AVER.- “Orbis Majora”

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A estas alturas, ya no es noticia que nos llegue un nuevo álbum de proporciones descomunales del volcán australiano de la escena psicodélica y alternativa. La novedad puede venir de la incorporación de una banda de estas características al catálogo de Ripple Music, compañía con la que se edita “ORBIS MAJORA”. Un sello que nos tiene acostumbrado a bandas más pesadas y que con esta publicación acierta plenamente en su apuesta abriéndose a nuevos horizontes que ya se venían vislumbrando en sus publicaciones.

Llevándonos al terreno que los australianos quieren, sus composiciones nacen de un big-bang en el que las supernovas invaden nuestras mentes con extasiantes pasajes de psicodelia que se combinan con densos momentos stoner. Los susurrantes registros vocales acompañan esta catarsis que AVER genera en cada tema, mutando a una crudeza y rabia de gran calado. La magia hecha música en muchos de sus pasajes hace que “ORBIS MAJORA” sea todo un analgésico para el bienestar de la mentes humana con este sobrenatural álbum. El tercero de su carrera y el más destacado por la gran calidad que atesora en sus surcos, en los que no faltan momentos retro-rock así como algún ramalazo doom y mucho fuzz sobre un auténtico sonido heavy-psych.    

Con momentos drone, y sobre un manto de apacible psicodelia “Feeding the sun” incorpora elementos sinfónicos con sonidos de violines entre los desarrollos de guitarra. Bellas atmósferas en las que vientos orientales nos refrescan y nos masajean sobre unos registros vocales que van enrabietándose arrastrando una instrumentación que se inclina a laderas de psicodelia pesada. Entre momentos stoner heavy-psych el cuarteto australiano desciende su intensidad depositándonos en valles floridos en los que el sosiego se palpa. No solo estamos ante registros apacibles, la fuerza y la tensión del tema viene marcada por una combinación de sus dos guitarras en las que aparece algún riff de tintes retro. Generando la magia con ecos de violines para transformarla en retro-rock con destellos de fuzz humeante y embriagador.

En su anterior trabajo AVER se mostraba más contundente de lo que se presenta en “ORBIS MAJORA”. Esto para nada significa que la banda haya perdido un ápice de fuerza, aunque los insondables pasajes que encontramos en “Disorder”, suponen una nueva exploración psidodélica sobre ensoñadores espacios, seguramente más terrenales. Los ritmos oscilantes son una constante que se repite en todo el disco. Aquí, con las guitarras explorando atmósferas heavy-psych, y nuevamente con alguna brisa oriental que brota con sutileza, pero a su vez, con unos desgarradores momentos vocales. un sentimiento que se transmite con eficacia y que es capaz de relatar la tensión entre la calma. Dulce pero cruda, arrastrada por pesados riffs  que suceden a desarrollos stoner en los que las cuerdas vocales se ponen al rojo vivo. Una constante combinación de pasajes tranquilos que se engruesan en ritmos poderosos para decaer nuevamente en lo liviano y sutil. el resultado es un brillante ejercicio de psicodelia pesada con hard de tintes retro. Como si estuvieramos ante Causa Sui vistiendo su música con ropajes vintage y retro.

El trabajo de sus dos guitarristas está fuera de toda duda, y  “The last goat out of Pompei”. es un claro ejemplo de ello. Misteriosos e inquietantes atmósferas se describen bajo la atenta mirada de unas reconfortantes voces que acaban transformarse casi en guturales, para en un nuevo giro en la trama, descender hacia abismo doom con unos pesados riffs tras la calma inicial. Rompiendo la apacible magia, muestran su lado más terrorífico y poderoso. Un pozo del que brotan narcóticos solos en busca de algo de luz entre las tinieblas, regresando a esos maravillosos momentos en los que la instrumentación nos envuelve y nos acaricia con su reconfortante mística innata. Una loca experimentación con un resultado magnífica en el tema menos lineal de todo el álbum.  

Siempre con largos temas, “Unawswered prayers”, con sus mas de doce minutos va un poco más allá, y, desde una calmada introducción en la se usan elementos pseudoespaciales con multitud de efectos logran generar esa expectación que nos hace preguntarnos… ¿Y ahora qué? ¿Por dónde nos van a sorprender estos chicos?.  La respuesta es una odisea que navega por la inmesidad sideral explorando con pausa insondables escenarios intergalácticos en los que las notas flotan. Un espacio de ingravidez que culmina con un regreso a lo terrenal con ritmos que se incrementan en su intensidad. Una voz incisiva y generosa, transmite sentimiento para llevarnos al nirvana. mostrándose algo más progresivos AVER, combinan postulados más propios de Colour Haze ornamentándolos con un lindo sinfonismo, en lo que parece todo un canto a la esperanza. Con un pesado final stoner-doom con un inmenso trabajo de bajo, ponen la guinda a un apetitoso pastel.

“Hemp fandango”, el tema que cierra “ORBIS MAJORA”, nos muestra al cuarteto más involucrado en riffs stoner con tintes que ya habían utilizado anteriormente. con una estructura de jam, el tema serpentea sobre espacios heavy-psych. Más acidez en una orgía de fuzz que evoca a sonidos setenteros y que constantemente oscila entre el hard-rock y la psicodelia pesada. distorsiones desenfrenadas culminan en otro final de stoner con vocación doom. 

Una eficaz ingeniería compositiva en otro enorme trabajo llegado desde la tierra de los canguros, cosa que a estas alturas ha dejado de sorprendernos.   

AVER lo componen: Luke (Guitarra), Jed (Bajo), Chris (Batería) y Burdt (guitarra y voz).

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PETRICHOR.- “II”

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Si hay alguna diferencia entre ésta, su segunda entrega y su debut de mediados de 2.016, es que la banda de Virginia ha fabricado un álbum en el que las melodías tienen mucho más protagonismo. Siguiendo la estela del rock de tintes ocultistas, las voces de Tess Fisher se vuelven mucho más líricas y desgarradas de lo que nos había mostrado el primer álbum de la banda. Otro de los cambios es la desaparición de los registros guturales que ocasionalmente habíamos escuchado en alguno de sus primeros temas.

Usando distintos elementos, la progresización de su sonido se produce sin menoscabar su contundencia, conteniendo momentos de metal progresivo, riffs arenosos que desprenden fuzz cegador, así como ampulosas construcciones que flirtean con momentos post-rock e incluso folk. Momentos en los que la banda nos seduce con altas dosis de lirismo con reconfortantes melodías.

Así temas como “Saint Francis Satyr”, “Charons obol” o “Hybrid moments” sacan el lado más suave, con melodías que van desde el clasicismo hasta el metal sinfónico. El primero de ellos con esos coqueteos con atmósferas post-rock, siempre con el protagonismo de su pitonisa particular. “Chorons obil”, nos enseña el lado faraónico, con densos riffs que se van balanceando entre las voces presuntuosos y grandiosos. Conjugando voces desgarradas con los momentos más calmados. Con una grandiosidad y ritmo metálico el poderío vocal brilla exuberante.

En tonos acústicos, en línea Joni Mitchel “Blue state line” sirve de cobertura a bellas melodías llenas de bucolísmo completando un cuadro floral de gran belleza.

En contraposición, “Demon Goddes”, o “Earons”, son los temas más cegadores. Con algún coro de su batería  Harrison Christ en éste último, la espiral de fuzz sobre ritmos stoner los convierten en la parte más contundente y pesada de “II”. “Demons goddes”, aparte de mostrarse pesado, conjuga la vocación ocultista de la banda. Oscuridad y lamentos presiden su cauce, al igual que sucede  más profundamente en “My swollen voice”. Plegarías desgarradas nos conducen a magnetizantes atmósferas donde los sonidos  psico-progresivos aromatizan el ambiente. “Like you know”, profesa la misma fé a través de la medium ejerciente en que se convierte Tess, haciendo que traspasemos el umbral a cavernas misteriosas e inquietantes.    

Si bien es cierto que cada vez nos encontramos más bandas de psych-doom de tintes ocultistas comandadas por una fémina, y demasiadas veces su sonido es similar, el caso de  PETRICHOR se convierte en un rara-avis del género, al introducir tanta variedad de elementos saliéndose de alguna manera de los estereotipos.

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SPIDERGAWD.- “V”

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Una de las bandas más destacadas en el panorama noruego, SPIDERGAWD parecen ir a contracorriente, con una involución en su creatividad compositiva. A un disco por año, su sonido ha ido modulándose  hasta llegar aquí. Prolíficos como pocos, nos presentan un álbum que es puro hard y heavy rock sin complejos. Un disco que huele a sudor con sus poderosos riffs, pero un trabajo en el que las melodías están mimadas con esmero. Recuperando con su propia identidad vibraciones que ya nos regalaran Kiss, Iron Maiden, Grand Funk, Thin Lizzy, Motorhead, Q.O.T.S.A, etc… y fusionándolos con momentos Tempest. Con la habilidad suficiente para que sus canciones no resultan nada anodinas, SPIDERGAWD construye temas que pudieran convertirse en himnos aportando sangre fresca a un panorama saturado de propuestas cortadas por el mismo patrón. La inclusión de el saxo Rolf Martin Snustad en alguno de sus temas les dota de una versatilidad y un atractivo mayúsculo. Aunque siguen la estela de las reverberaciones heavy-rock de los ochenta y del hard más sudoroso de los setenta, “V”  es una atractiva propuesta huyendo de composiciones con sabor rancio.

“All and everything”, el tema con el que se abre esta quinta entrega, es de esas canciones que en otros tiempos hubiera sido considerado todo un himno, y quién sabe si ahora también. Estribillos pegadizos de los que no puedes dejar de tararear durante días tras su escucha, unido a una energía que no está reñida con la calidad creativa hacen que estemos ante unos de esos temas perfectos. Con una introducción a cargo del saxo, para dejar paso a leves ecos de Grand Funk o de las formaciones más punteras de la escena del hard más pesado de finales de los años setenta o de los primeros ochenta, cuando el heavy-rock estaba en su pleno esplendor, construyen un corte con cuidadas melodías sobre una base rítmica comandada por la implacable batería de Kenneth Kapstad . Esa batería que se convierte, desde mi punto de vista, en el verdadero pilar de la formación. Estribillos y coros que se incrustan en nuestra cabeza sin que podamos escapar hacen el resto para que “All and everything” se convierta en el estandarte de este nuevo trabajo. Si a eso unimos un cierto aura progresiva en sus composiciones, que, aunque más leve que en sus anteriores discos,  la tormenta perfecta está formada.

Solos afilados en pura vena heavy-rock se combinan en “Ritual supernatural” con unas atractivas melodías, tanto vocales como en la composición, para crear un tema que parece una fusión de Thin Lizzy hacia postulados A.O.R. Aderezados con solos de guitarra virtuosa y una densa instrumentación hace que el corte no baje el pistón.

Si antes comentaba que la batería juega un importante papel, no menos importantes es la voz de Per Borten y los coros que la acompañan.

El sonido de Kiss se siente en “Twentyfourseven”. Rudas voces y menos melodías en uno de los cortes más duros. Conjugando heavy-rock con sonidos desérticos. Un tema áspero y profundo.

Tras la tempestad, los noruegos nos dan un fugaz respiro con los primeros acordes de “Green eyes”. En realidad se trata de un pequeño espejismo en el que nos muestras su lado más oscuro tras difusos riffs sobre esa impactante batería. Esparciendo fuzz a diestro y siniestro, van engordando un corte con su rabia habitual envuelta en una nebulosa arenosa. 

Atmosféricos, oscuros y pesados, “Knights of C.G.R”, supone el regreso a escenario heavy-progresivos de gran calado. Una faraónica composición que sigue incidiendo en la apuesta NWOBHM. Muchos son los alicientes que tiene “V”, un disco en el que no faltan riffs retro-rock, con el el caso de “Avatar”, para acabar sumergiéndose en territorios más propios de la escena jazz rock progresiva de mediados de los setenta gracias al sonido de ese saxo tan atípico en este tipo de bandas. Dentro de este catálogo de grandes temas, aparece “Whirlind rodeo”, otro de esos temas a los que no les falta detalle, riffs retro, momentos de hard-progresivo, voces y coros heavy-rock. Todo cocinado bajo una densa y ampulosa instrumentación que jamás pierde el ritmo y en la que se incrustan melodías que nos llevan a espacios más psicodélicos.

A ritmo frenético, “Do I need a doctor”,  no se anda con sutilezas. El lado más bestia de los noruegos se deja sentir en un diabólico corte de heavy-rock sin paliativos. Voces desgarradas sobre ritmos infernales con toda la energía que les queda, que es mucha. Pegadizos estribillos vuelven a adornar otro gran tema al que no falta a su cita el fuzz entre los hirientes solos.

Después de su escucha completa, solo queda volver a darle al play y subir de nuevo el volumen.

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MACADAM BLOSSOM.- “EP”

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Debut de la joven formación formada en el oeste de Francia en 2.016 y que debutó en directo en septiembre de 2.018, publicando su Ep homónimo el pasado diciembre. MACADAM BLOSSOM nos presentan siete temas directos encuadrados en sonidos inspirados en el hard y el blues-rock  que se hacía en los setenta. Mucha frescura y grandes momentos vocales que marcan el devenir de  un trabajo bien construido y que engancha fácilmente. Podríamos decir que estamos ante una nueva banda retro-rock, pero una banda, que construye sus temas con ingenio y versatilidad, inclinándose a vibraciones marcadas por el blues, el soul en las que no faltan momentos de psicodelia, funky y ritmos pesados. 

“Murphy’s law” bebe del néctar de los setenta construyendo un tema retro en el que el hard-rock y blues se fusionan con la seductora voz de Morgane. Coros efectivos en un tema con constantes giros y momentos que me recuerdan al Morrison más chamánico. Recitando más que cantando, la voz evocan momentos entre Patti Smith y The Doors, con una instrumentación que poco a poco se va elevando con fuerza arrastrando la instrumentación. El resultado es de fluidez y versatilidad que nos hace tener esperanzas en el resto del contenido del EP. 

el debut de los franceses está marcado por la portentosa voz de su vocalista y por es vocación blues-rock. “Give them” rezuma frescura con una cadencia rítmica que va utilizando distintos estilos para conseguir un groovy verdaderamente apetecible. Un luminoso corte que se oscurece por el trabajo del bajo. Descrimiendo insondables escenario en los que reina la oscuridad psicodélica, MACADAM BLOSSOM ofrece su lado más nebuloso, con instantes en los que la luz brilla entre las sombras. De las mismas salen haces de fuzz que iluminan el tema. Wah wah colorido volviendo a subir las revoluciones bajo registros vocales blues-rock. La evidente inclinación por la vibraciones blues-rock se palpa en “Waste of time”. Sobre ritmos más arenosos, y con cierto groovy funky, los ritmos retro van atrapándonos en la tela de araña que va tejiendo la banda en el tema..

“Common life” nos ofrece la visión más calmada, con momentos de rock clásico, marcados por la voz y por ritmos más contemporáneos que conjugan la herencia retro con bellas melodías bucólicas.  Algún momento zeppeliniano oculto en sus notas hace la fusión entre nuevos sonidos con las vibraciones más clásicas consiga un resultado muy apetecible. En una linea parecida, “Kick your ass”, con un carácter más blusero desde el hard-rock impregnado de fuzz desciende a atmósferas lisérgicas con cierto aura misteriosa. Los registros vocales de Morgane,  cercanos a la Patti Smith de finales de los setenta, que se vislumbraban en  “Murphy’s law”  vuelven a hacer acto de presencia.

Los estereotipos más setenteros son reflejados en “Dirty than me”. Riffs pegadizos y difusos que son complementados con un groovy blues. De la misma manera “What’s your problem”, nos ofrece la visión más stoner arenosa. Fuzz por doquier y nebulosas sobre pesados ritmos construyen un tema sobre sólidos pilares que soportan el tono funky que ofrece la guitarra de Steven. El arenoso bajo de Erwan y el fuerte rítmo de la batería de Benjamin complementan el corte con el sonidos más duro de éste debut.

Morgane, su vocalista proviene de un duo folk así como guitarrista en grupo de hardcore, por su parte, Steven viene de la escena del death metal y hardcore, y el resto de los miembros de la canción francesa y alguna formación hardcore, lo que sorprende, pues con esos inicios tiene mucho más mérito componer un EP como éste.

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MOHAMA SAZ “Viva el rey”

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“VIVA EL REY” es el tercer LP de MOHAMA SAZ, con un título suficientemente irónico como para librarse holgadamente de la mordaz ley mordaza. El universo de MOHAMA SAZ está en expansión como el Cosmos. Una singladura a través del mar Mediterráneo buscando sus influencias musicales, hasta llegar Turquía para sumergirse en aguas del Anatolian Rock, nublarse con los sonidos norteafricanos, y recorrer el folclore armenio empapándose de sus tradiciones. Retornando a sonidos kraut más propios de mediados de los setenta centro-europeos, para regresar de vuelta incorporando influencias flamencas y dar un tirabuzón con sones llegados de los Andes, no sin antes incluir vibraciones jazzísticas dentro de su propuesta progresiva. “VIVA EL REY” se convierte así, en todo un cajón de sastre donde caben todo tipo de reverberaciones, lo que le hace versátil, exótico y sabroso a la vez.   

Ahora, los madrileños, se convierten en quinteto tras la incorporación de Rubén a las percusiones.

Embriagando con aromas orientales “Los jinetes del destino”, los madrileños nos impregnan los sentidos con misteriosas fragancias a través de cantos arábigos e instrumentación tradicional. Envueltos en un manto psicodélico acordes de guitarra que bien pudiera haber firmado el mismísimo Erkin Koray, un gran trabajo compositivo en el que la percusión juega un papel fundamental.

Esa vocación oriental la encontramos también en “Esplendor de cristal” y “Erzeroumi shoror” en la que las melodías populares son todo un néctar sonoro. La primera nos presenta a la banda más inmersa en sonidos progresivos sin perder la esencia exótica, y con un ritmo hipnótico sobre acogedoras pasajes acolchados. Un confort que va evolucionando en cánticos espirituales absolutamente reparadores Un trance místico en el que los colores psicodelicos hacen acto de presencia para envolvernos con un magnetismo generado por los susurrantes pasajes vocales.

Como parte de una galaxia en crecimiento anárquico, cada canción del disco va en su propia dirección, y es por ello que se puede escuchar por primera vez en la banda ecos de ese “free jazz” aberrante de cuando los negros hicieron daño al poder, y también de otra cara de ese movimiento, el “spiritual jazz”, tan onírico, visionario y acuoso como la canción “Nenúfar”, con suaves melodías ensoñadoras.

Rompiendo su discurso oriental para dar vida a “Altiplano”, en el que traen la melancolía festiva de los andes bolivianos (recrean “Viday/Putucun”, tonadas populares andinas). Un discurso en el que siguen presentes las brisas mediterráneas y momentos en los que el bajo, el saxo y la percusión nos devuelven de ultramar.

Dentro de ésta variedad compositiva que encontramos en cada tema, probablemente “King’s safari” sea el corte en el que se refleja todo el valor de una banda como MOHAMA SAZ. Hipnotísmo kraut-rock desde la sección rítmica con un batería autómata y un bajo pulsante. Psicodelia narcotizante a través de unas guitarras que hablan desde sus cuerdas, momentos orientales con voces arábigas que se asoman a los oscilantes pasajes.

Temas como “Semana Santa” o “La marcha del Rey” reflejan el espíritu progresivo sin alejarse de los tonos orientales. Con momentos de free-jazz el primero y con quejios flamencos incorporados a los coros arábigos, en visionarias atmósferas construidas por una sutil instrumentación acercando su barco al sur de península para amarrarlo en algún puerto andalucí. 

El resultado hace que “VIVA EL REY” sea un disco con claroscuros, en el que las luces y las sombras van y vienen a merced de los vientos que soplan desde una vanguardista y atemporal apuesta compositiva.

MOHAMA SAZ se formó en julio de 2014 por Adrián Ceballos (Batería y voz; Melange, RIP KC, Novak, Javier Colis), Javier Alonso (Baglama Saz y voz; Novak, RIP KC, Richard Hell). Más tarde la formación se irá complementando con Arturo Pueyo (Clarinete y Saxo; Sur Quintet, Groovin’ Santa) y Sergio Ceballos (Bajo; RIP KC, Kropotkin Revival, Melange) y Rubén Mingo (percusión; Mopane y Sou Edipo).

http://www.mohamasaz.com/

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THE AFTER MATHS.- “Hotel Hilbert”

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Los griegos THE AFTER MATHS describen su música como After Rock. En 2016, comenzaron a grabar gradualmente su primer álbum de larga duración “HOTEL HILBERT”, en colaboración con su productor Alex Bolpasis en Artracks Recording Studios. Trataron de mezclar una “sensación en vivo” de guitarras fuzz, rock, twang con voces teatrales y ritmos de rock roll and roll con aromas psicodélicos. 

Como la construcción abstracta de la que toma su nombre, los temas se van construyendo en mil formas, y con variedad de influencias. momentos retro a cargo de un órgano en vena Ray Manzarek, estructuras de guitarras incisivas que generan temas en distintos estratos, con atmósferas narcóticas y momentos vivaces y divertidos. en tonos bodevilescos. 

El álbum “HOTEL HILBERT” fue lanzado durante el Solsticio de Invierno el 21 de diciembre de 2018. 
El 21 de diciembre es el día más corto del año, con el período más corto de la luz del día y la noche más larga. La oscuridad da a luz a los dioses del sol, y es a través de las dificultades, las luchas internas y las vendettas que algo nuevo y más fuerte renacerá. 
Desde la paradoja de Hilbert hasta los mantras hindúes, THE AFTER MATHS crean su propio timbre, a la espera de ser explorados.

https://www.facebook.com/the.aftermaths.gr/

KOMODOR.- “Komodor”

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Inspirados por James Gang o Grand Funk Railroad entre otros, los franceses KOMODOR nos invitan a un viaje retrospectivo a los setenta. Para ello utilizan su utilitario decorado de hard- rock fabricado en la prolífica factoría Detroit que tanta gloria dio en aquella década a los amantes del rock.

Un disco que cualquiera que lo escuche, le sería difícil ubicarlo en la segunda década del siglo XXI. Una brillante carta de presentación que hará rememorar momentos del pasado a más de uno con cuatro temas de rock and roll puro, sin aditivos. Fuerza y dinamismo en un ambiente festivo.

Estribillos efectivos en “Still the same” sobre ritmos de rock and roll a golpe de un bajo marcando el animado compás, los franceses construyen un tema lleno de brillo. Un intercambio de roles entre guitarra y bajo desemboca en un efectivo y dinámico boogie-rock.

Sencillas estructuras construyen “Join the band”. lo simple a veces es la mejor herramienta para llegar al oyente, y en este tema, la banda lo deja claro. Guitarras aulladoras y jugueteos con el estéreo construyen ritmos cercanos a los postulados de Gran Funk. Puro hard rock setentero, alegre y divertido.

No faltan los momentos de psicodelia en la que una hiriente guitarra juega con estéreo bajo la mirada atenta de una batería cadente une a la fiesta con discreción, acompañada por una invitada de lujo en los coros, Ellin LarsonLa cantante de Blues Pills, así como su bajista Zach Anderson y su guitarrista Dorian Sorriaux, colaboran en varios de los temas, unos invitados de lujo.

Una maquinaria transitando dinámicamente por autopistas americanas de los setenta, a un ritmo vertiginoso, para activar las articulaciones, como lo hace en “Nasty habbits”. Con la ayuda del órgano y con un sonido que recuerda a Bad Company y por momentos a James Gang.  Desde la sencillez, y sin tratar de impostar a nadie,. Riffs pegadizos unidos a estribillos contagiosos, hacen que sea imposible mantener las articulaciones en reposo a ritmo de boogie.  Dejándose espacio entre si, los instrumentos tienen su propio protagonismo. Su momento de gloria, en una especie de jam en forma de puzzle, en el que encajan perfectamente todas las piezas para convertirse en un todo un cuadro. Guitarras sureñas entran en una pelea que acaba en una orgía sonora en la que todos los instrumentos de desbocan.

En ese espacio entre Grand Funk Railroad, Ram Jam o James Gang, partiendo de acordes acústicos van desarrollando un tema nítidamente setentero. Voces moduladas, y ritmo que se combina con efectividad, en una especie de himno. eso es  precisamente “1984”. Inclinándose a sonidos más propios de James Gang, avanzan con solvencia para construir un gran corte, en el que no falta su punto de psicodelia. _Un tema que nos devuelve a los setenta de una forma divertida y jovial.

 

KOMODOR son: Goudzou (bajo) Elrik Monroe (batería) Ronnie Calva (guitarra solista) Slyde Barnett (voz y guitarra). y como invitados, Ellin Larson (coros en “Join the Band”: “Nasty Habits”: “Still the same”, Dorian Sorriaux (guitarra), André Kvarnström / Rickard Nygren (piano) y Zack Anderson (bajo)

“KOMODOR” se publica hoy via Soulseller Records.

https://www.facebook.com/KOMODORBAND/?ref=br_rs

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