Reseña: ELLIS/MUNK ENSEMBLE.- “San Diego Sessions”

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Si unes a dos talentos llenos de virtuosismo como Jonas Munk (CAUSA SUI) a la guitarra y Brian Ellis (BRIAN ELLIS GROUP, ASTRA, PSICOMAGIA) a los teclados, y  les acompañas de una corte de músicos de lo más granado de la escena de San Diego como Dominic Denholm (bajo) (MONARCH) Thomas DiBenedetto (Batería / guitarra) (SACRI MONTI, MONARCH, ex-JOY) Anthony Meier (bajo, teclados) RADIO MOSCOW, SACRI MONTI), Dylan Donovan (guitarra) (SACRI MONTI, PHARLEE), Paul Marrone (batería) (RADIO MOSCOW, ASTRA, PSICOMAGIA, COSMIC WHEELS, BIRTH, BRIAN ELLIS GROUP) Andrew Ware (batería) (MONARCH), Trevor Mast (bajo)  (BIRTH, PSICOMAGIA, BRIAN ELLIS GROUP, ex-JOY), Conor Riley (teclados) (ASTRA, SILVER SUNSHINE, BIRTH), Andrew Velasco (percusión) (LOVE, THE CITY  & SPACE), Evan Wenskay (SACRI MONTI) y Kyre Wilcox (bajo) (TRUTH ON EARTH) dejándoles tocar con libertad en unas sesiones en la soleada California, la tormenta perfecta está servida. Una bacanal de ritmos con unos tambores atronadores entre una sangría psicotrópica de la guitarra y unas teclas vintage multicolor con elementos jazz y una cierta vocación espacial acompañan la orgía lisérgica que crean en cada tema. Temas que son como auténticos agujeros negros que acaban por atraparte en su interior y que son como un brebaje intoxicante que hace que durante cerca de una hora, nos olvidemos del mundo terrenal para embarcarnos en un viaje cósmico del que no querrás salir. Cortes exuberantes llenos de matices y sonidos  fluyendo libremente, sin ataduras, pero que acaban por conseguir que todo tenga sentido, y ahí está su mérito. 

Podríamos decir que estamos ante ese segundo álbum de PSICOMAGIA que tanto llevamos esperando. Al menos su contenido es el que yo me hubiera imaginado de esa segunda entrega que por ahora no ha llegado. La fé es lo último que se pierde.   

Si hay trabajos experimentales de estas características que su digestión no es del gusto de todos los públicos, en este álbum, ya seas fan de estos sonidos, o no, si lo pruebas,  acabarás completamente atrapado. Puede ser que teniendo en cuenta los antecedentes, cosas así solo pueden suceder en San Diego.  Con los roles bien definidos, Jonas nos ofrece una orgía psicodélica que es amortiguada por los teclados de Ellis, ofreciendo distintos aspectos, a veces espacial, otras progresivo, en muchas ocasiones jazz. Todo es válido y más si se hace de la forma en la que lo hacen estos talentosos músicos. Todo un brebaje embriagador de proporciones monumentales que nadie debería dejar pasar sin disfrutarlo.  

“SAN DIEGO SESSIONS” está disponible vía El Paraiso Records.

“The wedge” abre el álbum con los rebosantes tambores como preludio de una jam ácida en la que encontramos numerosos elementos progresivos. La libre creación en un tema psicodélico con un ritmo arrollador. Solos interminables entre teclados envolventes y efectos incesantes. Una bacanal de sonido que nos atrapa sin remisión en mundo en el que los psicotrópicos son el plato principal. Con una vocación avant-garde los teclados confluyen con los solos de Jonas en un viaje a los confines de la psicodelia más abrumadora. Con momentos casi espaciales, la travesía se convierte en tortuosa mientras los músicos lograr combinar pasajes mágicos con perturbadores momentos instrumentales. Toda una experimentación en la que los músicos parecen sentirse cómodos en esa orgía de instrumentos que por momentos parece anárquica pero que finalmente logra unir todas las piezas del puzzle con maestría. Un exuberante tema que fluye con brío pero cuidando los detalles.

En un escenario aparentemente más calmado, “Pauly’s Pentacles”, también con once minutos supone un nuevo paseo por atmósferas psicodélicas. En esta ocasión más cercanos a postulados espaciales, la sangría de la guitarra de Jonas produce una hemorragia de pasajes de mágica psicodelia con un trasfondo más sosegado. Pura acidez si, pero a la vez amortiguada con las dosis vintage de las teclas de Brian.  Un espacio cósmico en el que los músicos se mueven con facilidad tomándose un respiro del frenesí del corte anterior.  Mucho más narcótico y hechizante, el tema deja espacio para el lucimiento de esa dupla maravillosa que componen Jonas y Brian. Inspìrados en momentos hendrixianos, van creando una serie de capas superpuestas que elevan la intensidad del tema. Una evolución que vuelve a sumergirse en esa poción mágica llena de alucinógenos para ofrecernos un tema lleno de una intensidad no reñida con la belleza. Si el tema anterior conseguía atraparnos entre sus fauces, aquí el efecto narcótico nos lleva a un estado flotante en el que nuestros sentidos son estimulados en cada acorde, en cada nota. sin dejar espacio para la pausa el tema fluye y evoluciona por esos insondables entornos nebulosos ubicados en un lugar indeterminado de la galaxia en el que la magia surge espontáneamente.  

“Munk’s dream”, un título a priori muy evidente, nos hace presagiar un nuevo paseo por el lado más acolchado de la psicodelia. Con una cadencia rítmica algo más contenida, la guitarra de Jonas desprende belleza y magnetismo en cada nota, mientras Brian toma un papel secundario aunque fundamental para poner la guinda a ese ambiente de ensueño en el que se desarrolla el tema.

En “Electric saloon” se vislumbra un mayor peso de Ellis en la composición, aportando ese toque funk a la psicodelia florida. Con ornamentos jazz, el corte conjuga distintos estilos manteniendo sus genes psicotrópicos.   Aquí se percibe la influencia del sonido que lleva caracterizando a San Diego desde hace años. No en vano en el disco participa la flor y nata de la escena local, y eso, sin duda se hace sentir. Con la guitarra instalada en la psicodelia más vanguardista, y las teclas oscilando entre distintas vibraciones van tejiendo otro tema impactante y atrayente que nos sitúa en su parte final en los confines del universo entre una nueva bacanal de ritmos.   

Cada canción parece ser como un agujero negro que te atrapa para transmitirnos variadas sensaciones que lo alejan de la monotonía. 

“Bucket Drips” se sumerge más en una espacio jazz con complementos psicodélicos. susurrante y cauteloso, el tema va describiendo una atmósfera oscura e intrigante. Casi desde el silencio, despliegan sus virtudes en un escenario distinto al de los cortes anteriores. Jugando siempre con los sonidos en distintos estratos, aportan un tono vintage a los hechizantes acordes. Masajeando con cada nota, logran crear el sosiego y un estado sensorial de lo más gratificante. 

Alejándose aparentemente de la bacanal perturbadora, “Larry’s Jungle Juice” emerge con sosiego para ir convirtiendo su forma a una especie de free-jazz lisérgico que acaba por precipitarse en una nueva jam. La improvisación en estado va construyendo un hipnótico tema que va volviéndose más tormentoso a diferencia del sonido que le vió nacer. Por momentos, decantándose por el exotismo, extraños coros parecen presentarse como espectros momentáneos. Revolviéndose entre una nueva orgía de ritmos y solos en un ejercicio experimental de proporciones monumentales. 

“Stone Steps” cierra el álbum por un prado acolchado de psicodelia aromática con vocación cósmica. Sutiles pinceladas jazz se pintan en es cuadro caleidoscópico que van creando en esta nueva jam. elegantes momentos que contrastan con la virulencia de los tambores o la ambientación espacial. Por el lado más narcótico se van dejando llevar por ese viaje lisérgico con destino indeterminado. Dicen algunos que lo importante no es la meta, sino el camino. Pues aquí parece que siguen esa premisa, dedicándose a que cada nota, cada acorde, cada riff, sea único e irremplazable.  El final del tema me da razón, ya que acaba diluyéndose sin ningún final. ¿Será esto una puerta abierta a una nueva entrega?

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Reseña: MARTIN RUDE & JAKOB SKOTT DUO.- “The Discipline of Assent”

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Los músicos daneses Martin Rude (SUN RIVER) y Jakob Skøtt (CAUSA SUI) se unen bajo el proyecto MARTIN RUDE & JAKOB SKOTT DUO para crear un disco desafiante que rinde tributo a innovadores del jazz como Miles & Trane, Mingus o Sun Ra. Es completamente habitual ver a los miembros de CAUSA SUI en distintos proyectos en los que poder experimentar sin ataduras, aquí una vez más, su batería lo consigue. Estamos ante un trabajo no apto para todo tipo de oídos, un álbum que no entra al oyente a la primera, y que probablemente solo los más fanáticos del género puedan entender, pero aún así, tras varias escuchas, uno puede comprobar que hay mucha calidad en sus temas. Sustentado en la exploración de distintos ritmos de percusión arropados por bajo y sintetizadores principalmente, “THE DISCIPLINE OF ASSENT” juega con el free-jazz y la psicodelia exótica con un sonido estratificado en distintas capas improvisadas con algún elemento raga. El álbum fue grabado en una sesión el 3 de marzo y contó con la colaboración de Jonas Munk en la parte de sonido, antes de la edición efectuada por el propio Jakob manteniendo el espíritu de la improvisación.  Estamos ante la libre creatividad de dos talentosos músicos que plasman distintas atmósferas en temas dispares que no te dejarán indiferente. 

“THE DISCIPLINE OF ASSENT” está disponible vía El Paraiso Records.

“Flaiss & strands” nos introduce a un trabajo en el que la experimentación y la fusión son su leitmotiv. Ecos jazz sustentados en la increíble batería de Jakob jugando con distintos ritmos entre efectos para sumergirse en una especie de free-jazz no apta para todos los oídos. El resultado es un corte aparente inconexo en el que los instrumentos parecen ir completamente por libre. 

Recreándose con los tambores, “A new revival” muestra un gran trabajo de apoyo en el bajo de Martin. Creando una extraña atmósfera psicodélica y con la percusión algo más contenida en el avance del tema, el magnetismo del bajo nos invita a una exploración sideral apoyándose en los sintetizadores. 

En una apacible escenario de intrigante psicodelia “Aurelius Dye” adornado con aromas exóticos el dúo construye un compacto tema lleno de aromas refrescantes y la vez narcotizantes. Una belleza magnética hace que todo esté mucho más ensamblado y se muestre como un tema al uso, en detrimento de la libre experimentación. 

“Setenta y tres” supone el vértice del triángulo en el que la psicodelia los sonidos kraut y el jazz se unen en pos de un único fin. Sobre una atmósfera avant-garde los tambores vuelven a ser los protagonistas en este entorno de libre creación. 

Volviendo a la estructura tradicional de canción “Sequoia sketch” habita en un espacio de apacible psicodelia con suaves acordes bajo un manto lisérgico que cubre una estructura más sinfónica. 

Con vibrantes ritmos y un bajo lleno de magnetismo, “The slip” se construye ladrillo a ladrillo, De una forma anárquica y rodeado de extraños efectos el tema coge forma manteniendo la libertad compositiva.

“The short sun” retoma el espacio psicodélico vistiéndolo de una ambientación más campestre. Incorporando elementos sinfónicos sobre unos ritmos algo más contenidos van tejiendo un corte atmosférico con bellos y luminosos pasajes ensoñadores. En esta ocasión el dúo construyen un corte susurrante y plácido alejándose de alguna manera de la experimentación de la mayoría de las canciones del álbum. 

Los hipnóticos sonidos de vanguardia hacen acto de presencia en “Random treasures”. Inspirados en momentos free-jazz el tema contiene todo un catálogo de ritmos que juegan con los tiempos entre los extraños desarrollos de los sintetizadores. Aún así, el tema posee un gran magnetismo gracias a la cierta inclinación kraut que Jacob imprime a sus tambores.

Para cerrar el álbum nos encontramos con el tema más largo. “Mountain montage” con sus más de once minutos contrasta con la mayoría de los temas que rondan los tres minutos. El corte nos susurra con mágicos acordes de psicodelia exótica con los tambores y platillos mucho más contenidos. Un espacio de calma sobre bellas y delicadas armonías en las que la guitarra toma el protagonismo para regalarnos acolchados pasajes que nos acarician con delicadeza. En contra de lo que suele ser habitual, la larga duración del tema no presenta la experimentación que podría intuirse, sino que por el contrario consigue la canción más “al uso” de todos este peculiar trabajo. Un tema compacto, bien hilvanado, y que pone el colofón con brillantez a un trabajo en el que la experimentación es su meta. 

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Reseña: ORGÖNE.- “Mos/Fest”

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“MOS/FET”, el debut del quinteto francés ORGÖNE, nos invita a un viaje al interior de un mundo sónico de misticismo lleno de dioses antiguos y paisajes sonoros tribales del espacio exterior. Escuchar “MOS/FET” es como abrir un viejo libro de ciencia ficción que mezcla la cultura pop de los 70, el antiguo Egipto, el panafricanismo y las exploraciones espaciales. Su peregrinación progresiva, rock espacial, vanguardista y pesado se combina a la perfección con la voz única de la cantante principal Olga Rostropovitch, toda una sacerdotisa que hace de perfecta maestra de ceremonias para este alocado ritual ocultista de ruido y psicotrópicos con ambientación exótica. Sus cuatro suites de 20 minutos cada una, brindan una inmersión completa de la que no escapará ileso. sonidos paranoides en una bacanal de ritmos con un motorik diabólico e hipnótico. No es demasiado frecuente encontrarte como debut de una banda un álbum doble, pero la amplia creatividad de estos chicos para crear temas orgánicos hace que estemos ante un álbum de 80 minutos de intensidad y de sensacionales para no dejarte indiferente. El sonido es fuerte, gordo, pesado, distorsionado, agresivo, atmosférico, hechizante, todo al mismo tiempo y con un único objetivo de embarcarnos en una odisea a un particular mundo en el que todo puede suceder. Un mundo saturado, con ritmos retorcidos, melodías espaciales y sus encantamientos vocales para una interpretación explosiva que coquetea con lo perturbador y lo prohibido, pero siempre con humor. Orgöne desarrolla un universo atípico y onírico que se siente tanto en los textos como en la música.

‘MOS/FET’ fue grabado en Blue Anvil Sound por Justin Nicquevert, mezclado por Tom Penaguin y masterizado por Nicolas Moreau y Pierre Le Gac en Le Garage Hermétique, y está disponible vía Heavy Psych Sounds.

ORGÖNE son: Allan Barbarian (batería y percusiones, coros), Nick Le Cave (bajo, coros) Tom Angelo (órgano eléctrico, sintetizadores, pianet, mandolina, clarinete, grabadora) y Marlen Stahl (guitarra, violonchelo, violín, coros).

En 2015 se conocieron Nick Le Cave (bajo) y Marlen Stahl (guitarra), veteranos de numerosas bandas francesas de Indie-Rock, Free Rock y Rock In Opposition/Avant-Garde. Junto con Mat La Rossa a la batería, decidieron crear una banda de rock “back to basics”, en su ciudad natal de Rennes (Bretaña). Esto llevó al nacimiento de ORGÖNE Luego, en 2018, la partida de Mat La Rossa, que no estaba de acuerdo con la idea de pistas largas y épicas, condujo a un cambio radical pero natural. Con la llegada de Allan Barbarian en la batería y Tom Angelo en los teclados (ambos también están tocando con la banda de stoner DJIIN), la banda volvió casi a cero y luego pudo concentrarse en largas “Suites”, con movimientos, en una forma de rock progresivo, permitiendo que la banda mezcle elementos de sonidos tribales, árabes, ritmos motorik, pared de sonido del espacio orgánico y mucho más, de una manera muy específica. “MOS/FET”, Con la llegada de la salvaje franco-polaca Olga Rostropovitch en la voz principal, comenzaron a experimentar y explorar muchos territorios, mezclando rock estoogiano, noise-rock, pistas “motorik” de krautrock, largas improvisciones. Esos experimentos condujeron a un sonido específico contaminado cada vez más con texturas psicodélicas, rock espacial y elementos noise, con indicios progresivos.

Tras el inquietante acto inicial lleno de teatralidad, “Erstes ritual” se sumerge en una locura de ritmos en tonos arábigos con un cierto aire aturdidor. Una voz con una cierta vocación punk se modula cual cantante de cabaret en un túnel que va ganando oscuridad en su avance. Espacios tenebrosos con gran épica cinematográfica que sin prisa se van adentrando en territorios más psicotrópicos.  El sonido del inquietante órgano pastoral tras las nebulosas acaban por construir un vodevil lúgubre y sombrío. Una escenificación que tras varios actos en su trama concluye siendo seducida por poderosos riffs psycho-doom, tras veinte minutos de intensidad sonora. Un extraño pero absorbente corte. 

Tras cerrar ese primer acto la pulsante y gruesa línea de bajo entra en batalla con guitarra y órgano en “Requiem For A Dead Cosmonaut”. un tema con sonido alternativo pero lleno de pesadez. Turbio, sideral, y aturdidor. Todo un frenesí para entrar con fuerza en el segundo acto con el motorik a su máxima potencia.     

Tras una apertura inquietante y llena de tensión, “Soviet Hot Dog (Le Tombeau de Laika)” se muestra con un aspecto misteriosos bajo su aura psicodélica para convertirse en un tema tormentoso y paranoide. La esquizofrenia de su perturbador sonido culmina con histriónicos riffs stoner-doom bajo desgarradores lamentos rebosantes de teatralidad. 

La psicodelia psicotrópica  es la seña de identidad de “East song”. Bajo narcóticas atmósferas construidas con un cadente ritmo y aura de misterio, caminan lentamente hasta la encrucijada experimental en la que desarrollan un sonido que me rememora a Curved Air en una versión psicótica. 

El tercer acto explora territorios desérticos. “Ägyptology” un enigmático nombre que nos indica el camino que tomarán los italianos en esta ocasión.  Un desierto sin cactus pero con palmeras en el horizonte y las tumbas de los ancestros como un reto por descifrar. Una tortuoso camino lleno de obstáculos que se salpica con fuzz narcótico. Una exploración que se interna lentamente en territorio hostil como refleja su sinfonía. Mothership Egypt”  Adentrándose en la segunda parte en un tortuoso terreno en los que los gruesos riffs lo enturbian todo. Entre platillos rituales y con la sensación de haber traspasado un umbral, las armonías mediterráneas ponen banda una banda sonora que venera la luz en la noche.  

Los tambores y ritmos tribales de “Rhyme Of The Ancient Astronaut” nos invitan a una orgía de vibraciones y sonidos. El cálido y pulsante bajo pone la calma con momentos mas pausados arropado por mil efectos. 

Cerrando el círculo, “Astral Fancy” es otro tema de casi veinte minutos, que como en el primer acto, sirve para dejarse llevar por ritmos tribales con olor a secta en un ritual ocultista con ritmos kraut. Un ceremonial entre aromas arábigos que va adoptando tintes espaciales. Otro espacio para desarrollar sonido paranoides llenos de hipnotismo como fórmula para alienarnos. Una jam avant-garde que juguetea con las formas y sonido hasta la lucra final. 

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Reseña: CENTRE EL MUUSA.- “Centre el Muusa”

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No tengo mucho conocimiento sobre la escena underground de Estonia, pero me resulta gratificante saber que existen banda de la calidad que atesora CENTRE EL MUUSA en su debut homónimo. En activo desde 2.015 bajo el nombre de CENTRE ELECTRONIQUE MUUSA, el proyecto comenzó como un dúo electrónico vanguardista formado por Panfilov y Brodsky en 2018, a los cuales se unió Monika Erdman en el bajo y Aleksei Semenihhin a la batería.  Combinando electos de la música kosmiche con sus hipnóticos ritmos kraut, y altas dosis de psicodelia espacial en línea Hawkwind, nos presentan seis temas repetitivos que aturden nuestra neuronas. Bien sea en tortuosas epopeyas cósmicas o en espacios más ambientales, consiguen narcotizar al oyente con ese sonido aturdidor lleno de magnetismo.  Un álbum cósmico y tormentoso que combina muchas dosis de alucinógenos con su vocación espacial. Adormecedor y catártico, cada tema nos arrolla con sus repetitivos ritmos y una pulsante y atrayente línea de bajo entre sintetizadores y efectos envolventes. Gravitando en insondables espacios siderales los temas nos adormecen con su aturdidora y narcótica carga psicodélica. Coqueteando tanto con momentos avant-garde en los que el jazz se vislumbra tímidamente así como con otros en los que la música ambient tiene su espacio entre una instrumentación que se inclina hacia la frontera de la electrónica pero sin atravesarla nunca.   

Realizado por 4 músicos, incluyendo uno de los multiinstrumentalistas más creativos y prolíficos de Europa con es  Misha Panfilov. Es famoso por sus (principalmente) sencillos instrumentales de funk psicodélico y álbumes electrónicos de Misha Panfilov Sound Combo (Funk Night Records, EE. UU.), así como por el krautrock de Jazzy de Estrada Orchestra eb el mismo sello americano. Volodja Brodsky es cofundador de la banda y maestro en los sintetizadores de piano eléctrico y espacio Wurlitzer.

Grabado y producido por Misha Panfilov. Dominada por Jorgen Hermaste y disponible vía Sulatron Records en en vinilo turquesa 180 gramos, CD en Digisleeve en una edición de 500 copias cada uno a partir del 26 de junio.

“Turkefish” abre el álbum con los hipnóticos ritmos kraut tan presentes en todo el trabajo. Como herederos de Hawkwind, generan una odisea psicotrópica en una atmósfera espacial entre ritmos repetitivos y frenéticos. En esa turbia e insistente espiral insertan buenas guitarras llenas de acidez. Tras el fuerte empujón del comienzo, el corte frena bruscamente para gravitar entre efectos y sintetizadores por esos entornos siderales en los que se desarrolla. Variando algo la cadencia rítmica se torna mucha más lisérgico con sinuosos pasajes de bajo que van arrastrando al resto de los instrumentos para retomar la travesía. Entre coloristas pasajes de teclados nos acaban de renunciar al insistente y aturdidor ritmo. Toda una terapia que socava las neuronas del oyente con esa reiteración turbadora de ritmos casi robóticos para concluir en una especie de jam avant-garde con algún elemento free-jazz.

Con cierta sutileza y cambiando el tono del tema anterior “Glitter Bo” transcurre entre sosegados acordes que van constituyendo un entorno mas amable y reconfortante para el oyente. El magnético bajo mantiene ese tono hipnótico que es todo un santo y seña de la banda estona, entre pasajes de psicodelia reconfortando arropada por efectos flotantes que gravitan sin un aparente rumbo. Bellas melodías de guitarras fluyen con delicadeza creando un entorno cálido antes de elevar la intensidad en un nuevo despegue hacia los confines del infinito sideral. 

Recuperando los ritmos kraut, “Ain’t got enough mojo” se desarrolla bajo los dictados de la corriente kosmiche más ortodoxa  sin salir de esas insondables atmósferas siderales. 

El rock espacial con un cadente bajo y lleno de sintetizadores el el soporte de “Burning lawa”, si bien se dejan llevar por la psicodelia más profunda en un trace cósmico que nos sitúa en una dimensión paralela. Un tema completamente narcótico y turbio. 

Esa magnética y susurrante línea de bajo inicia “Mia” para mutar el carácter difuso por melodías mucho más progresivas y sugerentes. sus hechizantes momentos confluyen en insondables atmósferas exentas de gravidez. La calma del universo infinito va describiendo el vacío sideral con reconfortantes acordes llenos de magnetismo que acaban adormecernos en un plácido sueño.  Casi en un escenario de música ambient,   con fuerte carga psicodélica nos hacen flotar durante los ocho minutos que dura el tema. Cerrando el álbum, en “Szolnok”  con sus efluvios lisérgicos parecen trasladarnos a entornos más familiares. Con un mayor protagonismo de los pasajes de guitarra y una estructura mas compacta, se muestran más pesados y compactos sin perder su estela turbia y alucinógena. Mutando súbitamente a modo de alunizaje, los pasaje heavy-psych mas reconocibles coquetean con ritmos que se muestran más pesados. Un tema fornido que da un giro a su carácter apareciendo más rural gracias a unos acordes de guitarra que coquetean con el country entre la densa carga kosmiche. Un curioso giro que resulta de lo más atractivo efectivo para mostrar otra faceta de la banda. 

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Reseña: FROZEN PLANET… 1969.- “Cold Hand Of A Gambling Man”

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Prolíficos y embarcados en varios proyectos, el trío compuesto por Paul Attard (guitarra), Lachlan Paine (bajo) y Frank Attard (batería) nos invitan a un nuevo viaje a través de las increíbles vibraciones a las que nos tiene acostumbrados. En “COLD HAND OF A GAMBLING MAN”, su octavo álbum, los australianos se muestran más pesados quizás de lo habitual. Para los amantes de las jams psicodelicas,  FROZEN PLANET… 1969 son toda una garantía de calidad, y aquí vuelven a dejarlo patente. Una nueva aventura que nos aporta una oportunidad para la expansión de nuestra capacidad sensorial a través de sus psicotrópicos temas. Una exuberancia sonora para deleitarse desde la calma, y si es con algún estimulante, mucho mejor. De esta manera podrás empaparte de toda la lisergia que sus surcos contienen. Siempre custodiados por la implacable base rítmica de Frank, así como como del hipnótico y pulsante bajo de Lachlan, la guitarra de Paul tiene vía libre para dejan patente todo un derroche de solos increíbles y alocados en los que dejar patente toda su técnica.  Con momentos herederos del rock más ácido de los 70, y con la sombra de Hendrix apareciendo en algún momento, el trío nos invita a un viaje por los confines de un universo sensorial lleno de matices y riqueza interpretativa. Reverberaciones, pausas, y auténticas bacanales rítmicas entre pedales y efectos, hacen de este álbum, un ejemplo a seguir para aquellos que tratan de hacer este tipo de música. Sin un concepto preconcebido, no dudan en incorporar elementos del rock espacial, psicodelia e incluso del jazz en este derroche de sensaciones. 

“COLD HAND OF A GAMBLING MAN” fue grabado, mezclado y producido por Frank Attard, masterizado por Noel Summerville correspondiendo el concepto de la portada y personajes son traídos a la vida por John Debono-Cullen, recuperándolos de su  álbum “THE HEAVY MEDICINAL GRAND EXPOSITION” con el que este trabajo está enlazado. El álbum está disponible a través de Pepper Shaker Records en descarga digital y CD, y en vinilo lo estará el próximo 15 de mayo vía Head Spin Records

“A sombre gathering” es una introducción con efectos atmosféricos que nos sirve de prólogo a la primera jam, “900 miles head rush”. Diez minutos de ritmo frenético en todo un viaje psicotrópico. Con un bajo cadente y pesado en interminables solos afilados que mutan entre atmósferas espaciales y momentos más propios de Hendrix. Enlazando la improvisación con la compenetrada dualidad bajo/batería haciendo que la jam tome forma de canción. El dinamismo de la primera parte se transforma en una levitación lisérgica en espacios flotantes y volátiles. Un giro que hace que el tema tome otro matiz pareciendo un corte distinto. Mas calmado y susurrante, la batería con su ritmo infatigable, ahora más rumoroso y el apacible bajo soportan una guitarra que describe misteriosas atmósferas. Por momentos inquietante, pero a su vez gratificante, los juegos de Frank Attard a las seis cuerdas reflejan toda la gran técnica que atesora.

Con “In the shadow off orces unknow” nos ofrecen un interludio para tomarnos un respiro entre pedales y distorsiones.

Embutidos en su traje espacial, en “Of medicine and moonshine: A mystic’s interpretation” Lachian Paine toma el control con su bajo mientras los lentos borboteos de la guitarra nos embarcan en espacios más siderales. Una atmósfera ingravitatoria sobre la cual parecen surcar el firmamento en busca de nuevas formas sensoriales. Completamente hechizante y cautivador se muestran hipnóticos, kosmiche casi kraut en tres minutos en los que el tema nos hace flotar en un calidoscópico entorno psicotrópico.  En la parte final del tema los ritmos se intensifican con un derroche de wah-wah y efectos múltiples que parecen esparcir su hechizo en esta ocasión soportados por unos tambores más versátiles.

De nuevo nos ofrecen un interludio en el que el protagonismo lo tiene un solo de batería. “Botanical barrelhouse”. Ciertamente me cuesta entender estos interludios en los álbumes, pero son muchas las bandas que los utilizan, así que….

Así llegamos al tema que ocupa la mitad del trabajo con sus   21 minutos. “Trascending verbal concepts”. El tema nos ofrece los momentos más ardientes de una bacanal sónica en la que cada miembro se toma su propio espacio para deleitarse con su instrumento. Aquí el concepto de jam adquiere una nueva dimensión. Hipnotismo absoluto de l cadente bajo de Lachian, un descenso de la intensidad hasta espacio en los que el silencio se apodera del tema mientras los platillos chistean con sutileza entre efectos envolventes. Pasando por una fase más rítmica y menos trascendental una aceleración nos devuelve a la guitarra, en esta ocasión con una doble personalidad, desdoblándose una y otra vez en interminables solos y con pasajes más ácidos. Tras unos minutos de intensidad retoman el catártico estado psicodélico de una forma mas anárquica. EN la parte final recuperan lo insondables espacios flotantes con punzantes acordes, en los que se intuyen una influencia algo jazzística.

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