Reseña: HAMMADA.- “Atmos”

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Después de un par de EP’s y varios single HAMMADA publica su álbum debut “ATMOS”. Los prometedores singles que había publicado como adelanto de este trabajo hacían prever que algo grande estaba por llegar. Tonos vintage sobre ritmos arenosos con altas dosis de fuzz lisérgico y una cruda voz que nos traslada décadas atrás. Un collage efectivo en el que los monolíticos riffs stoner-doom con un terrorífico sonido bajo se conjuga entre efluvios heavy-psych con una resultado que nos aleja de la monotonía. El cuarteto de Freiberg se ha tomado su tiempo desde su fundación en 2012 para publicar su primer larga duración, pero sin ningún género de dudas, la espera ha merecido la pena. una hora intensa y vibrante en la que los muros de sonido son coloreados con bellos pasajes lisérgicos. A caballo entre el sonido arenoso de bandas como LOWRIDER y los dictados de la psicodelia pesada alemana de bandas como Rotor o Colour Haze consiguen crear un álbum monumental, lleno de una épica atrayente que consigue absorber al oyente entre sus surcos. Huyendo de la monotonía,  cada tema tiene algo que aportarnos, siempre ondulantes, crudos y pesados, pero también delicados y sorprendentes, HAMMADA tienen la facilidad de modular sus canciones dotándolas de elementos que hacen que resulten de los mas atractivas y cautivadora. Con alguna pincelada llegada de los 70’s e incluso con leves momentos blues, la vocación stoner de la banda no admite dudas, pero tampoco las admite su faceta más “viajera”. un viaje, que siempre nos ofrece grandes momentos de felicidad. Sus canciones se caracterizan por numerosos cambios de ritmo, una mezcla equilibrada de melodías atmosféricas y paisajes sonoros más duros, así como voces potentes.

HAMMADA son: Kristian Schulze (voces y organo) Christian Döring (guitarras y sintetizadores), Lenz Fiedler (bajo) y Sönke Tautorus (batería) “ATMOS” fue grabado, mezclado en Barren Rock Studio y masterizado en Yeti Cave Sounds. 

Una introducción atmosférica con sintetizadores es el punto de partida de “Occasus”. Sobre un entorno heavy-psych el cuarteto alemán nos embarca en un viaje en el que los tonos vintage se sustentan en sólidos ritmos que se colorean con efluvios lisérgicos. Crudos, sus crujientes riffs stoner combinan elementos de psicodelia con ecos llegados de los 70’s. Un tema colorista con vestigios del sonido ROTOR en sus surcos y una voz que juega con registros melódicos en contraposición con otros mucho más desgarradores en una ondulación constante. La combinación de sus crujientes riffs con los efectos crea un barrera de sonido infranqueable. Todo un muro de fuzz que protege las vibraciones más psicodélicas que constantemente incorporan. Como si no quisieran renunciar a nada, consiguen un tema efectivo y colorista a caballo entre el desert-rock más ortodoxo y los ecos heavy-psych bajo la sombra de vibraciones más propias de los 70’s. Incluso aparecen alguno momentos en los que los teclados aportan sutiles pinceladas progresivas entre crudos momentos casi doom.

Sin esconderse, en “NOX” se decantan por stoner más arenoso aderezado con una turbia neblina creada por los teclados. Desert-rock ortodoxo en un tema crudo y con las aristas rugosas bajo riffs que golpean con fuerza invitando a mover las melenas al viento.

Como si se tomaran un respiro, “Heliokratia” nace desde la calma de unos acordes en los que se perciben genes blues. Siendo fieles a su pesado sonido consiguen aderezarlo para que nada resulte monótono. Incisivos solos ácidos se incrustan en esa portentosa y fornida linea de bajo que no deja de crujir constantemente. Incorporando pasajes con wah-wah hacen que el tema tome un camino más psicotrópico en el que añaden sugerentes pasajes vocales. El atronador bajo regresa para tomar el protagonismo  en un tema versátil que contiene muchos aditamentos y buenos pasajes de guitarra.  Tras momentos atmosféricos en los que la psicodelia brilla con luz propia el tema culmina en monumentales momentos de pesadez.

Sin duda HAMMADA sabe moverse bien en los espacios stoner doom, pero como demuestra “Ether” también saben salir airosos de momentos mucho más narcóticos e intoxicantes. El tema mantiene un curioso y efectivo equilibrio entre las dosis de fuzz humeante y la tormenta arenosa que crean con sus riffs. Una tempestad de la que salen rayos lisérgicos que nos chamuscan sin remisión. Con guiños a Colour Haze consiguen que el tema fluya dinámico y cautivador. 

Sin perder esa stoner innata “Helios” se deja seducir por ecos hard-rock entre cuidadas armonías en una perfecta combinación de crudeza y aire fresco que hace huir de la monotonía. Con desgarradores momentos llenos de épica a lo largo de sus casi diez minutos recorren distintos escenarios que hacen que la banda se vacíe por completo en un brillante tema que conjugan momentos stoner-doom  con otros más sugerentes. 

“Azimut” fue uno de los adelantos que  la banda nos ofrecía hace semanas. Aquí la impronta heavy-psych brilla sobre monolíticos. Un tema lleno de garra que bien puede convertirse en el santo y seña de una banda que no escapa del legado Rotor a pesar de la contundencia y querencia hacia escenarios más stoner-doom y sobre todo con la ruda voz de Kristian Schulze.  Lo cierto es que cada uno de los temas contenidos en “ATMOS” resulta ser un plato muy apetecible de digerir. No es demasiado habitual encontrarnos con el sonido del órgano en cortes de stoner arenoso pero este es un punto a favor de HAMMADA, ya que saben hacerlo con maestría para obtener un brillante resultado. 

Este extenso álbum cierra con “Domizil”, toda una paradoja de 15 minutos. Una línea de bajo que parece que vaya a quebrar es el punto de partida de una odisea en la que atronadores tambores ponen el contrapunto a la magia de las guitarras. Psicodelia entre un manto protector de teclados en un segundo plano emprenden un tortuoso camino en el que los vestigios de Colour Haze brotan espontáneamente entre la fuerza de esos crepitantes riffs. Un agreste transitar en el que mantiene la mirada al frente entre ese turbio e intoxicante muro de sonido. Un entorno mágico en el que las notas fluyen de manera natural. Tras el derroche de la primera parte del tema, los pesados riffs van desapareciendo para dejar espacio y reverberaciones más propias de una nueva dimensión. Embarcados en esa exploración por insondable espacios psicotrópicos la banda baja las revoluciones para seducirnos entre efectos por su lado más psicodélico. Una banda que parece tener el corazón partido y que no quiere renunciar a nada.  

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Reseña: ORGÖNE.- “Mos/Fest”

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“MOS/FET”, el debut del quinteto francés ORGÖNE, nos invita a un viaje al interior de un mundo sónico de misticismo lleno de dioses antiguos y paisajes sonoros tribales del espacio exterior. Escuchar “MOS/FET” es como abrir un viejo libro de ciencia ficción que mezcla la cultura pop de los 70, el antiguo Egipto, el panafricanismo y las exploraciones espaciales. Su peregrinación progresiva, rock espacial, vanguardista y pesado se combina a la perfección con la voz única de la cantante principal Olga Rostropovitch, toda una sacerdotisa que hace de perfecta maestra de ceremonias para este alocado ritual ocultista de ruido y psicotrópicos con ambientación exótica. Sus cuatro suites de 20 minutos cada una, brindan una inmersión completa de la que no escapará ileso. sonidos paranoides en una bacanal de ritmos con un motorik diabólico e hipnótico. No es demasiado frecuente encontrarte como debut de una banda un álbum doble, pero la amplia creatividad de estos chicos para crear temas orgánicos hace que estemos ante un álbum de 80 minutos de intensidad y de sensacionales para no dejarte indiferente. El sonido es fuerte, gordo, pesado, distorsionado, agresivo, atmosférico, hechizante, todo al mismo tiempo y con un único objetivo de embarcarnos en una odisea a un particular mundo en el que todo puede suceder. Un mundo saturado, con ritmos retorcidos, melodías espaciales y sus encantamientos vocales para una interpretación explosiva que coquetea con lo perturbador y lo prohibido, pero siempre con humor. Orgöne desarrolla un universo atípico y onírico que se siente tanto en los textos como en la música.

‘MOS/FET’ fue grabado en Blue Anvil Sound por Justin Nicquevert, mezclado por Tom Penaguin y masterizado por Nicolas Moreau y Pierre Le Gac en Le Garage Hermétique, y está disponible vía Heavy Psych Sounds.

ORGÖNE son: Allan Barbarian (batería y percusiones, coros), Nick Le Cave (bajo, coros) Tom Angelo (órgano eléctrico, sintetizadores, pianet, mandolina, clarinete, grabadora) y Marlen Stahl (guitarra, violonchelo, violín, coros).

En 2015 se conocieron Nick Le Cave (bajo) y Marlen Stahl (guitarra), veteranos de numerosas bandas francesas de Indie-Rock, Free Rock y Rock In Opposition/Avant-Garde. Junto con Mat La Rossa a la batería, decidieron crear una banda de rock “back to basics”, en su ciudad natal de Rennes (Bretaña). Esto llevó al nacimiento de ORGÖNE Luego, en 2018, la partida de Mat La Rossa, que no estaba de acuerdo con la idea de pistas largas y épicas, condujo a un cambio radical pero natural. Con la llegada de Allan Barbarian en la batería y Tom Angelo en los teclados (ambos también están tocando con la banda de stoner DJIIN), la banda volvió casi a cero y luego pudo concentrarse en largas “Suites”, con movimientos, en una forma de rock progresivo, permitiendo que la banda mezcle elementos de sonidos tribales, árabes, ritmos motorik, pared de sonido del espacio orgánico y mucho más, de una manera muy específica. “MOS/FET”, Con la llegada de la salvaje franco-polaca Olga Rostropovitch en la voz principal, comenzaron a experimentar y explorar muchos territorios, mezclando rock estoogiano, noise-rock, pistas “motorik” de krautrock, largas improvisciones. Esos experimentos condujeron a un sonido específico contaminado cada vez más con texturas psicodélicas, rock espacial y elementos noise, con indicios progresivos.

Tras el inquietante acto inicial lleno de teatralidad, “Erstes ritual” se sumerge en una locura de ritmos en tonos arábigos con un cierto aire aturdidor. Una voz con una cierta vocación punk se modula cual cantante de cabaret en un túnel que va ganando oscuridad en su avance. Espacios tenebrosos con gran épica cinematográfica que sin prisa se van adentrando en territorios más psicotrópicos.  El sonido del inquietante órgano pastoral tras las nebulosas acaban por construir un vodevil lúgubre y sombrío. Una escenificación que tras varios actos en su trama concluye siendo seducida por poderosos riffs psycho-doom, tras veinte minutos de intensidad sonora. Un extraño pero absorbente corte. 

Tras cerrar ese primer acto la pulsante y gruesa línea de bajo entra en batalla con guitarra y órgano en “Requiem For A Dead Cosmonaut”. un tema con sonido alternativo pero lleno de pesadez. Turbio, sideral, y aturdidor. Todo un frenesí para entrar con fuerza en el segundo acto con el motorik a su máxima potencia.     

Tras una apertura inquietante y llena de tensión, “Soviet Hot Dog (Le Tombeau de Laika)” se muestra con un aspecto misteriosos bajo su aura psicodélica para convertirse en un tema tormentoso y paranoide. La esquizofrenia de su perturbador sonido culmina con histriónicos riffs stoner-doom bajo desgarradores lamentos rebosantes de teatralidad. 

La psicodelia psicotrópica  es la seña de identidad de “East song”. Bajo narcóticas atmósferas construidas con un cadente ritmo y aura de misterio, caminan lentamente hasta la encrucijada experimental en la que desarrollan un sonido que me rememora a Curved Air en una versión psicótica. 

El tercer acto explora territorios desérticos. “Ägyptology” un enigmático nombre que nos indica el camino que tomarán los italianos en esta ocasión.  Un desierto sin cactus pero con palmeras en el horizonte y las tumbas de los ancestros como un reto por descifrar. Una tortuoso camino lleno de obstáculos que se salpica con fuzz narcótico. Una exploración que se interna lentamente en territorio hostil como refleja su sinfonía. Mothership Egypt”  Adentrándose en la segunda parte en un tortuoso terreno en los que los gruesos riffs lo enturbian todo. Entre platillos rituales y con la sensación de haber traspasado un umbral, las armonías mediterráneas ponen banda una banda sonora que venera la luz en la noche.  

Los tambores y ritmos tribales de “Rhyme Of The Ancient Astronaut” nos invitan a una orgía de vibraciones y sonidos. El cálido y pulsante bajo pone la calma con momentos mas pausados arropado por mil efectos. 

Cerrando el círculo, “Astral Fancy” es otro tema de casi veinte minutos, que como en el primer acto, sirve para dejarse llevar por ritmos tribales con olor a secta en un ritual ocultista con ritmos kraut. Un ceremonial entre aromas arábigos que va adoptando tintes espaciales. Otro espacio para desarrollar sonido paranoides llenos de hipnotismo como fórmula para alienarnos. Una jam avant-garde que juguetea con las formas y sonido hasta la lucra final. 

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Reseña: GEEZER.- “Groovy”

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“GROOVY” es el quinto álbum del trío de Nueva York, y en él podemos encontrar una evolución en la banda. Probablemente tomando un camino más directo, los temas del álbum dejan de lado las típicas jams que encontrábamos en sus trabajos anteriores para construir canciones más estructuradas y definidas de lo que habían hecho hasta ahora. Fuzz cósmico y psicodelia, con algo menos de blues para transmitir el aroma del desierto siguiendo la estela de Brant Bjork, y todavía con crudo sonido de  WO FAT en su punto de mira. El nombre del  álbum refleja a la perfección una de las características de su contenido. Ese fantástico “groovy” con el que todos temas fluyen bajo ritmos pegadizos que te enganchan con menos pesadez de la que nos tenían acostumbrados.  El mayor equilibrio de las composiciones hacen que sigamos estando antes un álbum muy apetecible, con canciones que estimulas los músculos del oyente en una invitación al baile en la mayoría de los temas.   La solidez de los riffs de Pat Harrignton siguen presentes con la solidez de una roca, con sus aristas afiladas entre las bacanales de fuzz del crujiente bajo de Richie Touseull y esos coloristas ritmos de los tambores de Steve Markota. “GROOVY” supone en cualquier caso todo un viaje cósmico por las arenas del desierto con húmedos vientos narcóticos llegados de los efluvios de los pantanos. Disponible vía Heavy Psych Sounds Records

GEEZER son: Pat Harrington (guitarras y voz), Richie Touseull (bajo) y Steve Markota (batería y percusión).

Con fuertes tambores y ese fuzz crujiente sobre un ambiente cósmico “Dig” nos invita a un viaje al desierto. Un ritmo cadente con la ruda voz de Pat se soporta sobre un tema construido sobre un riff que se repite constantemente. El tema resulta pegadizo reflejando el difuso sonido del trío neoyorkino y en él aflora algún solo hiriente entre su cegadora vocación arenosa.

“Atlas Electra” refleja a la banda más reconocible. Deleitándose más con los solos de su guitarra y con una voz mas susurrante crean una atmósfera lisérgica al estilo al que nos tenían acostumbrados en sus anteriores trabajos. Siempre con el viento del desierto en el ambiente, impregnan de blues pantanoso un corte aturdidor y narcótico a su vez. El grueso sonido esconde un tema más sosegado, pero consiguen que esa neblina persistente le dote de gran cuerpo.   Sin perder ese groovy tan característico de todo álbum en la parte final recibe aromas sureños con una guitarra que se desdobla una y otra vez.

Entre efectos y distorsiones, “Dead soul scroll” se muestra más sosegado. Bajo un tono más chamánico el tema parece introducirse en un bosque psicotrópico que prescinde de ese sonido crujiente de los cortes anteriores dejando más espacios a los desarrollos de solos de guitarra más pronunciados.

Retomando los ecos del desierto “Awake” refleja en sonido que Brant Bjork viene ofreciendo en sus últimos discos. El tema fluye con elementos de hard, de blues y de desert-rock en sus surcos sin perder el aura psicodélica que siempre aparece en los temas de GEEZER.

“Groovy” esta formado por ecos de hard-rock de origen 70’s. Enérgico y pegadizo, el tema se muestra como la banda sonora perfecta para una fiesta en el desierto. Como si The Rolling Stones se vistieran de Kyuss el tema es una toda invitación al baile.  

“Drowning on empty” es un corte de crudo rock primitivo stoner que se modula con la voz y que según avanza pierde su rudeza para volverse más ácido.

Con voces ecualizadas entre nebulosas netamente heavy-psych “Slide mountain” nos ofrece un apacible paseo por una espacio boscoso en el que los hongos mágicos afloran repartiendo dietilamida bajo calmados y reconfortantes desarrollos lisérgicos.  

“Black out” es un fornido y grueso tema desértico lleno de fuzz humeante. Pesado y arenoso tiene el blues en sus genes. Con la repetición constante del riff sobre el que se construye. Golpeándonos reiteradamente la guitarra se torna más ácida hasta invitarnos a pasajes netamente psicodélicos conjugando las señas de identidad del trío. Fuzz, gruesos ritmos, blues e infecciosos pasajes heavy-psych para acabar en una especie de jam en la que la guitarra de desdobla desangrándose entre pedales y efectos.

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Reseña: GREEN ORBIT.- “Supernova”

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Sin prodigarse mucho desde su nacimiento como banda en 2014, GREEN ORBIT, publica su segundo EP, cuatro años después de que viera la luz su debut “FIRST WAVE”. “SUPERNOVA” mantiene la esencia heavy-psych que les vio nacer,  con ese sonido lisérgico y stoner en el que tanta influencia tiene ROTOR, pero en esta ocasión nos ofrecen un álbum posiblemente más pesado que su debut. Con un sonido más difuso y crujientes y con más dosis de fuzz sus tres largos temas ondulan por el stoner instrumental más místico y lisérgico.  Sus serpenteantes armonías y sus constantes giros hacen que los temas fluyan con agilidad a pesar de su larga duración y lo difuso de su sonido. El cuarteto sustenta los tema en el poderoso e hipnótico sonido del bajo de Luko, sobre el que la guitarra de Tobias colorea unos temas que derrochan fuzz y sonidos turbios. Como ya pude comprobar el pasado verano en su show en el festival Krach am Bach, GREEN ORBIT aportan a sus temas altas dosis de místicismo gracias al trabajo de Caro y su extraño pero maravilloso didferidoom. “SUPERNOVA” en definitiva es un claro ejemplo del desarrollo y evolución del mejor stoner instrumental que se puede escuchar. Sobre sus pesados riffs la vocación heavy-psych innata en la banda, consige generar unas intoxicantes atmósferas llenas de ondulaciones y cambios de ritmo que hacen que los temas no resulten nada anodinos, atrapándote entre unos surcos llenos de magnetismo y fuerza. Cualquier amante de bandas como los citados ROTOR o COLOUR HAZE no podrá sentirse defraudado con este maravilloso, pesado y ensoñador trabajo. 

“SUPERNOVA” está disponible vía Rock Freaks Records. 

GREEN ORBIT son: Tobias (guitarra), Luko (bajo), Michael (batería) y Caro (didgeridoom).

“Zero gravity” comienza marcado por hechizante bajo de Luko, sobre el que aflora la mágica guitarra de Tobias par tomar la senda abierta por Colour Haze y Rotor años atrás. Ya en su debut encontrábamos muchos vestigios del sonido de sus compatriotas Rotor, pero en esta ocasión todavía es más latente. Aumentando la intensidad paulatinamente, sin perder el hipnotismo, los momentos stoner eclosionan entre una tormenta de  fuzz y pesados ritmos. Una constante de subidas y bajadas de la pesadez del tema, nos embarcan en una oscilante montaña rusa que desarrolla por agrestes sendas para acabar descendiendo a un reposo en acolchados y floridos prados en los que las bellas melodías absorben al oyente a un estado de confort y bienestar gratificante. Un constante tira y afloja entre los pasajes más aromáticos y el hechizante e hipnótico sonido cargado de fuzz.

En un tono más pesado del que nos tienen acostumbrados “Antogonae” refleja el lado más stoner de GREEN ORBIT. Crujientes y difusos riffs dejan paso a momentos nítidamente ROTOR, éstos, también en su faceta más plomiza. Una pesadez que lograr aliviar con aromáticos y coloristas solos de guitarra entre sus crudos ritmos y una bacanal de platillos y tambores entre esta línea infatigable de bajo narcótico.  Pasando a una fase en los que riffs pegadizos nos contagian el ritmo entre giros y requiebros que aportan luz y calidad al tema.  Una serpiente que nos aceza amenazante para acabar escabulléndose con sigilo. En su parte final el tema se introduce en atmósfera mucho más místicas gracias al perturbador sonido del didferidoom de Caro. Ese extraño instrumento que es una especie de santo y seña de la banda. Los ritmos frenéticos de los tambores y platillos hacen de perfecto complemento a este turbio espacio narcótico que culmina con un epílogo que retoma los serpenteantes riffs y la luminosa guitarra.

Para final, el tema que da nombre al trabajo, “Supernova”, con sus dieciséis minutos, conjuga todos los matices del sonido del cuarteto alemán. Partiendo de una introducción en la que la que la línea de bajo de Luko se muestra completamente hipnótica, van creando un ambiente lisérgico lleno de misterio.  Dos minutos para poner los motores a toda revolución en una explosión lisérgica de grandes dimensiones. La feroz guitarra derrocha fuzz sobre pesados ritmos en un ambiente netamente heavy-psych. Un sonido denso pero fluido que constantemente deja reposar su cauce en meandros más tranquilos. La incorporación del didferidoom siempre introduce ese tono místico que nos invita a un karma sensorial. Bellos desarrollos de guitarra adquieren el protagonismo para colorear la neblina que siempre contiene el sonido de GREEN ORBIT.  En ese magnético ambiente las reverberaciones lisérgicas consiguen intoxicarnos con toda su esencia psicotrópica. Inmersos en ese estado catártico, los hipnóticos tambores soportan la evolución a ese espacio de pesadez que supone otra de las virtudes del cuarteto. Aquí de nuevo el legado de ROTOR aparece en gruesos y borrosos riffs para dejarnos los momentos mas pesados. Una tortuosa travesía con la mochila cargada de fuzz que va dejando una turbia estela a su paso.  Retomando el camino de la psicodelia más narcótica las mágicas y ensoñadoras melodías se van desarrollando en ese mundo mágico que GREEN ORBIT crea sobre sus nebulosas. Aquí parece que se dejan llevar por sus instintos mas primarios en una especie de jam en la que todo parece controlado.  Hay que destacar, que el tema a pesar de su larga duración, consigue mantenernos siempre enganchados a esta exploración del stoner instrumental y la psicodelia más pesada y humeante.

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Reseña: MOOCH.- “Hounds”

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Originarios de Montreal, MOOCH, en su debut de larga duración “HOUNDS”, deposita su sonido, tanto en las vibraciones emanadas del desierto californiano como de los efluvios del blues de los pantanos. De esas aguas parece emerger una nueva reencarnación del Rey Lagarto en la voz de Ben Cornel para ofrecernos magnéticos temas de heavy blues stonerizados que combinan vibraciones llegadas del siglo pasado con registros mucho mas contemporáneos en los que no falta algún momento grunge.  Un álbum que te atrapa con cada tema y en el que encontramos dos puntos de referencia irrefutables, Jim Morrison y Brant Bjork. Puede parecer una puesta arriesgada, pero los canadienses acaban conjugando perfectamente ambas influencias para construir un trabajo impactante. Arenosos vientos del desierto en una ceremonia en la que el blues más pesado pone la banda sonora entre humos narcóticos. Un ambiente chamánico en el que los temas fluyen entre ritmos llenos de “groovy” y fuzz intoxicante con la mirada puesta en la California más soleada. Con momentos en los que coquetean con el doom, entre temas de blues intenso y desgarrador, sus pegadizos temas se ejecutan con esmero no olvidándose de la importancia de las voces y coros, algo que demasiadas veces pasa desapercibido en muchas bandas. A lo largo del álbum podrás encontrar múltiples momentos en los que el sonido de Seatle baile en una danza ritual con el blues del delta bajo vibraciones mas propias de The Doors (innegable la comparativa con el registro vocal de Morrison), Hendrix, Zeppelin, Kyuss, o incluso Sabbath y Colour Haze te venga a la cabeza, lo cual no significa que estos chicos tengan su personalidad propia, y de ahí precisamente viene toda su grandeza. La mística de “HOUNDS” hace que estamos ante uno de los debut más destacados de lo que llevamos de año. 

El álbum fue conceptualizado como un disco en bruto, mostrando la verdadera sensación de la composición de la banda y la personalidad de los gritos en el escenario. Fue grabado en vivo como un dúo de guitarra / batería en el desierto de California. Sin pistas de clic, sin edición, sin instrumentos digitales. El bajo se agregó de nuevo en Montreal y el registro se devolvió a Seattle para ser mezclado. Finalmente el álbum fue enviado de vuelta a casa para Montreal para dominar. Brant Bjork desempeñó el papel de productor de la vieja escuela y  organizó con su Jalamanta Studio y su equipo: el productor Bubba Dupree e ingeniero Yosef Sanborn de MassiveFX Pedals. Además de ser el jefe de ambiente de toda la operación, Brant fue mentor y todo alrededor del tipo más genial para pasar el rato mientras haces un disco.

MOOCH son: Ben Cornel (Guitarra, Voz), Julian Iacovantuono (Bajo, coros)Alex Segreti (Batería y  coros), y como invitado a la guitarra Joe Segreti.

El álbum abre con “Mantra”, un título que no podría describir mejor el contenido del tema. Un corte en el que el espíritu del Rey Lagarto regresa a la tierra para introducirse en su cantante.  El tema bien marcado por ese registro vocal que nos recuerda al Jim Morrison más chamánico sobre armonías de blues psicodélico. Un tema lleno de magnetismo que se eleva por el sendero de sus riffs stonerizados. Los canadienses nos presentan un corte que bien podría definir el sonido que The Doors tendrían en el siglo XXI. Completamente hechizante.

Mas fornidos, pero sin perder el aroma a 70’s “She’s black hole” gravita entre ritmos pesados y magnéticas melodías heavy-blues. Con pasajes de fuzz humeante y tambores grandiosos los sonidos difusos del desierto avanzan cadentes, entre efluvios de peyote para descender a hechizantes momentos de una calma impostada que acaba explotando en una gran deflagración en su parte final. Un blues stonerizado de gran solidez compositiva.

Retomando el legado de The Doors, “Blue man’s fase” evoca la velocidad de las autopistas californianas en un paseo con el desierto en el horizonte. Sin perder ese “tempo” rítmico, los canadienses construyen un corte que se desarrolla entre nebulosas de fuzz bajo dinámicos ritmos pegadizos. Una efectiva combinación que se torna más heavy-psych en su parte final con hipnóticos acordes y ritmos serpenteantes. La soleada California parece reflejarse con gran acierto en el espíritu del tema.

“Lucid” se muestra como un corto tema de psicodelia aromatizada en línea Colour Haze que hace reposar nuestras pulsaciones en acolchados pasajes instrumentales de gran belleza.

Por la senda del heavy-blues, “Torn up” se sumerge en los pantanos con ecos stoner en el ambiente. Un gran trabajo de bajo arropa un tema en el que encontramos el resurgir del Rey Lagarto. Emergiendo de las aguas entre efluvios narcóticos y psicotrópicos.  

“Super big things” juega con pasajes stoner y dulces melodías en una combinación de lo mas efectiva que hace que el tema pase la fuerza y pesadez a la calma lisérgica antes de retomar la senda pesada y difusa entre nubes de fuzz.

“Giant lady fingers” nos devuelve a ese heavy-blues stonerizado en el que tan bien se desenvuelven MOOCH. Coros muy logrados y efectivos se debaten en un sonido grave y pesado entre atmósferas humeantes y la sombra de Morrison siempre presente.

Instalados en ese espacios heavy-blues en los que tan bien se mueven, “Feel Good” deja un gran protagonismo a la voz sobre un esquema de blues clásico, en el que el poderoso bajo de Julian Lacovantuono nos golpea con contundencia. Lento y plomizo, el corte serpentea con sus registros vocales entre la densidad arenosa.

Ensoñadores pasajes llenos de magia relatan el ocaso en el desierto bajo chamánicas voces que parecen invocar a los espíritus impregnados de peyote en “Residen sleeper”. Con momentos casi doom, el tema nos arrolla entre cantos rituales en los que el blues sigue presente. Una ceremonia que acaba por arrollarnos a cámara lenta.  

Con una cadencia mas propia de Brant Bjork, no en vano tuvo que ver en la producción, “Hounds”, el tema que da nombre al álbum combina las vibraciones del desierto con tonos más propios del blues de los setenta.  Húmedo pasajes que dan un giro con riffs mas propios de Hendrix entre coros redentores. Una evolución hacia estado de fuerza entre los arenosos vientos del desierto.

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