Reseña: MOOCH.- “Hounds”

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Originarios de Montreal, MOOCH, en su debut de larga duración “HOUNDS”, deposita su sonido, tanto en las vibraciones emanadas del desierto californiano como de los efluvios del blues de los pantanos. De esas aguas parece emerger una nueva reencarnación del Rey Lagarto en la voz de Ben Cornel para ofrecernos magnéticos temas de heavy blues stonerizados que combinan vibraciones llegadas del siglo pasado con registros mucho mas contemporáneos en los que no falta algún momento grunge.  Un álbum que te atrapa con cada tema y en el que encontramos dos puntos de referencia irrefutables, Jim Morrison y Brant Bjork. Puede parecer una puesta arriesgada, pero los canadienses acaban conjugando perfectamente ambas influencias para construir un trabajo impactante. Arenosos vientos del desierto en una ceremonia en la que el blues más pesado pone la banda sonora entre humos narcóticos. Un ambiente chamánico en el que los temas fluyen entre ritmos llenos de “groovy” y fuzz intoxicante con la mirada puesta en la California más soleada. Con momentos en los que coquetean con el doom, entre temas de blues intenso y desgarrador, sus pegadizos temas se ejecutan con esmero no olvidándose de la importancia de las voces y coros, algo que demasiadas veces pasa desapercibido en muchas bandas. A lo largo del álbum podrás encontrar múltiples momentos en los que el sonido de Seatle baile en una danza ritual con el blues del delta bajo vibraciones mas propias de The Doors (innegable la comparativa con el registro vocal de Morrison), Hendrix, Zeppelin, Kyuss, o incluso Sabbath y Colour Haze te venga a la cabeza, lo cual no significa que estos chicos tengan su personalidad propia, y de ahí precisamente viene toda su grandeza. La mística de “HOUNDS” hace que estamos ante uno de los debut más destacados de lo que llevamos de año. 

El álbum fue conceptualizado como un disco en bruto, mostrando la verdadera sensación de la composición de la banda y la personalidad de los gritos en el escenario. Fue grabado en vivo como un dúo de guitarra / batería en el desierto de California. Sin pistas de clic, sin edición, sin instrumentos digitales. El bajo se agregó de nuevo en Montreal y el registro se devolvió a Seattle para ser mezclado. Finalmente el álbum fue enviado de vuelta a casa para Montreal para dominar. Brant Bjork desempeñó el papel de productor de la vieja escuela y  organizó con su Jalamanta Studio y su equipo: el productor Bubba Dupree e ingeniero Yosef Sanborn de MassiveFX Pedals. Además de ser el jefe de ambiente de toda la operación, Brant fue mentor y todo alrededor del tipo más genial para pasar el rato mientras haces un disco.

MOOCH son: Ben Cornel (Guitarra, Voz), Julian Iacovantuono (Bajo, coros)Alex Segreti (Batería y  coros), y como invitado a la guitarra Joe Segreti.

El álbum abre con “Mantra”, un título que no podría describir mejor el contenido del tema. Un corte en el que el espíritu del Rey Lagarto regresa a la tierra para introducirse en su cantante.  El tema bien marcado por ese registro vocal que nos recuerda al Jim Morrison más chamánico sobre armonías de blues psicodélico. Un tema lleno de magnetismo que se eleva por el sendero de sus riffs stonerizados. Los canadienses nos presentan un corte que bien podría definir el sonido que The Doors tendrían en el siglo XXI. Completamente hechizante.

Mas fornidos, pero sin perder el aroma a 70’s “She’s black hole” gravita entre ritmos pesados y magnéticas melodías heavy-blues. Con pasajes de fuzz humeante y tambores grandiosos los sonidos difusos del desierto avanzan cadentes, entre efluvios de peyote para descender a hechizantes momentos de una calma impostada que acaba explotando en una gran deflagración en su parte final. Un blues stonerizado de gran solidez compositiva.

Retomando el legado de The Doors, “Blue man’s fase” evoca la velocidad de las autopistas californianas en un paseo con el desierto en el horizonte. Sin perder ese “tempo” rítmico, los canadienses construyen un corte que se desarrolla entre nebulosas de fuzz bajo dinámicos ritmos pegadizos. Una efectiva combinación que se torna más heavy-psych en su parte final con hipnóticos acordes y ritmos serpenteantes. La soleada California parece reflejarse con gran acierto en el espíritu del tema.

“Lucid” se muestra como un corto tema de psicodelia aromatizada en línea Colour Haze que hace reposar nuestras pulsaciones en acolchados pasajes instrumentales de gran belleza.

Por la senda del heavy-blues, “Torn up” se sumerge en los pantanos con ecos stoner en el ambiente. Un gran trabajo de bajo arropa un tema en el que encontramos el resurgir del Rey Lagarto. Emergiendo de las aguas entre efluvios narcóticos y psicotrópicos.  

“Super big things” juega con pasajes stoner y dulces melodías en una combinación de lo mas efectiva que hace que el tema pase la fuerza y pesadez a la calma lisérgica antes de retomar la senda pesada y difusa entre nubes de fuzz.

“Giant lady fingers” nos devuelve a ese heavy-blues stonerizado en el que tan bien se desenvuelven MOOCH. Coros muy logrados y efectivos se debaten en un sonido grave y pesado entre atmósferas humeantes y la sombra de Morrison siempre presente.

Instalados en ese espacios heavy-blues en los que tan bien se mueven, “Feel Good” deja un gran protagonismo a la voz sobre un esquema de blues clásico, en el que el poderoso bajo de Julian Lacovantuono nos golpea con contundencia. Lento y plomizo, el corte serpentea con sus registros vocales entre la densidad arenosa.

Ensoñadores pasajes llenos de magia relatan el ocaso en el desierto bajo chamánicas voces que parecen invocar a los espíritus impregnados de peyote en “Residen sleeper”. Con momentos casi doom, el tema nos arrolla entre cantos rituales en los que el blues sigue presente. Una ceremonia que acaba por arrollarnos a cámara lenta.  

Con una cadencia mas propia de Brant Bjork, no en vano tuvo que ver en la producción, “Hounds”, el tema que da nombre al álbum combina las vibraciones del desierto con tonos más propios del blues de los setenta.  Húmedo pasajes que dan un giro con riffs mas propios de Hendrix entre coros redentores. Una evolución hacia estado de fuerza entre los arenosos vientos del desierto.

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Reseña: HIGH PRIESTESS.- “Casting The Circle “

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Tras la buena impresión que me causó su álbum debut, muchas eran mis ganas por degustar esta nueva entrega, y lo cierto es que “CASTING THE CIRCLE” no me ha defraudado en absoluto. Todo un ritual ocultista de psycho-doom en el que canalizan la energía a través de oscuros temas pesados en los que la tensión, el misterio y la oscuridad habitan entre fabulosas las armonías vocales de sus dos principales sacerdotisas. Temas que avanzan lentamente, con una cadencia que no reniega de la pesadez pero que no parece tener prisa, y en los que los aromas orientales están presentes a través de fantásticos desarrollos de guitarra aderezados con atmosféricos pasajes. Incorporando teclados a la liturgia, crean el clímax perfecto para hechizarnos en una ceremonia en la que los tambores tribales nos marcan el camino a lo desconocido. Son muchas las bandas psycho-doom con una vocalista al frente que están surgiendo en la escena pesada en los últimos tiempos, pero pocas son capaces de derrochar la sensualidad y buen hacer de este trío californiano. Sin muchos momentos de rabia, los temas van fluyendo en una pausa catártica en ese sacrificio a las deidades del averno que nos proponen. Si, esto es rock ocultista, pero con una magia angelical en las que las plegarias consiguen atraernos como lo hacían las sirenas a los marineros para atraer sus barcos hacia los acantilados, con dulzura, mucha dulzura. Los temas se desarrollan en una niebla narcotizante que evangeliza nuestra alma en ese ritual pagano que es “CASTING THE CIRCLE”. El álbum está construido con una metódica composición  unas maravillosas melodías que adoptan elementos progresivos e incluso orientales para reforzar su riqueza. Las prodigiosas cuerdas vocales de Katie Gilchrest son perfectamente secundadas por Mariana Fiel con sus coros celestiales, lo que todavía da un mayor plus de calidad a esa parte fundamental del trabajo: Pocas armonías vocales tan atrayentes podemos encontrar como éstas en la escena pesada. Me postro ante su altar para recibir sus bendiciones de rock ocultista, HIGH PRIESTESS.!!  

HIGH PRIESTESS son: Katie Gilchrest (guitarras, voces, organo), Mariana Fiel (bajo y voces) y Megan Mullins (batería y percusión).

La portada del álbum fue diseñada por Jill Colbert en Manfish Inc. y está disponible vía Ripple Music.

“Casting the circle” abre bajo cadentes tonos ceremonias con sus tambores rituales. Tonos exóticos custodian el canto de la suma sacerdotisa en el inicio de la liturgia. Una envolvente y sosegada instrumentación con los acordes medidos camina lentamente con sus todos solemnes. La voz siempre sugerente se ve asaltada por poderosos riffs mientras el canto a esa oscura deidad surge de entre las tinieblas en esa atmósfera psyco-doom que tan bien saben construir estas chicas. Con sutileza, salpican con exóticos pasajes de guitarra aportando ese olor a incienso que arropa el ritual. Separando los tambores de la turbulenta y densa instrumentación en un segundo plano, el tema posee unos fuertes y poderosos momentos que contrastan con la aparente fragilidad que la voz de aporta.  Susurrantes melodías en un derroche vocal lleno de belleza.

Con efectos atmosféricos y ahora inmersas profundamente en tonos ocultistas, “Erebus” evoluciona sigilosamente entre las tinieblas. La sugerente y frágil voz aflora celestial entre los tonos Sabbath. El tema nos golpea con difusos y pesados riffs psych-doom. Un contraste de lo mas efectivo el combinar esos terroríficos pasajes con la angelical voz. Es una de las señas de identidad de HIGH PRIESTESS, y aquí lo llevan al extremo. Guitarras ensoñadoras entre coros celestiales bajo tonos de terror.   La voz se alarga en cada verso, ondulando en esas embesstidas de fuerza para seducirnos cual sirena en los acantilados. Atrayéndonos con su hechizo, la banda nos introduce en su espacio tenebroso con la delicadeza de una ninfa. De nuevo la guitarra llena de tonos psicodélicos nos envuelve con sus intoxicantes brebajes. Desdoblándose una y otra vez, se estira con mesura en cada riff para llevarnos a un espacio en el que la psicodelia nos atrapa aturdiéndonos con los golpes de los tambores y el pesado bajo.  Ocult-rock de libro entre las inquietantes plegarias de su suma sacerdotisa.

“The hourglass”, sin perder ese halo de misterio parece abrirse algo más a la luz. Los registros vocales adquieren una mayor intensidad. El tema deja un mayor protagonismo a la ácida guitarra entre registro vocales que se inclinan mas hacia el hard-rock. Esto no quiere decir que los magníficos coros no cumplan con su cita. El tema menos ocultista del álbum deja espacio a una brillante y cuidad combinación de voces y coros sobre las mágicas melodías. Un espacio que recorre el espectro desde el hard rock hacia atmósferas más nítidamente heavy-psych. Un arrullo constante en el que un hipnótico bajo custodia los virtuosos solos de unas guitarras que se desdoblan entre el sonido de los firmes tambores.

Los temas de larga duración son siempre un lugar para calibrar la calidad de una banda, y “Invocation” con sus diecisiete minutos nos da muestra de todo el potencial que tienen estas tres chicas. Ya no solo estamos ante el estándar psycho.doom de riffs gordos y lentos y la voz de la sacerdotisa como maestra de ceremonias. El corte es todo un ritual heavy-psych con muchos aromas pseudo-orientales, tambores vibrantes y voces celestiales.  Mas efectos y pedales una guitarra que hace mutar sus sonidos logrando distintos registros entre las nebulosas con olor a incienso. Toda un aquelarre heavy-psych que quita protagonismo a la voz durante largos pasajes. Así mismo los tambores no cesan en su particular ritual. La larga duración del corte deja espacio para retomar los tonos ocultistas   por la senda del doom. Un transito en el que la voz aflora entre tenebrosas armonías. A la mitad del corte, la potencia y pesadez de su riff anuncia una explosión. La tragedia se masca entre los cantos líricos para dar un giro entre tambores ceremoniales y una extraña locuciones salidas del averno. Un despliegue monumental que devuelve a la banda a su vocación litúrgica con susurrantes pasajes eclesiásticos en los que percibo un sonido de órgano. Describiendo las tinieblas, los coros surgen de los bellos pasajes de guitarra en una alegoría épica.

Tras la monumentalidad del corte anterior, “Ave Satanas”, parece desarrollarse en un espacio celestial. Como si hubiéramos pasado un umbral, los cantos celestiales entre una evolutiva instrumentación atmosférica que prescinde de la batería, los coros líricos consiguen crear un espacio perturbador y celestial a su vez. Una oda al más allá.

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Reseña: GREAT ELECTRIC QUEST.- “Live at Freak Valley Festival”

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Aquel viernes 21 de junio mi curiosidad me llevaba al escenario principal del Festival Freak Valley a comprobar “in situ” como se las gastaban los californianos sobre un escenario. Reconozco que a priori no era una de mis bandas favoritas del cartel, pero una vez, que al filo de las tres de la tarde de aquel caluroso día, y recién comido, tras la presentación de Volker, los primeros riffs del tema “In The Flesh” de Pink Floyd hacían que se despertara interés lo que hizo que me acercara al escenario para comprobar como se las gastaba el cuarteto de San Diego. 

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Seguramente no inventen nada, pero el rock and roll siempre ha sido actitud y fiesta, y GREAT ELECTRIC QUEST están sobrados de ambas cosas. Los heavy-rockers de San Diego, tal y como refleja fielmente esta grabación, ofrecieron un variado show con una variada puesta en escena por todo lo alto. Recuperando esa esencia del hard-rock y el heavy metal, defendieron su fe con solvencia.Una hora de show llena de épica y una irreprochable actitud exaltaba a los algo mas de dos mil almas que allí estábamos presentes.

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Basando su actuación principalmente en temas de su último álbum “CHAPTER II – OF EARTH” como “Seeker of the Flame”, las tres partes de “Of the earth” en las que Daniel “MuchoDrums” Velasco, ataviado con una gorra de plato y unas gafas de sol  con su toros al aire, marcaba los tiempos y se permitía un solo de batería a la vieja usanza, en la segunda de ellas. Riffs hirientes de Buddy Donner con su guitarra al viento, en un aquelarre que heavy-rock con tonos oscuros que daba paso a uno de los momentos más emocionantes de la tarde.   

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Si al principio su cantante aparecía en el escenario cubierto por una túnica plateada que ocultaba su rostro, a continuación desaparecía del escenario para ofrecer toda su pose heavy-rock en un show en el que posiblemente el  punto álgido fue la interpretación del clásico de Judas Priest, “Victim of Change” coreado al unísono por todo el personal que en esos momentos ya estaba en “modo fiesta”. Una versión en la que se explayaron, haciendo que el público coreara cada uno de sus estribillos.

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Su cantante, Tyler “T-Sweat” DIngvell agitaba una bandera sobre el escenario, interactuando con sus compañeros y con el público, el cuarteto de San Diego imprimía vigor a cada riff. Subiéndose sobre los amplificadores, zarandando sus instrumentos y con esa puesta en escena colorista, resultaron ser toda una agradable sorpresa para mí. Siempre he sido de la opinión de que en un festival tiene que haber una banda que ponga la electricidad sobre el público, y en la pasada edición del Freak Valley Festival, parte de ese papel lo interpretaron GREAT ELECTRIC QUEST, como queda patente en este álbum que edita el prestigioso sello Ripple Music.

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Si sus anteriores trabajos te engancharon, esta emocionante actuación de una hora de duración llena himnos épicos de trituración y bombeo de puños.

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 Puedes escuchar a la multitud jubilosa, en una hora completa en la que la banda entrega con maestría esas voces épicas, solos de alto vuelos, surcos de proto-metal y cambios cargados de jams por los que son conocidos en cortes como “The madness” o “Heart of the son” en la fase más tranquila de su actuación. La electricidad llenando instantáneamente el aire mientras la multitud se regocija entre sus cautivadores pasajes. 

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Tras esos momentos más pausados, la fuerza regresa con los hilarantes de riffs de “Wicked hands”, el tema de su anterior álbum “CHAPTER II – OF EARTH”. Altas dosis de energía en estado puro que tiene su apoteosis final con los siete minutos del tema de Deep Purple, “Highway star”, con el que ponen fin a su actuación ante el delirio de todos los presentes con infinitos solos. Una grata sorpresa que todos agradecimos como demuestra la gran ovación a la conclusión del show. Como suele decir la cantante de The Bellrays, Lisa Kekuala, en sus actuaciones para motivar al personal…. “This is a rock show!!!!!!” 

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Bandas como GREAT ELECTRIC QUEST, y discos como éste, hacen que muchos vuelvan a tener fe en el rock hecho a la vieja usanza, crudo y directo, con honestidad. Un disco lleno de diversión de ritmos frenéticos y punzantes. Sin sutilezas, el registro refleja fielmente lo que fue una calurosa tarde de rock and roll en la que todos nos divertimos infinitamente. Un registro histórico. 

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Reseña: SLEEPWULF.- “Sleepwulf”

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Rindiendo pleitesía a guerreros del retro-rock, como Kadavar, Witchcraft o Graveyard, y con un acento a los primeros Jethro Tull nos llega una nueva oleada desde el norte de Europa de rock vintage atemporal de la mano de los suecos SLEEPWULF. Un trabajo en el que no hay una alquimia compositiva, pero en el todo fluye con naturalidad para obtener un resultado sobresaliente.  Cualquier amante de los sonidos retro y del rock de los primeros setenta se arrodillarán ante este álbum que tirará abajo las puertas de la escena underground.  Un trabajo basado en el blues y el doom en el que todo se hace sin forzar la máquina, sin excesos. Tres suecos y un escocés demuestran que comprenden completamente cómo utilizar la sabiduría y la fuerza de viejos titanes como Pentagram, Leaf Hound o incluso Cream, manteniendo ese sonido fresco y actual. Canalizado los sonidos sensuales de antaño con influencias modernas para crear un sonido pesado cargado de ritmos psicodélicos. SLEEPWULF logran prender una hoguera en la que se quemarán multitudes inmolándose en un aquelarre redentor. Canciones que tras escucharlas tararearás durante días una y otra vez, como un duendecillo golpeando tu cabeza sin poder quitártelo de encima. Con su sonido orgánico y un magnético bajo que en cada tema estimula nuestra base craneal haciendo que ésta oscile de lado al lado con cada riff. Nueve temas que construyen un bosque sonoro en el que los hongos mágicos parecen estar siempre presenten aportando sus dosis lisérgicas. A pesar de los negacionistas, lo retro y lo vintage sigue mas vivo que nunca, y aquí tenemos la prueba. 

Inspirado en gran medida del trabajo del reconocido ocultista John Dee, este álbum intenta reavivar su visión de un cosmos unido. “La luna y el sol de nuestra mónada desean que sus elementos, en los cuales gobernará la proporción denaria, se separen, y esto se hará con el ministerio de fuego”. Desde la concepción, cada aspecto de este álbum se enruta en estos principios básicos y se remonta a cada uno de estos fundamentos. ¡Todo el álbum fue grabado en vivo en el estudio, sin sobregrabaciones ni repeticiones! La portada es obra del padre del cantante, Iain Robertson, mientras vivía en el bosque cerca del lago Ness. El disco está disponible vía Cursed Tongue Records

“Wizard slayer” nos sirve de muestra para intuir el contenido del resto del álbum. Riffs retro-rock en una línea similar a la ofrecida por Kadavar. Serpenteando en su composición y una profunda voz sobre oscuras atmósferas más propias del proto-metal de los setenta. una estructura sencilla pero de los mas efectiva.

Ceñidos en esa vocación retro-rock, “Beast of collision” hace que los sonidos añejos cobren vida nuevamente con una gran frescura. Sin abusar de la pesadez, el hard-rock primitivo reaparece bajo atrayentes y pegadizos pasajes que inmediatamente el oyente puede empezar a tararear. Riffs reconocibles con alguna pincela progresiva y el blues omnipresente se adornan con unos buenos solos de guitarra en línea Leafhound. En todo momento la vivaz batería modula constantemente su ritmo en una persistente oscilación.

Cadente y sin estridencias, “Lucifer’s light”, cede el protagonismo sin discusión a esos tonos vintage que tan bien dominan los suecos.  Como si estuviéramos ante un tema compuesto hace cinco décadas, el blues y esos característicos sonidos retro se muestran frescos y plenitud. cierto es que como la mayoría de los temas, está construido sobre un único riff, pero la banda tienen la suficiente habilidad para moldear cada pasaje para que nada resulte monótono.

Incorporando más melodías, “Standing stones” escarba en el hard rock clásico de los setenta. Con acelerones y pegadizos riffs nos invitan a mover las melenas al viento. El tema pasa por distintos estados de ánimo descienden a pasajes en los que los tiempos medios dejan espacio a unas melodías vocales más cuidadas. Sin salirse de la senda retro-rock saben destacar los contrastes de sus sonidos hard. Una combinación que resulta efectiva para construir un corte divertido en el que las afiladas guitarras no faltan a su cita. siempre de improviso, pero cumpliendo a la perfección sus momentos de protagonismo. 

“God of the gaps”  es un breve interludio de minuto y medio en el que la melancolía se describe a través de acordes acústicos. 

El blues húmedo y fresco regresa (si es que se hubiera ido) en “Tumbling towers”. Riffs pegadizos y una voz que mira al pasado más que nunca bajo amables tonos, sin estridencias. Bajo esa gris atmósfera presente en todo el trabajo, las versátiles ondulaciones rítmicas persisten con la efectiva batería contrastando con los melódicos registros vocales en vena Kadavar

“Misty mountain” se construye bajo los auspicios del proto-metal de manual. Emergiendo nuevamente esos momentos Jethro Tull en un matrimonio con Sabbath.  Dualidad que se repite a lo largo del álbum adoptando alguna forma incluso medieval. De nuevo seducidos por el retro-rock, dejan patente su personalidad en estas lides. 

“Wicked man” utiliza un riff para construir el tema oscilando sobre él. La cálida voz blues y los repetidos riffs van poco a poco evolucionando hasta una mayor pesadez para a continuación descender a acolchadas praderas en las que brota el blues psicodélico de tiempos pasados.  

Por momentos uno puede pensar si estará escuchando un disco nuevo o uno lleno de polvo de la vieja colección de los setenta. Si por algo hay que destacar este debut, es por la maestría con la que construyen y ejecutan los temas, siempre con su propio carácter, sin complicarse demasiado la vida. 

Casi partiendo de momentos progresivos, “One eyed jailor” huele a campiña del norte, donde las huestes de Anderson dominaban años atrás. Oscilando y con un ritmo cadente, delicadas melodías fluyen con naturalidad integrándose en otro corte puramente vintage también en una línea similar al último trabajo de Kadavar

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Reseña: FLEETING ARMS”.- “Fleeting Arms”

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Ásperos riffs y una voz que se balancea entre el grunge y el heavy rock y que parece tomar prestados algunos registros del mismísimo Laine Staley. Una banda con doce años de vida y que tras este largo periodo de eleboración nos presenta su primer álbum. Una pirámide con tres vértices claramente definidos; la cúspide comandada por la suciedad de los ecos noventeros de Seattle, especialmente en la voz  de Coal Riepma, otro ápice por la psicodelia más ácida salida de la guitarra de Gerald Kisoun como fiel discípulo de Hendrix en algunos pasajes, y un sentimiento común por el blues que hace de sustento de todo. ¿Una apuesta arriesgada?. Seguro que no, ya que la combinación de estos tres pilares hace que su edificio sonoro no se resienta ofreciéndonos un álbum de alto nivel. Sin contener grieta alguna, y con el gran aliciente, de que los amantes de los tres estilos pueden encontrar aquí “su momento”. Arreglos de guitarra acústica que dan a alguno de los temas un aire de sosiego, en contraposición con otros momentos en los que los ecos stoner aparecen para modular su propósito.  Temas de blues chamánico e intoxicante que nos envuelven en un envoltorio lleno de psicotrópicos arropando mágicas melodías.

FLEETING ARMS lo componen Gerald Kisoun (guitarra, guitarra acústica, voces) CJ King (bajo y coros) T-triangle (batería) Coal Riepma (voz), habiendo realizado la mezcla y masterización del disco  Voodoo Architect-grabación.

“Day trippin” con una introducción entre el regaee  y el blues rezuma sentimiento por los cuatro costados. Ese espíritu blues que se pavonea entre el cadente y bluessy sonido del bajo. Con solos ácidos acaba desembocando en un precipicio mas propio de Sabbath con voces que se desangran en lamentos entre ásperos riffs con vocación de metal. Unos rasgueos que nos lastiman y que solo nos recontaba el ungüento de una voz narcótica y cannábica.

En reconfortantes atmósferas lisérgicas, “Rust” con susurrantes acordes y una voz aterciopelada que nos lanza un hechizo en el interior de un bosque acústico en el que cad anota nos hipnotiza atrapándonos en sus fauces para zarandearnos con fuerza. Con una oculta vocación morrisiana el tema toma un giro hacia momentos en los que la psicodelia y el grunge se funden en un sensual baile ritual. Cubriendo con efectos y distorsionase nos sacan de la catarsis, en un tema que nos coge en sus brazos sin que podamos huir.

Con una estructura similar, “Bridges burning”, con sus casi siete minutos nos invita a otro paseo por escenarios en los que el blues más chamánico es el amo y señor. Enriqueciendo el brebaje con hierbas procedente del Seattle de los noventa un colorido y vivaz ritmo de batería sirve de luz entre la umbría de las hojas que nos impiden ver el cielo. Oscuros parajes con olor a intoxicante bruma de pantano que culmina en un desgarrador final.

El tema mas fornido del álbum, “Dig my grave” se construye a través de riffs heavy-rock que van sucumbiendo a los dictados del heavy-blues. Esa combinación imposible entre tres estilos  que acoge praderas psicodélicas y pesados y escarpados ritmos stoner en una sucesión de subidas y bajadas de intensidad. Una efectiva fórmula que a los canadienses les sale bien ya que consiguen que temas con la misma estructura acaben teniendo su propia personalidad a pesar que tener  el mismo árbol genealógico.

“Into the sun” es otro capítulo en el que la psicodelia nos abruma narcotizándonos con sus suaves acordes y un ritmo ciertamente hipnótico. EL magnetismo de esa voz seductora y desgarrada, solo se eleva por los ásperos y pesados riffs, que en una mutación se transforman en crujidos stoner con un tono casi punk que se funde con el registro grunge. En esta ocasión prima la rabia y fuerza sobre las hechizantes melodías. Con una nueva espiral de guitarras psicotrócias todo se vuelve borroso y difuso. Incluso descendiendo el volumen si es necesario, tratan de crear el clima óptimo para sorprendernos con una nueva embestida de poderosos momentos de heavy-rock.  

El blues rural se fusiona con el grunge de los noventa en una versión psicodélica llena de sentimiento en “Demon whitin”. Ese camino tantas veces transitado entre los noventa y los setenta que aquí se acompaña de riffs metálicos y atmósferas de psicodelia pesada. Crudo e indomable el tema nos golpea sin remisión en cada riff.

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Reseña: RYTE.- “Ryte”

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Pudiera parecer que se cumple aquel dicho de… “A rey muerto, rey puesto”, ya que hace unas semanas los austriacos PASTOR publicaban su álbum de despedida, y ahora nos llega esta secuela con la nueva banda de sus guitarristas Arik y Shardik.  Nada mas lejos de la realidad, ya que éste álbum viene gestándose desde finales de 2.016. Con el objetivo de hace psicodelia pesada sofisticada, la banda no se pone ningún límite a su capacidad creativa utilizando distintos elementos progresivos, espaciales, doom, proto-metal, etc…, para dotar de frescura a los cuatro largos temas que contiene el álbum sin perder un ápice de la pesadez que les había caracterizado en su anterior banda. Toda una aventura con un resultado monumental y grandioso. Seguramente sea el mejor álbum heavy-psych que haya escuchado en los últimos tiempos, y teniendo en cuenta la cantidad de discos que pasan por el radar de DenpaFuzz, es mucho decir. Una dupla de guitarras difícilmente superable son el soporte de esta aventura de sonido expansivo, pesado y lisérgico. Con una aparente vocación de jam, los deliciosos pasajes ácidos se enriquecen con multitud de matices y giros que hacen que nada aquí resulte aburrido. Coloreando con místicos elementos orientales en ocasiones, con oscuros momentos herederos de Black Sabbath en otros, o con espirales diabólicas en pura línea Earthless, cada tema es un filón del que en cada escucha puedes sacar nuevos motivos para seguir cavando en él. Estamos ante un debut con un potencial y una calidad  increíble en el que la perfección estilística de cada composición les sitúa en un espacio superior a la mayoría de las producciones de la escena heavy-psych. En su mayor parte instrumental, la aparición ocasional de las voces, es un aliciente más para que el resultado alcance la perfección. Seguramente hablar de obra maestra, o de disco del año, teniendo en cuenta la cantidad de álbumes que se publican cada día,  pueda parecer algo presuntuoso, pero seguramente serán muchos los que coincidan conmigo cuando se sumerjan en esta maravilla en la que todo fluye de una forma natural y sincera. Una tela de araña llena de hilos psicotrópicos que te atrapan en su interior y de los que dificilmente vas a poder escapar. ¡Sublime!

A mediados de 2016, Arik (guitarra y voz) y Shardik (guitarra y efectos) decidieron comenzar un nuevo proyecto juntos y estaban buscando a alguien con quien tocar. Por casualidad se encontraron con el batería Hannes Ganeider (batería) en un show en Viena. Poco después se fundó RYTE. Lo único que aún faltaba era un bajista. La banda finalmente encontró la última parte que faltaba a fines de 2016 y luego completaron el cuarteto Lukas Götzenberger en el bajo. Pasaron al menos un año intenso de ensayos continuos y sesiones de composición para obtener un set en vivo y, por supuesto, un álbum juntos. A fines de 2017, organizaron su primer show (privado) en su lugar de ensayo en Viena, con un espectáculo de luz líquida alucinante realizado por “Ufonauten”. Luego, en 2018 y 2019 tuvieron la suerte de tocar en festivales como Lake on Fire, Stick & Stone y compartir escenarios con increíbles bandas de ideas afines como Sacri Monti, Golden Void o Mothers of the Land, por nombrar algunas.

“Raging mammoth” desentierra a través de efectos y distorsiones ese mamut rabioso que emerge con brillantes momentos heavy-psych para mostrarse majestuosos. Un clímax de expectación que la banda sabe generan con naturalidad y eficacia. Las dos guitarras, sonando en distintos planos dan paso a momentos proto-metal. Fluyendo de una forma natural y pesada, va evolucionando a espacios stoner-psych en los que los afilados solos van creando una auténtica bacanal de sonidos en pura línea Earthless. Creando una tupida tela de araña en la que las vibraciones psicotrópicas campan a sus anchas. Con una cierta carencia Sabbath en sus riffs los austriacos se decantan por la psicodelia pesada en estado puro. Con momentos pseudo-espaciales la odisea ácida se aleja del sonido que sus guitarristas Arik y Shardik habían hecho con anterioridad en la banda PASTOR.  El tema tiene constantes giros sin perder nunca su conexión ni su vocación psicotrópica. Los momentos proto-metal esquizofrénico son un auténtico jardín esquizofrénico que acaba convirtiéndose en una jam diabólica. La banda parece dejarse llevar por sus instintos más precarios.

De nuevo, una introducción con efectos evolutivos desata las hostilidades de un fuzz hilarante en “Shaking pyramid”. El riff principal avanza lentamente, pero sin dar un paso atrás, a pesar de esos constantes giros en la trama que vuelven a repetirse aquí, sin que eso nos haga perder el rumbo, sino que hacen que estamos atentos y enganchados. Insondables espacios de psicodelia pesada se abren ante nosotros con esos desarrollos de guitarras solventes. Ondulantes y con el gancho suficiente, RYTE incorpora ritmos rituales a través de los tambores en línea Santana para recorrer la senda con habilidad, recorriendo esos espacios con acierto y gran habilidad para mantener al oyente atento haciendo que los complejos solos resulten atractivos y de fácil digestión.  Los oscuros momentos aparecen ante nosotros entre nebulosas psych. Entre la exuberante maraña lisérgica y los ecos Sabbath nos sorprenden con unas voces breves que surgen de las tinieblas a las que han llevado el tema. Una construcción que parece haberse dejado al azar de la improvisación con un brillante resultado. Nunca sabes que te puedes encontrar a la vuelta de la esquina, pero a pesar de ello, todo está ensamblado con esmero. La parte final recupera los insistentes y pesados riffs proto-metal.

En “Monolith” ecos y riffs más propios del heavy-rock con sus armonías repitiéndose nos ponen en ruta antes de que, en un nuevo giro, un cadente bajo nos traslade a espacios de exótica psicodelia aromatizada con las guitarras creando una nueva odisea sonora que toma prestados con sutileza algún momento jazz. Tonos orientales que se incorporan con destreza y naturalidad haciendo que la solidez de la composición no se resienta, sino que, por el contrario, se enriquezca. Guitarras que se clavan como cuchillos en la mantequilla, y manteniendo los dos planos diferentes logran complementarse dentro de la locura psicotrópica que reside entre vivaces ritmos.     La libre creación los lleva a la construcción de monumentales pasajes de psicodelia pesada en línea Earthless con momentos llenos de épica.  Tras la tempestad llega la calma para ofrecernos un respiro en esa orgía de solos, efectos y distorsiones. Magnetizantes y reconfortantes pasajes cierran un tema lleno de épica y exuberancia creativa.

Los ocho minutos finales de “Invaders” se alejan de esa psicodelia pesada que contenían sus temas precedentes para ofrecernos los momentos mas pesados del álbum.  Fornidos riffs de vocación doom ondulan esplendorosos antes de una embestida heavy-rock en toda regla. Como una goma que se estira y afloja la banda tensa su sonido antes de una inmersión en oscuras aguas proto-metal de donde las voces emergen con ciertos tonos ocultista, para transmitir inquietud entre sus tenebrosos pasajes. Avanzando a paso lento retoman las atmósferas psicodélicas con aromatizados pasajes. Bajo una estructura sencilla y aparentemente inconexa construyen un nuevo edificio sonoro con ventanas que miran a distintos estilos sin salirse nunca del guion prefijado. Un tortuoso transito que regresa a sus orígenes en su parte final con ese fuzz profundo e hiriente entre densos y humeantes ritmos.

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Reseña.- BIG SCENIC NOWHERE.- “Vision Beyond Horizon”


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El supergrupo BIG SCENIC NOWHERE se gesta entre dos pesos pesados de la escena desert-rock como son Gary Arce (guitarra de YAWNING MAN) y Bob Balch (guitarra de FU MANCHÚ). Un proyecto que crece lo suficientemente pronto como para abarcar a miembros como Tony Reed (teclados, voz y batería (MOS GENERATOR), Mario Lalli (bajo) (FATSON JETSON, YAWNING MAN), Per Wiberg (teclados) (SPIRITUAL BEGGARS, ex-OPETH, KAMCHATKA), Bill Stinson (batería) (YAWNING MAN), Nick Oliveri (bajo) (MONDO GENERATOR, ex-KYUSS, etc.), Lisa Alley (voces) e Ian Graham (voces) (THE WELL), Alain Johannes (voces y guitarra) (QOTSA, THEM CROOKED VULTURES, Chris Cornell, ELEVEN). Con un elenco así, las expectativas con grandes y el resultado puede ser algo apoteosico. En sus comienzos Balch y Arce lanzan riffs de guitarra y pistas de un lado a otro, juntando las partes de la canción un movimiento a la vez. Compartir su música y desarrollando una química para construir algo nuevo basado en sus experiencias individuales van añadiendo elementos. De esta manera, la banda se fortalece para la cohesión entre quienes lo hacen posible. Gary visitó a Bob, el cual grabó las pistas y reunió lo que se convirtió en progresiones más fluidas, y las canciones resultaron, destacando las diferencias de estilo entre los dos. Después de que Balch arregló las canciones, se dirigieron al estudio para obtener pistas básicas. En el transcurso de unos meses, los músicos comenzaron a enviar sus contribuciones al disco. Primero fueron las voces de Tony Reed, luego Lisa Alley e Ian Graham de The Well y, por último, Alain Johannes. Tony Reed también proporcionó algunos sonidos de sintetizador vintage, junto con Per Wiberg, y Alain agregó algunas partes adicionales de guitarra. El resultado final es un álbum que está tan lleno de talento que da miedo. Es el resultado de artistas experimentados que han crecido hasta este punto. Si bien todos sus estilos son diferentes, la colaboración creó un álbum hermoso y único. “VISION BEYOND HORIZON” Quedará en los anales del stoner como un documento de nuestro tiempo, una biblia para todo lo relacionado con el desierto y el desert-rock. Es un álbum muy embriagador y merece toda la atención. Así que siéntate, relájate y viaja detrás de la cortina sónica de estos moradores del desierto.

“The glim” abre con pesados y cadentes riffs. Una cálida y magnética voz transita entre  sus riffs hirientes. El sonido del desierto se percibe en cada acorde, pero no solo eso, ya que las bien trabajadas melodías vocales apaciguan la virulencia de su sonido. Un manto de psicodelia acaba envolviendo el tema entre difusos riffs que se repiten y elementos sinfónicos. Variado y rico en matices, el corte es todo un bálsamo para curar nuestra alma.   

Mucho mas diabólica, “Paranoid”, transita guiada por frenéticos ritmos punk, herederos de los origines del rock del desierto. Una batería diabólica empuja al resto de los instrumentos entre los que destaca en gran trabajo de bajo.  Un tema rápido y directo que no hace prisioneros en sus menos de dos minutos. 

“Then i was one”, puede ser el paradigma del desierto mas psicotrópico. Fuzz entre los cactus y cálidas voces, entre un aroma de pesadez en cada nota. Contrarrestando la fuerza instrumental las voces ponen el contrapunto a esa fuerza sobre estrofas melodiosas. El resultado es un magnético tema que pule sus rugosas aristas dando forma a un  corte que ofrece dos visiones de si mismo.  

Impregnados de psicodelia atrayente y misteriosa, “Mirror image” se desarrolla en oscuras atmósferas con una cadencia rítmica soportada en una impactante línea de bajo que marca el devenir del tema. Voces y coros entrelazados entre difusos riffs que pisan con paso firme en esa atmósfera desértica. Resulta chocante que a pesar de su solidez, sean las voces las que acaben marcando el devenir del corte. El tema lleva en su interior buenas dosis de fuzz desértico, especialmente en su parte final. Un tema enigmático que va contoneándose entre distintas vibraciones en esa espiral de sonidos que juegas con con la oscuridad y la luz. 

“Hidden wall” nos devuelve los sonidos atmosféricos con la sensualidad de unas hechizantes voces. Reflexivos, sin perder la esencia, aquí se descubren los momentos más bellos de un álbum que no duda en coquetear con distintas influencias para finalmente conseguir un sonido propio. La tristeza y la melancolía descrita en cada acorde con esos tonos grises pausados. Nuevamente encontramos el lado más psicodelico en contraposición con la pesadez de otros temas del álbum. Un relato que nos mece sosegando nuestros sentidos. Las fornidos y difusos riffs acaban explotando de una forma contenida cuando en su segunda mitad, las voces se vuelven más virulentas en su desasosiego. Aquí el juego vocal y los efectos de pura psicodelia pesada acaban construyendo un caleidoscopio psicotrópico de grandes dimensiones. Contenidos pero ácidos, no pierden el aroma de la arena y del viento de los yermos escenarios de los surgieron sus componentes. No en vano se trata del tema de mayor duración, y eso constituye una oportunidad para desarrollarlo en mas de un sentido. 

El hard rock setentero y los contemporáneos sonidos stoner confluyen en “Shadow form the altar”, sucumbiendo los primeros en beneficio de las resonancias del desierto. Difusos en sus riffs, y ondulante en su estructura, el tema siempre mira para delante en un avance sin retorno sobre una estructura de ritmos que se repiten y que poco a poco se modulan entre las cálidas voces. Pesados pero contenidos,  la banda sabe crear esas densas atmósferas en las que el aire se hace irrespirable. Ciertos vientos exóticos se cuelan entre la bruma aportando un tono de frescura al plomizo y cegador tema. 

“En las sombras” sigue jugando con la misma vocación psicodélica. Aquí el bajo nos seduce entre acarameladas voces y elegantes acordes llenos de sutileza entre los envolventes efectos. Un nuevo canto lleno de sentimientos sobre bellas melodías que se elevan entre atmosféricos espacios con algún guiño floydiano. Sus acordes nos acarician con delicadeza mientras la voz nos seduce con el derroche de sensualidad de cada estrofa. Seis minutos y medio llenos de intensidad emocional que la banda consigue transmitir con gran habilidad. 

“Tragic motion lines” se instala en el escenario descrito en el corte anterior. La elegancia de los acordes de la guitarra y ocasionales descargas de fuerza, van construyendo un corte que bebe de la psicodelia setentera para adornarse con ecos más oscuros propio de escenarios proto-metal o incluso heavy-rock. Las melodías vocales son cuidadas con esmero incluso en los momentos en los que el tema en engruesa en su sonido. Una erupción ocasional entre el plácido prado sonoro que van componiendo. Con aura noventera a su alrededor, el corte camina en la placidez con un intrincado ornamento compositivo que agranda la estructura hasta espacios de gran monumentalidad. 

El jardín del edén que nos describe “The war years” nos presenta a BIG SCENIC NOWHERE más plácidos y místicos que en resto de las composiciones. Persistiendo esa herencia floydiana que nos había mostrado alguna de las canciones anteriores, aquí se desnudan dejándose seducir por esas vibraciones en momentos de psicodelia progresiva ejecutado con mimo y esmero. Delicados y bellos, cada pasajes va mimando nuestro alma en una redención interior. Un tema terapéutico que muestra el lado más tierno de unos músicos que cuando quieres pueden hacer explotar la montaña más alta, pero que su indudable calidad les permite ofrecernos otros registros completamente maravillosos. 

 

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