SPIDERGAWD.- “V”

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Una de las bandas más destacadas en el panorama noruego, SPIDERGAWD parecen ir a contracorriente, con una involución en su creatividad compositiva. A un disco por año, su sonido ha ido modulándose  hasta llegar aquí. Prolíficos como pocos, nos presentan un álbum que es puro hard y heavy rock sin complejos. Un disco que huele a sudor con sus poderosos riffs, pero un trabajo en el que las melodías están mimadas con esmero. Recuperando con su propia identidad vibraciones que ya nos regalaran Kiss, Iron Maiden, Grand Funk, Thin Lizzy, Motorhead, Q.O.T.S.A, etc… y fusionándolos con momentos Tempest. Con la habilidad suficiente para que sus canciones no resultan nada anodinas, SPIDERGAWD construye temas que pudieran convertirse en himnos aportando sangre fresca a un panorama saturado de propuestas cortadas por el mismo patrón. La inclusión de el saxo Rolf Martin Snustad en alguno de sus temas les dota de una versatilidad y un atractivo mayúsculo. Aunque siguen la estela de las reverberaciones heavy-rock de los ochenta y del hard más sudoroso de los setenta, “V”  es una atractiva propuesta huyendo de composiciones con sabor rancio.

“All and everything”, el tema con el que se abre esta quinta entrega, es de esas canciones que en otros tiempos hubiera sido considerado todo un himno, y quién sabe si ahora también. Estribillos pegadizos de los que no puedes dejar de tararear durante días tras su escucha, unido a una energía que no está reñida con la calidad creativa hacen que estemos ante unos de esos temas perfectos. Con una introducción a cargo del saxo, para dejar paso a leves ecos de Grand Funk o de las formaciones más punteras de la escena del hard más pesado de finales de los años setenta o de los primeros ochenta, cuando el heavy-rock estaba en su pleno esplendor, construyen un corte con cuidadas melodías sobre una base rítmica comandada por la implacable batería de Kenneth Kapstad . Esa batería que se convierte, desde mi punto de vista, en el verdadero pilar de la formación. Estribillos y coros que se incrustan en nuestra cabeza sin que podamos escapar hacen el resto para que “All and everything” se convierta en el estandarte de este nuevo trabajo. Si a eso unimos un cierto aura progresiva en sus composiciones, que, aunque más leve que en sus anteriores discos,  la tormenta perfecta está formada.

Solos afilados en pura vena heavy-rock se combinan en “Ritual supernatural” con unas atractivas melodías, tanto vocales como en la composición, para crear un tema que parece una fusión de Thin Lizzy hacia postulados A.O.R. Aderezados con solos de guitarra virtuosa y una densa instrumentación hace que el corte no baje el pistón.

Si antes comentaba que la batería juega un importante papel, no menos importantes es la voz de Per Borten y los coros que la acompañan.

El sonido de Kiss se siente en “Twentyfourseven”. Rudas voces y menos melodías en uno de los cortes más duros. Conjugando heavy-rock con sonidos desérticos. Un tema áspero y profundo.

Tras la tempestad, los noruegos nos dan un fugaz respiro con los primeros acordes de “Green eyes”. En realidad se trata de un pequeño espejismo en el que nos muestras su lado más oscuro tras difusos riffs sobre esa impactante batería. Esparciendo fuzz a diestro y siniestro, van engordando un corte con su rabia habitual envuelta en una nebulosa arenosa. 

Atmosféricos, oscuros y pesados, “Knights of C.G.R”, supone el regreso a escenario heavy-progresivos de gran calado. Una faraónica composición que sigue incidiendo en la apuesta NWOBHM. Muchos son los alicientes que tiene “V”, un disco en el que no faltan riffs retro-rock, con el el caso de “Avatar”, para acabar sumergiéndose en territorios más propios de la escena jazz rock progresiva de mediados de los setenta gracias al sonido de ese saxo tan atípico en este tipo de bandas. Dentro de este catálogo de grandes temas, aparece “Whirlind rodeo”, otro de esos temas a los que no les falta detalle, riffs retro, momentos de hard-progresivo, voces y coros heavy-rock. Todo cocinado bajo una densa y ampulosa instrumentación que jamás pierde el ritmo y en la que se incrustan melodías que nos llevan a espacios más psicodélicos.

A ritmo frenético, “Do I need a doctor”,  no se anda con sutilezas. El lado más bestia de los noruegos se deja sentir en un diabólico corte de heavy-rock sin paliativos. Voces desgarradas sobre ritmos infernales con toda la energía que les queda, que es mucha. Pegadizos estribillos vuelven a adornar otro gran tema al que no falta a su cita el fuzz entre los hirientes solos.

Después de su escucha completa, solo queda volver a darle al play y subir de nuevo el volumen.

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KOMODOR.- “Komodor”

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Inspirados por James Gang o Grand Funk Railroad entre otros, los franceses KOMODOR nos invitan a un viaje retrospectivo a los setenta. Para ello utilizan su utilitario decorado de hard- rock fabricado en la prolífica factoría Detroit que tanta gloria dio en aquella década a los amantes del rock.

Un disco que cualquiera que lo escuche, le sería difícil ubicarlo en la segunda década del siglo XXI. Una brillante carta de presentación que hará rememorar momentos del pasado a más de uno con cuatro temas de rock and roll puro, sin aditivos. Fuerza y dinamismo en un ambiente festivo.

Estribillos efectivos en “Still the same” sobre ritmos de rock and roll a golpe de un bajo marcando el animado compás, los franceses construyen un tema lleno de brillo. Un intercambio de roles entre guitarra y bajo desemboca en un efectivo y dinámico boogie-rock.

Sencillas estructuras construyen “Join the band”. lo simple a veces es la mejor herramienta para llegar al oyente, y en este tema, la banda lo deja claro. Guitarras aulladoras y jugueteos con el estéreo construyen ritmos cercanos a los postulados de Gran Funk. Puro hard rock setentero, alegre y divertido.

No faltan los momentos de psicodelia en la que una hiriente guitarra juega con estéreo bajo la mirada atenta de una batería cadente une a la fiesta con discreción, acompañada por una invitada de lujo en los coros, Ellin LarsonLa cantante de Blues Pills, así como su bajista Zach Anderson y su guitarrista Dorian Sorriaux, colaboran en varios de los temas, unos invitados de lujo.

Una maquinaria transitando dinámicamente por autopistas americanas de los setenta, a un ritmo vertiginoso, para activar las articulaciones, como lo hace en “Nasty habbits”. Con la ayuda del órgano y con un sonido que recuerda a Bad Company y por momentos a James Gang.  Desde la sencillez, y sin tratar de impostar a nadie,. Riffs pegadizos unidos a estribillos contagiosos, hacen que sea imposible mantener las articulaciones en reposo a ritmo de boogie.  Dejándose espacio entre si, los instrumentos tienen su propio protagonismo. Su momento de gloria, en una especie de jam en forma de puzzle, en el que encajan perfectamente todas las piezas para convertirse en un todo un cuadro. Guitarras sureñas entran en una pelea que acaba en una orgía sonora en la que todos los instrumentos de desbocan.

En ese espacio entre Grand Funk Railroad, Ram Jam o James Gang, partiendo de acordes acústicos van desarrollando un tema nítidamente setentero. Voces moduladas, y ritmo que se combina con efectividad, en una especie de himno. eso es  precisamente “1984”. Inclinándose a sonidos más propios de James Gang, avanzan con solvencia para construir un gran corte, en el que no falta su punto de psicodelia. _Un tema que nos devuelve a los setenta de una forma divertida y jovial.

 

KOMODOR son: Goudzou (bajo) Elrik Monroe (batería) Ronnie Calva (guitarra solista) Slyde Barnett (voz y guitarra). y como invitados, Ellin Larson (coros en “Join the Band”: “Nasty Habits”: “Still the same”, Dorian Sorriaux (guitarra), André Kvarnström / Rickard Nygren (piano) y Zack Anderson (bajo)

“KOMODOR” se publica hoy via Soulseller Records.

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SAMAVAYO.- “Vatan”

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Una mezcla de stoner-rock, heavy-psych y sobre todo muchos ecos de rock progresivo setentero con aderezos orientales. Un oscuro viaje en el que los fuertes riffs, acompañados por una cautivadora voz que nos lleva más allá de los arenosos territorios stoner al uso.  Si bien es cierto que su sonido puede recordarnos a Truckfighters, los berlineses van más  lejos de ser otra apuesta stoner al uso. Con “VATAN” dan un paso en firme hacia la versatilidad y creatividad del género, convirtiéndose en una formación más progresiva.

Desde escenarios propios del rock progresivo, “Prevarication nation”, va poco a poco stonerizándose. Un transito fluido, en el que no pierde su esencia progresiva. Con un carácter hipnótico, las rugosas texturas son planchadas por melodiosas voces bajo la atenta mirada de episodios de fuzz. Un magnetismo fuera de toda duda, y que sientes en tus neuronas.

Mucho más ortodoxos, en el tema que da nombre al disco, “Vatan”, el stoner más tradicional se hace sentir a través de sus crujientes riffs que se ven sorprendidos por brisas orientales que hacen dar un giro al tema. Con esencias llegadas de remotos parajes impregnan con un hechizo narcotizante, y unas voces cautivadoras como cantos de sirenas que nos atraen y atraen, hasta que nos acaban engullendo. En su parte final, el tema recupera bellos momentos progresivos que se van diluyendo agónicamente.

En estos momentos, nos queda clara, (sino no teníamos ya claro de antemano), que hay mucho más detrás de la apariencia stoner de SAMAVAYO. “Sirens” relata misteriosas nebulosas en forma de efectos que van presentando una nueva odisea que se conjuga a lo largo de sus arenosos y crujientes riffs. Una oquedad con un espíritu progresivo y un aroma lisérgico en alguno de sus pasajes. mientras un inquietante ritmo que me recuerda a Truckfighters nuevamente, se ve asediado por melodías vocales de tinte oriental en las ranuras de su derroche de energía.

La maquinaria pesada alemana se pone en funcionamiento a muchas revoluciones en “The hate of thousands”. Tras el constante acelerón su marcha se rebaja hasta un ralentí, en el que nuevamente las melodías engrasan los rodamientos con tonos progresivos que poco a poco se hunden en una marmita ácida. Después de la inmersión , un lento fluir en esas aguas se va generando los momentos más psicodélicos de “VATAN”. Inmersos en un tema de corte psico-progresivo que había comenzado con mucha vitalidad. Una transición hecha con precisión, construyendo un “todo” lleno de matices entre los que destacan efectivos estribillos y coros.

Completamente inmersos en atmósferas progresivas, “Marionette”, sigue incidiendo en esa bajada de revoluciones. Susurrándonos con melodiosas voces, entre riffs poderosos y chirriantes y acordes atractivos y narcóticos acordes en un constante subir y bajar.

Una mayor complejidad en sus composiciones, que les diferencia de los gustos de los puristas de la escena stoner, pero que pueden verse fácilmente atraidos por sus vibraciones psico-progresivas. Así “Time to die”, con un envoltorio de hard-rock, generado por bajo y batería, deja al descubierto momentos de psicodelia pesada muy hechizantes. Siempre intensos, tanto en los momentos más sosegados, como en los más ampulosos y grandilocuentes, no escatiman en los matices. Aquí, recordándonos tibiamente a Colour Haze en alguno de sus momentos, los ecos orientales se entremezclan entre una multitud de riffs entre los que no pasan desapercibidos. Ya estamos cada día acostumbrándonos a estas variaciones progresivas en algunas bandas, lo cual acaba dándole más riqueza al género stoner, que le sirve para no dinosaurizarse.

El punto final al trayecto de “VATRAN” lo pone Behrang Alavi con su cálida voz y sus crujientes riffs. “Children of kobane” se va resquebrajándose por grietas progresivas de naturaleza setentera. Unas fisuras que no consiguen derribar un corte, sustentado en unos pilares rítmicos de gran solidez que nos regalan hipnóticos momentos, antes de rearmarse en esquemas hard-rock que poco a poco transforman su fisonomía con capas progresivas.

“VATAN” está disponible via Noisolution.

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THE GRAND ACID.- “The grand acid”

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Un compacto trabajo nos ofrecen los berlineses THE GRAND ACID en su debut. Con potentes sonidos que nacen de ecos blues y psicodélicos sin renunciar a las melodías. Unas vigorosas jams sobre brumosos entornos vintage con origen setentero y alguna vibración progresiva. Si seguimos aquella máxima que usábamos décadas atrás de fijarnos en la portada del disco para intuir su contenido, en este caso, el arte de la misma puede reflejar a la perfección lo que encierran sus surcos, y, sin duda, aquí, aquella máxima se cumple.

Sobre tonos de hard setentero construyen “Yeast”, un corte en el que el sonido del órgano toma un gran protagonismo. Sobre sus surcos revolotean ecos de Wishbone Ash en los que no faltan agradables momentos psico-progresivos sobre una espesa neblina grisacea.

Con un ritmo cadente, la banda va salpicando solos de guitarra  elevándose sobre la cadencia rítmica. sin estridencias, construyen un gran tema que nos invita a seguir indagando en el interior de este trabajo.

Más poderos y sobre una base retro-rock, “Thick as a brick” nos ofrece una visión distinta de su propuesta. Dinámicos riffs que se repiten, con una bateria y bajo insolentes, se van sucediendo los solos de guitarra en una espiral sónica que acaba convirtiéndose en una auténtica maraña de reberveraciones psicotrópicas y difusas. una complejidad ejecutada desde esquemas sencillos con la que alcanzan un tema tan espeso como su nombre.

La vitalidad hard-rock se presenta en “Neptune“, nuevamente sobre una densa instrumentación con sabor añejo, en la que se clavan desarrollos de guitarra ácida.  El viaje a momentos de esplendor del rock en sus primeros setenta está conseguida con brillantez, sin artificios innecesarios pero con la suficiente creatividad como para que el resultado sea muy apetecible.

Finos y elegantes acordes de guitarra coquetean con el blues en “Back at the wheel”. Sobre un ambiente calmado que recuerda a algunos momentos lisérgicos de bandas como Ten Years After, se van sucediendo angelicales coros que transmiten una calidez y cercanía al oyente, haciéndose que nos sentamos inmersos en la composición como si fueramos una parte más de ella. Una masaje sutil que nos va acariciando poco a poco, atrayéndonos a su espacio de lisergia. Una profundidad entre el blues y la psicodelia no exenta de fuerza. 

Haciendo un pequeño giro, la banda se interna en espacios más arenosos sin olvidarse del blues en temas como “Bull”. otro tema que bebe del néctar de los setenta para adaptarse con habilidad al siglo XXI. Un implacable ritmo de bajo y una posterior avanzadilla a territorios hostiles de heavy-psych en los que los momentos fuzz humeante van ondulando en un auténtico viaje psicotrópico. Ciertamente no estamos ante nada nuevo, pero la habilidad de la banda va más allá de ser una copia de nadie, lo que siempre es de agradecer. estamos antes sonidos que no nos resultan desconocidos, pero que difícilmente podríamos decir que sean un clon de nadie. 

Si la apuesta principal de THE GRAND ACID nace, como he comentado antes de los ecos de los setenta, en temas como “Lost”, los ecos Hendrix son más que evidentes. Unos desarrollos de guitarra incisiva con mucho fuzz en sus cuerdas y una energía hard-rock bien transmitida por el groovy vocal de Friedrich Finkenwirth hacen el resto. siendo capaces de reprimir su furia y descienden a cavernas de calmada y humeante psicodelia en la que los acordes nos van narcotizando poco a poco con las resonancias blues llegando de la lejanía. Relax y calma que contrasta con el ímpetu inicial. Casi diez minutos con los que, si no lo habían hecho hasta ahora, el trio alemán te reclutará para su causa con momentos de una jam cannabinoide que aplacará tus sentidos con sus reverberaciones. En su parte final la batería de Stefan Kaiser arrrastra al bajo de Norman Sander mientras Friedrich se pierde en su interior con interminables solos propios del mismísimo Alvin Lee en un puro viaje psicotrópico.

El disco, acaba con un diabólico tema de hard-blues como es “Manta”. un riffs que se va repitiendo hasta el infinito con una inquebrantable base rítmica en un frenesí implacable que acaba por dejarnos exhaustos. Una especie de stonerización de resonancias del pasado a toda velocidad que destrozará cervicales.

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GREY CZAR.- “Boondoggle”

a3043948413_10Con una versatilidad musical que va desde los estándares del rock progresivo, pasando por momentos de hard-rock así como de psicodelia, los austriacos GREY CZAR lanzan su tercer trabajo. Un disco marcado por la particular y melodiosa voz de Roland Hickmann, con modulaciones llenas de expresividad. La gran personalidad de la sólida formación se transmite a través de doce temas con frescos riffs, un órgano que colorea de tonos vintage los temas y les dota de un carácter progresivo así como pesados riffs que se acercan a postulados stoner. Temas que tienen a una elevación instrumental dotada de muchos matices sonoros. Estamos ante una apuesta que se sale de lo convencional y hace que “BOONDOGLEE” se convierta en algo grande. Temas con personalidad propia y nada anodinos nos hacen que su escucha sea un pleno disfrute.

El órgano de “Age of man“, nos da pistas de muchos de los sonidos que vamos a encontrar en el disco. Un intrigante bajo y el peculiar y cálido registro vocal abre un camino a través de psicodelicos sonidos con cierto hipnotismo.

Ondulantes y pegadizos, GREY CZAR demuestran su destreza para componer temas psico-progresivos, en los que voces pseudo-operísticas son arropadas por efectivos coros. los constantes cambios de ritmo consiguen una estupenda escucha que te mantiene atento al argumento, especialmente para los más afines a los sonidos progresivos.

“Profesion of faith”, deja de lado el protagonismo e los teclados, para ceder el testigo a una vigorosa guitarra, inclinándose a territorios más psicodélicos, sin perder de vista las buenas melodías.

Sobre acordes de piano y voces más propias de un tenor, una guitarra difusa unidos a un inquietante trabajo de bajo, construyen “Weigh of world“, en el que demuestran su lado progresivo.

La sutileza con la que los austriacos dotan sus temas queda retratada en “Thunder buy”. Otro brillante trabajo de una atractiva guitarra va describiendo estados de melancolía. Entre la brumosa oscuridad, se van sucediendo riffs retro de guitarra en un fresco corte lleno de vitalidad.  

Según va uno introduciéndose en el contenido del disco va descubriendo que la banda sabe modular sus composiciones con precisión. Pasando de temas densos con poderosos riffs a momentos de dulzura intrigante. “Forlom March” desde la calma va elevándose portentoso para dejar claro que con ellos, tonterías , las justas.

El hard-progresivo de libro aparece entre maravillosos registros vocales y guitarras ácidas que alumbran una aparente oscuridad de un tema dinámico y denso como es “Sail away”.

Lo evidente, es que nos enfrentamos a una banda poco común, y que con su versatilidad consigue ser transversal y poder hacer disfrutar a amantes de la psicodelia, del rock progresivo, e incluso de los que disfrutan con los sonidos más pesados. 

Incluso aquellos de no salen del rock más clásico tienen su oportunidad en “Create break animate”. Un tema que se recuesta en almohadas progresivas pero que en su interior tiene mucho del hard setentero. 

Emotividad y mucho contenido oculto bajo un aspecto grandilocuente que puede desconcertar en una primera escucha, pero una vez has profundizado, empiezan a parecer todos sus matices y aromas para hacer que el resultado sean más que notable.

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SOULBREAKER COMPANY.- “Sewed With Light”

TheSoulbreakerCo_SWLSexto trabajo de los vitorianos SOULBREAKER COMPANY que será editado el próximo 30 de noviembre via Underground Legends Records lo que supone una apuesta fuerte por la discográfica madrileña que ha tenido un buen ojo en su elección.

A estas alturas hablar de un nuevo disco de SOULBREAKER COMPANY, es hablar de algo que seguramente será grande. Una banda que se reinventa con cada trabajo y que refleja en sus creaciones influencias que van desde el hard clásico de los setenta a los sonidos de los noventa pero recostándose en sonidos psicodélicos y  progresivos en una revisión contemporánea de los mismos. Si con su anterior trabajo “LA LUCHA” dejaron el listón muy alto, con “SEWED WITH LIGHT” inciden en no bajar el pistón.

Once temas intensos en los que la banda va ondulando en una montaña rusa de sonidos con un denominador común, giros inesperados que suelen acabar en un plácido descenso, siempre manteniendo la elegancia y la ampulosidad sin renunciar a la sutileza y en los que no faltan los sonidos pesados y espesos. 

Salpicando con efectos y sintetizadores atmosféricas armonías de guitarra “Inner dark”, se presenta como un corte de tintes post-rock en el que los esquemas del hard-progresivo están presente y en el que la peculiar y característica voz de Jony Moreno por momentos evoca al mismísimo Phil Collins arropado por unos coros pastorales.

Con una orientación más cercana a sus discos anteriores, “I am the void” destila riffs  enérgicos sin perder esa vocación progresiva, en la que los teclados tienes mucha culpa. Con tonos psicodélicos demuestran una gran versatilidad instrumental.

Tornándose hacia terrenos de música americana con vientos sureños en sus surcos, las pinceladas pos-rock se salpican con sutileza sobre armonías de piano que se  van acompañadas por coros operísticos en “The end of the day”.

Cuando hablamos de una banda versátil, es por algo. y “Together” nos da la razón con un ejercicio de hard-rock progresivo que rezuma frescura. Fuerte ritmo, siempre oscilando y balanceándose por distintos territorios sonoros, los descensos se hacen de forma pausada, huyendo del vértigo, ya que los arneses de los vitorianos son sólidos. El uso de los sintetizadores suaviza los pesados ritmos, y el tono angelical lo ponen unas voces infantiles en su parte final.

Si echas en falta sonidos de rock clásico, no tienes nada más que darle una vuelta a “The word, the blade” Cuidadas melodías vocales evocadoras de la década de los noventa, aparecen en un tema en el que la nostalgia se describe combinado setenta y noventa en una revisión contemporánea. Si algo le faltaba al tema, un incisivo órgano retro nos invade las neuronas. ¡¡¡¡Joder con ese órgano!!!. La psicodelia colorea el tema para que no nada se eche en falta.

Nuevamente utilizando los teclados como herramienta fundamental, la fusión  entre lo progresivo y lo psicodélico aparece en “Persephone”. inquietantes registros vocales, y la combinación de órgano y guitarra ácida generan una atmósfera lisérgica de proporciones grandilocuentes. La inclinación y querencia a los territorios progresivos está presente creando ese espacio sinfónico del que la banda tampoco reniega.

“You Guess But You Don’t Understand”, nos transmite la calma a través de las notas del piano, en un sosegado corte de apacible rock clásico en el que la guitarra acústica complementa el bucolismo que transmite. Una brisa que acaricia los sentidos con una bella melancolía.

Nuevamente  viajando al medio oeste americano, “You Shook Your Tail” la banda sin que nos demos cuenta viaja a través de largas rectas que desembocan en desérticos pasajes con una transformación de la calma en pesados riffs evolutivos más cercanos a los cánones stoner arenosos. 

Registros vocales más lineales complementados por una pulsante linea de bajo grueso, hace que nos sumerjamos en otro corte denso como “Avoid the crash”. Seguramente el tema más pesado de todo el álbum, pero como dije al principio los cambios y giros de rumbo son constantes con estos chicos, y derrochando fuzz las voces ponen la cordura en una bacanal de acordes de órgano que nos devuelve al sinfonismo más clásico.

En otro meandro de instrumentación espesa que se inicia con una guitarra de corte ácido, sobre una base rítmica espesa y contundente, “Arrhythmia” se presenta amenazante en su estructura. Una instrumentación pesada sobre hirientes solos de guitarra.

“SEWED WITH LIGHT” cierra con un bello tema de corte nostálgico con un aura psicodélica que se sustenta en una ambientación sinfónica de potentes teclados. Atrayentes y cautivadores coros en la lejanía que nos trasladan nuevamente a espacios post-rock en los que el sinfonísmo sólido va engrosándose apoyado en la firme instrumentación que atesora la banda., dando como resultado un tema sólido.

Un disco con claros en una oscuridad que nunca es intensa, con una frescura que no implica fragilidad, en el que la elegancia se conjuga con la solidez en unos temas intensos y cuya modulación hace que no estemos ante un disco lineal, sino todo lo contrario. Si a ésto añadimos que la banda mantiene su estilo e identidad, la conclusión es clara, un logro para el deleite de los más melómanos. y de los que no se quedan en riffs repetidos mil veces por mil bandas.

SOULBREAKER COMPANY son: Illán Arribas: Bajo eléctrico Javier Arteaga: Hammond, Órgano, Piano, Sintetizador Daniel Trignanes: Guitarra eléctrica, Guitarra acústica Andoni Ortiz: Batería, Percusión Asier Fernandez: Guitarra eléctrica, Guitarra acústica, Voz Jony Moreno:Voz, Guitarra acústica, Coros

El disco fue grabado en Louder Studios (Grass Valley, California) con la ayuda de Tim Green.

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GREENLEAF.- “Hear the rivers”


a3606996310_16Los veteranos GREENLEAF lanzan su séptimo trabajo “HEAR THE RIVERS” via Napalm Records.

Me parece que pocas dudas hay en la escena stoner de quienes son GREENLEAF y de lo que son capaces de ofrecer. Un sonido característico y personal fácilmente identificable cuya calidad ofrece pocas dudas. Una reputación que afianzan con cada nuevo trabajo que publican, y en ésta ocasión no iba a ser menos. Diez temas con su sello de identidad presente. Una banda que nació de la caverna stoner para ir definiendo su sonido sin la rutina que vemos en muchas de las bandas de esta escena. Hard rock aderezado con genes blues en un sonido sucio. Una crudeza que no reniega de ofrecernos calmados momentos y que siempre nos ofrece brillantes riffs.

Si algo caracteriza a GREENLEAF es la capacidad para no ser una banda más. “Leaf it out” lo deja bien claro. Fuzz, ritmo, potente bateria, riffs incandescentes, para calmadas y cálidas voces y coros que ondulan y sobrevuelan por las armonías difusas, para terminar un tema que engancharía a los no iniciados en esto de los sonidos sonerizados.

El blues-rock más enérgico es retratado en “Sweet is the sound”, un tema que podría definir a GREENLEAF, y en el que tras escuchar tres notas, no tendrías duda de que los suecos son los que suenan. Unos riffs que se repite y que consigue un todo entre la modulación de voces y coros sin perder su rudeza primitiva.

El fuzz y su lado más stoner hacen acto de presencia en “A point of a secret” La voz sosegada con el groovy al que nos tiene acostumbrado y estructuras de rock clásico con envoltorio stoner nebulosos. Solos de guitarra y una batería potente arropan el lado más sensual de las voces. Frenadas y acelerones en un tema pegadizo y con estela desértica.

Con estas premisas, una pegadiza apertura a golpe de batería, nos introduce en “Good ol’ goat”Un corte con cadencia y ritmo en el que la voz de Arvid Hällagård  y los coros suavizan un tema intenso y difuso de Blues-rock stonerizado.

Momentos de rock clásico nos ofrece “The rumble and the weight”, un denso corte de stoner de aspecto vintage en el que la voces y coros nuevamente nos enganchan a otro tema que rezuma grasa y energía y que acaba en una deflagración lisérgica en la que el fuzz se esparce por todos los lados.

La parte más melódica de GREENLEAF es reflejada en “We are the paws”.  un grave bajo y susurrante voz acaramelada, completada con reverberaciones intensas y narcotizantes en otra fórmula perfecta.

Tommi Holappa sabe como construir una canción y Arvid como modularla,  dejando el músculo a Sebastian Olson y sus baquetas. con esos mimbre no es extraño encontrarnos “Oh my bones”. Aires retro que combinan fuerza y melodía en unos arreglos efectivos y brillantes. Ritmo que cede espacio a la calma sin decaer en su intensidad. todo muy medido y efectivo.

Hard-rock en estado puro, con mucha herencia setentera y un ritmo trepidante hace que “High fever”, nos golpee con todo su fuerza, a ritmo de rock and roll de garito de carretera antes de darnos un paseo mucho más lisérgico y reconfortante en temas como “In the caver below“. Un bello tema  en el que nuevamente la voz pone mesura en un ritmo cadente y ácido.   

Los GREENLEAF mas atmosféricos y psicotrópicos aparecen en”The rivers lullaby”. Un tema más oscuro que parte de la psicodelia para ir evolucionando a momentos hard & heavy de tinte desértico. Bajo y batería comandando la nave sueca en un tortuoso camino lleno de obstáculo en formas de subidas y bajadas hasta culminar en una borrosa atmósfera que culmina en una locura sónica.

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