Reseña: BLACK ROAD.- “Witch of the Future”

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Nada parece resultar casual en “WITCH OF THE FUTURE”, el álbum debut del cuarteto de Chiçago BLACK ROAD. Su publicación el día de Halloween, coincide con el tercer aniversario desde están juntos la formación actual. La banda lleva trabajando a pico y pala desde sus comienzos, sin dar un solo paso en falso. Su alabado EP homónimo les situó en la escena stoner doom, con unos temas en los que el blues estaba muy presente, pero BLACK ROAD no parece ser la típica banda psych-doom con su vocalista femenina al frente, los de Chicago van más allá, y Suzi Uzi tiene bien merecido el título del álbum como “La bruja del futuro”. Los ocho temas incluidos en “WITCH OF THE FUTURE” la elevan a unos altares reservados solo para las grandes sacerdotisas. Canciones que viven en atmósferas oscuras, sin perder la vocación doom, pero las tinieblas son atajadas con fantásticas melodías, tanto generadas por la guitarra de Tim M. con una combinación de armonías, como con la sensualidad de la portentosa voz de Suzi. Nebulosas que se construyen a fuego lento, sin que la luz de la hoguera explote en grandes deflagraciones, sino en tenues llamaradas atrayentes y cautivadoras. Chicago es una de las cunas del blues, y también éste sigue presente en alguno de los cortes, de una forma sutil y elegante.  Así el resultado es simplemente espectacular, un trabajo que rápidamente comenzará a recibir elogios por todos aquellos que se aventuren en sus entrañas, un interior lleno de riqueza compositiva y de belleza. Fragancias hechizantes y cautivadoras de las que es difícil escapar y de esos a los que vuelves una y otra vez haciéndote cantar sus canciones de encanto místico y mágico para los días más oscuros..

“Purgatory” nace de delicados pasajes de los que brota la sensual voz de Suzi. arropada por una virtuosa y sosegada guitarra que también reclama su momento de gloria. Susurrante, el tema va engrosando pausadamente su ritmo con una apacible cadencia. Un poderoso bajo aparece desde las tinieblas para arrancar “Radiador”. Aquí la banda recupera el legado Sabbath, con un tema mas oscuro y tenebroso. Cuando la oscuridad se apoderado del entorno la  voz de la sacerdotisa poco a poco resplandece con toda su magia.  La bella y reconfortante voz va desplegando toda su sensualidad repartiendo un agradable hechizo. Una dulzura que nos hace escapar de la oscuridad. Aquí pueden darse ciertos estereotipos de las bandas psycho-doom con cantante femenina, repitiendo la estructura, pero su grandeza está en todos esos matices que con sutileza se incorporan.Los riffs se muestran poderoso, sólidos, pero sin aplastarnos con su fuerza, estamos ante un vigor medido y a su vez, contenido que se transforma en momentos heavy-rock impregnados en psicotrópicos. 

Los diez minutos de “Witch of the future”, el tema que da nombre al álbum posiblemente sean los mejores construidos en toda su carrera. la sensualidad y la belleza toma el protagonismo a otro tema que avanza serpenteando suavemente entre momentos de gratificante psicodelia y algún eco blues. Un masaje sonoro reconfortante e intenso que nos susurra antes de explotar en pesados y lentos riffs llegados de las tinieblas mas inquietantes. Distintos estados de ánimo y de estilos musicales aparecen bajo la larga sombra doom, que acaban sucumbiendo ante el hechizo de la gran sacerdotisa.  En todo su esplendor vocal,   es custodiada por una corte de fornidos riffs para constriuir un relato rebosante de épica ocultista. encabritándose como si se despeñara por un barranco dominado por ritmos stoner que van mutando a momentos mas propios del heavy-rock, recubiertos de un aura psych que nos traslada a un relato de fantasía en el que tras la tempestad llega la calma. Una calma cubierta de un sinfonismo que nos hace regresar a los reconfortables y bellos pasajes iniciales donde la hermosura lo domina todo. Solo por este tema, el álbum ya merece la pena. Simplemente sublime.

“Torches” se construye sobre sólido muros doom en los que las plegarias son protegidas de las tinieblas por celestiales proclamas en forma de rezos típicamente psycho-doom. Ocultismo versus sensualidad que acaba tejiendo un tema mesurado a pesar de seguir muchos cánones del género. Pesado y lento y con su intoxicante nebulosa.

Por la senda del blues, “Blood on the blade”, mantiene de alguna forma la vocación psycho-doom. Esa fusión con la que nació la banda de blues psicodelia y doom queda fielmente reflejada aquí. mas rabia vocal acompañadas de solos que se desangran entre una base rítmica propiamente doom, y que consiguen salirse de los estereotipos.

El regreso a la oscuridad se produce en “Hash king”. la alargada sombra ocultista nos acecha nuevamente bajo nebulosas intoxicantes. nuevamente derrochando su poder de seducción Suzi, casi recitando asoma entre la oscuridad de un ritmo lento y pesado para acabar elevándose con crujientes riffs  que coquetean con el blues mas lisérgico. siete largos minutos de relato psyco-blues bajo los dominios del doom más ortodoxo.

“End of the man” se aleja del doom, para regresar a los orígenes blues llenos de momentos de psicodelia. Por momentos con una cadencia mas propia del heavy-rock más melódico, dejando escenario para el lucimiento y virtuosismo tanto de guitarra como de bajo.  

Este grandisimo álbum cierra con una sorpresa en forma clasicismo romántico. “Lament” es construido por Suzi únicamente con los acordes del piano. Alejado completamente de cualquiera de los temas anteriores, se toma una licencia con la que obtiene un bello resultado lleno de melancolía. 

WITCH OF THE FUTURE” fue creado en un año de trabajo compositivo, habiéndose grabado en Roosterbat Studios y masterizado para todos los formatos por el Tony Reed.

BLACK ROAD son: Suzi Uzi (voz, letras y piano), Tim M. (guitarras) Casey Papp (bajo) y
Robert Gonzales (batería).

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Reseña.- WELCOME INSIDE THE BRAIN.-“Queen Of The Day Flies”

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Es un placer recibir una nueva entrega del quinteto alemán. tras haberles descubierto con su anterior álbum “CELEBRATE THE DEPRESSION”, el cual me sorprendió gratamente por su facilidad para ejecutar sonidos progresivos llenos de frescura, un año y medio después vuelven a crean una  gran obra. Con un sonido que se sustenta en el poderoso órgano retro de Johann Fritsche, sobre el que se desarrollan todos los temas. Ese sonido tan peculiar en décadas pasadas, y que WELCOME INSIDE THE BRAIN lo devuelve a la actualidad con unas composiciones que se basan en el blues y el jazz sin renunciar al rock clásico. fuertemente influenciados por Frank Zappa, los de Leipizg vuelven a dar en el clavo con este nuevo trabajo. Desconocidos para muchos, es una de esas bandas que cuando la escuchas se incorporan a tu colección de imprescindibles. Si la base de sus temas parte del sonido del órgano, unas veces en modo pastoral, otras en pura línea sinfónica, y otras en tonos retros tan de actualidad en los tiempos actuales, no solo de órgano vive la banda. Las guitarras de Georg Spieß y la cautivadora voz de Frank Mühlenberg hace que estemos ante un álbum versátil e intenso. Un disco de esos que nos deparan grandes momentos a los melómanos. Hablar de influencias en su sonido es hablar de Frank Zappa y las formación de rock progresivo setenteras, no en vano, la banda compartió escenario con Banned From Utopiala banda que original de Zappa. Definitivamente en “QUEEN OF THE DAY FLIES”, parecen centran más sonido en vibraciones netamente progresivas. el disco está disponible vía Tonzonen Records, un sello que ya nos tiene acostumbrados a este tipo de apuestas que se salen de los cánones convencionales y que aportan una frescura y creatividad a la escena alternativa, lo que es todo un acierto.

“Baptist preacher”, es un ejercicio de rock progresivo setentero . Sinfonismo que se conjuga con unas eficaces voces que nos trasladan momentos Jethro Tull, Camel, o Caravan. Caminando por el lado hard, pero sin despreciar todos los sonidos experimentales construyen un tema lleno de frescura. La vocación por elementos jazz aparece en constantes cambios y giros que no se apartan de una propuesta particular de la banda.  Aquí no hay sonidos pesados ni riffs hirientes, simplemente canciones bien hechas.

Sobre tonos de guitarras sureñas se va construyendo “Nacked Philosopher”. En una linea retro-rock sus riffs recuerdan grandes momentos hard-rock. Si a eso unimos ciertos tonos jazz psicodélicos con reminiscencias doorsianas. Una composición que se asemeja a la propuesta de Ray Manzarek, pero que se combina con elementos blues y vientos sureños. todo un cuadro multicolor en el que las guitarras le quitan por momentos protagonismo a los teclados. Finalmente el corte acaba sucumbiendo a los dictado sdel rock progresivo a pesar de las muchas influencias y estilos que se pueden encontrar en sus surcos. Seguramente estamos ante lo momentos más rockeros del álbum a pesar de que su parte final escarba en espacios más propios de Yes con los desarrollos de los teclados.

Las dulces melodías de “Broken record”, suponen una mirada melancólica en espacios situados entre el soft-rock y el sintonismo setentero. Un tema de una belleza serena sobre medios tiempos. Aquí cabría destacar, algo que ya no nos puede sorprender, la capacidad para combinar las voces en un entramado sinfónico que siempre tiene su luminosidad. Otra atractivo corte que no hace sino darle más brillo a un album bien construido.

“Queen of the day flies” cabalga entre el blues y el hard progresivo sobre unos parámetros que nos recuerdan a Captain Beefheart o el mismísimo Arthur Brown. Oscuro y monumental, el tema experimenta con episodios de psicodelia traídos por la guitarra. Retro-rock progresivo sería una definición apropiada. muy hábiles en esa conjunción planetaria de solos ácidos y órgano puramente retro.

Evidentemente si al principio hablaba de una herencia Zappa, solo hay que escuchar “White room” para comprobar que mis palabras no estaban vacías.  la cadencia progessiva junto a las voces teatrales, crean un corte oscuro en el que la banda coquetea con el jazz-rock. Elegancia compositiva que no prescinde de grandes momentos guitarrísticos ni de agradables pasajes melancólicos de los que surgen bucólicas voces en tonos florales. un tema que puede parecer distinto, y alejado del estilo escogido por la banda, pero en el que volvemos a encontrar grandes momentos sinfónicos.

Ese sintonismo se siente también en “Call me a liar”, en el que el jazz vuelve a hacer acto de presencia de una forma sutil, especialmente a través de la guitarra. susurrantes voces completan un cuadro sonoro muy bien construido.

“Hometown” puede que sea el corte más experimental. Con sus extraños y misteriosos pasajes en los que se sumergen en espacios avant-garde. aquí parece que la banda se deja llevar por sus instintos más experimentales sin ningún rubor. un tema de los que no entra fácilmente en el oído del oyente, pero que sirve como ejercicio recuperar el legado más difícil de Zappa.

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Reseña.- BRIGHT CURSE “Time of the healer”

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Nuevo trabajo de BRIGHT CURSE con muchos cambios respecto a su anterior álbum “BEFORE THE SHORE”. Han pasado tres años y el sonido de la banda ha sufrido modificaciones con su nueva alineación. Convertidos en cuarteto con Romain Daut (miembro fundador) guitarra y voz, Tommy Foster (guitarra), Sammy Deveille  (bajo) y Mark Buckwell (batería), dan una vuelta de tuerca a la escena pesada y psicodélica con un trabajo en el que a través de cinco largos temas consiguen tocar estilos tan variados como el jazz, blues, psicodelia, progresivo, stoner…. Todo soportado por un rock de origen setentero, desarrollando cada tema con esmero, para conseguir crear una historia común. Incorporando hábilmente sonidos de saxo o de flauta que pueden descolocarte en un principio, pero que finalmente saben a gloria bendita. Delicados en sus melodías, la dupla de guitarras siguen aullando al unísono sobre una base rítmica que siempre se presenta contenida. Si unimos la fuerza vocal de Ramain, y los pasajes en los que se sumergen en aguas heavy-psych, nos encontramos toda una joya que rompe estereotipos. Si, muchos lo definirán como retro-rock, otros como heavy-psych, pero muchos, es posible que no logren encontrar las palabras adecuadas para describir un álbum superlativo. ¿Y eso que más da?. En “TIME OF THE HEALER” lo verdaderamente importante, no es el estilo que usan, sino como lo usan. Temas que te dejan con la boca abierta, en los que lo sutil se combina con lo firme. Maravillosas melodías que se colorean de una amplia paleta de tonos para lograr un cuadro sonoro digno del museo más reputado. Tengo que reconocer que desde la primera escucha me atrapó, y en cada nueva audición sigo sacando más y más matices. Una belleza superlativa e intensa de la que no quiero escapar. Podríamos encontrar momentos en los que escuchamos a All Them Witches, pero también tenemos muchos otros en los que los ecos de cualquier afamada banda retro aparecen sin darnos cuenta.  Magnéticos y hechizantes en sus pasajes, consiguen que la magia aparezca. Por otro lado, las locuciones que incorporan al final de cada tema, son difíciles de encajar, pero a buen seguro, la banda tendrá su razón para ellas. Para mí, es única incógnita que no he sabido descifrar, pero ésto no desmerece un trabajo en el que cada nota fluye con naturalidad a pesar de los numerosos cambios de ritmo y de registros. ¡¡Grandioso!!! Como recomendación, si en una primera escucha no te ha enganchado, repite, los nuevos viajes son cada vez más placenteros. Otro gran fichaje de Ripple Music, y ya van unos cuantos….

Unos suaves y apacibles pasajes nos introducen en “Smoke in the past”. Susurrante, los ecos setenteros en tonos progresivos van poco a poco construyendo un tema que va evolucionando a lomos del dulce sonido de una flauta que complementa a la cálida voz. BRIGHT CURSE nos va atrapando en tema en el que los elementos psicodelicos se entremezclan con pasajes que beben de momentos blues. Calma y sosiego bajo la atenta mirada de unos ritmos retro que van elevándose majestuosos ante nuestros sentidos. Ya desde el principio el poderío compositivo se deja notar. Ritmo, voz, melodía y sentimiento que se complementa con la dualidad de guitarras.  Cercanos a algunos postulados ya transitados por All Them Witches, los solos ácidos aparecen entre la bruma por la que nos dirigen. La culminación se produce en la parte final donde los momentos heavy-psych de apoderan del protagonismo custodiados por ritmos retro stoner que son tratados con delicadeza.

Sin muchos artificios, y usando el blues y la psicodelia, “Laura” nos muestra unas magníficas guitarras soportando la cálida y aterciopelada voz. Enmoquetados pasajes que se ven asaltados por un saxo que a nadie dejará frío. Lleno de belleza el tema crea un clima para la relajación y el sosiego. Las melodías son cuidadas con esmero utilizando elementos shoegaze para dotarlos de ecos jazzeros . Ese saxo me mata!!!!, pero de placer…. Esta es la prueba de que se puede ser creativo sin abandonar determinados esquemas. Nuevamente una extraña locución aparece en la parte final. espero en algún momento descubrir su sentido, que seguro lo tiene.

Si los dos temas anteriores nos han dejado estupefactos por su creatividad y calidad, “Une virée”, va más allá. Con una base de jazz, y cantando en francés cual artista de la canción francesa más clásica, construyen un corte alejado de cualquier estándar de la escena pesada psicodélica. Puede que no todo el mundo pueda apreciar ese giro compositivo, pero, sin duda, es genial.

“Shadows” sigue la el camino de la calma a través de senderos de psicodelia de tintes retro. Creando misteriosos entornos llenan de misticismo unos surcos sólidos . Cálidos susurros con acordes pegadizos a pesar de su sosiego. Incluso me atrevería a decir que se intuye alguna influencia chamánica que recuerda a Jim Morrison. Magnetismo y hechizante combina momentos de blues con voces shoegaze. Blues psicodelico de muchos quilates que explota con poderosos riffs en los que las guitarras vuelven coordinarse para ofrecernos retazos doom sobre esos mimbres. Casi recitando como lo hacía Morrison, una vez narcotizados vuelven a despertarnos a golpe de riff. Diez minutos apoteósicos llenos de fuerza y garra. Toda una epopeya sonora de dimensiones descomunales.

Tomando como punto de partida el rock clásico que residía en los setenta, la voz vuelve a marcar la entrada en “Time of the healer”. Un nuevo ejercicio creativo en el que los ecos de los noventa se fusionan con poderosos riffs stoner. Con momentos más cercanos a lo que nos tenían acostumbrados en sus anteriores trabajos, la garra sigue marcando otro tema lleno de meandros. Seguramente estemos ante un corte extraño, pero precisamente esa es su virtud. La habilidad para manejarse entre momentos que llegan a ser desérticos con calmadas lagunas en las que el jazz el Dios Neptuno. ¡¡¡Otra vez ese maldito saxo me revienta la cabeza!!!. “TIME OF THE HEALER” tiene la destreza siempre para mantenernos alerta.  Cuando más enchufados estados, nos vuelve a descolocar con extraños efectos dejándonos aletargados. Una vez allí resurge como el Ave Fenix de sus cenizas para devolvernos al hard rock más contundente.

El disco está disponible vía Ripple Music.

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TESOROS del siglo XX.- TRACTOR.-“Tractor”

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En los tiempos actuales no es extraño encontrarte una banda con dos miembros, pero en 1971 la cosa no era tan sencilla. Los británicos TRACTOR seguramente eran una excepción. 

El dúo compuesto por Jim Milne  (guitarras y voces) y Steve Clayton (batería , percusión maracas, bongos, piano, flauta) ya había publicado con anterioridad otro registro con el nombre de THE WAY WE LIVE. lo que les valió para que John Peel se fijara en ellos y firmaran un contrato con Dandelion. Como parte del precio del contrato Peel había comprado el equipo a la banda, precio que posteriormente descontaría de sus emolumentos. Jim y Steve se habían conocido cuando tenían 11 o 12 años y sus influencias procedían de Zappa, Hendrix, Pink Floyd, Jethro Tull o The Beatles, los cuales influyen en alguna de sus melodías vocales.

Su sonido se puede encuadrar en el espectro de las primeras bandas de hard progresivo como T2, Toad, con toques de Fresh Maggots, e insuflando ciertas dosis de folk en sus temas. Un sonido pesado que también se alimenta del blues y contiene entre sus surcos buenas dosis psicodélicas. Poderosos riffs y un contundente base rítmica combinada con registros vocales más acaramelados. Temas llenos de fuerza que con el paso de los años adquieren más valor si cabe.

“All ends-up” con unos efectos inquietantes da paso a una contundencia coloreada con voces pop con una exuberante batería y fuzz humeante.  Un corte denso que haría palidecer a alguna de las pesadas contemporáneas.

En los tonos acústicos brillan de igual manera. el bucolismo de “Little girl in yellow”, bajo una instrumentación minimalista no tiene nada que envidiar a muchos de los temas que años antes se cocinaban en la costa oeste. Entre medias algún solo potente aparecen rompiendo la estética del tema reconviertiendolo en un tema de hard con solo hirientes. Uno de los mejores temas del álbum.

La magia folk aparece en “The watcher”, otro de los destacados. Un tema aterciopelado con dulces melodías vocales.

“Ravenscroft’s 13 bar boogie”, como su propio nombre indica es un boogie-blues alegre y divertido con olor a cerveza de garito mugriento un una cadencia rítmica contagiosa.

La faceta más experimental viene en la psico-progresiva Shubunkin”, o en “Hope in flavour” en la que el hard-progresivo de la época queda reflejado de manera evidente. 

“Everything it happens” devuelve la faceta folk del duo. Una ejecución en tonos acústicos sobre un manto de oscuridad con elementos progresivos.

El hard se entrecruza con elementos pop en “Make the journey”. una combinación en la que la banda refleja su pesadez instrumental bajo bellas melodías vocales, para incluir unos poderosos riffs de guitarras. una de las caractisticas de la banda. Cuando piensas que un tema va por un terreno determinado, giran bruscamente cambiando la tonalidad del tema. Aquí encontramos las mejores guitarras de todo el álbum.

En la re-edición del sello Repertoire Records de los años 90 se incluyen tres temas más “Lady of Astorath”, “Stony Glory” y “Overture”.

La banda ha continuado en activo publicando en 1977 un álbum con el nombre de “Worst Enemies”, así como haciendo shows de cuando en cuando hasta casi nuestros días.

El original se cotiza a cientos de euros en el mercado de segunda mano.

 

 

 

Reseña.- BRANT BJORK.- “Jacoozzi”

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Uno de los pioneros del desierto presenta su nuevo álbum en solitario. Personalmente cada día me siento más atraído por su creación en solitario, a pesar de reconocer que con Kyuss fueron crearon un sonido que ha dado mucho de sí y cuya estela es enorme y sigue siendo fuente de inspiración para multitud de bandas.

“JACOOZZI” ve ahora la luz con grabaciones efectuadas en diciembre de 2.010, cuando BRANT BJORK, en una casa en Joshua Tree pretendía grabar otro disco en solitario. Cuatro días de grabaciones que el músico decidió abandonar las ocho canciones en las que estaba trabajando. Junto a su amigo e ingeniero Tony Manso, comenzó a grabar y a tocar la batería con improvisaciones espontáneas. Luego fue incorporando las guitarras, bajo y percusiones sin perder el espíritu de la improvisación.   Las grabaciones sin terminar se quedaron en un estante. Bjork había quedado más satisfecho con las sesiones improvisadas, recuperándolas ahora para gozo de sus seguidores. Los diez temas aquí contenidos, recogen aquellas sesiones reflejando toda la frescura de un músico que toca y se divierte. Un disco sin ataduras en el que se deja llevar por sus instintos, y ¡¡de qué manera!!.

Había noticias de estas cintas, pero la incertidumbre sobre si verían la luz en algún momento siempre existió. Ahora tenemos la respuesta ante nosotros.

En “JACOOZZI” encontramos la mejor versión posible de BRANT BJORK.  Puede que los acérrimos seguidores de Kyuss puedan verse defraudados, pero, si olvidan los complejos podrán disfrutar de un disco hecho con espontaneidad y en el que se ven reflejados una gran variedad de sonidos que hemos venido escuchando durante décadas, rock, blues, Funky, psicodelia, jazz, ecos west-coast, así como el desert-rock que le aupó a la fama. Todo un acierto que puede convertirle en uno de los albúmenes más destacados de su discografía.

Estamos ante un trabajo prácticamente instrumental basado en jams en el que cada tema tiene mil matices.

“Can’t out run the sun” deja claro que nos vamos a encontrar en los surcos de “JACOOZZI”. Improvisaciones bajo cadentes ritmos de batería repetitiva de hipnótica. Unos acordes que se repiten insistentemente a través de una introducción de casi dos minutos ejecutados con parsimonia. Un tema en el que parece que vayamos en un tren por el desierto desde cuya ventana vamos viendo pasar el paisaje. Un corte contemplativo con sutiles acordes de psicodelia apacible y olor a cactus.

En sus últimos discos, el músico de californiano nos ha ofrecido múltiples temas en los que el funky hacía acto de presencia. Aquí, “Guerrilla funk”, refleja ese groovy en el que el bajo y la batería adquieren una cadencia pegadiza y llena de frescura. Jugando con los ritmos a través de los distintos instrumentos, las melodías desaparecen. Cambiantes armonías van moldeando sus formas en improvisaciones sosegadas en las que demuestra su versatilidad y habilidad, tanto con la batería como con la guitarra. El tema refleja a un músico divirtiendo tocando, jugando con ritmos y acordes que repite a su antojo, y eso consigue transmitir que nos sentamos partícipes del mismo.

Si las influencias musicales que contiene “JACOOZZI”, son múltiples y variadas, solo hay que escuchar “Mexico city blues” para corroborarlo.

Con el protagonismo de la batería, una nueva jam con matices jazz coquetea con una guitarra que rezuma blues mirando a esas plantas que corretean por las arenas del desierto.  Tengo la completa sensación de que la grabación es fiel a la original, sin aditivos, ya que el resultado es como si el tema estuviera inacabado.

En poco más de medio minuto, ejecuta un calentamiento de batería, sin más, en “Five hundred thousand”. Siempre me pregunto porque muchas bandas incluyes cortes así en sus discos, que personalmente creo que aportan poco, pero supongo que su motivo tendrá. Bien es cierto que sirve de introducción a uno de los temas que personalmente más me gustan de todo el álbum. “Black White wonderland” nos lleva a paradisíacos espacios a través de ensoñadores acordes de guitarra que parten desde una calma y un sosiego introspectivo. Acordes melancólicos que evocan una cierta mirada al pasado. Un tema en el que la añoranza está presente y que contrasta con el distinto carácter que tienen las guitarras con respecto a la batería. Por otro lado hay que destacar el magnífico trabajo de bajo que contiene, un bajo que puede pasar desapercibido, pero que resulta fundamental en la construcción del corte.

Con pedales y distorsiones, “Oui” combina ritmos jazz con psicodelia relajante. Guitarras superpuestas en distintos estratos definiendo claramente su papel en los ritmos, y en los solos. Un soplo de fuzz humeante con el jazz muy presente. Otro tema brillante.

Si, el jazz está muy presente en “JACOOZZI”, así “Mixed nuts”, sigue esa cadencia musical, con un ritmo de batería y bajo tonos vintage en una nueva jam en la que la guitarra pone los tonos más oscuros e hipnóticos. Susurrantes, incorpora un órgano en segundo plano que tiñe de ocre un el tema.

El Brant más rítmico y bailable aparece en “Lost in race”, Compases funkys de percusión con un bajo hipnótico y pulsante prescindiendo de las guitarras

La psicodelia tiene un nuevo espacio donde desarrollarse en “Polarized”. Bajo ritmos de jazz, los solos más ácidos tienen su espacio aquí. Distorsiones y leves acordes de piano con una batería al ralentí, van arropando los momentos más diabólicos de Bjork y su guitarra.  Otro tema que se presenta como incompleto en su aspecto, y que ocupa el espacio lisérgico de este versátil trabajo.

Si los nueve primeros temas del álbum son jams instrumentales en las que la improvisación está presente, “Do you love your Word?”, es el único tema en el que ponemos escuchar la voz de Brant. Dulzura y con reminiscencias del verano del amor, las melodías y los sutiles acordes de la guitarra solo sirven de cobertura para una voz llena de sentimiento y calma. Un broche final perfecto para un trabajo que cuanto más escuches más te sentirás atraído por su contenido. Seguramente el hecho de publicar los temas en bruto hace que su valor se eleve, y se aprecie con un mayor reconocimiento. Frescura y naturalidad en estado puro.

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Reseña: VICE VERSA.- “Naoborot”

a0159935056_10Coincidiendo con el equinocio de invierno, el trío ruso VICE VERSA acaba de publicar “HAOBOPOT”. Una banda que me sorprendió  con sus anteriores trabajos y que ahora, vuelve a sorprenderme con un gran disco en el que vuelven a dejar patente su sello personal añadiendo algún nuevo elemento para engrandecer su sonido. Presididos por la cautivadora y particular voz de  Igor Titov, esa atractiva mezcla de psicodelia garagera que en algunos temas se emborracha en guateques beat o que cabalga en corceles de rock sureño cuyos cabellos se mecen por vientos de momentos pop. La banda no falta a su cita con aquellos ecos del proto-punk con tonos indie, ni a las  armonías blues. Puede resultar paradójico que esas vibraciones provengan de Moscú, pero esto es algo que no debe de sorprendernos ya que desde tierras rusas cada día nos llegan más  y más bandas que nacen de su prolífica escena underground. VICE VERSA, sin duda está en el pelotón de cabeza de todas ellas.

Por la senda de la psicodelia susurrante y espiritual, una pulsante línea de bajo abre “On the waves”. Con sensuales voces y un transfondo desértico en un corte de neo-psicodelia en el que el sosiego de la guitarra de  Nikolay Podpryatov nos mece con sus apacibles solos. En una línea parecida “Paranoia” ésta vez bajo ritmos kraut, exóticas resonancias lisérgicas giran y giran con sus múltiples matices bajo la mirada de la cálida y seductora voz de Igor. Con una vocación del underground alternativo de finales de los ochenta juegan con las guitarras en distintos estratos incorporando algún viento jazz e incluso funk. Uno de los cortes más versátiles del todo el trabajo.

La faceta más pop la encontramos en temas como “Feel the beat” en el que coros con “flasetes” nos trasladan a la california surfera en su faceta mas indie. “Round the corner” es otro tema en los que el pop se fusiona con la psicodelia en un mestizaje atractivo. Con toda la naturalidad y frescura ciertos acordes funkies más haciendo cambiar el sentido de un tema con giros bien construidos que te situan en distintos escenarios sin que notemos el cambio, lo cual dice mucho de la creatividad compositiva del trío ruso.

Su cita con el garege-punk psicodélico aparece en “Tonight”. A un ritmo frenético una batería diabólica y rústica arrastra a unas guitarras que van tornándose en sus piruetas entre una especie de garage desértico con unos coros poppies. Afilados solos de esas guitarras nos llevan hasta remansos de psicodelia con aroma blues en otro versátil tema. 

No sólo de neo-psicodelia viven VICE VERSA, el blues que ya intuíamos en el tema anterior es otro de los elementos que siempre aparece en alguno de sus temas, bien de forma calmada, como en “Midnight blues”; un tema que con su nombre ya nos indica por donde van los tiros. Blues pantanoso y humeante con una voz que me recuerda a los comienzos del mismísimo Dylan, en el que cuentan con la colaboración a los teclados de Sam Morgunoff. Una banda rusa ejecutando un estilo que nació en los campos de algodón de Norteamérica,  y en donde se quedan para componer “River”. Aquí cambian las matriuscas por sonidos sureños de finales de los ochenta.  Los herederos de Allman Bross en aquella década se ven reflejado en otro tema con el blues como bandera. Poco a poco el tema va transformandose en una especie de versión de The Long Ryders en plan ácido para convertirse en corte de hard-rock sureño mientras la voz de Igor sigue mostrando su herencia del Detroit más subterráneo de finales de los sesenta. 

En la parte final, “Elevator” e “If the rain”, usando su lengua materna, y en tonos calmados, ofrecen una composición en la que los acordes de guitarra custodian pasajes recitados en ruso. En el primero de ellos, caminando por el blues y el soft-rock  en “If it rain”, en el que encontramos ecos sesenteros bajo hirientes solos de guitarra nuevamente caracterizados por humeantes blues pantanosos en una actualización a melodías contemporáneas de los mismos.

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Reseña THE PICTUREBOOKS.- “The hands of time”

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El duo aleman formado por nuestros queridos Fynn Claus Grabke (voces y guitarra) y Philipp Mirtschink (batería) acaban de publicar su quinto trabajo (tercero como dúo) “THE HANDS OF TIME”, disponible vía Century Media Records.

Ya sabemos de la pasión por las motos de los alemanes, como también conocemos su amor a los desiertos norteamericanos, y esas inquietudes quedan reflejadas en “THE HANDS OF TIME” con brillantez. Estamos ante un disco más elaborado pero en el que las guitarras que vemos en sus directos tienen menos protagonismo en detrimento de las melodías. Las cuidadas  voces de Fynn, junto a su sencilla puesta en escena, son suficientes para ofrecernos un trabajo de gran calidad. Seguramente estamos ante su mejor álbum, no en vano han utilizado el estudio como un instrumento más. Sus largas giras por los Estados Unidos han hecho que se sientan partícipes de la música tradicional americana. Una música que a pesar de ser más melódica y blues, sigue siendo visceral, pero que se aleja de una parte de la trillada escena stoner, convirtiéndolos en una banda única que crea sus temas desde la sencillez. Una música que puede sonar en cualquier club solitario en medio de un desierto por el que transitan en largas rectas con sus motos. Rock, biker-rock y blues forman parte de THE PICTUREBOOKS, siempre con su acento sureño y pantanoso.  Sentimientos que logran transmitir con sus temas en unos rituales en los que están presentes los nativos americanos. Una de las sorpresas que me ha deparado el álbum, ha sido la colaboración con Chrissie Hynde, la cantante de THE PRETENDERS en el tema “You can’t let go”, un corte en el que el blues sureño y los coros rituales se llenan de sutileza con el dueto de voces en la que los sentimientos salen a flor de piel bajo estribillos de corte soul-blues, con alguna guitarra slide acompañado de armónica manteniendo los registros desgarrados.

El álbum se abre con un tema cantado a capella; “Horse of fire” nos da pista del camino que han escogido en su nuevo disco. Puro sentimiento en el que el blues y sobre todo los cantos rituales llenos de espiritualidad están presentes. 

Esos mismos cánticos de los nativos americanos aparecen en “Howling wolf“. Las mazas de Philipp marca el ritmo de un auténtico ritual chamánico. Reflejando con alegría las bastas praderas que servían de hogar a los mismos. El trabajo de las melodías vocales no impide que aparezca el sonido de la guitarra que les ha caracterizado desde sus comienzos. Si algo tiene de particular este nuevo trabajo es el uso del mayor de los instrumentos existentes. ¿Hay algún instrumento que pueda darte más registros que la voz humana?. Fynn tiene la respuesta.

Puede resultar curioso que con una apuesta tan minimalista puedas obtener un resultado tan brillante, y THE PICTUREBOOKS, lo llevan ya un tiempo haciendo. 

El siguiente corte, “Like my world explodes” vuelve a hacer destacar la armonía sobre los tambores, con nuevos cantos desgarrados con coros femeninos son sutiles rasgueos de guitarra sobre melódicos pasajes corales.

Los ecos cajun de “The hands of time”,  nos trasladan a solitarios poblados en los que los cactus nos miran con indiferencia. Slide guitar sobre luminosos coros, con sus habituales ritmos. El lejano oeste descrito a través de una música que podría ser la banda sonora de algún western, bien con la luminosidad o bien desde el sentimiento más romántico como sucede en “Rain”, un tema surgido de un sueño del propio Fynn. La espontaneidad y la sencillez en una mirada desde la colina hacia el vasto horizonte, usando tonos acústicos.

Podría decirse que en este trabajo bajan la intensidad a la visceralidad que les ha caracterizado, pero nada más lejos de la realidad. Solamente hay que escuchar “Electric nights”, para darnos cuenta que el biker-rock está presente. Consistentes guitarras y ritmos que se van tornando mas lisérgicos siguen describiendo los caminos de las largas rectas por las que cabalgan sus monturas con olor a gasolina y rugientes tubos de escape.

En una línea parecida, “Lizard” transita a toda velocidad por la autopista a ritmo de salvaje rock & roll. Los Ángeles del Infierno gozarán con este tema que recupera su espíritu.

Uno de los elementos que mas incidencia tiene en “THE HANDS OF TIME” es el blues. Esos blues rurales llenos de sentimientos, una vez aderezados con acordes de piano como “The day the thunder arrives”, en un corte que se modula elevándose para descender plácidamente, o “You can’t let go”, en el que Chrissie Hynde hace duetos con Fynn sobre estribillos de tinte más soul, sin abandonar el blues, en una relajante balada que transmite los vientos sureños.

“Tell me lies”, seguramente es el tema más reconocible. uno de esos temas que tras unos segundo de escucha identificarás como un tema suyo. Una brillante guitarra ácida y las mazas aporreando la piel sobre los tambores.

El trabajo se cierra con “The rising fall“, retomando la senda del blues sureño. Acaramelado y susurrante, la cadencia vocal y los coros se colorean con finos acordes de guitarra.

Un disco que frescura a una parte de la escena que en algunos caso parece estar algo anquilosada, y del que podemos conseguir buenas escuchas mientras en poco mas de un mes tengamos la oportunidad de ver como se traduce al directo que nos ofrecerán en las citas que tienen por estos lares en el marco de una gira que comenzará en España tras su regreso de su gira americana.