Reseña.- DATURA4.- “Blessed is the boogie”

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Los australianos DATURA4 hacía tiempo que no nos daban alegrías en forma de nuevo trabajo. Sin noticias de ellos me llevo la sorpresa de la publicación de éste “BLESSED IS THE BOOGIE”, vía Alive naturalsound Records. La formación comandada por Dom Marini (voz y guitarra) acompañado por Greg Hitcock (guitarra y voces), Warren Hill (batería) y Stu Loasby al bajo, casi cuatro años después resurge de sus cenizas de la mejor manera posible.

Desde sus primeros riffs muestran sus cartas en un disco que no tiene artificios. Rock, boogie y blues asesino. Temas que van directos a la yugular demostrando el espíritu que ha tenido siempre el rock and roll. Esto dicho así, puede parecer que estamos ante un trabajo anodino. Nada más lejos de la realidad, Con un título como “BLESSED IS THE BOOGIE”, caben pocas interpretaciones. Una bendición para recibir con alegría, y si, hay mucho boogie-rock, pero no solo eso. Con un sonido que puede recordarnos a grande de los setenta como The Groundhogs, Savoy Brown, los mismismos Zeppelin. Con momentos que pueden acercarse a Grand Funk. Un disco de esos que cuando los pones sus vibraciones no puedes quitártelas de la cabeza. El álbum tiene dos caras diferenciadas, una primera en la que el boogie-rock es predominante y otra más calmada en la que la banda ejecutan unos temas más apacibles usando distintos elementos sonoros  y dando más protagonismo a las melodías.   .

“Black Dog Keep Running”, con sus riffs pegadizos y esa estela de fuzz a su paso, hace que hagamos un pequeño viaje en el tiempo varias décadas atrás, cuando las bandas de rock llenaban estadios y sonaban en las radio-fórmulas sin ningún complejo. Algún eco proto-metal en sus surcos completa una notable carta de presentación.

El tema que da título al álbum, “Blessed is the boogie”, es de alguna forma, su piedra filosofal. Boogie-rock en pura línea Canned Head, con la armónica marcando los compases y ese ritmo boogie, obtiene un corte limpio y freso. Contagiosa y rememorando al John Lee Hooker con un toque stonerizado. Sus coros y sus paseos de wah-wah subterráneos hacen el resto para que la fórmula sea perfecta.

En una línea similar, “Looper” sigue ese camino abierto por el que el que el boogie-rock más vital y enérgico en el que las guitarras hacen un pacto con el diablo. Una cadencia rítmica imperturbable completa un cuadro sonoro que alcanza el sobresaliente.

Bebiendo de la fuente de inspiración del blues-rock, “Run with Lucy”, una vez bien hidratados, descargan su vacación del rock más sudoroso y con olor a humo. Se trata de esos temas ideales para animar una de esas largas noches de desenfreno de rocanrolero. Un corte ardiente en todos sus acordes.

Con la incursión del órgano vibrante “Ooh Poo Pah Do” (no tengo ni idea de lo que significa el nombre del tema), sigue la senda del blues-rock más incendiario. Seguramente con los de Savoy Brown, venga a nuestra mente. Para alguien como yo, escuchar este sonido en 2.019 es una regresión a mi juventud, sin distinguir diferencia alguna entre aquellas vibraciones y éstas, el cuerpo no podrá permanecer en reposo escuchando sus notas.

Con una línea más americana, y cercana a postulados Grand Funk, “Sound of Gold” se acercan a momentos glam, o incluso a vibraciones Stones. Mas macarras conjugan estribillos pegadizos con una cadencia rítmica inquebrantable.

“Evil people, Pt. 2” se visten con extrañas prendas entre Groundhogs y los mismísimos The Doors del “Riders on the storm”. Usando tonos retro con aires psych, y mucho wah-wah, crean un corte más viajero y penetrante. Un tema con altas dosis de thc en sus surcos. Y ese hammond sigue volviendo me loco…..

Los primeros acordes de “Not for me” inevitablemente nos recuerdan al tema “More tan a feeling” de Boston.  Partiendo de ahí van construyendo un plácido corte sobre tiempos medios. Voces ensoñadoras relata una estampa llena de romanticismo. Una lucha entre la guitarra y el sonido del órgano con un nuevo asalto. Incluso si escarbamos en las melodías vocales podríamos encontrar alguna referencia Beatles. Sin caer en lo ñoño construyen algo que por momentos se acerca a una balada, y que finalmente se decanta por los sonidos sureños. La aturdidora guitarra no ceja en su empeño por aturdirnos. El resultado es un tema impresionante y muy bien construido.

“Cat on a roof”, por caminos más calmados bajan las revoluciones. Ahora en lugar de excitar nuestro cuerpo con ritmos contagiosos , se meten más en nuestra mente con magnetizantes sonidos de rock clásico.

Si algo no puedes achacar a los australianos es que sean monótonos o aburridos. Tienen la calidad suficiente como para que todos sus temas tengan su propio gancho. Manteniéndonos siempre atentos y dejándonos de sorprender con su modulaciones y depurada técnica.

Seguramente son sonidos tradicionales, pero ejecutado de una forma brillante y atrayente.

Instalados en calmados espacios en los que la psicodelia y el rock clásico se unen en una encrucijada, “The city of lights”, ofrece una de sus vertientes más melosas. Una dulzura sonora con sabor a miel. Un tarro de se ve asaltado con un cortante cuchillo salido de la guitarra con ciertas dosis de virtuosismo. E incluso alguna cadencia usada por el primer David Bowie. Uno de esos temas que no deja de serpentear en su apacible transitar y en el que el órgano vuelve a estar muy presente en su co-existencia con los solos de la guitarra..   

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KOMODOR.- “Komodor”

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Inspirados por James Gang o Grand Funk Railroad entre otros, los franceses KOMODOR nos invitan a un viaje retrospectivo a los setenta. Para ello utilizan su utilitario decorado de hard- rock fabricado en la prolífica factoría Detroit que tanta gloria dio en aquella década a los amantes del rock.

Un disco que cualquiera que lo escuche, le sería difícil ubicarlo en la segunda década del siglo XXI. Una brillante carta de presentación que hará rememorar momentos del pasado a más de uno con cuatro temas de rock and roll puro, sin aditivos. Fuerza y dinamismo en un ambiente festivo.

Estribillos efectivos en “Still the same” sobre ritmos de rock and roll a golpe de un bajo marcando el animado compás, los franceses construyen un tema lleno de brillo. Un intercambio de roles entre guitarra y bajo desemboca en un efectivo y dinámico boogie-rock.

Sencillas estructuras construyen “Join the band”. lo simple a veces es la mejor herramienta para llegar al oyente, y en este tema, la banda lo deja claro. Guitarras aulladoras y jugueteos con el estéreo construyen ritmos cercanos a los postulados de Gran Funk. Puro hard rock setentero, alegre y divertido.

No faltan los momentos de psicodelia en la que una hiriente guitarra juega con estéreo bajo la mirada atenta de una batería cadente une a la fiesta con discreción, acompañada por una invitada de lujo en los coros, Ellin LarsonLa cantante de Blues Pills, así como su bajista Zach Anderson y su guitarrista Dorian Sorriaux, colaboran en varios de los temas, unos invitados de lujo.

Una maquinaria transitando dinámicamente por autopistas americanas de los setenta, a un ritmo vertiginoso, para activar las articulaciones, como lo hace en “Nasty habbits”. Con la ayuda del órgano y con un sonido que recuerda a Bad Company y por momentos a James Gang.  Desde la sencillez, y sin tratar de impostar a nadie,. Riffs pegadizos unidos a estribillos contagiosos, hacen que sea imposible mantener las articulaciones en reposo a ritmo de boogie.  Dejándose espacio entre si, los instrumentos tienen su propio protagonismo. Su momento de gloria, en una especie de jam en forma de puzzle, en el que encajan perfectamente todas las piezas para convertirse en un todo un cuadro. Guitarras sureñas entran en una pelea que acaba en una orgía sonora en la que todos los instrumentos de desbocan.

En ese espacio entre Grand Funk Railroad, Ram Jam o James Gang, partiendo de acordes acústicos van desarrollando un tema nítidamente setentero. Voces moduladas, y ritmo que se combina con efectividad, en una especie de himno. eso es  precisamente “1984”. Inclinándose a sonidos más propios de James Gang, avanzan con solvencia para construir un gran corte, en el que no falta su punto de psicodelia. _Un tema que nos devuelve a los setenta de una forma divertida y jovial.

 

KOMODOR son: Goudzou (bajo) Elrik Monroe (batería) Ronnie Calva (guitarra solista) Slyde Barnett (voz y guitarra). y como invitados, Ellin Larson (coros en “Join the Band”: “Nasty Habits”: “Still the same”, Dorian Sorriaux (guitarra), André Kvarnström / Rickard Nygren (piano) y Zack Anderson (bajo)

“KOMODOR” se publica hoy via Soulseller Records.

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RED APPLE.- “Thus spoke Zarathustra”

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El trío madrileño RED APPLE nos ofrece en ésta, su quinta entrega el que probablemente sea su trabajo más elaborado. Partiendo de la tesis doctoral de su cantante y guitarrista Dario, la banda crea una opera-rock sobre el famoso trabajo de Nietzche “Así habló Zarathustra”. Emulando al compositor alemán Richard Strauss, que ya en  1896 compuso un poema sinfónico sobre los relatos del filósofo alemán. Pero no nos engañemos, si bien las composiciones que alberga este disco, sirvieron de acompañamiento al texto de Dario en su tésis, no estamos ante un disco experimental. Su contenido es puro rock and roll atemporal, sin matices. Rock, blues, soul, country-rock alguna dosis psicodélica se fusionan en un “todo” de fácil digestión, dinámico y entretenido.

Trece temas que se abren con un “Prologo” un tanto particular. Ocho minutos y medio  en los que los acordes de guitarra se inclinan por el country-rock acompañados por la voz de vaquero de Dario, para a continuación a golpe de la batería de Javier ir llevando a sonidos de hard rock sureño. Variado en cuanto a matices, Isabel introduce su voz con registro soul-rock. Country, hard, rock sureño y ecos pantanosos completan un tema pleno de frescura. La versatilidad hace que escuchemos algún eco sesentero en sus surcos  mientras la guitarra  se inclina hacia territorios blues. Un acelerón en la parte final con duetos entre Dario e Isa sirven de preludio a un regreso a ese blues rural aderezado con una gotitas de psicodelia. 

Un comienzo prometedor que despeja la dudas de aquel que esperara sonidos experimentales e idas de olla. Música sencilla, pero efectiva y a su elaborada.

A ritmo de hard setentero con rasgueos de guitarra y un bajo pulsante así como efectos envolventes, “Zarathustra leaves the city” se convierte en un corte de rock clásico en sus escasos dos minutos de duración.

Vestido con el traje de “americana”, “Tree on the mountain”, la guitarra a ritmo vivaz con ondulaciones y cambios de registros en los que una afilada guitarra para y sigue, sobre enérgicos y pegadizos ritmos retro.

Marcando el ritmo con un pulsante bajo se inicia un rock and roll con giros en su andadura. “Despisers of the body” incluye requiebros blues, voces garajeras con un tono dicharachero y divertido que acaba en momentos boogie-rock.

Siguiendo esa linea, nos encontramos otro corte con un punto teatral como es “The new idol”. Aquí los coros señalan el camino del boogie en otro corte jovial y bailon que hace que nuestras extremidades no puedan permanecer en reposo. un tema apto para el baile y el jolgorio.

Más sosegado en tonos country-rock, la grave voz nos introduce en “Good and evil”. Lento y cálido, el tema va cabalgando al paso. RED APPLE se ponen las botas camperas y el sombrero vaquero, acompañándose de sutiles solos de guitarra bajo ritmos a medios tiempos.

Algo mas inmersos en sonidos de psicodelia sesentera, “On poets”, con una guitarra que rezuma blues y rock and roll así como alguna reminiscencia beat. Sobre el ritmo del bajo, la guitarra se desboca en un alocado solo de alto octanaje, aullando incisivamente. 

Retomando un poco la calma, “I smell in the wind”, a través de suaves acordes que nunca pierden el ritmo, junto con la dupla vocal de Isa y Dario, va susurrándonos bajo ecos blues en la lejanía. La voz de Isabel va siguiendo el camino que señala la voz de Dario, un ejercicio muy logrado que dota al tema de un sello particular.Los ecos de blues sureño siguen sobrevolando el ambiente.

De nuevo la cadencia del bajo partiendo de registros blues, va señalando el camino a seguir en “The tomb sing”. Un blues que se va transformando en sus formas sin salirse de la senda marcada pero ensanchando los límites. Poco a poco encontramos una aceleración del ritmo, que llega a ser frenético e incisivo, sobre entornos de swamp-rock humeantes. 

La parte final de éste maravilloso relato de “THUS SPOKE ZARATHUSTRA” viene marcado con tonos rurales en los que los coros en tonos soul-blues vaticinan que el desenlace esta cercano a producirse. “Gift giving virtue”, recupera la esencia blues-rock ácido con aromas de Costa Oeste.

“Vision and the riddle” se sumerge completamente en el puro blues-rock con tonos que nos recuerdan a Alvin Lee o a Mylon Lefevre, el sonido pantanoso domina un corte de apariencia sencilla, pero que en sus entrañas esconde un trabajo bien perfilado.

Los aromas country son retomados en  “Old and news lyrics”, otro tema rural bajo acordes acústicos en los que no participa la batería.

The fourth book (epilogue) cierra esta ópera-rock con doce minutos en los que la banda compone y crea el tema más complejo de todo el disco. A golpe de bajo y batería inician un tema en el que la guitarra nos va absorbiendo con sus acordes y su ritmo. Dinamismo en desarrollos incisivos y voces desgarradas llenas de sentimiento para decaer en espacios de psicodelia susurrante. Dando un giro a la trama, ahora los pasajes tranquilos se van produciendo con un discurso distinto en el que el blues revolotea sobre las notas. Bucolismo con reminiscencias West-Coast aparece en la voz dulce voz de Isabel precedente a un ácido solo de guitarra en una montaña rusa con incrementos y descensos sonoros en los que la banda muestra todo su buen hacer y versatilidad.

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ROYAL SONS.- “Praise warship”

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Un debut en el que se deja patente de donde viene la banda. Los tejanos ROYAL SONS, nos ofrecen la crudeza ya vista en las bandas de Texas desde comienzo de los setenta. Blues-rock, boogie-rock, aderezado unas gotas de cannabinoides todo ello metido en la trituradora del stoner. Energía y sudor que hace que la temperatura suba. Una magnífica carta de presentación.

Los primeros riffs de “The devil’s knocking” ya nos dan una pista de por donde va la cosa. Blues-rock setentero con mucho groovy. Una guitarra ácida y punzante, con algún toque slide. Cadente y firme, permite el desdoble de las guitarras y tras una construcción lenta de la melodía que llega a generar angustia, llega el frenesí boogie-rock con armónica incluida.

Seguimos con un fornido blues-rock potente y lleno de acidez como es “Shufflin’ Shoes” cantado con un registro vocal que me recuerda a Dan Mc Cafferty, pero en modo vacilón. Bajo efectos psicodélicos, el resultado es un corte vibrante y potente.

Algún eco retro se vislumbra en “Nobody Has to Know” en otra potente dosis de hard difuso y humeante. El repetido y contagioso ritmo no permite ni un respiro.

Cambiando un poco la fórmula, “Let it burn”, se presenta como un corte más enigmático. Un hipnótico y repetitivo ritmo de batería se va coloreando con rasgueos de guitarra, apareciendo desde la oscuridad una cálida voz evocadora de Jim Morrison. Pasional y desgarrada, pero bien encajada en el puzle caleidoscópico que genera una instrumentación que se inflama apabullante, evolucionando enérgicamente para involucionar sutilmente en la parte final.

Sobre slide sureño y con voces ahogadas “Orále culeros”, entre acordes acústicos consiguen un tema en línea Graveyard, en el que la voz aguardentosa junto a nos medios tiempos bluseros y sureños ofrecen otra visión de la banda.

A caballo entre ZZ Top, Nazareth y The Black Angels transcurre “The eve”, el boogie-rock psicotrópico de un cañonazo que deja metralla ácida en su deflagración.

Mas arenosos se muestran en temas como “Praise & warchip” y “Familiars”. Gruesos riffs Stoner con algún toque de hard-retro y alguna reverberación grunge, en momentos cegadores.  

Ecos de Detroit aparecen en “Taste the whip”, con una vocación porto-punk atiborrada de fuzz.

La psicodelia con genes bluseros de “Too far gone” va evolucionando a ritmo de una poderosa batería, con desgarradores voces que se van zarandando por los riffs.

La parte más sosegada aparece en “Dawey”. Cálidas voces y coros sobre brumosos ritmos con mucha esencia en su interior custodian un corte de blues psicodélico rebosante de aroma..

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GRASS.- “Get In The Van”

Esperado disco de la formación de Pensilvania GRASS que con su debut “GET IN THE VAIN” nos ofrecen uno de los mejores discos publicados en lo que va de año. Una catarata  de guitarra fuzz que recorre nuestros sentidos  con el espíritu de Hendrix revoloteando sobre el mástil de la guitarra y en el interior de […]

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Esperado disco de la formación de Pensilvania GRASS que con su debut “GET IN THE VAN” nos ofrecen uno de los mejores discos publicados en lo que va de año. Una catarata  de guitarra fuzz que recorre nuestros sentidos  con el espíritu de Hendrix revoloteando sobre el mástil de la guitarra y en el interior de la garganta de Andrew Bloodink .

Un tremendo groovy que nos traslada a los momentos más brillantes del acid rock. Tratando de transmitir las vibraciones que la banda consigue en directo, su ejercicio de blues psicodelico, con ramalazos funky, sin dejar de lado retazos de boogie-rock, “GET IN THE VAN” supone una bofetada de aire fresco sobre el inmovilismo de algunas de las propuestas que nos encontramos en la escena contemporánea. Rítmico, contagioso en sus vibraciones, e incisivo y lascivo. Impresionante y sublime.

Si el punto que más puede llamarnos la atención es su guitarra asesina, la sección rítmica no se ve ensombrecida. La vigorosa batería  de Chet y la nitidez y contundencia que Salty le imprime al bajo hacen un conjunto que se aproxima a la perfección. si a eso unimos, los momentos en la segunda parte del álbum, en los que la banda incorpora los sonidos de saxo de Sam, la ecuación queda resuelta milimétricamente.

“Lay it on me brotha” abre un disco en forma de arenas movedizas, que te atrapan en un su interior y del que no puedes huir. Siguiendo los dictado de Hendrix, estamos ante un dinámico tema en el que destaca una definida instrumentación, percibiéndose nitidamente todos los instrumentos. Un versión contemporánea del héroe de Seattle en la que se conjuga aquella esencia con retazos cercanos al stoner más psicotrópico. intensidad absoluta en un alegre corte.

Creando un clima evocador de los mejores momentos de la historia del rock, la línea de bajo de “Shaggy Dog”  así como el tono y la cadencia de los registros vocales, unido a una vertiginosa interpretación inspirada en momentos boogie -rock, los riffs de guitarra brillan ondulantes. Retorciéndose constantemente en ese deambular, los tonos negroides se empiezan a vislumbrar.

La versatilidad de unos temas que recogen los frutos cosechados anteriromente, logran que “Get in the van”, aunque con la misma base, se contonee lasciva y sugerentemente. Con porte provocador, atesora una cierta sensualidad en sus chulescas formas.

Si el disco destaca desde la primera nota por su ejercicio de fuzz, en “Right on” el derroche es apabullante. Borboteando, GRASS trata de estirar los riffs hasta el infinito. La sección rítmica, incesante y frenética en su roll, serpentea en subidas y bajadas de intensidad, tornándose hacia espacios en los cercanas al funky, generando un abanico de sonidos mucho más amplio. la repetición de los riffs contribuye a la frescura y vivacidad del corte.

El saxo hace su aparición en “Leadfoot”, con el ritmo  se fusionando con sus notas. Intercalándose con un bajo agitador y el cambio en la cadencia de la bateria, hace que el corte ya si, sin contemplaciones se adentre en los territorios funky que el tema anterior había explorado tímidamente. Este tema impide que los cuerpos se queden estáticos, torneandose atraidos a un baile ritual.

Un nuevo elemento sonoro aparece en “Where are you Sam?”. Ya inmersos en la atractiva y lasciva vorágine funky,  elementos de jazz hacen acto de presencia en una combinación que recuerda a RARE EARTH compitiendo con JIMI HENDRIX en una pista de baile. Ritmo y swing conjugados con incendiarios solos de guitarra heavy-psych. Una arrolladora espiral sonora que llega a adquirir tintes diabólicos en un ejercicio redentor para ahuyentar malos espíritus. Todo un ritual liberador.  

En este punto, ya comienzan a faltar los calificativos para definir lo que “GET IN THE VAIN” nos ofrece, cuando un nuevo giro de tuerca se ejecuta en “Whale”. Un cambio de estado de ánimo que nos traslada a los momentos más ácidos de la banda. Con una herencia de sonidos west-coast a lo largo de poco más de minuto y medio.

Ahora sin voces, “Gastronaut” explora territorios más puramente retro-rock manteniendo esos riffs efectivos y afilados, con una fluida cadencia.

“Big bad Sam”, el tema más largo del disco se desarrolla bajo ritmos de boogie-rock que GRASS colorea gracias al saxo. Vacilón e incitando al contoneo y al baile, un contoneante aquelarre con mucho groovy, se desvanece suavemente para volver a la intensidad con la guitarra de Andrew. Un aparecente desmayo producido por voces y coros blues-rock elevan la ondulante trayectoria el tema hasta que este se transofrma en la parte final usando elementos lisérgicos que salen a la luz guiados por el oscilante saxo. Las sugerentes reverberaciones de fuzz siguen presentes como sello de identidad.

El tema que cierra el disco, “Back from space”, utiliza mimbres típicos del hard rock setentero aderezandolos con la esencia Hendrix. Tras la fuerza inicial, va decayendo a momentos en los que el thc parece impregnarlo, para resurgir en momentos de de aparente histrionismo.

Brillante, muy brillante trabajo, que en cada nueva escucha muestra más y más matices que tras el apabullamiento de la primera audición van saliendo a la luz. 

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PUSHY.- “Hard wish”

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PUSHY, la banda de Portland nos da una buena patada en el culo con “HARD WISH”.

Haciéndonos revivir la esencia del rock sin aditivos. Ese hard rock que practicaban los grandes del género en los primeros años setenta.

Tomando elementos blues-rock, el hard, el boogie y muchas dosis de puro rock and roll atemporal, nos inyectan una buena dosis de adrenalina ácida en vena. Guitarras que aúllan, voces que nos seducen y nos vacilan, y una máquina rítmica de las que ya no estábamos acostumbrados. Explorando los momentos más brillantes del hard rock, suponen un soplo de aire fresco a la escena para aquellos que gustamos del rock de siempre. Ecos de Hendrix en sus guitarras y un inevitable recuerdo de bandas como JAMES GANG en sus temas.

“Fanny”, el tema que abre el disco, deja claro desde sus primeros acordes de que van estos chicos. Una vuelta al rock más salvaje de los setenta, a través del blues, del boogie. Rítmos frenéticos y un derroche de actitud sin paliativos. Boogie-rock divertido y con mucho groovy. Giros de guitarra que activarán nuestras neuronas.

A continuación, un estribillo vacilón  y mucho fuzz nos introducen en “Nasty bag”. Un corte en el que el blues y el boogie rock nos ofrecen momentos de gloria.

La ejecución de estos chicos es impecable; y así lo dejan patente en cortes como “Blacktop”, en el que una gruesa línea de bajo da paso a elegantes punteos de guitarra ácida apoyados en reconfortantes registros vocales para abrir las hostilidades de una incesante batería que se complementa con guitarras duales que acaban precipitándose en un torrente que se desboca. Cabalgando al galope sobre extensas llanuras, para detenerse en pasajes de mayor densidad y retomar el galope a lomos de una chirriante guitarra. 

Seductores cortes como “If i cry”, en los que utilizan ritmos con mucho “mojo”. Balanceos vacilones de guitarra llenos de groovy que hacen que sea imposible resistirse a su ritmo. Un tema para dejarse llevar….

Toneladas de fuzz en vena Hendrix, nos ofrece “El hongo”. Cadencioso y florido con coros en linea Grand Funk, sonando como si se hubiera compuesto en la California de los setenta. Decayendo en gratificantes momentos de psicodelia, el tema no pierdo el compás y el groovy ni en los momentos más calmados. No podemos hablar de un ejercicio retro, ¡esto suena original!.

“Lonesome entry” es un frenético rock and roll que activa directamente todo tu esqueleto. 

Continuando por esa senda por la que camina PUSHY. “I’ll be gentry” , sigue indiciendo sin complejos en un boogie-rock desenfadado en linea FOGHAT.

El cierre del álbum corresponde a un tema en el que los ejercicios de guitarra ácida impregnan sus diez minutos de duración. “Lay of the land” muestra el lado más experimental de la banda, a través de atractivos acordes de guitarra, voces que parten de la melancolía  y un aparente y sosiego mostrando el lado más calmado y lisérgico de los de Portland.

“HARD WISH” fue grabado por Will “Iceman” Klintberg Ice y CoCo Productions , masterizado por Dan Randall en Mammoth Sound Mastering

Todas las canciones han sido compuestas por la banda compuesta por Ron Wesley (guitarra), Travis Clow (batería), Neal Munson (bajo y voces) y Adam Burke (voz, guitarra y creador de la portada del album. 

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