Reseña: MOUTH.- “Out of the vortex”

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“OUT OF THE VORTEX” es una recopilación de versiones perdidas y mezclas alternativas procedentes de las sesiones de grabación de los álbumes “VORTEX“, publicado en 2.017 y “FLOATING” DE 2.018. La banda de Colonia ha querido celebrar así el tercer aniversario de la publicación del citado “VORTEX“, el álbum que les puso en boca de todos, para ofrecernos estos temas, únicamente disponibles en su página de bandcamp. Teniendo como objeto cerrar una brecha hasta el próximo álbum que casi tienen ya terminado. El contenido es bastante evidente, tal y como nos recuerda su portada, un híbrido entre los dos álbumes que al fin y al cabo, son la materia prima para este curios trabajo. Aquí podemos encontrar un cara nueva de MOUTH, una faceta probablemente más psicodélica y ácida de la que ofrecen los temas en sus álbumes originales. Temas como “Vortex”, manteniendo sus dieciséis minutos de duración, pero sonando más lisergico que el original, y que tal y como me comentaba la propia banda, les parece incluso mejor. Eso sucede también con la breve mezcla alternativa de “Mars of Cyclopes” reducida do exiguos minutos, o “Mountain”, que se muestra menos pulida y posiblemente con mayor frescura. Como aliciente, encontramos dos temas inéditos como “Ready”, construido bajo una susurrante atmósfera progresiva en tonos sinfónicos que rozan lo pastoral, dejando claro que el terreno hard-progresivo es un territorio en el que se manejan a la perfección con ese aire retro que les caracteriza.“Homagotago’s peddle boat trip” el otro tema inédito, ve al trío transitar por ese apacible bosque psico-progresivo en una equilibrada combinación de teclados y guitarra repartiéndose el protagonismo entre coloridos ritmos de percusión de vocación kraut.  MOUTH es una de las bandas que mejor saber reflejar en sus temas ese espíritu vintage evocador del mejor hard-progresivo de los 70’s, y aquí, una vez mas queda fielmente reflejado. Ya solo nos queda esperar ese nuevo álbum en ciernes, para comprobar si el camino de los alemanes sigue siendo el mismo o si por el contrario, nos sorprenden con nuevas rutas.

MOUTH son Christian Koller (voces, guitarras y teclados) Thomas Johnen (bajo) y Nick Mavridis (batería y teclados).

El álbum abre con una versión alternativa de “Vortex”, uno de los temas más emblemáticos de MOUTH, y en el que tras una introducción con efectos espaciales que se disipan en el infinito, llega la explosión de su característico órgano pastoral bajo unos tambores ceremoniales y buenas dosis de wah-wah. Cociendo a fuego lento, van ligando el tema mientras la guitarra va adquiriendo el protagonismo.  Los bellos momentos progresivos descienden a místicos pasajes antes de emprender una senda psico-progresiva con destino a los 70’s. Creando atmósferas borrosas entre vibrantes ritmos y una particular voz. Casi en forma de jam, la guitarra revolotea sobre la compleja estructura compositiva creando un denso sonido. Con momentos hipnóticos el corte se deja llevar por efluvios psicotrópicos que cambian su carácter. Con pausados y susurrantes acordes el tema se vuelve oscuro y misterioso. En ese enigmático entorno los vestigios de jazz se unen a la fiesta de los sentidos.  Como si hubieran atravesado una nueva dimensión, las complejas estructuras progresivas su tornan más narcóticas. Aquí la guitarra soma brillantemente con el órgano más apagado, pero siempre bajo una batería ardiente. El resultado es una bella suite con distintos actos en dieciséis minutos algo más ácidos que el original.  

“March of the cyclopes” es un exiguo extracto del original de “VORTEX” mutilada a escaso dos minutos pero manteniendo los solos psicodélicos sobre esas voces y ambientación progresiva con un tono algo menos kraut. 

Manteniendo la esencia setentera que les caracteriza, “Mountain” tema incluido también en “VORTEX“, el rock clásico aparece más brillante y luminoso de rock clásico arropado por un manto envolvente del que afloran las guitarras con cierto aroma exótico. Aquí la mezcla es muy similar al original, aunque con algo más de acidez.  

“Parade” es un tema bastante más hipnótico que transita por calmados senderos progresivos entre voces y coros. En esta ocasión dejan de lado la rabia de la versión orignal, para ofrecer un aspecto más calmado que el que aparecía en “VORTEX”.

El primer tema inédito, “Ready” se desarrolla bajo una cálida y aterciopelada voz entre el cálido sonido del órgano protector. Adentrándose en territorio sinfónico, crea una oscura atmósfera sobre tonos pastorales que no se alejan de la vocación vintage de la banda. Un buen aliciente conocer este lado más desconocido de MOUTH.

El clásico “Macbeth” aparece en una versión más contenida como si realmente fuera la primera pincelada antes de pulir sus aristas. Un tema más crudo y primitivo pero que conserva toda su frescura. 

Cerrando el álbum “Homagotago’s peddle boat trip” el segundo corte inédito, nos muestra un groovy pegadizo y contagioso sobre una base psico-progresiva con algún momento inquietante. Un lento y parsimonioso paseo por un nuevo bosque lleno de magnetismo y con una neblina psicotrópica que emana de esa mágica guitarra. Utilizando perfectamente el espacio para que la dualidad órgano-guitarra mantenga un gran equilibrio. Misterio, su carácter repetitivo no supone un obstáculo para su escucha, sino que finalmente acaba atrapándonos entre esos efluvios narcóticos. De igual manera me da la sensación de que al tema le faltan aspectos por pulir, retoques que a la postre solo pueden enriquecerlo.  

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Reseña: MERCURY BOYS.- “Return To Cinders”

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Para poner en antecedentes al personal tengo que decir que lo que han hecho MERCURY BOYS no tiene nombre. ¡¡No pueden publicar un EP con tan solo trece minutos de duración!!!. ¡¡¡Quiero mas!!!. Una vez dicho esto en tono de humor, habría que explicar quienes son MERCURY BOYS, y con solo decir que sus miembros proceden de bandas como ORANGE SUNSHINE, SUPERSONIC BLUES y RAGGED BARRACUDAS, se puede intuir el contenido de éste “RETURN TO CINDERS”. Aprovechando los elementos primarios de nuestra naturaleza auditiva, nos ofrecen cuatro cortos y directos temas en los que el proto-metal de los primeros 70’s nos arrasan bajo influencia del heavy-blues más infeccioso y la psicodelia pesada más ácida. Canciones que suenan rudas y primitivas pero que te arroyan a su paso. Directos a la yugular, no permiten un margen para la pausa de sus frenéticos ritmos en esta bacanal de sonidos crudos herederos de bandas como Blue Cheer o Mc5 de los cuales nos ofrecen una incendiaria versión de su tema “The american ruse”. Estamos ante un proyecto de cruce de fronteras de personas cuyos caminos se han cruzado regularmente a lo largo de los años, haciendo un esfuerzo colectivo más que solo una necesidad. En cada tema se percibe a cada uno de los músicos dándolo todo por esa causa común, sin complejos. Un trabajo solidario que nos depara unos frutos exquisitos a través de estos cuatro cortes rudimentarios y salvajes pero llenos de calidad, tanto en la interpretación como en la creación. Los temas ahora liberados pertenecen a unas grabaciones efectuadas en 2.018 por lo que desconozco si existe mas material, pero desde luego sería todo un regalo porque este trabajo te deja con muchas ganas de mas. Adictivo, directo, impactante, ardiente y corto tristemente…… 

“RETURN TO CINDERS” fue capturado por Guy Tavares en Motorwolf Studios, La Haya, Holanda a principios de 2018 y cuenta con una portada obra de  Adam Burke y está disponible vía Who Can You Trust? Records!

MERCURY BOYS son Guy Tavares (voz), Timothy Aarbodem (guitarra, bajo) Janik Ruß (guitarra) y  Christian Dräger (batería).

“Atlas Falling” no deja títere con cabeza desde el primer riff: La hogada y aguardentosa voz de Guy Tavares se desgarra en tres minutos y medio de heavy-blues ancestral. Rudo e indómito el tema despide un aroma cannabico en esta re-encarnación de Lemmy a los mandos de una banda heavy-psych. ¿Proto-metal? ¿heavy-blues?, ¿psicodelia? Cualquiera de estos términos valdrían para definir el sonido de un tema incendiario y pegadizo que te golpea con garra. Banda sonora de garito de carretera con olor a bourbon en una bacanal ácida sobre trepidantes ritmos con ese proto-metal pegajoso y viscoso saliendo de las entrañas de estos cuatro músicos. 

Sin el perder el tono al corte anterior, “Sturnus taciturn” se mueve entre espesas aguas hard-rock y proto-metal. Grueso y plomizo, contrarresta esta pesadez con las incrustaciones de solos ácidos con un cierto aroma sureño. El fornido bajo empapa de graves sonido un tema mas oscuro entre sus serpenteantes guitarras arropadas por platillos explosivos. 

Con una entrada llena de fuerza que me recuerda al clásico “Going Down,”, “Apollo phoenix rising” nos ofrece un juego de voces entre el vómito en clara línea Lemmy y momentos de rock arcaico y primitivo con ecos garage. Un trepidante ritmo nos arrolla a toda velocidad entre vibraciones proto-metal de libro a las que se incorporan las intoxicantes guitarras asesinas. Húmedo y ardoroso, el corte es todo un estimulante para cuerpos apagados. Dando un pequeño giro, a mitad de la canción las melodía desciende a pasajes heavy-psych mas melodiosos que aplacan la furia para introducirse en psicotrópicos bosques en los que las guitarras tratan de abrirse paso entre la espesura. Un agreste tránsito que acaba retomando el rumbo por un cauce más sosegado. 

El Ep cierra con una incendiara versión del clásico de MC 5 “The american ruse”. El sonido proto-punk y los ecos proto-metal se homenajean con precisión . El acierto de escoger este tema para ser versioneado es de lo mas apropiado teniendo en cuenta el carácter y vocación de la banda.  Toda una invitación al baile en este frenesí de ritmos trepidantes. Pesadez, acidez y la perfecta banda sonora para la vida en Sodoma y Gomorra a través de estos arcaicos y primitivos sonidos que tan bien siguen encajando en pleno siglo XX.  Brillante e impactante. 

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Reseña: MOOCH.- “Hounds”

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Originarios de Montreal, MOOCH, en su debut de larga duración “HOUNDS”, deposita su sonido, tanto en las vibraciones emanadas del desierto californiano como de los efluvios del blues de los pantanos. De esas aguas parece emerger una nueva reencarnación del Rey Lagarto en la voz de Ben Cornel para ofrecernos magnéticos temas de heavy blues stonerizados que combinan vibraciones llegadas del siglo pasado con registros mucho mas contemporáneos en los que no falta algún momento grunge.  Un álbum que te atrapa con cada tema y en el que encontramos dos puntos de referencia irrefutables, Jim Morrison y Brant Bjork. Puede parecer una puesta arriesgada, pero los canadienses acaban conjugando perfectamente ambas influencias para construir un trabajo impactante. Arenosos vientos del desierto en una ceremonia en la que el blues más pesado pone la banda sonora entre humos narcóticos. Un ambiente chamánico en el que los temas fluyen entre ritmos llenos de “groovy” y fuzz intoxicante con la mirada puesta en la California más soleada. Con momentos en los que coquetean con el doom, entre temas de blues intenso y desgarrador, sus pegadizos temas se ejecutan con esmero no olvidándose de la importancia de las voces y coros, algo que demasiadas veces pasa desapercibido en muchas bandas. A lo largo del álbum podrás encontrar múltiples momentos en los que el sonido de Seatle baile en una danza ritual con el blues del delta bajo vibraciones mas propias de The Doors (innegable la comparativa con el registro vocal de Morrison), Hendrix, Zeppelin, Kyuss, o incluso Sabbath y Colour Haze te venga a la cabeza, lo cual no significa que estos chicos tengan su personalidad propia, y de ahí precisamente viene toda su grandeza. La mística de “HOUNDS” hace que estamos ante uno de los debut más destacados de lo que llevamos de año. 

El álbum fue conceptualizado como un disco en bruto, mostrando la verdadera sensación de la composición de la banda y la personalidad de los gritos en el escenario. Fue grabado en vivo como un dúo de guitarra / batería en el desierto de California. Sin pistas de clic, sin edición, sin instrumentos digitales. El bajo se agregó de nuevo en Montreal y el registro se devolvió a Seattle para ser mezclado. Finalmente el álbum fue enviado de vuelta a casa para Montreal para dominar. Brant Bjork desempeñó el papel de productor de la vieja escuela y  organizó con su Jalamanta Studio y su equipo: el productor Bubba Dupree e ingeniero Yosef Sanborn de MassiveFX Pedals. Además de ser el jefe de ambiente de toda la operación, Brant fue mentor y todo alrededor del tipo más genial para pasar el rato mientras haces un disco.

MOOCH son: Ben Cornel (Guitarra, Voz), Julian Iacovantuono (Bajo, coros)Alex Segreti (Batería y  coros), y como invitado a la guitarra Joe Segreti.

El álbum abre con “Mantra”, un título que no podría describir mejor el contenido del tema. Un corte en el que el espíritu del Rey Lagarto regresa a la tierra para introducirse en su cantante.  El tema bien marcado por ese registro vocal que nos recuerda al Jim Morrison más chamánico sobre armonías de blues psicodélico. Un tema lleno de magnetismo que se eleva por el sendero de sus riffs stonerizados. Los canadienses nos presentan un corte que bien podría definir el sonido que The Doors tendrían en el siglo XXI. Completamente hechizante.

Mas fornidos, pero sin perder el aroma a 70’s “She’s black hole” gravita entre ritmos pesados y magnéticas melodías heavy-blues. Con pasajes de fuzz humeante y tambores grandiosos los sonidos difusos del desierto avanzan cadentes, entre efluvios de peyote para descender a hechizantes momentos de una calma impostada que acaba explotando en una gran deflagración en su parte final. Un blues stonerizado de gran solidez compositiva.

Retomando el legado de The Doors, “Blue man’s fase” evoca la velocidad de las autopistas californianas en un paseo con el desierto en el horizonte. Sin perder ese “tempo” rítmico, los canadienses construyen un corte que se desarrolla entre nebulosas de fuzz bajo dinámicos ritmos pegadizos. Una efectiva combinación que se torna más heavy-psych en su parte final con hipnóticos acordes y ritmos serpenteantes. La soleada California parece reflejarse con gran acierto en el espíritu del tema.

“Lucid” se muestra como un corto tema de psicodelia aromatizada en línea Colour Haze que hace reposar nuestras pulsaciones en acolchados pasajes instrumentales de gran belleza.

Por la senda del heavy-blues, “Torn up” se sumerge en los pantanos con ecos stoner en el ambiente. Un gran trabajo de bajo arropa un tema en el que encontramos el resurgir del Rey Lagarto. Emergiendo de las aguas entre efluvios narcóticos y psicotrópicos.  

“Super big things” juega con pasajes stoner y dulces melodías en una combinación de lo mas efectiva que hace que el tema pase la fuerza y pesadez a la calma lisérgica antes de retomar la senda pesada y difusa entre nubes de fuzz.

“Giant lady fingers” nos devuelve a ese heavy-blues stonerizado en el que tan bien se desenvuelven MOOCH. Coros muy logrados y efectivos se debaten en un sonido grave y pesado entre atmósferas humeantes y la sombra de Morrison siempre presente.

Instalados en ese espacios heavy-blues en los que tan bien se mueven, “Feel Good” deja un gran protagonismo a la voz sobre un esquema de blues clásico, en el que el poderoso bajo de Julian Lacovantuono nos golpea con contundencia. Lento y plomizo, el corte serpentea con sus registros vocales entre la densidad arenosa.

Ensoñadores pasajes llenos de magia relatan el ocaso en el desierto bajo chamánicas voces que parecen invocar a los espíritus impregnados de peyote en “Residen sleeper”. Con momentos casi doom, el tema nos arrolla entre cantos rituales en los que el blues sigue presente. Una ceremonia que acaba por arrollarnos a cámara lenta.  

Con una cadencia mas propia de Brant Bjork, no en vano tuvo que ver en la producción, “Hounds”, el tema que da nombre al álbum combina las vibraciones del desierto con tonos más propios del blues de los setenta.  Húmedo pasajes que dan un giro con riffs mas propios de Hendrix entre coros redentores. Una evolución hacia estado de fuerza entre los arenosos vientos del desierto.

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Reseña: GREAT ELECTRIC QUEST.- “Live at Freak Valley Festival”

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Aquel viernes 21 de junio mi curiosidad me llevaba al escenario principal del Festival Freak Valley a comprobar “in situ” como se las gastaban los californianos sobre un escenario. Reconozco que a priori no era una de mis bandas favoritas del cartel, pero una vez, que al filo de las tres de la tarde de aquel caluroso día, y recién comido, tras la presentación de Volker, los primeros riffs del tema “In The Flesh” de Pink Floyd hacían que se despertara interés lo que hizo que me acercara al escenario para comprobar como se las gastaba el cuarteto de San Diego. 

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Seguramente no inventen nada, pero el rock and roll siempre ha sido actitud y fiesta, y GREAT ELECTRIC QUEST están sobrados de ambas cosas. Los heavy-rockers de San Diego, tal y como refleja fielmente esta grabación, ofrecieron un variado show con una variada puesta en escena por todo lo alto. Recuperando esa esencia del hard-rock y el heavy metal, defendieron su fe con solvencia.Una hora de show llena de épica y una irreprochable actitud exaltaba a los algo mas de dos mil almas que allí estábamos presentes.

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Basando su actuación principalmente en temas de su último álbum “CHAPTER II – OF EARTH” como “Seeker of the Flame”, las tres partes de “Of the earth” en las que Daniel “MuchoDrums” Velasco, ataviado con una gorra de plato y unas gafas de sol  con su toros al aire, marcaba los tiempos y se permitía un solo de batería a la vieja usanza, en la segunda de ellas. Riffs hirientes de Buddy Donner con su guitarra al viento, en un aquelarre que heavy-rock con tonos oscuros que daba paso a uno de los momentos más emocionantes de la tarde.   

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Si al principio su cantante aparecía en el escenario cubierto por una túnica plateada que ocultaba su rostro, a continuación desaparecía del escenario para ofrecer toda su pose heavy-rock en un show en el que posiblemente el  punto álgido fue la interpretación del clásico de Judas Priest, “Victim of Change” coreado al unísono por todo el personal que en esos momentos ya estaba en “modo fiesta”. Una versión en la que se explayaron, haciendo que el público coreara cada uno de sus estribillos.

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Su cantante, Tyler “T-Sweat” DIngvell agitaba una bandera sobre el escenario, interactuando con sus compañeros y con el público, el cuarteto de San Diego imprimía vigor a cada riff. Subiéndose sobre los amplificadores, zarandando sus instrumentos y con esa puesta en escena colorista, resultaron ser toda una agradable sorpresa para mí. Siempre he sido de la opinión de que en un festival tiene que haber una banda que ponga la electricidad sobre el público, y en la pasada edición del Freak Valley Festival, parte de ese papel lo interpretaron GREAT ELECTRIC QUEST, como queda patente en este álbum que edita el prestigioso sello Ripple Music.

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Si sus anteriores trabajos te engancharon, esta emocionante actuación de una hora de duración llena himnos épicos de trituración y bombeo de puños.

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 Puedes escuchar a la multitud jubilosa, en una hora completa en la que la banda entrega con maestría esas voces épicas, solos de alto vuelos, surcos de proto-metal y cambios cargados de jams por los que son conocidos en cortes como “The madness” o “Heart of the son” en la fase más tranquila de su actuación. La electricidad llenando instantáneamente el aire mientras la multitud se regocija entre sus cautivadores pasajes. 

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Tras esos momentos más pausados, la fuerza regresa con los hilarantes de riffs de “Wicked hands”, el tema de su anterior álbum “CHAPTER II – OF EARTH”. Altas dosis de energía en estado puro que tiene su apoteosis final con los siete minutos del tema de Deep Purple, “Highway star”, con el que ponen fin a su actuación ante el delirio de todos los presentes con infinitos solos. Una grata sorpresa que todos agradecimos como demuestra la gran ovación a la conclusión del show. Como suele decir la cantante de The Bellrays, Lisa Kekuala, en sus actuaciones para motivar al personal…. “This is a rock show!!!!!!” 

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Bandas como GREAT ELECTRIC QUEST, y discos como éste, hacen que muchos vuelvan a tener fe en el rock hecho a la vieja usanza, crudo y directo, con honestidad. Un disco lleno de diversión de ritmos frenéticos y punzantes. Sin sutilezas, el registro refleja fielmente lo que fue una calurosa tarde de rock and roll en la que todos nos divertimos infinitamente. Un registro histórico. 

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Reseña: SLEEPWULF.- “Sleepwulf”

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Rindiendo pleitesía a guerreros del retro-rock, como Kadavar, Witchcraft o Graveyard, y con un acento a los primeros Jethro Tull nos llega una nueva oleada desde el norte de Europa de rock vintage atemporal de la mano de los suecos SLEEPWULF. Un trabajo en el que no hay una alquimia compositiva, pero en el todo fluye con naturalidad para obtener un resultado sobresaliente.  Cualquier amante de los sonidos retro y del rock de los primeros setenta se arrodillarán ante este álbum que tirará abajo las puertas de la escena underground.  Un trabajo basado en el blues y el doom en el que todo se hace sin forzar la máquina, sin excesos. Tres suecos y un escocés demuestran que comprenden completamente cómo utilizar la sabiduría y la fuerza de viejos titanes como Pentagram, Leaf Hound o incluso Cream, manteniendo ese sonido fresco y actual. Canalizado los sonidos sensuales de antaño con influencias modernas para crear un sonido pesado cargado de ritmos psicodélicos. SLEEPWULF logran prender una hoguera en la que se quemarán multitudes inmolándose en un aquelarre redentor. Canciones que tras escucharlas tararearás durante días una y otra vez, como un duendecillo golpeando tu cabeza sin poder quitártelo de encima. Con su sonido orgánico y un magnético bajo que en cada tema estimula nuestra base craneal haciendo que ésta oscile de lado al lado con cada riff. Nueve temas que construyen un bosque sonoro en el que los hongos mágicos parecen estar siempre presenten aportando sus dosis lisérgicas. A pesar de los negacionistas, lo retro y lo vintage sigue mas vivo que nunca, y aquí tenemos la prueba. 

Inspirado en gran medida del trabajo del reconocido ocultista John Dee, este álbum intenta reavivar su visión de un cosmos unido. “La luna y el sol de nuestra mónada desean que sus elementos, en los cuales gobernará la proporción denaria, se separen, y esto se hará con el ministerio de fuego”. Desde la concepción, cada aspecto de este álbum se enruta en estos principios básicos y se remonta a cada uno de estos fundamentos. ¡Todo el álbum fue grabado en vivo en el estudio, sin sobregrabaciones ni repeticiones! La portada es obra del padre del cantante, Iain Robertson, mientras vivía en el bosque cerca del lago Ness. El disco está disponible vía Cursed Tongue Records

“Wizard slayer” nos sirve de muestra para intuir el contenido del resto del álbum. Riffs retro-rock en una línea similar a la ofrecida por Kadavar. Serpenteando en su composición y una profunda voz sobre oscuras atmósferas más propias del proto-metal de los setenta. una estructura sencilla pero de los mas efectiva.

Ceñidos en esa vocación retro-rock, “Beast of collision” hace que los sonidos añejos cobren vida nuevamente con una gran frescura. Sin abusar de la pesadez, el hard-rock primitivo reaparece bajo atrayentes y pegadizos pasajes que inmediatamente el oyente puede empezar a tararear. Riffs reconocibles con alguna pincela progresiva y el blues omnipresente se adornan con unos buenos solos de guitarra en línea Leafhound. En todo momento la vivaz batería modula constantemente su ritmo en una persistente oscilación.

Cadente y sin estridencias, “Lucifer’s light”, cede el protagonismo sin discusión a esos tonos vintage que tan bien dominan los suecos.  Como si estuviéramos ante un tema compuesto hace cinco décadas, el blues y esos característicos sonidos retro se muestran frescos y plenitud. cierto es que como la mayoría de los temas, está construido sobre un único riff, pero la banda tienen la suficiente habilidad para moldear cada pasaje para que nada resulte monótono.

Incorporando más melodías, “Standing stones” escarba en el hard rock clásico de los setenta. Con acelerones y pegadizos riffs nos invitan a mover las melenas al viento. El tema pasa por distintos estados de ánimo descienden a pasajes en los que los tiempos medios dejan espacio a unas melodías vocales más cuidadas. Sin salirse de la senda retro-rock saben destacar los contrastes de sus sonidos hard. Una combinación que resulta efectiva para construir un corte divertido en el que las afiladas guitarras no faltan a su cita. siempre de improviso, pero cumpliendo a la perfección sus momentos de protagonismo. 

“God of the gaps”  es un breve interludio de minuto y medio en el que la melancolía se describe a través de acordes acústicos. 

El blues húmedo y fresco regresa (si es que se hubiera ido) en “Tumbling towers”. Riffs pegadizos y una voz que mira al pasado más que nunca bajo amables tonos, sin estridencias. Bajo esa gris atmósfera presente en todo el trabajo, las versátiles ondulaciones rítmicas persisten con la efectiva batería contrastando con los melódicos registros vocales en vena Kadavar

“Misty mountain” se construye bajo los auspicios del proto-metal de manual. Emergiendo nuevamente esos momentos Jethro Tull en un matrimonio con Sabbath.  Dualidad que se repite a lo largo del álbum adoptando alguna forma incluso medieval. De nuevo seducidos por el retro-rock, dejan patente su personalidad en estas lides. 

“Wicked man” utiliza un riff para construir el tema oscilando sobre él. La cálida voz blues y los repetidos riffs van poco a poco evolucionando hasta una mayor pesadez para a continuación descender a acolchadas praderas en las que brota el blues psicodélico de tiempos pasados.  

Por momentos uno puede pensar si estará escuchando un disco nuevo o uno lleno de polvo de la vieja colección de los setenta. Si por algo hay que destacar este debut, es por la maestría con la que construyen y ejecutan los temas, siempre con su propio carácter, sin complicarse demasiado la vida. 

Casi partiendo de momentos progresivos, “One eyed jailor” huele a campiña del norte, donde las huestes de Anderson dominaban años atrás. Oscilando y con un ritmo cadente, delicadas melodías fluyen con naturalidad integrándose en otro corte puramente vintage también en una línea similar al último trabajo de Kadavar

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