LIQUID SUN.- “Exploration”

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Segundo registro del año del trío austriaco LIQUID SUN.  Dos largas jams a lo largo de media hora en la que la música flota creando un estado de bienestar y sosiego que va más allá de lo terrenal. El blues y la psicodelia transmitiendo sensaciones desde los instrumentos de la joven banda. Sin necesidad de voces, se las apañan para crear sosegados espacios donde la relajación se introducen a través de nuestra piel. Partiendo de estructuras blues y stoner, van añadiendo elementos en los que las reverberaciones fuzz están presentes. 

En comienzo murmurante, sobre acordes que se repiten generan un hipnotismo apacible en “Hypnotic Memories”. Unos platillos insistentes y los riffs repitiéndose en su propuesta, consiguen elevar la fuerza del tema. Una vez alcanzada la cima, el blues sale de las cuerdas de la guitarra de Joseph Buttinger. Haciendo que la guitarra llore con cada nota en blues psicodélico al uso. Sosiego y sentimiento siempre bajo la garra que todo blues debe contener en su interior. Un humo cannabinoide va creando atmósferas perturbadoras y redentoras que desembocan en pedales y reverberaciones fuzz. Con algún momento más pesado en su instrumentación, la mayor parte del corte transcurre por sosegados caminos que conducen a

Algo más misteriosos, los primeros acordes de “Wonders of Pilgrimage”, parten de estructuras stoner, para, con un magnetizante bajo de la mano de  Christian Weilguni, avanzar cadenciosos a llanuras inquietantes. Una vez allí, la guitarra con reverberaciones orientales va desarrollando atractivos solos llenos de color. Fuzz y pedales destacan sobre una base rítmica que mantiene el hipnotismo. A partir de ahí, la estructura de la jam sigue su exploración psicotrópica. Si en el tema anterior existía un claro carácter blues, en esta ocasión esos ecos desaparecen en pos de estados más lisérgicos. Con innegable presencia de elementos orientales, LIQUID SUN se deja llevar por la improvisación psicodélica, abandonando los ecos stoner. solo en la parte final se incrementa  la intensidad del tema coqueteando con esas vibraciones. 

 

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FUZZY GRASS.- “1971”

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Un año ha pasado desde que los franceses nos sorprendieran con su EP en vivo en el que el fuzz rebosaba por los cuatro costados. Ahora, con su primer álbum, “1971”, nos dejan claro que aquello no fue un espejismo, sino un punto de partida que culmina con este trabajo en el que a través de tonos vintage de blues y enérgica psicodelia, obtienen un resultado muy apetecible para los amantes de los viejos sonidos de los primeros setenta.

Jams caleidoscópicas sobre distintas capas sonoras en las que las sustancias alucinógenas están presentes en todos sus surcos.

¿Que podemos esperan de un álbum que se abre con tema llamado “Electric ayahuasca”?. Todo un viaje místico en el que extraños sonidos y efectos sobrevuelan el camino de una guitarra narcótica a modo de introducción de poco mas de minuto y medio.
A continuación, “The alone boy song”, se construye sobre cenizas CREAM, pero aderezados por sustancias más ácidas que los británicos. Con un toque espiritual y más densos y oscuros, van transitando por pantanosos territorios donde los efluvios humeantes y aturdidores van generando un espacio de inconsciencia narcótica gracias a esa alteración psicotrópica.
Heavy-blues stonerizado con tintes retro es lo que nos ofrece “The faceless”. Un alegre y poderoso ritmo, se va salpicando de poderosos solos de guitarra. Un viaje 45 años atrás en un tunel del tiempo a través de un tránsito lisérgico. Con momentos netamente heavy-psych con una desgarrada voz que no pierde la fuerza y la garra en ningún momento.

Tras los momentos de calma en los que la voz trata de seducirnos con una tenue instrumentación comandada por una poderosa batería, aparecen momentos que evocan a los mismísimos BLUE CHEER. Alaridos y una guitarra que se desangra en solos ácidos, hirientes, con un final en sonidos west-coast.

“The upside down” sigue el mismo camino. Ahora con más presencia blusera en sus notas, la acidez la salpican de momentos cercanos a CACTUS. A caballo entre éstos y BLUE CHEER, los inquebrantables ritmos de batería y bajo, la guitarra va serpenteando entre gritos y efectos que desatan una locura psicotrópica a la que la razón  no puede vencer. Un éxtasis liberador en el que la energía fluye en torrentes sonoros. Cabe destacar el vigor de una batería tocada a la vieja usanza sobre solos repletos de fuzz y efectos.

Si la banda gusta de los sonidos de los primeros setenta, en  “1971”, no podía faltar la herencia hendrixiana. ésta hace acto de presencia en un tema como “Healed by fire”.

Una bacanal de fuzz sobre una más que poderosa batería, que hace desprender y transmitir energía en cada una de sus notas. La estética retro sigue presente, pero a unas revoluciones sonoras inconmensurables. Fuzz, fuzz fuzz, y un ritmo diabólico logran hacer un corte de proporciones descomunales. fuerza y vigor en los que el bajo nos golpea con insistencia. Las voces se ecualizan generando ese espacio de enajenación que pretende la banda con toda su exuberancia sonora.

Tras la extenuación del tema anterior, parece que FUZZY GRASS nos ofrece un bálsamo en forma de tema con texturas COLOUR HAZE combinadas con blues-rock ácido. La sombra de BLUE CHEER sigue siendo alargada en “The winter haze” . Aquí parece que la banda duda en seguir el camino de los setenta o mostrarse más contemporáneos en su sonido. Lo  cierto, es que el tema tiene matices de ambos momentos. Los solos de guitarra, no son tan endiablados, pero el thc sigue estando muy presente en sus notas. La lucha entre en sonido de una batería que recuerda a Ginger Baker, y los ahogados momentos vocales nos trasladan décadas atrás, pero sin embargo, las estructuras de la guitarra nos ponen en el siglo XXI. por otro lado, encontramos calmados y tensos momentos en los que la voz trata de emular al Rey Lagarto en alguna de sus disertaciones. Matices, matices, y más matices seguimos encontrando en cada uno de los temas.

 Para terminar, el ritmo nítidamente retro, de “Shake your mind”, nos devuelve a los primeros setenta. momentos Hendrix, que van evolucionando, intensificándose, y llenándose de efectos en una nueva orgía sónica. Un desenfreno lleno de garra y fuerza que bien podría definir el sonido de una banda que indudablemente gusta del fuzz, y lo reparte a diestro y siniestro. Si el trabajo de Clément Gaudry-Santiago a las baquetas es descomunal, el de Laura Ruiz , su guitarrista, no le anda a la zaga. Si a ellos unes el poderoso trabajo de bajo Thomas Hobeck, la fórmula es perfecta. y como colofón, una desgarrada voz que se desangra en cada articulación de las cuerdas vocales de Audric Faucheux.  Como resultado, tenemos un exuberante disco en el que la banda deja claro cuales son sus intenciones. Un disco que a buen seguro les aupará a festivales por la geografía europea este próximo año, y sino, al tiempo…..

  

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THE GRAND ACID.- “The grand acid”

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Un compacto trabajo nos ofrecen los berlineses THE GRAND ACID en su debut. Con potentes sonidos que nacen de ecos blues y psicodélicos sin renunciar a las melodías. Unas vigorosas jams sobre brumosos entornos vintage con origen setentero y alguna vibración progresiva. Si seguimos aquella máxima que usábamos décadas atrás de fijarnos en la portada del disco para intuir su contenido, en este caso, el arte de la misma puede reflejar a la perfección lo que encierran sus surcos, y, sin duda, aquí, aquella máxima se cumple.

Sobre tonos de hard setentero construyen “Yeast”, un corte en el que el sonido del órgano toma un gran protagonismo. Sobre sus surcos revolotean ecos de Wishbone Ash en los que no faltan agradables momentos psico-progresivos sobre una espesa neblina grisacea.

Con un ritmo cadente, la banda va salpicando solos de guitarra  elevándose sobre la cadencia rítmica. sin estridencias, construyen un gran tema que nos invita a seguir indagando en el interior de este trabajo.

Más poderos y sobre una base retro-rock, “Thick as a brick” nos ofrece una visión distinta de su propuesta. Dinámicos riffs que se repiten, con una bateria y bajo insolentes, se van sucediendo los solos de guitarra en una espiral sónica que acaba convirtiéndose en una auténtica maraña de reberveraciones psicotrópicas y difusas. una complejidad ejecutada desde esquemas sencillos con la que alcanzan un tema tan espeso como su nombre.

La vitalidad hard-rock se presenta en “Neptune“, nuevamente sobre una densa instrumentación con sabor añejo, en la que se clavan desarrollos de guitarra ácida.  El viaje a momentos de esplendor del rock en sus primeros setenta está conseguida con brillantez, sin artificios innecesarios pero con la suficiente creatividad como para que el resultado sea muy apetecible.

Finos y elegantes acordes de guitarra coquetean con el blues en “Back at the wheel”. Sobre un ambiente calmado que recuerda a algunos momentos lisérgicos de bandas como Ten Years After, se van sucediendo angelicales coros que transmiten una calidez y cercanía al oyente, haciéndose que nos sentamos inmersos en la composición como si fueramos una parte más de ella. Una masaje sutil que nos va acariciando poco a poco, atrayéndonos a su espacio de lisergia. Una profundidad entre el blues y la psicodelia no exenta de fuerza. 

Haciendo un pequeño giro, la banda se interna en espacios más arenosos sin olvidarse del blues en temas como “Bull”. otro tema que bebe del néctar de los setenta para adaptarse con habilidad al siglo XXI. Un implacable ritmo de bajo y una posterior avanzadilla a territorios hostiles de heavy-psych en los que los momentos fuzz humeante van ondulando en un auténtico viaje psicotrópico. Ciertamente no estamos ante nada nuevo, pero la habilidad de la banda va más allá de ser una copia de nadie, lo que siempre es de agradecer. estamos antes sonidos que no nos resultan desconocidos, pero que difícilmente podríamos decir que sean un clon de nadie. 

Si la apuesta principal de THE GRAND ACID nace, como he comentado antes de los ecos de los setenta, en temas como “Lost”, los ecos Hendrix son más que evidentes. Unos desarrollos de guitarra incisiva con mucho fuzz en sus cuerdas y una energía hard-rock bien transmitida por el groovy vocal de Friedrich Finkenwirth hacen el resto. siendo capaces de reprimir su furia y descienden a cavernas de calmada y humeante psicodelia en la que los acordes nos van narcotizando poco a poco con las resonancias blues llegando de la lejanía. Relax y calma que contrasta con el ímpetu inicial. Casi diez minutos con los que, si no lo habían hecho hasta ahora, el trio alemán te reclutará para su causa con momentos de una jam cannabinoide que aplacará tus sentidos con sus reverberaciones. En su parte final la batería de Stefan Kaiser arrrastra al bajo de Norman Sander mientras Friedrich se pierde en su interior con interminables solos propios del mismísimo Alvin Lee en un puro viaje psicotrópico.

El disco, acaba con un diabólico tema de hard-blues como es “Manta”. un riffs que se va repitiendo hasta el infinito con una inquebrantable base rítmica en un frenesí implacable que acaba por dejarnos exhaustos. Una especie de stonerización de resonancias del pasado a toda velocidad que destrozará cervicales.

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LORD VAPOUR.- “Semuta”

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Una de las noticias más agradables del año es recibir un nuevo álbum de LORD VAPOUR.

El trio de Guernsey, con “SEMUTA”, corre el peligro de que sea incluido en la lista de armas de destrucción masiva. Una destrucción de tus neuronas a través de poderosos riffs y toneladas de fuzz. Un embriagador y psicotrópico conjunto de temas llenos de fuerza donde demuestran que es una de las mejores bandas en la escena heavy-psych. Riffs que se alargan hasta el infinito custodiados por una poderosa base rítmica. Si al cóctel le unimos una voz llena de garra, la tormenta perfecta está servida.

Con influencias blues en sus surcos, mucho wah-wah, generan un torrente caudaloso que solo deja desolación a su paso. Un torbellino que se siente cómodo tanto en aguas Stoner, como en corrientes bluseras, y sobre todo en esas densas atmósferas atiborradas de psicotrópicos. Pero si todos eso fuera poco, LORD VAPOUR no se corroe con la acidez que contienen los surcos de “SEMUTA”, sino que se engrandecen con ella.

Como ya hemos dicho en otras ocasiones, DenpaFuzz advierte que no se hace responsable de los efectos neuronales que este disco puede provocar a tu cerebro tras una escucha prolongada, y mucho más si la audición la acompañas de ciertas sustancias……

Con un comienzo cadencioso en el que los borboteos del humeante pantano están presentes “Burning planet”, refleja todo el misterio de las aguas pantanosas en las que nos va a introducir la banda. Escenarios heavy-psych donde el fuzz es el rey dominante. Ciertos aromas retro nos van descendiendo pausadamente a terrenos de psicodelia profunda. Una atmósfera que es coloreada por guitarras ácidas. Sin esperarlo aparece un vozarrón rudo vomitando cantos de heavy- blues psicotrópico.

Si con esta primera andanada todavía tu mente es capaz de digerir, “The spice”, a golpe de bajo, da paso a pegadizos riffs de tintes retro, que desatan una bacanal lisérgica de fuzz. Con mucho ritmo, te atrapa con riffs serpenteantes que van engrosándose hasta el acelerón Stoner a cargo de una diabólica batería que desata completamente las hostilidades de una guitarra que derrocha riffs hechizantes y certeros. La rudeza de esa voz aguardentosa hace el resto para un tema que bien podríamos encuadrar en una especie de retro-stoner-perverso, que se asoma a escenas doom, con una mirada temerosa, para contenerse y regresar a su hábitat natural entre los alucinógenos. Irresistible el ritmo que imprimen al tema.

Sólo dos temas y te preguntas…. ¿Podré resistir más de esto? Y la respuesta es sencilla: ¡Quiero más de esto!!!!!

Los gruesos ritmos Stoner-retro de “Though the doors of Kukundu”, siguen esparciendo por nuestras neuronas fuzz con un blues lisérgico en el que la calma chamánica aparece en unas voces que muestran toda su rabia, mientras generan una densa cortina de fornidos riffs. Fuerza y poderío en otro tsunami de guitarra con efectos que todo lo arrasa.

Siguiendo los dictados de Hendrix, “Semuta music” se inicia con un pegadizo riff Potencia que va ondulando con algún retazo blues un su interior, el tema combina psicodelia pesada con arenosos sonidos desérticos en los que se desarrollas tornados de guitarra virtuosa e implacable. Otro aquelarre diabólico que adquiere fuerza con la descarnada voz de Joe Le Long. Solos y solos se suceden con una virulencia de un bajo incesante y una locura rítmica desde la batería. Giros inesperados en espirales infinitas sobre los trastes de la guitarra de Henry Fears.

Retomando el heavy-blues, “The mothership connection”, combina momentos de hard rock stonerizado, sin renunciar en ningún momento al vigoroso ritmo que imprimen a todos sus temas LORD VAPOUR. El resultado es un tema con cierto sabor añejo pero que suena absolutamente contemporáneo.

Con “Nasubi” no espera otra orgía de fuzz enérgico. Los tonos vintage sobrevuelan una plantación de marihuana para impregnarse de thc. Desarrollos a modo de jam en los que la guitarra se desdobla en una doble personalidad. Con momentos pseudo-doom que impregnan de oscuridad Sabbathica la entrada a un nuevo mundo. Un misterioso peregrinar por oscuras cavernas ambientadas por un tenue sonido de platillos y una inusual calma tensa. Un sosiego narcotizante en un lento avance hacia lo desconocido que culmina en desgarradores aullidos de guitarra. Unos alaridos que se desangran en solos que culminan en territorios descubiertos por Black Sabbath décadas atrás.

Estamos ante uno de los discos más notables del año y con el que, a buen seguro, los chicos del Canal de la Mancha reclutaran más adeptos para su causa.

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ROYAL SONS.- “Praise warship”

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Un debut en el que se deja patente de donde viene la banda. Los tejanos ROYAL SONS, nos ofrecen la crudeza ya vista en las bandas de Texas desde comienzo de los setenta. Blues-rock, boogie-rock, aderezado unas gotas de cannabinoides todo ello metido en la trituradora del stoner. Energía y sudor que hace que la temperatura suba. Una magnífica carta de presentación.

Los primeros riffs de “The devil’s knocking” ya nos dan una pista de por donde va la cosa. Blues-rock setentero con mucho groovy. Una guitarra ácida y punzante, con algún toque slide. Cadente y firme, permite el desdoble de las guitarras y tras una construcción lenta de la melodía que llega a generar angustia, llega el frenesí boogie-rock con armónica incluida.

Seguimos con un fornido blues-rock potente y lleno de acidez como es “Shufflin’ Shoes” cantado con un registro vocal que me recuerda a Dan Mc Cafferty, pero en modo vacilón. Bajo efectos psicodélicos, el resultado es un corte vibrante y potente.

Algún eco retro se vislumbra en “Nobody Has to Know” en otra potente dosis de hard difuso y humeante. El repetido y contagioso ritmo no permite ni un respiro.

Cambiando un poco la fórmula, “Let it burn”, se presenta como un corte más enigmático. Un hipnótico y repetitivo ritmo de batería se va coloreando con rasgueos de guitarra, apareciendo desde la oscuridad una cálida voz evocadora de Jim Morrison. Pasional y desgarrada, pero bien encajada en el puzle caleidoscópico que genera una instrumentación que se inflama apabullante, evolucionando enérgicamente para involucionar sutilmente en la parte final.

Sobre slide sureño y con voces ahogadas “Orále culeros”, entre acordes acústicos consiguen un tema en línea Graveyard, en el que la voz aguardentosa junto a nos medios tiempos bluseros y sureños ofrecen otra visión de la banda.

A caballo entre ZZ Top, Nazareth y The Black Angels transcurre “The eve”, el boogie-rock psicotrópico de un cañonazo que deja metralla ácida en su deflagración.

Mas arenosos se muestran en temas como “Praise & warchip” y “Familiars”. Gruesos riffs Stoner con algún toque de hard-retro y alguna reverberación grunge, en momentos cegadores.  

Ecos de Detroit aparecen en “Taste the whip”, con una vocación porto-punk atiborrada de fuzz.

La psicodelia con genes bluseros de “Too far gone” va evolucionando a ritmo de una poderosa batería, con desgarradores voces que se van zarandando por los riffs.

La parte más sosegada aparece en “Dawey”. Cálidas voces y coros sobre brumosos ritmos con mucha esencia en su interior custodian un corte de blues psicodélico rebosante de aroma..

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THE OMY.- “Sgt​.​Badtrip”

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Es increíble la cantidad de buenas bandas que están apareciendo últimamente en la escena psicodelica rusa, y entre todas, THE OMY, y su nuevo álbum “SGT.​​ BADTRIP” brillan con luz propia. 

Ha pasado casi un año desde que su tema “In my blood” golpeara mi cabeza, y ahora, por fin, aparece junto a otros tres temas en los que ejecutan una psicodelia que tiene en sus entrañas aromas de blues humeante, con una portentosa voz y la suficiente melodía como para quedarte extasiado. Si a esto, unes su potente instrumentación, el viaje está asegurado. Una bacanal de fuzz de la que te será difícil escapar y que gozarás en su plenitud si la acompañas de un alto volumen y alguna sustancia psicotrópica. para un gozo completo, como “SGT. BADTRiP” merece. .

“The begining stars with the end”, parte de suaves acordes que brotan de la nada. Recitando sobre una atmósferica y ambiental instrumentación, los rusos se muestran calmados, suaves, susurrantes, relajante y a su vez chamánicos. Los registros vocales me recuerdas a la voz de Jim Morrison. un tema que evoluciona con una garra vocal descomunal. Una fuerza que arrastra a la instrumentación en una conjunción de The Doors stonerizada. La guitarra derrocha acidez y fuzz con unos solos que no pueden dejarte indiferente. Sobre el pulsante y nítido sonido del bajo, THE OMY es capaz de seducir al más pintado, atrapándolo en sus fauces con su heavy-psych de muchos kilates. Tanto la voz como la guitarra descienden a relajantes pasajes, manteniendo unos incisivos solos. A paso lento, las cuatro cuerdas avanzan generando ese aura misteriosa y enigmática a la vez, con narcotizantes y adormecedores momentos. cuando te dejas llevar, arremeten con gran potencia a golpe de riffs poderosos.

Solo con el primero de los temas el disco ya merece la pena, pero cuando escuchas los ecos herederos del Rey Lagarto en una fusión con The Black Angels en cortes como “9 lives” la escapatoria es imposible. Un sonido atrayente que te atrapa en tre sus surcos, con seductoras voces en su caleidoscopio sonoro. Partiendo de la oscuridad la psicodelia con fuerte influencia doorsiana y la fuerte instrumentación logran envolverte en una espiral sin salida. Efectos y guitarras que se desdoblan hasta descender a chámanicos espacios de murmullos narcótizantes en los que la relajación hace desplomarte anestesiado.

El blues está presente en alguno acorde de sus temas, pero, seguramente en “Mountain”, es mucho más evidente. Ese blues psicodelico que personalmente me vuelve loco y hace que me humedezca. Un groovy que va transformándose en riffs arenosos y gruesos. Intensidad y nebulosidad unidas con un gran trabajo de composición y de ejecución en una fusión ácida que se acerca a ciertos dictados stoner. 

“In my blood”, el tema que hace meses publicaron y que nos dejó a muchos con ganas de escuchar más material de THE OMY, cierra un excitante disco de los que te hacen salir del hastio de determinados sonidos que se repiten en muchas otras bandas.

Una ceremonia en el que los chamanes esparcen ayahuasca invocadora y redentora. Voces envueltas en efectos y un sonido de saxo, que consigue el efecto narcótico de la espiritualidad que el ritual merece. Fuerza, intensidad, profundidad sobre registros blues empapados de psicotrópicos. Profundo e intenso, el tema supone todo un exorcismo. Un tema lleno de efectos, distorsiones y sonidos que se unen un un aquelarre orgásmico. Si has conseguido sobrevivir, repite, este tipo de experiencias siempre pueden ser distintas en una segunda cata. 

En el disco han participado:  Igor Volkov (voz, arpa) Daniel Izmaylov (guitarra, voces y voces, piano eléctrico),  Gley Galdine (guitarra, y voces) Dmitry Syrtsov (batería y programación) Sergey Contrarian (percusiones) Sergei Khramtcevich (saxo) Amir Islam

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LIQUID SILK.- “Hightest mountain”

a0134628115_161Tercera entrega de la banda berlinesa LIQUID SILK, que continúa y profundiza en esos sonidos retro-rock en los que el blues psicodélico está muy presente, no faltando grandes riffs stoner con sabor añejo.

A pesar de ser una formación alemana, su sonido podría salir de cualquier garito del medio-oeste americano. Ritmos contagiosos, con mucho uso de fuzz, un groovy que dota de gran dinamismo a los temas. Sin descubrir nada, el resultado es realmente apetecible. No estamos ante el disco del año, pero, sin duda, si, ante uno de esos discos que puede ofrecernos reiteradas y  buenas escuchas. 

“Fever” y “Kosmonaut” se fusionan en uno con las ideas claras. Sobre una batería y un bajo que marca el rítmo LIQUID SILK van incorporando pasajes de blues ácido bajo unas estructuras que se repiten en gran parte de los cortes. Con una linea de bajo cristalina van calentando motores,  para ir dejando hueco a unos solos de guitarras que se combinan entre sí en una auténtica jam. De un riff concreto, que repiten a lo largo del tema, se van produciendo desarrollos en los que la libertad interpretativa adquiere la  verdadera esencia de su música. un caos controlado en el que todos tiene protagonismo.

Hay un buen trabajo en las armonías y alguno de los solos adquieren tintes sureños.

En temas como “Help me”, la banda retoma los cánones del retro-rock más ortodoxo, como si de Kadavar se trataran, en una combinación con cualquier banda sureña de los States, se sumergen en blues que van adquiriendo aromas psicodélicos, para renacen nuevamente en el riff con el que partieron. La estructura para simple, pero el groovy con el que se ejecutan le reporta calidad y mérito. Sonidos rudos y primitivos, en los que pasamos de riffs poderosos a susurrantes espacios de psicodelia en los que el misterio generado por el bajo, es profundizado por las guitarras, una guitarras que inciden en esa exploración oscura, y que por momento recuerdan la técnica que usaba el mismísimo Alvin Lee en los cortes más psicodélicos Ten Years After. La tendencia stoner da por concluido el corte.

La escalada a la más alta de las montañas se produce con las herramientas que la psicodelia ofrece. De forma sutil , murmurante se va produciendo el tortuosos ascenso a esa cima inquietante que la banda pretende coronar. Hipnóticos por momentos, con pasajes de psicodelia refinada y con ecos de voces blues, completan el tema más elaborado del disco.  Claros que aparecen sutilmente entre las sombras por las que transita “Hightest mountain” , una sombra que son recorridas con riffs retro-stoner con reminiscencias de Colour Haze.

Los ritmos hard setetnteros hacen de nuevo acto de presencia en temas como “Super caravelle”, en el que nuevamente se escuchan sonidos de guitarra Alvin Lee, disfrazados de Graveyard o Radio Moscow de baja intensidad. El stoner más añejo explota en uno de los temas más enérgicos de “HIGHEST MOUNTAIN”   en el que las guitarras se dejan llevar en una espiral de solos hirientes.

Otra vez recuperando el blues más lisérgico, “See the moon rising” se vuelve a acercar al stoner-retro cercano a Graveyard. ondulando, subiendo y bajando en su intensidad, va cambiando de color poco a poco, obteniendo un lienzo lleno de colores y matices. Hay siempre hay espacio para las jams ácidas de unas guitarras que se asocian para hacerse más fuertes y darle vigor a un tema que puede resultar reconocible dentro de los estándares de la escena vintage de los sonidos stoner.

Un poco alejado de esa fórmula, y mucho más incrustado en el espacio de la psicodelia más sombría,  “Pinwheel” sigue escalando la alta montaña de una forma cadenciosa. tomándose un respiro en momentos tenebrosos, para tomar impulso a base de potentes rifss rodeados de efectos, intensificando su sonido. Un serpenteante corte que esquiva los momentos tortuosos con fuerza y se relaja a través de ácidos pasajes en los llanos de la orografía con brillantes solos de guitarra.

La vuelta a los orígenes del hard rock y el blues rock se produce en el tema que cierra el disco. “Storm ready”. Efectos sobre tonos oscuros de inquietante psicodelia humeante, que transmuta ha espacios de blues rock ácido, y que acaba en escenarios ya pisados por muchas de las bandas de los primeros setenta. Blues- rock con tintes boogie en estado puro. 

 

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