Reseña: HAMMADA.- “Atmos”

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Después de un par de EP’s y varios single HAMMADA publica su álbum debut “ATMOS”. Los prometedores singles que había publicado como adelanto de este trabajo hacían prever que algo grande estaba por llegar. Tonos vintage sobre ritmos arenosos con altas dosis de fuzz lisérgico y una cruda voz que nos traslada décadas atrás. Un collage efectivo en el que los monolíticos riffs stoner-doom con un terrorífico sonido bajo se conjuga entre efluvios heavy-psych con una resultado que nos aleja de la monotonía. El cuarteto de Freiberg se ha tomado su tiempo desde su fundación en 2012 para publicar su primer larga duración, pero sin ningún género de dudas, la espera ha merecido la pena. una hora intensa y vibrante en la que los muros de sonido son coloreados con bellos pasajes lisérgicos. A caballo entre el sonido arenoso de bandas como LOWRIDER y los dictados de la psicodelia pesada alemana de bandas como Rotor o Colour Haze consiguen crear un álbum monumental, lleno de una épica atrayente que consigue absorber al oyente entre sus surcos. Huyendo de la monotonía,  cada tema tiene algo que aportarnos, siempre ondulantes, crudos y pesados, pero también delicados y sorprendentes, HAMMADA tienen la facilidad de modular sus canciones dotándolas de elementos que hacen que resulten de los mas atractivas y cautivadora. Con alguna pincelada llegada de los 70’s e incluso con leves momentos blues, la vocación stoner de la banda no admite dudas, pero tampoco las admite su faceta más “viajera”. un viaje, que siempre nos ofrece grandes momentos de felicidad. Sus canciones se caracterizan por numerosos cambios de ritmo, una mezcla equilibrada de melodías atmosféricas y paisajes sonoros más duros, así como voces potentes.

HAMMADA son: Kristian Schulze (voces y organo) Christian Döring (guitarras y sintetizadores), Lenz Fiedler (bajo) y Sönke Tautorus (batería) “ATMOS” fue grabado, mezclado en Barren Rock Studio y masterizado en Yeti Cave Sounds. 

Una introducción atmosférica con sintetizadores es el punto de partida de “Occasus”. Sobre un entorno heavy-psych el cuarteto alemán nos embarca en un viaje en el que los tonos vintage se sustentan en sólidos ritmos que se colorean con efluvios lisérgicos. Crudos, sus crujientes riffs stoner combinan elementos de psicodelia con ecos llegados de los 70’s. Un tema colorista con vestigios del sonido ROTOR en sus surcos y una voz que juega con registros melódicos en contraposición con otros mucho más desgarradores en una ondulación constante. La combinación de sus crujientes riffs con los efectos crea un barrera de sonido infranqueable. Todo un muro de fuzz que protege las vibraciones más psicodélicas que constantemente incorporan. Como si no quisieran renunciar a nada, consiguen un tema efectivo y colorista a caballo entre el desert-rock más ortodoxo y los ecos heavy-psych bajo la sombra de vibraciones más propias de los 70’s. Incluso aparecen alguno momentos en los que los teclados aportan sutiles pinceladas progresivas entre crudos momentos casi doom.

Sin esconderse, en “NOX” se decantan por stoner más arenoso aderezado con una turbia neblina creada por los teclados. Desert-rock ortodoxo en un tema crudo y con las aristas rugosas bajo riffs que golpean con fuerza invitando a mover las melenas al viento.

Como si se tomaran un respiro, “Heliokratia” nace desde la calma de unos acordes en los que se perciben genes blues. Siendo fieles a su pesado sonido consiguen aderezarlo para que nada resulte monótono. Incisivos solos ácidos se incrustan en esa portentosa y fornida linea de bajo que no deja de crujir constantemente. Incorporando pasajes con wah-wah hacen que el tema tome un camino más psicotrópico en el que añaden sugerentes pasajes vocales. El atronador bajo regresa para tomar el protagonismo  en un tema versátil que contiene muchos aditamentos y buenos pasajes de guitarra.  Tras momentos atmosféricos en los que la psicodelia brilla con luz propia el tema culmina en monumentales momentos de pesadez.

Sin duda HAMMADA sabe moverse bien en los espacios stoner doom, pero como demuestra “Ether” también saben salir airosos de momentos mucho más narcóticos e intoxicantes. El tema mantiene un curioso y efectivo equilibrio entre las dosis de fuzz humeante y la tormenta arenosa que crean con sus riffs. Una tempestad de la que salen rayos lisérgicos que nos chamuscan sin remisión. Con guiños a Colour Haze consiguen que el tema fluya dinámico y cautivador. 

Sin perder esa stoner innata “Helios” se deja seducir por ecos hard-rock entre cuidadas armonías en una perfecta combinación de crudeza y aire fresco que hace huir de la monotonía. Con desgarradores momentos llenos de épica a lo largo de sus casi diez minutos recorren distintos escenarios que hacen que la banda se vacíe por completo en un brillante tema que conjugan momentos stoner-doom  con otros más sugerentes. 

“Azimut” fue uno de los adelantos que  la banda nos ofrecía hace semanas. Aquí la impronta heavy-psych brilla sobre monolíticos. Un tema lleno de garra que bien puede convertirse en el santo y seña de una banda que no escapa del legado Rotor a pesar de la contundencia y querencia hacia escenarios más stoner-doom y sobre todo con la ruda voz de Kristian Schulze.  Lo cierto es que cada uno de los temas contenidos en “ATMOS” resulta ser un plato muy apetecible de digerir. No es demasiado habitual encontrarnos con el sonido del órgano en cortes de stoner arenoso pero este es un punto a favor de HAMMADA, ya que saben hacerlo con maestría para obtener un brillante resultado. 

Este extenso álbum cierra con “Domizil”, toda una paradoja de 15 minutos. Una línea de bajo que parece que vaya a quebrar es el punto de partida de una odisea en la que atronadores tambores ponen el contrapunto a la magia de las guitarras. Psicodelia entre un manto protector de teclados en un segundo plano emprenden un tortuoso camino en el que los vestigios de Colour Haze brotan espontáneamente entre la fuerza de esos crepitantes riffs. Un agreste transitar en el que mantiene la mirada al frente entre ese turbio e intoxicante muro de sonido. Un entorno mágico en el que las notas fluyen de manera natural. Tras el derroche de la primera parte del tema, los pesados riffs van desapareciendo para dejar espacio y reverberaciones más propias de una nueva dimensión. Embarcados en esa exploración por insondable espacios psicotrópicos la banda baja las revoluciones para seducirnos entre efectos por su lado más psicodélico. Una banda que parece tener el corazón partido y que no quiere renunciar a nada.  

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Reseña: RED MESA.- “The Path to the Deathless”

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Como ya es habitual todos los viernes, recibimos una avalancha de nuevas publicaciones. Entre los álbumes publicados en el día de hoy destaca el nuevo trabajo de RED MESA. La banda de Alburquerque libera “THE PATH TO THE DEATHLESS”, su tercer trabajo. Este álbum es un registro conceptual sobre la muerte y el más allá. La muerte es una dura realidad de del mundo físico, pero el alma y el espíritu viven a través de lo “inmortal”. Un álbum que gravita entre temas que profundizan en una particular apuesta en la que los ritmos stoner se salpican de crudos y ásperos temas sludge como el chamánico “Ghost Bell” y sus ritmos doom, la psicodelia pesada de “The Path To The Deathless”, sobre unas atmósferas más trascendentales, así como “Revelation” en la misma línea, Al ingual que “Disharmonious Unlife”, tema en el que colabora Scott “Wino” Weinrich, con su susurrante voz. No faltan salvajes momentos stoner herederos del heavy-rock de Motorhead como “Desert moon”, con la colaboración de Dave Sherman  (Spirit Caravan). Entre medias de sus gruesos sonidos encontramos la rural y acústica “Death i am”, un cálido tema que baja la intensidad del álbum, para recostarse sobre armonías más amables. La fuerza y carácter sludge de cortes como “Swallowed By The Sea” se conjuga con espacios ensoñadores y sinfónicos sobre atmósferas tenebrosas en una original combinación. 

El resultado es un álbum ecléctico que se debate entre los ritmos desérticos del stoner stoner con una intrinsica vocación sludge bajo espacios en los que la psicodelia pesada nos arropa con un manto lisérgico de tintes transcendentales que por momentos explora espacios más propios del metal progresivo.  

El álbum fue grabado, diseñado y producido por Matthew Tobias en Empty House Studio (que ha grabado álbumes de (OM, AL CISNEROS, SUPERGIANT) en enero y febrero de 2020, y fue masterizado por John McBain (guitarrista original de Monster Magnet). 

Para los fanáticos de Kyuss, Truckfighters, Monster Magnet. La banda mezcla la psicodelia de Pink Floyd y The Doors con el riff del heavy metal clásico de bandascomo Black Sabbath, Motorhead, y agrega un toque de Metal progresivo mas propio de Isis o Tool.

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Reseña: GEEZER.- “Groovy”

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“GROOVY” es el quinto álbum del trío de Nueva York, y en él podemos encontrar una evolución en la banda. Probablemente tomando un camino más directo, los temas del álbum dejan de lado las típicas jams que encontrábamos en sus trabajos anteriores para construir canciones más estructuradas y definidas de lo que habían hecho hasta ahora. Fuzz cósmico y psicodelia, con algo menos de blues para transmitir el aroma del desierto siguiendo la estela de Brant Bjork, y todavía con crudo sonido de  WO FAT en su punto de mira. El nombre del  álbum refleja a la perfección una de las características de su contenido. Ese fantástico “groovy” con el que todos temas fluyen bajo ritmos pegadizos que te enganchan con menos pesadez de la que nos tenían acostumbrados.  El mayor equilibrio de las composiciones hacen que sigamos estando antes un álbum muy apetecible, con canciones que estimulas los músculos del oyente en una invitación al baile en la mayoría de los temas.   La solidez de los riffs de Pat Harrignton siguen presentes con la solidez de una roca, con sus aristas afiladas entre las bacanales de fuzz del crujiente bajo de Richie Touseull y esos coloristas ritmos de los tambores de Steve Markota. “GROOVY” supone en cualquier caso todo un viaje cósmico por las arenas del desierto con húmedos vientos narcóticos llegados de los efluvios de los pantanos. Disponible vía Heavy Psych Sounds Records

GEEZER son: Pat Harrington (guitarras y voz), Richie Touseull (bajo) y Steve Markota (batería y percusión).

Con fuertes tambores y ese fuzz crujiente sobre un ambiente cósmico “Dig” nos invita a un viaje al desierto. Un ritmo cadente con la ruda voz de Pat se soporta sobre un tema construido sobre un riff que se repite constantemente. El tema resulta pegadizo reflejando el difuso sonido del trío neoyorkino y en él aflora algún solo hiriente entre su cegadora vocación arenosa.

“Atlas Electra” refleja a la banda más reconocible. Deleitándose más con los solos de su guitarra y con una voz mas susurrante crean una atmósfera lisérgica al estilo al que nos tenían acostumbrados en sus anteriores trabajos. Siempre con el viento del desierto en el ambiente, impregnan de blues pantanoso un corte aturdidor y narcótico a su vez. El grueso sonido esconde un tema más sosegado, pero consiguen que esa neblina persistente le dote de gran cuerpo.   Sin perder ese groovy tan característico de todo álbum en la parte final recibe aromas sureños con una guitarra que se desdobla una y otra vez.

Entre efectos y distorsiones, “Dead soul scroll” se muestra más sosegado. Bajo un tono más chamánico el tema parece introducirse en un bosque psicotrópico que prescinde de ese sonido crujiente de los cortes anteriores dejando más espacios a los desarrollos de solos de guitarra más pronunciados.

Retomando los ecos del desierto “Awake” refleja en sonido que Brant Bjork viene ofreciendo en sus últimos discos. El tema fluye con elementos de hard, de blues y de desert-rock en sus surcos sin perder el aura psicodélica que siempre aparece en los temas de GEEZER.

“Groovy” esta formado por ecos de hard-rock de origen 70’s. Enérgico y pegadizo, el tema se muestra como la banda sonora perfecta para una fiesta en el desierto. Como si The Rolling Stones se vistieran de Kyuss el tema es una toda invitación al baile.  

“Drowning on empty” es un corte de crudo rock primitivo stoner que se modula con la voz y que según avanza pierde su rudeza para volverse más ácido.

Con voces ecualizadas entre nebulosas netamente heavy-psych “Slide mountain” nos ofrece un apacible paseo por una espacio boscoso en el que los hongos mágicos afloran repartiendo dietilamida bajo calmados y reconfortantes desarrollos lisérgicos.  

“Black out” es un fornido y grueso tema desértico lleno de fuzz humeante. Pesado y arenoso tiene el blues en sus genes. Con la repetición constante del riff sobre el que se construye. Golpeándonos reiteradamente la guitarra se torna más ácida hasta invitarnos a pasajes netamente psicodélicos conjugando las señas de identidad del trío. Fuzz, gruesos ritmos, blues e infecciosos pasajes heavy-psych para acabar en una especie de jam en la que la guitarra de desdobla desangrándose entre pedales y efectos.

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Reseña: RIDER NEGRO.- “The Echo of the desert”

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Para un gran amante como yo del sonido que nos legaron THE DOORS y en especial su cantante Jim Morrison, fue toda una alegría el descubrimiento de la banda mexicana RIDER NEGRO semanas atrás. Ahora, un tiempo después podemos disfrutar de su primer álbum “THE ECHO OF THE DESERT”. Un trabajo conceptual en el que la mística del desierto se refleja en calmados y desgarradores temas en los que el legado del “Rey Lagarto” queda patente en los registros vocales de Tiaca Serrano, su cantante y guitarra. Diez canciones que serpentean por estados sensoriales más propios de un viaje de peyote lleno de misticismo, en el que la transición entre el día y la noche relatan el devenir de la vida como un ciclo perpetuo.  Temas que fluyen con calma entre los cactus y la soledad del desierto bajo acordes de blues, de jazz, rock clásico, ritmos latinos, pero fundamentalmente de esa psicodelia chamánica que Morrison nos ofreció décadas atrás. Las canciones serpentean entre ritmos que unas veces se recuestan en ese espíritu latino cercano incluso a Santana con delicadas melodías de guitarra,  y otras prefieren dejar paso a atmósferas más propias de Pink Floyd, como sucede en “The wizard”, un tema dividido en cuatro partes y que bien pudiera ser una transición de Morrison más misterioso con el legado psicodélico de la banda del  fluido rosa en un viaje al desierto de Sonora. Otro elemento distintivo del sonido de la banda es el tono vintage que aporta a su órgano Israel Baez, tomando como referente los característicos ecos de los temas de  Ray Manzarek. Sobre esos dos pilares fundamentales en la personalidad de la banda, y teniendo en cuenta que fueron los primeros fundadores de la misma, el trabajo de Miguel Vázquez con su hipnótico bajo, y la versatilidad de Zaid Gutierrez a la batería, hacen que el álbum tenga una consistencia notable en todas sus composiciones. Al margen de esto, sobre todo el espíritu chamánico que transmite cada una de las canciones, hacen que el oyente pueda sentirse partícipe de ese ritual alegórico en el que el Sol tiene un gran protagonismo. Estamos ante un álbum lleno de misticismo y señales que nos invitan a esa comunión con las fuerzas de la naturaleza, y especialmente de su amor al desierto con su lado más misterioso. “THE ECHO OF THE DESERT” es un álbum que ningún amante de THE DOORS debería perderse. 

THE ECHO OF THE DESERT” fue grabado en StudiOz MixandMaster Estudio y ha sido auto-editado por la banda a la espera de que algún sello se anime a su producción. 

Los sonidos de la noche desértica abren “Fires at the cosmic dawn”. Emergiendo chamánicamente entre los cactus el tema comienza evocando los ecos del desierto. La voz de Tiaca Serrano emulando al Rey Lagarto entre acordes de western es arropada por un cielo estrellando que va dejando paso a la luz del alba bajo un cadente ritmo y un teclado que ritmo que trasviste su sonido como si fuera un llanero solitario tocando su armónica. Tonos vintage que se van abriendo a la luz de ese soleado amanecer. Ya desde el primer tema encontramos la admiración que estos chicos tienen por The Doors. Un sonido evocador que se adorna con brillantes solos de guitarra en su parte final.

“Dry & Soft”, nuevamente bajo susurrantes pasajes, va arrullándonos entre los acordes del hipnótico bajo de Miguel, y ese penetrante sonido de órgano salido de las entrañas de un tema que fluye con calma. Sin prisa para ligar el tema, el ceremonial parte con la cálida y sugerente voz de Tica Hechizándonos e incrementando la intensidad con al aura de Ray Manzarek en los teclados. Todo un trance lisérgico más propio de una ingesta de peyote invade la canción entre desgarradas proclamas vocales entre acordes de blues psicodélico. Como si estuviéramos en el desierto de Sonora en pleno “viaje” psicotrópico el corte juguetea con distintos cambios de ritmo sin perder su aura psicodélica. Toda una huida desesperada llena de fuerza marcada por la reencarnación de Morrison en una especie de nuevo “verano indio”-

En delicados tonos jazz, “El buitre” a través de medios tiempos y el penetrante sonido del órgano el cuarteto juega de nuevo con una calma que toma elementos del blues y ritmos latinos. Con gran frescura, la percursión colorea los elegantes pasajes retozando con la psicodelia en un segundo estrato sonoro. Caramente el espíritu de músicos latinos como Santana quedan patentes en la apuesta de RIDER NEGRO. En tema está cantando en espaol lo que le aporta otro elemento más de esa reavivación del sonido de su tierra.

Ahora sobre acordes blues “In an ancient zigurat” se ejecuta sobre una tenue luz. Ecos jazz sobre delicadas melodías hacen que la banda se aleje de los riffs pesado y estridentes para contonearse seductor entre aterciopelados momentos en los sentimientos salen a flor de piel. Un largo tema que transcurre entre vaporosas atmósferas que paulatinamente se van tornándose más lisérgicas hasta convertirse casi en una jam blues psych. Con una guitarra que se retuerce y serpentea con mil matices y tonos que van desde el blues a los ritmos latinos. Aquí la percusión tiene un gran protagonismo entre esa neblina que va creando el ´órgano antes de recuperar el espíritu doorsiano innato en la banda.

Tras los tres temas anteriores en los que nos ofrecido distintas caras de su apuesta musical, RIDER NEGRO crea un tema dividido en cuatro partes a modo de suite. “The wizard”.

En la primera de las partes, “Prelude to the dream”, las locuciones en español  entre efectos envolventes van creando el ambiente de misterio para el desarrollo del tema.

“The world within” con poco más de un minuto se deleita en pasajes floydianos de teclados en tonos casi celestiales.

Continuando con el latido de la banda del fluido rosa, y evolucionando en un génesis, “Beta orionis”, la tercera de las partes nos ofrece un hipnótico trabajo de bajo y afilados pero delicados solos de guitarra como preludio de una erupción en la que The Doors se visten de Pink Floyd para meditar en el desierto de Sonora.

Esto es solo la preparación de la cuarta parte del tema, “Path to the core”, en la que a través de ocho minutos ya desarrollan todo su potencial emanando esa fragancia doorsina con la soledad del desierto como testigo de alucinógenos pasajes con un cadente y repetitivo ritmo. Intensificando y volviéndose cada vez más pesado, los momentos de psicodelia luminosa se mezclan con el blues en un mestizaje que parece ser innato en la banda mexicana. Siempre guiado por el sonido del órgano el tema desciende a acolchados prados de psicodelia reconfortante en las que afloran bellas melodías. La guitarra aquí se viste de tonos vintage en un serpenteante y rítmico peregrinar a un nuevo espacio de luz. Pasando por distintas fases logran completar un atractivo y logrado tema con el que la banda deja patente todo su potencial.

Si algo tiene RIDER NEGRO es su espíritu místico, y “Tehran conjuring” nos da muestras de ello. En un oscuro canto misteriosos y chamánico ejecutan todo un ritual en el que el hechicero parece invocar a las fuerzas de la naturaleza con sus plegarias. El aroma de la noche del desierto se palpa en sus delicados y misteriosos acordes.

El tema que cierra el álbum y que da nombre al mismo “The echoe of the desert”, fluye entre efectos con pulsantes acordes de bajo y platillos chispeantes. Estamos ante otro ritual como homenaje al vasto y solitario desierto, algo que se percibe en su triste melodía.  

Adoptando momentos western, y bajo ese ritual de los tambores, los coros elevan sus plegarias, en ese devenir de la vida y la muerte en un ciclo perpetuo. La sombra de The Doors se refleja ahora con una mayor nitidez en los desarrollos de órgano herederos de Ray Manzarek. Como si de un sombrío tema de los californianos, el aura mística ceremonial preside el corte con lánguidos pasajes evocadores de los cactus en su soledad custodiando la historia del jinete que vivía cuya morada era el astro Sol.

Reseña: BRANT BJORK.- “Brant Bjork”

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El padrino del desierto sigue reflejando su legado en su álbum homónimo “BRANT BJORK”. Con trece álbumes a sus espaldas, y mas de veinte años de carrera, a estas alturas ya no necesita reivindicarse ante nadie, y así queda reflejado en un trabajo en el que él mismo compone y toca todos los instrumentos. Cada vez más enraizado en sonidos funk, el propio BRANT manifiesta que este trabajo es su verdadera naturaleza creativa. Atrás quedaron aquellos momentos en los que los ritmos pesados tenían un mayor protagonismo. En estos momentos BRANT BJORK se encuentra en un periodo de madurez, y esto se refleja en temas posiblemente mas pausados, pero no por ello exentos de fuerza. Si hay algo que me llama la atención del álbum, es la capacidad rítmica que tienen todos los temas, algo que ya venía mostrando en sus últimos trabajos. Sus inicios como batería quedan patentes en la imperturbable base rítmica en la que se desenvuelven las canciones. Ritmos pegadizos con un fantástico groovy contagioso que acaban por atraparte en cada tema. Ese el principal aval de un álbum que contiene temas sencillos, y ahí precisamente radica su grandeza. No todo el mundo es capaz de transmitir tanto desde la sencillez, olvidándose de complejas estructuras compositivas. Aquí queda patente aquello de… “menos es mas”. “Mr. Cool” logra combinar los ecos del solitario desierto en el que compuso el álbum, con los aromas de los pantanos en temas que toman pequeñas dosis de blues y de psicodelia. Los temas fluyen orgánicamente sin ningún tipo de prisa, atascándose en armonías repetitivas sobre un gran trabajo de producción con el que consigue que todo suene a su gusto. Mayoritariamente las canciones se presentan cristalinas y cálidas, arrulándonos gracias a su peculiar registro vocal. (Evidentemente no estamos ante el mejor cantante del mundo, pero su voz tiene esa magia que consigue engancharte), pero también podemos encontrar momentos de crudeza en un sonido particular en el que puntualmente también afloran vibraciones de músicos tan dispares como Hendrix, Tony Joe White o incluso Marc Bolan. Sin perder su esencia stoner, las vibraciones y ritmos de los setenta parecen cada vez mas presentes en sus últimas producciones. Seguramente no estamos ante un trabajo que quede en los anales de la discografía de BRANT BJORK como uno de sus destacados, pero sí ante un álbum que nos dará cuarenta minutos de buenas vibraciones con el desierto y sus sensaciones siempre en su punto de mira. 

Producido por Yosef Sanborn y Brant Bjork Grabado y mezclado por Yosef Sanborn en The High Desert Funk House, Joshua Tree, CA. del 11 de noviembre al 3 de diciembre de 2019. Masterizado por John McBain, JPM Mastering, San Francisco,  “BRANT BJORK” está disponible vía Heavy Psych Sounds.

Con ese característico groovy funk al que nos tiene acostumbrado en los últimos tiempos “Jungle in the sound” nos impregna de un olor a pantano en cada acorde. Siempre sin perder el ritmo, cada verso tiene su espacio entre los suaves acordes y la arena del desierto en la distancia. Sin tomarse ninguna prisa, los acordes de la guitarra emergen con brillantez de los ritmos del desierto traídos por el espeso sonido del bajo. Con sutilezas y sin estridencias de ningún tipo crea un corte colorido que suena al Bjork más auténtico.

“Mary (You’re Such A Lady)” mantiene el ritmo del corte anterior, esta vez aumentando la gravedad de ese bajo hipnótico y atrayente. Mas pesado y repetitivo, Brant transmite sosiego con su cálida voz entre elevaciones corales. Siendo comedido con la guitarra, en la parte final aparecen esos solo coloristas y afilados. La capacidad del californiano para hacer que un corte aparente monótono resulte a efectivo es digna de todo elogio, ya que consigue atraparnos en la pegadiza melodía. Aquí se percibe nítidamente el cuidado con el que Bjork trata la base rítmica, uno de sus principales avales.

Evocando a la soleada California, “Jesus was a bluesman”, nos traslada al sonido soft-rock de los 70’s. Jugando todavía más con la melodía crea una canción susurrante que nos acaricia con cada estrofa. Casi por una senda pub-rock en fornido y hechizante bajo marca el tempo del tema. Sacándose de la chistera esa luminosa guitarra los ecos del desierto permanecer de una forma subliminal, o no tanto…

Con la vista puesta en Hendrix, “Cleaning out the ashtray”. Ofrece la versión más cruda de Bjork. Menos complaciente en la melodía y sin renunciar al pegadizo ritmo funk, la batería aparece de manera milimétrica, casi robótica. Sobre una estructura repetitiva, vuelve a crear otro pegadizo tema bajo un sonido desértico.

Con crujientes riffs y tambores que retumban una y otra vez, “Duke of dynamite” vuelve a desarrollarse entre cactus y secarrales con el sol en todo lo alto.  En una efectiva combinación de stoner y con momentos en los que inevitablemente T. Rex me vienen a la mente, consigue otro corte de lo más pegadizo y hechizante. En esta ocasión incorpora más elementos psicodélicos insertado entre la crudeza intrínseca d un tema que bien podría ser una perfecta banda sonora para conducir por las largas rectas del desierto.  

“Shikin’ now” es toda una invitación al baile. El espíritu funky se muestra entre ritmos pegadizos y cálidas voces y coros. Un cierto aroma chamánico dota al tema de las dosis lisérgicas apropiadas.

La ceremonia del vudú del desierto se desarrolla en “Stardust & diamonds eyes”. Riffs hipnóticos repetidos una y otra vez de los que acaban emergiendo guitarras ácidas. Sin estridencias consigue fusionar el legado de Tony Joe White con su propia identidad, entre acordes de blues psicodélico. Un caminar cansino que trata de coger brío entre notas de color.  

El álbum cierra en tonos acústicos con “Been so long”. Un susurrante tema en el que la sugerente voz de Brant nos arrulla entre melodías aterciopeladas sobre una estructura simple y sencilla.

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