulantes ritmos difusos los canadienses, bajo un manto psicodélico combinan sosegados espacios que se inclinan al blues humeante. Psicodelia oscura y cegadora que conjuga elementos de los setenta con resonancias desérticas. Retro-alimentándose de sí mismos, evolucionan y moldean el tema con los profundos registros y la habilidad del otrora guitarrista de  Chron Goblin, Devin “Darty” Purdy con sus solos hirientes. Una aura misteriosa envuelve el tema con bucólicos registros inspiradoe en momentos west-coast en una lucha con postulados retro.

Hay elementos comunes que aparecen en todos los temas. Ninguno de ellos es igual que el otro, pero la ambientación psicotrópica, el blues y los ritmos setenteros, siempre aparecen por algún surco de cada tema. Si en “Siren” es el bajo el que toma el protagonismo, la susurrante voz se eleva con fuerza y garra abriendo los cielos para que la luz entre entre las tinieblas del su relato. Cadente y dinámico, mantiene el misterio con su cadencia psych. Sería fácil decir que estamos ante una banda retro más con vocalista femenina de las que tanto proliferan últimamente, pero creo que aún siendo así, deberíamos quitarnos este prejuicio con los canadienses. Puede que no estén inventando nada, pero he dicho muchas veces, la honestidad y la calidad siempre son un valor a tener en cuenta, y aquí la hay a raudales.

La versatilidad de GONE COSMIC, especialmente de su vocalista nos lleva a descubrir como se desenvuelven en oscuros bosques donde las brumas inquietantes son descritas. “Faded release” describe pausados espacios aparentemente llenos de misterio, para destrozarlos con una portentosa garganta llena de fuerza sobre poderosos riffs.   Garra y sensualidad unidad por una causa común, que contagia a sus compañeros de viaje. En modo stoner, los pesados ritmos contrastan con el sosiego del comienzo del tema. Si Blues Pills tocaron la gloria, el cuarteto canadiense tiene todos los elementos para poder seguir su camino. Una impresionante vocalista, un guitarra incisivo y una poderosa base rítmica, y sobre todo, saben como usar su armas de seducción.

Entre el stoner y el hard-rock “Turbulent”  es el escenario perfecto para que Devin exponga todo su virtuosismo.  Constante cambios de ritmos con la guitarra como protagonista hasta caer en un oscuro pozo en el que los elementos heavy-psych custodian momentos entre inquietantes y misteriosos con constantes giros inesperados en un tormentoso tema.

“Misfit wasted” mantiene el aura oscura en unos tonos más rituales en los que la sacerdotisa recita sus oraciones dentro de una mística religiosa en un corte de psicodelia pesada con tonos blues. Los lamentos se elevan a las deidades con sus plegarias. Un ritual de vudú con resonancias de la década de los setenta llenos de intensidad. 

El resumen de todos los estilos que practican GONE COSMIC bien pudiera ser “Bear the weight”. Aquí encontramos los registros fuzz, los riffs desérticos, tonos retro, riffs de psicodelia humeante, el rock más clásico, el soul. entre todos estos estilos bajo los auspicios de un riff que se repite la banda genera un exuberante corte lleno de fuerza.

En una línea similar “My design” partiendo de momentos de rock clásico teñidos de psicodelia profunda, comandada por solo humeantes y una fornida linea de bajo, sirve de escaparate para la sutileza del soul y el blues de su vocalista. La seducción sobre vientos de bucolismo apacible sin perder el tono lisérgico. Mucho más sutiles y sosegados, el tema mantiene el carácter por una base rítmica sólida entre la sensualidad aterciopelada de la voz..

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Reseña.- PHARLEE.- “Pharlee”

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Nacidos de la prolífica escena psicodélica de San Diego, con Justin “Figgy” Figueroa (Harsh Toke, Arctic) en la guitarra, Dylan Donovan (Sacri Monti) en el bajo, Zachary Oakley (Joy, Volcano) a la batería y Garret Lekas en los teclados. aportando un toque vintage a la exuberancia y desmesura de sus temas, más la portentosa y rabiosa voz de Macarena Rivera que pone la nota del blues más rabioso, publican su debut homónimo bajo el sello Tee Pee Records

PHARLEE construyen una vorágine de hard-rock con ondulaciones a lo largo de sus surcos contagiosos y riffs influenciados por el blues, tejidos con un hilo de psicodelia que se convierte en una bacanal rítmica de proporciones desmesuradas. Influenciados por el hard-rock de los setenta al que le incorporan altos dosis de sonidos psicotrópicos que mitigan con los tonos blues-rock de la voz de Macarena, la que pone orden en el presunto caos que construyen el quinteto. Dinámicos, no dudan en fusionar elementos del sonido de la Costa oeste con el heavy-psych más ácido y corrosivo y el latente espíritu blues. una perturbadora sección de ritmo en la que los músicos cambian sus instrumentos habituales para generan un nuevo espectro de proporciones descomunales. Con ecos que pueden llegar desde Blues Pills, Ruby The Hatchet o Electric Citizen, a  la enajenación lisérgica de Earthless. Toda una locura de disco que volará la cabeza del oyente con sus enajenadas distorsiones y la rabia con la que está ejecutado. 

Está claro que el espíritu de la escena de San Diego queda fielmente reflejada aquí. Músicos que experimentan con instrumentos que no son que utilizan habitualmente y que se dejan llevar por sus instintos, siempre optimistas y fiesteros.

Seis temas no muy largos y que van directos al grano. Solo hay que escuchar los primeros de riffs de “Ethereal woman”, para darnos cuenta de la exuberancia de los californianos.

Dinamismo arrollador con ritmos diabólicos mientras el potente órgano retro trata de poner algo de cordura a un tema que transita a toda velocidad enseñando toda la locura de las bandas de San Diego, y añadiendo una buena dosis del blues-rock más desgarrado. Una bestialidad de tema que deja un rastro de desolación a su paso

“Creeping”, ondula entre los vientos retro con un ritmo frenético, con constantes giros mientras Macarena aporta su magia soul-blues sobre el caos que tiene con ella. La demencia se frena para ofrecernos desarrollos en los que la guitarra libra una batalla con el órgano por llevar las riendas del tema a su terreno favorito.

Otro impactante tema es “Darkness hour”. Algo más luminoso que sus predecesores parece vivir más cómodo en los ecos de los setenta. Nebulosas rítmicas arropan los juegos vocales blues, mientras Zach y su batería parecen no tener freno. Con un aura más humeante, estamos ante un tema del rock más contundente de los setenta ejecutados por músicos que no habían nacido entonces.

Estamos ante una especie de ser nacido de la fecundación entre Earthless y Blues Pills y vestido con trajes retro.

El misticismo y la espiritualidad abren “Warning”, posiblemente el tema más destacable del álbum. En acústico y con elementos orientales, va creando el clima desde su espíritu chamánico, para atraernos a sus surcos. Una vez anestesiados, los pesados riffs y una voz que ahora se torna a tonos ocultistas, van manteniendo una calma tensa que no sabemos cuando puede estallar. La explosiva mezcla de guitarras fluidas y el peso de imponente hammond de Garret, mantienen el equilibrio, mientras las voces sigues hechizándonos. Creando un espacio de fuzz espeso y nebuloso entre los conjuros vocales y la inquietud de las teclas.

El quinteto se atreve con una versión del clásico “Going down”. En mi vida he conocido multiples versiones de éste tema, pero ésta tiene algo de particular. Una sensual versión de baja intensidad. Un registro entre contenido y salvaje que mantiene su esencia blues. Como a cámara lenta, las guitarras hacen sus florituras con distorsiones con la atenta mirada de control del órgano. Un tema que gira más hacia el blues que hacia el rock con el que fue concebido. En su conjunto, una versión de las más contenidas de un tema que se presta a ser salvaje, y a eso no se pueden resistir con un final apoteósico en el que la locura se vuelve a apoderar de PHARLEE en otra bacanal de guitarras salvajes y ritmos infernales.

Teniendo en cuenta que el registro fue grabado en un equipo analógico, puede que nos lleve ante un sonido más auténtico en el que las membranas de los altavoces de nuestro equipo sean puestas a prueba.

“Sunward”, el tema que cierra este debut, vive de una conjunción de elementos. Con vocación retro-rock stonerizada, la banda toma elementos desérticos en una combinación con registros soul-blues enérgicos. Desatando la rabia sobre ese torbellino rítmico que se acelera y entra en bucle. Con una segunda parte con otro aspecto más calmado en el que los sonidos de guitarras psicodélicas se entremezclan con voces más cercanas a momentos west-coast.

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Pharlee – S/T – Snow White Vinyl LP – OUT 4/5/19

Reseña: THE GOLDEN GRASS.- “100 arrows”

a3616118933_16El trío de Brooklin nos sorprende con un EP de edición limitada lanzado para su gira europea de 2019 y que será publicado por In For The Kill Records. Con tres álbumes a sus espaldas en los que han demostrado todo su potencial, ahora nos presentan dos temas inéditos así como unas  demos y sendas versiones de legendarias bandas de los setenta que harán las delicias de los más melómanos.  Imagino que no todo el mundo conocerá a bandas como Buble Puppy, Icecross, Open Mind o Tin House , pero aquí tienen una gran oportunidad para descubrir alguna de estas joyas perdidas del pasado que nada tienen que envidiar a bandas como los aclamados Blue Cheer, todo un referente para muchos, incluidos los propios THE GOLDEN GRASS. Si en su página de bandcamp están disponibles 4 de estos temas, la edición en CD (limitada a 150 copias) contará con los ocho temas.  Una banda que se atreve con versiones de estas leyendas olvidadas tiene que tener mucho valor y talento en sus entrañas, y así lo demuestran aquí. El hard-rock, las resonancias heavy-psych, el blues-rock o el proto-metal adquieren una nueva dimensión con THE GOLDEN GRASS en un trabajo lleno de frescura y gran calidad. Si la corriente retro-rock cada vez suma más adeptos a propuestas, en ocasiones lineales y estereotipadas, estos chicos son un caso aparte, brillando con luz propia. Ellos crean sus temas desde el sentimiento, sin poses, simplemente aman aquella música del pasado y la ejecutan sin sumarse a ninguna moda y dejando patente su propia personalidad.

Entre los temas nuevos que nos presentan, “100 arrows”, contiene toneladas de energía hard-rock que recupera las vibraciones de finales de los sesenta y los primeros setenta. Pegadizos estribillos y coros, obtienen un resultado que bien podría recordarnos a algunos momentos Grand Funk con buenas dosis de fuzz. Entre las muchas virtudes de la banda está el buen uso de las voces entre la voluptuosidad de sus brillantes solos de guitarra. Una guitarra que si bien está lo suficientemente afilada no cae en lo salvaje. El equilibrio entre fuerza y sutileza es digno de destacar y de agradecer. El tema está en la línea de sus anteriores discos, sin bajar el nivel de calidad.

“Fast time running” es el otro tema inédito que encontramos en este registro. combinando el rock clásico con luminosas voces y coros evocadores de las vibraciones west-coast de finales de los sesenta. En una ondulación frenética los ritmos se modulan con buen groovy y dinamismo de tintes vintage, siendo conjugados con un descenso a territorios heavy-psych con la guitarra de Michael Rafaliwich repartiendo fuzz y una base rítmica poderosa, especialmente en la cadencia del bajo de Frank Caira. 

Si en el original de los británicos Open Mind se plasmaban sonidos más freakbeat, que evolucionaban a nuevas vibraciones, aquí, THE GOLDEN GRASS, en “Magic Potion”, revisa esa versión consiguiendo un corte que mantiene la esencia pero que se inclina mas hacia pesadas resonancias proto-metal. Los acaramelados estribillos y coros se nublan con unos ritmos mucho más difusos y contemporáneos. Las dosis de fuzz siguen estando aseguradas creando un corrosivo y ácido tema.

Si “100 ARROWS” contiene versiones de hace casi 50 años, los de Brooklyn no dudan en incluir el clásico de los tejanos Bubble Puppy “Hot smoke and Sassafras”. Publicado originalmente como single en 1968, su nombre fue tomado de una serie americana llamada  “The Beverly Hillbillies”, este mismo nombre también fue tomado por otra banda americana, pero eso es  otra historia… Quizás habría que poner en contexto quienes eran Bubble Puppy; de alguna forma eran la respuesta tejana al trabajo que Blue Cheer hacía en California, una formación que cambió su nombre al de Demian, otra mítica formación que aquellos años. Dicho ésto, el tema, que ya forma parte de los directos de THE GOLDEN GRASS desde hace tiempo, le da una vuelta de tuerca respecto a la versión que había aparecido en previamente en el  doble split realizado con Killer Boogie, Banquet y Wild Eyes en 2016 para el sello  Heavy Psych Sounds. En esta ocasión, crean una versión más intensa y expansiva en la que las guitarras asesinas generan una espiral diabólica que llega a convertirse en  casi una jam. Una locura de solos en los que la banda se deja llevar por sus instintos más psicotrópicos doblando la duración del tema hasta más seis minutos.  ¡Salvaje!  

En la versión del CD en la que aparecen cuatro temas más, encontramos una demo de “Cath your eye”, tema que fue publicado en su último disco “ABSOLUTELY”. Un corte blues-rock que se muestra mucho más crudo, con esa armonía de la guitarra y los pegadizos estribillos y constantes coros sobre ritmos más cadentes a los que de alguna manera, sosiegan y frenan en su ímpetu. Tres instrumentos ejecutados perfectamente que parecen ir cada uno por su lado, pero que consiguen un nexo común. Si, estamos ante un solo riff que se repite y se modula, pero el resultado es sumamente atractivo.

Otro tema inédito que encontramos en la versión CD es “Burn it all away” otra demo anterior al disco “ABSOLUTELLY”. Basado en una estructura de blues psicodélico en el que las voces están ausentes y más calmados sin perder esa vocación retro-rock en alguno de sus riffs sonando, efectivamente, como una demo. Una base para desarrollar y que la banda ha querido incluir aquí. ¿Quién sabe si algún día la retomarán incluyendo voces? Desde luego a la banda le gusta eso de publicar maquetas y temas sueltos como lleva haciendo en los últimos años. Aquí parecen reflejar improvisaciones en el local de ensaño como un punto de partida de un corte, que al final fuera desechado.

“I want you body”, e sun tema que estaba incluida en el único álbum que publicaron allá por 1971 la formación de Florida Tin House. Heavy-blues directo en menos de dos minutos que aquí THE GOLDEN GRASS lo convierten en uno de doble duración. El hard-rock más troglodita aparece en unos surcos que rezuman polvo y en el que los ritmos que partiendo del blues posteriormente dieron origen al proto-metal que todos conocemos. Un gran homenaje a otra de esas grandes bandas olvidadas durante años y que en los últimos tiempos están siendo descubiertos por muchos nuevos amantes de los sonidos retro pesados. 

El cierre lo pone otra versión, en esta ocasión de una banda islandesa. ICECROSS pusieron patas arriba su isla natal en 1973 su debut, y es otra de esas formaciones que con el paso del tiempo está obteniendo el reconocimiento merecido. La crudeza de su hard-blues, es amplificada aquí en la versión de “Wandering Around” contenida en “100 ARROWS”. Imprimiéndole densidad y más melodías vocales, los de Brooklin logran mantener la esencia del tema, en su actualización al siglo XXI. El tema gana en los registros vocales, que aún tratando de ser fieles al original, impregnan sus registros con su sello particular haciendo mas atractivo el tema. Las guitarras asesinas en puro blues-rock y sobre todo la frenética batería de Adam hacen consiguen un resultado redondo en esta versión en directo que recoge toda su espontaneidad. 

Estamos ante el fiel reflejo de una banda que se basa en sonidos que veían la luz hace 50 años revolucionando el mundo de la música, y que son su referente, pero no me canso de insistir, hay que diferenciar a este tipo de bandas de las que solo usas esas referencias como pose, y THE GOLDEN GRASS se diferencia por ello de eso. Son una banda que me enamoró y sorprendió por su frescura la primera vez que escuché un tema suyo hace años, y que a fecha de hoy, sigue sorprendiéndome por su buen hacer. Espero poder ver su directo algún día no muy lejano….. 

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GEEZER.- “Spiral Fires EP”

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Después del punto de inflexión que supuso la incorporación a GEEZER de Steve Markota a la banda liderada por Pat Harrington nos presenta su nuevo trabajo “SPIRAL FIRES EP”, disponible en su página de bandcamp y próximamente via  Kozmik Artifactz.

Que GEEZER son unos tipos rudos, creo que estas alturas ya lo sabemos todos. Que son capaces que conjugar resonancias blues con sonidos pesados, también. Pero en éste trabajo encontramos un mayor protagonismo de resonancias psicodélicas en detrimento de una pesadez que, aún estando muy presente, tiende a dejar más protagonismo a auténticos viajes astrales en los que los neoyorquinos nos atrapan. Más lisérgicos que nunca los cuatro temas del EP pueden ser el inicio de giro hacia espacios ya visitados por la banda, pero sobre los que ahora se indice con mayor determinación.

Las dos partes de “Spiral fires”, nos dejan claro las diferencias que podemos encontrar en la banda. Una avalancha de efectos siderales salidos de las guitarras y sintetizadores de Pat llegan a nosotros como olas a una playa para introducirnos en un tema con una cadencia pseudo-doom en el que se respira un agobiante y humeante aire blues. Derroche de efectos fuzz de esos que tanto nos gustan, y esa voz aguardentosa y cansina. Una crudeza con el suficiente groovy para atraernos al interior de sus acordes y riffs. Como si todo fuera al ralentí, se van introduciendo solos y efectos de pedales y distorsiones que poco a poco van moldeando el tema hasta dotarle de de una acidez psicotrópica.   La primera parte es como SHREK, uno de esos ogros amables de aspecto fiero que en el fondo te seduce.  Una vez atrapado, la segunda parte incide en la sucesión de efectos espaciales creando atmósferas psicodélicas de gran calado. El lento ritmo de blues ácidos sigue contenido ante las toneladas de psicotrópicos de despiden sus notas. Una maraña lisérgica que describe estados de inconsciencia mental y bienestar. unos solos de guitarra, mientras tanto apaciguan nuestra mente con gran magnetísmo. Estamos ante un trance hipnótico en el que la música de GEEZER nos traslada a dimensiones más allá de razón humana. Para completar, aparecen unas cutivadoras voces como cantos de sirena que nos atraen hacia otra realidad alejada de la consciencia humana. En este punto, lo importante es dejarte llevar.

Quizás estemos ante un nuevo enfoque, pero lo cierto es que el sonido característico de la banda resurge con “Darkworld”. Los espesos sonidos arenosos con herencia setentera regresan de una forma más cautivadora que nunca. Las densas nebulosas creadas nos envuelven con fuerza, pero sin estridencias. Siendo honestos Pat no tiene una gran voz, pero si tiene el gancho suficiente para que su registro vocal encaje a la perfección con su música sin forzar. La espiral ácida continúa sobre una base rítmica de ecos stoner desérticos.

“Charlie reefer” deja patente que la vocación psicodélica en la que se embarca la nueva etapa de GEEZER tiene más consistencia que la vocación pesada de la banda, aunque si algo tiene a su favor el trío neoyorquino es que sabe conjugar ambas con el blues. Con una nueva aparición de sintetizadores y efectos, los sutiles acordes de la guitarra van evolucionando hasta espacios arenosos. Una vocación desértica que es alimentada por jugo de peyote para hacernos perder nuevamente la consciencia y atraparnos entre sus surcos. Los hechizantes momentos creados por Pat y su guitarra hacen que nos sintamos cautivos de una tormenta de arena generada por la base rítmica que completan Richie Touseull al bajo y Steve Markota a la batería y percusiones. en ese torbellino rítmico siempre encuentramos los atractivos desarrollo de la guitarra en un estrato superior. 

“SPIRAL FIRES EP” fue producido por Pat Harrington. Grabado en Darkworld Studio en Kingston (Nueva York), por Matthew Cullen y los ingenieros asistentes David Daw y Robert Kelly. La mezcla fue realizada por Matthew Cullen en The Cat Haus en Catskill, NY, con la masterización por Scott Craggs en Old Colony Mastering en Boston, MA. La portada  es de Lee Fenyves, con diseño de Steve Markota.

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THE LUNAR EFFECT.- “Calm before the calm”

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Los londinenses THE LUNAR EFFECT nos presentan un maravilloso debut de larga duración en el que nos ofrecen buenas dosis de rock psicodélico de altísima calidad. Uno de esos discos de los que tras los primeros acordes y las primeras voces, quedas atrapado entre su surcos. Con una sección de ritmo prieto, una entrega vocal impresionante y un enorme arsenal de guitarras sabrosas y profundas. Una versión moderna del rock firmemente arraigado en los años setenta con regusto blusero. Si en su EP “STRANGE LANDS” ya nos sorprendieron, ahora consiguen que nos hagamos adictos a su música. Con “CALM BEFORE THE CALM” golpean con fuerza la puerta de los lugares más altos dentro de la escena de la psicodelia pesada.

Un trabajo en el que el blues está muy presente en temas como “Woman”. A través de una psicodelia de tintes chamánicos, se esparcen vibraciones blues con una voz penetrante y cautivadora. Si a esto unimos una cadencia y melodía contenida, el cuarteto hace que toda su rabia se transmita en un tema lleno de sentimiento. Potentes e incisivos riffs inundan nuestra sensibilidad con un elixir diabólico y narcotizante. 

Esa herencia de blues psicodélico se ve reflejada en cortes como “Call it in”, en el que suaves y enigmáticos acordes de bajo nos introducen en oscuros espacios de los que salen solos chirriantes y corrosivos. Una acidez intrísica en los temas del álbum. Sobre territorios retro-rock la banda derrocha todo su groovy setentero en entornos lisérgicos. Sigilosos, sua acordea se van elevando con poderosos riffs y desgarros vocales. Una aureola de fuzz humeante y aturdidor hace el resto. Si ya en el tema anterior se intuian registro vocales cercanos a Jim Morrison, aquí quedan mucho más patentes. Casi recitando, alguno de sus pasajes  generan la suficiente tensión como para tenernos alerta ante la rabiosa explosión final. Mucho más doorsianos si cabe, en “Weaver”, a ritmo lento, van construyendo un corte en el que los desgarros de Josh Gosling, su vocalista siguen estando presentes. Con ritmo de blues desde el bajo de Brett Halsey y la batería de Dan Jefford, los pedales fuzz de la guitarra de Jon Jefford, nos intoxica con narcóticos y extasiantes pasajes.

“Daughter of Mara” partiendo nuevamente de un susurrante bajo, el Morrison más chamánico hace acto de presencia reivindicándose como el “Principe Lagarto” (rey Lagarto solo hay uno). Desde ese estado de calma tensa explotan voces desgarradas en unos lamentos llenos de desasosiego sobre narcóticos y magnetizantes tiempos medios. Aquí la voz es protagonista absoluta con sus ecos y reverberaciones. Unas nebulosas envolventes en las que el bajo y la batería van alargando su sombra para llegar a terrenos de puro heavy-psych.

Si el blues es una de las bases de LUNAR EFFECT, “Deep blue sky”, sin renunciar a él, sigue dando muestras de la influencia Doorsiana, en un oscuro corte que no reniega de algún postulado Sabbath.

Sobre esquemas de rock setentero stonerizado, las ahogadas voces habitan en “Stare at the sun” junto a pesados sonidos con una estela desértica sobre la que surfea entre sucios sonidos y mucho fuzz así como distintos efectos. Aquí la banda deja muestra de su energía hard-rock en detrimento pistas más viajeras. 

No me canso de repetir que hay una gran diferencia entre las bandas denominadas como “retro rock” y las bandas que gustan sin más, de sonidos típicos de los setenta. Las etiquetas a veces sirven de muy poco cuando te encuentras tanta calidad junta en un disco. En cualquier caso, lo verdaderamente importante es la música y no las etiquetas. “Filterdog” podría ser un ejemplo de lo que digo. Hard y blues con influencias ácidas, coros, voces y riffs que se hacían en la década de los setenta, si, pero que hechos con la honestidad con la que éstos londinenses lo hacen, son siempre de agradecer y sobre todo, de disfrutar. Si la voz de Josh se parece a la de Jim Morrison, pues mucho mejor. No se trata de comparar, sino de gozar, y estos chicos consiguen que lo haga en un tema que tiene muchos matices.

El álbum cierra con el corte que le da nombre, “Calm before the calm”. Seguramente no se pude ser más explícito. Un tránsito por apacibles senderos en el que la banda cambia las guitarras que derrochan fuzz por momentos acústicos en los que la apacible y sensual voz nos va seduciendo sin perder un ápice de fuerza. Susurrante voces femeninas aparecen en escena sutilmente, mezclándose para obtener una especie de balada doorsiana en la que la magia está presente. Aderezados con algún acorde de piano, se genera un atractivo y cautivador corte que recuerda a algún momento  de los albores de los sonidos progresivos de su Londres natal. El lado más tierno de LUNAR EFFECT se manifiesta en los seis minutos del tema. 

Una banda que por momentos puede parecerse a alguna otra, pero que tiene una personalidad a prueba de comparaciones. ¡¡Sobresaliente disco!!

“CALM BEFORE THE CALM” está disponible via Kozmik Artifatz.

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