Reseña: LOWRIDER.- “Refractions”

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Veinte largos años han pasado desde que los suecos LOWRIDER sorprendieran al mundo con uno de los primeros álbumes de desert-rock hechos en Europa. Si, son demasiados, pero estamos de enhorabuena porque los suecos regresan para sorprender nuevamente al mundo con “REFRACTIONS”. El álbum que todo amante del stoner lleva esperando durante tanto tiempo y que hará que muchos desencantos vuelvan  a creer en un estilo que en los últimos tiempos parece que se estaba anquilosando. El álbum que conseguirá que la gente diga: “¡¡¡guay!!! ¡¡¡Buena mierda!!!”. Toda una catarata de fuzz arenoso que se deja llevar por su faceta más psicodélica. Ojo, esto no quiere decir que el cuarteto renuncie a los solos cegadores, ni a las sacudidas de los tambores, ni a las vibraciones desert-rock de manual, todo lo contrario, en este álbum esas oscilaciones cobran una nueva dimensión. Con voces melodiosas que me recuerdan a la versión más algodonada de GREENLEAF, y un aura absolutamente cautivadora. Guitarras que se estremecen en solo chirriantes y borrosos para ofrecer la mejor posible de una banda que debe ocupar el puesto reservado a las leyendas del género. La maquinaria sueca se muestra perfectamente engrasada con motor vibrando al ralentí o poniendo las revoluciones al límite,, en cualquiera de las facetas, haciéndolo de una forma sobresaliente.  Con un álbum así, es fácil dejarse llevar por los tópicos, pero aquella frase de… “álbum del año”, bien podría hacerle justicia. Y seguro que una vez que escuches completo “REFRACTIONS”, esa frase saldrá de tu boca. Si hablo de LOWRIDER como uno de los reyes europeos del stoner rock, aquí también podemos encontrar momentos que nos recuerden a ROTOR, ya que alguno de sus temas, recupera el sonido de los alemanes a través de grandes desarrollos heavy-psych. Incluso para cerrar el círculo de la maestría , los momentos doom y las reverberaciones grunge, también tienen cabida. Si amigos, este es un trabajo redondo, que volará cabezas. Este álbum tiene la particularidad de que no solo enamorará a los fanáticos del stoner y el fuzz, sino que su magnetismo atraerá hacia a él a un publico alejado de este estilo. ¡¡¡”El DISCO”con letras mayúsculas!!!!  

“Red river” abre mostrándonos ese stoner cegador de los suecos con un cadente pero poderoso ritmo. Un corte cuyos riffs llenos de fuzz nos guían hasta llanuras psicodélicas en las que baja su intensidad. Paulatinamente y a ritmo de bajo y batería, el corte explota para transitar por escenarios netamente stoner. El tema viene marcado por una cadenciosa melodía vocal y un inequívoco carácter psych. Todo bajo una solidez imponente en una construcción perfectamente compactada.

Si hay algo que llama la atención es esa compacta batería que apreciamos en “Ode to Ganymede”. Grave y firme, acompañada de un sólido bajo y una guitarra fina la voz melodiosa me recuerda a Greenleaf. Estamos ante un corte fresco que juega con las oscilaciones para sortear todas las colinas con la energía que le imprime el uso persistente del fuzz. Turbio pero luminoso a la vez, sus momentos de silencio dejan un espacio para los revoloteos de la guitarra. A base de riffs y con el gran trabajo del bajo, construyen un tema en los elementos heavy-psych tiene un mayor peso que las vibraciones stoner. Aun así, no pierden la vocación desértica. Las altas dosis de psicotrópicos que contiene el tema se vez adornadas por un sonido de órgano ( o al menos, eso me parece) de carácter retro. El resultado es un sólido tema que coquetea con momentos de rock setentero y con la banda sonora del desierto. Constantes meandros en el camino en los que las guitarras se incrustan mostrando su filo, entre los gruesos riffs sin perder el magnetismo de la voz.

Sobre espacio heavy-psych arenosos más propios de Rotor, “Sernanders krog” se construyen con una cálida voz que aplaca la fuerza del corte. Con cadentes y misteriosos pasajes se abren comandados por el bajo, para llevarnos a oscuros espacios donde su palpa la tensión y el misterio. Enigmáticos entornos que son explorados con dinamismo, dejándonos la sensación de que algo va a pasar. Aquí la banda se rinde a los dictados de Colour Haze creando una cortina tupida de psicodelia pesada. Brumosos entornos con una sosegada cadencia en la que los solos de las guitarras consiguen abrirse paso. Efectos wah wah y fuzz humeante dotan de un carácter psicotrópico el bosque en el que los suecos nos han introducido. Un espacio dominado por la psycolina emana de hongos mágicos que nublan nuestros sentidos en un catártico y reconfortante viaje.

“Ol’ mule pepe”, con una apertura casi doom, devuelve la pesadez a golpe fuzz intoxicante. Los plomizos riffs desérticos regresan por sus fueros con pinceladas de blues y ecos llegados de los setenta. El tema explora yermos desiertos con la contundencia de un búfalo cansino e implacable en su caminar. Cegador, plomizo y ácido a la vez, el corte se muestra poderoso y majestuoso pavoneándose en su caminar. Las hirientes guitarras acompañan el avance del temeroso ejército que jamás mira hacia hacia atrás. Stoner en estado puro entre vientos de psicodelia pesada que deja un rastro de desolación a su paso.

“Sun devil” con algún eco grunge se ve engrosado en su sonido con vibraciones desert-rock de manual. Fuzz arenoso y una contundente base rítmica nos enseñan el lado más pesado de la banda. Encontramos alguna incursión de las guitarras con solos enmarañados entre aullidos. Tras un parón la línea del bajo nos da un respiro antes de que una nueva embestida nos arrolle con una descarga de fuzz humeante y florido. Unos pasajes que se balancean pero que no pierden jamás el rumbo. Cabe destacar la magnífica producción y la nitidez de cada instrumento, lo que enriquece el sonido, por muy difuso que sea este.

El stoner contagiosso y los solos heavy-psych construyen “Pipe rider”, entre la pesadez y la belleza. De nuevo los ecos de Greenleaf mas melodiosos me viene a la mente antes de que se trasvistan de Rotor para explorar espacios entre el stoner y la psicodelia pesada. Unos entornos en los que la voz nos masajea y se quiebra en múltiples lamentos. Todo un bosque lisérgico dotado de una gran riqueza compositiva. Misterioso, pero con una belleza intrínseca gracias a las atractivas melodías de la guitarra, LOWRIDER crea un espacio para desarrollar todo su potencial sin ataduras. Sus casi doce minutos se nos hacen cortos ya que nos deparan un gratificante estado de confort. Con la sensación de haber traspasado una barrera sensorial, los teclados describen mágicos e insondables atmósferas antes de recuperar las vibraciones stoner. Los registros vocales regresan para anunciarnos el nirvana en ese mundo de ensueño en el que se desarrolla el que probablemente sea el mejor tema de todo el álbum.

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Reseña: THE SPACELORDS.- “Spaceflowers”

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Sólo he tenido el placer de ver en directo en una ocasión a THE SPACELORDS, y aquel concierto siempre quedará en mi retina por la cantidad de sensaciones que fueron capaces de transmitirme con su apuesta de psicodelia espacial. Por eso, cada nuevo álbum de la banda supone una oportunidad para el gozo, recibiendo la cantidad de sensaciones que son capaces de trasladar, y en esta ocasión, con “SPACE FLOWERS” los alemanes se han superado. Solo tres largos temas para invitarnos a un viaje a los confines del universo en busca de esa dimensión sensorial capaz de anular nuestros sentidos para dejarnos en un estado de éxtasis. Cerrando la trilogía iniciada con su álbum “LIQUID SUN”, y su secuela “WATER PLANET”, “SPACE FLOWER” supone la culminación de un viaje en el que los psicotrópicos invaden nuestras neuronas en una catarsis sensorial. Sus tres temas se construyen sin prisas, fluyendo con una grandiosa naturalidad que consigue atraparnos entre sus surcos. Teniendo en cuenta que ninguno de los temas baja de los once minutos, pudiera parecer que la monotonía haría acto de presencia en cualquier momento. Precisamente ahí está el gran poder de la banda, ser capaces de que después de sus largos desarrollos instrumentales no nos hayamos dado cuenta del tiempo. Eso binomio espacio-tiempo es  uno de los avales de la banda, y aquí queda perfectamente reflejado. Aromantizando sus pasajes con exóticas fragancias, o golpeándonos con sus hipnóticos ritmos, saben modular cada desarrollo instrumental para que aflore espontáneamente. Otra de las características, es su capacidad para hacer que cada acorde sea sobre-dimensionado gracias a la multitud de efectos que incorporan. Pocas bandas como ellos son capaces de hacer esto con tanta maestría. Con su psicodelia pesada consiguen trasladarnos mas allá del hábitat de las supernovas, en un entorno casi-post-apocalíptico, en el que la vida vuelve a brotar. Un torrente de sensaciones que nos invade sin renunciar a la pesadez logrando el equilibrio perfecto entre las pasajes mas  contundentes y los aterciopelados entornos que consiguen describir. Este álbum es unna gratificante travesía sobre entornos siderales que hace décadas exploraron bandas como Hawkwind con influencias de los grandes la kosmiche-musik alemana de los setenta, en una actualización en la que los pesados sonidos stoner tienen su parcela de protagonismo.  Nadie con sensibilidad debería renunciar de unos temas que carecen de voces, porque  aquí, el nirvana está garantizado. 

A caballo entre los misteriosos entornos espaciales y la psicodelia más aromática “Spaceflowers”, los Señores del Espacio se muestran sólidos y elegantes a la vez. Un corte ejecutado con calma, sin prisa para el despegue, y en el que los siempre prolíficos efectos que tan gustan a la banda hacen que el sonido de la guitarra se retuerza en pasajes psicotrópicos. Sin abandonar su propuesta espacial enriquecen ésta con los hipnóticos ritmos de la batería de Marcus Schnitzler, mientras el sobresaliente bajo de Akee Kazmaier derrocha su habilidad. Llenos de magnetismo, el trío consigue su sonido, situado en tres planos diferentes, se compacte en una causa común, con la guitarra de Hazi Wettstein multiplicando su sonido. Sin perder un ápice de magnetismo da la sensación de que los sintetizadores fueran los protagonistas sobre los elegantes pasajes. el tema se muestra pesado e incisivo en su desarrollo. La influencia de la kosmiche-musik de los setenta, aparece en las entrañas de un corte que transita por potentes pasajes heavy-psych en una combinación de distintos elementos. 

“Frau Kuhnkes Kosmos” se deja llevar más nitidamente por los ritmos kraut más pesados. incrementando a la vez su vocación espacial y su intensidad nos ofrecen una tormentosa odisea. La calidad del trío hace que sean capaces de dotar a su pesadez bellos y magnéticos desarrollos en la parte central del tema con algún eco floydiano. En términos generales el tema se construye sobre una atmósfera fría y poderosa como resultado del entorno mas sideral en el que nos introducen. Esto no resulta ser ningún obstáculo para que la psicodelia emane de cada acorde. 

La magia aparece a lo largo de los casi veinticinco minutos de “Cosmic Trip”. Desde una evolutiva introducción sobre ensoñadoras atmósferas van construyendo el tema desde la calma. Transmitiendo el sosiego sobre reconfortantes pasajes rebosantes de belleza en los que el sinfonismo hace acto de presencia. Paulatinamente el corte va adquiriendo tonos más misteriosos en una exploración en la que la guitarra derrocha pasajes realmente bellos. Si bien el bajo, aparentemente  parece dirigir el destino del tema, esa guitarra en un segundo plano modula el tema haciendo que se contonee en bellas formas. Como si estuvieran describiendo un momento post-apocalíptico en el que todo parece cobrar vida nuevamente. Pasando por distintos estados, (obviamente estamos veinticinco minutos de viaje) va incorporando una intensidad con pasajes mas gruesos entre los numerosos efectos espaciales. Todo coloreado con una especie de exóticos cantos orientales que despiden una embriagadoras fragancias. todo un contraste con la misteriosa atmósfera de su comienzo. Pasajes de psicodelia aromatizada  que se construyen con un cadente y persistente ritmo cuyo resultado es una mística que conjuga el infinito vacío sideral con enigmáticas fuerzas alejadas de lo terrenal.  Toda una dimensión sensorial que nos atrapa con su gran magnetismo y delicadeza en la que insondables y exóticas deidades sobrevuelan sobre nuestros sentidos creando un espacio de liberación emocional que nos traslada a un nuevo mundo alejado de lo terrenal. Navegando por místicos entornos en los que todo sucede con una calma gravitatoria en esos entornos siderales. Sin perder ni un momento el hipnótico ritmo la guitarra se torna más ácida y psicotrópica en la parte final. Uno de los grandes activos del tema es que , a pesar de su duración no resulta nada monótono, lo cual dice mucho de la calidad que contiene. ¡Sublime!

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Reseña: THE THIRD MIND.- “The Third mind”

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THE THIRD MIND es el proyecto de dos veteranos músicos de la escena californiana como Dave Alvin (THE BLASTER, X) y el multinstrumentista Victor Krummenacher (CAMPER VAN BEETHOVEN, CRACKER, MONKS OF DOOM) a los que se unieron David Immergluck (CAMPER VAN BEETHOVEN, COUNTING CROWS, MONKS OF DOOM) y Michael Jerome (RICHARD THOMPSON, BETTER THAN EZRA). para crear esta maravilla de debut que ve la luz vía Yep Roc Records. Un álbum hecho con la máxima de “Juntémonos y hagámoslo” y que refleja la frescura de unos grandes músicos dejándose llevar por su libertad creativa recuperando la banda sonora de su adolescencia y que se criaron a la estela de los sonidos west-coast, algo que queda completamente patente en los cinco temas del álbum. Jams psicodélicas hechas con ternura y espontaneidad sobre versiones de músicos tan dispares como la cantante de jazz Alice Coltrane, el músico folk Fred Neil, o la maravillosa folky canadiense Bonnie Dobson, BUTTERFIELD BLUES BAND, Roky Erickson y sus 13TH FLOOR ELEVATORS, y la esencia de las versiones que de alguno de ellos hicieron GRATEFUL DEAD o IT’S A BEAUTIFUL DAY manteniendo el espíritu del verano del amor. Con Hendrix como referente y la libertad de ejecutar las canciones sin ataduras, ofrecen su particular visión lisérgica de estos temas, tiñéndola con pinceladas jazz o folk. Una alocada idea con un resultado exquisito. Las palabras para describirlo sobran, ya que estamos ante un álbum sencillamente MARAVILLOSO que lo que pide es escucharlo con atención y empaparse de toda la sensibilidad y calidad que contiene.

“Journey in Satchidananda”, Con momentos drone de pausada psicodelia teñida con borboteantes efectos a modo de introducción se va construyendo un tema en el que el cadente bajo camina lentamente entre una psicotrópica neblina. Con el jazz como argumento, la banda transforma el tema en un espacio para la experimentación lisérgica. Esto es una constante en todo el álbum. Los acordes se van sucediendo con una parsimonia completamente narcotizante.

Con esa misma vocación psicodélica, se atreven desde e un reconfortante sosiego a versionar “The Dolphins”, tema de Fred Neil, versioneado previamente por  músicos de la calidad de Tim Buckley. Linda Ronstadt, o It’s a Beautiful day. Embarcándose en un viaje que recupera los bucólicos sonidos west-coast de los californianos con cálidos y reconfortantes registros vocales. Entre delicados coros angelicales, el manto psicodélico envuelve un tema de inequívoco carácter folk. Menos luminoso que la versión original, aquí los tonos grises predominan entre pinceladas coloristas. Lo cierto es que, aun manteniendo la esencia del original, consiguen transformarlo en un plácido paseo por la psicodelia más florida.

El siguiente tema, “Claudia Cardinale”, original de la banda, mantiene la línea de los cortes precedentes. Con ecos de guitarra clásica evocadores del Concierto de Aranjuez y una guitarra con un sonido que me evoca a Carlos Santana en modo sinfónico, consiguen mantener el halo lisérgico entre pasajes sinfónicos. El corte supone un magnifico escenario en el que su guitarrista puede desarrollar toda su técnica entre tenues atmósferas.

Ahora tomando como referente a Grateful Dead, “Morning dew”, el tema original de Bonnie Dobson. se viste de cálidas voces en vena folk para generan un susurro placentero con medidos acordes interpretados desde la pausa. Nuevamente el bucolismo más reconfortante nos acaricia con sus sedosas texturas. Una voz que no tiene nada que envidiar a grandes del folk como Joni Mitchel, o la misma Bonnie Dobson nos masajea con delicadeza entre brillantes solos de guitarra que vuelven a certificar el buen hacer de su guitarra. La belleza en estado puro sobre aterciopelados pasajes vocales. Ciertamente, al margen de la particularidad de la voz, el tema mantiene con acierto la esencia de los Grateful Dead en su dorada época del verano de amor con sus hecHizantes y mágicas voces y un crescendo que evoluciona con sosiego, sin prisa.

Con un aparente giro en su propuesta, Butterfield Blues Band son homenajeados con “East West”. Dieciséis minutos en los que el blues se une a la fórmula psicotrópica que con tanto acierto ejecutan. Tomando el formato de una jam ácida la improvisación hace acto de presencia sobre cadenciosos y efusivos ritmos. La larga duración del tema deja espacio al desarrollo de una bacanal de alucionóigenos en la que los lisérgicos pasajes se adornan con el sonido de la armónica. Evidentemente estamos ante un tema de blues, y ese elemento no podía faltar aquí al ser una de las señas de identidad que dio gloria a Paul Butterfield en aquella aventura junto a Mike Bloofield. Este pequeño giro no es un obstáculo para que mantengan el listón en una ejecución rítmica implacable a la que nada le frena. Manteniendo esa vocación west-coast, el corte fluye entre las aguas del blues que su funden con corrientes psicodélicas muy en la línea de Grateful Dead.

Dando un nuevo salto al vacío, “Reveberation”, el tema de 13th Floor Elevators“adquiere una dimensión más pesada. Con el blues en el horizonte se alejan del bucolismo mostrado en los temas anteriores para ofrecer un tema mucho más corrosivo. Sucios sonidos que nos intoxican en esa línea garaje-rock que mostraron los de Texas en sus tiempos de gloria.

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Reseña: JACKIE TREEHORN AVE.- “Nervous breakdown blues”

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Con el comienzo de 2.020 llegaba el primer álbum del trío italiano JACKIE TREEHORN AVE.  una de esas maravillas con las que uno se topa de vez en cuando y que hacen que el amor por la música siga vivo. Seguramente podremos pensar que el contenido de “NERVOUS BREAKDOWN BLUES” no aporte nada nuevo, pero lo cierto que a eso solo se puede de responder una vez que se ha buceado entre sus surcos. Después de haberlo hecho, el hechizo te habrá atrapado y posiblemente no querrás salir de allí nunca. Con dos elementos fundamentales como son el blues y la psicodelia, su música vive entre intoxicantes y narcóticas brumas pantanosas. Con una chamánica y cautivadora voz,  su envolvente y atmosférico sonido cabalga entre efluvios cercanos a The Devil & the Almigthy Blues o los mismísimos All Them Witches en modo blusero. Sus flotantes guitarras revolotean entre toneladas de psicotrópicos sobre pausados desarrollos con algún gen stoner en sus venas. Temas equilibrados que van directamente a las neuronas del oyente generando un placentero estado mental y terapéutico que supone un antídoto al frenético ritmo de vida contemporáneo.  Este debut es una magnífica carta de presentación que espero tenga nuevas secuelas, porque aquí, cualquier amante de la psicodelia disfrutará infinitamente, y esta primera entrega, acaba haciéndose corta. Este álbum es pura magia, ¡¡¡Quiero mas!!! 

La banda está compuesta por Tom Warren (guitarras y voz principal), Selena Wallace (bajo y voz) y Drugo Lebowski (batería).

“Psychonaut” a través de pausados acordes nos introducen en misteriosas atmósferas en las que reina la oscuridad. Acordes repetidos reciben a una batería acompañada de unos riffs de corte retro, mientras la cálida voz de Tom Warren nos arrulla entre ritmos que se repiten con mimo. El tema desciende a espacios netamente psicodélicos introduciéndonos en un brumoso bosque en el que desarrollarán el tema. El blues y la psicodelia unidos en la misma causa bajo un ambiente vintage.  A continuación, pasajes en los que la dupla de voces de Tom y Selena, combinan la sensualidad de las hadas del bosque con calidez todopoderosa en un hechizo asombroso. En ese entorno los bellos pasajes de la guitarra nos adormecen bajo un caleidoscopio psicotrópico en tenues atmósferas meditativas que nos trasmiten mágicas sensaciones. Un reconfortante tema con una estructura perfectamente trabajada.

Entre el blues y la psicodelia “Mind to stay” con un aura retro deja el protagonismo a la aterciopelada y reconfortante voz para desplegar todo su hechizo. Una armonía envolvente nos hechiza bajo pasajes casi recitados. Ondulantes y punzantes pasajes despliegan todo su poder de seducción en una ceremonia cautivadora que nos atrapa en esos brumosos espacios en los que tan bien se sabe mover la banda. Un corte aturdidor y persuasivo.

A golpe de wah wah, “Devil wisper”, libera el lado más ácido del trío. Con tonos setenteros el corte avanza altivo y cadente por pantanosos paisajes. En una incursión en espacios más propios del swamp rock los difusos riffs son coloreados con unos coros resultones.  Cambiando su vocación, el tema desciende a fangosos momentos tornándose más enigmático. Sin dejar de lado el blues, los momentos de tensa calma se rompen entre repetitivos acordes y solos punzantes en una evolución a sonidos más pesados para intensificar el narcotizante hechizo.

El blues-rock más narcótico, aparece en “Ozzy’s game”. Los pegadizos ritmos conviven en narcóticas atmósferas con esa cautivadora voz que en esta ocasión se acompaña de coros atrayentes e hipnóticos. Si bien el tema se muestra más fornido y pesado su aura psicotrópica no desaparece. Siempre dejando espacio para los dos estilos en los que se mueve la banda, aquí algunos elementos stoner aparecen entre los lisérgicos pasajes.

Cambiando algo el estilo, JACKIE TREEHORN AVE se atreven con una versión de un tema que popularizó Johnny Cash, original de Danny Dill y Marijohn Wilkins. “The Long Black Veil” . Dotándole de los suficientes elementos psicodélicos, la susurrante voz navega entre acordes acústicos entre los que aparecen algunos solos ácidos que nos recuerdan los entornos rurales en los que se movía el bueno de Cash, pero adaptándolo a su particular estilo. Siempre me resulta agradable cuando una banda se atreve a hacer suya una versión de otro artista dándole su toque personal.

El blues, ese jodido blues penetrante reaparece más cautivador que nunca en “Nervous breakdown blues”. Siguiendo la estela de bandas como Devil & Alghmity blues, aquí no se desprenden de su capa psicodélica, pero se dejan llevar por los primitivos instintos del blues más pantanoso. Con alguna influencia Stoner en sus surcos, especialmente por esa cadencia rítmica, el blues toma por completo el protagonismo. La voz en baja fidelidad de Tom sigue ejerciendo su ritual seductor.

El álbum cierra con “Lisergic Holliday”, un corte instrumental en el que dejan patente que estos chicos saben lo que es la psicodelia del siglo XX. Casi por espacios más propios de Causa Sui, desarrollan todo su potencial ácido. Narcotizantes pasajes nos envuelven en una reconfortante espiral psicotrópica. Los hongos alucinógenos nublan nuestros sentidos con cada nota, con cada riff. El colofón perfecto a un magnífico trabajo.   

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Reseña.- KANAAN.- “Odense Sessions”

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“ODENSE SESSIONS” es un absorbente ejercicio sensorial que nos atrapa en una dimensión desconocida con un gratificante resultado. Cuatro largos temas con vocación de jam de difícil descripción que se desenvuelven con soltura en espacios netamente heavy-psych con algún adorno espacial y que reflejan un viaje astral que sobrevuela la fría tundra. Su contenido es toda una oportunidad para dejarte llevar por los sentidos en esa estimulación sensorial que cada acorde, cada ritmo cada riff nos provocan.  siempre magnéticos y hechizantes, cada tema es una oportunidad para la relajación y la introspección. Absorbentes y atractivos, sus cuatro temas gozan de una calidad que muchos quisieran para si. Aquí no vas a encontrar momentos que agiten tu cuerpo, pero si, numerables espacios donde desarrollar toda la sensibilidad que la música puede aportar. En cada tema se describen coloridos paisajes en construcciones libres que no olvidan momentos jazz y ritmos kraut. De alguna forma, alejándose de lo mostrado en su álbum debut, los noruegos, con la inestimable colaboración de Jonas Munk (Causa Sui) se dejan llevar por sus instintos mas primarios en la libre creación de estas improvisaciones que acaban convirtiéndose en cuatro fantásticas canciones para el deleite de los oídos mas sensibles. Toda la épica contenida en los surcos de “ODENSE SESSIONS” es una muestra de que KANAAN evoluciona sin frene hacia nuevos escenarios creativos que a buen seguro, nos seguirán dando buenos momentos para el goce de los amantes de la psicodelia.  

kANAAN lo componen Ask Vatn Strøm (guitarra), Ingvald André Vassbø (batería) y Eskild Myrvoll (bajo), y el álbum se encuentra disponible vía El Paraiso Records.

En “Seemingly chingeless stars”, partiendo de susurrantes acordes psicodélicos el corte va evolucionando repitiendo sus acordes. Elevándose con calma las guitarras van soltando trazos que colorean un apacible espacio de reconfortable lisergia. Añadiendo intensidad paulatinamente sus tonos místicos se engrosan dentro su hipnotismo innato. Una dupla de guitarras colorean con bellas y misteriosas melodías el tema creando un estado de expectación que nos hace pensar que algo puede suceder.  Una lenta metamorfosis nos invade mientras todo va fluyendo con naturalidad y eficacia bajo una lograda instrumentación que me evoca a momentos Causa Sui. En el horizonte los espacios de narcótica psicodelia pesada instrumental se adornan con algún momento de sinfonismo creado por los teclados. Persistentes efectos en su parte final generan un estado catártico con un nítida vocación espacial.

Mas pesados en sus riffs, “Of raging bilows breaking on the gorund” huele a stoner-reto. Con una cadente batería y una pegadiza melodía el corte se muestra más asequible que su predecesor. Tras la intensidad inicial el tema desciende a brumosos pasajes heavy-psych susurrantes y cautivadores. Aquí la banda se deja llevar por una jam en la que todo sucede con calma. Sin perder el hechizo el corte pasa por momentos más turbios. Las guitarras se retuercen serpenteándose y con contoneos a través de elegantes solos atrayentes llenos de misterio. En un segundo plano un magnífico bajo aporta un magnético aura en cada uno de sus acordes mientras las guitarras juegan con efectos creando un caleidoscopio multicolor en el que las formas cambian su estructura.  En un segundo plano la armonía se repite insistente, recuperando la fuerza y pesadez inicial.  Es tema refleja que estamos ante grandes músicos creando una gran música haciendo que la estructura del tema se deja llevar por una jam en la que cada miembro se siente libre antes de regresar al origen para recuperar la estructura. 

Con retazos y acordes que surgen de la nada, “Vacant spaces”, el tema parece surgir de la nada como gotas de rocio en la mañana que nacen y desaparecen evaporándose.  Las guitarra juegan en dos planos diferentes lo que aporta consistencia al tema, mientras el bajo con sus tenues acordes nos introducen en insondables espacios psicotrópicos. Bellos y reconfortantes, tratan de aportar luz a esa tenue penumbra en la que vio la vida. Una psicodelia ensoñadora y misteriosa que se deja llevar por un camino alejado de lo terrenal en un magnético mantra que nos acaricia y reconforta incrustándose en nuestros sentidos.  toda una terapia regresiva que hace huir de la realidad para transportarnos a nuevas dimensiones sensoriales. El tema supone toda una catarsis para los sentidos que absorbe la razón dejándonos flotando en un estado terapéutico de completo bienestar.    

Instalado en esos espacios en los que el vacío es el protagonista, “Urgent excursions to the tundrasphere” va describiendo la calma con algo más de dinamismo. un vivaz ritmo de batería juega su papel custodiado por los repetitivos acordes de las guitarras y un sutil pero imperturbable sonido de bajo.  Nuevamente las guitarras moldean el tema repitiendo desde distintos niveles un corte que evoluciona lentamente con su hipnotismo hasta llevarnos a nuevo estado de inconsciencia. Instalados en esa dimensión desconocida la música parece llevar de otro mundo para que solo primen las sensaciones que nos aporta. Todo fluyendo con acierto y naturalidad, sin rendijas, los noruegos dejan patente su calidad para crean esos mantos narcóticos.  Recuperando ritmos mas terrenales, las guitarras siguen explorando esa jam  infinita con una mayor intensidad y pesadez en su parte central. Aquí, los efectos espaciales hacen que se torne algo más perturbador para retomar la calma en su parte final con sutiles y apacibles acordes, dándonos la sensación de  que hemos alcanzado el nirvana. 

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Reseña: YURI GAGARIN.- “The outskirts of reality”

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Eramos pocos los que hace 7 años nos aventurábamos a sumergirnos en el debut de una banda desconocida con un nombre peculiar. ¿YURI GAGARIN? ¿Ese no era el astronauta? nos preguntábamos algunos. Pero resultó que ese nombre no era solo el del primer astronauta que visitaba el espacio exterior, sino que también era el de la banda de cinco tipos suecos que querían con su música emular las hazañas del cosmonauta ruso. Poco a poco la formación iba uniendo adeptos a su causa, especialmente con la publicación de su segundo álbum “AT THE CENTER OF ALL INFINITY” con el que consiguieron gran popularid con su apuesta de rock espacial. Ahora, cinco años después, nos llega “THE OUTSKIRTS OF REALLITY”. Todo un viaje sideral a los confines del universo a través de cinco temas en los que dejan patente que están al frente de la nave de la psicodelia pesada espacial contemporánea. Seguramente estamos ante el mejor álbum del género del presente siglo. ¿Una obra maestra? supongo que habrá opiniones para todos los gustos, pero de lo que no cabe duda es que YURI GAGARIN han echado el resto en este álbum. Una odisea espacial en la que todo sucede a la velocidad de la luz sobre espacios siderales que toman ritmos kraut que nos golpean con la fuerza de un gigantesco asteroide. Con muchas reminiscencias de Hawkwind en su sonido, recrean un relato futurista en el que las guitarras aportan altas dosis de psicodelia pesada sobre la exuberante instrumentación. Aquí todo está hecho a lo grande, desde los apabullantes desarrollos instrumentales hasta la pesadez stoner. Un álbum en el que YURI GAGARIN llevan su sonido al límite trasladándonos a una nueva dimensión sensorial.  Sinuosos, elegantes, hipnóticos, sus cinco temas nos introducen en nebulosas siderales que nos atrapan como un agujero negro del que es imposible salir. Un paseo por los sonidos de la kosmiche-musik que hace décadas exploraron Neu! o Cluster, sobre estructuras stoner mas propias de bandas como Monkey3 en una conjunción efectiva y proporciones descomunales. Simplemente,  I M P R E S I O N A N T E.

“THE OUTSKIRTS OF REALLITY” para que todo sea perfecto, cuenta con una maravillosa portada obra de Påhl Sundström y está disponible a través de Kommun 2 Records y Sound-Effect Records

“QSO” es todo un torbellino sonoro con un ritmo que percute endiabladamente sobre el que la guitarra incia su particular odisea. La ambientación espacial se desarrolla a la velocidad de la luz con la maquinaria llevando sus revoluciones al límite. En ese tránsito,multitud de efectos atraviesan campos de meteoritos en un auténtica tormenta interestelar. Poderoso, pesado, pero sin perder su aura psico-espacial, la banda adorna el tema con exóticos solos que contrastan con ese incisivo ritmo kraut que sigue percutiendo con virulencia.  Todo un viaje hacia el infinito sideral  en busca de nuevas formas. Hipnótico pero esplendoroso, y con una densa instrumentación, el quinteto consigue el equilibrio entre las nebulosas perturbadoras y la elegancia de esos elocuentes e incesantes solos de guitarra. el tema nos da la sensación de que el ritmo vaya a hacer explotar la maquinaria de la nave nodriza en su odisea. Tras siete minutos de intensidad extrema, el vacío ingravitatorio se muestra ante nosotros con susurrantes pasajes que contrastan con la fuerza mostrada anteriormente. Como si alunizara en un nuevo mundo inexplorado, el tema acaba disipándose en la inmensidad sideral. 

De nuevo la batería comanda y dirige “Oneironaut”. Un tema en el persiste ese ritmo kraut entre las nebulosas creadas por los sintetizadores. Las guitarras crean misteriosos pasajes siempre manteniendo viva la expectación de por donde se dirigirá el tema. Aquí los pasajes heavy-psych aparecen evolucionando nuevamente con cada instrumento ejerciendo con solvencia su cometido. Guitarras situadas en dos planos paralelos y los sintetizadores poniendo es toque de ciencia ficción. Todo un relato futurista que no reniega de los magnéticos y reconfortables pasajes de guitarra que se sumergen en escenarios más propios de la kosmiche-music tradicional sin ruborizarse. Emulando a los pioneros electrónicos alemanes, pero en esta ocasión con aspecto más novedoso y contemporáneo. A pesar de la repetición de su estructura, el tema no resulta nada monótono, gracias a la variedad y riqueza de los elementos que contiene. Trece minutos de odisea por insondables espacios que culminan con una huida hacia adelante con la maquinaria la límite de sus revoluciones.

“Crystal dunes” se muestra cadente y fresco, sin salirse de la innata vocación psico-espacial que tan bien sabe ejecutar YURI GAGARIN. El el corte encontramos elementos progresivos adornados con exóticos ornamentos generados por esas atractivas guitarras. Instalados en espacios más terrenales, la conjunción del espacio sideral y de un mundo más terrenal se refleja con la complejidad de una estructura cambiante que conjuga ambos mundos. Siempre mostrándose sólidos y fornidos la base rítmica del tema no pierde un ápice de fuerza mientras las guitarras resultan incisivas y repetitivas. La calidad de la banda permite que coloreen acordes de formas constante mientras los teclados arrastran el corte a una nueva fase de intensidad de la que consiguen salir airosos.

Alejándose de la construcción de un tema de larga duración, “Laboratory”, con su algo menos de cuatro minutos, sirve de interludio. Sus efectos, más propios de una banda sonora de ciencia ficción construyen ese espacio de pausa. Un corte intrascendente que solo sirve de paréntesis, sin más.

Para cerrar, “The oukirts sof reality” se constituye en una nueva odisea espacial con una exuberante instrumentación que deja una estela de efectos con inagotables solos de guitarra. Unos solos, que logran salir con soltura de la bacanal sonora. Generando una sensación de vértigo, y sucediendo todo a gran velocidad, el tema mantiene sus pesados ritmos y todo su vigor. Una solidez que se complementa con pinceladas en forma de solos de guitarras que generan un caleidoscopio psicodélico en medio del frenesí en el que sucede todo. La belleza aparece entre las constantes tormentas de meteoritos generadas en ese viaje hacia el infinito. Un tortuoso tránsito en el que nada detiene la sólida maquinaria sueca. Imperturbable en su propósito, siempre miran hacia adelante hasta la obtención del alunizaje final.

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Reseña: VESSEL.- “Vagabond blues”

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“VAGABOND BLUES” es el tercer trabajo de la banda australiana VESSEL. Una formación desconocida para mí hasta este momento, y que me ha sorprendido por la solidez de los temas que contiene su interior. Un claro ejemplo que los ecos desert-rock no tienen fronteras. Aquí encontramos una bocanada de fuzz como pocas veces podemos encontrar. Un sólido trabajo que según va avanzando en sus temas, sin perder su esencia, se modula a momentos más psicodélicos y bluseros.  Fuertes ritmos nos invaden con unas cautivadoras voces y unos virulentos tambores que hacen que el ritmo no cese en ningún momento. Siempre ágiles, sus cegadores riffs no hacen sino aportar  momentos grandiosos.  Pesados pero frescos, sus contagiosos temas encuentran siempre la forma de llegar al oyente. A pesar de esto, su aparente sencillez y efectividad es solo la punta del iceberg de la calidad que sus surcos contienen. Su bajo marcial no baja jamás la guardia en su propósito de golpearnos con sus crujientes riffs. Cegadores, y llenos de épica sus tema se interconectan en un propósito  único. Cadente y misteriosos,  con algún eco Sabbath, el legado de bandas Monster Magnet o Truckfighters está muy presente en sus composiciones. Ésto no supone nada nuevo, ya que son muchas las bandas que siguen esa estela, pero cuando se tiene la capacidad de asumir como propio ese legado para moldearlo a un estilo propio, el respeto lo tiene ganado. “VAGABOND BLUES” es de esos álbumes que tras la primera impresión te invita a nueva exploraciones en la que salen a relucir ricos matices no descubiertos en la primera escucha. De hecho, según uno va escuchando cada uno de los tema ve encontrando que nada es tan lineal como parece, ya que los ecos del desierto se van convirtiendo en temas de psicodelia pesada en los que el blues tiene un gran protagonismo. No dejen que los árboles te impidan ver el bosque, porque tras su apariencia desert-rock se esconde un tesoro de blues psicotrópico de muchos kilates en los que puedes encontrar chamánicos momentos doorsianos o vibraciones de los primeros setenta.

“VAGABOND BLUES” está disponible vía Majestic Mountain Records

Vagabond blues” -Tema con gran cuerpo y riffs stoner-retro, con registros vocales hard & heavy entre una cortina de fuzz. Cabalgando con frescura y potencia su bajo marcial y los ejercicios estilísticos de la caja de ritmos atraviesan entre sus vibraciones entre su difuso sonido.

Con una cadente batería y la guitarra difusa que ya hemos escuchado en el primer corte, “Twenty twenty” con una autopista de fuzz el camina camina con toda su pesadez bajo pegadizos ritmos. La voz arrastra las ondulaciones de la guitarra. una serpenteante sucesión de subidas y bajadas construyen un corte que no se sale de los límites marcados. Si bien, estos límites son explorados con constantes oscilaciones. Con la mirada al frente, el tema avanza veloz como si nunca fuera a llegar a su destino. 

Con oscuros y misteriosos acordes, “Atacama”, en una línea Sabbath, crea una humeante atmósfera a través de un sonido borroso. un tema instrumental que genera un clima de misterio en el que los pasajes lisérgicos son los protagonistas.  En su parte final todo se vuelve más nítidos con pausados y lentos pasajes psicodélicos con efectos revoloteando en una mutación desert-rock hacia los ecos puramente heavy-psych.

Manteníendo la sombría atmósfera del corte anterior, “Red Witch” el blues hace acto de presencia. Medidos pasajes  generan una calma tensa que acaba quebrándose a ritmo de blues-rock stonerizado. Una encrucijada que combina el blues de garito de carretera con los ásperos riffs del desierto siempre bajo nebulosas humeante en las que los efluvios de los pantanos afloran borboteantes.

“Dark the light” nos ofrece otra andanada de fuzz difuso con armonías vocales que se balancean entre el blues y el heavy-rock. Sin dar ningún rodeo el tema tiene claro su objetivo.

Si en los primeros temas nos encontrábamos a una banda netamente desértica, en “The void tempest”, con sus casi ocho minutos vemos que los pasajes lisérgicos son predominantes. Aromas pantanosos de los que surge una mesiánica voz a la que suceden magnéticos desarrollos heavy-psych. Intoxicantes y envolventes, nos encontramos una curiosa dualidad entre momentos que me recuerdan a The Doors fusionados con cualquier banda de stoner ortodoxo. Los manglares se exploran con una acertada y hechizante combinación de ese insistente fuzz con el blues. una cadencia que tiende a intensificarse hasta cegarnos por completo.

Cerrando el álbum, “The devil’s backyard” nos ofrece una nueva e interesante propuesta no contemplada hasta ahora.  Incorporando una voz femenina en registros semi-folk, y con unos acordes que me evocan el tema “Bouree” de Jethro Tull, (igual estoy hilando muy fino, pero…) conjugan estos novedosos registros con gruesos riffs presididos por una aura mística. Melancólicos coros y unos acordes en esta ocasión más pausados, consiguen un atractivo resultado. Dando una nueva vuelta de tuerca a su originalidad, generan momentos que rozan el psycho-doom más pausado. unos pasajes que ornamentan con tonos exóticos. El resultado es una bella liturgia con gruesos bordes en la que habitan por igual el folk, el doom y la psicodelia.

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