Reseña: MOOCH.- “Hounds”

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Originarios de Montreal, MOOCH, en su debut de larga duración “HOUNDS”, deposita su sonido, tanto en las vibraciones emanadas del desierto californiano como de los efluvios del blues de los pantanos. De esas aguas parece emerger una nueva reencarnación del Rey Lagarto en la voz de Ben Cornel para ofrecernos magnéticos temas de heavy blues stonerizados que combinan vibraciones llegadas del siglo pasado con registros mucho mas contemporáneos en los que no falta algún momento grunge.  Un álbum que te atrapa con cada tema y en el que encontramos dos puntos de referencia irrefutables, Jim Morrison y Brant Bjork. Puede parecer una puesta arriesgada, pero los canadienses acaban conjugando perfectamente ambas influencias para construir un trabajo impactante. Arenosos vientos del desierto en una ceremonia en la que el blues más pesado pone la banda sonora entre humos narcóticos. Un ambiente chamánico en el que los temas fluyen entre ritmos llenos de “groovy” y fuzz intoxicante con la mirada puesta en la California más soleada. Con momentos en los que coquetean con el doom, entre temas de blues intenso y desgarrador, sus pegadizos temas se ejecutan con esmero no olvidándose de la importancia de las voces y coros, algo que demasiadas veces pasa desapercibido en muchas bandas. A lo largo del álbum podrás encontrar múltiples momentos en los que el sonido de Seatle baile en una danza ritual con el blues del delta bajo vibraciones mas propias de The Doors (innegable la comparativa con el registro vocal de Morrison), Hendrix, Zeppelin, Kyuss, o incluso Sabbath y Colour Haze te venga a la cabeza, lo cual no significa que estos chicos tengan su personalidad propia, y de ahí precisamente viene toda su grandeza. La mística de “HOUNDS” hace que estamos ante uno de los debut más destacados de lo que llevamos de año. 

El álbum fue conceptualizado como un disco en bruto, mostrando la verdadera sensación de la composición de la banda y la personalidad de los gritos en el escenario. Fue grabado en vivo como un dúo de guitarra / batería en el desierto de California. Sin pistas de clic, sin edición, sin instrumentos digitales. El bajo se agregó de nuevo en Montreal y el registro se devolvió a Seattle para ser mezclado. Finalmente el álbum fue enviado de vuelta a casa para Montreal para dominar. Brant Bjork desempeñó el papel de productor de la vieja escuela y  organizó con su Jalamanta Studio y su equipo: el productor Bubba Dupree e ingeniero Yosef Sanborn de MassiveFX Pedals. Además de ser el jefe de ambiente de toda la operación, Brant fue mentor y todo alrededor del tipo más genial para pasar el rato mientras haces un disco.

MOOCH son: Ben Cornel (Guitarra, Voz), Julian Iacovantuono (Bajo, coros)Alex Segreti (Batería y  coros), y como invitado a la guitarra Joe Segreti.

El álbum abre con “Mantra”, un título que no podría describir mejor el contenido del tema. Un corte en el que el espíritu del Rey Lagarto regresa a la tierra para introducirse en su cantante.  El tema bien marcado por ese registro vocal que nos recuerda al Jim Morrison más chamánico sobre armonías de blues psicodélico. Un tema lleno de magnetismo que se eleva por el sendero de sus riffs stonerizados. Los canadienses nos presentan un corte que bien podría definir el sonido que The Doors tendrían en el siglo XXI. Completamente hechizante.

Mas fornidos, pero sin perder el aroma a 70’s “She’s black hole” gravita entre ritmos pesados y magnéticas melodías heavy-blues. Con pasajes de fuzz humeante y tambores grandiosos los sonidos difusos del desierto avanzan cadentes, entre efluvios de peyote para descender a hechizantes momentos de una calma impostada que acaba explotando en una gran deflagración en su parte final. Un blues stonerizado de gran solidez compositiva.

Retomando el legado de The Doors, “Blue man’s fase” evoca la velocidad de las autopistas californianas en un paseo con el desierto en el horizonte. Sin perder ese “tempo” rítmico, los canadienses construyen un corte que se desarrolla entre nebulosas de fuzz bajo dinámicos ritmos pegadizos. Una efectiva combinación que se torna más heavy-psych en su parte final con hipnóticos acordes y ritmos serpenteantes. La soleada California parece reflejarse con gran acierto en el espíritu del tema.

“Lucid” se muestra como un corto tema de psicodelia aromatizada en línea Colour Haze que hace reposar nuestras pulsaciones en acolchados pasajes instrumentales de gran belleza.

Por la senda del heavy-blues, “Torn up” se sumerge en los pantanos con ecos stoner en el ambiente. Un gran trabajo de bajo arropa un tema en el que encontramos el resurgir del Rey Lagarto. Emergiendo de las aguas entre efluvios narcóticos y psicotrópicos.  

“Super big things” juega con pasajes stoner y dulces melodías en una combinación de lo mas efectiva que hace que el tema pase la fuerza y pesadez a la calma lisérgica antes de retomar la senda pesada y difusa entre nubes de fuzz.

“Giant lady fingers” nos devuelve a ese heavy-blues stonerizado en el que tan bien se desenvuelven MOOCH. Coros muy logrados y efectivos se debaten en un sonido grave y pesado entre atmósferas humeantes y la sombra de Morrison siempre presente.

Instalados en ese espacios heavy-blues en los que tan bien se mueven, “Feel Good” deja un gran protagonismo a la voz sobre un esquema de blues clásico, en el que el poderoso bajo de Julian Lacovantuono nos golpea con contundencia. Lento y plomizo, el corte serpentea con sus registros vocales entre la densidad arenosa.

Ensoñadores pasajes llenos de magia relatan el ocaso en el desierto bajo chamánicas voces que parecen invocar a los espíritus impregnados de peyote en “Residen sleeper”. Con momentos casi doom, el tema nos arrolla entre cantos rituales en los que el blues sigue presente. Una ceremonia que acaba por arrollarnos a cámara lenta.  

Con una cadencia mas propia de Brant Bjork, no en vano tuvo que ver en la producción, “Hounds”, el tema que da nombre al álbum combina las vibraciones del desierto con tonos más propios del blues de los setenta.  Húmedo pasajes que dan un giro con riffs mas propios de Hendrix entre coros redentores. Una evolución hacia estado de fuerza entre los arenosos vientos del desierto.

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Reseña: SMOKEMASTER.- “Smokemaster”

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Procedentes de Colonia (Alemania), SMOKEMASTER nos presentan su debut vía Tonzonen Records. En su single previos ya nos habían dado pistas de su buen hacer sobre temas de rock atemporal  heredero de blues-rock y hard de los 70’s añadiendo color a los mismos con altas dosis de psicodelia, que objetivamente, es la gran fuente de inspiración de la banda. El álbum contiene seis hechizantes temas en los que encontramos una notable influencia de Colour Haze, con sus mágicos desarrollos lisérgicos, un órgano que aporta el tono vintage con pasajes retro rock en pura línea Siena Root, así numerosos genes del sonido The Doors entre riffs punzantes y chamánicos pasajes vocales. Si bien la mayor parte los temas son instrumentales, cuando la voz de Björnson Bear aparece, lo hace llena de garra y fuerza, como perfecto complemento a la guitarra ácida y envolvente de Jay LeBlonde. Con pasajes lentos y pausados en los que borboteantes acordes nos narcotizan favoreciendo el recogimiento interior, en un antagonismo con las explosiones de ritmos contagiosos que incluyen en cada tema. Una montaña rusa de emociones en temas bien trabajados y con un cuidado sonido a cargo del mago Eroc, artífice en buena parte de que el sonido de la banda brille como una estrella en el firmamento. Sus jam coloristas parecen construidas después de una ingesta de peyote lo que hace que nos regalen emocionantes momentos de heavy-blues lisérgico y embriagador. La capacidad para trasladarnos con sus temas más salvajes a garitos con olor a whisky y humo en los que el rock and rock mas aguerrido nos invita al baile contrasta con los gratificantes paseos instrumentales a los que nos llevan por auténticos y seductores jardines del Edén. Todo esta conjunción de elementos,  hace que este debut sea muy un plato muy apetecible de degustar. Si a eso unimos, esos momentos evocadores de los tiempos en los que los pantalones de campana y camisas floridas inundaban el mundo de color, podemos hablar sin complejos de un álbum redondo y exquisito. 

SMOKEMASTER son Björnson Bear (voz y guitarra) Jay LeBlonde (guitarra) TobMaster (bajo), Tobi Tack (órgano y sintetizadores) y Lukas Bönschen (batería)

Susurrantes y delicados acordes son el punto de partida de “Solar flares”. Un apacible sonido heredero de Colour Haze nos va describiendo mágicos y reconfortantes espacios en un paseo por la psicodelia más aromatizada. Sus fragancias suaves nos embarcan en un ensoñador viaje en el que las fragancias florales impregnan una melodía llena de mística y un cierto bucolismo que se quiebra en una abrupta explosión de pesados riffs a la mitad del tema. Como si estuviéramos ante otro tema, la guitarra esparce sustancias psicotrópicas bajo un ritmo más intenso y un efecto de teclado en un segundo plano. En una constante evolución los tonos vintage se conjugan con dulces coros hasta alcanzar un cenit. Un corte de psicodelia pesada en el que la banda muestra sus credenciales.   

El hard y el blues de los setenta aparece en “Trippen’ blues”. Arrolladores ritmos pesados construyen un tema lleno de fuerza y rabia. En una línea heredera de bandas como Cactus o Leafhound, su carácter retro setentero rezuma el rock and roll de comienzos de los setenta. El tema es un perfecto escaparte para comprobar los cálidos registros de la voz de Björn Bear. Constantes cambios de ritmo y guitarras asesinas nos invitan al baile en este tema de garito con olor a whisky. Incorporando algún elemento más moderno el tema se balancea entre el profundo sonido del hammond y arrolladores riffs más propios del Stoner contemporáneo. Toda una oda al heavy-blues más potente y brutal.  

Instalados en el blues, la armónica guía a un torbellino de frenéticos ritmos en “Ear of the universe”. Con un repetitivo ritmo bajo, batería y hammond se unen en una fiesta retro-rock por todo lo alto. Pantalones de campana y camisas de colores con las melenas al viento en tonos que me recuerdan a Siena Root. El sonido de la armónica se contonea entre esa montaña rusa de ritmos y armonías que invitan al baile. Los tambores oscilantes nos deparan tres minutos intensos antes de reposar en una calma más psicodélica. Aquí. Un pulsante bajo y una guitarra punzante toman las riendas entre envolventes acordes de hammond.  Los pasajes retro del comienzo corte se convierten en un florido campo donde la psicodelia y el blues se unen internándose en un bosque en el que los hongos mágicos intoxican el ambiente. Con pasajes más atmosféricos y penetrantes. Arrastrando el tema a espacios casi psico-progresivos, el litúrgico sonido del órgano genera un atractivo entorno hard-prog del que emergen potentes tambores antes de que un silencio celestial adorne la ceremonia entre efectos borboteantes.

 “Sunrise in the canyon” nos trasladan al medio oeste, a través de delicados acordes acústicos en tonos rurales. Una perfecta sonora para un western con un bucólico sonido que evoca los solitarios cactus del desierto con las colinas en el horizonte. Sin registros vocales, el entorno desértico se muestra como un lugar de recogimiento y meditación. Prescindiendo de solos salvajes, el tema demuestra que estos chicos construir temas llenos de belleza.

El lado más stoner de los alemanes hace acto de presencia en “Astronaut of love”. Una poderos línea de bajo fuzz y arenoso y un teclado chirriante ponen los mimbres para mostrarnos el lado desert-rock de SMOKEMASTER. Con registros vocales llenos garra en vena hard-rock colorean los arenosos riffs con ecos más propios de los 70’s. La chamánica voz inspirada en el Jim Morrison más hechizante y trascendental, construyen un corte humeante. Una atractiva combinación  en la que los efluvios del peyote nublan nuestros sentido en un ritual exorcizante con pegadizos estribillos. ¿The Doors haciendo Stoner? Seguramente este sería su sonido si la banda de California siguiera en estos momentos con Morrison al frente, pero.. eso nunca lo sabremos desgraciadamente. El conjunto se complementa con un órgano que también quiere parecerse al que interpretaba Ray Manzarek, mientras el bajo pareciera estar en manos del propio Al Cisneros. Una atrevida y resultona combinación que deja claro que los complejos no forman parte de la mochila de estos chicos. Uno de esos temas impactantes.

Las mágicas melodías en vena Colour Haze regresan en “Astral traveller”. Un cambio de registro que nos invita a un paseo por mágicos entornos sonoros bajo medios tiempos en una introducción que explosiona en riffs hard-retro en vena Siena Root. Cálido y envolvente sonido de órgano hammond y briosos tambores galopan como un corcel por la pradera. Los parones y cambios de ritmo que habían visto en temas anteriores se repiten aquí para hacer un descanso. Refrescándonos en calmadas aguas lisérgicas, los floridos y aromáticos solo que se impregnan para la ocasión con exóticos aromas llegados de oriente que me evocan algún momento Santana. Una mística colorista que llena el cielo de un arco iris multicolor.   Magnetismo y fuerzas unidos en un paseo por un jardín del Edén bajo una atmósfera psicodélica que acaba convirtiéndose en toda una jam lisérgica.

Smokemaster

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Reseña: HEAVY TRIP.- “Heavy trip”

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Si Obelix adquirió su fuerza al caer en la marmita de poción mágica de pequeño, el trío canadiense originario de Vancouver, HEAVY-TRIP debieron de tomar L.S.D. en sus biberones de la infancia. Estamos acostumbrados a  encontrarnos endiablados álbumes de psicodelia pesada, pero la acidez y el aroma a psicotrópicos que contienen estos surcos, están al alcance de pocos. Si a ello unimos su amor por el blues y por los oscuros sonidos Sabbath, el cóctel perfecto está servido. Muchos son los que tratan de experimentar con drogas alucinógenas, pero aquí se pueden ahorrar la visita al camello de turno para tener un buen “viaje”. Cuatro temas que se desarrollan en oscuros y nebulosos bosques en los que las setas mágicas impregnan la atmósfera de psilocibina a través de ácidos solos que se incrustan entre la poderosa base rítmica de unos tambores que retumban y de un bajo impactante e hipnótico. Sus frenéticos desarrollos y solos en forma de jam, golpean con fuerza a nuestras neuronas hasta dejarnos exhaustos. Una bacanal ácida y psicotrópica soportada en el blues y en plomizos ritmos doom que habitan entres narcóticos vapores pantanosos. Su majestuosidad y exuberancia, son toda una invitación a un viaje sensorial del que no podrás salir con facilidad. Este debut solo hace incrementar mi ansia por una segunda entrega, que espero sea pronta, porque sino, mi síndrome de abstinencia será duro.  

ADVERTENCIA: Una escucha prolongada puede causar daños sensoriales.

“Hand of shroom” abre el trabajo fluyendo lentamente en una génesis entre efectos y una guitarra que nos hace intuir que estamos ante algo grande. Creando pausadamente una atmósfera mántrica con cadentes ritmos blues-doom herederos del legado de Sabbath. Tras la introducción y una vez que el tema ha alcanza la suficiente intensidad, los canadienses nos introducen en un bosque psicotrópico rodeados de hongos mágicos que rezuman psibicilina  toda una espiral en la una poderosa sección rítmica nos lleva en volandas entre los desvarios y giros de esa guitarra que se retuerce en mil cabriolas. Solos infinitos, hirientes, se suceden antes de una huida hacia adelante con frenéticos ritmos. Tomándose un respiro, el tema cede en su ímpetu,  antes de retamar la bacanal ácida. Solos psicotrópicos que se moldean a gran velocidad. La destreza de su guitarrista Cole Jandrisch, queda patente. Impactantes y pesados a su vez, sus sonidos se amortiguan en ese salto al vacío, mientras hipnóticas líneas de bajo, tambores irreductibles y recorridos por los trastes de la guitarra se suceden hasta dejarnos exhaustos. 

Tras la locura anterior, “Lunar Throne”, se sumerge en un blues narcótico. los ecos de los pantanos y su densa bruma se reflejan en un tempo cadente y pausado. El humo cannabico nos va narcotizando con los desarrollos de guitarra mientras el imponente bajo de Cole Vibert nos golpea casi con la misma fuerza de la batería de Ben Frith. Sin darnos cuanta estamos sumidos en oscuros espacios blues-doom. De nuevo la guitarra no podía faltar a su cita con los solos chirriantes. Una hábil combinación de instrumentos en los que cada uno aporta su clase a este somnífero y embriagador tema en el que los vestigios sabbathicos siguen presentes.  Una buena dosis de ácido nos lleva a un mundo de color en que todo oscila modulando sus formas.

Blues y psicodelia se unen en una causa común en “Mind leaf”. Transitando por una apacible vereda en la que los hechizos psicotrópicos nos acechan en forma de solos hirientes llenos de acidez. Sobre esa base rítmica basada en el blues el trío desarrolla una jam impactante. Un chute de sustancias alucinógenas enturbian nuestros sentidos en estos surcos llenos acidez. el tema nos traslada a estado sensorial alejado de la razón en el que los diabólicos desarrollos consiguen anular la misma. 

Retomando de alguna manera el oscuro legado Sabbath, “Treespinner” recorre esos ecos entre las sombras para desarrollar, en sus catorce minutos un autentico ritual heavy-psych. Contoneándose entre plomizos riffs  guiados por esa implacable línea de bajo, el corte avanza ondulando hasta entrar en nuevo bucle de pegadizos ritmos, para dejarse llevar por las afiladas garras de esa estruendosa guitarra. Mil giros inesperados en una misma trama que pasa por distintos actos. Amenazadores pasajes casi doom invocan a las tinieblas en un ritual tenebroso hasta que los ritmos pesados se evaporan liberando extenuantes pasajes de lisergia envolvente con narcóticos momentos stoner-doom entre efectos envolventes. Incluso encontramos pegadizos y vertiginosos riffs más propios del hard-rock setentero en este exaltado corte.   

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Reseña: LUNAR SWAMP.- “UnderMudBlues”

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En una dualidad en la que el blues del delta es protagonista, los italianos LUNAR SWAMP conjugan todo el sentimiento con riffs arenosos más propios del desert-rock en EP debut “UNDERMUDBLUES”. Una conjunción en la que el fuzz nos intoxica mientras los efluvios de los pantanos narcotizan unos temas que huelen a humo cannabico y bourbon de garito de mala muerte. Si a ello unimos un atractivo toque doom, el cóctel está servido. Distorsiones, y ecos de los humerales sureños conviven en una armonía en la que los sonidos primitivos toman una nueva dimensión. Arcaicos si, pero  lo suficientemente chamánicos como que las hierbas psicotrópicas y los hongos alucinógenos habiten en cada uno de los temas. Si los espinosos cactus son la única compañía de los moradores del desierto en su soledad, al ser impregnados de los pegajosos ecos del swamp rock, los temas cobran una nueva vida. Un blues lento y plomizo empapado en dietilamida que nos narcotiza con cada uno de sus riffs. La inquietante voz de Mark Wolf parece salir de la profundidad de unos pantanos en los que el musgo de cada acorde no permite ver las turbias aguas. Esta explosiva combinación hará que vulvas a darle al play una vez acabada su escucha. 

LUNAR SWAMP son : Mark Wolf (voz, armónica, fx), Machen (guitarras) y SM Ghoul (batería).

“Shamanic owl” nos deja patente por donde van los tiros de los italianos. Las serpientes hacen sonar sus cascabeles ante la atenta mirada de los cactus impertérritos, mientras una tormenta de rock arenoso nos acecha.  Toda una descarga de fuzz con una estela de blues se cierne sobre nosotros. Una voz aguardentosa llena de rabia y ritmos de stoner ortodoxo con gruesos riffs y un ritmo trepidante construyen el corte.  Dejando espacio para solo más moderados que aportan su granito de psicodelia a ese torbellino de desert-rock. Intoxicante, grasiento y con olor a bourbon, los ecos del medio oeste se reflejan entre las nebulosas arenosas. Un tema que sacude nuestro cerebro y que muere entre cactus solitarios a ritmo de blues.

En ese estado blusero, “The crimson river”, entre solitarios moteles de carretera, se van reflejando el ambiente del desierto a través de ásperos y pegajosos pasajes. Humo cannabico y chamánicas voces hacen el resto en un corte primitivo en el que los ecos stoner se recuestan en almohadas bluseras. Pesado, plomizo y con cadentes ritmos, y aura morrisiana se vislumbra entre las escamas del lagarto. El desierto en su lado mas salvaje y hostil se intoxica con esos difusos pasajes que nos arrastran al interior de sus surcos.

El blues ácido de los primeros setenta se viste de fuzz bajo difusos ritmos pesados en “Magic circle at twins moons”. Ritmos pesados envueltos en una nube de psicotrópicos en los que los efectos del peyote nubla nuestra mente para expandir nuestros sentidos en un viaje catártico a las profundidades del desierto. La fuerte descarga de unos riffs con vocación doom no se resiente con la embestida del narcótico blues.

Si por un lado, los italianos dejan patente su habilidad para reflejar el sonido del desierto, no es menos cierto que también saben conjugar los efluvios de los pantanos como demuestra “Green swamp”. Sucumbiendo a los dictados del blues stonerizado construyen un tema de incuestionable pesadez entre esos efluvios narcóticos. Chamánico y hechizante, el carácter doomy persiste entre los ondulantes riffs.

Cerrando el álbum, “Creeping snakes” pone el epílogo con gruesos acordes acústicos. Un corte instrumental en el que se describe la soledad del desierto en el ocaso del día. Sencillo, pero emotivo.

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Reseña: VESSEL.- “Vagabond blues”

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“VAGABOND BLUES” es el tercer trabajo de la banda australiana VESSEL. Una formación desconocida para mí hasta este momento, y que me ha sorprendido por la solidez de los temas que contiene su interior. Un claro ejemplo que los ecos desert-rock no tienen fronteras. Aquí encontramos una bocanada de fuzz como pocas veces podemos encontrar. Un sólido trabajo que según va avanzando en sus temas, sin perder su esencia, se modula a momentos más psicodélicos y bluseros.  Fuertes ritmos nos invaden con unas cautivadoras voces y unos virulentos tambores que hacen que el ritmo no cese en ningún momento. Siempre ágiles, sus cegadores riffs no hacen sino aportar  momentos grandiosos.  Pesados pero frescos, sus contagiosos temas encuentran siempre la forma de llegar al oyente. A pesar de esto, su aparente sencillez y efectividad es solo la punta del iceberg de la calidad que sus surcos contienen. Su bajo marcial no baja jamás la guardia en su propósito de golpearnos con sus crujientes riffs. Cegadores, y llenos de épica sus tema se interconectan en un propósito  único. Cadente y misteriosos,  con algún eco Sabbath, el legado de bandas Monster Magnet o Truckfighters está muy presente en sus composiciones. Ésto no supone nada nuevo, ya que son muchas las bandas que siguen esa estela, pero cuando se tiene la capacidad de asumir como propio ese legado para moldearlo a un estilo propio, el respeto lo tiene ganado. “VAGABOND BLUES” es de esos álbumes que tras la primera impresión te invita a nueva exploraciones en la que salen a relucir ricos matices no descubiertos en la primera escucha. De hecho, según uno va escuchando cada uno de los tema ve encontrando que nada es tan lineal como parece, ya que los ecos del desierto se van convirtiendo en temas de psicodelia pesada en los que el blues tiene un gran protagonismo. No dejen que los árboles te impidan ver el bosque, porque tras su apariencia desert-rock se esconde un tesoro de blues psicotrópico de muchos kilates en los que puedes encontrar chamánicos momentos doorsianos o vibraciones de los primeros setenta.

“VAGABOND BLUES” está disponible vía Majestic Mountain Records

Vagabond blues” -Tema con gran cuerpo y riffs stoner-retro, con registros vocales hard & heavy entre una cortina de fuzz. Cabalgando con frescura y potencia su bajo marcial y los ejercicios estilísticos de la caja de ritmos atraviesan entre sus vibraciones entre su difuso sonido.

Con una cadente batería y la guitarra difusa que ya hemos escuchado en el primer corte, “Twenty twenty” con una autopista de fuzz el camina camina con toda su pesadez bajo pegadizos ritmos. La voz arrastra las ondulaciones de la guitarra. una serpenteante sucesión de subidas y bajadas construyen un corte que no se sale de los límites marcados. Si bien, estos límites son explorados con constantes oscilaciones. Con la mirada al frente, el tema avanza veloz como si nunca fuera a llegar a su destino. 

Con oscuros y misteriosos acordes, “Atacama”, en una línea Sabbath, crea una humeante atmósfera a través de un sonido borroso. un tema instrumental que genera un clima de misterio en el que los pasajes lisérgicos son los protagonistas.  En su parte final todo se vuelve más nítidos con pausados y lentos pasajes psicodélicos con efectos revoloteando en una mutación desert-rock hacia los ecos puramente heavy-psych.

Manteníendo la sombría atmósfera del corte anterior, “Red Witch” el blues hace acto de presencia. Medidos pasajes  generan una calma tensa que acaba quebrándose a ritmo de blues-rock stonerizado. Una encrucijada que combina el blues de garito de carretera con los ásperos riffs del desierto siempre bajo nebulosas humeante en las que los efluvios de los pantanos afloran borboteantes.

“Dark the light” nos ofrece otra andanada de fuzz difuso con armonías vocales que se balancean entre el blues y el heavy-rock. Sin dar ningún rodeo el tema tiene claro su objetivo.

Si en los primeros temas nos encontrábamos a una banda netamente desértica, en “The void tempest”, con sus casi ocho minutos vemos que los pasajes lisérgicos son predominantes. Aromas pantanosos de los que surge una mesiánica voz a la que suceden magnéticos desarrollos heavy-psych. Intoxicantes y envolventes, nos encontramos una curiosa dualidad entre momentos que me recuerdan a The Doors fusionados con cualquier banda de stoner ortodoxo. Los manglares se exploran con una acertada y hechizante combinación de ese insistente fuzz con el blues. una cadencia que tiende a intensificarse hasta cegarnos por completo.

Cerrando el álbum, “The devil’s backyard” nos ofrece una nueva e interesante propuesta no contemplada hasta ahora.  Incorporando una voz femenina en registros semi-folk, y con unos acordes que me evocan el tema “Bouree” de Jethro Tull, (igual estoy hilando muy fino, pero…) conjugan estos novedosos registros con gruesos riffs presididos por una aura mística. Melancólicos coros y unos acordes en esta ocasión más pausados, consiguen un atractivo resultado. Dando una nueva vuelta de tuerca a su originalidad, generan momentos que rozan el psycho-doom más pausado. unos pasajes que ornamentan con tonos exóticos. El resultado es una bella liturgia con gruesos bordes en la que habitan por igual el folk, el doom y la psicodelia.

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Reseña: MOUNT HUSH.- “Mount Hush

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Mas de tres años después de que liberaran su jam “Interstellar Smoke”, MOUNT HUSH publican su álbum homónimo con la advertencia de que debemos ponernos cómodos, en silencio y escuchar.  Combinando el poder puro de las montañas con su belleza mística y conduciendo el pesado blues psicodélico a un nuevo hogar nos presentan un álbum en el que la mística habita entre atmósferas apacibles para degustar desde la calma,  y es que estos chicos siempre han tenido algo especial. Lleno de guitarras fuzz, profundos sonidos de bajo y un penetrante órgano hammond, cada tema se adereza con unas cálidas voces que lo impulsan emocionalmente. Jams lisérgicas con el blues en sus genes y un cierto aroma a setenta consiguen ofrecer grandes momentos de la mejor psicodelia pesada contemporánea. Entre tormentas que condesan los sonidos para el deleite y relajación del oyente en espacios que a veces se acercan al sonido de The Devil & The Almighty Blues o All Them Witches y otras veces se dejan llevar por el sendero abierto por bandas como Colour Haze o Causa Sui, pero siempre haciendo guiños a los sonidos retro de los años setenta.  Manteniendo el espíritu de grabación en vivo y combinando con la composición no lineal de sus comienzos, aparecen nuevas cimas de montañas más allá del horizonte. Temas sólidos que avanzan con parsimonia envolviéndonos en una mágica burbuja que acaba dejándonos con ganas de más. Sírvete una copa de buen vino, pon la luz baja y disfruta del viaje al interior de los Alpes.

“The ascent” nos ofrece una sombría psicodelia a través de relajados acordes con una reconfortable voz. Desde el sosiego y casi recitando el tema evoluciona sigiloso entre atractivos pasajes de guitarra con un aura similar al de The Devil & the almigthy blues.  Los teclados le aportan ese tono retro tan característico dentro de un elegante envoltorio.

Algo más perturbador, “Black moon” con sus riffs retro acompañados por ese órgano vintage. Un peregrinar por aguas psicotrópicas con oscilaciones de intensidad retro-stoner bajo tenues atmósferas de las que emerge una voz cautivadora e intensa. Sin perder su vocación lisérgica esos riffs de corte retro imprimen fuerza y carácter. El tema se sustenta en una guitarra que, sin ser deslumbrante, es el verdadero gen del que nace todo el corte. Una atmósfera heavy-psych envolvente y por momentos difusa colorea de tonos ocres un tema que adquiere consistencia con una gran intensidad melódica.

Avanzando por atmósferas psico-progresivas, “Shinewater” se va construyendo a través de delicados pasajes en los que la penetrante voz imprime un aura mística al corte. Sumidos en un ambiente introspectivo, la psicodelia más magnetizante va fluyendo de ese manantial inagotable de bellas melodías. Ese innato toque psicodélico persiste sin aspavientos a lo largo del tema.  Sin perder su aura apacible los registros vocales nos traen el legado de los setenta por una senda ya transitada por bandas como All Them Witches.

“Young blood, old mountain”, nace de poderosos y oscuros riffs stoner con un aroma añejo para ir dando cuerpo a uno de los cortes más pesados del álbum. Manteniendo los sombríos desarrollos, las melodías vocales se tornan más atractivas y pegadizas por la senda del rock de los setenta. Con una gran efectividad las voces se muestran de lo mas efectivas aportando un grado de fluidez entre los pesados riffs, dotándolo de una gran agilidad. Con un aura lisérgico la guitarra se muestra esplendorosa entre las nebulosas que aporta el sonido del órgano.  

Como tema más largo del álbum, “Summer song” muestra el carácter psicodélico de la banda. Los acordes de guitarra nos masajean con delicadeza mientras la cálida y reconfortante voz mantiene el clima de sosiego mientras la atmósfera en la que se desarrolla va explorando momentos psico-progresivos tomando prestados algún elemento stoner para dotar de cuerpo a los susurrantes pasajes instrumentales. He de destacar el grueso sonido del bajo entre el manto de los teclados en un sonido que se debate entre distintas capas mientras las guitarras se retuercen. Ritmos gruesos y juegos de voces con diferente vocación conviven en tema rico en matices que nunca pierde su carácter heavy-psych.

“Fuenf” nos ofrece otra mirada algo diferente gracias a la incorporación del sonido del saxo. Que aporta matices jazz-progresivo a un corte con cierto carácter kraut en sus ritmos. Modulándose entre atmósferas de neo-psicodelia y una estructura progresiva el tema se contonea moldeando sus formas. Sus lánguidas voces aportan un tono de bucolismo que se ve intensificado por el sonido de ese profundo órgano en segundo plano. La parte final se adentra en espacios siderales para acabar disipándose poco a poco.

Para cerrar el álbum, “Winter song” MOUNT HUSH toma la senda trazada por banda como Causa Sui con floridos y bellos solos de guitarra resplandeciente. Un magnético ritmo soporta los contoneos armónicos en un ritual de seducción que nos introduce en mágicos espacios llenos de belleza. Ecos Colour Haze que se nutren con ramalazos más propios del rock sureño llegado de los años setenta. Lo cierto es que el tema consigue atrapar al oyente por la suma belleza que contienen sus surcos. Un claro ejemplo del sonidos heavy-psych que podemos encontrar. Grandioso.   

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Reseña: FLEETING ARMS”.- “Fleeting Arms”

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Ásperos riffs y una voz que se balancea entre el grunge y el heavy rock y que parece tomar prestados algunos registros del mismísimo Laine Staley. Una banda con doce años de vida y que tras este largo periodo de eleboración nos presenta su primer álbum. Una pirámide con tres vértices claramente definidos; la cúspide comandada por la suciedad de los ecos noventeros de Seattle, especialmente en la voz  de Coal Riepma, otro ápice por la psicodelia más ácida salida de la guitarra de Gerald Kisoun como fiel discípulo de Hendrix en algunos pasajes, y un sentimiento común por el blues que hace de sustento de todo. ¿Una apuesta arriesgada?. Seguro que no, ya que la combinación de estos tres pilares hace que su edificio sonoro no se resienta ofreciéndonos un álbum de alto nivel. Sin contener grieta alguna, y con el gran aliciente, de que los amantes de los tres estilos pueden encontrar aquí “su momento”. Arreglos de guitarra acústica que dan a alguno de los temas un aire de sosiego, en contraposición con otros momentos en los que los ecos stoner aparecen para modular su propósito.  Temas de blues chamánico e intoxicante que nos envuelven en un envoltorio lleno de psicotrópicos arropando mágicas melodías.

FLEETING ARMS lo componen Gerald Kisoun (guitarra, guitarra acústica, voces) CJ King (bajo y coros) T-triangle (batería) Coal Riepma (voz), habiendo realizado la mezcla y masterización del disco  Voodoo Architect-grabación.

“Day trippin” con una introducción entre el regaee  y el blues rezuma sentimiento por los cuatro costados. Ese espíritu blues que se pavonea entre el cadente y bluessy sonido del bajo. Con solos ácidos acaba desembocando en un precipicio mas propio de Sabbath con voces que se desangran en lamentos entre ásperos riffs con vocación de metal. Unos rasgueos que nos lastiman y que solo nos recontaba el ungüento de una voz narcótica y cannábica.

En reconfortantes atmósferas lisérgicas, “Rust” con susurrantes acordes y una voz aterciopelada que nos lanza un hechizo en el interior de un bosque acústico en el que cad anota nos hipnotiza atrapándonos en sus fauces para zarandearnos con fuerza. Con una oculta vocación morrisiana el tema toma un giro hacia momentos en los que la psicodelia y el grunge se funden en un sensual baile ritual. Cubriendo con efectos y distorsionase nos sacan de la catarsis, en un tema que nos coge en sus brazos sin que podamos huir.

Con una estructura similar, “Bridges burning”, con sus casi siete minutos nos invita a otro paseo por escenarios en los que el blues más chamánico es el amo y señor. Enriqueciendo el brebaje con hierbas procedente del Seattle de los noventa un colorido y vivaz ritmo de batería sirve de luz entre la umbría de las hojas que nos impiden ver el cielo. Oscuros parajes con olor a intoxicante bruma de pantano que culmina en un desgarrador final.

El tema mas fornido del álbum, “Dig my grave” se construye a través de riffs heavy-rock que van sucumbiendo a los dictados del heavy-blues. Esa combinación imposible entre tres estilos  que acoge praderas psicodélicas y pesados y escarpados ritmos stoner en una sucesión de subidas y bajadas de intensidad. Una efectiva fórmula que a los canadienses les sale bien ya que consiguen que temas con la misma estructura acaben teniendo su propia personalidad a pesar que tener  el mismo árbol genealógico.

“Into the sun” es otro capítulo en el que la psicodelia nos abruma narcotizándonos con sus suaves acordes y un ritmo ciertamente hipnótico. EL magnetismo de esa voz seductora y desgarrada, solo se eleva por los ásperos y pesados riffs, que en una mutación se transforman en crujidos stoner con un tono casi punk que se funde con el registro grunge. En esta ocasión prima la rabia y fuerza sobre las hechizantes melodías. Con una nueva espiral de guitarras psicotrócias todo se vuelve borroso y difuso. Incluso descendiendo el volumen si es necesario, tratan de crear el clima óptimo para sorprendernos con una nueva embestida de poderosos momentos de heavy-rock.  

El blues rural se fusiona con el grunge de los noventa en una versión psicodélica llena de sentimiento en “Demon whitin”. Ese camino tantas veces transitado entre los noventa y los setenta que aquí se acompaña de riffs metálicos y atmósferas de psicodelia pesada. Crudo e indomable el tema nos golpea sin remisión en cada riff.

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