Reseña: SLAP GURU.- “Umashi’s Odyssey”

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Hace algunos meses recibía este glorioso álbum de los madrileños SLAP GURÚ, y aunque por circunstancias que no vienen al caso no ha sido posible hacerlo antes, ha llegado el momento de que su contenido sea por fin destripado en esta reseña. Un álbum conceptual basado en la novela “Umashi’s Odyssey” escrita por el ex guitarrista Alberto Martin Valmorisco.

“UMASHI’S ODYSSEY” es el tercer álbum de una banda que en cada nuevo trabajo nos continúa sorprendiendo y que parece no tener límites en su creatividad. En esta ocasión cada canción es un capítulo de la historia y por eso el sonido toma prestadas influencias de todo el arco iris de géneros musicales. Desde el hard-rock y el heavy-blues de tintes 70’s que les lleva caracterizando desde su nacimiento allá en 2.015, a riffs stoner, gruesos y cadentes momentos doom, el folk del norte de Europa uniéndose en una encrucijada con los exóticos sonidos llegados de oriente, pero sobre todo, si por algo puede diferenciarse de sus anteriores álbumes es por los grandes pasajes psico-progresivos que incorporan en unos temas llenos de giros y trucos de magia que pueden descolocar al oyente, pero que acaban seduciéndole al interior de unos surcos ricos en matices. Una narrativa en la que surgen mil tramas inesperadas y en la que la banda parece no ponerse límites, regalándonos incluso momentos entre el punk y thrash metal. SLAP GURÚ es una banda que he visto en directo en multitud de ocasiones en pequeñas salas con poco público, y siempre han sido capaces de crean el mejor ambiente posible, dándolo todo sobre el escenario y dejando patente toda su calidad. Desde el esmero que ponen para que todo suene perfecto a una actitud a prueba de bombas. Todo un derroche de sudor y sentimientos que perfectamente pueden verse reflejados en “UMASHI’S ODYSSEY”, un trabajo que debería auparlos a tocar en escenarios de mayor postín y que probablemente sea el más completo hasta el momento. 

“UMASHI’S ODYSSEY” está disponible vía Sixteentimes Music.

“Acid 1” refleja el rock de la vieja escuela adornado con vientos sureños entrelazados con pasajes heavy-blues. Un ardiente tema en línea más propia de Rory Gallagher o Tony Mc Phee, mecidos por la brisa del medio-oeste. Un tema pegadizo en el que se vacían en desgarradores momentos de rock sin aditivos con sabor a 70’s. Todo un derroche de energía y ritmos contagiosos entre guitarras asesinas y un sorprendente final acústico. 

Mas hard-rock vibrante y salvaje nos trae “The dark militia”. El tema nos arrolla a ritmo de boogie-rock diabólico para ir mutando hacia un corte heavy-rock. El trabajo de las voces y coros tiene mucho que ver en este giro, así como en la evolución a un escenario en el que el blues experimental hace que su aspecto cambie por completo. 

En “Siderous fatum” SLAP GURÚ elige un escenario progresivo para su desarrollo. Un tema denso que reposa en apacibles estancias con cierto misticismo en el ambiente. Un punto de encuentro entre el folk y lo progresivo con bellas melodías vocales. Apacible aterciopelado  y con alma psicodélica. Es probable que el tema pudiera hacernos pensar que estamos ante otra banda tras la escucha de los dos primeros temas, pero esa es una de las grandezas de la banda y en particular de este trabajo. El tema eclosiona con una mezcla hard-doom sinfónica entre afilados solos de guitarra para descender a un ambiente más oscuro en el que lo chamánico hace acto de presencia en una variada combinación de estilos. 

El espíritu de Hendrix aparece en las guitarras de “The Night With It’s Spells”. La dupla de guitarras asesinas se va tornando su sonido sucumbiendo a los dictados Sabbath antes de, en un nuevo giro argumental, y sin tiempo para situarnos en el tema, llevarnos a una atmósfera humeante de blues-rock más propia de Free. Flotando entre  humo cannabico el corte saca a relucir su lado tosco y primitivo. Efectivos riffs juguetean con lo retro y lo ácido para seguir moldeando el tema. 

“Erkil” es toda un locura que coquetea con el thrash y el punk sobre ritmos diabólicos. Una implacable batería y riffs que repiten una y otra vez entre extrañas locuciones. Vibrantes momentos freak en un corte a hace subir la temperatura entre guiños stoner y solos punzantes. Toda una invitación al desenfreno y a los pogos.

En un escenario dark-folk “Who can say it’s night?” brota lentamente para ir torneandose hacia una propuesta de blues lisérrgico. Toda una coctelera de L.S.D. en cada acorde para flotar en mágicos espacios narcóticos.  Un gran tema ideal para el “viaje”.

Entre toda la amalgama de estilos, también hay espacio para los sonidos exóticos. “My shadow kills” con los mágicos acordes del sitar entre pesados riffs stoner tiende un puente con la California hippie para teletrasportarnos a un entorno exótico de tintes trascendentales. Voces llenas de sentimiento habitan en una dualidad con numerosos ornamentos. Inclinándose a sonidos más propios del Mediterráneo vuelve a tender un nuevo puente entre las orillas del Mare Nostrum y sus culturas. En este escenario también tienen cabida pinceladas progresivas para enriquecer aún mas un corte que culmina en atmósferas de una exuberante psicodelia. 

La faceta más chamánica regresa en “The blind polifemo”. Inquietantes ritmos ejecutados con dinamismo y con el blues en el ambiente entre acordes que se vuelven cada vez más contundentes, pero sin llegar a eclosionar. Aquí las guitarras ácidas no faltan a su habitual cita en otro serpenteante tema. 

Sacando a la luz su lado más tierno, con una voz casi a capella, “The plastic island” se deleita en delicados acordes en una evolución hacia un territorio más propio del hard progresivo. Una montaña rusa con acolchadas laderas mullidas en las que la hierba crece alta amortiguandonos cualquier caída. Con un interludio con efectos envolventes el tema cambia su aspecto como si de otra canción se tratar para ir adentrándose en atmósferas de psicodelia progresiva con aromas exóticos aportando aire fresco. Sus dulces melodías nos reconfortan para atraernos con toda su magia a una tela de araña de la que difícilmente podremos salir, haciéndonos participes de la narrativa. 

El álbum cierre con los pasajes de folk pastoral de “Meeting the mermaids”. Con una ambientación nórdica y aires de melancolía consiguen fusionarlo con elementos orientales. Siempre bajo el silencio místico que fluye del agudo y delicado sonido del sitar entre percusiones ceremoniales. La guitarra colorea esta fiesta multicolor que sirve como epílogo a un sobresaliente trabajo.

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Reseña: ORGÖNE.- “Mos/Fest”

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“MOS/FET”, el debut del quinteto francés ORGÖNE, nos invita a un viaje al interior de un mundo sónico de misticismo lleno de dioses antiguos y paisajes sonoros tribales del espacio exterior. Escuchar “MOS/FET” es como abrir un viejo libro de ciencia ficción que mezcla la cultura pop de los 70, el antiguo Egipto, el panafricanismo y las exploraciones espaciales. Su peregrinación progresiva, rock espacial, vanguardista y pesado se combina a la perfección con la voz única de la cantante principal Olga Rostropovitch, toda una sacerdotisa que hace de perfecta maestra de ceremonias para este alocado ritual ocultista de ruido y psicotrópicos con ambientación exótica. Sus cuatro suites de 20 minutos cada una, brindan una inmersión completa de la que no escapará ileso. sonidos paranoides en una bacanal de ritmos con un motorik diabólico e hipnótico. No es demasiado frecuente encontrarte como debut de una banda un álbum doble, pero la amplia creatividad de estos chicos para crear temas orgánicos hace que estemos ante un álbum de 80 minutos de intensidad y de sensacionales para no dejarte indiferente. El sonido es fuerte, gordo, pesado, distorsionado, agresivo, atmosférico, hechizante, todo al mismo tiempo y con un único objetivo de embarcarnos en una odisea a un particular mundo en el que todo puede suceder. Un mundo saturado, con ritmos retorcidos, melodías espaciales y sus encantamientos vocales para una interpretación explosiva que coquetea con lo perturbador y lo prohibido, pero siempre con humor. Orgöne desarrolla un universo atípico y onírico que se siente tanto en los textos como en la música.

‘MOS/FET’ fue grabado en Blue Anvil Sound por Justin Nicquevert, mezclado por Tom Penaguin y masterizado por Nicolas Moreau y Pierre Le Gac en Le Garage Hermétique, y está disponible vía Heavy Psych Sounds.

ORGÖNE son: Allan Barbarian (batería y percusiones, coros), Nick Le Cave (bajo, coros) Tom Angelo (órgano eléctrico, sintetizadores, pianet, mandolina, clarinete, grabadora) y Marlen Stahl (guitarra, violonchelo, violín, coros).

En 2015 se conocieron Nick Le Cave (bajo) y Marlen Stahl (guitarra), veteranos de numerosas bandas francesas de Indie-Rock, Free Rock y Rock In Opposition/Avant-Garde. Junto con Mat La Rossa a la batería, decidieron crear una banda de rock “back to basics”, en su ciudad natal de Rennes (Bretaña). Esto llevó al nacimiento de ORGÖNE Luego, en 2018, la partida de Mat La Rossa, que no estaba de acuerdo con la idea de pistas largas y épicas, condujo a un cambio radical pero natural. Con la llegada de Allan Barbarian en la batería y Tom Angelo en los teclados (ambos también están tocando con la banda de stoner DJIIN), la banda volvió casi a cero y luego pudo concentrarse en largas “Suites”, con movimientos, en una forma de rock progresivo, permitiendo que la banda mezcle elementos de sonidos tribales, árabes, ritmos motorik, pared de sonido del espacio orgánico y mucho más, de una manera muy específica. “MOS/FET”, Con la llegada de la salvaje franco-polaca Olga Rostropovitch en la voz principal, comenzaron a experimentar y explorar muchos territorios, mezclando rock estoogiano, noise-rock, pistas “motorik” de krautrock, largas improvisciones. Esos experimentos condujeron a un sonido específico contaminado cada vez más con texturas psicodélicas, rock espacial y elementos noise, con indicios progresivos.

Tras el inquietante acto inicial lleno de teatralidad, “Erstes ritual” se sumerge en una locura de ritmos en tonos arábigos con un cierto aire aturdidor. Una voz con una cierta vocación punk se modula cual cantante de cabaret en un túnel que va ganando oscuridad en su avance. Espacios tenebrosos con gran épica cinematográfica que sin prisa se van adentrando en territorios más psicotrópicos.  El sonido del inquietante órgano pastoral tras las nebulosas acaban por construir un vodevil lúgubre y sombrío. Una escenificación que tras varios actos en su trama concluye siendo seducida por poderosos riffs psycho-doom, tras veinte minutos de intensidad sonora. Un extraño pero absorbente corte. 

Tras cerrar ese primer acto la pulsante y gruesa línea de bajo entra en batalla con guitarra y órgano en “Requiem For A Dead Cosmonaut”. un tema con sonido alternativo pero lleno de pesadez. Turbio, sideral, y aturdidor. Todo un frenesí para entrar con fuerza en el segundo acto con el motorik a su máxima potencia.     

Tras una apertura inquietante y llena de tensión, “Soviet Hot Dog (Le Tombeau de Laika)” se muestra con un aspecto misteriosos bajo su aura psicodélica para convertirse en un tema tormentoso y paranoide. La esquizofrenia de su perturbador sonido culmina con histriónicos riffs stoner-doom bajo desgarradores lamentos rebosantes de teatralidad. 

La psicodelia psicotrópica  es la seña de identidad de “East song”. Bajo narcóticas atmósferas construidas con un cadente ritmo y aura de misterio, caminan lentamente hasta la encrucijada experimental en la que desarrollan un sonido que me rememora a Curved Air en una versión psicótica. 

El tercer acto explora territorios desérticos. “Ägyptology” un enigmático nombre que nos indica el camino que tomarán los italianos en esta ocasión.  Un desierto sin cactus pero con palmeras en el horizonte y las tumbas de los ancestros como un reto por descifrar. Una tortuoso camino lleno de obstáculos que se salpica con fuzz narcótico. Una exploración que se interna lentamente en territorio hostil como refleja su sinfonía. Mothership Egypt”  Adentrándose en la segunda parte en un tortuoso terreno en los que los gruesos riffs lo enturbian todo. Entre platillos rituales y con la sensación de haber traspasado un umbral, las armonías mediterráneas ponen banda una banda sonora que venera la luz en la noche.  

Los tambores y ritmos tribales de “Rhyme Of The Ancient Astronaut” nos invitan a una orgía de vibraciones y sonidos. El cálido y pulsante bajo pone la calma con momentos mas pausados arropado por mil efectos. 

Cerrando el círculo, “Astral Fancy” es otro tema de casi veinte minutos, que como en el primer acto, sirve para dejarse llevar por ritmos tribales con olor a secta en un ritual ocultista con ritmos kraut. Un ceremonial entre aromas arábigos que va adoptando tintes espaciales. Otro espacio para desarrollar sonido paranoides llenos de hipnotismo como fórmula para alienarnos. Una jam avant-garde que juguetea con las formas y sonido hasta la lucra final. 

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Reseña: ELEPHANT TREE.- “Habits”

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Desde hace varias semanas que recibí la promoción del álbum estoy enganchado a este nuevo álbum de los británicos ELEPHANT TREE. “HABBITS” tiene la capacidad de sacar de mí el tópico de: “Firme candidato a álbum del año”. Ya sé que es una frase que escuchamos con demasiada frecuencia, pero después de oír este trabajo, estoy seguro que muchos la repetirán. Un álbum en el que se nota que se han cuidado los todos detalles, y que contiene unos temas perfectamente trabajados, lo que hace que su escucha sea una experiencia emocionante y catártica. Con un enfoque en el que los teclados y sintetizadores así como un mayor protagonismo de la segunda guitarra, hace que sus temas adquieran una tintes monumentales. Esa combinación de elementos pesados en los que el doom soporta las flotantes melodías, sobre desarrollos instrumentales  entre la psicodelia, lo progresivo y el stoner es sencillamente perfecta. Si a eso una las magnéticas voces y coros, la tormenta perfecta está servida.  Canciones como “Sails”, un tema llamado a convertirse en un himno contemporáneo, hacen que “HABBITS” te enamore sin que puedas desengancharte. Los temas se desvuelven entre densas y oscuras atmósferas, pero sin embargo, suenan completamente cristalinos, lo que supone un plus de calidad. Así consiguen el perfecto equilibro entre la dulzura de sus melodías y lo turbio y pesado de sus ritmos, unos ritmos con un groovy ágil y fluido. La banda parece tomar una especie de elementos pesados de Pink Floyd, Melvins, o Deftones para combinarlos habilmente y provocar un efecto estimulante para  proporcionarnos un viaje emocionante. Impulsado por sus voces cristalinas en vena shoegaze con ya hemos visto en bandas como King Buffalo, pero aún así, también hay pinceladas de psicodelia en línea  Colour Haze u oscuros brochazos Sabbath entre algunos ritmos de metal. El resultado es un álbum celestial y melancólico de estos orfebres progresivos y pesados en el que todo suena nítido y ágil a pesar de que usan una estructura similar en la mayoría de los temas. Si estas palabras no te convencen, no sigas leyendo, pero escúchalo por tí mismo, no te arrepentirás.

ELEPHANT TREE son Jack Townley (guitarra y voces),  Peter Holland (bajo y voces), John Slattery (sintetizadores y guitarra) Sam Hart (batería). “HABBITS” está disponible vía Holy Roar Records.

Una introducción (“Intro”) en la que el latido de maquinaria británica palpita ambientándonos para recibir a uno de esos temas que se convertirá en himno y será cantados por el público de todos los festivales en los que sea tocado por la banda. “Sails”, abre con la maquinaria a máxima revolución y el bajo moviendo las turbinas mientras la magnética voz nos arrulla con una delicada melodía que me recuerda a King Buffalo. Con un impecable sonido, resultante de una cuidada producción, todas las piezas parecen estar engrasadas para crear un corte mágico. Un tema que va modulando sus formas entre caleidoscópicos sonidos. Con precisas transmisiones la banda ensambla los arrebatos rítmicos, las pausas, y los pasajes sinfónicos. Todo fluyendo con naturalidad, sin forzar nada, consiguen crear un tema en el que pueden aparecen ecos Colour Haze, coqueteando con estructuras progresiva, voces en línea King Buffalo. Un sonido grueso y aparentemente difuso que se muestra sonando cristalino. El tema está lleno de coros angelicales y riffs borboteantes. Sencillamente impresionante, apuesto que será uno de los buques insignia de sus próximos shows, (cuando estos puedas celebrarse).

Con una apertura pesada y oscura, “Faceless” en tonos casi Sabbath, van creando un tema nebulosos con una melodía pegadiza gracias a la susurrante y cálida voz. Siempre bajo un manto psicodélico, los ecos de los noventa aparecen fusionándose entre atmósferas doom. Los pasajes heavy-psych no faltan a su cita con unas afiladas guitarras que tropiezan con obstáculos más propios del metal. Un pesado y aturdidor sonido que se amortigua con la placentera melodía en los momentos psicodélicos. Tambores retumbando y turbios ritmos que parecen ahogarse conjugan matices doom con sintetizadores creando un sonido que sobrevuela espectral entre cantos profundos mas propios de una banda progresiva. El corte es un terso y tupido tapiz sónico que acaba por envolvernos.

Poderosos riffs stoner cohabitan con los sintetizadores en “Exit the soul”. Una intoxicante y espesa neblina de la que emergen voces y coros celestiales. A pesar de la gran fuerza y pesadez del tema, consiguen encontrar el equilibrio con melodías a caballo entre el pop-shoegaze y espacios propios del rock progresivo. Lleno de épica, el bajo nos golpea con virulencia, golpes secos y contundentes con atronadores tambores, en contraste con la voz, la guitarra y los sintetizadores que sirven de bálsamo adormecedor que nos invita a un placentero sueño. Un sueño que nos traslada a un viaje sensorial por flotantes  espacios lisérgicos. Lo liviano como preludio a una nueva embestida pesada, mientras nos hacen levitar por el espacio infinito. A veces puede ser complicada de describir esta combinación de doom, heavy-psych y progresivo que recrean en cada tema, pero, sin duda la mejor descripción es una buena y placentera escucha.

Cambiando de alguna manera el registro, “The Fall corus” es un tema de dark-folk con una atmósfera oscura que evoca momentos shoegaze y el pop psicodélico de los 50’s. añadiendo un nuevo elemento como son los violines generan una envolvente atmósfera que nada tiene que ver con la pesadez vista en los cortes precedentes. Los versos y coros operan como contrapunto entre sí.  

Sin salir de las nebulosas, “Bird”, la cálida y oscura voz shoegaze brota en una explosión de sentimiento. Delicado, melódico, pesado, lisérgico, el tema muestra a la perfección las dos caras de la misma moneda que son en la actualidad ELEPHANT TREE. Suaves pasajes lisérgicos llenos de belleza se tornan misteriosos gracias a los efectos espaciales. Un escenario perfecto para que los sintetizadores construyan esa atmósfera psicotrópica. Con una estructura que acaba siendo recurrente, el tema conjuga la simbiosis entre lo poderoso y grave con esos ritmos pesados y densos, con las livianas y mágicas melodías vocales, siempre dentro de una atmósfera psico-progresiva. El corte culmina con una explosión de color, ritmo y sensaciones, que te acaba atrapando sin remisión.

“Wasted”, con unas armonías llegadas de los noventa, nos llevan en volandas sobre esa firma y poderosa base pesada. Un turbio sonido que resulta esponjoso a su vez.   Los hipnóticos y ácidos pasajes acaban siendo un bálsamo entre la monumentalidad rítmica. Sus construcciones vocales son perfectamente diseñadas para servirnos de masje entre los zumbidos. Un corte faraónico que construyen un castillo sonoro que me evoca voces y pasajes del pasado, que, por otro lado, me resultan completamente innovadores. Una seña de identidad de los británicos.

El álbum cierra con “Broken nails”, un tema en el que angelicales voces entre tímidos y susurrantes acordes acústicos   en su comienzo, consigue hechizarnos. Una de las virtudes de ELEPHANT TREE, es la de ser capaces, tanto de la sencillez como desde la mas absoluta complejidad, tienen una efectividad a prueba de bombas. Ahora, sobre una atmósfera progresiva, el tema evoluciona cambiando su aspecto, para pasar de la calma a la tensión con gran habilidad. En cualquier caso, siguen manteniéndonos enganchados. Envolviendo con un manto mágico nos trasladan a una nueva dimensión sensorial que acaba disipándose en el infinito. Seguramente sea el corte más oscuro de un álbum que se desarrolla entre sombras.

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