Reseña.- SKUNK.- “Strange vibration”

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“STRANGE VIBRATION” es toda una lección magistral de como hacer proto-metal y hard-rock 45 años después  de que nacieran esos sonidos y parecer como si hubiera sido hecho entonces. SKUNK dejan claro con sus propias palabras de donde vienen sus  influencias, y sin duda, eso queda reflejado en este álbum. Siendo Black Sabbath una referencia para muchos, aquí también encontramos vibraciones de otras grandes coetáneas de aquellos años como Sir Lord Baltimore, Budgie, Granicus….. y una larga lista que podríamos nombrar.  Pero también podemos encontrar reverberaciones más propias de bandas como Grand Funk, Led Zeppelin o Leafhound, por citar algunas. Blues y psicodelia en las entrañas de unos surcos que están llenos de vitalidad, de riffs infecciosos y de hechizantes momentos psicotrópicos. Acercándose por momentos a postulados hard & heavy, la banda se desenvuelve con facilidad en todos los terrenos. Bien sea en los momentos más salvajes, bien en los momentos en los que descansa el guerrero. El particular registro vocal de John McKelvy, situado en algún ligar entre Ozzy Osbourne, Geddy Lee (Rush) o Burke Shelley (Budgie) le da un tono particular a la banda. Por otro lado, los laberintos de las guitarras de Dmitri MavraErik Pearson siempre están cuando los necesitas, o incluso cuando menos te lo esperas. Ya nos habían avisado en su demo “HEAVY ROCK FROM ELDER TIMES” del potencial que tenían; algo que confirmaron con su anterior álbum “DOUBLEBLIND” y que ahora pueden colgar de la pared con la orla con “STRANGE VIBRATION”. Toda una patada en el trasero para remover convencionalismos. Uno de esos disco que te recuerdan que estás vivo y que nadie debería pasar por alto. Publicado por Fuzzy Mind Records. 

“Strange Vibration”, el corte que da nombre al álbum, parte de riffs típicamente hard-rock setentero, aderezado con buenas dosis de blues entre aullidos de fuzz. Entre lo ocultista y lo chamánico, SKUNK lanzan un hechizo intoxicante. Cual lobo en lo alto de la colina aullando ante la mirada de la luna llena, las guitarras hacen su papel, custodiados por fornidos bosques de doom y blues en una combinación que te deja k.o. 

Por la senda más ortodoxa del proto-metal se desarrolla “Stand in the sun”.  En algún lugar entre Budgie y Sir Lord Baltimore, los estribillos y los ritmos pegadizos, junto a las voces sabbathicas, el tema no reniega de en descender a cavernas con efluvios lisérgicos.

Nidos de serpientes entre una bacanal de riffs con un ritual de apareamiento. El tema evoluciona a momentos hard & heavy con ecos de Granicus.

La senda del hard-retro se recorre a buen ritmo en “Light and shade”. Con esa voz chillona que no llegas distinguir si canta con “falsetes” o es así de natural, el tema coquetea con oscuros momentos de corte ocultista. Si bien los ritmos, especialmente el de la batería de Jordan Ruyle, son de corte Zeppelin, la cadencia y la vocación del mismo sigue otros derroteros. Una de las grandezas de esta banda es que podemos encontrar distintas influencias entremezcladas con habilidad para componer un tema con personalidad. Si, nos puede sonar a muchas cosas, pero probablemente eso es lo que pretendan los de Oakland.

Construyen a base de ecos Hendrix acompañados de un groovy vocal y ritmico a caballo entre Grand Funk o Captain Beyond un tema como “Blood moon rising”. A base de fuzz y ritmos funkies, juguetean con el blues humeante en una ceremonia de vudú en la que los demonios salen fuera de nuestro cuerpo. Absolutamente contagioso eso jodido ritmo!!! ¡¡¡Si tus pies permanecen en reposo es que estás muerto!!.

Un título como “Goblin orgy” no puede dejar dudas de su contenido. Toda una orgía de heavy-blues con atropellados ritmos que se enzarzan entre sí como si se estorbaran a sí mismos. En una huida hacia a delante, de una forma diabólico el tema se acelera transformándose en algo más tenebroso sin perder su carácter vibrante.

Los californianos no tiene rubor en ejecutar temas heavy-psych en los que los acordes de guitarra respiran de alguna manera de vientos exóticos. Así “The black crown”, con una batería que nos presagia que algo va a suceder con ritmo ritual, ofrecen un tema más ácido en el que los elementos doom y blues tienen su protagonismo. Desde esas cavernas oscuras y abyectas, emergen riffs doom para llevarnos a pantanosos espacios de psicodelia pesada y humeante. Un paseo por umbrías boscosas en las que neblinas aturdidoras.  Un tema bien estructurado con un gran trabajo de las guitarras, sabiendo compaginar los riffs afilados con la pesadez rítmica. Casi diez minutos en los que SKUNK dejan muestra de todo su potencial  en el que posiblemente sea el corte más destable del álbum.

Instalados en el rock de los setenta, ritmos Zeppelinianos abren “Evil eye Gone Blind“. Ahora con un registro vocal que por momentos se acerca a Bon Scott, el rock and roll queda reflejado a base de animados ritmos y pegadizos estribillos. Tema bailable en el con aparece algún momento Cactus, con guitarras serpenteantes que vuelven a aullar en solo licantrópicos.

En esa onda divertida, y por escenarios hard-retro, “Star power”, reunen la mayor parte de los elementos del proto-metal. Una evolución de los sonidos más primitivos y cavernícolas que van puliéndose apuntando el camino del hard & heavy.  Altas dosis de energía en su interior.

“The cobra’s kiss” a base de ritmos retro con genes zeppelinianos, sigue la dinámica del resto del álbum. Fluidez y ritmo, ahora con voces y coros que te enganchan. instalados en los setenta, los pedales de las guitarras echan humo. Nuevamente una orgía de ritmos y riffs ejecutados a toda velocidad. Frenético y pegadizo contiene buenas dosis de blues en sus entrañas. Escarbando en el tema podemos encontrar múltiples estilos que conviven en armonía en un mestizaje de estilos que resulta efectivo y preciso. 

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Reseña.- SHOTGUN SAWYER.- “Bury the hatchet”

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Segundo álbum del trío compuesto por Dylan Jarma (voz y guitarra),  David Lee (batería), Brett “The Butcher” Sanders (bajo). Procedentes de Auburn (California), nos ofrecen nueve temas en los que las influencias del blues del Delta de Muddy Waters o Howlin’ Wolf se fusionan con sonidos más cercanos a Led Zeppelin o Black Flag. Un viaje en el que el pasado y el presente se unen bajo sus pesados ritmos. Unos ritmos que son ventilados por unos inequívocos vientos sureños. “BURY THE HATCHET” es un disco que huele a bourbon y sudor de club humeante. Una descarga de energía stonerizada, pero que no pierde su esencia blues. En un momento en el que musicalmente casi todo está inventado, el trío ejecuta la música que sale de su entrañas sin ningún tipo de complejos. Un sonido sucio que nos recuerda la esencia pura del rock and roll de sus inicios. Si el blues-rock es la base en el álbum no faltan una buenas dosis de psicodelia humeante. Sin sutilezas, van al grano en unos temas directos. Un disco crudo registrado en vivo para mantener toda la esencia del sonido de la banda. Seguramente si no fuera así, el álbum no tendría la fuerza atronadora de sus ritmos y sus guitarras punzantes.

Poderosos riffs elevan Ain’t Tryin To Go Down Slow” hacía un sonido que se acerca al hard-rock más clásico, pero a su vez enérgico. Blues desértico sobre voces herederas del proto-metal de comienzos de los setenta. Toda una descarga diabólica con guitarras aulladoras sobre ritmos atronadores. Un corte sin sutilezas, de esos que no hacen prisioneros y van directos a la yugular, sin contemplaciones. Poseídos en una nube de fuzz humeante el tema deja un rastro de destrucción a su paso. Una buena forma de meter al oyente en ambiente. Pura ¡¡high-energy!!.

Más instalados en sonidos herederos de Led Zeppelin“(Let me) Take your home”, nos conduce al blues-rock más clásico bajo tonos retro. Un sonido más sucio que se ve envuelto en humo de marihuana contaminándonos con sus hirientes y hechizantes guitarras.  Con el sonido típico del power-trío, cada instrumento ejecuta su papel a la perfección, aportando siempre algo. Un tema que supone un cóctel del blues y un sonido Zeppelin stonerizado al que se la añadido un fuerte estimulante psicotrópico.

Ésto es una constante en muchos de los temas que encontramos en “BURY THE HATCHET”. El blues que se transforma en psicodelia, lo cual, para un servidor es muy de agradecer.

Mucho más ortodoxos con el blues, “Backwood bear” bajo el aroma del blues del delta, nos describe una paisaje en el que las cabañas de madera son habitada por tipos rudos. Efluvios sureños que toman elementos de swamp-rock y slide sobre un ambiente rural. Mucho más tradicionales el tema contiene un olor a los años sesenta en las melodías vocales. El tema es una giro total en el registro que nos habían mostrado en los dos cortes anteriores.

Con unos riffs que me recuerdan fugazmente el tema “Chinatown” de Thin Lizzy el trío californiano  se sumerge en “You got to run” en espacios en los que el boogie-rock evoca a cualquier garito de carretera en el que el alcohol corre sin freno. Un ritmo palpitante y voces feroces conviven con momentos ácidos y lisérgicos en un tema lleno de fuerza.

Mucho más inquietante y misteriosos, cambian el registro hacía territorios más psicotrópicos en  “Son of the morning”, uno de mis temas favoritos del álbum. Bajo los auspicios de un blues lisérgico, y con una cadencia vocal heredada de los Zeppelin más bluseros construyen atmósferas en las que las sustancias alucinógenas salen de cada nota. Todo un trance lleno de acidez con una  intensidad y magnetismo impresionante. Si en el resto de los temas estos chicos enganchan, aquí me postro a sus pies.

“Hombre”, retoma los sonidos de blues y boogie-rock más ortodoxos. Unas vibraciones que se colorean de sucios riffs en “Love you right”. Otro tema en el que el blues pesado y las vibraciones retro-psicodelicas se combinan sobre un bajo que nos golpea con fuerza en cada nota. Una base armónica que se repite en su estructura y por la que transitan las voces de Dylan bajo los humeantes riffs de su guitarra fuzz. Otra vez lo han hecho. partiendo del blues se dan una buena zambullida en sonidos psicotrópicos rebosantes de crudeza.

Si la producción de este disco fuera más refinada, seguramente no tendría el gancho que tiene su temas. Unas canciones que se muestran rugosas y sin pulir, al natural.

Otra vez el blues psicodélico me destroza las neuronas en “When the sun breaks”. Un sonido primitivo lleno de garra y fuerza sobre el que los solos de guitarra transitan con total impunidad, mientras la sólida base rítmica de David y Brett  no deja de golpearnos insistentemente con toda su fuerza. Aquí encontramos el mayor ejercicio vocal de Dylan.

“Shallow grave” vuelve a los orígenes con ecos de blues-rock sobre los que desarrollar sus solos humeantes. Un corte de blues pantanoso en que la presencia Zeppelin se palpa en sus riff y su cadencia.

Brett y Dylan, amigos desde la infancia, han tocado música juntos durante casi todo el tiempo. Al aceptar una invitación a una sesión improvisada en enero de 2015, el experimentado batería David Lee demostró ser el elemento que faltaba en las melodías de estilo vintage que Sanders y Jarman siempre habían imaginado. En una sola noche, con los tres compartiendo nuevas ideas, posibilidades y ambiciones, algo hizo clic; Pocos días después, SHOTGUN SAWYER se subieron al escenario El resultado fue una mezcla atronadora, apasionada y única de bajos maravillosos, riffs crujientes, voces potentes y solos de guitarra punzantes, todo ello respaldado por una batería virtuosa.

“BURY THE HATCHET” se publica el 19 de abril de 2019 vía Ripple Music

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Reseña.- MOLIOR SUPERUM.- “As time slowly passed by…”

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Mucho tiempo había pasado hasta que el cuarteto sueco ha presentado su nuevo álbum “AS TIME SLOWLY PASSED BY…” el pasado 29 de marzo, publicado vía H42 Records. Finalmente la espera ha merecido la pena. Para muchos será una banda más dentro de la prolífica escena sueca de formaciones retro-rock, pero para mí, es de esas bandas que tiene duende.  Si nos preguntáramos ¿Cual es su punto fuerte? ¿En que destacan?. Posiblemente no tendría una respuesta convincente ni clara a esas respuestas, pero lo cierto es que el conjunto de sus creaciones resulta de lo más apetecible. Música hecha con honestidad y con calidad. Sencillez y sonidos de rock clásico en los que posiblemente haya muchas influencias, pero que por otro lado, no puedas decir suena como…. encontrarás resonancias que puedan acercarse a Graveyard, a Purple, otros verán ecos Sabbath. Siempre desde la óptica desde la que se mire, podrás encontrar algún sonido familiar. Han sido muchas las referencias que he leído al respecto de su sonido, y lo cierto, es que cada cual, más dispar. Esto solo significa que cada uno lo ve de manera distinta. 

Estamos ante un disco de hard-rock clásico  en el que el blues tiene un peso importante y las resonancias de los setenta, están siempre presentes. 

“Mountain prelude” recupera los vientos folk que soplaban en algunas bandas inglesas en la primera mitad de la década de los setenta. Una base rítmica firme, y ese órgano que con sus notas pone el punto vintage, ¡ese maldito órgano!. Mientras la guitarra con sus melodías ondulantes se contonea con sus riffs alimentada de esa brisa folk llenando de colorido el corte..

En tonos más pausados, “Cold winds” en una línea que podría evocar a sus compatriotas Graveyard, reparte fuzz humeantes bajo cadentes ritmos, y una cálida voz que enamora. Ritmos cambiantes, entre la dupla de guitarras. uno de esos temas que su fuerza no está en lo muestra, sino en lo que esconde su interior. Un tema sin estridencias pero consigue agigantarse gracias a la elevación e intensidad de su sonido.

Con “Sweet oblivion” entramos en un laberinto de resonancias que parten el hard rock más clásico, Unos riffs stonerizados a vertiginosos ritmos. El aura setentera del tema contrasta con una ejecución contemporánea. Volviéndonos la cabeza del revés acometen momentos que se acercan al shoegaze. Cálidos y apacibles con un aura lisérgica sobre sus cabezas, se toman un respiro para retomar la espiral de riffs humeantes, sobre vertiginosos ritmos.

Quién hable de cierto sonido Purple, seguramente habrá escuchado “Att Födas Rostig”. Un tema cantando en su lengua materna y que guarda una similitud con los británicos. Algo más rugoso en su aspecto, aquí prescinden de sutilezas para seguir contoneándose vetidos con pantalones de campana y zapatos con plataforma.

Evidentemente, con una parte importante de la escena sueca, el calostro ingerido en sus primeros momentos de vida proviene de la escena de setenta. “Divinity blues” nos lleva al sonido que los canadienses Bachman Turner Overdrive paseaban en la mitad de aquella década. Si he de ser sincero, a pesar de su nombre no percibo demasiados ecos blues en sus riffs ni acordes. Guitarras superpuestas que intercambian solos con ropajes vintage. Aquí tampoco encontramos muchas sutilezas, frenesí y rock and roll a la vieja usanza. ¿Para qué más?.

Paradójica mente en “Gravöl” si se aprecia el blues. Un blues-rock cadente y rudo salido de los bosques de su Suecia natal.  Más cercanos a Greenleaf vuelven a usar el sueco para cantar. Un tema áspero con voces y coros desgarradores que siguen la estela de los sonidos de mediados de los setenta. Siempre sonando contemporaneos pero manteniendo los orígenes que los que mama su música. De nuevo ese hammond vuelve a hacer acto de presencia de una forma sigilosa pero que lo envuelve todo.

Los poderosos riffs de “Through valleys of wonder” van construyendo uno de los cortes más dinámicos y pegadizos. Con cierta épica vocal, van amasando un tema que bebe de las aguad del heavy-blues, e incluso que contiene entre sus surcos alguna pincelada de proto-metal.

“Into the grey” nos devuelve al blues humeante, a través de susurantes acordes que se repiten con la vigilancia y acompañamiento de un sonido órgano sostenido antes de arremeter con momentos de retro en una nueva ondulación, esta vez con incursiones psico-progresivas. Cálidas resonancias que van avanzando evocando oscuras zonas boscosas.

Los suecos cierran su trabajo con el tema que le da nombre, “As time slowly passed by…”. Un tema instrumental en el que nuevamente aparecen ciertos aires folk sobre suaves notas de rock clásico en tonos campestres.  

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Reseña.- PHARLEE.- “Pharlee”

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Nacidos de la prolífica escena psicodélica de San Diego, con Justin “Figgy” Figueroa (Harsh Toke, Arctic) en la guitarra, Dylan Donovan (Sacri Monti) en el bajo, Zachary Oakley (Joy, Volcano) a la batería y Garret Lekas en los teclados. aportando un toque vintage a la exuberancia y desmesura de sus temas, más la portentosa y rabiosa voz de Macarena Rivera que pone la nota del blues más rabioso, publican su debut homónimo bajo el sello Tee Pee Records

PHARLEE construyen una vorágine de hard-rock con ondulaciones a lo largo de sus surcos contagiosos y riffs influenciados por el blues, tejidos con un hilo de psicodelia que se convierte en una bacanal rítmica de proporciones desmesuradas. Influenciados por el hard-rock de los setenta al que le incorporan altos dosis de sonidos psicotrópicos que mitigan con los tonos blues-rock de la voz de Macarena, la que pone orden en el presunto caos que construyen el quinteto. Dinámicos, no dudan en fusionar elementos del sonido de la Costa oeste con el heavy-psych más ácido y corrosivo y el latente espíritu blues. una perturbadora sección de ritmo en la que los músicos cambian sus instrumentos habituales para generan un nuevo espectro de proporciones descomunales. Con ecos que pueden llegar desde Blues Pills, Ruby The Hatchet o Electric Citizen, a  la enajenación lisérgica de Earthless. Toda una locura de disco que volará la cabeza del oyente con sus enajenadas distorsiones y la rabia con la que está ejecutado. 

Está claro que el espíritu de la escena de San Diego queda fielmente reflejada aquí. Músicos que experimentan con instrumentos que no son que utilizan habitualmente y que se dejan llevar por sus instintos, siempre optimistas y fiesteros.

Seis temas no muy largos y que van directos al grano. Solo hay que escuchar los primeros de riffs de “Ethereal woman”, para darnos cuenta de la exuberancia de los californianos.

Dinamismo arrollador con ritmos diabólicos mientras el potente órgano retro trata de poner algo de cordura a un tema que transita a toda velocidad enseñando toda la locura de las bandas de San Diego, y añadiendo una buena dosis del blues-rock más desgarrado. Una bestialidad de tema que deja un rastro de desolación a su paso

“Creeping”, ondula entre los vientos retro con un ritmo frenético, con constantes giros mientras Macarena aporta su magia soul-blues sobre el caos que tiene con ella. La demencia se frena para ofrecernos desarrollos en los que la guitarra libra una batalla con el órgano por llevar las riendas del tema a su terreno favorito.

Otro impactante tema es “Darkness hour”. Algo más luminoso que sus predecesores parece vivir más cómodo en los ecos de los setenta. Nebulosas rítmicas arropan los juegos vocales blues, mientras Zach y su batería parecen no tener freno. Con un aura más humeante, estamos ante un tema del rock más contundente de los setenta ejecutados por músicos que no habían nacido entonces.

Estamos ante una especie de ser nacido de la fecundación entre Earthless y Blues Pills y vestido con trajes retro.

El misticismo y la espiritualidad abren “Warning”, posiblemente el tema más destacable del álbum. En acústico y con elementos orientales, va creando el clima desde su espíritu chamánico, para atraernos a sus surcos. Una vez anestesiados, los pesados riffs y una voz que ahora se torna a tonos ocultistas, van manteniendo una calma tensa que no sabemos cuando puede estallar. La explosiva mezcla de guitarras fluidas y el peso de imponente hammond de Garret, mantienen el equilibrio, mientras las voces sigues hechizándonos. Creando un espacio de fuzz espeso y nebuloso entre los conjuros vocales y la inquietud de las teclas.

El quinteto se atreve con una versión del clásico “Going down”. En mi vida he conocido multiples versiones de éste tema, pero ésta tiene algo de particular. Una sensual versión de baja intensidad. Un registro entre contenido y salvaje que mantiene su esencia blues. Como a cámara lenta, las guitarras hacen sus florituras con distorsiones con la atenta mirada de control del órgano. Un tema que gira más hacia el blues que hacia el rock con el que fue concebido. En su conjunto, una versión de las más contenidas de un tema que se presta a ser salvaje, y a eso no se pueden resistir con un final apoteósico en el que la locura se vuelve a apoderar de PHARLEE en otra bacanal de guitarras salvajes y ritmos infernales.

Teniendo en cuenta que el registro fue grabado en un equipo analógico, puede que nos lleve ante un sonido más auténtico en el que las membranas de los altavoces de nuestro equipo sean puestas a prueba.

“Sunward”, el tema que cierra este debut, vive de una conjunción de elementos. Con vocación retro-rock stonerizada, la banda toma elementos desérticos en una combinación con registros soul-blues enérgicos. Desatando la rabia sobre ese torbellino rítmico que se acelera y entra en bucle. Con una segunda parte con otro aspecto más calmado en el que los sonidos de guitarras psicodélicas se entremezclan con voces más cercanas a momentos west-coast.

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Pharlee – S/T – Snow White Vinyl LP – OUT 4/5/19

Reseña: ELECTRIC BELT.- “Never seen the devil”

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Ya disponible la nueva entrega de ELECTRIC BELT de la cual hace unos días os adelantamos en primicia el tema “Werewoolf woman”. Mas de cuatro años habían pasado desde su anterior entrega y el cuarteto de Jaen viene con un disco bajo el brazo más denso y fornido que nunca. Evidentemente la música del cuarteto nace del blues, esos blues herederos de Robert Johnson que han sonado desde hace décadas en garitos de mala reputación en los que se respiraba humo y alcohol. “NEVER SEEN THE DEVIL” sigue rezumando blues, no podía ser de otra manera, pero ahora incorporan elementos de psicodelia y de hard rock así como del rock más clásico. Un sonido sucio en el que las voces aguardentosas crean el clima perfecto que pretenden para el disfrute de los seis temas incluidos en sus surcos.

El disco ha sido co-editado por Cosmic Tentacles, Discos Macarras, Fuzz T-shirts, Odio Sonoro, Spinda Records, Violence In The Veins y Zona Rock Productions, en una labor de ingeniería que finalmente ha dado el fruto deseado, un gran trabajo.

“Tavern sinners lament”, ofrece el blues más rudo bajo un ambiente de garito mugriento y sudor. Su propio título nos da idea de por donde van los tiros. Pecadores borrachos y sus lamentos bajo rasgueos de guitarra con un sonido sucio que constituye un sello de identidad de los jienenses. El sonido del medio oeste queda patente en los riffs del tema. Un sonido rudimentario pero efectivo que logra su objetivo con el magnifico groovy rítmico contenido.

Entre el blues-rock y el hard-rock con espíritu boogie, “Werewoolf woman” transucrre a toda velocidad haciendo que nuestras extremidades no puedan permanecer en reposo. Una dosis de ritmo contagioso en vena. con registros vocales más medidos y acompañados de efectivos coros el tema va volviendo al origen del blues más puro con finos solos de guitarra que se clavan en los corazones.  

ELECTRIC BELT, no nació en los sesenta, y como banda del siglo XXI entre sus argumentos están los sonidos más contemporáneos. “The liar goes to church”. Combinando vibraciones de hard stonerizado incorporan como te tapadillo momentos de funk y blues rescatados de los setenta. Una efectiva fusión entre sonidos contemporáneos y clásicos sonidos hard-rock. Nuevamente dando pábulo a las guitarras asesinas, en este corte la banda vuelve a mostrarnos el endurecimiento de su sonido.

“Hacia la cueva de los muñecos” rompe la línea de la banda con misteriosos momentos en los que la experimentación y los desvaríos varios, aparecen sobre susurrantes acordes psicodélicos en un enigmático tema en el que los efectos y distorsiones oscurecen unas finas notas de blues psicodélico. He de reconocer que en la primera escucha me dejó algo descuadrado, pero sus silenciosos acordes tienen algo que no sabría definir.

Si hay algún cambio significativo respecto a su anterior disco, este cambio lo encontramos en “Never seen the devil”. Mediante el uso de potentes riffs hard-rock de vocación retro setentera, ejecutan un corte más integrado dentro de los estándares del rock clásico. Existe un registro vocal diferente al resto de los temas y, pasados unos minutos el corte desciende a un profundo estado que bien podríamos encuadrar en la pura psicodelia. en este escenario los solos magnetizantes tratan de aturdirnos creando un aura anestesiante. Estos momentos se prestan a una experimentación a la que no nos tenían acostumbrados. Mostrándose más ácidos y corrosivos se van sucediendo los solos humeantes. Un ejercicio de oscuridad creativa en una especie de jam en la que cada instrumento tiene su momento de gloria bajo una escelente producción.  

La vuelta al blues de cantina se produce con “Tired and bored”. En un regreso a sus orígenes y a su verdadera vocación los salones sureños quedan reflejados en los acordes de la guitarra mientras los coros replican a las voces. desde luego ELECTRIC BELT consigue crean el ambiente pantanoso con aires de swamp-rock y olor a humedad y sudor producto de su energía.

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Reseña: THE GOLDEN GRASS.- “100 arrows”

a3616118933_16El trío de Brooklin nos sorprende con un EP de edición limitada lanzado para su gira europea de 2019 y que será publicado por In For The Kill Records. Con tres álbumes a sus espaldas en los que han demostrado todo su potencial, ahora nos presentan dos temas inéditos así como unas  demos y sendas versiones de legendarias bandas de los setenta que harán las delicias de los más melómanos.  Imagino que no todo el mundo conocerá a bandas como Buble Puppy, Icecross, Open Mind o Tin House , pero aquí tienen una gran oportunidad para descubrir alguna de estas joyas perdidas del pasado que nada tienen que envidiar a bandas como los aclamados Blue Cheer, todo un referente para muchos, incluidos los propios THE GOLDEN GRASS. Si en su página de bandcamp están disponibles 4 de estos temas, la edición en CD (limitada a 150 copias) contará con los ocho temas.  Una banda que se atreve con versiones de estas leyendas olvidadas tiene que tener mucho valor y talento en sus entrañas, y así lo demuestran aquí. El hard-rock, las resonancias heavy-psych, el blues-rock o el proto-metal adquieren una nueva dimensión con THE GOLDEN GRASS en un trabajo lleno de frescura y gran calidad. Si la corriente retro-rock cada vez suma más adeptos a propuestas, en ocasiones lineales y estereotipadas, estos chicos son un caso aparte, brillando con luz propia. Ellos crean sus temas desde el sentimiento, sin poses, simplemente aman aquella música del pasado y la ejecutan sin sumarse a ninguna moda y dejando patente su propia personalidad.

Entre los temas nuevos que nos presentan, “100 arrows”, contiene toneladas de energía hard-rock que recupera las vibraciones de finales de los sesenta y los primeros setenta. Pegadizos estribillos y coros, obtienen un resultado que bien podría recordarnos a algunos momentos Grand Funk con buenas dosis de fuzz. Entre las muchas virtudes de la banda está el buen uso de las voces entre la voluptuosidad de sus brillantes solos de guitarra. Una guitarra que si bien está lo suficientemente afilada no cae en lo salvaje. El equilibrio entre fuerza y sutileza es digno de destacar y de agradecer. El tema está en la línea de sus anteriores discos, sin bajar el nivel de calidad.

“Fast time running” es el otro tema inédito que encontramos en este registro. combinando el rock clásico con luminosas voces y coros evocadores de las vibraciones west-coast de finales de los sesenta. En una ondulación frenética los ritmos se modulan con buen groovy y dinamismo de tintes vintage, siendo conjugados con un descenso a territorios heavy-psych con la guitarra de Michael Rafaliwich repartiendo fuzz y una base rítmica poderosa, especialmente en la cadencia del bajo de Frank Caira. 

Si en el original de los británicos Open Mind se plasmaban sonidos más freakbeat, que evolucionaban a nuevas vibraciones, aquí, THE GOLDEN GRASS, en “Magic Potion”, revisa esa versión consiguiendo un corte que mantiene la esencia pero que se inclina mas hacia pesadas resonancias proto-metal. Los acaramelados estribillos y coros se nublan con unos ritmos mucho más difusos y contemporáneos. Las dosis de fuzz siguen estando aseguradas creando un corrosivo y ácido tema.

Si “100 ARROWS” contiene versiones de hace casi 50 años, los de Brooklyn no dudan en incluir el clásico de los tejanos Bubble Puppy “Hot smoke and Sassafras”. Publicado originalmente como single en 1968, su nombre fue tomado de una serie americana llamada  “The Beverly Hillbillies”, este mismo nombre también fue tomado por otra banda americana, pero eso es  otra historia… Quizás habría que poner en contexto quienes eran Bubble Puppy; de alguna forma eran la respuesta tejana al trabajo que Blue Cheer hacía en California, una formación que cambió su nombre al de Demian, otra mítica formación que aquellos años. Dicho ésto, el tema, que ya forma parte de los directos de THE GOLDEN GRASS desde hace tiempo, le da una vuelta de tuerca respecto a la versión que había aparecido en previamente en el  doble split realizado con Killer Boogie, Banquet y Wild Eyes en 2016 para el sello  Heavy Psych Sounds. En esta ocasión, crean una versión más intensa y expansiva en la que las guitarras asesinas generan una espiral diabólica que llega a convertirse en  casi una jam. Una locura de solos en los que la banda se deja llevar por sus instintos más psicotrópicos doblando la duración del tema hasta más seis minutos.  ¡Salvaje!  

En la versión del CD en la que aparecen cuatro temas más, encontramos una demo de “Cath your eye”, tema que fue publicado en su último disco “ABSOLUTELY”. Un corte blues-rock que se muestra mucho más crudo, con esa armonía de la guitarra y los pegadizos estribillos y constantes coros sobre ritmos más cadentes a los que de alguna manera, sosiegan y frenan en su ímpetu. Tres instrumentos ejecutados perfectamente que parecen ir cada uno por su lado, pero que consiguen un nexo común. Si, estamos ante un solo riff que se repite y se modula, pero el resultado es sumamente atractivo.

Otro tema inédito que encontramos en la versión CD es “Burn it all away” otra demo anterior al disco “ABSOLUTELLY”. Basado en una estructura de blues psicodélico en el que las voces están ausentes y más calmados sin perder esa vocación retro-rock en alguno de sus riffs sonando, efectivamente, como una demo. Una base para desarrollar y que la banda ha querido incluir aquí. ¿Quién sabe si algún día la retomarán incluyendo voces? Desde luego a la banda le gusta eso de publicar maquetas y temas sueltos como lleva haciendo en los últimos años. Aquí parecen reflejar improvisaciones en el local de ensaño como un punto de partida de un corte, que al final fuera desechado.

“I want you body”, e sun tema que estaba incluida en el único álbum que publicaron allá por 1971 la formación de Florida Tin House. Heavy-blues directo en menos de dos minutos que aquí THE GOLDEN GRASS lo convierten en uno de doble duración. El hard-rock más troglodita aparece en unos surcos que rezuman polvo y en el que los ritmos que partiendo del blues posteriormente dieron origen al proto-metal que todos conocemos. Un gran homenaje a otra de esas grandes bandas olvidadas durante años y que en los últimos tiempos están siendo descubiertos por muchos nuevos amantes de los sonidos retro pesados. 

El cierre lo pone otra versión, en esta ocasión de una banda islandesa. ICECROSS pusieron patas arriba su isla natal en 1973 su debut, y es otra de esas formaciones que con el paso del tiempo está obteniendo el reconocimiento merecido. La crudeza de su hard-blues, es amplificada aquí en la versión de “Wandering Around” contenida en “100 ARROWS”. Imprimiéndole densidad y más melodías vocales, los de Brooklin logran mantener la esencia del tema, en su actualización al siglo XXI. El tema gana en los registros vocales, que aún tratando de ser fieles al original, impregnan sus registros con su sello particular haciendo mas atractivo el tema. Las guitarras asesinas en puro blues-rock y sobre todo la frenética batería de Adam hacen consiguen un resultado redondo en esta versión en directo que recoge toda su espontaneidad. 

Estamos ante el fiel reflejo de una banda que se basa en sonidos que veían la luz hace 50 años revolucionando el mundo de la música, y que son su referente, pero no me canso de insistir, hay que diferenciar a este tipo de bandas de las que solo usas esas referencias como pose, y THE GOLDEN GRASS se diferencia por ello de eso. Son una banda que me enamoró y sorprendió por su frescura la primera vez que escuché un tema suyo hace años, y que a fecha de hoy, sigue sorprendiéndome por su buen hacer. Espero poder ver su directo algún día no muy lejano….. 

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Reseña: REDWOLVES.- “Future becomes past”

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El combo danés de rock pesado de REDWOLVES en su primer disco de larga duración refleja contenido musical con unos sonidos reconocibles y desafiantes. Con su álbum debut “FUTURE BECOMES PAST”, el cuarteto trae el rock pesado clásico del pasado al futuro a través de un sonido actualizado, con experimentos dinámicos y una composición de canciones personales que busca lidiar con las contingencias de la vida en un mundo caracterizado por conflictos y paradojas. Formados en 2.012 su música transita por la ola del rock escandinavo del siglo XXI. Temas con melodías pegadizas, una musicalidad virtuosa, enérgica y pesada a la vez. Un registro complejo, que muestra varios aspectos del talento de la banda para escribir canciones con franqueza pegadiza, dinámica y experimentación. Este álbum será fiesta, luz y alegría, pero también desesperación, oscuridad y depresión, y con buena razón. Un desagradable incidente de violencia sufrido por su cantante Rasmus Cundell, dejó un huella a nivel personal que de alguna manera se refleja aquí.. La violencia engendró una espiral de pensamientos depresivos y temerosos, pero también en un nivel más general, el incidente inició una contemplación con respecto a las posibilidades de un mundo que parece hostil y destructivo.

Con gran influencia en su sonido del hard-rock clásico de lo setenta y especialmente de Bad Company (solo hay que escuchar la voz de Rasmus), REDWOLVES no duda en usar elementos desérticos y mucho blues-rock a la vieja usanza, con momentos que se acercan a Hellacopters.

“Plutocrazy“, con enérgicos riffs  y una cadencia vocal cercana a Paul Rodgers es toda una descarga de hard-rock con un toque arenoso y melodías cuidadas. Brillantez en coros y estribillos con voces en “falsetes” efectivos y dicharacheros.

Temas como “Rigid generation” o “Fenris” son pura energía hard-rock setentero a la vieja usanza. Con un aroma blusero en sus entrañas, y un fantástico groovy vocal,  los pegadizos estribillos y sus fuertes ritmos con sabor al medio oeste, se impregnan de fuzz, de boogie-rock y algún elemento heavy-rock en “Fenris”, ¡todo un trallazo de tema!.

A pesar de que muchas de las canciones se originan en este estado depresivo, uno todavía percibe un camino hacia la luz en la música, y es esta firme esperanza un reflejo en el disco. Como los aspectos positivos de la vida pueden poner la depresión, la desesperanza y la contingencia en perspectiva, la negación de la vida también puede poner la perspectiva en la alegría y la luz: “Especialmente porque todos pereceremos pronto, debemos insistir en vivir, festejar, amar y no a ser conquistado por la oscuridad, el odio y la destrucción “, explica la banda. “Y por lo tanto, necesariamente debemos buscar salir de la oscuridad de nuevo”.

“Pioner” describe estos estados, con enigmáticos pasajes psicodélicos en los que el blues está presente. Casi a cámara lenta, el tema explora brumas pantanosas en las que REDWOLVES incorpora fornidas guitarras con solos magnéticos sobre esos calmados espacios de mirada interior.

En una linea parecida encontramos uno de los temas mas bellos y destacados del álbum. Los tenues acordes de “Voyagers” son acompañados de unas voces que evocan a la mismísima Joni Mitchel en una intimista versión masculina. Acústico con una lírica vocal impactante, el tema transmite sentimiento perturbador. El sosiego y el bucolismo, poco a poco van elevando su tono guiados por atractivos solos de guitarra que arrastran y violentan un tema lleno de sentimiento con su fuerza. Voces desgarradoras y coros líricos acompañan la erupción sonora. Fuego y contundencia que se apagan en un gran vacío.

“Farthest from heaven” nos devuelve la fuerza hard-rock más brumoso con voces líricas entre una espesa instrumentación. Un torbellino rítmico, y difuso entre el Paul Rodgers más operístico y el puro desert-rock más estruendoso.

El disco concluye con toda la energía y fuerza que contiene “Temple of dreams”, en el que misteriosas atmósferas son exploradas por registros cercanos a Bad Company en una combinación de hard setentero con postulados arenosos.

“FUTURE BECOMES PAST” es publicado por Argonauta Records.

REDWOLVES lo componen: Rasmus Cundell (vocals), Simon Stenbæk (guitarra), Nicholas Randy Tesla (bajo), Kasper Rebien (batería).

 

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