Reseña.- COOGAN’S BLUFF.- “Metronopolis”

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El veterano quinteto de la escena underground alemana continúa reinventándose en cada nueva entrega desde la publicación de su primer álbum en 2.007, lo cual es algo a agradecer. Cuando en un álbum encontramos vibraciones tan distintas como el kraut, el swamp-rock, el rock clásico, la psicodelia, el rock progresivo, el funky, el stoner,  el jazz o los ecos west-coast,  podemos pensar que COOGAN’S BLUFF han querido abarcar mucho, pero si te sumerges en “METRONOPOLIS” comprobarás que aquí todo fluye con la naturalidad que solo unos genios podrían crear este variado arco iris.  Todo un cuadro multicolor de estilos creados con esmero para que nada resulte aburrido. Una trama sonora que nos traslada sin que nos demos cuenta a diferentes estados de ánimo con momentos en los que la voz de Captain Beefheart aparece desde pantanosos espacios u otros en los que vemos reflejados a los Genesis más creativos, y hasta los ecos del sonido Canterbury tienen un espacio en este maravillosos álbum. Sí, evidentemente son estilos dispares, pero cuando se es capaz de conjugarlos de una manera tan efectiva, el resultado es simplemente grandioso. Misteriosos, floridos, relajantes, psicotrópicos, o divertidos, cada  tema nos ofrece una oportunidad para el gozo.  Una innovadora y cautivadora apuesta llena de frescura para el deleite de los paladares gourmet en el que probablemente sea su mejor y más ambicioso álbum.  

“Gadfly” nos ofrece la primera andanada con hipnóticos riffs envueltos en un manto de sonidos de teclados. Una imponente batería y la repetición de la armonía crea un magnético tema en el que las voces aportan un halo de misterio. Sobre riffs pesados la incorporación del saxo colorea un tema intenso y versátil que ondula constantemente hasta descender a espacios psico-progresivos más propios de décadas pasadas.

“Sincerely yours” es simplemente una joya de tema, que parte de campestres sonidos sureños y una acaramelada y cálida voz que nos masajea. Acordes acústicos y un maravilloso tempo se va construyendo un corte que bajo una acolchada instrumentación transcurre por sencillos acordes en un luminosos y esperanzador entorno. Transmitiendo una magia sureña, se añaden elementos sinfónicos que fluyen con naturalidad. La sencillez hecha canción. Si esto no te transmite sentimientos es que estás muerto.

Con vientos de jazz de vocación progresiva, “Zephyr” con ese brillante saxo y un ritmo repetitivo nos recuerda a momentos del sonido Canterbury. Con una gran complejidad compositiva, los alemanes dejan patente toda su calidad y versatilidad.  Con apacibles pasajes cercanos a Genesis entran en una introspección netamente progresiva, para cabalgar vivaces por ese camino. Tras algunos calmados pasajes en los que el sinfonismo toma el protagonismo, el tema nos ofrece un nuevo giro. Volviéndose mucho más ácido los solos de guitarra dan una vuelta de tuerca acompañados de un impactante bajo. El resultado es un corte rebosante de matices y riqueza compositiva.

Instalados en momentos soft-rock, “Hit and run” se adorna de una brisa sureña, y acordes acústicos para construir otro tema que huele a setentas, en una línea que me recuerda a Dave Mason. Rock clásico con sombrero y camperas en el que no faltan esos momentos brass rock de la mano de ese saxo que nos sorprende sin que lo esperemos.

Embutidos en ropajes funky, “Creatures of light”, supone otra vuelta de tuerca en su sonido. Ritmos alegres y voces negroides construyen otro corte de cara vocación setentera en el que las voces negroides y elementos de viento contoneándose entre solos de guitarra en una ceremonia de la seducción funky-brass-rock.

Incisivos teclados envolventes y ritmos neo-kraut van construyendo “Soft ecus”. Un corte en el que se refleja el buen hacer ya que sin darnos cuenta entre los hipnóticos ritmos nos vemos envueltos en un escenario psico-progresivo en el que las cambiantes armonías se tornan más ácidas gracias a el sonido de la guitarra.  Todo hecho con una naturalidad que llama la atención, y en el que dejan patente la calidad de su guitarrista introduciéndonos en una espiral de solos psicotrópicos bajo el manto hipnótico de un imperturbable ritmo. El tema más largo del álbum con sus mas de siete minutos deja claro que por mucho que cambien sus propuesta, la hiriente guitarra es todo un soporte para la banda.

Dividido en dos partes claramente diferenciadas “The turn”, en su parte “I”, describe oscuros y misteriosos entornos por la senda del rock progresivo. Gruesos ritmos, lentos y profundos. Como si estuviéramos ante una banda sonora de un film de suspense los repetidos acordes y el difuso sonido del saxo, van generando un clima de tensión que no concluye descubriéndonos nada. Una especie de interludio que supongo pretende ser la antesala del corte siguiente, “The turn II”, en el que blues en una línea Captain Beefheart, aparece cálido y pantanoso. Puro swamp-rock que se eleva fresco y luminoso bajo una cadente instrumentación que deja el protagonismo a una voz llena de garra y fuerza.

El álbum está disponible vía Noisolution

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Reseña: DEWOLFF.- “Tascam tapes”

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La primera vez que ví sobre el escenario a DEWOLFF tuve la sensación de haber hecho un viaje en tiempo a la California de finales de los sesenta. Tres jovenzuelos ataviados con pantalones de campanas y camisas de flecos con largos abrigos reflejaban por su aspecto su verdadero leitmotiv musical y una forma de vida. Lo vintage está más de moda que nunca, pero estos chicos han sabido reflejar en sus álbumes los sonidos analógicos como pocos. “TASCAM TAPES”, el séptimo álbum del trío, va más allá en su vocación por recuperar los sonidos de los setenta llevándolos al extremo de crear un álbum con unos recursos mínimos. Ellos mismos definen su álbum así: “Grabado en el camino por menos de 50 dolares y con un sonido como si fuera de un millón de dolares”. La aventura parte de grabaciones efectuadas durante su última gira, bien en el autobús de la banda, en hoteles, entre bastidores en clubes o simplemente en algún lugar al borde de la carretera con una grabadora analógica Tascam Porta Two de cassette que el propio Pablo compró por menos de esos 50 dólares. Los temas están tocados utilizando solo una guitarra, un micrófono, y una muestra con varios ritmos de batería almacenados por Luka van de Poel y un sintetizador antiguo alimentado por batería. Sin hammond, sin amplificadores y sin batería. El resultado es un álbum fresco y sencillo con temas cortos que toman elementos blues, soul, rock clásico en los que se perciben aromas sureños y que quita la razón a quién dice que sin grandes produciones no existe el éxito. Para ellos, el exito reside en su naturalidad y autenticidad. Algo diferente y divertido para los músicos holandeses con un gran protagonismo de los registros vocales y los coros. Con esa austeridad de medios, no podía ser de otra manera, los holandeses ofrecen un interesante álbum para una banda que parece haber nacido en el momento equivocado, pero que desde su precocidad han ido asentandose y consiguiendo cada vez mas adeptos a su causa. 

Poco mas de media hora de música en un invento arriesgado, pero en el que los múscios se muestran relajado, sin ataduras. Una especie de broma con un resultado curioso y apetecible en el que DEWOLFF siguen siendo muy reconocibles. Retro rock en estado puro, sin aditivos y con el blues presente en casi todos los cortes.

“Northpole blues” parece incidacarnos el camino que va a recorre el álbum. Blues en tonos sureños con registros que me recuerda un híibrido entre Edgar Winter y Dave mason en su etapa americana.  Inevitables coros con falsetes en un sencillo tema lleno de frescura como el resto de los temas del álbum. Saliendose del guión con extraños efectos en su parte final. que aportan un halo psicodélico.

La contagiosa y pegadiza “Blood meridian” se muestra más rock con unas guitarras más contundentes y un alma soul-rock que recuerda el sonido de finales de los setenta.

Cambiando el registro hacia tonos funk, “It ain’t easy” con el bajo dirigiendo el tema, aparece apacible y acaramelado en sus melodías vocales sin faltar esos solos finos y elegantes.

“Rain” se muestra en forma de pseudo-balada bajo tonos melancólicos y algún coqueteo jazz. Susurrante y pausado el tema vive entre tonos grises.

El blues e incluso algún momento country rock, sirven de soporte a “Made it to 27”.  Los aires sureños se tiñen de coros negroides con algún escarceo blues soportado sobre la caja de ritmos. 

Saliendo de alguna manera de la vocación retro pero sin renunciar al sonidos vintage, “Nothing changing” incide en la apuesta soul con duetos vocales más propios de finales de los ochenta. Casi discotequera, la caja de ritmos crea un sonido más completo.  

“Let it fly”  transita por la senda del funk y del soul. Un corte fresco y divertido que despide destellos luminosos.

Con sonidos rudimentarios en linea Seasick Steve, “Blood meridian II” se adorna con con el sonido de la cja de ritmos y efectos que hacen mutar su vocación hacia una modernidad que parece alejarse de su apuesta vintage.  Un atractivo corte nacido de la precariedad con magníficas voces y ritmos pegadizos.

El blues de ojos azules que había intuido en alguno de los temas anteriores se adorna como solos hirientes y registros soul en “The Awesomeness Of Love”. El tema suena más comtemporaneo a pesar de su espíritu blues gracias a los efectos sintetizados.

Siguiendo esa estela del blues de ojos azules, “Love Is Such A Waste”  con una vocación funk, destaca por su insistente ritmo y por la acaramela voz que nos masajea y seduce bajo una hipnótica linea de bajo. Parece aparecer en un segundo plano el sonido de un órgano retro que envuelve el tema en un manto de calidez sin perder su luminosidad.

Una magnifica balada construida sobre medios tiempos y una melodía vocal llena de romantiscismo encontramos en “Am i losing my mind”. Un tema para acercarte a tu pareja y susurrarla al oido mientras la acaricias. Bello y apacible tema  con espacio para reconfortantes acordes de guitarra apollados en un sinfonismo que no llego a atisbar su origen. Un tema cautivador.

Como cierre del album los alegres tonos funky de “Life is a fish tank” parecen fluir de un dia luminosos. Un tema que contagia optimismo y en el que incorporan efectivas armónicas. Guitarras incorporadas con mesura completan otro atractivo tema.

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Reseña.- BRANT BJORK.- “Jacoozzi”

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Uno de los pioneros del desierto presenta su nuevo álbum en solitario. Personalmente cada día me siento más atraído por su creación en solitario, a pesar de reconocer que con Kyuss fueron crearon un sonido que ha dado mucho de sí y cuya estela es enorme y sigue siendo fuente de inspiración para multitud de bandas.

“JACOOZZI” ve ahora la luz con grabaciones efectuadas en diciembre de 2.010, cuando BRANT BJORK, en una casa en Joshua Tree pretendía grabar otro disco en solitario. Cuatro días de grabaciones que el músico decidió abandonar las ocho canciones en las que estaba trabajando. Junto a su amigo e ingeniero Tony Manso, comenzó a grabar y a tocar la batería con improvisaciones espontáneas. Luego fue incorporando las guitarras, bajo y percusiones sin perder el espíritu de la improvisación.   Las grabaciones sin terminar se quedaron en un estante. Bjork había quedado más satisfecho con las sesiones improvisadas, recuperándolas ahora para gozo de sus seguidores. Los diez temas aquí contenidos, recogen aquellas sesiones reflejando toda la frescura de un músico que toca y se divierte. Un disco sin ataduras en el que se deja llevar por sus instintos, y ¡¡de qué manera!!.

Había noticias de estas cintas, pero la incertidumbre sobre si verían la luz en algún momento siempre existió. Ahora tenemos la respuesta ante nosotros.

En “JACOOZZI” encontramos la mejor versión posible de BRANT BJORK.  Puede que los acérrimos seguidores de Kyuss puedan verse defraudados, pero, si olvidan los complejos podrán disfrutar de un disco hecho con espontaneidad y en el que se ven reflejados una gran variedad de sonidos que hemos venido escuchando durante décadas, rock, blues, Funky, psicodelia, jazz, ecos west-coast, así como el desert-rock que le aupó a la fama. Todo un acierto que puede convertirle en uno de los albúmenes más destacados de su discografía.

Estamos ante un trabajo prácticamente instrumental basado en jams en el que cada tema tiene mil matices.

“Can’t out run the sun” deja claro que nos vamos a encontrar en los surcos de “JACOOZZI”. Improvisaciones bajo cadentes ritmos de batería repetitiva de hipnótica. Unos acordes que se repiten insistentemente a través de una introducción de casi dos minutos ejecutados con parsimonia. Un tema en el que parece que vayamos en un tren por el desierto desde cuya ventana vamos viendo pasar el paisaje. Un corte contemplativo con sutiles acordes de psicodelia apacible y olor a cactus.

En sus últimos discos, el músico de californiano nos ha ofrecido múltiples temas en los que el funky hacía acto de presencia. Aquí, “Guerrilla funk”, refleja ese groovy en el que el bajo y la batería adquieren una cadencia pegadiza y llena de frescura. Jugando con los ritmos a través de los distintos instrumentos, las melodías desaparecen. Cambiantes armonías van moldeando sus formas en improvisaciones sosegadas en las que demuestra su versatilidad y habilidad, tanto con la batería como con la guitarra. El tema refleja a un músico divirtiendo tocando, jugando con ritmos y acordes que repite a su antojo, y eso consigue transmitir que nos sentamos partícipes del mismo.

Si las influencias musicales que contiene “JACOOZZI”, son múltiples y variadas, solo hay que escuchar “Mexico city blues” para corroborarlo.

Con el protagonismo de la batería, una nueva jam con matices jazz coquetea con una guitarra que rezuma blues mirando a esas plantas que corretean por las arenas del desierto.  Tengo la completa sensación de que la grabación es fiel a la original, sin aditivos, ya que el resultado es como si el tema estuviera inacabado.

En poco más de medio minuto, ejecuta un calentamiento de batería, sin más, en “Five hundred thousand”. Siempre me pregunto porque muchas bandas incluyes cortes así en sus discos, que personalmente creo que aportan poco, pero supongo que su motivo tendrá. Bien es cierto que sirve de introducción a uno de los temas que personalmente más me gustan de todo el álbum. “Black White wonderland” nos lleva a paradisíacos espacios a través de ensoñadores acordes de guitarra que parten desde una calma y un sosiego introspectivo. Acordes melancólicos que evocan una cierta mirada al pasado. Un tema en el que la añoranza está presente y que contrasta con el distinto carácter que tienen las guitarras con respecto a la batería. Por otro lado hay que destacar el magnífico trabajo de bajo que contiene, un bajo que puede pasar desapercibido, pero que resulta fundamental en la construcción del corte.

Con pedales y distorsiones, “Oui” combina ritmos jazz con psicodelia relajante. Guitarras superpuestas en distintos estratos definiendo claramente su papel en los ritmos, y en los solos. Un soplo de fuzz humeante con el jazz muy presente. Otro tema brillante.

Si, el jazz está muy presente en “JACOOZZI”, así “Mixed nuts”, sigue esa cadencia musical, con un ritmo de batería y bajo tonos vintage en una nueva jam en la que la guitarra pone los tonos más oscuros e hipnóticos. Susurrantes, incorpora un órgano en segundo plano que tiñe de ocre un el tema.

El Brant más rítmico y bailable aparece en “Lost in race”, Compases funkys de percusión con un bajo hipnótico y pulsante prescindiendo de las guitarras

La psicodelia tiene un nuevo espacio donde desarrollarse en “Polarized”. Bajo ritmos de jazz, los solos más ácidos tienen su espacio aquí. Distorsiones y leves acordes de piano con una batería al ralentí, van arropando los momentos más diabólicos de Bjork y su guitarra.  Otro tema que se presenta como incompleto en su aspecto, y que ocupa el espacio lisérgico de este versátil trabajo.

Si los nueve primeros temas del álbum son jams instrumentales en las que la improvisación está presente, “Do you love your Word?”, es el único tema en el que ponemos escuchar la voz de Brant. Dulzura y con reminiscencias del verano del amor, las melodías y los sutiles acordes de la guitarra solo sirven de cobertura para una voz llena de sentimiento y calma. Un broche final perfecto para un trabajo que cuanto más escuches más te sentirás atraído por su contenido. Seguramente el hecho de publicar los temas en bruto hace que su valor se eleve, y se aprecie con un mayor reconocimiento. Frescura y naturalidad en estado puro.

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SALUKI.- “Amazing games”

 

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“AMAZING GAMES” podríamos describirlo como el disco “olvidado” de SALUKI, una de tantas y tantas formaciones olvidadas de los setenta, Un álbum que nunca salió a la luz como estaba previsto en 1978. Grabado en vivo como si se hiciera en aquel año, combina temas nuevos con un par de grabaciones de entonces.Tratando de transmitir aquel espíritu, los tonos de rock sinfónico, con momentos funk, se fusionan con soplos de elegante soft-rock. En un espacio que va desde Steely Dan a Uriah Heep, con momentos en los que reluce el hard progresivo noruego de los setenta. Soul, vientos, sutileza y distinción en unos temas bien estructurados con una combinación de voces y coros en amplios registros fundamentalmente soportados por los teclados y  con el apoyo de incisivos solos de guitarra. Partiendo de estructuras sencillas, van puliéndose en sí mismos en tonalidades vintage. El resultado se ha convertido en una excelente experiencia maravillosa de un tiempo que siempre ha marcado su marca para aquellos que lo experimentaron.

SALUKI está compuesto por Freddy Dahl (ex-Junipher Greene, ex-Ruphus) (voces, guitarra), Peter Alois Symington (sintetizador vocal, percusión y vientos),  Ginn Jahr (bajo y voces) (ex-Junipher Greene) Kjell Rønningen (teclados y voces) (ex-Ruphus)  Trond Tufte (guitarra) Gunnar Berg-Nielsen (batería y percusión).

“AMAZING GAMES” se publica via Apollon Records Prog.

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BRANT BJORK.- “Mankind woman”

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El nuevo disco de BRANT BJORK se publica el próximo 14 de septiembre via Heavy Psych Sounds.

El hijo del desierto escapa de las entrañas de los sonidos arenosos para volar libremente en la construcción “MANKIND WOMAN”: Consiguiendo crear lo que puede ser un clásico contemporáneo. Utilizando elementos blues, funkies y especialmente las raíces del swamp-rock, procede a  empaquetárlos con un envoltorio de rock clásico, consiguiendo una fusión sonora en algún lugar entre Cream y Tony Joe White en versión siglo XXI. Una ceremonia de vudú en la que espíritu de Hendrix regresa hechizándonos con un brebaje sonoro que no supone un ejercicio de nostalgia, sino que se inspira en la época dorada del rock sin la intención de imitarla, sin tratar de forzar un sonido retro.

El hard-rock a la vieja usanza con tonos y voces que recuerdan a los clásicos americanos de la decada de los setenta, “Chocolatize” se presenta lleno de color y groovy que atufa a Jimi Hendrix.

“Lazy Wizard” bien podría ser una fusión de CREAM con los momentos más brillantes del swamp-rock. Los efluvios de los pantanos se mascan en el ambiente.

La ceremonía del vudú se inica en “Pisces”, con una voces que recuerdan al gran Tony Joe White o cualquiera de sus coetáneos para convertirla en un ritual.

El funk de corte hendrixiano de “Mandkind woman”, despide calor y magia negra. Rezumando borboteantes riffs fuzz, se convierte en un brebaje hechizante.  

Los efluvios pantanosos se fusionan con una psicodelia ácida coloreada de guitarra fuzz, y mucho groovy vocal. “Swagger & Sway” huele a cabaña al pie del pantano. Humedad y calor sudorodoso.

Tomando elementos del soul y funky, “Somebody” se muestra intrigante, difuso, borroso, en sus formas, pero no en su fondo. Sepenteando sensualmente, consigue seducirnos en sus entrañas.

Si BRANT BJORK surguió como un brioso cactus del desierto, sus genes aparecen en “Pretty Hairy”, probablemente el corte más arenoso de “MANKIND WOMAN” sin renunciar a su nueva apuesta musical.

“Brand new old times”, se sumerge definitivamente en sonidos swamp, como lo hiciera  Eric Clapton en su etapa americana. Cautivado por aquellas resonancias que tenían un toque negroide que manaba del sur.

Centrándose en las sensibilidades personales, las hipocresías de la élite, el racismo, el sexismo y la lucha diaria para encontrar la paz, el amor y la comprensión en la sociedad estadounidense de hoy,1968″ supone un cierto homenaje a la resca del verano del amor.

El album lo cierra “Nation of indica”, donde los desgarros vocales a modo de plegaria ritual como en su día hacía Arthur Brown, conforman todo aquelarre. Una sesión de exorcismo aterrador y a su vez, liberador. Bajo inquientantes distorsiones humeantes BRANT logra un tema incendiario.

https://heavypsychsoundsrecords.bandcamp.com/album/brant-bjork-mankind-woman-presale

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GRASS.- “Get In The Van”

Esperado disco de la formación de Pensilvania GRASS que con su debut “GET IN THE VAIN” nos ofrecen uno de los mejores discos publicados en lo que va de año. Una catarata  de guitarra fuzz que recorre nuestros sentidos  con el espíritu de Hendrix revoloteando sobre el mástil de la guitarra y en el interior de […]

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Esperado disco de la formación de Pensilvania GRASS que con su debut “GET IN THE VAN” nos ofrecen uno de los mejores discos publicados en lo que va de año. Una catarata  de guitarra fuzz que recorre nuestros sentidos  con el espíritu de Hendrix revoloteando sobre el mástil de la guitarra y en el interior de la garganta de Andrew Bloodink .

Un tremendo groovy que nos traslada a los momentos más brillantes del acid rock. Tratando de transmitir las vibraciones que la banda consigue en directo, su ejercicio de blues psicodelico, con ramalazos funky, sin dejar de lado retazos de boogie-rock, “GET IN THE VAN” supone una bofetada de aire fresco sobre el inmovilismo de algunas de las propuestas que nos encontramos en la escena contemporánea. Rítmico, contagioso en sus vibraciones, e incisivo y lascivo. Impresionante y sublime.

Si el punto que más puede llamarnos la atención es su guitarra asesina, la sección rítmica no se ve ensombrecida. La vigorosa batería  de Chet y la nitidez y contundencia que Salty le imprime al bajo hacen un conjunto que se aproxima a la perfección. si a eso unimos, los momentos en la segunda parte del álbum, en los que la banda incorpora los sonidos de saxo de Sam, la ecuación queda resuelta milimétricamente.

“Lay it on me brotha” abre un disco en forma de arenas movedizas, que te atrapan en un su interior y del que no puedes huir. Siguiendo los dictado de Hendrix, estamos ante un dinámico tema en el que destaca una definida instrumentación, percibiéndose nitidamente todos los instrumentos. Un versión contemporánea del héroe de Seattle en la que se conjuga aquella esencia con retazos cercanos al stoner más psicotrópico. intensidad absoluta en un alegre corte.

Creando un clima evocador de los mejores momentos de la historia del rock, la línea de bajo de “Shaggy Dog”  así como el tono y la cadencia de los registros vocales, unido a una vertiginosa interpretación inspirada en momentos boogie -rock, los riffs de guitarra brillan ondulantes. Retorciéndose constantemente en ese deambular, los tonos negroides se empiezan a vislumbrar.

La versatilidad de unos temas que recogen los frutos cosechados anteriromente, logran que “Get in the van”, aunque con la misma base, se contonee lasciva y sugerentemente. Con porte provocador, atesora una cierta sensualidad en sus chulescas formas.

Si el disco destaca desde la primera nota por su ejercicio de fuzz, en “Right on” el derroche es apabullante. Borboteando, GRASS trata de estirar los riffs hasta el infinito. La sección rítmica, incesante y frenética en su roll, serpentea en subidas y bajadas de intensidad, tornándose hacia espacios en los cercanas al funky, generando un abanico de sonidos mucho más amplio. la repetición de los riffs contribuye a la frescura y vivacidad del corte.

El saxo hace su aparición en “Leadfoot”, con el ritmo  se fusionando con sus notas. Intercalándose con un bajo agitador y el cambio en la cadencia de la bateria, hace que el corte ya si, sin contemplaciones se adentre en los territorios funky que el tema anterior había explorado tímidamente. Este tema impide que los cuerpos se queden estáticos, torneandose atraidos a un baile ritual.

Un nuevo elemento sonoro aparece en “Where are you Sam?”. Ya inmersos en la atractiva y lasciva vorágine funky,  elementos de jazz hacen acto de presencia en una combinación que recuerda a RARE EARTH compitiendo con JIMI HENDRIX en una pista de baile. Ritmo y swing conjugados con incendiarios solos de guitarra heavy-psych. Una arrolladora espiral sonora que llega a adquirir tintes diabólicos en un ejercicio redentor para ahuyentar malos espíritus. Todo un ritual liberador.  

En este punto, ya comienzan a faltar los calificativos para definir lo que “GET IN THE VAIN” nos ofrece, cuando un nuevo giro de tuerca se ejecuta en “Whale”. Un cambio de estado de ánimo que nos traslada a los momentos más ácidos de la banda. Con una herencia de sonidos west-coast a lo largo de poco más de minuto y medio.

Ahora sin voces, “Gastronaut” explora territorios más puramente retro-rock manteniendo esos riffs efectivos y afilados, con una fluida cadencia.

“Big bad Sam”, el tema más largo del disco se desarrolla bajo ritmos de boogie-rock que GRASS colorea gracias al saxo. Vacilón e incitando al contoneo y al baile, un contoneante aquelarre con mucho groovy, se desvanece suavemente para volver a la intensidad con la guitarra de Andrew. Un aparecente desmayo producido por voces y coros blues-rock elevan la ondulante trayectoria el tema hasta que este se transofrma en la parte final usando elementos lisérgicos que salen a la luz guiados por el oscilante saxo. Las sugerentes reverberaciones de fuzz siguen presentes como sello de identidad.

El tema que cierra el disco, “Back from space”, utiliza mimbres típicos del hard rock setentero aderezandolos con la esencia Hendrix. Tras la fuerza inicial, va decayendo a momentos en los que el thc parece impregnarlo, para resurgir en momentos de de aparente histrionismo.

Brillante, muy brillante trabajo, que en cada nueva escucha muestra más y más matices que tras el apabullamiento de la primera audición van saliendo a la luz. 

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RRRAGS.- “Rrrags”

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Banda belga compuesta por Ron van Herpen (guitarra) Rob Martin (voces y batería) y  Rob Zim (bajo). El registro fue grabado por Danny Gras en Kift estudio y por Marcel VdVdV en Torture Garden Studio.

Un debut con una madurez sorprendente para una banda que lleva solo ocho meses junta.

“Bones” abre con un blues-rock viril y enérgico. Con ambientación sureña y unas voces con regusto soul con un gancho suficiente para que despierte nuestra curiosidad que nos depararán los siguientes temas.

Con una cadencia ajustada y ese feeling setentero “Rag Machine”, da muestra de los registros ciertamente soul de Rob Martin. Ecos de FREE o de BAD COMPANY se vislumbran en sus surcos sobre unos pasajes de jam psicodélica en los que la línea de bajo con regusto sureño de Rob brillan con luz propia. 

A estas alturas, y con solo dos temas, nos percatamos de que estamos ante una sólida formación. Los riffs iniciales de “Silence is deafening“,  y esa incesante batería dan paso a un túnel de atmósferas lisérgicas. Bajo ese rítmo frenético que Rob imprime, los  punteos redoblados hacen que el tema no decaiga en oscuro.

Como si de una revisión post-CACTUS se tratara, la voces corales, con ese aura ligeramente lisérgica, hacen de “On with the journey” un tema fresco como una lechuga, cadente. La banda parece amenicaricarse en su sonido más aún.

Una pseudo-balada aludinógena con tintes más comerciales y presidida por una linea de bajo ácido misterioso. “Faraway faces” sirve de lucimiento vocal a Rob Martin, mostrando todo sus potencial en registros blue-soul llenos de calidez, ambientados en una psicodelia profunda.  

Toda la instrumentación se complementa a la percepción con las voces en unos temas perfectamente acoplados. Es sorprendente ese buen hacer en una banda novel que ya demostró su potencial en el pasado Roadburn Festival. Por algo será….

“Galaxy’s hygiene” cierra este brillante debut con atmósfera espaciales, lo cual demuestra la versatilidad de los belgas. Unos constantes desarrolllos de guitarra y una batería irreductible hacen que la banda se pierda en una auténtica jam-espacial en la que los efluvios psicotrópicos envuelven el ambiente dejándonos expectantes. Todo un viaje vibrante a lo largo de diez minutos en los que RRRAGS prescinde de las voces, usando solo una alocución final que le impreme más caracter intergaláctico al tema.

 

 

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