SPIDERGAWD.- “V”

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Una de las bandas más destacadas en el panorama noruego, SPIDERGAWD parecen ir a contracorriente, con una involución en su creatividad compositiva. A un disco por año, su sonido ha ido modulándose  hasta llegar aquí. Prolíficos como pocos, nos presentan un álbum que es puro hard y heavy rock sin complejos. Un disco que huele a sudor con sus poderosos riffs, pero un trabajo en el que las melodías están mimadas con esmero. Recuperando con su propia identidad vibraciones que ya nos regalaran Kiss, Iron Maiden, Grand Funk, Thin Lizzy, Motorhead, Q.O.T.S.A, etc… y fusionándolos con momentos Tempest. Con la habilidad suficiente para que sus canciones no resultan nada anodinas, SPIDERGAWD construye temas que pudieran convertirse en himnos aportando sangre fresca a un panorama saturado de propuestas cortadas por el mismo patrón. La inclusión de el saxo Rolf Martin Snustad en alguno de sus temas les dota de una versatilidad y un atractivo mayúsculo. Aunque siguen la estela de las reverberaciones heavy-rock de los ochenta y del hard más sudoroso de los setenta, “V”  es una atractiva propuesta huyendo de composiciones con sabor rancio.

“All and everything”, el tema con el que se abre esta quinta entrega, es de esas canciones que en otros tiempos hubiera sido considerado todo un himno, y quién sabe si ahora también. Estribillos pegadizos de los que no puedes dejar de tararear durante días tras su escucha, unido a una energía que no está reñida con la calidad creativa hacen que estemos ante unos de esos temas perfectos. Con una introducción a cargo del saxo, para dejar paso a leves ecos de Grand Funk o de las formaciones más punteras de la escena del hard más pesado de finales de los años setenta o de los primeros ochenta, cuando el heavy-rock estaba en su pleno esplendor, construyen un corte con cuidadas melodías sobre una base rítmica comandada por la implacable batería de Kenneth Kapstad . Esa batería que se convierte, desde mi punto de vista, en el verdadero pilar de la formación. Estribillos y coros que se incrustan en nuestra cabeza sin que podamos escapar hacen el resto para que “All and everything” se convierta en el estandarte de este nuevo trabajo. Si a eso unimos un cierto aura progresiva en sus composiciones, que, aunque más leve que en sus anteriores discos,  la tormenta perfecta está formada.

Solos afilados en pura vena heavy-rock se combinan en “Ritual supernatural” con unas atractivas melodías, tanto vocales como en la composición, para crear un tema que parece una fusión de Thin Lizzy hacia postulados A.O.R. Aderezados con solos de guitarra virtuosa y una densa instrumentación hace que el corte no baje el pistón.

Si antes comentaba que la batería juega un importante papel, no menos importantes es la voz de Per Borten y los coros que la acompañan.

El sonido de Kiss se siente en “Twentyfourseven”. Rudas voces y menos melodías en uno de los cortes más duros. Conjugando heavy-rock con sonidos desérticos. Un tema áspero y profundo.

Tras la tempestad, los noruegos nos dan un fugaz respiro con los primeros acordes de “Green eyes”. En realidad se trata de un pequeño espejismo en el que nos muestras su lado más oscuro tras difusos riffs sobre esa impactante batería. Esparciendo fuzz a diestro y siniestro, van engordando un corte con su rabia habitual envuelta en una nebulosa arenosa. 

Atmosféricos, oscuros y pesados, “Knights of C.G.R”, supone el regreso a escenario heavy-progresivos de gran calado. Una faraónica composición que sigue incidiendo en la apuesta NWOBHM. Muchos son los alicientes que tiene “V”, un disco en el que no faltan riffs retro-rock, con el el caso de “Avatar”, para acabar sumergiéndose en territorios más propios de la escena jazz rock progresiva de mediados de los setenta gracias al sonido de ese saxo tan atípico en este tipo de bandas. Dentro de este catálogo de grandes temas, aparece “Whirlind rodeo”, otro de esos temas a los que no les falta detalle, riffs retro, momentos de hard-progresivo, voces y coros heavy-rock. Todo cocinado bajo una densa y ampulosa instrumentación que jamás pierde el ritmo y en la que se incrustan melodías que nos llevan a espacios más psicodélicos.

A ritmo frenético, “Do I need a doctor”,  no se anda con sutilezas. El lado más bestia de los noruegos se deja sentir en un diabólico corte de heavy-rock sin paliativos. Voces desgarradas sobre ritmos infernales con toda la energía que les queda, que es mucha. Pegadizos estribillos vuelven a adornar otro gran tema al que no falta a su cita el fuzz entre los hirientes solos.

Después de su escucha completa, solo queda volver a darle al play y subir de nuevo el volumen.

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MACADAM BLOSSOM.- “EP”

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Debut de la joven formación formada en el oeste de Francia en 2.016 y que debutó en directo en septiembre de 2.018, publicando su Ep homónimo el pasado diciembre. MACADAM BLOSSOM nos presentan siete temas directos encuadrados en sonidos inspirados en el hard y el blues-rock  que se hacía en los setenta. Mucha frescura y grandes momentos vocales que marcan el devenir de  un trabajo bien construido y que engancha fácilmente. Podríamos decir que estamos ante una nueva banda retro-rock, pero una banda, que construye sus temas con ingenio y versatilidad, inclinándose a vibraciones marcadas por el blues, el soul en las que no faltan momentos de psicodelia, funky y ritmos pesados. 

“Murphy’s law” bebe del néctar de los setenta construyendo un tema retro en el que el hard-rock y blues se fusionan con la seductora voz de Morgane. Coros efectivos en un tema con constantes giros y momentos que me recuerdan al Morrison más chamánico. Recitando más que cantando, la voz evocan momentos entre Patti Smith y The Doors, con una instrumentación que poco a poco se va elevando con fuerza arrastrando la instrumentación. El resultado es de fluidez y versatilidad que nos hace tener esperanzas en el resto del contenido del EP. 

el debut de los franceses está marcado por la portentosa voz de su vocalista y por es vocación blues-rock. “Give them” rezuma frescura con una cadencia rítmica que va utilizando distintos estilos para conseguir un groovy verdaderamente apetecible. Un luminoso corte que se oscurece por el trabajo del bajo. Descrimiendo insondables escenario en los que reina la oscuridad psicodélica, MACADAM BLOSSOM ofrece su lado más nebuloso, con instantes en los que la luz brilla entre las sombras. De las mismas salen haces de fuzz que iluminan el tema. Wah wah colorido volviendo a subir las revoluciones bajo registros vocales blues-rock. La evidente inclinación por la vibraciones blues-rock se palpa en “Waste of time”. Sobre ritmos más arenosos, y con cierto groovy funky, los ritmos retro van atrapándonos en la tela de araña que va tejiendo la banda en el tema..

“Common life” nos ofrece la visión más calmada, con momentos de rock clásico, marcados por la voz y por ritmos más contemporáneos que conjugan la herencia retro con bellas melodías bucólicas.  Algún momento zeppeliniano oculto en sus notas hace la fusión entre nuevos sonidos con las vibraciones más clásicas consiga un resultado muy apetecible. En una linea parecida, “Kick your ass”, con un carácter más blusero desde el hard-rock impregnado de fuzz desciende a atmósferas lisérgicas con cierto aura misteriosa. Los registros vocales de Morgane,  cercanos a la Patti Smith de finales de los setenta, que se vislumbraban en  “Murphy’s law”  vuelven a hacer acto de presencia.

Los estereotipos más setenteros son reflejados en “Dirty than me”. Riffs pegadizos y difusos que son complementados con un groovy blues. De la misma manera “What’s your problem”, nos ofrece la visión más stoner arenosa. Fuzz por doquier y nebulosas sobre pesados ritmos construyen un tema sobre sólidos pilares que soportan el tono funky que ofrece la guitarra de Steven. El arenoso bajo de Erwan y el fuerte rítmo de la batería de Benjamin complementan el corte con el sonidos más duro de éste debut.

Morgane, su vocalista proviene de un duo folk así como guitarrista en grupo de hardcore, por su parte, Steven viene de la escena del death metal y hardcore, y el resto de los miembros de la canción francesa y alguna formación hardcore, lo que sorprende, pues con esos inicios tiene mucho más mérito componer un EP como éste.

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KOMODOR.- “Komodor”

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Inspirados por James Gang o Grand Funk Railroad entre otros, los franceses KOMODOR nos invitan a un viaje retrospectivo a los setenta. Para ello utilizan su utilitario decorado de hard- rock fabricado en la prolífica factoría Detroit que tanta gloria dio en aquella década a los amantes del rock.

Un disco que cualquiera que lo escuche, le sería difícil ubicarlo en la segunda década del siglo XXI. Una brillante carta de presentación que hará rememorar momentos del pasado a más de uno con cuatro temas de rock and roll puro, sin aditivos. Fuerza y dinamismo en un ambiente festivo.

Estribillos efectivos en “Still the same” sobre ritmos de rock and roll a golpe de un bajo marcando el animado compás, los franceses construyen un tema lleno de brillo. Un intercambio de roles entre guitarra y bajo desemboca en un efectivo y dinámico boogie-rock.

Sencillas estructuras construyen “Join the band”. lo simple a veces es la mejor herramienta para llegar al oyente, y en este tema, la banda lo deja claro. Guitarras aulladoras y jugueteos con el estéreo construyen ritmos cercanos a los postulados de Gran Funk. Puro hard rock setentero, alegre y divertido.

No faltan los momentos de psicodelia en la que una hiriente guitarra juega con estéreo bajo la mirada atenta de una batería cadente une a la fiesta con discreción, acompañada por una invitada de lujo en los coros, Ellin LarsonLa cantante de Blues Pills, así como su bajista Zach Anderson y su guitarrista Dorian Sorriaux, colaboran en varios de los temas, unos invitados de lujo.

Una maquinaria transitando dinámicamente por autopistas americanas de los setenta, a un ritmo vertiginoso, para activar las articulaciones, como lo hace en “Nasty habbits”. Con la ayuda del órgano y con un sonido que recuerda a Bad Company y por momentos a James Gang.  Desde la sencillez, y sin tratar de impostar a nadie,. Riffs pegadizos unidos a estribillos contagiosos, hacen que sea imposible mantener las articulaciones en reposo a ritmo de boogie.  Dejándose espacio entre si, los instrumentos tienen su propio protagonismo. Su momento de gloria, en una especie de jam en forma de puzzle, en el que encajan perfectamente todas las piezas para convertirse en un todo un cuadro. Guitarras sureñas entran en una pelea que acaba en una orgía sonora en la que todos los instrumentos de desbocan.

En ese espacio entre Grand Funk Railroad, Ram Jam o James Gang, partiendo de acordes acústicos van desarrollando un tema nítidamente setentero. Voces moduladas, y ritmo que se combina con efectividad, en una especie de himno. eso es  precisamente “1984”. Inclinándose a sonidos más propios de James Gang, avanzan con solvencia para construir un gran corte, en el que no falta su punto de psicodelia. _Un tema que nos devuelve a los setenta de una forma divertida y jovial.

 

KOMODOR son: Goudzou (bajo) Elrik Monroe (batería) Ronnie Calva (guitarra solista) Slyde Barnett (voz y guitarra). y como invitados, Ellin Larson (coros en “Join the Band”: “Nasty Habits”: “Still the same”, Dorian Sorriaux (guitarra), André Kvarnström / Rickard Nygren (piano) y Zack Anderson (bajo)

“KOMODOR” se publica hoy via Soulseller Records.

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FUZZY GRASS.- “1971”

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Un año ha pasado desde que los franceses nos sorprendieran con su EP en vivo en el que el fuzz rebosaba por los cuatro costados. Ahora, con su primer álbum, “1971”, nos dejan claro que aquello no fue un espejismo, sino un punto de partida que culmina con este trabajo en el que a través de tonos vintage de blues y enérgica psicodelia, obtienen un resultado muy apetecible para los amantes de los viejos sonidos de los primeros setenta.

Jams caleidoscópicas sobre distintas capas sonoras en las que las sustancias alucinógenas están presentes en todos sus surcos.

¿Que podemos esperan de un álbum que se abre con tema llamado “Electric ayahuasca”?. Todo un viaje místico en el que extraños sonidos y efectos sobrevuelan el camino de una guitarra narcótica a modo de introducción de poco mas de minuto y medio.
A continuación, “The alone boy song”, se construye sobre cenizas CREAM, pero aderezados por sustancias más ácidas que los británicos. Con un toque espiritual y más densos y oscuros, van transitando por pantanosos territorios donde los efluvios humeantes y aturdidores van generando un espacio de inconsciencia narcótica gracias a esa alteración psicotrópica.
Heavy-blues stonerizado con tintes retro es lo que nos ofrece “The faceless”. Un alegre y poderoso ritmo, se va salpicando de poderosos solos de guitarra. Un viaje 45 años atrás en un tunel del tiempo a través de un tránsito lisérgico. Con momentos netamente heavy-psych con una desgarrada voz que no pierde la fuerza y la garra en ningún momento.

Tras los momentos de calma en los que la voz trata de seducirnos con una tenue instrumentación comandada por una poderosa batería, aparecen momentos que evocan a los mismísimos BLUE CHEER. Alaridos y una guitarra que se desangra en solos ácidos, hirientes, con un final en sonidos west-coast.

“The upside down” sigue el mismo camino. Ahora con más presencia blusera en sus notas, la acidez la salpican de momentos cercanos a CACTUS. A caballo entre éstos y BLUE CHEER, los inquebrantables ritmos de batería y bajo, la guitarra va serpenteando entre gritos y efectos que desatan una locura psicotrópica a la que la razón  no puede vencer. Un éxtasis liberador en el que la energía fluye en torrentes sonoros. Cabe destacar el vigor de una batería tocada a la vieja usanza sobre solos repletos de fuzz y efectos.

Si la banda gusta de los sonidos de los primeros setenta, en  “1971”, no podía faltar la herencia hendrixiana. ésta hace acto de presencia en un tema como “Healed by fire”.

Una bacanal de fuzz sobre una más que poderosa batería, que hace desprender y transmitir energía en cada una de sus notas. La estética retro sigue presente, pero a unas revoluciones sonoras inconmensurables. Fuzz, fuzz fuzz, y un ritmo diabólico logran hacer un corte de proporciones descomunales. fuerza y vigor en los que el bajo nos golpea con insistencia. Las voces se ecualizan generando ese espacio de enajenación que pretende la banda con toda su exuberancia sonora.

Tras la extenuación del tema anterior, parece que FUZZY GRASS nos ofrece un bálsamo en forma de tema con texturas COLOUR HAZE combinadas con blues-rock ácido. La sombra de BLUE CHEER sigue siendo alargada en “The winter haze” . Aquí parece que la banda duda en seguir el camino de los setenta o mostrarse más contemporáneos en su sonido. Lo  cierto, es que el tema tiene matices de ambos momentos. Los solos de guitarra, no son tan endiablados, pero el thc sigue estando muy presente en sus notas. La lucha entre en sonido de una batería que recuerda a Ginger Baker, y los ahogados momentos vocales nos trasladan décadas atrás, pero sin embargo, las estructuras de la guitarra nos ponen en el siglo XXI. por otro lado, encontramos calmados y tensos momentos en los que la voz trata de emular al Rey Lagarto en alguna de sus disertaciones. Matices, matices, y más matices seguimos encontrando en cada uno de los temas.

 Para terminar, el ritmo nítidamente retro, de “Shake your mind”, nos devuelve a los primeros setenta. momentos Hendrix, que van evolucionando, intensificándose, y llenándose de efectos en una nueva orgía sónica. Un desenfreno lleno de garra y fuerza que bien podría definir el sonido de una banda que indudablemente gusta del fuzz, y lo reparte a diestro y siniestro. Si el trabajo de Clément Gaudry-Santiago a las baquetas es descomunal, el de Laura Ruiz , su guitarrista, no le anda a la zaga. Si a ellos unes el poderoso trabajo de bajo Thomas Hobeck, la fórmula es perfecta. y como colofón, una desgarrada voz que se desangra en cada articulación de las cuerdas vocales de Audric Faucheux.  Como resultado, tenemos un exuberante disco en el que la banda deja claro cuales son sus intenciones. Un disco que a buen seguro les aupará a festivales por la geografía europea este próximo año, y sino, al tiempo…..

  

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THE GRAND ACID.- “The grand acid”

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Un compacto trabajo nos ofrecen los berlineses THE GRAND ACID en su debut. Con potentes sonidos que nacen de ecos blues y psicodélicos sin renunciar a las melodías. Unas vigorosas jams sobre brumosos entornos vintage con origen setentero y alguna vibración progresiva. Si seguimos aquella máxima que usábamos décadas atrás de fijarnos en la portada del disco para intuir su contenido, en este caso, el arte de la misma puede reflejar a la perfección lo que encierran sus surcos, y, sin duda, aquí, aquella máxima se cumple.

Sobre tonos de hard setentero construyen “Yeast”, un corte en el que el sonido del órgano toma un gran protagonismo. Sobre sus surcos revolotean ecos de Wishbone Ash en los que no faltan agradables momentos psico-progresivos sobre una espesa neblina grisacea.

Con un ritmo cadente, la banda va salpicando solos de guitarra  elevándose sobre la cadencia rítmica. sin estridencias, construyen un gran tema que nos invita a seguir indagando en el interior de este trabajo.

Más poderos y sobre una base retro-rock, “Thick as a brick” nos ofrece una visión distinta de su propuesta. Dinámicos riffs que se repiten, con una bateria y bajo insolentes, se van sucediendo los solos de guitarra en una espiral sónica que acaba convirtiéndose en una auténtica maraña de reberveraciones psicotrópicas y difusas. una complejidad ejecutada desde esquemas sencillos con la que alcanzan un tema tan espeso como su nombre.

La vitalidad hard-rock se presenta en “Neptune“, nuevamente sobre una densa instrumentación con sabor añejo, en la que se clavan desarrollos de guitarra ácida.  El viaje a momentos de esplendor del rock en sus primeros setenta está conseguida con brillantez, sin artificios innecesarios pero con la suficiente creatividad como para que el resultado sea muy apetecible.

Finos y elegantes acordes de guitarra coquetean con el blues en “Back at the wheel”. Sobre un ambiente calmado que recuerda a algunos momentos lisérgicos de bandas como Ten Years After, se van sucediendo angelicales coros que transmiten una calidez y cercanía al oyente, haciéndose que nos sentamos inmersos en la composición como si fueramos una parte más de ella. Una masaje sutil que nos va acariciando poco a poco, atrayéndonos a su espacio de lisergia. Una profundidad entre el blues y la psicodelia no exenta de fuerza. 

Haciendo un pequeño giro, la banda se interna en espacios más arenosos sin olvidarse del blues en temas como “Bull”. otro tema que bebe del néctar de los setenta para adaptarse con habilidad al siglo XXI. Un implacable ritmo de bajo y una posterior avanzadilla a territorios hostiles de heavy-psych en los que los momentos fuzz humeante van ondulando en un auténtico viaje psicotrópico. Ciertamente no estamos ante nada nuevo, pero la habilidad de la banda va más allá de ser una copia de nadie, lo que siempre es de agradecer. estamos antes sonidos que no nos resultan desconocidos, pero que difícilmente podríamos decir que sean un clon de nadie. 

Si la apuesta principal de THE GRAND ACID nace, como he comentado antes de los ecos de los setenta, en temas como “Lost”, los ecos Hendrix son más que evidentes. Unos desarrollos de guitarra incisiva con mucho fuzz en sus cuerdas y una energía hard-rock bien transmitida por el groovy vocal de Friedrich Finkenwirth hacen el resto. siendo capaces de reprimir su furia y descienden a cavernas de calmada y humeante psicodelia en la que los acordes nos van narcotizando poco a poco con las resonancias blues llegando de la lejanía. Relax y calma que contrasta con el ímpetu inicial. Casi diez minutos con los que, si no lo habían hecho hasta ahora, el trio alemán te reclutará para su causa con momentos de una jam cannabinoide que aplacará tus sentidos con sus reverberaciones. En su parte final la batería de Stefan Kaiser arrrastra al bajo de Norman Sander mientras Friedrich se pierde en su interior con interminables solos propios del mismísimo Alvin Lee en un puro viaje psicotrópico.

El disco, acaba con un diabólico tema de hard-blues como es “Manta”. un riffs que se va repitiendo hasta el infinito con una inquebrantable base rítmica en un frenesí implacable que acaba por dejarnos exhaustos. Una especie de stonerización de resonancias del pasado a toda velocidad que destrozará cervicales.

https://www.facebook.com/TheGrandAcid/

FÖRR.- “Levande Krökbacken”

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Nuevo álbum de los suecos FÖRR, esta vez mostrándonos como se las gastan en directo. Seis temas que recogen la magia que ya nos habían mostrado en sus anteriores trabajos. Como tantas bandas suecas, parece que al nacer les dieron un biberón de sonidos setenteros en lugar de leche, lo cual es todo un placer para el resto de la humanidad. Blues, hard y algo de psicodelia se encuentran en tierras suecas para deleite del resto del planeta.

“Dödsdansen” nos seduce con una sutileza blues-soul a ritmo lento. La bella voz de su cantante Malin, va introduciéndonos en sólidos riffs. Blues en estado puro a golpe de acordes de guitarra y suaves ritmos.  Por momentos parece que la voz y los instrumentos van cada uno por su camino para acabar encontrándose en un punto en común. 

A través de nítidas lineas de bajo “Hata Denna Sång” con un ritmo cadente  se va manejando entre el blues y hard-rock que se encuentran en algún momento de la década de los setenta. Armado con sólidos riffs, la cadencia que nos ofrecen va atrapando al oyente, arrastrándonos hasta momentos en los que aparecen ramalazos psicodélicos, en los que la guitarra toma el protagonismo con unos brillantes y placenteros solos. Estamos ante un tema que tiene muchos matices en su interior y que sin darnos cuenta, va atrapándonos poco a poco en sus redes. El trabajo del bajo es digno de destacar, creando momentos narcóticos  llenos de belleza.

Sin mucha información al respecto de la banda , el  disco está grabado en el Festival  de Krökbacken 2018 en el que participaron parte de la flor y nata de la escena sueca, con bandas como Asteroid, Greenleaf, Lucifer, Abramis Brama, Snowy Dunes, etc…..  el pasado verano.

Con melodías llenas de bucolismo, y bajo tonos grises, “Stensotslunga”, nos va susurrando, con una repetición de acordes que generan un sosiego placentero en el que la voz lleva todo el protagonismo.

Con mucha influencia del movimiento progg sueco, “Ingen gyanid”, los sonidos retro de los setenta aparecen en un tema en el que el hard y el blues se fusionan. Una instrumentación limpia y cristalina generan un sólido tema con momentos fuzz dentro de un espectro luminoso.

Algo más denso, “Slukhål”, transcurre por entornos psico-progresivos, recordando entornos boscosos de su Suecia natal, los fornidos riffs se complementan con registros vocales cercanos al blues, siempre evocando espacios naturales. Pegajoso pero fresco a su vez.

La intensidad sube en el último corte con un frenético ritmo de batería y una guitarra fornida en “Jag Tar Vad Jag Får”. El sonido vintage está presente en uno de los temas más enérgicos de todo “LEVANDE KRÖKBACKEN” sin renunciar a una efectivo groovy con reparto de fuzz. el tema estba contenido en su primer trabajo “FÖRRSTA” y representa una de las esencias del retro-rock sueco.

https://www.facebook.com/Forrmusik/

 

 

JUNIPER GRAVE.- “Of hellions & harridans”

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¿Te atreves a hacer un trato con poderes más allá de tu comprensión? Destilando influencias ocultistas, la alta sacerdotisa de la fatalidad, Jenni Sneddon maneja su voz entre humo y miel tejiendo historias del pasado y hechizando con sonidos de los setenta. Riffs melosos llenos de resina y un órgano retro que sigue el camino marcado por bandas como JEX THOTH. Todo un ritual en el que no faltan ecos blues en atmósferas melancólicas con una lírica llena de garra. Susurrantes y enérgicos a su vez, el peso de los registros vocales en la densa y cuidada instrumentación consigue placenteras escuchas de este artefacto sonoro que se completa con solventes desarrollos de guitarra hard-rock. Recomendable para los amantes de rock clásico con influencias sinfónicas.

El indudable peso de la voz queda evidenciado en “The Forest“. Con tintes líricos e incluso registro cercanos al cabaret, los noruegos ejecutan un corte de hard-rock que ciegan con vientos arenosos. Un tránsito que se acerca a postulados desérticos en el que los coros y un sonido de órgano retro en la lejanía completan un correcto tema.

Partiendo de mimbres sacados del rock clásico, JUNIPER GRAVE basan su sonido en ese órgano setentero que stonerizan sin olvidarse de tonos blues, especialmente en sus voces. Una dualidad que resulta efectiva. Así “A trick of the light” o “Daughter of the waves” con unas armonías bien construidas consiguen cortes vivos sin llegar a momentos de pesadez sonora.

Las atmósferas melancólicas son más evidentes en “Bridge beetween worlds”. gracias a su órgano pastoral, inclunan su rock a laderas progresivas sin perder esa atmósfera bucólica.

El lado más oscuro se manifiesta en “Dance of the demon” o  en “Rest with your dead”. Utilizando cánones psicodélicos generan misteriosas atmósferas en las que la tristeza rezuma y se siente. La voz se vuelve más lírica,. como su de una oda se tratara, tornándose a su vez hacia territorios más ocultistas. Hard psico-progresivo de origen setentero en los que los solos de guitarras van ondulando dando intensidad a la composición. voces duales y coros femeninos en los que la garra y la fuerza se derrocha como su no hubiera un mañana, modulándose en momentos verdaderamente intensos.

Si bien, en “Rest with the dead” los susurrantes acordes que surgen de las nebulosas se abren a espacios más luminosos y evolutivos en los que los sonidos de ése portentoso órgano retro tienen mucho más peso. Una vuelta a los momentos más brillantes del hard-progresivo de la década de los setenta en la que dichos sonidos tenían un importante peso en multitud de formaciones.

JUNIPER GRAVE lo componen Jenni (voz y órgano), Shonagh (guitarra y coros), Sarah (bajo y coros), y Jason (batería) acompañados por coros adicionales de  Jason, Eve, Victoria, Aimée 

El álbum se publica a través de Wasted State Records

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