PETRICHOR.- “II”

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Si hay alguna diferencia entre ésta, su segunda entrega y su debut de mediados de 2.016, es que la banda de Virginia ha fabricado un álbum en el que las melodías tienen mucho más protagonismo. Siguiendo la estela del rock de tintes ocultistas, las voces de Tess Fisher se vuelven mucho más líricas y desgarradas de lo que nos había mostrado el primer álbum de la banda. Otro de los cambios es la desaparición de los registros guturales que ocasionalmente habíamos escuchado en alguno de sus primeros temas.

Usando distintos elementos, la progresización de su sonido se produce sin menoscabar su contundencia, conteniendo momentos de metal progresivo, riffs arenosos que desprenden fuzz cegador, así como ampulosas construcciones que flirtean con momentos post-rock e incluso folk. Momentos en los que la banda nos seduce con altas dosis de lirismo con reconfortantes melodías.

Así temas como “Saint Francis Satyr”, “Charons obol” o “Hybrid moments” sacan el lado más suave, con melodías que van desde el clasicismo hasta el metal sinfónico. El primero de ellos con esos coqueteos con atmósferas post-rock, siempre con el protagonismo de su pitonisa particular. “Chorons obil”, nos enseña el lado faraónico, con densos riffs que se van balanceando entre las voces presuntuosos y grandiosos. Conjugando voces desgarradas con los momentos más calmados. Con una grandiosidad y ritmo metálico el poderío vocal brilla exuberante.

En tonos acústicos, en línea Joni Mitchel “Blue state line” sirve de cobertura a bellas melodías llenas de bucolísmo completando un cuadro floral de gran belleza.

En contraposición, “Demon Goddes”, o “Earons”, son los temas más cegadores. Con algún coro de su batería  Harrison Christ en éste último, la espiral de fuzz sobre ritmos stoner los convierten en la parte más contundente y pesada de “II”. “Demons goddes”, aparte de mostrarse pesado, conjuga la vocación ocultista de la banda. Oscuridad y lamentos presiden su cauce, al igual que sucede  más profundamente en “My swollen voice”. Plegarías desgarradas nos conducen a magnetizantes atmósferas donde los sonidos  psico-progresivos aromatizan el ambiente. “Like you know”, profesa la misma fé a través de la medium ejerciente en que se convierte Tess, haciendo que traspasemos el umbral a cavernas misteriosas e inquietantes.    

Si bien es cierto que cada vez nos encontramos más bandas de psych-doom de tintes ocultistas comandadas por una fémina, y demasiadas veces su sonido es similar, el caso de  PETRICHOR se convierte en un rara-avis del género, al introducir tanta variedad de elementos saliéndose de alguna manera de los estereotipos.

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THE AFTER MATHS.- “Hotel Hilbert”

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Los griegos THE AFTER MATHS describen su música como After Rock. En 2016, comenzaron a grabar gradualmente su primer álbum de larga duración “HOTEL HILBERT”, en colaboración con su productor Alex Bolpasis en Artracks Recording Studios. Trataron de mezclar una “sensación en vivo” de guitarras fuzz, rock, twang con voces teatrales y ritmos de rock roll and roll con aromas psicodélicos. 

Como la construcción abstracta de la que toma su nombre, los temas se van construyendo en mil formas, y con variedad de influencias. momentos retro a cargo de un órgano en vena Ray Manzarek, estructuras de guitarras incisivas que generan temas en distintos estratos, con atmósferas narcóticas y momentos vivaces y divertidos. en tonos bodevilescos. 

El álbum “HOTEL HILBERT” fue lanzado durante el Solsticio de Invierno el 21 de diciembre de 2018. 
El 21 de diciembre es el día más corto del año, con el período más corto de la luz del día y la noche más larga. La oscuridad da a luz a los dioses del sol, y es a través de las dificultades, las luchas internas y las vendettas que algo nuevo y más fuerte renacerá. 
Desde la paradoja de Hilbert hasta los mantras hindúes, THE AFTER MATHS crean su propio timbre, a la espera de ser explorados.

https://www.facebook.com/the.aftermaths.gr/

FUZZY GRASS.- “1971”

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Un año ha pasado desde que los franceses nos sorprendieran con su EP en vivo en el que el fuzz rebosaba por los cuatro costados. Ahora, con su primer álbum, “1971”, nos dejan claro que aquello no fue un espejismo, sino un punto de partida que culmina con este trabajo en el que a través de tonos vintage de blues y enérgica psicodelia, obtienen un resultado muy apetecible para los amantes de los viejos sonidos de los primeros setenta.

Jams caleidoscópicas sobre distintas capas sonoras en las que las sustancias alucinógenas están presentes en todos sus surcos.

¿Que podemos esperan de un álbum que se abre con tema llamado “Electric ayahuasca”?. Todo un viaje místico en el que extraños sonidos y efectos sobrevuelan el camino de una guitarra narcótica a modo de introducción de poco mas de minuto y medio.
A continuación, “The alone boy song”, se construye sobre cenizas CREAM, pero aderezados por sustancias más ácidas que los británicos. Con un toque espiritual y más densos y oscuros, van transitando por pantanosos territorios donde los efluvios humeantes y aturdidores van generando un espacio de inconsciencia narcótica gracias a esa alteración psicotrópica.
Heavy-blues stonerizado con tintes retro es lo que nos ofrece “The faceless”. Un alegre y poderoso ritmo, se va salpicando de poderosos solos de guitarra. Un viaje 45 años atrás en un tunel del tiempo a través de un tránsito lisérgico. Con momentos netamente heavy-psych con una desgarrada voz que no pierde la fuerza y la garra en ningún momento.

Tras los momentos de calma en los que la voz trata de seducirnos con una tenue instrumentación comandada por una poderosa batería, aparecen momentos que evocan a los mismísimos BLUE CHEER. Alaridos y una guitarra que se desangra en solos ácidos, hirientes, con un final en sonidos west-coast.

“The upside down” sigue el mismo camino. Ahora con más presencia blusera en sus notas, la acidez la salpican de momentos cercanos a CACTUS. A caballo entre éstos y BLUE CHEER, los inquebrantables ritmos de batería y bajo, la guitarra va serpenteando entre gritos y efectos que desatan una locura psicotrópica a la que la razón  no puede vencer. Un éxtasis liberador en el que la energía fluye en torrentes sonoros. Cabe destacar el vigor de una batería tocada a la vieja usanza sobre solos repletos de fuzz y efectos.

Si la banda gusta de los sonidos de los primeros setenta, en  “1971”, no podía faltar la herencia hendrixiana. ésta hace acto de presencia en un tema como “Healed by fire”.

Una bacanal de fuzz sobre una más que poderosa batería, que hace desprender y transmitir energía en cada una de sus notas. La estética retro sigue presente, pero a unas revoluciones sonoras inconmensurables. Fuzz, fuzz fuzz, y un ritmo diabólico logran hacer un corte de proporciones descomunales. fuerza y vigor en los que el bajo nos golpea con insistencia. Las voces se ecualizan generando ese espacio de enajenación que pretende la banda con toda su exuberancia sonora.

Tras la extenuación del tema anterior, parece que FUZZY GRASS nos ofrece un bálsamo en forma de tema con texturas COLOUR HAZE combinadas con blues-rock ácido. La sombra de BLUE CHEER sigue siendo alargada en “The winter haze” . Aquí parece que la banda duda en seguir el camino de los setenta o mostrarse más contemporáneos en su sonido. Lo  cierto, es que el tema tiene matices de ambos momentos. Los solos de guitarra, no son tan endiablados, pero el thc sigue estando muy presente en sus notas. La lucha entre en sonido de una batería que recuerda a Ginger Baker, y los ahogados momentos vocales nos trasladan décadas atrás, pero sin embargo, las estructuras de la guitarra nos ponen en el siglo XXI. por otro lado, encontramos calmados y tensos momentos en los que la voz trata de emular al Rey Lagarto en alguna de sus disertaciones. Matices, matices, y más matices seguimos encontrando en cada uno de los temas.

 Para terminar, el ritmo nítidamente retro, de “Shake your mind”, nos devuelve a los primeros setenta. momentos Hendrix, que van evolucionando, intensificándose, y llenándose de efectos en una nueva orgía sónica. Un desenfreno lleno de garra y fuerza que bien podría definir el sonido de una banda que indudablemente gusta del fuzz, y lo reparte a diestro y siniestro. Si el trabajo de Clément Gaudry-Santiago a las baquetas es descomunal, el de Laura Ruiz , su guitarrista, no le anda a la zaga. Si a ellos unes el poderoso trabajo de bajo Thomas Hobeck, la fórmula es perfecta. y como colofón, una desgarrada voz que se desangra en cada articulación de las cuerdas vocales de Audric Faucheux.  Como resultado, tenemos un exuberante disco en el que la banda deja claro cuales son sus intenciones. Un disco que a buen seguro les aupará a festivales por la geografía europea este próximo año, y sino, al tiempo…..

  

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LORD VAPOUR.- “Semuta”

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Una de las noticias más agradables del año es recibir un nuevo álbum de LORD VAPOUR.

El trio de Guernsey, con “SEMUTA”, corre el peligro de que sea incluido en la lista de armas de destrucción masiva. Una destrucción de tus neuronas a través de poderosos riffs y toneladas de fuzz. Un embriagador y psicotrópico conjunto de temas llenos de fuerza donde demuestran que es una de las mejores bandas en la escena heavy-psych. Riffs que se alargan hasta el infinito custodiados por una poderosa base rítmica. Si al cóctel le unimos una voz llena de garra, la tormenta perfecta está servida.

Con influencias blues en sus surcos, mucho wah-wah, generan un torrente caudaloso que solo deja desolación a su paso. Un torbellino que se siente cómodo tanto en aguas Stoner, como en corrientes bluseras, y sobre todo en esas densas atmósferas atiborradas de psicotrópicos. Pero si todos eso fuera poco, LORD VAPOUR no se corroe con la acidez que contienen los surcos de “SEMUTA”, sino que se engrandecen con ella.

Como ya hemos dicho en otras ocasiones, DenpaFuzz advierte que no se hace responsable de los efectos neuronales que este disco puede provocar a tu cerebro tras una escucha prolongada, y mucho más si la audición la acompañas de ciertas sustancias……

Con un comienzo cadencioso en el que los borboteos del humeante pantano están presentes “Burning planet”, refleja todo el misterio de las aguas pantanosas en las que nos va a introducir la banda. Escenarios heavy-psych donde el fuzz es el rey dominante. Ciertos aromas retro nos van descendiendo pausadamente a terrenos de psicodelia profunda. Una atmósfera que es coloreada por guitarras ácidas. Sin esperarlo aparece un vozarrón rudo vomitando cantos de heavy- blues psicotrópico.

Si con esta primera andanada todavía tu mente es capaz de digerir, “The spice”, a golpe de bajo, da paso a pegadizos riffs de tintes retro, que desatan una bacanal lisérgica de fuzz. Con mucho ritmo, te atrapa con riffs serpenteantes que van engrosándose hasta el acelerón Stoner a cargo de una diabólica batería que desata completamente las hostilidades de una guitarra que derrocha riffs hechizantes y certeros. La rudeza de esa voz aguardentosa hace el resto para un tema que bien podríamos encuadrar en una especie de retro-stoner-perverso, que se asoma a escenas doom, con una mirada temerosa, para contenerse y regresar a su hábitat natural entre los alucinógenos. Irresistible el ritmo que imprimen al tema.

Sólo dos temas y te preguntas…. ¿Podré resistir más de esto? Y la respuesta es sencilla: ¡Quiero más de esto!!!!!

Los gruesos ritmos Stoner-retro de “Though the doors of Kukundu”, siguen esparciendo por nuestras neuronas fuzz con un blues lisérgico en el que la calma chamánica aparece en unas voces que muestran toda su rabia, mientras generan una densa cortina de fornidos riffs. Fuerza y poderío en otro tsunami de guitarra con efectos que todo lo arrasa.

Siguiendo los dictados de Hendrix, “Semuta music” se inicia con un pegadizo riff Potencia que va ondulando con algún retazo blues un su interior, el tema combina psicodelia pesada con arenosos sonidos desérticos en los que se desarrollas tornados de guitarra virtuosa e implacable. Otro aquelarre diabólico que adquiere fuerza con la descarnada voz de Joe Le Long. Solos y solos se suceden con una virulencia de un bajo incesante y una locura rítmica desde la batería. Giros inesperados en espirales infinitas sobre los trastes de la guitarra de Henry Fears.

Retomando el heavy-blues, “The mothership connection”, combina momentos de hard rock stonerizado, sin renunciar en ningún momento al vigoroso ritmo que imprimen a todos sus temas LORD VAPOUR. El resultado es un tema con cierto sabor añejo pero que suena absolutamente contemporáneo.

Con “Nasubi” no espera otra orgía de fuzz enérgico. Los tonos vintage sobrevuelan una plantación de marihuana para impregnarse de thc. Desarrollos a modo de jam en los que la guitarra se desdobla en una doble personalidad. Con momentos pseudo-doom que impregnan de oscuridad Sabbathica la entrada a un nuevo mundo. Un misterioso peregrinar por oscuras cavernas ambientadas por un tenue sonido de platillos y una inusual calma tensa. Un sosiego narcotizante en un lento avance hacia lo desconocido que culmina en desgarradores aullidos de guitarra. Unos alaridos que se desangran en solos que culminan en territorios descubiertos por Black Sabbath décadas atrás.

Estamos ante uno de los discos más notables del año y con el que, a buen seguro, los chicos del Canal de la Mancha reclutaran más adeptos para su causa.

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KANAAN.- “Windborne”

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“WINDBORNE” es el álbum de debut del joven trío noruego KANAAN que ve la luz a través de El Paraiso Records. Con componentes de jazz, fusión y post-rock, han creado seis piezas extendidas de psicodelia de forma libre en llamas. Si bien la banda está arraigada en el mismo espíritu que dio origen a la Mahavishnu Orchestra y The Eleventh House en la década de 1970, hay un distintivo sabor moderno en los esfuerzos sonoros de KANAAN. Su genealogía escandinava también es evidente: sus intrincadas estructuras de canciones parecen estar derivando de la misma raíz que Motorpsycho, Papir y Jaga Jazzist, y los jóvenes son dignos sucesores de ese pedigrí.

Desde la primera nota hasta la última, la banda mantiene altos niveles de energía y creatividad, y aunque de forma libre, nunca sacrifican el enfoque o la dirección.

Abriendo ”A. Hausenbecken” se siente como una explosión repentina de aire nórdico refrescante, con sus atractivas guitarras,y una suave batería. Dócil y calmado, los solos floreados se inclinan a terrenos jazz. Una fusión fuzz-jazz, con gran dinamismo rítmico y mucha distorsión. Con momentos de free-jazz la espiral de guitarra retoma las melodías armoniosas conjugando momentos de psicodelia pesada rodando y gruñendo Fender Rhodes y gruesos riffs.

Con efectos evolutivos, “Roll beyond, las atmósferas se vuelven más cálidas y calmadas, sin perder unos tonos inquietantes. La suave instrumentación, con un guitarra en mínimos de volumen, se acaba transformando en histriónicos y chirriantes por momentos. El hard-psych hace acto de presencia coloreándose con algún brochazo retro en una ondulación de la intensidad, pero marcando cada nota. en formato de jam, la guitarra sigue su travesía. 

Los momentos más hipnóticos aparecen con “Harmonía”. Una batería kraut y unas suaves armonías de guitarra, junto a un pulsante bajo repetitivo recrean un cuadro vintage, ¡Qué no retro!

Pero KANAAN no tiene miedo de ser profundo y pesado: se sumerge en el territorio Sabbath, con “Act Upon The Mundane World” y “The Groke”. El primero con una intensidad ácida inyectada en sus acordes, acercándose de desiertos sonoros llenos de arenosidad. En el caso de “The groke”, los gruesos riffs pesudo-doom crean un derroche de fuzz en un tortuoso paseo en el que los acordes jazzeros se incrustan en espacios de psicodelia pesada con la firmeza de un bajo sólido y fornido.

Generando misteriosos entornos sonoros “Windborne” a través de sosegados acordes, van tejiendo un tapiz psicodélico que se va transformándose a tejidos post-rock. Bello y atractivo, se suceden cambios en una instrumentación que puede resultar aparentemente inconexa en una abstracta y fluida pista..

Ask Vatn Strøm (guitarras) Ingvald André Vassbø (percusión) Eskild Myrvoll – (bajo)  Vegard Lien Bjerkan (Rhodes en “A. Hausenbecken” )

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SCHWALBE.- “Willy EP”

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Una de estos discos que uno encuentra trasteando por ahí, y que ha despertado completamente mi curiosidad. Sin información acerca de la banda salvo su origen alemán. Cuatro magníficos temas, en lo que parece ser su debut. 

Basando básicamente su sonido en una psicodelia pesada con muchísima influencia de COLOUR HAZE. Con brillantes solo de guitarra en vena heavy-psych, ritmos cadentes y absolutamente narcóticos. Con momentos stoner desérticos y mucho fuzz ofrecen conWILLY EP”, una brillante carta de presentación en la que los psicotrópicos se esparcen por tus neuronas. Con un curioso contraste al incluir unas voces con registros proto-punk en ciertos momentos. aunque lo cierto es que es la guitarra trippy la que más puede atrapar al oyente con su hechizo.

Los primeros acordes  de “Klemptner”, nos aturden con esa herencia COLOUR HAZE. Una guitarra que lentamente va evolucionando en su intensidad, con voces ecualizadas llenas de un hipnotismo drone. Un tema que sobrevuela sobre nuestras cabezas aromatizandolas con aturdidoras sustancias psicotrópicas. Subiendo la intensidad el tema concluye con una guitarra rebosante de acidez dándola un importante toque de color a un gran tema.

Si ya la primera embestida nos a dejado gratificados y expectantes, en “Achsen” mantienen las nebulosas sonoras, ahora sobrevolando territorios desérticos en los que su sonido se engrosa. dinámicos, y repartiendo fuzz a diestro y siniestro. Perdidos en una plantación de marihuana, SCHWALBE reparten energía con un cantante de voz guerrera en la que se reflejan reminiscencia  cercanos al punk.

El sonido del bajo hace que el tema se oscurezca con sus intrigantes solos. Una efectiva combinación de garra y descaro en la que seguimos escuchando una guitarra ácida  en desarrollos atractivos y efectivos.

Está claro que la afición por los cannabinoides se traslada a unos temas que como “Schwalbe” retoma las reverberaciones COLOUR HAZE. Cadente, incisivo y humeante con pegadizos reiffs, y ondulación en los registros vocales con en ésta ocasión se acercan más a postulados setenteros, aunque solo en apariencia. Las atmósferas creadas continúan teniendo ese punto brumoso que se se repite en los cuatro cortes del EP.

Resulta algo chocante que estemos antes temas que se enmarcan básicamente dentro del espectro heavy-psych, y que introduzcan voces que rozan territorios hardcore como en “Winkel”. A ritmo lento pero firme, los solos se elevan, con desgarradas voces, chillonas. Un impulso que viene de un poderoso bajo que arrastra el tema, a escalas superiores de intensidad y fuerza, con mas momentos centrados en postulados stoner.  

 

 

ROYAL SONS.- “Praise warship”

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Un debut en el que se deja patente de donde viene la banda. Los tejanos ROYAL SONS, nos ofrecen la crudeza ya vista en las bandas de Texas desde comienzo de los setenta. Blues-rock, boogie-rock, aderezado unas gotas de cannabinoides todo ello metido en la trituradora del stoner. Energía y sudor que hace que la temperatura suba. Una magnífica carta de presentación.

Los primeros riffs de “The devil’s knocking” ya nos dan una pista de por donde va la cosa. Blues-rock setentero con mucho groovy. Una guitarra ácida y punzante, con algún toque slide. Cadente y firme, permite el desdoble de las guitarras y tras una construcción lenta de la melodía que llega a generar angustia, llega el frenesí boogie-rock con armónica incluida.

Seguimos con un fornido blues-rock potente y lleno de acidez como es “Shufflin’ Shoes” cantado con un registro vocal que me recuerda a Dan Mc Cafferty, pero en modo vacilón. Bajo efectos psicodélicos, el resultado es un corte vibrante y potente.

Algún eco retro se vislumbra en “Nobody Has to Know” en otra potente dosis de hard difuso y humeante. El repetido y contagioso ritmo no permite ni un respiro.

Cambiando un poco la fórmula, “Let it burn”, se presenta como un corte más enigmático. Un hipnótico y repetitivo ritmo de batería se va coloreando con rasgueos de guitarra, apareciendo desde la oscuridad una cálida voz evocadora de Jim Morrison. Pasional y desgarrada, pero bien encajada en el puzle caleidoscópico que genera una instrumentación que se inflama apabullante, evolucionando enérgicamente para involucionar sutilmente en la parte final.

Sobre slide sureño y con voces ahogadas “Orále culeros”, entre acordes acústicos consiguen un tema en línea Graveyard, en el que la voz aguardentosa junto a nos medios tiempos bluseros y sureños ofrecen otra visión de la banda.

A caballo entre ZZ Top, Nazareth y The Black Angels transcurre “The eve”, el boogie-rock psicotrópico de un cañonazo que deja metralla ácida en su deflagración.

Mas arenosos se muestran en temas como “Praise & warchip” y “Familiars”. Gruesos riffs Stoner con algún toque de hard-retro y alguna reverberación grunge, en momentos cegadores.  

Ecos de Detroit aparecen en “Taste the whip”, con una vocación porto-punk atiborrada de fuzz.

La psicodelia con genes bluseros de “Too far gone” va evolucionando a ritmo de una poderosa batería, con desgarradores voces que se van zarandando por los riffs.

La parte más sosegada aparece en “Dawey”. Cálidas voces y coros sobre brumosos ritmos con mucha esencia en su interior custodian un corte de blues psicodélico rebosante de aroma..

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