Reseña.- THE IVORY ELEPHANT.- “Stoneface”

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Profundizando en la psicodelia sin olvidar el blues, THE IVORY ELEPHANT publican su segundo trabajo. “STONEFACE” se presenta como un “todo”, no es un conjunto de canciones sin más, sino que cada tema es una nueva evolución en esa exploración psicotrópica de los australianos. Una armoniosa convivencia de elementos capturados de los sesenta, con espacios más propios del siglo XXI. Una cautivadora nebulosa que sirve de ambientación a temas compuestos desde el sosiego y para el sosiego.Un curioso exotismo heavy-psych que nos atrapa con cada nota. Todo un analgésico para los sentidos en que podemos encontrar sonidos que nos recuerden tanto a Tame Impala, como a Pink Floyd, The Doors o incluso Rage Againg The Machine. Diez temas que son todo un festín para los amantes de los sonidos más psicodélicos. Canciones ricas en matices y en las que podemos encontrar una gran variedad de estilos incrustados en sus predominantes sonidos heavy-psych sobre distintas capas de guitarras que dan calidez a las composiciones.  Las letras de los temas varían su inspiración, pero dejando espacio a la imaginación del oyente sin ser explicitas.  

Inquietantes efectos, con teclados y guitarras floydianas creando una susurrante atmósfera que se ve coloreada por alguna guitarra surf en “Storm”. El tema que podría resumir el contenido de “STONEFACE”. Tanto la psicodelia espacial como vibraciones retro se aúnan con algún momento desértico en un corte que oscila entre los momentos oscuros y la luminosidad. Siempre con el fuzz como bandera, THE IVORY ELEPHANT me ha hechizado a la primera de cambio. ¡¡Increíble tema!!

En esos ambientes lisérgicos los australianos se desenvuelven con soltura. Prueba de ello “Maybe i’m a evil” con sus hipnóticos ritmos, efectos de unas guitarras que desprenden acidez en cada solo. Un tema que nos arrulla, acariciándonos hasta adormecernos con delicadeza. Un orgasmo sonoro lleno de matices que destroza cualquier atisbo de monotonía.  La ecualización de las voces, al igual que el tema anterior hace que el hechizo sea completo.

“Wars” recupera la esencia blues que les vio nacer. Cadente, evolutivo y por supuesto psicotrópico. _Una marmita llena de sustancias capaces de generar coloridos caleidoscopios que se mueven con parsimonia entre tonos retro, blues dentro de ese manto psicodélico. Con una entrada que me recuerda “Riders on the storm”, “Roll on”, transcurre sobre espacios psico-espaciales y algún tono surf en una guitarras completamente cautivadoras.

Saliéndose un poco de su propuesta “Jazzhead pt. 1” con sus arpegios acústicos se construye sobre lánguidos tonos de melancolía. Un poco fuera del resto, “Stoneface”, se deja llevar por los acordes de un piano clásico en el mismo tono de tristeza. Una melancolía que se eleva gracias a las guitarras floydianas que se introducen con mimo. Tristes espacios que contrastan con el resto de los temas.

Uno de los temas más potentes y vigorosos lo encontramos en “Low expectation”. Heavy-psych lleno de fuzz y efectos bajo luminosos ritmos. Sobre una base hard-rock, la banda consigue adaptar el tema a su particular sonido.

Cambiando el registro, “Stoneface jambore” es adornado con el exotismo del sonido del sitar. Bellos pasajes psico-folk con un cierto aire medieval flotan entre un sinfonismo turbio y envolvente.

A pesar de que el sonido de THE IVORY ELEPHANT nace de los sesenta, no dudan en ofrecernos temas que suenan actuales.  “Hard case”, con sensuales voces pseudo-jazz y un sonido retro aportado por el órgano, las guitarras no faltan a su cita para completar otro versátil y atrayente corte.

A estas alturas, no hay ninguna duda de la calidad de los australianos, pero aún así, “Jazzhead pt.2” es un nuevo coqueteo con momentos jazz. Elegantes pasajes de guitarra se conjugan con esa batería jazzera y una atmósfera en tonos sepia. Oscuros y melancólicos, no pierden su aura psicodélica. A pesar de adornar el tema con breves resplandores, sucumben a la tristeza para concluir con una aturdidora espiral de efectos.

El álbum fue grabado en Soundpark Studio’s en Melbourne, al igual que su último álbum “NUMBER 1 POP HIT. siendo mezclado por Andrew Hehir.

“STONEFACE” está disponible vía Kozmik Artifactz.

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Reseña.- DOMMENGANG.-“No keys”

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Tercer álbum de los californianos DOMMENGANG. “NO KEYS” combina la psicodelia que ya nos habían mostrados en sus anteriores álbumes con un sonido más sucio e hiriente. Tratando de combinar escenarios urbanos con yermos desiertos, sus guitarras crujen hasta la extenuación bajo atmósferas de psicodelia. Mostrando una faceta kraut que es combinada con habilidad entre resonancias más propias del hard rock y el blues, siempre bajo un aura lisérgica en ambientes oscuros.  Temas que se desangran en virulentos momentos con guitarras llenas de efectos y pedales. En este variado y eficaz trabajo DOMMENGANG no dudan en seguir senderos más propios de bandas como Grateful Dead, o Canned Head en alguno de sus temas, siempre con la alargada sombra de The Black Keys apareciendo en sus composiciones.

Si “Sunny day flooding” hacen un ejercicio en el que los sonidos más sucios se perciben entre momentos de hipnotismo kraut. Una forma de ver y relatar la psicodelia contemporánea sin ataduras. Con una más nítida vocación heavy-psych, “Earth blues!” sin perder el nervio, su vitalidad se tiñe de blues y algún riff stoner. Un tema pausado pero firme, que acaba sucumbiendo a la psicodelia en esa lucha entre lo urbano y lo desértico. Un tira y afloja que hace que su apuesta sea más rica en matices. Un grandísimo tema que por si solo hace que “NO KEYS” merezca la pena.

El magnetismo que transmite “Wild wash”, viene fundamentado en unos cálidos registros vocales. El tema es como un imán que nos atrae al interior de unos surcos impregnados en ácido lisérgicos. Un agujero negro que nos engulle entre efectos y distorsiones con unos solo hirientes y profundos que acaban construyendo un tema aturdidor.

“Sir the sea” es otro ejercicio de psicodelia profunda y magnética. Ciertos aires retro se vislumbran entre unos fornidos ritmos y multitud de efectos con susurrantes y placenteras voces.

En menos de dos minutos hacen un ejercicio de psicodelia espacial de tonos espaciales con “Blues rot”.

“Kudzu” mantiene la lucha entre los ecos desérticos con un aroma a blues con vigorosos ritmos y voces más propias de algún local underground de su ciudad. giros inesperados en un tema que suena a hueco entre poderosas vibraciones que se tornan sureñas en un nuevo ejercicio de versatilidad y voluptuosidad. Riffs más propios de las bandas sureñas de finales de los setenta se entremezclan con ritmos desérticos envueltos en nebulosas de difusos sonidos. Un corte viril a pesar de todos esos giros.

Bellos acordes ejecutados desde una pausa no conocida hasta ahora en “NO KEYS”.  todo un mundo de color que nace ante nosotros en un nuevo ejercicio de una psicodelia que toma prestados pasajes más propios de  Grateful  Dead. Guitarras ácidas que brillan con vocación jam band para dirige a morir a arenosos desiertos en los que el stoner es el rey.

“Jerusalem cricket” nos devuelve a los DOMMENGANG mas terrenales. Las guitarras vuelven a crujir baja magnéticas voces con un groovy más hard-rock en el que no faltan las afiladas guitarras. Como el resto de los temas acaba sucumbiendo a los dictados de la psicodelia.

Cierran el trabajo con “Happy death (her blues II)”. Un blues psicodelico en el que las notas se repiten bajo momentos en los que la voz me recuerda Canned Heat en su faceta más ácida. A caballo entre éstos y All Them Witches consiguen construir otro impactante tema ácido que se ensancha en sus notas generando una atmósfera aturdidora en la que vuelven a sentirse cómodos ejecutando un intenso tema psicodélico en el que se pueden apreciar muchas influencias que son hábilmente tratadas en “todo” propio. Un broche de oro para un gran álbum.

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Reseña.- THE MOTHERCROW.- “MAGARA”

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Nacidos en Barcelona de la mano de su vocalista Karen Asensio, THE MOTHERCROW hacen su puesta de largo con “MAGARA”, tras incorporar a su formación al batería Pep Carabante y al guitarrista sueco Max Eriksson que se unen a su bajista Claudia González y a la propia Karen para darle un impulso a su sonido respecto de sus dos primeros EP’s. Un esperado trabajo realizado con el esfuerzo de una campaña de crowdfunding que recupera los sonidos mas viscerales de los años setenta sin perder la esencia blues-rock con la que nació la banda. Acercándose a vibraciones más pesadas que por momentos coquetean con el heavy rock y los contemporáneos sonidos stoner, los barceloneses no pierden su esencia en unos temas fuertemente influenciados por las portentosas cuerdas vocales de Karen. Seduciendonos o amedrentandonos, sus melodías confluyen siempre en temas coloreados por ritmos de tintes vintage. Definir su sonido como retro-rock, sería demasiado simple. En el álbum podemos encontrar seductores momentos de flirteo con el jazz, rudos espacios en los que el boogie-rock más frenético se apodera de alguno de sus temas, así como espacios en los que la psicodelia se entromene entre sus riffs. Una conjunción entre los ecos del hard-rock y el blues-rock mas clásico con un envoltorio más acorde con el siglo XXI. Un álbum en el que los sentimientos salen a flor de piel para transmitirnos toda su energía o cautivarnos con sus melodías. En todos los temas destaca poderosamente la incesante y fornida batería, que es perfectamente complementada con robustas lineas de bajo. Como contrapunto a esa virulencia las voces recorren un amplio espectro de registros. Desgarradores momentos que arrastran a la banda a ejecutar poderos riffs, en pura vena hard & heavy, con momentos boogie-rock o acaramelados pasajes en los que acarician susurrantes al oyente por terrenos que transitan en algún espacio entre el soul, el blues o incluso el jazz de cabaret….

El título del álbum alude una filosofía del animismo en la que se aúnan todos los seres, el entorno natural y sus fenómenos, hasta objetos cotidianos pueden ser dotados de esa Fuerza Vital Universal que nos conecta a todos. Respaldando incluso la creencia de una estrecha relación entre los vivos y los muertos. ¡¡¡Toda una declaración de intenciones!!.

En palabras de la propia banda, “MAGARA” es un álbum que enfrenta sentimientos y sonidos añejos, mezclados con nuevas vivencias y emociones, dando más libertad a las sombras, pero sin olvidarse de la luz, una definición que suscribo.

“Revolution” fue el primer adelanto que nos ofreció la banda. Conteniendo en sus interior vibrantes riffs stonerizados con ropajes retro, en los que el bajo nos golpea con contundencia mientras Karen nos ofrece un repertorio de registro soul-rock y blues. Pegadizos, vibrantes y pesados, tratan de transmitir toda su destreza en el directo para transmitirla al interior de su surcos. Un canto a la lucha, defendiendo derechos coartados en nuestro país recientemente como la libertad de expresión o el derecho a voto. En rebelión contra los políticos corruptos que nos gobiernan.

Con una introducción en la que la linea de bajo se muestra poderosa, “Mantis” ofrece a la Karen más sensual y seductora. Blues-rock sobre una estructura rítmica que se repite. Leves momentos funky servidos por el wah-wah. Esa amante depredadora que primero te conquista y una vez que has caído en sus encantos de golpea con fuertes riffs.  Una femme fatale capaz de enamorar y acabar con un hombre en una misma noche siguiendo los pasos de una moderna Judith, hija de Merari. Destruyendo mitos de sumisión y dependencia, empoderando la feminidad.

Siguiendo la estela blues más ortodoxa, desde el susurro, con una cansina cadencia, “Stone” se muestra fornido a pesar de su frágil apariencia melódica. riffs retro van elevando el tono que acaban por arrastrar la voz. Una voz que ya hemos escuchado en algunas bandas en las que la vocalista sigue los caminos que hace décadas señaló Janis u otras muchas vocalistas de los primeros setenta. que convivían entre potentes sonidos hard. Aquí se sigue esa estela y también los momentos en los que la guitarra aulla cual lobo en la noche. Oda a el Basajaun, numen perteneciente a la mitología vasca que habita en lomás profundo de los bosques o cavernas en lo más alto de las montañas, al cuidado de lanaturaleza.

A caballo de ritmos boogie-rock, “Swat it!“, por momentos me recuerda a ZZ TOP en sus primeros riffs.  Bajo los mandos de una frenética batería y coros efectivos y replicantes, encontramos una novedad respecto a los temas precedentes. Para darle todavía más color vintage, se incorporan pasajes de órgano en un contoneo constante a través de distintos ritmos. el tema sirve de escaparate para que cada músico ejecute solos con sus instrumento tomando el protagonismo. la versatilidad hecha canción surgiendo inspirada por el sentimiento de contradicción de vivir un momento “in situ” grabándolo con un dispositivo para una posteridad caduca como la que nos proporcionan las redes sociales.

En tonos mucho más grises, y con aires de desamor, “Forevermore” camina por la senda de la calma y el dolor. Los momentos más suaves y oscuros de “MAGARA” aparecen coloreados por brillantes solos de guitarra que se recuentan en laderas psicodélicas. La sensualidad en contraste con el dolor. Un sentimiento de duelo, saber que el amor generado entre dos personas puede ser tan fuerte que aunque alcance a girar en una espiral de dolor, no se quiere o puede parar de alimentarlo.

“Guan (lo kanta)” nos ofrece a THE MOTHERCROW con un nuevo registro en tonos acústicos, queriendo acercarse al jazz y al folclore, suavemente nos susurra. Un canto reconfortante que hace que nos sintamos protegidos y aliviados a la vez. No existen los temores entre sus bellas melodías. Describiendo la nostalgia, aparece un nuevo actor en escena. El sonido de la flauta en tonos folclóricos nos hace retornar al pasado. Estamos ante una canción de cuna en euskera, instigando al miedo para inculcar noción cómo habitúan las nanas, con Lamias y seres de la noche, pero alentando con que a pesar de todo siempre estará La Madre Cuervo cuidando de todos nosotros.

Tras el sosiego y la calma, “Lizard queeen” rompe las cadenas en pura vena hard & heavy. Los riffs más cañeros van recorriendo espacios de distintas décadas. Desde el stoner contemporáneo al heavy de los ochenta y el hard rock de comienzos de los setenta. iaje inspirado en los sentimientos de miedo y angustia bajo los que habitamos, una personificación de la ansiedad que toma nuestro control.

“Magara”, el corte que da nombre al álbum, ofrece una nueva visión. ritmos arenosos contenidos poco a poco van elevándose con tonos americanos. Un choque de sentimientos que se enfrentan con el soul y blues aparecen sutilmente entre un corte hard-rock que apaba apagandose como una llama con leves acordes de sitar. Nacido a ritmo de desierto, el caminar del dromedario. Un sentimiento Tuareg de viajar, vagar, pertenecer y perecer para prevalecer siempre en la tierra de la que se ha nacido. La Fuerza Vital Universal.

El trabajo se cierra con “Ashes”, un calmado corte lleno de sentimiento en el que el protagonismo de la guitarra alimenta los suaves pasajes vocales y rítmicos. Otra vez por acolchadas praderas en las que la oscuridad cubre desgarrados sentimientos por el camino del blues. Un tema lleno de belleza y tristeza con momentos oscuros momentos lisérgicos. Almas y corazones encontrados en el camino eterno. Sentimientos puros en una fusión de lírica. Una reafirmación de la indudable necesidad de alcanzar el extraordinario amor verdadero por encima de todo.

La banda entró a grabar su primer álbum el pasado diciembre de 2018 en Sol de Sants Studios (Barcelona) con el ingeniero/productor Alberto Pérez a los mandos de su mítica mesa analógica NEVE rescatada de los años 70, y una grabadora Tascam añadiendo la calidez y carácter de cinta de 2 pulgadas.
Durante siete días muy intensos, la banda plasmó las nueve canciones con las bases en
conjunto para capturar la energía y el feeling del directo, sumando texturas y otros
instrumentos para enriquecer el sonido.
En los meses siguientes fue mezclado por el mismo Alberto y masterizado por Marco
Rostagno de Hitmakers Studio.

“MAGARA” ve la luz bajo el sello Nasoni Records  para la edición en vinilo y por Nooirax Producciones y La Rubia Producciones para la difusión del formato en CD.

Karen Asensio (voces y percusión), Claudia González (bajo, coros, flauta, sitar, y percusiones), Max Eriksson (guitarras y coros) y Pep Carabante (batería).

Alberto Pérez colabora con órgano Hammond.

 

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Reseña.- SHOTGUN SAWYER.- “Bury the hatchet”

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Segundo álbum del trío compuesto por Dylan Jarma (voz y guitarra),  David Lee (batería), Brett “The Butcher” Sanders (bajo). Procedentes de Auburn (California), nos ofrecen nueve temas en los que las influencias del blues del Delta de Muddy Waters o Howlin’ Wolf se fusionan con sonidos más cercanos a Led Zeppelin o Black Flag. Un viaje en el que el pasado y el presente se unen bajo sus pesados ritmos. Unos ritmos que son ventilados por unos inequívocos vientos sureños. “BURY THE HATCHET” es un disco que huele a bourbon y sudor de club humeante. Una descarga de energía stonerizada, pero que no pierde su esencia blues. En un momento en el que musicalmente casi todo está inventado, el trío ejecuta la música que sale de su entrañas sin ningún tipo de complejos. Un sonido sucio que nos recuerda la esencia pura del rock and roll de sus inicios. Si el blues-rock es la base en el álbum no faltan una buenas dosis de psicodelia humeante. Sin sutilezas, van al grano en unos temas directos. Un disco crudo registrado en vivo para mantener toda la esencia del sonido de la banda. Seguramente si no fuera así, el álbum no tendría la fuerza atronadora de sus ritmos y sus guitarras punzantes.

Poderosos riffs elevan Ain’t Tryin To Go Down Slow” hacía un sonido que se acerca al hard-rock más clásico, pero a su vez enérgico. Blues desértico sobre voces herederas del proto-metal de comienzos de los setenta. Toda una descarga diabólica con guitarras aulladoras sobre ritmos atronadores. Un corte sin sutilezas, de esos que no hacen prisioneros y van directos a la yugular, sin contemplaciones. Poseídos en una nube de fuzz humeante el tema deja un rastro de destrucción a su paso. Una buena forma de meter al oyente en ambiente. Pura ¡¡high-energy!!.

Más instalados en sonidos herederos de Led Zeppelin“(Let me) Take your home”, nos conduce al blues-rock más clásico bajo tonos retro. Un sonido más sucio que se ve envuelto en humo de marihuana contaminándonos con sus hirientes y hechizantes guitarras.  Con el sonido típico del power-trío, cada instrumento ejecuta su papel a la perfección, aportando siempre algo. Un tema que supone un cóctel del blues y un sonido Zeppelin stonerizado al que se la añadido un fuerte estimulante psicotrópico.

Ésto es una constante en muchos de los temas que encontramos en “BURY THE HATCHET”. El blues que se transforma en psicodelia, lo cual, para un servidor es muy de agradecer.

Mucho más ortodoxos con el blues, “Backwood bear” bajo el aroma del blues del delta, nos describe una paisaje en el que las cabañas de madera son habitada por tipos rudos. Efluvios sureños que toman elementos de swamp-rock y slide sobre un ambiente rural. Mucho más tradicionales el tema contiene un olor a los años sesenta en las melodías vocales. El tema es una giro total en el registro que nos habían mostrado en los dos cortes anteriores.

Con unos riffs que me recuerdan fugazmente el tema “Chinatown” de Thin Lizzy el trío californiano  se sumerge en “You got to run” en espacios en los que el boogie-rock evoca a cualquier garito de carretera en el que el alcohol corre sin freno. Un ritmo palpitante y voces feroces conviven con momentos ácidos y lisérgicos en un tema lleno de fuerza.

Mucho más inquietante y misteriosos, cambian el registro hacía territorios más psicotrópicos en  “Son of the morning”, uno de mis temas favoritos del álbum. Bajo los auspicios de un blues lisérgico, y con una cadencia vocal heredada de los Zeppelin más bluseros construyen atmósferas en las que las sustancias alucinógenas salen de cada nota. Todo un trance lleno de acidez con una  intensidad y magnetismo impresionante. Si en el resto de los temas estos chicos enganchan, aquí me postro a sus pies.

“Hombre”, retoma los sonidos de blues y boogie-rock más ortodoxos. Unas vibraciones que se colorean de sucios riffs en “Love you right”. Otro tema en el que el blues pesado y las vibraciones retro-psicodelicas se combinan sobre un bajo que nos golpea con fuerza en cada nota. Una base armónica que se repite en su estructura y por la que transitan las voces de Dylan bajo los humeantes riffs de su guitarra fuzz. Otra vez lo han hecho. partiendo del blues se dan una buena zambullida en sonidos psicotrópicos rebosantes de crudeza.

Si la producción de este disco fuera más refinada, seguramente no tendría el gancho que tiene su temas. Unas canciones que se muestran rugosas y sin pulir, al natural.

Otra vez el blues psicodélico me destroza las neuronas en “When the sun breaks”. Un sonido primitivo lleno de garra y fuerza sobre el que los solos de guitarra transitan con total impunidad, mientras la sólida base rítmica de David y Brett  no deja de golpearnos insistentemente con toda su fuerza. Aquí encontramos el mayor ejercicio vocal de Dylan.

“Shallow grave” vuelve a los orígenes con ecos de blues-rock sobre los que desarrollar sus solos humeantes. Un corte de blues pantanoso en que la presencia Zeppelin se palpa en sus riff y su cadencia.

Brett y Dylan, amigos desde la infancia, han tocado música juntos durante casi todo el tiempo. Al aceptar una invitación a una sesión improvisada en enero de 2015, el experimentado batería David Lee demostró ser el elemento que faltaba en las melodías de estilo vintage que Sanders y Jarman siempre habían imaginado. En una sola noche, con los tres compartiendo nuevas ideas, posibilidades y ambiciones, algo hizo clic; Pocos días después, SHOTGUN SAWYER se subieron al escenario El resultado fue una mezcla atronadora, apasionada y única de bajos maravillosos, riffs crujientes, voces potentes y solos de guitarra punzantes, todo ello respaldado por una batería virtuosa.

“BURY THE HATCHET” se publica el 19 de abril de 2019 vía Ripple Music

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Reseña.- RAY TEMPLE.- “Ray temple”

a0353984926_10Hubo un tiempo en el que los amantes de la música como yo comprábamos algunos álbumes por su portada, sin saber realmente el contenido. El debut de RAY TEMPLE, seguramente hubiera sido uno de ellos. Una sugerente portada que presagia un contenido a la altura, y si, el contenido está a su altura. El jóven quinteto alemán había publicado un par de Ep’s en los que se podía intuir la calidad que atesoran. La publicación de “RAY TEMPLE” confirma que aquellas sensaciones eran correctas, incluso, menores al verdadero potencial de este álbum.  y dicho ésto, puede surgir una pregunta…. ¿Qué contienen sus surcos? Si atendemos a la definición que la banda hace de su propia música: psicodelia, stoner, fuzz sonidos de los setenta, garage, progresivo….. Puede parecer algo pretencioso presentarse con un abanico de estilos así, pero ciertamente sus surcos contiene todas esas vibraciones adaptadas de una forma personal. Diez temas en los que la banda toma prestados resonancias de los años noventa, el fuzz llegado del desierto, y los sonidos de los setenta en los que el blues está presente. Unas canciones dinámicas, de fácil digestión, que rápidamente te enganchan. Con muchos momentos en los que las vibraciones heavy-psych nos envuelven en un cálido manto. Con momentos en los que incluso podemos intuir ecos de The Doors o hipnóticos pasajes espaciales. Un fantástico groovy vocal se conjuga con una brillante ejecución haciendo que el resultado sea muy apetecible. Un viaje muy apetecible.

“Zampano” abre con ásperos ritmos que son coloreados con momentos de vibrante psicodelia bajo una cálida voz que a caballo entre los registros de los noventa y el garage de finales de los sesenta. Pegadizos coros ponen la guinda a un tema en el que el fuzz está presente. 

Ésto es una constante en gran parte de los temas, unas veces usado de una forma calmada y otras completamente cegadora.  En ésta última faceta “Slot machine” rezuma stoner y blues. voces desgarradas conviven con bellas melodías y guitarras sucias y rugosas. Los ritmos stoner van señalando el camino de un tema que contiene muchos requiebros en el camino.

A primeros de año nos habían anticipado “Galaktica”. Un tema que cabalga  entre los noventa y los setenta a lomos de riffs desérticos con mucho fuzz.  Cabalgando al trote se visten de tonos retro en un tema fluido.

El blues de “Meteor”, conjuga momentos en los que sus acordes y voces parecen meterse en una coctelera en la que están ZZ Top, The Doors, Colour Haze o Kyuss.  las voces doorsianas nos van describiendo momentos en los que el tema transita por el desierto tomando unas dosis de peyote, para acabar floreciendo en pantanos cuyos efluvios nos intoxican. Un corte arenoso y versátil que visita el lado más psicotrópico de la psicodelia. 

Bajo sonidos garage más propios de Nebula, “Alpha” nos introduce en una espiral de efectos, con un cadente ritmo. Dinámico y a su vez contenido, la batería va marcando un corte en el que no faltan tonos vintage que son coloreados por esas incisivas guitarras. Si normalmente, tras la tempestad llega la calma, aquí la calma y la tempestad van intercambiándose los roles. 

La versatilidad de RAY TEMPLE para incorporar sonidos que nos resultan familiares es uno de sus activos. Si escuchas “High away” no te será difícil vislumbrar a Dire Straits o momentos de pub-rock británico. Puede parecer sorprendente que haga referencia a Dire Straits, pero la primera mitad de este tema, a pesar de su aura desértica hubiera triunfado en los ochenta. En la segunda parte del tema, los alemanes se toman un ácido para describirnos espacios heavy-psych con ese registro que se asemeja al Jim Morrison más chamánico antes de retomar los ritmos iniciales.

“Umbrela” sigue una estela parecido sobre ritmos alternativos y estribillos pegadizos. ritmos sobre los que la banda va construyendo un muro arenoso a base del fuzz insistente.

Desde luego no estamos ante una banda que suene como muchas de las bandas de la escena alternativa. 

Uno de los temas que más despertaron mis sentidos ha sido “Word going blind”. Fuzz hendrixiano que se inclina a espacios funky mientras la base rítmica pisotea las arenas del desierto.

Nuevamente combinando ritmos densos ritmos stoner y psicodelia humeante  construyen “Manuka honey”. Usando esquemas de Colour Haze y mezclándolos con clásicos sonidos del desierto consiguen un corte efectivo.

La guinda de éste álbum la pone el tema que lo cierra. “Desert rain” hace que por sí mismo el álbum merezca la pena. nuevamente bajo esa cálida voz que me recuerda a Morrison, crean un tema nacido del ácido lisérgico y el blues. Chamánicos, mágnetizantes, esa voz ecualizada y los rasgueos de la penetrante guitarra y sus pedales van construyendo un corte que bien podría haber sido compuesto a finales de los sesenta en un viaje de tripi. Completamente psicotrópico está construido con una cadencia de psicodelia profunda e hipnotizante.  Garra vocal con fantásticos solos de guitarra custodiados por un bajo firme y protector, así como una cadente batería. insisto, sólo por este tema, el álbum merece la pena. Notable debut de una banda a la que debemos de seguir la pista. 

 

Reseña.- DATURA4.- “Blessed is the boogie”

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Los australianos DATURA4 hacía tiempo que no nos daban alegrías en forma de nuevo trabajo. Sin noticias de ellos me llevo la sorpresa de la publicación de éste “BLESSED IS THE BOOGIE”, vía Alive naturalsound Records. La formación comandada por Dom Marini (voz y guitarra) acompañado por Greg Hitcock (guitarra y voces), Warren Hill (batería) y Stu Loasby al bajo, casi cuatro años después resurge de sus cenizas de la mejor manera posible.

Desde sus primeros riffs muestran sus cartas en un disco que no tiene artificios. Rock, boogie y blues asesino. Temas que van directos a la yugular demostrando el espíritu que ha tenido siempre el rock and roll. Esto dicho así, puede parecer que estamos ante un trabajo anodino. Nada más lejos de la realidad, Con un título como “BLESSED IS THE BOOGIE”, caben pocas interpretaciones. Una bendición para recibir con alegría, y si, hay mucho boogie-rock, pero no solo eso. Con un sonido que puede recordarnos a grande de los setenta como The Groundhogs, Savoy Brown, los mismismos Zeppelin. Con momentos que pueden acercarse a Grand Funk. Un disco de esos que cuando los pones sus vibraciones no puedes quitártelas de la cabeza. El álbum tiene dos caras diferenciadas, una primera en la que el boogie-rock es predominante y otra más calmada en la que la banda ejecutan unos temas más apacibles usando distintos elementos sonoros  y dando más protagonismo a las melodías.   .

“Black Dog Keep Running”, con sus riffs pegadizos y esa estela de fuzz a su paso, hace que hagamos un pequeño viaje en el tiempo varias décadas atrás, cuando las bandas de rock llenaban estadios y sonaban en las radio-fórmulas sin ningún complejo. Algún eco proto-metal en sus surcos completa una notable carta de presentación.

El tema que da título al álbum, “Blessed is the boogie”, es de alguna forma, su piedra filosofal. Boogie-rock en pura línea Canned Head, con la armónica marcando los compases y ese ritmo boogie, obtiene un corte limpio y freso. Contagiosa y rememorando al John Lee Hooker con un toque stonerizado. Sus coros y sus paseos de wah-wah subterráneos hacen el resto para que la fórmula sea perfecta.

En una línea similar, “Looper” sigue ese camino abierto por el que el que el boogie-rock más vital y enérgico en el que las guitarras hacen un pacto con el diablo. Una cadencia rítmica imperturbable completa un cuadro sonoro que alcanza el sobresaliente.

Bebiendo de la fuente de inspiración del blues-rock, “Run with Lucy”, una vez bien hidratados, descargan su vacación del rock más sudoroso y con olor a humo. Se trata de esos temas ideales para animar una de esas largas noches de desenfreno de rocanrolero. Un corte ardiente en todos sus acordes.

Con la incursión del órgano vibrante “Ooh Poo Pah Do” (no tengo ni idea de lo que significa el nombre del tema), sigue la senda del blues-rock más incendiario. Seguramente con los de Savoy Brown, venga a nuestra mente. Para alguien como yo, escuchar este sonido en 2.019 es una regresión a mi juventud, sin distinguir diferencia alguna entre aquellas vibraciones y éstas, el cuerpo no podrá permanecer en reposo escuchando sus notas.

Con una línea más americana, y cercana a postulados Grand Funk, “Sound of Gold” se acercan a momentos glam, o incluso a vibraciones Stones. Mas macarras conjugan estribillos pegadizos con una cadencia rítmica inquebrantable.

“Evil people, Pt. 2” se visten con extrañas prendas entre Groundhogs y los mismísimos The Doors del “Riders on the storm”. Usando tonos retro con aires psych, y mucho wah-wah, crean un corte más viajero y penetrante. Un tema con altas dosis de thc en sus surcos. Y ese hammond sigue volviendo me loco…..

Los primeros acordes de “Not for me” inevitablemente nos recuerdan al tema “More tan a feeling” de Boston.  Partiendo de ahí van construyendo un plácido corte sobre tiempos medios. Voces ensoñadoras relata una estampa llena de romanticismo. Una lucha entre la guitarra y el sonido del órgano con un nuevo asalto. Incluso si escarbamos en las melodías vocales podríamos encontrar alguna referencia Beatles. Sin caer en lo ñoño construyen algo que por momentos se acerca a una balada, y que finalmente se decanta por los sonidos sureños. La aturdidora guitarra no ceja en su empeño por aturdirnos. El resultado es un tema impresionante y muy bien construido.

“Cat on a roof”, por caminos más calmados bajan las revoluciones. Ahora en lugar de excitar nuestro cuerpo con ritmos contagiosos , se meten más en nuestra mente con magnetizantes sonidos de rock clásico.

Si algo no puedes achacar a los australianos es que sean monótonos o aburridos. Tienen la calidad suficiente como para que todos sus temas tengan su propio gancho. Manteniéndonos siempre atentos y dejándonos de sorprender con su modulaciones y depurada técnica.

Seguramente son sonidos tradicionales, pero ejecutado de una forma brillante y atrayente.

Instalados en calmados espacios en los que la psicodelia y el rock clásico se unen en una encrucijada, “The city of lights”, ofrece una de sus vertientes más melosas. Una dulzura sonora con sabor a miel. Un tarro de se ve asaltado con un cortante cuchillo salido de la guitarra con ciertas dosis de virtuosismo. E incluso alguna cadencia usada por el primer David Bowie. Uno de esos temas que no deja de serpentear en su apacible transitar y en el que el órgano vuelve a estar muy presente en su co-existencia con los solos de la guitarra..   

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Reseña: HEAVY FEATHER.- “Debris & Rubble”

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Hace meses nos encontramos con la sorpresa que había nacido una nueva banda en tierras suecas llamada HEAVY FEATHER, creada por el guitarrista de SIENA ROOT, Matte Gustafsson y la cantante Lisa Lystam, y mi curiosidad se despertó. Junto a ellos, el Morgan Korsmoe (bajo), uniendose poco después el batería Ola Göransson.

Se trata de un proyecto paralelo con vocación de continuidad con el que pretenden regresar al origen. Esos sonidos que a finales de los sesenta y primeros setenta para tocar todo tipo de Blues-Rock a alto volumen, tratando de plasmar sus experiencias personales en su música. Temas sencillos (que no simples), que caminan por la larga autopista del rock clásico y que hacen muchas paradas en el blues-rock. Con influencias que viene de bandas como CREAM, o FREE especialmente, no en vano, Paul Kossoff es una de las principales influencias de Matte“DEBRIS & RUBBLE” es un trabajo que escapa de alguna manera del estereotipo de las bandas retro rock, aquí hay rock clásico, si, pero nacido del sentimiento, sin poses. Es la música que el cuarteto honestamente siente, y no la ejecuta por seguir ningún tipo de moda. Aquí no encontraremos ninguna referencia satánica ni cosas parecidas. Once temas cortos y directos, cada uno con sus matices, en los que el blues está muy presente.

Los primeros coros de Lisa en “Debris & Rubble” y los ritmos retro nos dan pistan de por donde va el camino por el que transitan. Blues-rock a la vieja usanza  incluyendo una armónica blues en una presentación de minuto y medio.

Marcados por los registros vocales de Lisa, “Where did go”, es un blues-rock en el que aparece la cadencia Janis Joplin con un regusto FREE, Solos de guitarra sobre efectivos y pegadizos estribillos. Garra y fuerzas unidas en una misma causa con riffs herederos de Kossoff, que se trasvisten de sureños para acercarse a momentos Allman Bross. Una estructura sencilla y efectiva de fácil digestión para cualquier oído.

La banda es capaz de recuperar momentos a caballo entre ZZ TOP y Delaney & Bonnie, en “Waited all my life”. Un viaje en el tiempo al corazón de los setenta con el blues más dicharachero y divertido como protagonista. Rebosando optimismo y buen rollo el corte se adorna con unos solos de guitarra tras los que me viene a la cabeza algún momento Johnny Winter.

La influencia FREE aparece de forma evidente en “Dreams”, en esta ocasión fusionandola con momentos más propios de los sonidos más floridos y sensuales de la west-coast.

Explorando el legado CREAM, “Higher” es otro de esos cortes sencillos en los que que partiendo de un riff, Clapton y sus compañeros de viaje se ven retratados con unos solos   cercanos al rock sureño. 

La influencia de Lisa es evidente en muchos de los temas. En “Tell Me your tale” muestra su lado más sensual. Acariciándonos y seduciéndonos con su maravillosa voz, nos trasmite un bucolismo bajo la atenta mirada de una atractiva instrumentación. HEAVY FEATHER no necesitan complejas estructuras para lograr temas solventes y brillantes. Aquí consiguen una balada llena de sosegado romanticismo. Una calma solo interrumpida por los solos de Matte que hacen que la intensidad del corte se eleve sin romper la mágia y el lucimiento de una voz llena de belleza. Sus registros más amables y seductores quedan reflejados aquí.

Nuevamente la cadencia FREE regresa en “Long ride”. Unos vigorosos riffs que descienden a suaves momentos en los que la voz de Lissa arrastra a sus compañeros a bucólicas estampas de floridas praderas en las que el blues es el protagonista. Los medios tiempos envuelven un tema con una fuerza contenida en sus entrañas que es adornado con algun soplo de armónica. Por el mismo sendero blues-rock “I Spend my money wrong” eleva la tensión con desgarradores momentos entre boogie-rock y blues. Este tema sirve de lucimiento para el trabajo de Morgan Korsmoe y su bajo. nuevamente la sencillez resulta ser una fórmula efectiva. “Hey there mama”,  recoge la estela del tema anterior para colorearla con notas blues llenas de luz. Sin estridencias, los riffs pegadizos descienden a las praderas más calmada dando un pequeño giro a la trama argumental. Aquí es donde podemos encontrar el tema más complejoen cuanto a la composición. La guitarra toma el protagonismo con ácidos solos.

Los riffs retros contenidos y algún solo punzante e incisivo, presiden “Please don’t care”. rítmicos pero con calma, dejan paso a la dulzura de una voz que trata de seducirnos siendo replicada por suaves acordes de guitarra. Sobre estructuras CREAM, el tema en su segunda mitad, desciende a llanuras susurrantes con brisas psicodélicas. Como si se fuera pagando, uno de los temas más elaborados no se sale del camino marcado por esa voz que su apaga en la lejanía.

El cierre al “DEBRIS & RUBBLE” lo pone una canción de tonos rurales. “Whispèring thing”. Con registro cercano a Christine Mc Vie, el bucolismo de la estampa vintage que crean evoca momentos en los que el verano de amor vivía sus momentos más álgidos y floridos.

HEAVY FEATHER nos visitará la próxima primavera presentando su debut. 

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